Del comunismo libertario al socialismo corporativo. Recorrido por la CNT durante la Guerra Civil

Miguel G. Gómez (@Blackspartak), aparecido en primer lugar en alasbarricadas

Con este artículo se pretende dar a conocer el proyecto político-económico seguido por la Confederación Nacional del Trabajo durante la Guerra Civil Española. Evitaremos dar una lectura recurriendo a palabras fetiche como "traición a los principios" o "oportunismo", que no explican la realidad de los procesos internos y mucho menos los virajes estratégicos de una organización de masas.

Cuando la CNT salió del Congreso de Zaragoza en mayo de 1936 parecía que los debates internos sobre como aplicar la ideología a lo concreto de la realidad española se habían zanjado definitivamente. En este congreso lo más importante a nivel teórico fue la Declaración del Concepto Confederal del Comunismo Libertario. En este documento se hacía un esbozo sobre cómo tenía que ser una sociedad regida bajo los principios anarquistas.

El ambiente general en la primavera de 1936 era de fuerte contestación social a todos los niveles y los ánimos estaban ciertamente muy exaltados. La posibilidad de la revolución no era en absoluto una quimera. Los teóricos del anarquismo, tales como Isaac Puente, Valeriano Orobón Fernández o Diego Abad de Santillán llevaban años esbozando modelos de sociedad comunista libertaria sin acabar de coincidir entre ellos. En Zaragoza se apostó por un modelo de comunismo libertario más basado en las ideas de Isaac Puente que en las del resto.

Las características generales eran la abolición de la propiedad privada y el establecimiento de comunas como elementos fundamentales de la nueva sociedad. A nivel industrial cada centro de producción tendría un consejo técnico-administrativo nombrado en asamblea por la plantilla de la empresa. Se coordinarían con otros centros a través de las federaciones de industria – que en 1936 estaban muy poco desarrolladas. En su descripción no dejan claro el rol de los sindicatos a partir de este momento, y se sobreentiende que se disolverían dada la consecución del comunismo libertario.

Algunos sectores tales como la enseñanza, el transporte, la construcción, entre otras, escaparían a la planificación general industrial y estarían más vinculadas a los ámbitos locales o comunales.

El punto básico, como se ha dicho, era la comuna, que tendría que confederarse territorialmente en una Confederación Ibérica de Comunas Autónomas Libertarias. Esto sería el organismo que sustituiría al Estado a nivel administrativo. Las comunas se encargarían de regir los problemas que afectan a la vida de forma democrática, de abajo a arriba, siempre teniendo en cuenta los intereses de los afectados.

En cuanto a la distribución, el Congreso de Zaragoza no aceptó el concepto kropotkiniano de “la toma del montón”. En cambio, apostó por una carta del productor y del consumidor que tendrían que gestionar las comunas mediante bonos de adquisición. Cabe notar que no mencionaban la figura de la cooperativa.

Por ahora el treintismo había quedado acallado. Acató esta decisión del movimiento sindical libertario. También apoyaban la propuesta de la CNT de iniciar un acercamiento con la UGT para formar una alianza sindical de carácter revolucionario. Para los sindicatos treintistas de Oposición lo importante fue reintegrarse en la central anarcosindical.

Todo esto fue la base teórica de la Revolución española de 1936. A primeros de junio se produjo la gran oleada de ocupaciones de fábricas en Francia. Se llegó a pensar que la revolución social iba a estallar en ese país. Pero a fin de cuentas tuvo lugar en España al ser derrotado en buena parte del territorio el levantamiento militar fascista.

El gran dilema que afrontaron los Confederales los primeros días de la guerra fue si había que tomar el poder, como proponía Joan García Oliver en su “ir a por el todo”, o si había que establecer un pacto antifascista, como proponían Federica Montseny o Mariano Vázquez. La propuesta que obtuvo más adhesiones fue la de Manuel Escorza que asumía el pacto antifascista en lo público y formal, mientras que la economía y las milicias quedarían bajo el control de los trabajadores. Es decir, se apostó por hacer la revolución social mientras se colaboraba en la derrota del fascismo.

Esta decisión se tomó por la dificultad de prever lo que iba a ocurrir en otros territorios españoles. Si en Catalunya la CNT era hegemónica y tenía la sartén por el mango, en otras zonas de la Península (ya que las islas habían quedado bajo el control de los sublevados fascistas) la CNT no se veía capacitada para imponer la revolución libertaria. Se dice imponer, precisamente por que era lo que proponía García Oliver que, si bien en Catalunya podrían hacerlo, otra cosa muy distinta era intentarlo en Madrid o en Valencia. También entendamos que por entonces se tenía la victoria militar por segura. Valía la pena esperar.

Así pues, el movimiento libertario fue quien le propuso al resto de las fuerzas antifascistas la creación de una nueva entidad llamada Comité Central de Milicias Antifascistas, que poco a poco fue tomando otras atribuciones más allá que la cuestión meramente militar, por ejemplo, la Comisión de las Industrias de Guerra. Pero este organismo no era un doble poder, si no que duplicaba el poder existente, la Generalitat, sin cuestionarla ni amenazarla. Y, además, el movimiento anarcosindicalista colaboró con la Generalitat para gestionar áreas enteras de la sociedad, tales como la economía o la enseñanza. Así se crearon en agosto tanto el Consell d'Economía de Cataluya como el Consell de l’Escola Nova Unificada, ambos liderados por personalidades del movimiento libertario. Y a todo esto, tengamos en cuenta, que la CNT no aprobó participar formalmente en el Gobierno de la Generalitat hasta el Pleno Regional de Sindicatos del 24 de septiembre. Es decir, que el anarcosindicalismo participaba (y dirigía) consejerías de la Generalitat antes de pertenecer formalmente al Consell de la Generalitat.

