Militancias sin norte

Los hechos acontecidos tras la sentencia del Procés son de sobra conocidos, por lo que me ahorraré la tinta en descripciones. En todo caso ahí estábamos el grupo de afines de siempre acudiendo a las manifestaciones de repulsa a dicha sentencia, heterogéneos en nuestros propios análisis de la situación aunque todas situadas en líneas libertarias. El recorte en derechos civiles escondido bajo el dictamen de castigo por el uno de octubre, así como el enésimo ejercicio de represión y criminalización de la protesta, nos obligaba a salir a la calle. Así pues marchábamos de nuevo al lado del independentismo; entre sus masas muchas caras conocidas de tantas luchas compartidas en el día a día anticapitalista catalán, y notábamos resurgir una inquietud interna que hacía tiempo que no sentíamos. La sensación de que hacíamos lo correcto equivocándonos, o que nos equivocábamos haciendo lo correcto.

Era necesario salir a la calle en oposición a la nueva jugarreta del estado para surtirse de armas jurídicas contra la disidencia, sin importar la ideología de esta, con vistas claras a la conflictividad social que nos trae el futuro. Pero nos presentábamos bajo un pavés ajeno.

Nuestros motivos no iban a ser leídos, nuestro discurso era mudo y nuestra presencia servía a los objetivos de otro proyecto político, que para algunas puede ser simpático, incluso afín, pero siempre ajeno.

Veíamos con ilusión la aparición en la escena política de una nueva generación capaz de llevar la aburguesada sociedad a la confrontación contra el poder represor. En medio de estos pensamientos la masa arrancaba a cantar otra vez Els Segadors, haciéndome cuestionar de nuevo el porqué de mi presencia en esta lucha. Podría ser por solidaridad, solidaridad hacia el pueblo con el que convivo a diario, el pueblo con el que sueño construir una utopía anarquista y el mismo que salía ese día a la calle a defenderse. En general cuando una manifestación corea algo con lo que no estoy plenamente de acuerdo me quedo en silencio, pero este himno expresa la transversalidad de las gentes ahí reunidas, si quería reivindicar mi entidad propia ese era el momento. Decidí pues alzar las manos haciendo el símbolo de la solidaridad obrera entre un mar de puños y manos de cuatro dedos. La respuesta que recibo: “Què significa això que fas amb les mans?” (¿Qué significa esto que haces con las manos?).

No nos entienden. Ni falta que les hace. Vuelvo a mi casa después de unas horas con la sensación de haber realizado un acto de colegueo ideológico. En realidad en esa manifestación era un actor de segunda, ni se me ha pedido que vaya ni les ha hecho falta mi presencia. Yo he decidido adherirme, ¿Por qué? No podíamos quedar pasivos ante las injusticias que se estaban produciendo; a algún lugar teníamos que ir. La triste realidad es que si gorroneamos la trinchera de otro es porque nos falta la nuestra propia. Y esto ya es más grave.

Esta juventud que sube indignada necesitará un discurso que explique su realidad, de precariedad impuesta y represión política, en el marco del colapso ecosistémico global y la lucha por la hegemonía capitalista imperial. Por contra, en ausencia de esta guía de comprensión, caen en promesas reformistas que ofrecen, a más estirar, subidas discretas del salario mínimo vendidas como logros revolucionarios, o promesas de regeneración social a través de proyectos de nuevos estados libres y populares, que aún está por ver cómo se configurarían, pero muy probablemente lograrían asegurar la supervivencia de la estructura de poder burguesa, dada la actual sociología.

Si pensamos sinceramente que el anarquismo tiene respuestas y soluciones a esta realidad, ¿Por qué estamos abandonando la juventud al nihilismo o la militancia estatista?

Yo, aun joven, me afilié de la mano de Salvador Seguí, quien me convenció de que era en el sindicato el único lugar donde el pueblo trabajador podía representarse a sí mismo, usando la libre federación y el papel basal de la proletaria en el esquema productivo para conquistar poder político. Lejos de partidos de vanguardia que por ir en cabeza no van con el pueblo, o parlamentarismos que desmovilizan a las trabajadoras a base de esperanzas infundadas de reforma radical; mano a mano, tejiendo una red de solidaridad que aspire a dinamizar el pulso al poder.

Por el contrario, lo que he visto en mi escaso tiempo de militancia es un movimiento quebrado internamente por no poder evitar replicar las mismas dinámicas sociales que debería, supuestamente, combatir. Militantes más veteranas podrán analizar mejor esta situación, por lo pronto se me ocurre lo siguiente: la lucha interna es consecuencia de la falta de un proyecto propio.

Sin una propuesta libertaria alrededor de la cual aglutinar militancia, afiliación y simpatizantes nuestra gente se pierde, nos perdemos. Nuestro sujeto político, la unión libre de individuos que es el pueblo trabajador, no ha desaparecido, pero ya no tiene orejas para nuestro discurso. Trata de sobrevivir impulsando proyectos con más vitalidad, aparente por lo menos. En esta época de espectáculos la apariencia lo es todo. El pueblo se encuentra dividido por la heterogeneidad que le caracteriza, creando la base para la batalla entre las diferentes opciones políticas por conseguir la hegemonía para sus propios objetivos.

Nosotras, al ser pueblo y querer cerrar filas con él, pues sin él no somos nada, reproducimos sus cismas en nuestras organizaciones. La militancia hace gimnasia ideológica para acomodarse a la facción que le parece más útil, cuando no elije bando por simpatías o directamente se pierde en el laberinto que es la ideología. Estos posicionamientos generan tensiones en el sino de la organización, dando pie a la lucha intestina en la que todas, más novatas o veteranas, nos hemos visto involucradas. El ambiente de asedio es asfixiante.

Esto no es nuevo. Ya lo vimos, salvando muchas distancias, en la encrucijada que se encontraron los anarquistas ucranianos ante la guerra en el Donbáss. La realidad de un movimiento infantil en sus planteamientos, desorganizado y disperso, impidió formalizar una respuesta seria a tan grave situación. Ante esta falta de proyecto y referentes toda elección era un error:

- La crueldad de la guerra hacía de la no-intervención la actitud de la inmoralidad, ¿Estaban los anarquistas de acuerdo con el baño de sangre?, ¿O les era ajeno? En todo caso, la pasividad les alejaba del pueblo que pretendían representar. Ni siquiera se podía perdonar perder el tiempo en juegos cuando la sangre se desperdiciaba en otro conflicto imperialista.

