La fuga del fuerte de San Cristóbal de Iruñea en 1938. La huida carcelaria más grande de la historia europea

En nuestro transitar histórico por la memoria colectiva no quería dejar escapar la oportunidad de dedicarle una mención especial a la fuga más grande jamás organizada, la mayor evasión carcelaria de la historia de Europa con un total de 795 presos fugados, y que tuvo lugar el 22 de mayo de 1938 en Navarra.

La prisión.

En el monte Ezkaba, situado pocos kilómetros al norte de Iruñea-Pamplona, se encuentra aún en estado absoluto de abandono el Fuerte de San Cristóbal, que desde 1934 hasta 1945 albergó a más de seis mil presos políticos de las organizaciones del movimiento obrero.

Esta edificación fue construida sobre una antigua ermita rural y un obsoleto castillo navarro en el siglo XIX, concretamente se inició en 1878 nada más acabar la última Guerra Carlista (1872-1876), y como línea de defensa militar preventiva a lo largo de los Pirineos frente a otros posibles alzamientos carlistas. Sin embargo, la edificación del fuerte se prolongó hasta 1919, y para su construcción se dinamitó parte del monte para construir la fortaleza militar en tres niveles distintos excavados en el interior de la montaña. Largos fosos, imponentes murallas, garitas, celdas y galerías subterráneas ocupan varias miles de hectáreas, convertidas actualmente en ruinas que ocultan a su alrededor una inmensa tumba de presos asesinados en aquél lugar.

Este fuerte nunca llegó a cumplir la función defensiva para la cual fue construido, puesto que cuando se acabó su edificación, la estructura militar defensiva ya se había quedado obsoleta ante la aparición de la aviación con fines bélicos. La primera ocasión, y única en su historia que ha sido utilizado, fue como prisión penal militar entre 1934 y hasta 1945. Tras la represión gubernamental a la Revolución de Octubre de 1934, centenares de presos asturianos, cántabros y vascos fueron encerrados en sus muros.

Desde sus comienzos tuvo una incesante denuncia por la falta de higiene y salubridad, tratando de que fuese cerrada, sobre todo a raíz de la muerte de un militante de CNT en septiembre de 1935. Esto provocó un motín en el fuerte protagonizado por los cerca de 750 presos, y protestas en la ciudad de Iruñea que finalizaron con una huelga. El gobierno comenzó a trasladar en el mes de noviembre a varias decenas de presos a otras cárceles, y fue vaciada completamente en febrero de 1936 tras la amnistía general decretada a presos políticos. Sin embargo, ese mismo verano fue nuevamente utilizada como penal tras mantener bajo su control el territorio de Navarra las fuerzas militares sublevadas el 18 de julio de 1936. En pocos meses estaban recluidos unos dos mil presos en esta fortaleza, se desconoce el número indeterminado de presos que al comienzo del conflicto bélico fueron fusilados en sus muros o en el camino de descenso a la ciudad de un tiro en la espalda tras haberles dejado en libertad. Además, un total de 305 presidiarios murieron en el periodo de funcionamiento del fuerte como prisión hasta 1945 por desnutrición y enfermedades.

La fuga.

La mayor fuga de presos en el Estado español y en Europa, tanto por el número de huidos como por las criminales consecuencias de la misma, tuvo lugar en esta prisión el 22 de mayo de 1938. En ese momento había un total de 2.487 personas recluidas, en su inmensa mayoría dirigentes políticos republicanos, sindicales y militantes obreros revolucionarios. Estos sufrían maltratos continuados, hambre extrema y estaban infestados de parásitos. Una treintena de presos decidieron preparar una fuga masiva, para lo cual tuvieron reuniones en el interior de la prisión en las que hablaban en lengua esperanto para no ser descubiertos por ningún vigilante ni chivatos.

A la hora de la cena varios grupos de presos desarmaron a los militares en guardia, se apropiaron de sus armas y se dirigieron a la sala donde cenaba el resto de los guardias, allí se rindieron rápidamente, salvo un soldado que opuso resistencia y murió de un golpe con una barra metálica. En poco más de media hora los reclusos del fuerte habían logrado el control de la prisión, rindiéndose también los guardias en las diferentes garitas existentes. Un total de 795 presos se fugaron aprovechando la oscuridad de la noche, tratando de esconderse en el monte antes del amanecer para recorrer a pie la distancia de unos 50 kilómetros hasta la frontera francesa.

