No todo va a ser crimen organizado

Ante las malinterpretaciones que se han hecho de mi anterior artículo Funcionar como el crimen organizado, me veo obligado a aclarar unas dudas que han quedado en el aire por lo pretencioso que es el título además. Es cierto que el artículo es muy escueto y sin entrar en profundidad para nada. Lo hice así por ser algo que no resulta prioritario en estos momentos, sino unas ideas para cuando el movimiento libertario sea una fuerza política con capacidad real de cambio y sea por ello referente para buena parte de la clase trabajadora. Esta situación, como podemos ver, es todavía muy lejana y que está por construir. Por esa razón dije en el otro artículo que ni pensarlo, que en la actual coyuntura es prioritario construir el movimiento y si logramos que éste se consolide, se puede o no plantear. En otras palabras, el tema se toma como una hipótesis por si en algún momento surge la necesidad.

Como he apuntado en el último párrafo del anterior artículo, sin proyecto político ni movimiento, el tener redes del crimen organizado (o inspirados en algunas de sus artimañas) no tendría sentido alguno, al contrario, sería un contrasentido y solo serviría para que el anarquismo se hundiera definitivamente o acabar siendo otra banda criminal organizada más que acabaría desarticulada y de allí, directo al baúl de los recuerdos. Entonces, ¿qué proyecto político y qué movimiento tenemos que levantar en estos momentos? Para empezar, nada que ver con el crimen organizado, sino la necesidad de un cambio en la cultura militante predominante ahora en el mundillo anarquista como paso previo a consolidar un movimiento libertario:

De asambleas infinitas a órganos de decisión operativos. Otro de los vicios internos es alargar las discusiones infinitamente sobre detalles sin importancia relevante y acaban siendo de todo menos horizontales y operativos, porque en la práctica, esto se traduce en que en dichas asambleas se imponen las opiniones de quienes más tiempo tienen. Ya lo dije en otras ocasiones, la asamblea no es una tertulia ni una reunión, sino un medio para sacar decisiones que sirvan para que las organizaciones avancen en materias, sea para poner en funcionamiento la estructura orgánica interna (crear secretarías y comisiones con legitimidad para ejecutar decisiones), tomar acuerdos, para sacar programas, para realizar unas acciones, determinar unas líneas estratégicas, etc, pero no para discutir sobre el sexo de los ángeles.

Pasar de colectivos y grupos de afinidad a organizaciones. La dinámica de los colectivos y grupos de afinidad en su mayoría no pasan de ser grupos de amistad que se reúnen para consumir ideología. Una organización, en cambio, tiene que tener una dinámica muy distinta, y principalmente, debe servir como medio y soporte para realizar una actividad enfocada a la intervención social, lo que conlleva cierta cohesión y disciplina interna. Hay un modelo de organizaciones comentado en esta web en donde se distinguen tres tipos de organizaciones: la de militantes que tienen el papel de elaborar programas, líneas estratégicas, análisis de coyuntura, etc, donde se hace trabajo político, la feminista, con el papel de tratar la cuestión de género y actuar en los problemas específicos de las personas leídas mujer, y la juvenil que sería campo de experimentos y de preparación de la militancia juvenil. Para más detalles, consultar aquí.

Del individualismo y el estilo de vida al socialismo y la política. Arshinov escribió en su día "...Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos." La atomización del "cada anarquista en su mundo" no es más que ideología individualista neoliberal, del mismo modo que se interprete el anarquismo como estilo de vida personal frente a un anarquismo como vía política hacia el socialismo libertario. Creo que es necesario partir de lo último para poder desarrollar un trabajo político serio, si lo que buscamos es la revolución social.

Los puntos anteriores son los principales fallos a corregir y ya están surgiendo iniciativas para levantar un proyecto político que aspire a la revolución social a través de la estrategia del poder popular y en lo inmediato, que ofrezcan respuestas ante los problemas actuales de la clase trabajadora, creando a la vez las estructuras y herramientas necesarias para la lucha social y de clases con vocación de mayorías. Básicamente eso.