- El frente ucraniano permitía responder la injerencia imperialista rusa sobre la soberanía ucraniana, así como compartir trinchera con las peligrosas facciones fascistas que se alzaron, con sospechosa facilidad, durante el Maidán.

- El frente ruso permitía enfrentar de cara el alza del fascismo en Kiev, a la vez que servir los intereses geopolíticos de la Federación Rusa, actor conocido por ser represor de las libertades civiles.

Podemos extraer una enseñanza de este ejemplo: Es vital acudir a las luchas históricas con un proyecto propio. La militancia en una organización anarquista debería ser un acto con contenido propio, relegando los votos útiles y los “mejor que nada” a la marginalidad. ¿A caso hemos dado por caducado el proyecto emancipador que proponía el comunismo libertario?

De ser así, si hemos aceptado relegarnos a sindicatos dedicados únicamente a la batalla laboral, asambleas de posmodernos trasnochados, huertos urbanos y conciertos de puretas alcoholizados, más nos valdría emprender la diáspora militante definitiva para migrar allá donde más caliente el sol. Parecería que el pensamiento libertario ha perdido toda capacidad de impulsar un cambio revolucionario, pero si la experiencia kurda ha de servir para algo en la historia que sea para demostrar que un proyecto basado en líneas libertarias, si es disciplinado y cuenta con objetivos claros, tiene, aún en estos tiempos aciagos del siglo XXI, mucha batalla por presentar.

Las kurdas consiguieron presentar un programa coherente con su contexto histórico. Supieron dar voz a los anhelos del pueblo, aglutinándolo en su discurso. Así han podido construir una realidad revolucionaria digna de defenderse. El crimen será destruirla, no defenderla; la legitimidad de su movimiento es total, sus frutos son positivos. Han creado vida en un mundo que languidece.

No olvidemos que una de las inspiraciones del faro ideológico kurdo, Abdullah Öcallan, para crear su Confederalismo Democrático no es otro que Murray Bookchin con su Municipalismo Libertario, una recuperación y actualización de los postulados del viejo Kropotkin. El sueño sigue vivo aunque nuevas generaciones lo imaginen diferente.

Mientras tanto aquí seguiremos con militancias diluidas, dando bandazos entre proyectos ajenos ya que el quietismo ante la ignominia es la más rastrera maldad; cuando no encerrándonos en la tarea sindical esperando que “La Conquista del Pan” se convierta en éxito de ventas por intervención divina.

Al fin en casa, asistía a las imágenes de la protesta, amenizadas con el discurso criminalizador de los medios oficiales en bloque, ante las que no podía evitar pensar que con toda probabilidad entre las capuchas se escondían anarquistas, jugándose su libertad e integridad física en la barricada. No esas anarquistas italianas que anuncian por televisión con trompetería de apocalipsis, sino de las que viven vidas corrientes con la mente despierta y el corazón compungido. En algún momento veremos qué impacto en nuestra realidad provocará esta revuelta, mientras tanto la gran esperanza parlamentaria morada pugna por ser reconocida por los partidos de orden como actor político legítimo y la cúpula de mi sindicato muestra dificultades para empatizar con una generación agitada, aun con represalias de cárcel y amputaciones por en medio.

Son tiempos malos para la esperanza en la comarca anarquista.

Nuestras mejores militantes acaban apostando por proyectos estatistas, de ámbito español o catalán, cuando no son directamente purgadas en las luchas internas, mientras aun debemos congraciarnos porque el sindicato fue capaz de adherirse, poco a poco y empujado por la represión policial, a una huelga ajena. Pues ese viernes muchas secundamos la convocatoria de huelga de otra organización, que se llevará la simpatía del pueblo que pretendemos emancipar. Y aun hubiera sido peor si nos hubiéramos quedado en casa. No hay opción correcta.

Vienen tiempos duros en que el capital se revolverá violentamente en su agonía. O cavamos nuestra propia trinchera, la de la libertad y la justicia, o la realidad nos pasará por encima a todas.

Carles

Balance trimestral de coyuntura: Enero a Marzo 2019

En este 2019 nos trae entre manos un propósito para este año muy sonado en las redes sociales: la masculinidad tóxica, que básicamente son las actitudes machistas . El anuncio de Gillette refleja este hecho y ha causado la ira de millones de hombres que han sentido atacada su masculinidad. Dejando esta anécdota curiosa pero no por ello menos relevante, volvemos con el resumen trimestral de la coyuntura en este período.

Acontecimientos

El comienzo de año está siendo agitado y el nivel de conflictividad social se sigue manteniendo mientras vemos cómo día a día las tensiones aumentan por la amenaza de la extrema derecha. Para abrir boca, destacamos las numerosas huelgas que hemos presenciado durante este primer trimestre tanto a nivel del Estado español como internacional, siguiendo con los juicios del Procés y más conflictos sociales y políticos fuera de nuestras fronteras.

Nada más comenzar la primera semana laboral de enero, la plantilla de Cacaolat en la planta de Santa Coloma de Gramenet en Catalunya convoca una huelga indefinida. Esta situación tuvo el antecedente que data de 2017, cuando la empresa presentó una modificación sustancial de las condiciones de trabajo afectando negativamente a la negociación del convenio, a lo que en 2018, se le ha sumado la aplicación de un calendario laboral de operaciones que impedía la conciliación entre la vida laboral y familiar. La gota que colmó el vaso fue el apretón de tuerca que intentaron realizar la dirección de la empresa, y la plantilla convocó una huelga indefinida que acabaría en 5 días con la retirada de las modificaciones del calendario previsto para este año. La huelga tuvo además la solidaridad de numerosos establecimientos mostrando mensajes de apoyo y contribuciones a su caja de resistencia.

