Un gobierno a la medida de la ideología de la clase dominante

Los gobiernos de España a lo largo de este régimen monárquico ya nos tienen acostumbrados a representar una ficción ideológica artificiosa creada para tal fin. Unas veces pretenden representar una línea abiertamente conservadora y nacional-católica, otras veces una línea conocida como "progresismo centrista", y entre esas fluctuaciones nos hemos movido en las legislaturas de la historia reciente.

Sin embargo, en este nuevo gobierno formado por Pedro Sánchez, se dan algunas novedades poco palpables habitualmente. Comenzando porque la simulación de una regeneración del régimen se ha establecido a través de una moción de censura, y no a través de unas elecciones. Novedad que, aunque discutida públicamente por sectores de la derecha, por el hecho de ser una novedad en el sistema de juego, ha caído en gracia y ha sido aprovechado por los medios de propaganda comunicativos.

Otra novedad que ayer mismo ya se atisbaba era la formación de un gobierno formado por ministras y ministros de orígenes aparentemente dispares, pero que todos tienen en común una única característica: son un compendio perfecto del conservadurismo que se presenta con la cara más progresista, alardeada ya desde sus medios de comunicación, véase el ejemplo del diario Público, y sus flores y alabanzas al nuevo gobierno del régimen. Pedro Sánchez ya tenía pactado y configurado un gobierno en la senda de sus predecesores, fiel a las recetas económicas del capitalismo global, al espíritu golpista del artículo 155 y la represión desatada en el Estado español, y por supuesto, unas carteras ministeriales que representen bien la ideología de la clase dominante.

 Algunos ejemplos de esta afirmación son los siguientes:

- Carmen Calvo, que ocupará el cargo de ministra de Igualdad y la Vicepresidencia del Gobierno. Donde muchas personas han querido ver en esto un símbolo de empoderamiento femenino, el análisis es claro en otro sentido. La igualdad es y será vista desde el gobierno siempre como una cuestión menor o secundaria, tanto es así que el tiempo que le quede libre a la Vicepresidenta, lo ocupará en segundo plano con la cartera de Igualdad.

- Josep Borrell, el ya viejo conocido Ministro de Obras Públicas en el Gobierno de Felipe González y furibundo contra el independentismo catalán, que llegó a declarar hace semanas que habría que desinfectar los medios comunicativos catalanes, ha sido nombrado Ministro de Asuntos Exteriores.

- Magdalena Valerio, como Ministra de Trabajo y que marca ya la política que llevará por ejemplo con el tema de las pensiones. La responsable de Seguridad Social en la ejecutiva del PSOE en Castilla-La Mancha, y encargada de mantener los puntos fuertes de un Pacto de Toledo (relativo a las pensiones) anunciando una reforma estructural del mismo. Se intuye que en el sentido que los grupos financieros de poder vienen ya años marcando, otorgando mayor peso a los fondos de pensión privados como negocio redondo.

- Teresa Ribera, nueva Ministra de Transición Ecológica, nótese desde un principio el neolenguaje utilizado para otorgar sensación de progreso de este gobierno. Esta ministra está directamente relacionada con el desastroso “Proyecto Castor” mientras estaba en la Secretaría de Estado de Cambio Climático. Directamente realizado por ACS -la empresa del empresario Florentino Pérez-,  pretendían construir el depósito de gas natural subterráneo más grande del Estado español, situado frente a las costas en el delta del Ebro. Una serie de continuados sismos y temblores en la región echaron para atrás este faraónico proyecto de dimensiones catastróficas para el medio ambiente.

- Pedro Duque como nuevo Ministro de Ciencia, Innovación y Universidad, y si por si no quedaba claro, la institución universitaria no es educativa, es una preparatoria de trabajadoras y trabajadores precarios. Un nuevo ministro tecnócrata para contentar a la opinión pública que solicita a gritos que gobiernen tipos preparados, sin duda, dicho y hecho, sueño de la meritocracia cumplido. Cuanto mayor elitismo cultural solicitemos, más reducido se queda el espacio social para la cultura popular, para el currito sin estudios o la juani en nuestro barrio.

- Fernando Grande-Marlaska, Ministro de Interior, presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional en 2012, y vocal en el Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP en el 2013. Un conocedor de la represión desde las cloacas del poder, defendió a Concepción Espejel (jueza del caso de Altsasu) cuando fue apartada de los juicios de Gürtel. Cuenta con una gran consideración entre las fuerzas de seguridad del Estado por su posición en contra del acercamiento de presos y presas vascas y por haber permitido torturas como juez, por lo que contará con la cobertura perfecta para continuar la represión a luchadores/as de izquierdas, o personas disidentes del régimen español.