Volviendo al tema del crimen organizado, la idea no era que todo el movimiento funcione como el crimen organizado, algo muy descabellado que carece de sentido ya que el movimiento libertario que tenemos que construir, como me comentaron en otros sitios, es de caracter político-social y tiene que estar pivotando sobre un proyecto político socialista libertario, tener un programa de mínimos (líneas de actuación en lo inmediato, es decir, a corto y medio plazo), estar bien estructurado (con sus organizaciones trabajando bajo unas líneas comunes), con presencia en las luchas sociales y en los movimientos populares, con una identidad propia (no identitario, sino con una imagen pública reconocible y asociado a un movimiento popular de caracter anarquista) y teniendo como estrategia la articulación del poder popular. Esto sí es un modelo acertado en esta coyuntura para ir construyéndolo en el corto y medio plazo, y nada tiene que ver con el crimen organizado, que para el caso, sería una hipótesis que se plantearía como algo accesorio, un medio no prioritario y no como redes integradas en el movimiento. Sobre lo de infiltrarse en la policía, la justicia y demás, no sería tarea fácil, obviamente, así como lo de malversar fondos, la falsificación de documentos, los sobornos, etc. Sin embargo, por ahora, solo es una hipótesis, que se trabajará en ella o no dependiendo de las circunstancias y necesidades en cada etapa, ciclo de movilizaciones, cambios de coyuntura y la trayectoria del movimiento que está aún por construir. Hago esta aclaración para aquellas personas que han malinterpretado la idea exagerándolo hasta tal punto de pensar que quisiera que funcionemos como tal, cuando realmente los tiros no van por allí. Así que dejemos de echar balones fuera.

Funcionar como el crimen organizado

Una vez vi un capítulo del programa de La Sexta denominado "Equipo de Investigación" sobre un mecánico que robaba coches de alta gama y los vendía una vez legalizados. Obviamente, esto no lo pudo hacer solo, sino que tenía unas redes de cómplices para abrir garajes, pasar la ITV e incluso pasarlos a la frontera por Marruecos. Esto me hizo plantearme muchas cosas. Así por ejemplo, el mecánico tenía algún cómplice infiltrado como trabajador en una estación concreta de ITV para legalizar los coches robados y que su dueño no lo haya podido recuperar.

El crimen organizado no tiene nada de revolucionario de por sí. No obstante, llama la atención su desafío a la legalidad con muchas artimañas ingeniosas y las complicidades y redes clandestinas que se crean. Entonces me pregunto, ¿por qué no aprender de las maniobras del crimen organizado para no tener que estar esquivando los golpes?

Antes, miremos por un momento a la ultraderecha. Al margen del garrulismo, los nazis y fascistas se infiltran en los cuerpos de seguridad del Estado, tanto en la policía como en las fuerzas armadas. Incluso probablemente tengan miembros en la Justicia. Si a esto le sumamos que también están en consejos de administración de empresas y tienen partidos políticos, no nos deberíamos sorprender mucho de la impunidad en sus actuaciones, como aquel caso ejemplar de la absolución "por falta de pruebas" a unos nazis a quienes se les incautaron pistolas, fusiles de asalto y bazookas.

Mirando en el mundillo libertario, un caso que me viene a la cabeza es el de Lucio Urtubia, un albañil que durante el franquismo se dedicó a falsificar documentos como DNIs y pasaportes para quienes cruzaran la frontera con Francia clandestinamente. Luego, se dedicó a falsificar cheques bancarios que puso en jaque uno de los mayores bancos del mundo. No lo hizo solo, claro, sino que tuvo sus redes de imprentas clandestinas y cómplices. También en el movimiento obrero del siglo XX, se realizaban expropiaciones bancarias para financiar huelgas, comprar armas o lo que fuere.