En pocas semanas, estallaron las huelgas del taxi en Barcelona y Madrid pone de nuevo sobre la mesa el cuestionamiento de los modelos de explotación laboral más salvajes de estos últimos tiempos patrocinados por Uber y Cabify, que bajo el paraguas de la "economía colaborativa", ofrecen precios a la vez volátiles y competitivos a costa de dinamitar los derechos laborales y entrar en competencia desleal en el sector del taxi. La huelga indefinida en Barcelona concluye con una medida del Govern de regulación del servicio de VTC principalmente en tiempos de precontratación, hecho por el cual Uber y Cabify anuncian la marcha de Barcelona. Similares medidas se aprobaron también en el País Valencià y Andalucía. No obstante, en Madrid la situación es diferente, ya que la proporción de VTC con respecto al taxi es casi de 1 a 1.

Además de las huelgas por motivos estrictamente laborales, hemos vivido otras como la del 21F contra el juicio-farsa contra los presos políticos catalanes convocada desde los CDRs principalmente. Sin duda, la huelga que sigue dando de qué hablar ha sido la huelga feminista del 8 de marzo coincidiendo con el día internacional de la mujer trabajadora, donde por segundo año consecutivo el movimiento feminista continúa manteniéndose fuerte desde las movilizaciones del año pasado. Otra reciente huelga estudiantil a nivel internacional ha sido la que se ha venido organizando en el resto de Europa por el clima: Fridays for Future es la plataforma en la cual la juventud está tomando conciencia sobre el futuro que les espera ante un calentamiento global que será irreversible si continúa la emisión de contaminantes y la depredación capitalista de los recursos naturales.

Llegando al panorama internacional, India ha vivido otra huelga general masiva de dos días en enero convocada por los sindicatos del país contra las políticas antilaborales del gobierno de Modi. Los paros generales afectaron a sectores como la banca, los transportes, la industria y el sector público, a los que también se han sumado los agricultores. Al anuncio de recortes en derechos laborales, se le suman la subida de los precios de la cesta de la compra y unas promesas de creación de empleo que no llegan. Uno de los logros más destacados de esta huelga es en el sector público, obligando al gobierno a conceder mayor participación a los sindicatos.

Continuando en Asia y en el mismo mes, la huelga en la industria textil tiene como protagonistas a las mujeres trabajadoras contra las multinacionales como H&M, Inditex, Mango, Primark, etc. Las condiciones de esclavitud que viven ellas en esta industria se hicieron eco allá por el 2013 tras el derrumbe del edificio Rana Plaza en Savar, dejando más de mil muertes. Las promesas de una subida salarial del 50% no llegaron por la negativa de las fábricas a pagar ese aumento, subida que las trabajadoras consideran aún insuficiente por la continua alza del coste de vida. Resultado de ello, hicieron este llamamiento a la huelga que ni es la primera ni la última. En las anteriores jornadas de huelga en el verano pasado, se le sumaron los portuarios a reivindicar una mejora salarial. El conflicto durante las jornadas de huelga escalaron en acciones como cortes de carreteras, protestas para colapsar el centro de las ciudades y destrucciones de maquinaria en alguna ocasión. LA respuesta a estas protestas fue la represión, el lockout (cierre patronal) y las llamadas al orden. Las protestas parecen continuar hasta que se satisfagan las demandas de las trabajadoras.

Siguiendo con las huelgas, Leyla Guven, la copresidenta del DTK y diputada del HDP se pone en huelga de hambre desde finales del 2018 para exigir el fin del aislamiento de Abdullah Öcalan. A mediados de febrero cumplió 100 días de huelga que continúa en su propia casa tras ser liberada de la cárcel. Su principal reivindicación sigue siendo la libertad de Öcalan y no su propia libertad. Además, negó el tratamiento médico, por lo que fue dada de alta del hospital a los pocos días de ingresar para continuar el ayuno en casa. El copresidente del DBP, Mehmet Arslan, dijo lo siguiente: "Nuestra amiga Leyla Guven declaró que no pondría fin a su acción a menos que se satisfagan sus demandas [..]". En el mes de febrero, tuvieron lugar la marcha internacionalista por la libertad de Öcalan en un recorrido desde Luxemburgo hasta Estrasburgo. En marzo, Leyla hace un llamamiento a finalizar las acciones de sacrificio que continúan miles de presos kurdos en Turquía pero exige que las organizaciones sociales y políticas y las instituciones Europeas tomen medidas al respecto y cumplan las demandas del fin del aislamiento a Öcalan, para permitir la visita del abogado y sus seres queridos.

Buenas noticias nos llegan también desde Rojava, donde las SDF y las YPG/YPJ han anunciado la expulsión del Daesh en Siria tras tomar el control del pueblo de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor. Esto supone el fin del califato -que no del Daesh aún- en Siria, en una guerra que ha dejado unos 11.000 combatientes mártires. No obstante, la situación sigue siendo complicada, ya que Turquía se está preparando para iniciar la ofensiva sobre Rojava, y esto sumado a la indecisión de las potencias mundiales que anuncian su retirada pero siguen teniendo operativos en la zona. A esto hay que sumarle el fracaso de las negociaciones con el régimen de Assad, que exigía el fin de la autonomía kurda a cambio de la defensa de las fronteras del norte. En el mes de marzo, nos ha dejado Lorenzo Orsetti, anarquista internacionalista italiano que combatió junto a las YPG contra el Daesh dejándonos unas emotivas palabras de las cuales nos quedamos con la frase "toda tormenta comienza con una simple gota de lluvia. Tú debes ser esa gota".

De vuelta al Estado español, la represión vuelve a ser tema candente en enero, comenzando con el desalojo a través de un asalto policial al gaztetxe Maravillas en Iruñea, edificio de la diputación de Navarra que ha sido tapiado y el en el lugar se desplegó un fuerte dispositivo policial que han rechazado vecinos y comerciantes. La actuación policial en el desalojo y durante las protestas dejó decenas de jóvenes heridos tras haberse comunicado en una rueda de prensa. Los juicios del Procés deja a la luz el Estado profundo de este país, en el cual siguen en prisión preventiva sin haber cometido delito alguno, los jueces asignados para el caso son todos conservadores del entorno cercano al PP y la mayoría de testimonios son policías que van a participar en la brutalidad policial del 1-O. La maquinaria represiva del Estado español no se detiene, arrestando en Madrid a 8 militantes de Arran, más detenciones y citaciones a militantes y alcaldes que apoyaron el referéndum.