En esta primera época, el “breve verano de la anarquía”, hubo una multitud de expropiaciones de empresas de carácter voluntario. Muchos patronos se habían marchado del país, ante sus simpatías hacia los golpistas y su miedo a ser detenidos y ejecutados por las masas obreras. Al quedar sus empresas sin dirección muchas fueron confiscadas sin más. En el Boletín Oficial, el DOGC, la misma Generalitat aceptaba estas colectivizaciones e incluso aceptaba la ocupación de tierras propiedad de las personas que habían desaparecido de sus poblaciones. Este fue el origen práctico de una multitud de colectivizaciones de tierras en Catalunya. Incluso los ayuntamientos controlados por ERC aceptaron esta situación sin grandes problemas.

Al mismo tiempo, otras zonas peninsulares se contagiaron de la revolución social (hasta entonces en gran medida había sido política, en clave de ruptura). Si bien, en muchos pueblos y ciudades industriales valencianos las cosas sucedieron de forma similar a Catalunya, en otros lugares la revolución fue impulsada desde fuera (Aragón), o fue impulsada tanto por una CNT minoritaria como por una UGT radicalizada por la base (Asturias, Andalucía, Castilla, Extremadura, o Murcia). En todo caso la revolución era un hecho tan incontestable que casi todas las organizaciones republicanas la apoyaban verbalmente. Diferían en el modelo de revolución. No era lo mismo la revolución para Esquerra Republicana, que para los marxistas del POUM o si quiera que para los comunistas soviéticos (que también hablaban de Revolución Nacional). Pero el modelo mayoritario fue el impulsado por la CNT. En muchos lugares donde se colectivizaba en nombre de la CNT y la UGT en conjunto la fórmula que se aceptaba era la de la primera organización.

Esta pluralidad de iniciativas se tenía que sistematizar de alguna manera. La propia CNT lo reconocía y celebraba plenos de sindicatos con mucha frecuencia para establecer criterios de funcionamiento, aclarar malos entendidos y resolver los consiguientes conflictos de intereses. El aluvión de afiliación era tal que mucha gente venía de nuevas sin conocer ni los principios ni los acuerdos anteriores.

Un gran paso para ordenar este proceso revolucionario fue el Decreto de Colectivizaciones y Control Obrero de Catalunya del 30 de octubre. Fue redactado por Joan P. Fábregas y es todo un modelo para establecer una transición a un socialismo de base sindical. En primer lugar, se regulan las empresas ya colectivizadas que tendrán un Consejo de Empresa. Si no están colectivizadas, y la propiedad sigue siendo privada, se constituiría un Comité de Control Obrero. Serían colectivizadas todas aquellas empresas cuyos propietarios hubiesen sido declarados facciosos, todas las que ocupaban a más de cien trabajadores y aquellas de entre 50 y 100 que así lo decidiesen las tres cuartas partes de sus trabajadores en asamblea general. El resto solamente sería colectivizado en caso de ser aceptado por el propietario.

En el Consejo de Empresa estarían representados los sindicatos según su implantación y asumirían la responsabilidad de dirigir la empresa. Existirían Consejos Generales de Industria en todos los ramos con ánimo a planificar la producción. Para facilitar la organización de estos Consejos Generales se aceptaba la figura de la Agrupación de Industrias. Se podrían unir industrias similares en la misma fórmula jurídica.

La aceptación de un interventor de la Generalitat en todas las empresas colectivizadas puede verse como un punto polémico. Ahora vamos ahí. Otro factor de intervencionismo estatal se podría ver en los mismos Consejos de Industria, que tenían que tener 4 delegados de los consejos de las empresas de ese ramo, 8 de los sindicatos (según su afiliación) y 4 de la Generalitat nombrados por el Consejo de Economía, que presidiría este Consejo de Industria.

Decíamos que es un punto polémico, puesto que mientras el Consell d’Economia estuvo dirigido por Joan P. Fábregas había una dirección clara hacia la socialización. Por tanto los representantes de la Generalitat también venían con este encargo, rompiendo cualquier aislacionismo y corporativismo o superando los temores y la pereza para gestionar las empresas.

Pero todo cambió el 17 de diciembre de 1936, cuando Fábregas fue cesado por Tarradellas. El nuevo Consell de la Generalitat lo sustituyó por Diego Abad de Santillán, que no compartía la misma visión que Fábregas y tampoco reunía las mismas capacidades técnicas para el puesto. Además, Tarradellas lanzó a las pocas semanas la batería de 58 decretos de S’Agaró, modificando sustancialmente el carácter financiero y fiscal de Catalunya. Las colectivizaciones quedarían sujetas a una especie de capitalismo sindical controlado por la Generalitat, sin llegar a la socialización, que era lo que planteaba la CNT. En un informe del otoño de 1938, los confederales decían que la Generalitat solamente había legalizado un centenar de las aproximadamente 500 agrupaciones de empresas que existían en Catalunya. El boicot gubernamental hacia la revolución era manifiesto.

En aquellos momentos se producían dos dinámicas aparentemente contradictorias. Por un lado, existía una fuerte presión para unificar los sindicatos de CNT y UGT en una misma central. Durante el mes de noviembre y diciembre existieron algunos sindicatos locales de ramo que eran CNT-UGT, como si fueran lo mismo. Sin embargo, este proceso se frenó en seco en el invierno, y los sindicatos volvieron a ir cada uno por su lado. El otro proceso, era el de la extensión de la revolución colectivista por grandes territorios de Aragón, Valencia o Castilla, lugares donde el anarquismo a nivel local había sido marginal y ahora se formaban colectivizades libertarias sin parar.

A finales de febrero de 1937 la CNT realizó un Pleno Regional de Sindicatos en Catalunya. Por un lado, se reorganizó la estructura de los Sindicatos de Industria y favoreció la reaparición de las Federaciones de Industria. Por otro siguió con la mano tendida ante la UGT, que no parecía darse por enterada. Lo cierto es que en Catalunya la UGT estaba dominada por el PSUC, así que tenderle la mano a esa central sindical no iba a funcionar ni siquiera apelando a las bases. En todo caso, también se apostó a nivel general por socializar la economía en todo lo posible. Este proyecto se pudo llevar a cabo solamente a nivel local en algunas ciudades y a nivel general fue bastante avanzado en el ramo de la Madera. Y en medio Aragón, por supuesto.