Desgraciadamente hubo dos hechos que truncaron su huida, el primero fue que un soldado en su día libre que regresaba de Iruñea se percató de lo que ocurría y dio la voz de alarma, y en segundo lugar también alertó de la fuga un preso falangista llamado Ángel Alcázar de Velasco, encerrado por su apoyo en abril de 1937 en Salamanca a la facción hedillista de la Falange derrotada en su unificación con los carlistas. De esta manera, rápidamente refuerzos militares, pero sobre todo falangistas y guardias civiles de la capital navarra acuden a reprimir la fuga de presos, que podría haber sido mayor de no ser porque muchos desistieron fugarse al ver rápidamente las luces de los vehículos militares que estaban a punto de llegar a las inmediaciones de la prisión.

La persecución

Las fuerzas represoras iniciaron inmediatamente una persecución y una macabra caza de huidos, que vagaban en desbandada por el monte, muchos de ellos descalzos, desnutridos y con escasos fusiles para defenderse. Entre esa misma madrugada y los tres días siguientes fueron detenidos un total de 585 fugados, abatiendo en el mismo monte a 207 reclusos que no tenían capacidad alguna de resistir. Solamente tres reclusos alcanzaron su objetivo de cruzar la frontera francesa y sentir que ponían fin a su persecución. El último de los fugados vivió escondido en los montes navarros hasta el 14 de agosto de ese mismo año, no logrando encontrar ninguna partida guerrillera o apoyo que le ayudase a lograr su objetivo.

Una inmensa mayoría de los asesinados fueron abatidos en las cercanías del municipio de Ezcabarte, también en la parte norte del monte, en las localidades de Oláibar y en Baztán, y  otros tantos en Ansoáin, en la falda sur del monte. Por lo tanto, tanto el Fuerte de San Cristóbal como todo el área a su alrededor es un espacio de la memoria histórica antifascista que debemos conocer y proteger. De aquellos huidos que capturaron los militares, un total de diecisiete fueron sometidos a un juicio bajo la acusación de haber liderado la fuga. Un preso fue internado en un manicomio de Iruñea y catorce fueron condenados a muerte, y fusilados el 8 de septiembre de 1938 en los muros de la ciudadela pamplonesa.

El ejército abandonó estas instalaciones militares en 1987, y a día de hoy se encuentra completamente abandonado, siendo propiedad del Ministerio de Defensa. Este fuerte fue declarado "Bien de Interés Cultural" por la Dirección General de Bellas Artes en el año 2001. Anualmente en la fecha de la histórica fuga se realiza un homenaje en recuerdo de dicho suceso y de los asesinados en aquél lugar, para que estos espacios no lo sean nunca más del olvido.

[Bibliografía]

'Navarra 1936. De la esperanza al terror', Varios Autores, 2004

'Fuerte de San Cristóbal, 1938. La gran fuga de las cárceles franquistas', Félix Sierra Hoyos e Iñaki Alforja, 2005

'Penal de San Cristóbal/Ezkaba: derribos contra la memoria', Fermín Ezkieta, 2011

[Filmografía]

Ezkaba, la gran fuga de las cárceles franquistas,  Iñaki Alforja, 2006

La historia olvidada del maquis antifranquista

La guerrilla antifranquista o maquis han sido los grandes olvidados de la historia de la lucha obrera. Exiliados a la desmemoria en las crónicas oficiales, conocidos como «los del monte», fueron partidas antifascistas organizadas de hombres y mujeres que luchaban por su propia supervivencia aspirando a vivir en libertad, resistiéndose a ser cautivos o desarmados.

El origen del maquis antifranquista.