Siguiendo en un breve vistazo por Europa, este año la economía italiana entra oficialmente en recesión y con una deuda del 132% del PIB. En Francia, las protestas de los chalecos amarillos continúan bajo amenaza del gobierno de sacar los militares a la calle, demostrando en estos últimos meses su incapacidad para contener las protestas que sufre por todo el país.

Cruzando el charco, la situación política de Venezuela vuelve a tensionarse tras la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela, provocando episodios de violencia callejera por parte de la oposición. Una vez más, EEUU intenta desestabilizar el país y tumbar el gobierno de Maduro utilizando el golpismo de la oposición, el cual Trump le echa más leña al fuego reconociendo a Guaidó como presidente. En Haití, la situación de pobreza extrema, la falta de espectativas y el abandono a su suerte por parte de la comunidad internacional ha provocado una oleada de revueltas por el país. En México, los sicarios del gobierno asesinann a Samir Flores, de Amilcingo, una persona alegre, platicador y solidario, dedicado a la agricultura orgánica, la radio comunitaria y la lucha contra la termoeléctrica de Moleros, un megaproyecto que amenaza la supervivencia de los pueblos de la zona y con un gran impacto ambiental sobre la agricultura local, el agua y el aire. En Colombia, las protestas de la Minga continúan ante la negativa del gobierno a dialogar con las comunidades indígenas del Cauca que reclaman su soberanía. En Brasil, en los tres primeros días de marzo, tuvo lugar en Porto Alegre unas jornadas del anarquismo social y organizado remarcando la importancia de la organización política y con el objetivo de consolidar los procesos de creación de organizaciones políticas anarquistas así como avanzar en la coordinación a nivel regional, estrechar lazos, trabajar conjuntamente en la creación de teoría, herramientas de análisis de coyuntura y estrategias para el período.

En Nueva Zelanda, nos llega la noticia del atentado fascista grabado y emitido en directo por Facebook del tiroteo en una mezquita, cometido por terroristas supremacistas blancos que dispararon a quemarropa con armas que llevaban grabados nombres de fascistas, entre ellos Josué el asesino de Carlos Palomino. El tiroteo dejó una cuarentena de muertes y el gobierno neozelandés eleva el nivel de alerta.

En el ámbito de la cultura, en los premios Goya 2019 encontramos una lista en las que destacan las temáticas políticas y sociales críticas.

Terminamos la sección mencionando el derrame de más de 2000 toneladas de fuel y sustancias tóxicas en el golfo de Vizcaya tras el hundimiento del carguero Grande America. La marea se extiende alrededor de 50km² y está causando un grave impacto en el ecosistema local, amenazando con llegar a las costas del golfo.

Unas notas finales

Este año ha comenzado con huelgas sonadas que, tanto pequeñas o grandes, como laborales o sociales, mantiene su sentido de clase y una herramienta de lucha para la clase trabajadora. Asimismo, ponemos el ojo en esas dos grandes huelgas en las periferias de las metrópolis capitalista: India y Bangladesh, donde se hace cada vez más evidente la necesidad de mejorar las condiciones laborales a través de la lucha de clases. La consolidación y crecimiento del movimiento obrero allá será decisiva para luchar contra las multinacionales de capital occidental en sus centros de producción. Además, pone sobre la mesa la cuestión del sujeto político: no hay que buscarlo bajo las piedras siguiendo criterios blancos y occidentales, sino que las encontramos allá donde exista un verdadero conflicto de clases. Aquí en Europa, las huelgas más importantes las hemos visto en Francia, y las del sector del taxi y del 8M en España, aunque si bien esta última el seguimiento no fue tan notable, las manifestaciones en muchas ciudades del territorio español fueron masivas. De estas dos huelgas extraemos dos grandes reflexiones clave: la necesidad de poner freno al neoliberalismo salvaje que supone la uberización evidenciada en las huelgas del taxi, y el potencial que tiene el movimiento feminista en estos días, del cual tenemos que aprender el resto como ejemplo de empoderamiento, trabajo constante y acierto. Además, pone sobre la mesa una cuestión imprescindible: la clase obrera es diversa y por tanto, la lucha de clases ha de ser interseccional.

Siguen candentes los temas relacionados con el auge de la ultraderecha, las próximas elecciones y el cambio climático. Temas que evidencian la urgente necesidad de construir una alternativa política real de caracter socialista con un programa que confronte con la del fascismo. Su crecimiento se debe a que han sabido adaptarse a los tiempos y ya tienen un proyecto político. Por ello, al fascismo no solo se ha de combatir desde las calles, sino también imprescindible combatirlo a través de un proyecto político que en sí mismo sea totalmente incompatible con la ultraderecha en sentido propositivo, no con el contra delante ni con el anti.

Sin duda, actualmente el cambio climático está siendo la amenaza a escala global más importante de este año y seguramente los próximos. La vorágine capitalista y su crecimiento infinito está amenazando gravemente la vida en la Tierra, cuyas consecuencias más visibles son la contaminación masiva, el agotamiento de los recursos naturales (combustibles fósiles principalmente), la destrucción de tierras y pueblos que la habitan, la pérdida de la biodiversidad y la extinción de especies... Los síntomas ya son sobradamente conocidos: aumento de las temperaturas medias globales, calentamiento de los océanos y alteración de las corrientes marinas, el deshielo de los polos, el agujero del ozono, el aumento de las condiciones meteorológicas extremas y catástrofes naturales, la extensión de enfermedades tropicales y especies invasoras, la subida del nivel del mar... Todas estas consecuencias las sufriremos las generaciones más jóvenes, y evidencia la necesidad de combatir el capitalismo antes de que este sistema destruya nuestro planeta. Los gestos individuales no son suficientes, las grandes multinacionales y la industria son los mayores responsables del cambio climático. Aquí, el potencial de cambio reside en el ecologismo radical y las luchas por la tierra de los pueblos indígenas, pues es en la defensa de sus tierras la clave para frenar megaproyectos extractivistas.