- Dolores Delgado, Ministra de Justicia, también ha salido directamente de la Audiencia Nacional, ejerce como fiscal especializada en asuntos de terrorismo yihadista. La responsable a partir de ahora de seguir impartiendo justicia política en los tribunales oficialmente desde el gobierno, también sale de una institución franquista como la Audiencia Nacional, formando una dupla perfecta con el mencionado Ministro de Interior.

- Màxim Huerta, nuevo Ministro de Cultura y Deporte, principalmente conocido por su paso por Informativos Telecinco durante cinco años y en 2005 incorporándose como tertuliano al Programa de Ana Rosa Quintana. Una cara televisiva, conocida y que dará sensación de cercanía, una de esas decisiones de cartera ministerial que sonaban a broma, pero que más allá de lo que parezcan, sigue una estrategia de aceptación de la opinión pública de un gobierno fallido desde su nacimiento.

Parece un gobierno más simbólico que ninguna otra cosa, un gobierno que trata de esconder que mantendrá una línea continuista y fiel a la clase dominante de la que defiende sus intereses. De nada sirve ampararse en el clásico 'la que se nos viene con Ciudadanos que será mucho peor', ni siquiera (y a estas alturas ya debería estar claro) Podemos es una opción institucional beneficiosa para las personas que sufren la violencia cotidiana del capitalismo. Al pueblo trabajador nos queda la única vía de siempre, organizarnos y luchar contra las injusticias que se avecinan para nuestra vida con dignidad.

La izquierda que gobierna para la derecha

¿Cuánto ha llovido desde la toma de los ayuntamientos como los de Madrid, Zaragoza, Barcelona,...? La apuesta por el asalto institucional fue una salida hacia adelante frente al techo de cristal que alcanzaron los movimientos sociales, al ver la necesidad de generar discurso político frente a la hegemonía de la derecha. La movilización por la movilización, el activismo sin fin ni resultados a medio plazo, la frustración por los pocos resultados obtenidos a costa de invertir mucho trabajo provocó un gran desgaste entre muchos activistas. De allí la necesidad de articularse políticamente para escribir las demandas de los movimientos sociales en la realidad material. ¿Y por qué se puso sobre la mesa (o se puso de moda) la idea del asalto institucional? Porquela izquierda revolucionaria de entonces, en vez de estar asumiendo las demandas de los movimientos sociales, articularse como un agente político con legitimidad y capacidad para lograr cambios políticos en la coyuntura dada teniendo aspiraciones hegemonistas, se estaba mirando el ombligo y peleándose entre sí.

Pero lo pasado ya es pasado y ya nos hemos dado cuenta de nuestros errores. El asalto institucional fue una propuesta lo suficientemente atractiva como para que una buena parte de las activistas se ilusionaran para formar candidaturas ciudadanas como salida viable frente al estancamiento. Bien, es cierto que la irrupción en el escenario de estas nuevas candidaturas lograron arrebatar ayuntamientos al PP así como cambiar el mapa político del país, pero sigue sin ser suficiente. El triunfalismo con el que van esas candidaturas de la nueva política se hace añicos cuando se dan cuenta de que no es ganar unas elecciones y ya. No solo eso, sino que en algunas ciudades, como el caso de Huesca, la candidatura ciudadana Cambiar Huesca tuvo que hacer coalición con el PSOE y dándole encima el ayuntamiento. Y ni llegando a tener la llave del ayuntamiento las cosas son tan sencillas, como está pasando en Zaragoza, donde las medidas progresistas que iba proponiendo el equipo de Zaragoza en Común estaban siendo entorpecidas y boicoteadas por los partidos del régimen (PPSOE). Luego están las lamentables actuaciones de Ahora Madrid con respecto a las políticas de vivienda, abriendo una oficina antidesahucios que solo atiende casos hipotecarios y no de alquileres, dejando tiradas a la PAH, y cediendo ante el boicot de la derecha con respecto a las calles y monumentos franquistas. Finalmente, mencionar la caradura de Ada Colau con respecto a los y las huelguistas del metro, cargando contra la huelga en vez de enfrentarse a la directiva de TMB.

Podríamos decir que las anarquistas tenemos razón, pero no basta con tenerla. Ya lo dije en otras ocasiones. Si tenemos razón y no sabemos articular una alternativa política mejor, sería igual que no tenerla. Sabemos que han entrado en las instituciones del enemigo jugando con las reglas impuestas por el enemigo, y que es prácticamente imposible democratizar estas instituciones, con su Estado profundo arraigado en la herencia franquista. Sabemos que desde las instituciones burguesas es imposible lograr cambios estructurales en el sistema. No obstante, me parece que estamos pasando por alto que una cosa es gobernar y otra, tener el poder. En este caso, si bien hay candidaturas ciudadanas en los gobiernos municipales, realmente el poder lo sigue teniendo la derecha, que aun estando como oposición, saben cómo bloquear medidas progresistas y cargar contra cualquier movimiento, por muy pequeño que sea, hecho por la izquierda. Y es que no solo están en la oposición, están en los consejos de administración de grandes empresas, en los medios de comunicación, en los bancos y en las instituciones europeas. Fuera de nuestras fronteras, Syriza es otro ejemplo de que carecen de soberanía para poner en marcha medidas progresistas.