Su origen se debe situar ya en el verano de 1936, puesto que las zonas controladas por los militares sublevadosi se repletan de huidos o guerrilleros. Según avanzan las tropas sublevadas se desata la represión contra las personas implicadas en movimientos políticos de izquierdas, por lo que numerosos grupos dispersos se esconden en casas de familiares o huyen a los montes para encontrar refugio frente a esta sistemática represión. Estos grupos de huidos fueron el germen de las futuras agrupaciones guerrilleras, que durante la guerra trataban de apoyar la lucha contra el fascismo participando en la interrupción de las comunicaciones, suministros tras las líneas enemigas y la realización de operaciones especiales. En septiembre de 1937 se sumarán multitud de huidos tras la caída del frente del Norte, comenzando a contemplarse la continuación de la guerra contra el el régimen franquista en caso de desmoronarse los frentes del Ejército Popular. El mayor contingente de guerrilleros se incorporará en enero de 1939 al caer las principales ciudades catalanas, se cierran las fronteras y se crean campamentos en los Pirineos. Se produce el paso de la frontera francesa de 500 mil personas huidas, que acaban en campos de concentración al sur de Francia. En estos campos comienzan a reorganizarse las fuerzas políticas antifranquistas, pero un peligro sobreviene poco tiempo después. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ante la invasión de Francia por los nazis alemanes en 1940, muchos exiliados antifascistas españoles son integrados en las fábricas francesas y en bloques del ejército francés para hacer frente a los nazis que han cruzado la frontera.

Francisco Ponzán, un maestro militante de la CNT fue un destacado hombre de acción durante la Segunda Guerra Mundial. Se dedica a abrir redes de escape y recursos en los Pirineos, en los años 1940-1941 surgen numerosos grupos de sabotaje o propaganda por toda Francia, donde un alto porcentaje de efectivos son antifascistas españoles, integrados por su decisiva experiencia en la guerra los años previos. En algunos casos incluso los Aliados enviaban recursos, medicamentos y alimentos por aire a grupos de resistencia. Se crean algunos grupos anarquistas de resistencia en el sur de Francia, e incluso París será liberada por la Nueve Compañía, formada por españoles, y que se dedican a recoger armas clandestinamente en vehículos para ser transportadas a España.

Incursión en el Valle de Arán y reorganización de las partidas guerrilleras.

En septiembre de 1944 se produce una misión especial organizada para la incursión en el Valle de Arán, ya desde dos meses antes varias unidades guerrilleras acceden clandestinamente por la frontera de los Pirineos. El objetivo de la misión era crear un territorio liberado en España, que animara a un levantamiento social y forzase a los Aliados a actuar contra el Franquismo al igual que se estaban liberando del fascismo otros países. Solo se consiguen conquistar algunos pueblos y aldeas pirenaicas, la respuesta de las unidades Franquistas compuestas por guardias civiles, policía armada y batallones del ejército fue contundente, por lo que el intento de ofensiva fue un desastre y acabó fracasando.

Pese a la derrota de la operación, los antifascistas españoles consiguen mantener intactas sus expectativas de desalojar el Franquismo de España más tarde o más temprano. Por eso se produce dentro de la Península un fuerte incremento de la actividad guerrillera y una reorganización de las partidas, con la incorporación de nuevos contingentes que atravesaron la frontera. Se especializan dos tipos de guerrillas: por un lado la guerrilla urbana, destacada en Madrid, León, Granada o Málaga. Incluyendo algunos intentos de matar a Franco, principalmente por parte de militantes libertarios que llegaban a Madrid con ese objetivo. Las guerrillas rurales destacaban en Galicia y Asturias, Aragón y Valencia, Extremadura y la Mancha o las serranías de Andalucía. Las guerrillas de Navarra, Aragón o Catalunya vivían en Francia y actuaban a través de la frontera, por lo tanto eran itinerantes entre el ámbito rural y el urbano.

Actividad guerrillera y vida cotidiana en el monte.

Las actividades guerrilleras eran limitadas, y se cernían casi exclusivamente a la supervivencia. Realizaban asaltos para acceder a alimentos, se solía comer en crudo en los campamentos o se hacían fuegos muy pequeños para evitar ser descubiertos por la señal del humo. Tenían una amplia movilidad nocturna, caminaban con pequeñas avanzadillas que reconocían el terreno, y no se desplazaban con nieve o niebla. Evitaban pasar por sembrados donde no podían guarecerse fácilmente, y en ocasiones retenían a cazadores o pastores por seguridad para no ser delatados. Tan solo el 2% de los integrantes de estas partidas eran mujeres, en general eran rechazadas y excluidas, y normalmente actuaban como enlaces, exponiéndose más que los hombres. La labor de apoyo de los enlaces era fundamental, y en muchas ocasiones eran los más reprimidos, la Guardia Civil atacaba y desmontaba los grupos de apoyo, más indefensos, y eso estrangulaba los apoyos de la guerrilla.