Pero la coyuntura política no ayudaba a estos proyectos de reordenación económica. Los Hechos de Mayo de 1937 supusieron un parón en todos estos avances revolucionarios. La CNT incluso perdió la cartera de Economía de la Generalitat, siendo sustituido Santillán por el estalinista Joan Comorera. La CNT en Catalunya reaccionó centralizándose y creando una Comisión Asesora Política en julio que gestionaría las decisiones del día a día de carácter político-estratégico.

En septiembre tuvo lugar el trascendental Pleno Nacional del Movimiento Libertario de Valencia. La importancia de este Pleno radica en el cambio de línea estratégica de la Confederación. El contexto es la derrota en Barcelona en mayo, el ataque a las colectividades de Aragón en agosto, la presencia de miles de cenetistas en prisiones republicanas, y en definitiva la constatación pesimista de que la CNT solamente contaba con sus propias fuerzas y que nadie le ayudaría. Y en este "nadie" incluían tanto a la AIT como al movimiento libertario internacional, dado su reducido tamaño. Por ello crearon unos meses después la SIA, Solidaridad Internacional Antifascista, con el objeto de ampliar un poco esta base internacional simpatizante.

El Pleno aceptaba la realidad de que no era posible imponer un solo sistema económico en España y que habría que coexistir con diversos proyectos socioeconómicos (republicanos, liberales, socialistas marxistas o cooperativistas). Se proponía crear un Consejo Técnico Asesor formado por representantes de las organizaciones obreras, del Estado y de los municipios. La idea era que había ramas de la economía que debían de ser nacionalizadas y otras municipalizadas. También se pretendía el monopolio del comercio exterior, en línea con el proyecto mismo de Fábregas en el otoño anterior. Otro aspecto, era la aceptación del cooperativismo como ligazón necesaria entre consumidor y productor para evitar la especulación.

Este dictamen que salió del Pleno se compaginaba con la ponencia aceptada en el Pleno Nacional de Regionales también celebrado en Valencia ese mismo mes. Se imponía una economía de guerra y se aceptaba una especie de fusión con el Estado. Estas decisiones fueron aplaudidas por otras fuerzas políticas. La CNT estaba dispuesta a cambiar su línea política para ganar la guerra, cosa que no todas las demás organizaciones podían decir por mucho que hayan escrito contra la CNT por el hecho de hacer la revolución, la cual era su proyecto histórico.

En este sentido, vemos como este programa encaja más con la teoría o propuesta de Joan Peiró de la República Federal Sindical Ibérica. Se trata de un federalismo no solo en base territorial sino también en lo económico. Peiró aceptaba que hubiese territorios gestionados de la forma que quisieran los socialistas o los republicanos si a cambio había otros que podrían gestionarse como lo planteaba el anarcosindicalismo.

En el Manual del Militante de la CNT de octubre de 1937 se apoyaba este modelo. Entendían que la República Federal estaría compuesta por un partido republicano único, un partido socialista autoritario único, un partido libertario único y una asociación de trabajadores única por cada localidad. Cada Consejo Municipal estaría elegido por sufragio. La mitad de los puestos los tendrían los partidos y la otra mitad la asociación obrera. El sindicato y el municipio eran los elementos fundamentales de esta nueva sociedad que el propio texto llega a llamar “estado sindicalista”. Podríamos deducir que el partido libertario lo compondría el Partido Sindicalista y la FAI y quizás las demás entidades libertarias que hubiese.

El Pleno de Valencia añade a estos elementos fundamentales de la sociedad la figura de la cooperativa, pero vemos que el espíritu es muy similar también con el modelo de Peiró que recogía las propuestas del treintismo. Recordemos que esa corriente celebró en junio de 1934 un congreso, cuyos debates iban ya por esta dirección. Ángel Pestaña se había desmarcado unos meses antes del treintismo para crear su Partido Sindicalista y por ello quedó al margen de todos estos debates y eventualmente de tener influencia en la línea estratégica de la CNT, como finalmente sí la tendría el treintismo.

El siguiente hito fue el Pleno Nacional Ampliado de carácter económico, celebrado en enero de 1938 en Valencia. En lo que respecta a la economía, lo más importante fue la reestructuración de las federaciones de industria y sobre todo la creación – formalmente el 15 de febrero – del Consejo Económico Confederal, CEC. La CNT planteaba que tendría que existir un Consejo de Economía a nivel estatal como el que existía en Catalunya, pero ya que ni el Gobierno de Negrín ni la UGT tenían intención de mover ficha en ese sentido, al menos el Movimiento Libertario lo haría por su cuenta. Así pues, la CNT impulsó Consejos Locales y Comarcales de Economía, que se federarían a nivel Regional y luego se confederarían en el CEC. Añadimos que en estos momentos el CAP cambió a Comité Ejecutivo del Movimiento Libertario, incidiendo en este proceso de centralización.

Propuesta de Mariano Cardona Rosell, el CEC servía para ordenar la gran cantidad de empresas colectivizadas, talleres colectivos, industrias socializadas, huertos y campos, almacenes, cooperativas, sindicatos agrícolas o iniciativas económicas de todo tipo que controlaba o impulsaba el Movimiento Libertario. Para entonces el movimiento era toda una potencia económica. Los asuntos más importantes a los que hacía frente el CEC eran sobre legislación y arbitrajes; moneda, crédito y previsión; explotación de industrias y servicios; materias primas y sucedáneos; y distribución y comercio exterior. Cada una de estas materias tenía una comisión de trabajo. Cada Regional tendría que tener su propio CEC que se coordinaría a escala estatal.