Así que, ¿quién dijo que fuese tan fácil como llegar al despacho y poner en vigencia todas las reivindicaciones de los movimientos sociales? Sí, han jugado con la ilusión de muchas personas que se dejaron la piel en las calles y plazas, y ahora estamos viendo cómo algunas personas que estuvieron en primera línea en las calles están ahora ocupando concejalías nos están dejando tirados. La decepción se hace todavía mayor cuando incluso esas candidaturas se achantan ante el boicot, el linchamiento mediático y judicial que está realizando la derecha de este país. Son gobiernos débiles, sin soberanía alguna, que sumado a la desmovilización tras el declive del 15M, son incapaces de realizar muchas de las demandas que se reivindican desde los movimientos sociales. Antes, la derecha solo temía la pérdida de su mayoría absoluta y el control de sus chiringuitos. Ahora, se están frotando las manos ante una nueva política que está envejeciendo prematuramente, que en vez de sacar pecho e imponerse, se echan atrás y agachan la cabeza.

Pero no es hora de lamentos. No es hora de quedarnos en el sofá con los brazos cruzados llevando como bandera el "os lo dije, teníamos razón y no nos hicisteis caso", porque, ¿dónde estábamos cuando las calles se llenaban de manifestantes, brotaban en cada ciudad asambleas de barrio, plataformas contra los recortes en Sanidad y Educación? Y cuando todas aquellas movilizaciones comenzaron a decaer, ¿dónde estábamos para sacar nuevas propuestas y trasladar todas las reivinidicaciones sociales al escenario político del país para construir un proyecto de poder popular? Sirvan estas cuestiones para mirar hacia adelante y mover ficha. El camino no es fácil, pero deberíamos tener claro que tenemos que dar el salto hacia el escenario político con propuestas, programas y hojas de ruta, articulándonos como agentes de cambio legítimos en esta actual coyuntura, en otras palabras, a construir el poder popular que aspire a arrebatarle el poder a la clase dominante y no a entrar en sus juegos para acabar gobernando para la derecha.

Curso nuevo. Viejos problemas.

El pasado día 17 de mayo se aprobó la remisión a las Cortes Generales del Proyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). [1] No voy a hacer un análisis de esta ley ya que eso no es el objeto de este texto, lo que voy a hacer es reflexionar sobre el cómo se aprobó.

Durante este último curso hemos visto y asistido a numerosas asambleas, jornadas, concentraciones, ocupaciones, huelgas...etc las cuales trataban como tema central el objetivo de parar la aprobación de la Lomce. Estas movilizaciones tuvieron el pasado 9 de mayo su última gran acción con una jornada de huelga en todo el sector educativo y numerosas manifestaciones con multitud de participación. Esto se debió a que para el día siguiente estaba programada la aprobación de tal ley, hecho que finalmente no se consumó debido a que faltaba “cerrar detalles”.

Parecía que en realidad se echara atrás por la gran oposición que tenía, parecía que habíamos ganado, parecía que el salir a la calle podía cambiar las cosas, parecía..... pero solo parecía, ya que justo una semana después, coincidiendo con la final de copa, se aprueba sin que a casi nadie parezca importarle.

¿Qué falló? ¿es que acaso haciendo todo lo que hicimos no pudimos frenarla? ¿fue en vano todo ese trabajo? nos preguntaremos ¿solo nos queda lamentarnos y llorar? ¿será que por mucho que nos duela no podemos cambiar nada? ¿tendremos que esperar a las próximas elecciones para poder elegir a otros que la puedan volver a cambiar?

Para contestar a todas estas preguntas y a las que no están aquí reflejadas, analicemos un poco lo hecho. Me voy a centrar en lo relativo al estudiantado pero se podría extrapolar a todo el sector educativo en general.

Las manifestaciones y huelgas por ejemplo. He aquí el primer fallo, ¿fueron fruto de análisis y debates en los centros de enseñanza o fueron impuestas unas fechas y los pocos grupos de estudiantes que se medio organizaban tenían que adaptar su actividad a estas?

Si lo que se quiere es hacer un movimiento estudiantil fuerte, si lo que se quiere es que nuestras acciones tengan éxito, no se puede construir este movimiento de arriba a abajo como se está haciendo, sino al revés, de abajo a arriba, donde las decisiones sean debatidas y consensuadas, donde las manifestaciones y huelgas se produzcan como respuesta de una necesidad de actuación, de una necesidad de lucha, de una necesidad de defensa.