De todo se puede sacar algo, y precisamente del crimen organizado sería interesante aprender de ciertas artimañas: a infiltrar gente de nuestra tendencia en sectores clave en donde pensamos que sería una importante ayuda como es por ejemplo, en la Justicia, en la policía, en las cárceles como funcionarios de prisión, en las administraciones públicas, en las ITV, etc. Y a tener redes clientelares para conseguir financiación sin tener que estar continuamente haciendo fiestas, comedores y conciertos.

Sin embargo, ni las redes clandestinas del crimen organizado ni el ilegalismo tendrían sentido si no se ponen al servicio de un proyecto político serio, es decir, bien estructurado con organizaciones políticas que marquen tendencia, con estrategias, presencia en todos los frentes... y se materialice en un movimiento popular amplio. Entonces sí sería necesario poner ese lado oscuro a trabajar para facilitar el avance de tal proyecto político y de nuestro movimiento. Porque, ¿quién dice que no sería útil tener infiltrados como funcionarios de prisión que den tratos de favor a nuestras presas? ¿O las absoluciones a encausadas por la lucha social? ¿O financiar huelgas, medios de comunicación afines, fondos para pagar fianzas y multas, etc, con fondos malversados y estafas o expropiaciones a entidades bancarias a parte de las aportaciones solicarias? Y quién sabe si tendríamos que infiltrar militantes en el Ejército para conseguir armas cuando las circunstancias lo requieran. Todo esto puede parecer una flipada, pero si hay que jugar sucio, se juega sucio, eso sí, contra nuestros enemigos y aprovechar todos los huecos posibles para facilitar la acumulación de fuerzas en nuestro favor. Hay que tener en cuenta en todo momento que funcionar como el crimen organizado debe ser un medio para lograr ciertos objetivos, o sea, cuando en el crecimiento de nuestro proyecto político tengamos que recurrir a ello y se haya decidido optar por tácticas de ese tipo como parte de una estrategia del poder popular previo a una fase de guerra popular. Pero por ahora, cuando el proyecto aún está en desarrollo y todavía no somos movimiento, ni pensarlo.

Si algo no has entendido bien, consulta aquí unas aclaraciones.

"No somos infiltrados"

Unión Anti Capitalista (UA), grupo hasta ahora desconocido, reivindica la acción del black bloc durante la convocatoria de Rodear el Congreso el pasado 25 de septiembre en Madrid. Nos hacemos eco de sus comunicados y trataremos de ofrecer los pocos datos disponibles de esta nueva coordinadora.

Con el objetivo de “aclarar” que los encapuchados que protagonizaron la vanguardia de la respuesta contra la policía no eran “infiltrados” y que actuaron “con la mejor de las intenciones”, Unión Anti Capitalista ha lanzado dos textos a través de Internet en el que se erigen como los responsables de la formación de un bloque negro durante el 25-S (2012). En el primero de sus comunicados, Unión Anti Captalista cree que “España es un país que jamás saldrá del sistema capitalista mientras el monopolio de las protestas lo tenga el 15M y los sindicatos”, por lo que aunque “sabían” que “desde que el 15M entró a formar parte de la convocatoria, esta no podía acabar de otra manera que no fuera corriendo como los conejos y sin dar respuesta a las agresiones policiales”, consideraron necesaria la creación de un bloque negro que, haciendo autocrítica, califican como “chapuza”. “Sentimos que el black-block no haya salido bien, y lo sentimos porque nos ha quedado claro que haya donde hippies nosotros no podemos estar”, concluyen.

La formación de este bloque negro responde al “cansancio de observar cargas policiales desproporcionadas” y que estas sean respondidas desde el pacifismo militante. “Nosotros no nos dejamos pisar la cabeza, nosotros no dejamos que pisen a nuestro pueblo mientras gritamos estas son nuestras armas, porque nuestras armas son otras, nuestras armas son la autodefensa, nuestras armas son escupir al perro policía que tengamos en frente, y eso no es negociable”.