La salud era muy precaria, contaban con algunos botiquines muy básicos y remedios tradicionales. Habitualmente no tenían médicos, aunque se obligaba a algunos a colaborar coyunturalmente, y se bajaban a los heridos a los pueblos para ser intervenidos en clandestinidad. Estaban mucho mejor armados los grupos guerrilleros cerca de la frontera, o bien para conseguir nuevas armas se atacaba al Somaténii, o se obtenían mediante contrabando. La higiene era muy escasa en el monte, solían bañarse de vez en cuando en algún río y sin jabón para no dejar rastro de espuma en el agua corriente. Aunque vivían en el monte, siempre que podían trataban de ocupar cortijos, casetas rurales o minas abandonadas, aunque era común que cambiaran habitualmente de sitios para no levantar sospechas. Editaban propaganda guerrillera para contrarrestar la idea difundida por el Franquismo de que se trataban de partidas de bandidos o salteadores. Utilizaban en ocasiones morteros para lanzar octavillas a modo de proyectil, y que se propagaran en una localidad o una zona concreta. También participaban en la voladura de torretas de alta tensión con el fin de sabotear las comunicaciones de las fuerzas represoras. El cruce de puentes sobre los ríos era muy peligroso porque les dejaba demasiado al descubierto e indefensos.

Algunos grupos en Barcelona consiguieron pisos y equipamiento, como el grupo del guerrillero Ramón Claret. Sus actividades consistían en el asalto a bancos y empresas para financiar la resistencia contra el Franquismo, y obtener ayudas para los presos y sus familias. En la ciudad el enemigo contaba con la conocida como Brigada político-social de la policía, que infiltraban algún hombre en partidos y sindicatos que trataban de reconstruirse en clandestinidad. Mientras tanto, la Guardia Civil hacía frente a la guerrilla en la zona rural. Se llegaron a organizar y desplegar en el terreno algunas contrapartidas camufladas de guerrilleros, que resultaban muy efectivos para descubrir otros grupos guerrilleros, pero sobre todo enlaces de apoyo, e incluso dar mal nombre a las guerrillas mediante acciones falsas. La Guardia Civil exponía a los guerrilleros para escarnio público en los pueblos. Además, muchos guardias civiles deseosos de recompensas, condecoraciones o ascensos rápidos en sus unidades, asesinaban frecuentemente a inocentes que nada tenían que ver con la guerrilla, y justificaban su hecho asegurando que se trataba de enlaces de la misma.

Algunos guerrilleros destacables bastante desconocidos.

Podemos destacar a Laureano Cerrada, conocido como Lucio, y que fue un afamado falsificador de cupos de comida, documentación y planchas de dinero español con el que pretendía hundir la economía franquista. Trabajaba desde Francia, donde fue detenido en varias ocasiones por falsificación, aparte de preparar y financiar dos atentados contra Franco, uno de ellos en 1948 que intentó fallidamente bombardear el yate de Franco durante sus vacaciones en Donosti. Laureano Cerrada finalmente fue asesinado en París ya en el año 1976, en circunstancias aún no aclaradas convincentemente.

Por otro lado, el libertario Wenceslao Giménez Orive, hijo de un interventor fusilado por los franquistas en Zaragoza en los primeros días de agosto de 1936, se adhirió años después a la clandestina Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), siendo detenido y torturado. Más tarde, se unió al grupo de guerrilla urbana dirigido por Facerías, y acabaría siendo el jefe del grupo de «Los Maños» Elaboró una cuidadosa guía para asaltar el Palacio de El Pardo en Madrid, pero dicha acción no pudo realizarse.

También el grupo "Los Anónimos", destacando el libertario Doménec Ibars, trataron de asesinar a Franco en 1949 en Barcelona al paso de una comitiva junto a la estatua de Colón, pero en el último momento se decidió abortar la operación porque un grupo de niños estaban situados delante y habría sido una masacre. Este incidente, no será más que uno de la cuarentena de intentos de atentado que tratará de realizar el movimiento libertario entre los años 1939 y 1964.