Realizaron una gran cantidad de reuniones y controlaron una cantidad ingente de recursos. Y sus proyectos iban más allá de estas atribuciones. Por ejemplo, destacaba la propuesta de una Banca Sindical Ibérica. Este proyecto al parecer nunca se materializó, pero hubo varias ponencias en ese sentido. Muchos proyectos colectivistas y cooperativistas siempre sufrieron de gran penuria económica y un crédito monetario habría permitido la consolidación de importantes iniciativas. También se planteó una mutualidad confederal que fuese como una especie de "seguridad social" para la afiliación de la Confederación.

El Banco Sindical también se había planteado a nivel ibérico, incluyendo a la UGT. Pero como hemos dicho, esta central nunca estuvo interesada en proyectos unitarios de carácter revolucionario, así que todo quedó en manos (y a los hombros) de la CNT. El Banco estuvo mejor planteado en el Pleno Nacional de Regionales de agosto de 1938, pleno que consideraba la centralización total de la economía Confederal. Así pues, para que una empresa local pudiese comprar un producto a otra localidad que no estaba en su comarca, debía acudir al Comité Regional de Economía, que sería el mediador de la compra. Si se necesitaba adquirir un producto del extranjero entonces sería el mismo CEC el encargado de tramitarlo. Se puede observar el peligro burocrático en estas prácticas. Volviendo al asunto del Banco Sindical, cabe decir que la Regional Centro desarrolló una Caja de Compensación Confederal del Centro como medida previa a crear el Banco.

En agosto se dieron los pasos para crear Escuelas Técnico-Industriales para capacitar profesionales para poder llevar a cabo esta tarea dado que en muchas localidades no se podían constituir Consejos Locales de Economía porque no había militantes con capacidad para ello. Y como medida de excepción se incentivó la capacitación de la mujer para que pudiese sustituir en la producción a los hombres, que cada vez en mayor número, estaban en el Frente. Este último punto fue expresamente aprobado por Mujeres Libres. Otro dictamen aprobado entonces fue el de la “intensificación” de las cooperativas de consumo.

Otros asuntos que trataron estos plenos de 1938 fueron la retribución salarial familiar llegando incluso a hacer una definición de lo que se entendía como “concepto económico de familia”. Se trataba de desvincular la producción del individuo retribuyéndolo según la naturaleza de su trabajo haciendo abstracción de su familia y sus necesidades. La familia se ampliaba a todas las personas que viviesen bajo el mismo techo sin necesidad de parentesco. También se formó una Comisión Técnico-Administrativa que llegó a tener inspectores de trabajo a disposición del CEC, para comprobar las condiciones de cada lugar.

Podemos concluir notando que el Movimiento Libertario había creado un organismo nuevo, el CEC, de carácter económico-productivo, desgajado de los sindicatos. De alguna manera la central sindical CNT y todo el Movimiento Libertario funcionaban bajo la lógica de la gestión económica ejerciendo de auténtico estado sindical dentro de la República.

En definitiva, la CNT de 1938 llegó a un socialismo corporativo o “guildismo” (del inglés guild socialism o socialismo gremial, pero no en el sentido medieval sino de control sindical) que abogaba por el control de la economía bajo una mediante una corporación sindical por cada ramo de producción. Dado que la República española fue derrotada en 1939, no se pudo comprobar este desarrollo en toda su amplitud. La CNT hizo un balance en la postguerra que la llevó a renegar del viraje de 1937 y volvió a su línea comunista libertaria de 1936 que fue la que defendió durante el exilio. La praxis cenetista de 1938 cayó en el olvido, fue condenada como una desviación producto del contexto de la guerra y prácticamente nunca ha sido objeto de estudio en los ambientes libertarios. Caben muchos más estudios sobre este tema, puesto que se trata de un experimento de planificación de la economía de primer nivel, además gestionado por libertarios.

El honor de las injurias

El honor de las injurias es un largometraje documental del año 2007, está dirigido y narrado por el artista y escritor Carlos García-Alix. Este filme cuenta la vida de Felipe Sandoval, con un elevado porcentaje de material de archivo, que incluye fotografías, fragmentos de películas así como documentos del propio Sandoval, como su última confesión. Este documental, obtuvo el segundo premio en la sección de Tiempo de Historia de la Seminci del año 2007, el Premio del público en el Festival de Annecy, en Francia, el premio al Mejor Montaje en el festival Memorimage 2008 y posteriormente ha obtenido los premios a Mejor Guion, Mejor Dirección y Mejor Dirección de Arte en el festival Atlantidoc Uruguay.

Biografía:

Felipe Sandoval, también conocido por el alias Doctor Muñiz, nació el 26 de mayo de 1886 en el barrio de las Injurias en Madrid, y murió en la misma ciudad, el 6 de julio de 1939. Fue albañil, ayuda de cámara de una noble familia de París, atracador, anarquista y espía, pero es conocido, especialmente, por ser un activo verdugo revolucionario en el Madrid de los primeros meses de la Guerra Civil Española.

De padre desconocido, Sandoval pasó su infancia en un orfanato. En su juventud trabajó como albañil, al tiempo que se iniciaba en sus primeros pasos como delincuente. En 1919 se encontraba encarcelado en la prisión de Barcelona tras cometer un robo. Trató de fugarse pero no tuvo éxito recibiendo una paliza que le desfiguró el rostro. Huyó de España y se estableció en París. Allí, hacia 1926, participaría en las tertulias de Juan García Oliver, fundador del grupo armado Los Solidarios, organizado como respuesta a la guerra sucia emprendida por sectores patronales y gubernamentales contra los sindicatos en la Barcelona de la época. De esta forma, se relaciona con los principales hombres del anarquismo exiliados en París, en los orígenes primitivos de la FAI.