Una mirada hacia dentro, hacia el mundillo anarquista, la entrada de un compañero a las listas de la candidatura municipalista Más Madrid ha causado revuelos pero a la vez importantes reflexiones al respecto: se evidencia la falta de infraestructuras para sostener económicamente a la militancia en nuestra etapa adulta y un proyecto político que permita dotar a los movimientos sociales de una hoja de ruta que avance hacia el socialismo libertario. La influencia del anarquismo actualmente solo es a nivel local, y se hace cada vez más necesario la presencia a nivel macropolítico. Si bien, este nivel aún se nos queda lejos porque todavía no puede considerarse que el anarquismo sea un movimiento, ya que carece de estructura y organizaciones que trabajen bajo un mismo proyecto político y tenga inserción en la sociedad. Así es cómo de nuevo nos encontramos ante un momento en que lo electoral vuelve a estar en los debates de la opinión pública y nos encontramos por enésima vez la misma campaña por la abstención activa sin un programa que hable de vivienda pública, de negociación colectiva, de remunicipalizaciones, de servicios públicos, de economía social, ... por poner algunos ejemplos. La razón de tener un programa es la de afilar las puntas de lanza para los movimientos sociales y legitimar las luchas que se dan a nivel local, ya que son la base y el tejido social real para poder implementar el programa. Este programa debe ser una firme apuesta por el socialismo libertario que confronte la ofensiva neoliberal y sus crisis eternas así como el avance del fascismo en este ciclo político.

Durante los próximos meses en España habrá elecciones y veremos cómo encararemos el ciclo político post-electoral, así como contemplamos la situación de Siria ahora sin el Daesh en el mapa pero con la amenaza de Turquía, Iraq e Irán, y las potencias occidentales que anuncian su salida pero no retiran sus efectivos en la zona. Miraremos también cómo evoluciona la coyuntura en América Latina con Bolsonaro en Brasil y el golpismo en Venezuela: en el primero por la escalada de la represión y el conflicto social y en el segundo, el petróleo donde EEUU quiere meter mano. Mientras tanto, en España, la amenaza del trifachito llama a la población a votar para evitar que ganen, pero sabemos que votando o no, las calles no pueden vaciarse. No debemos olvidar que nuestro poder real no está en la capacidad de voto, sino en nuestra capacidad de articularnos como pueblo soberano (parafraseando a Voltairine de Clerie relativo a la capacidad para parar la producción de la clase trabajadora).

La independencia catalana y la activación de un nuevo ciclo de movilizaciones

A dos semanas del 1O, todavía al parecer buena parte de la izquierda no tiene un posicionamiento claro respecto al Procés. Lamentablemente, hemos de reconocer que en el independentismo la burguesía catalana tiene bastante peso, pero quedarnos con la idea simplista de que, como suena burgués y nacionalista, apelemos al "ni Estado catalán ni Estado español", o a los principios, o a que no tiene nada de anarquista y por ello no nos posicionamos. Sin embargo, no es realista, sino una mera consigna para calmar conciencias y lo que buscamos es que seamos capaces de intervenir en la realidad material con propuestas políticas viables. La clave de la cuestión catalana no radica solamente en la independencia, sino en la apertura de una ventana de oportunidades para activar los movimientos sociales y saltar al escenario de la política del país. En otras palabras, disputarle a la burguesía el Procés. Por ello, aclaro aquí tres claves que considero imprescindibles para el papel que juguemos en esta coyuntura.

Primero, la activación de los movimientos sociales en Catalunya en torno a la cuestión catalana poniendo sobre la mesa no solo la independencia, sino también marcando las condiciones materiales sobre el proceso de independencia, estando en los debates y en las negociaciones de un nuevo marco, donde el movimiento popular sea reconocido como actor político legítimo de cara a la toma de decisiones que afecten a la política del futuro país en materias como: servicios públicos, transporte, remunicipalizaciones, vivienda, laboral, medio ambiente, energía... en clave soberanista popular.

Segundo, acentuar las contradicciones del Estado español que está reprimiendo con todo su aparato legal contra las instituciones catalanas y contra el pueblo catalán. Las políticas que están tomando el gobierno central contra Catalunya muestra su incapacidad para gestionar la situación y su cara más reaccionaria, dejando claro así que la democracia no llegó a España, y que es responsabilidad del movimiento popular defenderla, pero no el modelo parlamentario, sino la democracia directa de las asambleas populares.

Tercero, la profundización de la ruptura con el Régimen del '78 debe servir como punto de partida para el debilitamiento de este modelo de Estado fascista, llamando así a la activación de los movimientos sociales en el resto del Estado español.

Estamos ante una coyuntura en la cual tenemos que aprovechar estas oportunidades para activar un nuevo ciclo de movilizaciones y escalar el conflicto. No puede ser que sigamos mirando el dedo cuando nos señalan la luna. No puede ser que obviemos la represión del Estado español. No puede ser que desaprovechemos otro ciclo de movilizaciones. No puede ser que nos importe más tener la conciencia tranquila y quedarse de brazos cruzados mientras vemos cómo aquí detienden alcaldes y concejales y cómo allanan imprenta tras imprenta, nave tras nave acosando a los y las trabajadoras que allí trabajen. No puede ser que a estas alturas sigamos tan miopes, cegados por los principios e incapaces de tener una visión estratégica al respecto.

Basta ya de tanta inoperancia. Queremos la ruptura con España, pero no queremos otro Estado igual que España. Por eso, también queremos solucionar los problemas que tenemos la clase trabajadora en el capitalismo, y para ello hay que trabajar en la creación de nuevos marcos en las materias mencionados anteriormente desde los sindicatos de clase, desde las asambleas de barrio y grupos de vivienda/sindicato de inquilinos, desde las organizaciones ecologistas, desde las organizaciones estudiantiles... y todas aquellas organizaciones del poder popular. Y nuestro papel aquí es articularlas y dotarlas de orientación política socialista libertaria organizándonos a nivel político.

Sé que es muchísimo trabajo por delante, pero si elegimos luchar, tenemos que creernos que la revolución social es posible y solo se materializará escalando los conflictos construyendo pueblo.

Visca Catalunya lliure!
Visca el poder popular i la sobiranía del poble!

El Referèndum de Catalunya como oportunidad de avanzar

Por @BlackSpartak

En estos días, con la aprobación de la convocatoria del Referendum de Autodeterminación y de las leyes de transición hacia la República Catalana - y su consiguiente impugnación automática por parte del Estado que ha utilizado todas sus palancas (Gobierno, Tribunal Constitucional, Fiscalía, Delegación de Gobierno, Guardia Civil) - se ha iniciado la precampaña del 1 de Octubre. Todos los medios de comunicación hablan de ello. Los cruces de acusaciones son continuos, igual que las maniobras de cada lado.