De esta forma las manifestaciones y huelgas no serán impuesta y vistas como algo sin sentido, sino que serán fruto de una necesidad y en ellas se verán reflejadas las demandas reales consensuadas tras numerosos debates y jornadas de reflexión.

Esto nos lleva al segundo fallo que es la forma de organizarnos. ¿Cómo motivar el crecimiento de un movimiento estudiantil capaz de organizar movilizaciones debido a la inconformidad de la situación en la que se encuentra, de tal forma que estas actuaciones nazcan de un estudiantado con carácter renovador?

Este es un tema serio, ya que debido a fracasos como sobre el que trata este texto, se piensa que somos incapaces de motivar cambios, que los sujetos sobre los cuales actúa un suceso no pueden influir sobre ese suceso... pero esto es falso y la historia lo demuestra.

Los cambios que se produjeron, se producen y se producirán no están originados por una fuerza suprema, ni un destino marcado, ni cualquier otra mentira que se nos pueda contar. Están motivados por las acciones de todos nosotros, bien por el sometimiento o por la sublevación contra aquellos que imponen tales cambios, con mayor o con menor éxito depende de cómo se mire.

Pero esto hoy se desconoce o no se tiene en cuenta, la resignación nos invade como un virus, no nos sentimos dueños de cambiar nuestro entorno. Por este motivo debemos mirar al pasado, ver que se hizo para originar cambios en aquellas situaciones, analizar cuáles fueron sus errores y así aprovechar su experiencia para hacer frente al presente.

Si hacemos esto, veremos que cuando los cambios fueron fruto de reflexiones y debates y de una forma de organizarse desde las bases, fue entonces cuando estas posturas consiguieron hacerle frente a las imposiciones contra las que se formulaban.

En la actualidad hay multitud de organizaciones estudiantiles con diferentes posturas ideológicas y con programas concretos de actuación, las cuales contienen a un estudiantado activo y que es consciente de que los actos pueden cambiar el entorno. Pero lo que no hay, en general, es un intento por comunicarle al resto de la sociedad, en concreto al resto del estudiantado, este mensaje más allá de las diferentes posturas que pueda tener cada uno ideológicamente.

Y en esto es en lo que hay que centrarse si de verdad se desea un cambio, ya que la historia nuevamente ha demostrado que de nada sirve sustituir a los pocos que imponen los cambios, sino que tienen que ser las bases las que procuren estos cambios a partir de la reflexión y necesidad de las bases.

Es por este motivo, que atendiendo a la herencia dejada tras multitud de intentos de organización de este movimiento de bases, se puede decir que una buena forma para combatir esta pasividad y resignación es organizarse de una forma asamblearia y abierta, donde cada uno sea libre de decir su opinión al resto y en donde se generen debates y reflexiones fruto de la interactuación de unos con los otros.

De esta forma, combinando la reflexión con la puesta en práctica de las ideas consensuadas, se conseguirá recuperar la sensación de ser dueños de nuestro entorno, de ser capaces de influir en el mundo que nos rodea, lo cual como ya dije antes, nunca perdimos.

Por último, un tercer fallo con el que nos encontramos si analizamos la situación actual es uno que viene derivado de esa impotencia en la que pensamos estamos sumidos, como ya apunté más arriba.

Cuando empezamos a cuestionarnos lo impuesto, cuando nos organizamos para hacerle frente en busca de un cambio que entendemos es favorecedor, vamos y pedimos que lo quiten, cambien o modifiquen, como si nosotros mismos, después de tantos debates, reflexiones, actuaciones y movilizaciones, no fuésemos capaces más que de ser la fuerza que pone en marcha la máquina encargada de realizar el cambio.

Durante los últimos 43 años, cada vez que ha habido un cambio de gobierno se ha aprobado una ley nueva en lo relativo a la educación: LGE (70), LODE (85), LOGSE (90), LOCE (02), LOE (06), LOMCE (13), y en cada caso se ha hecho favoreciendo en mayor o menor medida a aquellos que han puesto a ese gobierno.

Por esta razón es hora de empezar a cuestionarnos si queremos mantener este modelo de educación basado en adoctrinar de una forma u otra a las personas o si lo que queremos es una formación que no esté supeditada más que al propio conocimiento y técnica independientemente de las diferencias ideológicas.

Y es que si esta cuestión se debate en las asambleas abiertas y se empieza a organizar esta nueva forma de entender la educación desde las bases, entonces no seremos esa fuerza inicial que pondrá en marcha el cambio, sino que seremos nosotros mismos los que construyamos ese cambio, de abajo a arriba y de una forma sólida.

Alekseievich
https://twitter.com/Alekseievich

Nota

[1] http://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/participacion-publica/lomce/20130517-aprobacion-proyecto-de-ley.html