Ramón Vila, conocido como Caracremada, será el último guerrillero muerto, fue en agosto de 1963. Aunque el grupo conocido como Defensa Interior, organizado por la CNT-exilio continuó actuando hasta 1965, será precisamente un sector inmovilista del anarcosindicalismo quien decidió dejar de prestar apoyo a esta organización, ya bastante mermado por la represión franquista. Posteriormente surgirán grupos autónomos libertarios, destacando el Movimiento de Liberación Ibérico (MIL) una organización catalana anticapitalista activa durante los inicios de la década de 1970. Una nueva generación de militantes libertarios que recogían el testigo guerrillero y su lucha clandestina, realizando acciones para financiar el movimiento obrero. Uno de sus miembros, Salvador Puig Antich, fue condenado a muerte y asesinado a garrote vil en marzo de 1974.

i Las regiones de Canarias, Protectorado en Marruecos, Galicia, gran parte de Castilla y Extremadura, Navarra, parte de Aragón, y pequeñas zonas en Córdoba, Sevilla y Cádiz; es donde triunfó el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

ii Un cuerpo armado de protección civil, separado del ejército, instituido en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y restablecido bajo la dictadura franquista.

5 de Agosto

5 de agosto
se despojó de sus pétalos
a 13 rosas rojas
y se pisotearon
43 claveles
Los fusiles estrellaron
sus fieras espinas
contra una tapia
de ladrillo herido
Se sesgó
el latido ardiente
de la resistencia
de 13 rosas rojas
‘Que mi nombre no se borre de la historia’

Carmen
Elena
Martina
Pilar
Virtudes
Victoria
Blanca
Julia
Ana
Dionisia
Adelina
Joaquina
Luisa

Que sus nombres no se borren de nuestra memoria.

Deina Fortes

Carta a la juventud. Homenaje a Marcos Ana.

Ayer 24 de Noviembre falleció Marcos Ana, poeta y comunista, el preso que durante más años soportó la represión franquista. Desde Regeneración le rendimos un sincero homenaje compartiendo uno de sus poemas: una llamada a los jóvenes para que luchen por una sociedad libre. Que la tierra le sea leve.

Carta urgente a la juventud del mundo

Si la juventud quisiera
mi pena se acabaría,
y mis cadenas.

(Decid ¡basta!
Haced la prueba.)

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
¿Qué tiranos, qué cerrojos,
qué murallones, qué puertas
no vencieran vuestras voces
en un alud de protesta?

(Todos los tiranos tienen
sus pedestales de arena,
de sangre rota, y de barro
babilónico sus piernas.)

Pronunciad una palabra,
decid una sola letra,
moved tan solo los labios
a la vez y la marea
juvenil atronaría
como un mar cuando se encrespa.

Pero, ¿quién soy yo, qué barco
de dolor, qué espuma vieja,
qué aire sin luz en el viento
acerco a vuestras riberas?

Como campanario de oro
vuestros corazones sueñan.
La juventud es la hora
del amor, su primavera.
¿Por qué mover vuestras ramas
alegres con mi tristeza?
¿No es mejor que yo me coma
mi pan solo en las tinieblas;
que mis pies cuenten las losas
veinte años más, mientras sueñan
mis alas entre las nubes
de un cielo roto en mis rejas?

Pero la vida -mi vida-
me está clamando en las venas;
abrasa loca las palmas
de mis manos; lanzaderas
clava y desclava en mi frente
y el pensamiento me quema.

Ved nuestros tonos. Ya somos
como terribles cortezas;
claustrales rostros, salobres
ojos que buscan a tientas
-sedientos de luz y sol-
una grieta entre las piedras.

No sabéis lo que es vivir
muriéndose a vida llena;
grises, sobre grises patios,
sin más luz que una bandera
de amor...

Ni lo sepáis nunca...
Más si queréis que esta lepra
jamás os alcance el pecho,
no dejéis "mi muerte" quieta.
No dejadme, no dejadnos
con nuestras sienes abiertas
y en un cerrojo sangrante
crucificada la lengua.

Levad vuestros pechos. ¡Pronto!
( Es bueno que esta gangrena
os revuelva las entrañas.)
¡Echad abajo mi celda!
Abrid mi ataúd; que el mundo
en pie de asombro nos vea
indomables, pero heridos,
sepultos bajo la tierra.
¡Que no queden en silencio
mis cadenas!