En este comunicado también hacen referencia al ejemplo de la lucha minera en el norte peninsular y a los manifestantes griegos, apenados por que la situación en Madrid no fuese análoga. “Sentimos que habiendo puesto las condiciones para empezar a ser griegos, levantando suelos, dando armas (piedras) a la gente del 25S, estos hayan sido tan cortos de miras de rechazar la autodefensa frente a la brutalidad policial”. Además, Unión Anti Capitalista aclara que durante la primera carga policial realizada en la jornada de protestas estaban ausentes, por lo que su acción fue defensiva, amén de realizar una crítica contra los promotores de la manifestación al lamentar que “los portavoces de la plataforma En pie  sean tan zoquetes de decir que todos los encapuchados son policías (claro, tiene que quedar bien con los 15 memos) y realicen una caza de brujas de todo encapuchado que vean (…) Pero sobre todo, sentimos que el 25S sea otra oportunidad perdida, más desgaste de la clase obrera (tampoco se puede pedir mucho de los pequeños burgueses)”.

Antes de finalizar con un ¡Viva la lucha armada y la resistencia activa contra el capital! y volver a cargar las tintas contra los organizadores de la manifestación y contra el 15M (a quienes comparan con las SS alemanas), sorprende que desvelen problemas de comunicación internos en el black bloc como excusa de haber emitido la misiva semanas después. Concretamente, acusan a un miembro de haberse “limitado única y exclusivamente a mandarnos whatsapp comentándonos cuantas lecheras había y no cómo iba con el tema del black bloc, no sabiendo hasta el día 27 si realmente era nuestra gente u otra organización. Le pedimos a este miembro que por favor de ahora en adelante ponga más atención en la comunicación y que coja el teléfono de una puta vez”.

En el segundo texto, bastante más corto, se “desvinculan totalmente” de la Coordinadora 25S y la plataforma En pie, abandonando el 15M para “luchas más potentes” ya que “nos criminalizan por nuestra forma de ser”. Aprovechan, también, para pedir “al mando de Madrid que abandone sus funciones de bloque, así como mencionar el nombre de la organización salvo en las asambleas o cursos o colaboraciones ya elaboradas para fechas más avanzadas de este día”. Asimismo, anuncian que “el bloque se levanta hasta nueva asamblea”.

Queda más que patente que, si bien no hay duda de que Unión Anti Capitalista se hace responsable de la acción, tanto la sorpresiva aparición de la organización (sus primeras apariciones en la red datan de finales de junio) como la falta de seriedad de los comunicados desvelan, en el mejor de los casos, una alta inexperiencia. Su web oficial (en la que hay un espacio dedicado a una Coordinadora anarquista) también remite a este pensamiento, así como sus páginas en las redes sociales y vídeos promocionales. La única cabeza visible del grupo, Iván Riera, se define a sí mismo en las redes sociales como “Rapero y poeta catalán. Militante del PTAS-PTE. Marxista-Leninista. Coordinador Central De Unión Anticapitalista. Jugador del Candamo FS”.

Poco más se conoce de los autores del polémico bloque negro realizado el pasado 25S, más allá de su intención de colaborar en la manifestación del próximo 13 de octubre contra la deuda global.

Adrián Tarín

De victorias y derrotas: crónica del 29-S

Como respuesta a la represión sufrida el pasado martes 25 y miércoles 26 de septiembre, miles de personas nos desplazamos desde diferentes puntos del Estado a Madrid para rodear el Congreso, exigir la libertad de los detenidos y forzar la dimisión del Gobierno. ‘Hemos ganado’, exclamaron desde la organización. Esta es una crónica de esa victoria y de su irreal resultado.