La militancia social y obrera (sea ésta libertaria, autónoma o comunista) llega a esta cita con pocas energías dado el vaciamiento de las calles en los últimos años. Por fortuna las luchas laborales (TMB, estibadores, aeropuerto, kellys, manteros, etc.) y las campañas vivienda/turismo están sirviendo para agitarlas, y esperemos que sea ésta una via creciente en los meses que vienen. Las necesidades materiales deben ser el centro de la actuación de la militancia.

Pero sería absurdo negar la realidad y dar la espalda al choque de trenes que está teniendo lugar en estos momentos en torno a la cuestión catalana. Las Instituciones catalanas están cortando sus vínculos con el estado español. Y éste se defiende de la manera más desastrosa posible, apagando el fuego con gasolina, a base de declaraciones desafortunadas y amenazas... y utilizando el fantasma de la represión. En Catalunya se corre el peligro real de una ocupación policial (militar me parecería un calificativo exagerado) que podría alcanzar un nivel similar al que padece Euskal Herria (doy por hecho que el estado meterá en vereda a los Mossos d’Esquadra; me sorprendería que no lo consiguieran) en unas pocas semanas, de seguir así las cosas.

Bien, y no solo ocurren estas cosas por arriba. A nivel de base la población, al menos la de las comarcas, ya hace tiempo que ha roto todo vinculo emocional con España. Para ellas, ésta ejemplifica todo lo malo: monarquia, autoritarismo, facherío, caspa... y la idea de la República Catalana viene a significar el progreso y la democracia. No hablo en absoluto de revoluciones, que conste, pero la población está en una fase de desafección que podrá llevar a la desobediencia civil. Ya lo podemos ver hoy mismo con la concentración espontánea en Valls contra los registros de la Guardia Civil en una imprenta y su repercusión en Tarragona haciendo ya una concentración delante del cuartel de los civilones.

La realidad social es que la clase media y la juventud catalanas están rompiendo (si no lo han hecho ya) con España. Solamente queda por definirse la clase trabajadora de los barrios obreros. En los barrios la independencia no nos quita el sueño. Nos quita el sueño no poder pagar el alquiler, no encontrar trabajo, la incertidumbre de nuestra pensión o tener unos servicios (sanidad, educación) cada día en peores condiciones. Por si fuera poco quien más ha hecho por machacar a la clase trabajadora ha sido la burguesía catalana, parte de la cual nos pide hoy su ayuda para lograr la independencia. Por otro lado sería ingenuo equiparar toda persona movilizada por el tema soberanista a burguesía. Habría dos millones de burgueses, entonces, cosa imposible. Hay un buen porcentaje obrero en las movilizaciones independentistas y sería lo suyo reconocer su participación en las movidas sociales (en la defensa del territorio, en las mareas, en las remunicipalizaciones o incluso en las huelgas generales) de muchos de sus militantes.

La desafección al régimen del 78 en Catalunya comenzó a finales de la década pasada. Tuvo una incidencia directa la crisis económica, que arruinó a parte de la clase media (en realidad una parte de la clase obrera que había ido “a más”). Es decir, que existen unas causas materiales latentes. Y sin embargo, la crisis está estallando por lo político y lo simbólico: la cuestión nacional. Posiblemente porque todo estallido en el eje social ha sido evitado por la aparición de la Nueva Izquierda y por la negativa de UGT y CCOO a convocar nuevas huelgas generales.

Bien, quizá tenemos que reconocer nuestra incapacidad de lograr un conflicto construido en torno a las causas materiales. Y en esto hay una razón que veo una y otra vez: la falta de organizaciones de masas que aglutinen las luchas materiales. No existe una gran organización popular o (movimiento de movimientos) que junte unas cuantas decenas de miles de personas en base a algunos puntos comunes. Es una debilidad estructural de la izquierda que provoca que llegado este momento histórico no tengamos fuerza propia y no podamos influir en los acontecimientos. El lugar de la izquierda revolucionaria es dentro de estas grandes organizaciones de masas. En vez de esto tenemos una atomización enorme de las luchas sociales y una segmentarización o especialización. Esto genera indirectamente un espíritu de competencia y no de unidad o solidaridad, que nos mantiene en la marginalidad.

Por otro lado, veo con vergüenza ajena el papel de la izquierda institucional (los Comunes, Iniciativa per Catalunya) jugando el rol de apagafuegos e intentando desactivar el conflicto (no lo olvidemos: el único conflicto con posibilidades que hay planteado contra el Régimen del 78). Y la izquierda revolucionaria va más o menos en este mismo sentido, salvo los grupos marxistas de liberación nacional, que lógicamente apoyan la ruptura de España. En tanto al papel de la CUP, éste ha sido el de radicalizar el Procés Soberanista, arrastrándolo hacia posturas más ambiciosas utilizando su fuerza parlamentaria y su presencia institucional. Durante un tiempo parecía que todo era un bluff, y que los dirigentes del Procés nunca se atreverían a llevar a cabo lo que afirmaban en los mítines.

Seamos claros, el Referendum del 1 de Octubre, no significa la independencia. Eso tardará años en darse, si se da. De celebrarse es posible que se pongan sobre la mesa nuevos debates como el del modelo de estado, el rol de las autonomías, el autoritarismo identitario español, etc. Entrar en estos debates significa una oportunidad para la izquierda revolucionaria. No por que vayan a concedernos minutos de televisión, si no porque por primera vez desde el 15M la población tendrá orejas atentas a su discurso. Y allí sí, podremos plantear las cuestiones materiales como eje central del conflicto.

En cuanto a qué ocurrirá si no se puede celebrar el referendum, yo veo dos posiblidades: o una escalada hacia enfrentamientos más serios (y violentos) que traería una semi-ocupación policial de Catalunya con controles de carreteres y un acoso constante, multas, destitución de ayuntamientos, algunas detenciones, etc. y el otro escenario sería el de la derrota. No nos autoengañemos, una derrota en Catalunya significa la desactivación de la militancia de una de las partes más dinámicas del estado. Y esto afectará de lleno a la lucha social en otros ámbitos (porque una derrota importante te envía a casa y no al colectivo de al lado). Igualmente tendrá repercusiones en otros territorios, de la misma forma que una contestación más amplia en Catalunya tendrá inevitable repercusión en el País Valencià, Baleares y Euskal Herria. Por ello necesitamos la multiplicación de conflictos y movilizaciones en este mes en todas partes.