El marxismo que no nos contaron (III)

Si el triunfo de la revolución rusa había atraído y canalizado a distintos grupos y organizaciones, incluso a algunos que no simpatizaban con el marxismo por tener tendencias más libertarias, el malestar con la deriva soviética no será tan capaz de organizarse en un movimiento. Pese a ello, se irá conformando un sector marxista crítico a veces más distinguible de los sectores trotskistas (sobre todo al principio) y a veces menos.

En Francia, el ruso-francés Boris Souvarine o Suvarin (Boris Lifschitz, en realidad), dirigente de la Sección Francesa de la Internacional Comunista, luego PCF, se irá enfrentando al lobby del Kremlin en los años 1923-1925, hasta ser expulsado del partido. Lenin sigue siendo prácticamente incuestionable, casi sagrado, y desde el Círculo Comunista Marx y Lenin, Suvarin escribe contra lo que él llama «el leninismo de 1924», que considera una «caricatura [del comunismo]» y llega a hablar de la burocracia como clase explotadora en 1925 (lo comentaría Trotskiy, sin estar de acuerdo, claro, en En defensa del marxismo). Entre quienes siguen en el PCF, 1925 sería quizá el año clave en este conflicto, llegándose a publicar el «Llamamiento de los 250», donde más de doscientos cincuenta militantes y cuadros del partido criticaban la línea impuesta por la dirección: reuniones largas, ineficaces y mal dinamizadas (¿no nos suena?), falta de formación a las militantes, estructuración territorial ineficaz, torpeza estratégica y triunfalismo, y censura para acallar el fracaso de esas torpezas estratégicas; en el origen de todo esto, el hiperliderazgo de la dirección y la falta de implicación de las bases. Media decena de ellas confluirán en torno a la revista, aún existente, La Révolution prolétarienne (1925-1939 y desde 1947 en adelante) con Suvarin y todo tipo de antistalinistas que se consideran comunistas de una u otra manera: Albert Camus, Jean Maitron, Victor Serge, Daniel Guérin, Simone Weil y, por supuesto, Pierre Monatte, militante sindical y alma de la publicación.
Suvarin acabará alejándose más políticamente, pero durante años militará con figuras como Lucien Laurat (Otto Maschl, en realidad), Georges Bataille o, de nuevo, Simone Weil en torno a la publicación La critique sociale (1931-34).

Este tipo de posiciones, no obstante, estarán más patentes en el mundo de las ideas que en el activismo, de modo que, en la práctica, este marxismo humanista será totalmente eclipsado por el de la KomIntern, además de convivir mal que bien con el leninismo trotskista. Existe toda una corriente informal en este sentido, pero quedará como algo más bien testimonial. Hablaríamos, además de los citados, de los investigadores y profesores de la Escuela de Frankfurt (Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Erich Fromm), del grupo surrealista de París (principalmente, André Breton y, sobre todo, Benjamin Péret) y de uno de los principales nexos entre ambos, Walter Benjamin, personaje atípico que, por ejemplo, en 1929 defendía en una carta a las surrealistas que «el componente anarquista» de la acción revolucionaria era necesario sin por ello sacrificar la «preparación metódica y disciplinada de la revolución a una praxis que oscila entre el ejercicio y la fiesta».

En este contexto prebélico, la Francia de 1939 ve la publicación de dos libros de lo más interesante, ambos publicados por exiliados: Au pays du mensonge déconcertant («En el país de la mentira desconcertante») y La bureaucratisation du monde («La burocratización del mundo»). El autor del primero es Ante (a veces llamado Anton) Ciliga, croata, uno de los fundadores del Partido Comunista de Yugoslavia y antiguo secretario para los Balcanes de la KomIntern, que, después de enfrentarse al liderazgo del PCUS, se vio perseguido, encerrado en el «aislador» (prisión para disidentes, de régimen laxo, en medio de la estepa rusa) de Verjné-Uralsk y enviado luego al gulag. El del otro es Bruno Rizzi, uno de los miembros del Partido Socialista de Italia que se apartó para crear el PCI, también enfrentado a la dirección stalinista de la KomIntern y de su antiguo partido. Se trata de trayectorias paralelas también porque ambos se acercaron al trotkismo asqueados por los excesos del stalinismo, para acabar descubriendo la semilla de esos excesos en el propio leninismo.