Sandoval no era un anarquista teórico o de salón, sino un anarquista de acción. Volvió a Madrid, y durante años organizó diversos asaltos para financiar el anarquismo de la ciudad. Como revolucionario anarquista, uno de sus primeros golpes importantes lo dio en 1932, en el domicilio de Agapito Velasco, un abastecedor municipal a quien acusa de quedarse con el dinero de los comedores de Asistencia Social. Con otros tres hombres, le robaron 35.000 pesetas. Tras este vendrían otros afamados robos, como el de una oficina del Banco de Vizcaya, donde al más puro estilo de película de gangsters y en apenas diez minutos, robó 40.000 pesetas. Tras el robo de un arsenal de armas fue detenido e ingresado en la cárcel de Colmenar Viejo, de donde se fugaría tras herir a uno de los funcionarios de la prisión. Se convirtió así en toda una leyenda con su estilo de ganster y su temida fama hizo llenar portadas en los periódicos de la época. Por todo ello, se le consideró el enemigo público número uno. Para algunos, Sandoval no era más que un maleante, "un truhán que no sabe de ideas. Solo de estafas y del regusto ácido de la mala vida", según escribía el diario Nuevo Mundo.

Al estallar la Guerra Civil Española, algunos miembros de la CNT se integraron en la tristemente célebre checa de Fomento, oficialmente llamado Comité Provincial de Investigación Pública de Madrid, cuya función era unificar y controlar la represión contra los sublevados. Sandoval fue sobre todo el máximo dirigente de la checa anarquista del cinema Europa del barrio de Cuatro Caminos.

Fue también el responsable del asalto a la cárcel Modelo de Madrid tras declararse un incendio y correrse el riesgo de la fuga de muchos presos de los sublevados, esto sucedió el 22 de agosto de 1936, y terminó con la matanza de conocidos políticos de derecha provocando una gran conmoción durante la República española.

Tras el desmantelamiento del sistema de checas de Madrid por parte de la Junta de Defensa de Madrid durante la batalla de Madrid, Sandoval llegaría a ser espía para la CNT en Barcelona y Valencia. Posteriormente volvió a la capital.

Nada más terminar la Guerra Civil Española, en 1939, fue detenido y conducido a Madrid como parte de la Expedición de los 101, compuesta por dirigentes políticos y sindicales y personas notorias del bando vencido, capturados en Alicante, sin haber logrado huir de España. Salvajemente torturado, fue obligado a confesar y a hacer delaciones, fue repudiado por sus compañeros. Poco después, se suicidó arrojándose al vacío. Se tiró por una ventana de una casa de la calle Almagro de Madrid, habilitada como comisaría, una más de las muchas cárceles improvisadas en un Madrid lleno de presos republicanos. Nadie reclamó su cuerpo. El 6 de julio de 1939 fue enterrado en una tumba de tercera del cementerio del Este de Madrid.

Sobre el documental:

Gran documental que actúa a modo de estupendo testimonio histórico, notablemente documentado en fuentes históricas y perfectamente montado para narrarnos la vida de Felipe Sandoval: obrero, anarquista, expropiador y espía. El documental no juzga en absoluto a Sandoval que lo muestra tal cual fue, es el/la espectador/a quien podrá sacar su propio juicio de valoración.

El perfecto ejemplo de un hombre que se hizo a sí mismo, que tuvo que crecer rodeado del hambre, de la pillería en su barriada y del duro esfuerzo para salir adelante solamente junto a su madre, pues no tuvo padre reconocido. El reflejo de un hombre abocado a la aventura más propia del mundo del gangsterismo para sobrevivir, un joven obrero resultado de la situación económica de miseria en la que se crió. Este bagaje le lleva a atesorar un gran resentimiento social, una militancia en el sindicato CNT puramente en la acción más encarnizada, un hombre preparado para aniquilar el presente que le maltrató y devolverle al mundo su venganza, la venganza de los/as apaleados/as, pero no para construir la sociedad libertaria del futuro.

 

Memoria libertaria de Sanse

Durante la Guerra Civil española Sanse no quedó al margen de los acontecimientos fundamentales de ese periodo, ni de los cambios que sufrieron muchos consistorios, albergando un gobierno local de Frente Popular, que incluyó a vocales del sindicato CNT. Recordemos que entonces nuestro pueblo contaba con aproximadamente 1.500 habitantes, y que hasta febrero de 1936 había gobernado la derecha durante todo el periodo republicano.

El mismo 18 de julio de 1936, tras llegar las noticias de la sublevación de los militares africanistas, los obreros de nuestro municipio acuden rápidamente a la entonces denominada carretera de Francia a levantar barricadas y puestos de control.

Aprovechando su posición segura de retaguardia del territorio bajo control republicano en el norte de Madrid, fue zona de paso de las milicias antifascistas desde la capital al frente de la Sierra Norte de Madrid, a donde iban a combatir milicianos y brigadistas durante los primeros meses del conflicto, hasta estabilizarse el frente.

El pueblo es renombrado el 19 de septiembre de 1936 como San Sebastián de Madrid, histórica reclamación de gran parte de la población militante antifascista.

Durante los tres años de guerra, se socializa la propiedad de los medios de producción locales, municipalizándose las fincas de Pesadilla, el Portillo, Valdelamasa y Soto de Albarán, donde se establecieron colectividades rurales para abastecer a la población. Además, y fruto del espíritu de solidaridad imperante, las organizaciones políticas y sindicales presentes en el municipio, como CNT, UGT y SRI llevan a cabo a lo largo de la guerra constantes campañas de ayuda al Madrid sitiado, destinando víveres y ropa de invierno en auxilio a la capital.

Fue a principios de agosto de 1936 cuando un grupo de valientes mujeres encabezadas por Consuelo Encinas Cebrián, en nombre del comunismo libertario, realizan expropiaciones al terrateniente Juan Esteban Martin, en la casa de la calle de la Iglesia 1, para repartir los bienes entre las vecinas más necesitadas de la localidad. Al tiempo que un grupo de milicianos de la CNT, con Simón Perdiguero Marcos a la cabeza, expropian algunos utensilios hallados entre las riquezas de la Iglesia local, que fueron socializados entre todos los vecinos.