Estamos aún lejos de cualquier revolución socialista y libertaria, pero estamos relativamente cerca de vivir una revolución democrática en un territorio europeo. Nuestra tarea de revolucionarias es contribuir a que se dé, o, al menos, a arrastrarla hasta el máximo, explotando todas las contradicciones. No me produce especial gracia el hecho de que la clase media sea quien esté liderando este proceso de liberación y eso habla de nuestra debilidad estructural. Por supuesto, para seguir explotando todas las contradicciones y avanzar nuestra prioridad número 1 debe ser la creación de un bloque popular de masas que recoja las reivindicaciones de las de abajo. Sólo esto podrá arrastrar todo el Procés hacia nuevas confrontaciones en el futuro en una dirección socialista.

¿Independencia como ruptura?

Traducido por Dexter del texto original Independència com a ruptura?

En una cuenta atrás hacia el día del referéndum en Catalunya, un miembro de la organización libertaria Embat reflexiona sobre la oportunidad que supone este desafío al Régimen del 78 y la necesidad de articular un movimiento popular

Todo movimiento de intención revolucionaria busca continuamente escenarios de mejora de su situación. Si no lo hace, corre el riesgo de acomodarse a las circunstancias y vivir a gusto en un antagonismo sin opciones de transformación social real. Aquello de 'contra Franco vivíamos mejor' se entiende por la sensación de impotencia que tienen los movimientos populares actuales (o el embrión de movimientos populares, más correctamente) con respecto a la situación política española y catalana. Algo tendremos que hacer si queremos cambiar el panorama radicalmente.

Los dos principales problemas que afronta en la actualidad el gobierno de Rajoy son, por un lado, el peligro de una victoria "populista bolivariana" (es decir, que gane unas elecciones Podemos y sus aliados) y, por otra, la independencia de Catalunya. El movimiento popular ni está ni se la espera y no preocupa nada entre las élites del Estado (y no digamos ya el movimiento libertario o el comunista, una vez derrotada la contestación vasca). Son estos dos 'peligros' que afronta España hoy día los que le garantizan invariablemente millones de votos al PP y al PSOE en cada elección y no si Rajoy o ZP gobiernan bien o mal. Estos votos son fieles a la continuidad del Régimen del 78, tal como es ahora, y son la base social del estado actual de las cosas.

Como ya sabemos, un gobierno de Podemos no alteraría mucho el escenario - vista su trayectoria - y opinamos que sería un gobierno socio-liberal (capitalismo con rostro humano) del estilo de Syriza, pero que no cuestionaría ni las estructuras postfranquistas del Estado ni tampoco el sistema capitalista liberal imperante. Este sistema de democracia posfranquista impediría cualquier cambio en profundidad hecho desde el gobierno, no dudando en recurrir a cualquier método legal o ilegal, sea político, mediático, judicial, de boicot del funcionariado, bloqueo administrativo o amenazas de las cloacas del Estado (ver el documental 'Las Cloacas de Interior'). El Estado profundo tiene muchas herramientas a su alcance.

Por lo tanto, queda la posibilidad de una independencia de Catalunya. Aquí el Estado se siente amenazado, ya que no termina de controlar todas las palancas. Hay una cuestión clave: se han movilizado una parte importante de las personas de Catalunya por el derecho a decidir. Estas movilizaciones han arrastrado a los antiguos gobernantes autonomistas hacia posiciones netamente independentistas. Y es en este sentido que aparece la convocatoria del 1 de Octubre. La base social independentista obliga al Govern de la Generalitat a mover ficha continuamente - si bien tampoco lo hace muy rápido, dando facilidades a los enemigos del referéndum.

No sabemos si el referéndum se celebrará o no, ni si será vinculante o no. Tampoco sabemos si ganará el Sí - aunque se sospecha que así será. Lo que sabemos seguro es que de celebrarse, se abrirá una época de enfrentamientos entre las élites españolas y catalanas como no habíamos visto antes. Digámoslo claro, Catalunya sólo tendrá opciones de convertirse en un estado si hay movilizaciones significativas y sobre todo si las personas movilizadas están dispuestas a la desobediencia. No basta con exigir a los políticos que desobedezcan desde la comodidad del sofá de casa. El independentismo se deberá mojar de verdad para ganar.

Volviendo al movimiento popular con intenciones transformadoras (y eventualmente revolucionarias) - que es lo que me interesa -, algunas decimos por activa y por pasiva que debe convertirse en un actor clave de la vida política y social catalana. No creemos que tenga que estar ligado al movimiento independentista, ya que hay mucha gente sinceramente de izquierdas y con conciencia, que desconfía legítimamente de los políticos que están liderando el Procés Sobiranista. Los casos de corrupción de CiU, los recortes, la demagogia habitual, el patriotismo excluyente y xenófobo, el 'Tea Party a la catalana', los indepes hiperventilados, las peleas internas hacen desconfiar de cómo será esa República Catalana de la que hablan. A ver, ¡nos gobierna nuestro enemigo de clase!

El movimiento popular debe ser autónomo de este movimiento independentista transversal y en todo caso, aprovechar en su beneficio la independencia - o, mejor dicho, aprovechar el período que vendrá a partir de octubre. Sería absurdo esperar una revolución sin un movimiento popular amplio compuesto de organizaciones de masas. Recordemos otras épocas: La revolución cantonalista fue hija de la Revolución Gloriosa, el final del reino de Isabel II; la revolución de 1936, sólo vino después de la caída de la Monarquía y la implantación de la Segunda República; la Revolución de Octubre sólo vino después de la Revolución de Febrero y la caída del zarismo... incluso los Panteras Negras vinieron después del movimiento de los derechos civiles y no antes. Es decir, que todos los procesos revolucionarios pasan por un estadio previo de ruptura simbólica con la época anterior. Esta ruptura es psicológica y política y coloca las personas ante un nuevo escenario más avanzado, en el que ya pueden ver la posibilidad de una sociedad revolucionaria. No hay atajos.