Ciliga lo cuenta desde la experiencia personal (capítulo IX de su libro), como una terrible decepción que le sobrevino en Verjné-Uralsk al intentar distinguir el legado político de Stalin del de Lenin. Al mismo tiempo, fue sujeto y testigo de intensos debates en el seno de la KomIntern y luego en Verjné-Ouralsk, donde, más que anarquistas, la mayoría de las personas internas eran decistas o trotskistas (también estaba Serguei Tiyunov, simpatizante o miembro del Grupo Obrero). Cuenta cómo las decistas defendían el leninismo de El estado y la revolución contra las decisiones tomadas bajo el liderazgo del propio Lenin y cómo tanto ellas como las trotskistas, más enfrentadas al liderazgo soviético por cuestiones de formas, confianza y credibilidad que por una línea política clara –la del PCUS daba giros–, acababan desorientadas intentando encajar cada movimiento y cambio de coyuntura en las mismas categorías de análisis, encontrándose con debates o rendiciones por parte de trostkistas de centro, derecha o izquierdas, decistas, ... Cómo, cuanto más se interesaba por los conflictos que hemos contado en el texto anterior y los posicionamientos de Lenin –ante el ascenso de la burocracia, Ulianov no recomendó, en uno de sus últimos artículos, buscar la participación popular, sino crear un departamento de especialistas en desbucrocratización (¡!)–, más veía en él al máximo responsable de la burocratización y su carácter de emergencia de una nueva sociedad de clases.

Rizzi, en una línea más cientificista y desapasionada, intenta hacer un retrato de la sociedad soviética y no puede menos que constatar que existe una clase dirigente, a cuyo servicio están el Estado como aparato represivo y la ideología dominante, y una clase dirigida y mayoritaria que, salvo excepciones, no aspira a socializar nada. El italiano lo engloba en un fenómeno histórico e internacional de ascensión de la burocracia como nueva clase hegemónica y, en ese sentido, lo relaciona con el nazismo, el fascismo o el New Deal estadounidense. Curiosamente, Ciliga cita a un preso decista, Volodia Smirnov, diciendo prácticamente lo mismo, cosa que le valdría ser expulsado del núcleo de presos decistas.
Bruno Rizzi estaba aislado de su propio partido, pero se puso en contacto con el movimiento troskista y captó la atención del propio Trotskiy, que lo rechazó como «ultraizquierdista», pero no quedó indiferente. De hecho, el trotskista estadounidense James Burnham, probablemente al corriente del debate entre Trotskiy y Rizzi, abandona en 1940 su organización (el WP o Partido de los Trabajadores) abjurando del marxismo y publica en 1941 La revolución de los técnicos, también traducida como La revolución gerencial, La revolución de los gerentes o La revolución de los directores, que retoma las ideas fundamentales de La burocratización del mundo, sin citarlo en ningún momento. Se sabe que George Orwell leyó a Burnham y rebatió varias de sus posiciones y no se sabe que hiciera lo propio con Rizzi o Ciliga, pese a lo cual es difícil leer sus respectivas obras sin pensar en 1984 y en Rebelión en la granja.

En 1940, Trotskiy es asesinado, el stalinismo ya ha hecho sus peores estragos en España y en la URSS y la segunda guerra mundial se encargará de reorganizar el mundo en dos polos: liberalismo estadounidense o leninismo soviético.

La tercera vía en el nuevo orden mundial

La visibilización de un imperialismo soviético en su área de influencia, la emergencia de nuevos regímenes leninistas a consecuencia de él y de la lucha de los partidos de la KomIntern en 1941-45, el progreso de la industrialización internacional, pese a todo, las tensiones coloniales y postcoloniales (raciales)... casi todo animaba a nuevos análisis. El trotskismo se va quedando progresivamente pequeño y, así, se separan de él autores como el sinólogo húngaro-francés István (o Étienne) Balázs, que publica en 1947 Qui succédera au capitalisme? o figuras como Cornelius Castoriadis o Claude Lefort, en torno a los cuales surge en Francia la revista Socialismo o barbarie, que aglutinará este nuevo marxismo humanista.