Incluso el mismo sindicato CNT había ocupado una pequeña caseta con vacas y una huerta situada en la actual zona de «los guerrilleros», en torno a la actual calle Silvio Abad. Crearon su propia colectividad junto al centro urbano del pueblo, que tuvo que ser defendida por el concejal de la CNT en el municipio, y por los propios trabajadores armados, y que finalmente fue desalojada a finales del verano de 1937 tras acudir la Guardia de Asalto republicana.

Como ya se había mencionado, desde 1937 se empieza a introducir a vocales y representantes sindicales de la CNT en el ayuntamiento y en general en las tareas administrativas locales, lo cual había sido ajeno al sindicato anarquista, tradicionalmente alejado de tareas institucionales. Se nombra vocal del consistorio a Simón Navacerrada Gómez (responsable local en San Sebastián de los Reyes de la CNT y fusilado en Colmenar Viejo) quien participa en tareas locales, laborales o en la gestión de la cartilla de abastecimiento.

El final de la Guerra Civil supuso para Sanse el comienzo de la represión, el fusilamiento de 32 de sus vecinos, y que se ordenara abrir «consejo de guerra» por los tribunales franquistas a otros 75 vecinos y vecinas del pueblo. Después de esto, el pueblo enmudeció durante décadas.

Fue ya el 27 de marzo de 1977, en la plaza de toros de Sanse, donde se realiza el primer mitin público y autorizado de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) desde la guerra civil. Histórico y multitudinario mitin, con la participación de más de 40.000 personas llegadas de distintos puntos del Estado y del exilio, que sentaría el precedente de quienes no aceptaron claudicar ante las exigencias del régimen para su falsa transformación en aparente democracia formal.

Actualmente descendientes de aquellos luchadores y militantes políticos tratamos de recuperar esa Memoria Histórica antifascista. Además, continuamos una lucha que creemos necesaria para la emancipación de las clases populares, para romper con el capitalismo que nos oprime y dar una respuesta al fascismo que a día de hoy todavía está demasiado consolidado en este país. Aspiramos a conquistar nuestra libertad, no como una posesión más, sino mediante el establecimiento de unas relaciones humanas fundamentadas en la honestidad, la solidaridad y el apoyo mutuo, y la autogestión de nuestra vida cotidiana en contacto con el medio natural.

Esto no forma parte de la historia oficial de San Sebastián de los Reyes, sucedió en realidad en San Sebastián de Madrid.

Con la colaboración del compañero Iván F.

¿Y si la República hubiera ganado la guerra? (II)

En la primera parte analizamos que hubiera ocurrido si la victoria del bando republicano hubiera ocurrido en las primeras fases de la guerra, concluyendo que, con un bando sublevado que aún no se hubiera estructurado y recibido la ayuda del fascismo internacional, un Estado republicano débil y un PCE todavía poco influyente la balanza se habría decantado a favor de las fuerzas revolucionarias, encabezadas por el anarcosindicato CNT.

Como dije en el anterior artículo, los resultados podrían haber variado enormente de acuerdo a en que fecha hubiese ganado la república. Examinaremos ahora que hubiera podido ocurrir si la victoria se hubiera producido algo después, en 1937. Advierto, como en el anterior artículo que todo lo que aquí se diga, aunque producto de un análisis histórico, es pura especulación.

2. Victoria en el 37: un equilibrio inestable.

Supongamos que la victoria de los republicanos se hubiera producido en una etapa más avanzada del conflicto militar. En 1937 el bando sublevado se ha estabilizado políticamente, otorgando el completo mando militar a Franco. Ha ejercido una efectiva represión en su retaguardia y ha recibido la inestimable ayuda de Alemania (la mayor parte de la Legión Condor llega en noviembre de 1936) y de Italia (el CTV lo hace en diciembre del mismo año).

Sin embargo, los sublevados aún no se han impuesto. El frente se encuentra estabilizado en una guerra de posiciones que en ciertos lugares recuerda a las inamovibles trincheras de la primera guerra mundial (caso del Frente de Aragón, donde ni se avanza ni se retrocede). La República ha obtenido importantes victorias en la defensa de Madrid y la batalla de Guadalajara y se ha logrado, mientras los milicianos aguantaban en primera línea, organizar las primeras brigadas mixtas del Ejército Popular. En su mayor parte localizadas en el centro y con mandos salidos del PCE, que a mediados de este año alcanza los 250.000 afiliados.

En tal situación, el Estado republicano ha recuperado buena parte de su fuerza, estancándose los avances de los revolucionarios e impulsándose la progresiva militarización de las milicias antifascistas. Existe pues un equilibrio entre los dos bandos de la guerra: mientras Franco ha conseguido ayuda exterior y meter en cintura a su bando, la República atesora muchas victorias militares.

¿Qué habría permitido, en esta situación, que se rompiera el equilibrio a favor del bando republicano? Juega un papel fundamental aquí la ayuda internacional. La República tan solo había recibido ayuda de la URSS (a parte de su papel en la organización de las brigadas internacionales, vendió armas a la república, a un precio bastante alto, por cierto) y de México (una ayuda bastante testimonial). Inglaterra y Francia llevaban a cabo una política de apaciguamiento, dejando abandonada a la República española para evitar disgustar a una Alemania de Hitler cada vez mejor armada. ¿Y si no hubiera sido así? Es difícil que Inglaterra hubiera movido un dedo, pero Francia estaba entonces gobernada por un Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas similar a la que se daba en España. Era intención de León Blum, primer ministro de Francia durante el gobierno del Frente Popular, enviar ayuda militar a la República española, en forma de aviones y armamento. Esta ayuda se vio muy limitada por el consejo de ministros, contrario a enviarla. Tan solo un puñado de aviones fueron enviados y el material de guerra que fue vendido a la República eran, en su mayor parte, excedentes de la Gran Guerra. Si Blum hubiera logrado imponerse y se hubiera enviado ayuda efectiva a la República en 1937 el equilibrio entre los dos bandos podría haberse roto.