En estos momentos, el Régimen del 78 sigue disfrutando de un amplio apoyo ciudadano, a pesar de la aparición de nuevos partidos. No caerá solo sin una crisis más grave. La oportunidad abierta por el 15M fue cerrada por la aparición de Podemos - y, reconozcámoslo, debido a la debilidad estructural de lo que habíamos creado desde abajo: unos contrapoderes que no eran conscientes de su papel histórico. La otra opción para debilitarlo es la cuestión territorial.

Con todo, en este periodo que supuestamente se abrirá en octubre, el movimiento popular tiene la tarea de estructurarse y ampliarse. Por una vez desde hace muchos años, tenemos que asegurarnos de ser un actor en la determinación de las políticas públicas sin que nadie lo haga por nosotras, sin que nos coopten ni nos suplan, ya que el movimiento popular no se impulsa desde arriba.

Nuestra misión es hacer que las élites del país, políticas y económicas, las que lideren la transición a la independencia, no puedan gobernarnos. Tenemos que crear situaciones de ingobernabilidad en todos los niveles y, por supuesto, establecer mecanismos de autogestión y autoorganización popular para algún día hacernos cargo del país - que por eso somos revolucionarias.

Esto lógicamente no lo haremos siendo un movimiento de movimientos atomizado en mil colectivos. Hay que convocar asambleas de movimientos y conectarlos entre sí para sentirnos parte del mismo movimiento. También hay que establecer unos objetivos, unas estrategias y un funcionamiento común.

Reconocemos que es una tarea titánica. Además vemos que no se está yendo en esta dirección. Al contrario, nos quedamos en espacios de confort ideológico y en luchas localistas (entendidas como que no queremos salir de nuestro territorio de militancia). Ni siquiera se está luchando para crear organizaciones grandes y plurales y en cambio preferimos varias pequeñas divididas por ideologías o tácticas, que tendrán dificultades para alcanzar trascendencia.

Afrontemos el papel que nos toca y creemos el movimiento popular que necesita nuestro pueblo.

@BlackSpartak

 

Enlaces del mes: Julio de 2017

El mes de Julio es un mes marcado por las vacaciones de verano, el sol en la playa, los baños en la piscina, las cervecitas en la terraza... todo parece relax y desconexión de esa rutina que nos atrapa el resto del año. Aunque no todos descansan: algunas personas trabajan sobretodo en verano con turnos agotadores, sin días de descanso y con sueldos de risa, mientras que otras personas no descansan en la tarea de buscar trabajo. Y es que estamos hablando de un mes un tanto peculiar...

En Julio aparecen los famosos amores de verano. Hay amores Disney, de una noche loca o de compromiso afectivo real. Brigitte Vasallo en una entrevista para Som Atents nos explica el peligro de substituir los vínculos afectivos profundos y comprometidos por relaciones débiles, frívolas o fluctuantes, que no hacen más que incrementar esa tendencia hacia el hiperconsumo de relaciones.

Julio es también un mes de cumpleaños, y es que se cumplen ya dos años de la entrada en vigor de la ley mordaza, esa legislación que da vía libre a los registros, a la brutalidad policial, a los desalojos y a los encarcelamientos, como es el caso de los jóvenes de Altsasu que tras ser procesados por una trifulca con dos guardias civiles se enfrentan a 62, 50 y doce años y medio de prisión.

De Julio también son típicas las fiestas, algunas de ellas mundialmente conocidas como los San Fermines. Este año, muchos medios de comunicación aplaudían el trabajo realizado para evitar las agresiones sexistas, pero tal y como explica Yolanda Domínguez, de nuevo se vuelve a cometer el error de responsabilizar a las mujeres de los abusos que sufren. Una vez más se mira a las consecuencias en vez de a las causas. Otra vez se pone el foco en impulsar que las mujeres denuncien, como si la cosa no fuera con los hombres...

Quizás Julio sea un buen mes para escribir, para dedicar tiempo a comprender las injusticias y dotarnos de argumentos para desmontar sus mentiras, agitar conciencias. Aunque como dice Alfon, puede que no escribamos nosotros, sino la necesidad de toda una generación. Quizás también sea un buen momento para hacer deporte. Alguien dijo que las bicicletas no son para el verano pero podría ser que en ciudades más humanas, ciudades más pensadas para las personas y no tanto para los coches o los autobuses de turistas, las bicicletas sí puedan ser para el verano y para el resto del año.

Por otra parte, resulta inevitable no comentar las grandes canciones del verano. Esas canciones que suenan hasta la saciedad en la radio y en cualquier garito, esas letras pegadizas con ese ritmo tan poco original... por suerte hay lugares donde los éxitos del verano son los cánticos y los gritos de protesta. En León por ejemplo, en el encierro en el hospital de El Bierzo y Laciana, se escucha alto y claro que la salud pública ni se privatiza ni se vende, se defiende. No podemos olvidar tampoco el sonido del eco de aquellos pasos, aquellos pasos que dio la clase trabajadora, convertida en sujeto político, cuando fue capaz de gestionar la producción y el control de la economía en aquel verano de la anarquía. El 19 de julio es día de homenajes, por la revolución del 36, la Revolución Sandinista en Honduras, 1979, y por la revolución de Rojava.

Para terminar de hablar del mes de Julio es necesario pensar a nivel internacional y es que resulta que Julio es un buen mes para reunirse. Las 19 potencias mundiales más la Unión Europea con los Jefes de Estado, presidentes de bancos centrales y ministros de financias, realizaron la conocida reunión del G20 en Hamburgo. Reunión a puerta cerrada para decidir cómo garantizar la continuidad del capitalismo. Fuera, en la calle, protestas, disturbios y manifestaciones para mostrar el rechazo al G20 y a este sistema asesino. En definitiva, una agitación social que recuerda a las manifestaciones del 2001 en contra de la cumbre del G8 en Génova donde asesinaron a Carlo Giuliani. La llama de las movilizaciones antiglobalización sigue viva junto con otras llamas de otras muchas luchas, así que el calor no sólo viene del verano, no se trata de algo del mes de Julio, porque tal y como decían en Hamburgo: Welcome to hell.

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