Entre medias (1946), Pannekoek publica Los consejos obreros, posiblemente la obra más contundente, pese a su brevedad, en cuanto a marxismo no dirigista. El astrónomo defiende las asambleas de trabajadores coordinadas en consejos o soviets como poder proletario emergente opuesto al Estado burgués y su capacidad para generalizarse hasta abarcar toda la sociedad (un poder que se vuelve absoluto, una dictadura, pero dictadura que, al completarse, hace desaparecer al estado), de modo que la dictadura del proletariado no es una dictadura transitoria de una camarilla que aspira al comunismo, sino una condición que aboliría la sociedad de clases al organizar a toda la clase trabajadora y obligar a la burguesía a integrarse como personas y desaparecer como clase o intentar una guerra en vano.

A la vez, la internacional trotskista o IV Internacional, ya sin su principal líder y con cada vez menos que perder, se permite, ya bajo el liderazgo de personas como Natalia Sedova-Trotskiy, girar a la izquierda y acercarse a este tipo de posiciones. La invasión de Hungría (1956), como después la de Checoslovaquia (1968), no harán más que reafirmar, cada vez más a la desesperada, esta necesidad de un comunismo humanista y, en última instancia, libertario: el profesor francés Henri Lefebvre (coautor en 1958 de El romanticismo revolucionario) influye a, y confluye con, la constelación de grupos (COBRA, Internacional Letrista) de donde saldrá la Internacional Situacionista; exiliados españoles vinculados al POUM como Pelai Pagès (Víctor Alba), Albert Masó (Vega) o el mexicano-español Manuel Fernández-Grandizo Martínez (Grandizo Munis) consiguen mantener el debate en esta difusa corriente internacional y la agitación intelectual llegará a concretarse en proyectos como el fugaz Fomento Obrero Revolucionario (Munis y Péret, entre otras) y su boletín Alarma o la llamada Tendencia Johnson-Forest en EEUU. Esta última, en torno a C. L. R. James (J. R. Johnson) y Raya Dunayevskaya (Freddie Forest), antes vinculadas a la corriente de James Burnham y Max Schachtman, publica Correspondence y News and Letters («Noticias y cartas»).

También entre estadounidenses, británicas, sudafricanas –a menudo, exiliadas– y alemanas del oeste se configura una corriente donde conviven promiscuamente consejistas, socialdemócratas de izquierda, trotskistas (Murray Bookchin, en aquel entonces) y otros buscadores de esa tercera vía en el llamado MDC Movement for a Democracy of Content (Movimiento para una Democracia de/con Contenido), que tiene sus publicaciones en inglés y en alemán, Contemporary Issues y Dinge der Zeit, respectivamente. Esta corriente, de todos modos, tendrá puntos débiles como tender a evitar elementos de análisis típicamente marxistas como la lucha de clases, pero también aspectos notables en su época como haber logrado participar en, y alimentar, campañas como el boicot a los autobuses de Alexandra (Sudáfrica) en 1957 o preparar debates como el del consumismo y la escasez por venir.

Desafectos - Esclavos de Franco en el Pirineo (2007)

"Desafectos. Esclavos de Franco en el Pirineo" es un proyecto basado en el libro "Esclavos del franquismo en el Pirineo", fruto del trabajo de investigación llevado a cabo por Fernando Mendiola y Edurne Beaumont, que dio voz a hombres, prisioneros del Estado franquista, obligados a participar en batallones de trabajos forzados.

Desafectos fueron aquellos luchadores antifascistas cuya actividad política o sindical no había sido suficiente para acabar ante el correspondiente pelotón de ejecución falangista... Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres) era la consigna que solía presidir la entrada a los humeantes campos de exterminio nazis... y el régimen franquista también quiso "reeducar" a los prisioneros mediante el trabajo. Estos batallones de castigo perseguían humillar, doblegar y someter al prisionero y al conjunto de la población opositora. En Navarra fueron más de 15.000, muchos de ellos del resto del estado. No hay que olvidar que, asociado al castigo del trabajo forzado, estuvo el peso del castigo en el tiempo, un peso asociado al estigma social, a la persecución policial y a la discriminación laboral. De esta forma, la vuelta a casa, no fue fácil para los integrantes de los batallones, teniendo que vivir continuamente entre el recuerdo y el silencio. El libro recogió sus voces y, este documental, recoge, además, sus rostros.

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