Existían, además de la escasa ayuda internacional, otros dos factores que impedían la victoria de los republicanos. Uno de ellos era la falta de iniciativa de los altos oficiales de la República. Estos altos mandos, comprometidos con la República burguesa pero poco motivados a la hora de colaborar con anarcosindicalistas o comunistas, se mostraban generalmente poco impetuosos en el avance (tan solo una ciudad, Teruel, fue tomada por la República en toda la contienda, a pesar de que su ejército se mostró muy  hábil en acciones defensivas) y poco fiables, llegando al punto de ser agentes fascistas en algunos casos. Este es el caso de la ofensiva de Huesca, que se vió frustrada por la alerta dada por un oficial republicano, provocando un enorme número de bajas. La CNT, o mejor dicho, los sectores de la CNT que aceptaban el Ejército Popular, se mostraron muy críticos con este aspecto, demandando que los oficiales fueran sometidos a revisión de la tropa y a control obrero. Con una efectiva purga de los mandos del Ejército Popular, es del todo probable que éste se hubiera mostrado más efectivo en su avance.

El segundo factor es la división del bando republicano. Esta división, producto de la lucha política entre un gobierno cada vez más controlado por el PCE y el sector filocomunista del PSOE y los revolucionarios (CNT-FAI y POUM), tuvo como consecuencias, más allá de los enfrentamientos en mayo de 1937, la paralización del Frente de Aragón. Al mantener a las milicias catalanas y aragonesas en un pésimo estado logístico, mal armadas y peor abastecidas, el gobierno republicano impidió cualquier avance en ese frente. Para cuando quiso hacerlo, enviando refuerzos desde Madrid, ya era demasiado tarde y no se lograron grandes avances. Si las tensiones políticas del bando republicano hubiesen sido menores (quizás con un gobierno de concentración que no excluyese a los sindicatos y con una más prematura integración de las milicias confederales en el Ejército Popular), ese frente habría gozado de un mejor abastecimiento, siendo posible el avance y la unión con el frente norte antes de que este cayera. Por desgracia, el gobierno republicano no supo ver la importancia estratégica de unir los frentes, prefiriendo mantener sus esfuerzos en Madrid, poco valiosa estratégicamente, pero con un gran valor moral.

Con la confluencia de estos factores: la distensión política, la depuración del Ejército Popular y la ayuda de Francia, la República hubiera podido, con toda seguridad, ganar la guerra a finales de 1937. ¿Cuál habría sido el resultado de esta victoria?

Como me he referido en el título: el equilibrio inestable. Es difícil de adivinar, pero yo considero como posibles tres posibilidades. Los sindicatos tenían todavía un gran peso, así como los sectores del PSOE poco amistosos con el PCE (¿Qué decir de Izquierda Republicana?), habría sido posible, pues, la formación de una especie de República sindical. La propia CNT se muestra favorable a esta clase de régimen, en su proyecto de Estatuto de Autonomía de Valencia de 1937, donde propone la inclusión de los sindicatos en el gobierno, a fin de asegurar el control obrero y los logros de la socialización. De este modo, una República de izquierdas con gran influencia sindical habría logrado asegurar la paz social tras la guerra, al menos durante algún tiempo. La reforma agraria y la socialización se producirían, dentro de un marco de legalidad, pero bajo fuerte presión de los sindicatos.

Otra posibilidad es que las tensiones habidas entre la CNT y el PCE afloraran tras la guerra. El Pravda anunciaba en 1936 que sería necesaria la "limpieza de elementos trotskistas y anarcosindicalistas con la misma energía que en la URSS". Atendiendo a la ilegalización y persecución del POUM, es evidente que tal afirmación no se quedaba en una mera intención. Podría pues, acabada la guerra, haber estallado una segunda guerra civil entre los elementos revolucionarios (estancados, pero aún muy presentes) y una alianza entre la izquierda burguesa y el PCE. Tal cosa, en momentos en los que se realizaría la represión contra los franquistas, produciría un elevado coste de vidas y agravaría la destrucción provocada por la guerra. El gobierno que saliera de tal situación es difícil de decir, pero probablemente fuera una República popular con la participación del PCE y la izquierda burguesa y un Estado fuerte, un solo sindicato y un sistema penitenciario saturado debido al aumento de la represión.

Otra posibilidad, aunque creo que es la menos probable, es la restauración de la República burguesa. Con la ayuda internacional, la República habría tenido que hacer esfuerzos por moderar su política, reprimiendo los radicalismos, despolitizando al ejército y promoviendo una alianza entre Izquierda Republicana, los sectores no filocomunistas del PSOE y la UGT. De la guerra saldría un gobierno autoritario de izquierdas, pero más cercano al republicanismo burgués, con la propiedad privada garantizada.

¿Y después? Creo que llegados a este punto la guerra europea se desataría más rápido aún si cabe. ¿Habría podido evitar una alianza entre las repúblicas españolas y francesas la invasión Nazi? ¿Habría terminado por colapsar la República, caso de no suceder una segunda guerra civil inmediatamente después de la primera? Es posible que en este caso la política exterior de la Unión Soviética se altersase, siendo mucho más favorable en enviar ayuda para evitar un ataque fascista sobre una República más moderada. De igual modo, habría sido posible que las democracias liberales no se hubieran mostrado hostiles a ésta. Dejo a los lectores que lo deseen contestar a estas cuestiones antes de entrar en la tercera parte del artículo y en las conclusiones.

¿Y si la República hubiera ganado la guerra? (I)

Hacer historia ficción es siempre un ejercicio interesante. Utilizar las herramientas de análisis histórico para tratar de adivinar en qué habría cambiado la historia si alteramos tal o cual factor. Una mariposa da un aleteo en el extremo oriente y de pronto un huracán arrasa la Costa Este de los EEUU…

La Guerra Civil ha sido un campo fecundo para el género de la ucronía. Obras como la del falangista Vizcaíno Casas Los rojos ganaron la guerra, o el documental de la Sexta Viva la República, hacen este ejercicio. En el primero se muestra España convertida en una brutal dictadura del PCE y la judeo-masonería, en el segundo se muestran situaciones tan ridículas como una España gobernada, a principios del siglo XXI, por Zapatero y Aznar como presidentes del gobierno y de la República respectivamente, en un régimen de tipo liberal más rico, pero muy similar al actual.

¿Habría acabado la República, en caso de ganar, convertida en un monstruoso satélite de la URSS o en una idealizada democracia liberal? Son quizás las dos visiones más extendidas, pero ninguna de las dos corresponden a un análisis mínimamente serio de la situación política y social de la guerra. ¿Qué clase de país habría salido, entonces, de ella? Todo depende de en qué momento hubiese vencido el bando republicano.

Intentaré en este artículo mostrar tres posibilidades de acuerdo a tres momentos diferentes, atendiendo a la situación política del bando republicano en cada uno de ellos y a qué habría tenido que pasar para que se produjera la victoria. Advierto sin embargo que, conforme más me aleje del punto de partida en este intento de hacer historia ficción, más probable es que cometa errores en mis predicciones.

1. Victoria en el 36: el triunfo de los revolucionarios.

¿Habría sido posible que la revolución sindicalista (o más correctamente, anarcosindicalista), que se desata en la España republicana como respuesta al golpe militar hubiese salido victoriosa de la contienda?

Considero que para que tal cosa se hubiera podido producir tendría que haber ocurrido en las primeras fases de la guerra, antes de que los golpistas lograran organizar una retaguardia  fuerte, antes de que llegara a ellos la ayuda del fascismo internacional. En tal momento la correlación de fuerzas era favorable a los republicanos. Contaban éstos con la mitad del ejército peninsular, la mayor parte de la aviación y la marina, dos tercios de las fuerzas de orden público y un impulso voluntario muy superior al de los golpistas (aproximadamente formaron parte de las milicias antifascistas el doble de efectivos que los que integraron las falangistas y carlistas).

En este momento se da también el hecho de que el Estado republicano se encuentra en una situación delicadísima. Habiendo perdido a la mayor parte de oficiales del ejército, ha perdido el monopolio de la violencia y sus brazos no llegan todo lo lejos que debieran. En Cataluña el poder efectivo lo ejerce el Comité Central de Milicias Antifascistas, en Aragón, Asturias, Valencia y buena parte de Andalucía el poder pasa también, en mayor o menor medida, a las organizaciones obreras, principalmente a la CNT y la UGT. La producción se socializa y el control obrero se hace hegemónico.

¿Qué tendría entonces que haber pasado para que los revolucionarios hubieran ganado la guerra al fascismo y salvaguardado la revolución?  Camilo Berneri, anarquista italiano exiliado en España, publicó una carta (recientemente reeditada en la Biblioteca Anarquista) dirigida a Federica Montseny enumerando los errores que, consideraba, habían cometido los anarcosindicalistas hasta 1937. Según Berneri, los ministros de la CNT deberían haber aprovechado su posición en el gobierno para forzar a la República a otorgar la autonomía a Marruecos. Una revuelta nacionalista marroquí habría causado un desbarajuste en la retaguardia facciosa que les habría impedido movilizar a su principal baza: el ejército africano de Franco. De igual modo, la amenaza sobre sus intereses coloniales habría obligado a Francia a dejar a un lado la política de no intervención para, o bien acabar prestando apoyo a una rápida victoria republicana que restableciera el orden, o bien invadir el norte de Marruecos.

Otra cuestión que denuncia Berneri es el hecho de que la CNT fuera reticente a la militarización. Considera que la CNT debía haber emprendido la formación de un Ejército Popular del noroeste que permitiera la victoria en el Frente de Aragón. La CNT emprendió finalmente la militarización, pero lo hizo tarde y a remolque, cuando los altos mandos estaban ya monopolizados por el PCE, a mediados de 1937. De este modo, la formación de un ejército bien entrenado y pertrechado en Cataluña, liderado por los anarcosindicalistas, habría permitido por un lado conquistar Zaragoza (ciudad estratégicamente vital por sus comunicaciones y uno de los polvorines más importantes de España), lo que habría facilitado enormemente unir el frente y, por otro lado, habría reducido la influencia del PCE, que, apoyado en el Ejército Popular, se estaba convirtiendo en un partido importante.

Así, con un frente unido por un ejército confederal, un PCE menos influyente y el bando nacional privado de la ayuda africana, la victoria republicana habría sido cuestión de poco tiempo.

De aquella guerra habrían salido los revolucionarios con un enorme peso en el Ejército Popular y con la organización del nuevo orden económico en cada territorio conquistado. Una unión con UGT (objetivo siempre presente para la CNT) no habría sido muy extraña teniendo en cuenta la reducida influencia de los comunistas. El gobierno republicano se convertiría, como fue la Generalitat, en un simple títere de los revolucionarios, una máscara ante la Sociedad de Naciones. El desarrollo de las colectividades, la profundización de los cambiosmde orden económico y social y la represión de los elementos contrarrevolucionarios habrían venido tras ello.

Con tal correlación de fuerzas no habrían tardado mucho los revolucionarios en derribar por completo y definitivamente al gobierno, dando el poder a las organizaciones obreras. Gritos de viva el comunismo libertario se oirían en cada población de la península. Lo que ocurriera con esta España tras la guerra es difícil de decir. ¿Una nueva invasión del fascismo internacional? ¿Se hubiera atrevido Hitler a invadir Checoslovaquia o, posteriormente, Francia, con una España en su contra? ¿Cuál habría sido la política de la URSS o de las democracias liberales ante una revolución obrera de tipo libertaria? ¿Se habría contagiado el proceso revolucionario a otros países? ¿Cómo habría soportado la CNT desarrollar todas las contradicciones de la guerra revolucionaria? ¿Habría caído en el autoritarismo? Dejo al lector el contestar a estas preguntas.