La tercera jornada de protestas iniciadas por el movimiento Rodea el Congreso (uno de sus múltiples nombres) comenzó con los tintes habituales que caracterizan las movilizaciones masivas que desde mayo de 2011 se vienen realizando por todo el Estado español: plazas y calles adyacentes abarrotadas de individuos de heterogénea ideología, estética, extracción social, género y edad. El ambiente durante las primeras horas era un calco de otras protestas a las que ya estamos acostumbrados, pero que son visualmente muy diferentes a las de antaño. Apenas hay símbolos ideológicos, partidos políticos o banderas, más allá de algunas enseñas tricolores republicanas, y son muchas las pancartas y cánticos contra la clase política y la policía. No hay consignas tradicionales de lucha de clase y casi no se habla del capitalismo. Semióticamente esto también significa algo. El escepticismo de la postmodernidad puede respirarse entre una multitud que minutos más tarde abandonaría la Plaza de Neptuno dejando un reguero de latas de cerveza vacías por la acera.

El perímetro de vallado que rodeaba el Congreso se extendía desproporcionadamente, cortando las calles a gran distancia del que, a priori, parecía el objetivo de la concentración. El Paseo del Prado en dirección a Cibeles y a Atocha estaba rodeado de furgones policiales; en torno a unos 50 o 60 podían verse a simple vista. Donde no alcanzaba el mirar era seguro que había más. Hasta poco antes de que se pusiera el sol sólo provocaba la indignación de los presentes las apariciones cada quince minutos de un helicóptero que sobrevolaba Neptuno.

La gente seguía llegando en masa y la cantidad de horas de pie y de inactividad –más allá de los cánticos- daban pie a diferentes comentarios, la mayoría en torno a la conveniencia del uso de la violencia por parte de los manifestantes, así como a la posible presencia de infiltrados. Algunos de los congregados descansábamos sentados en el suelo e intermitentemente subíamos a las ventanas de los edificios colindantes para comprobar la afluencia. Por no disponer de telefonía con Internet, las únicas noticias “del exterior” las conocí a través de mensajes de texto: la policía amenazaba a los medios de comunicación advirtiéndoles de que debían abandonar la plaza ante la posibilidad de que se produjesen cargas policiales.

Una vez caída la noche, desde la megafonía de la coordinadora se desconvocó la manifestación. “Ya hemos ganado”, dijeron. Quienes resistiesen en la plaza lo harían bajo su responsabilidad. La medida se tomaba, según expusieron, para que no se repitiesen los altercados del 25 y del 26. En ese momento me pregunté: ¿Para qué he recorrido más de 500 kilómetros en autobús y he invertido parte de mi escaso salario? ¿Cuál era el objetivo político real de esta manifestación? ¿En qué momento puede finalizar un sitio al Congreso? ¿Qué es exactamente lo que hemos ganado permaneciendo cuatro horas de pie frente a una valla? ¿No nacía esta plataforma como un método de protesta indefinido? Todas estas cuestiones rondaban mi cabeza, defraudado, mientras comprobaba el poder de convicción de un megáfono. Aunque todavía seguíamos siendo legión, la mitad de los convocados abandonaron Neptuno. Algunos para cenar, otros a sus casas y un grupo de unas 150 personas a intentar realizar una patética cadena humana alrededor del Congreso atravesando la Calle Cervantes, con evidente e infructuoso resultado.

No es la primera vez que presencio cómo desde las organizaciones convocantes de una manifestación, cuando ésta empieza a tomar un cariz combativo, se anima a los asistentes a desmovilizarse. ¿Cuál es el objetivo de incitarnos a que tomemos una determinada actitud? ¿Por qué hay que coaccionarnos para que finalice un acto de protesta en el momento en que ellos elijan? Cuando esto ocurre sólo me queda sospechar que, en esos instantes, los convocantes están pensando más en la imagen de su plataforma y sus necesidades como organización que en los fines de la protesta.

A pesar del vaciado, como se ha dicho, todavía un nutrido grupo de personas ocupaba la plaza. Entonces ya eran abrumadora mayoría los jóvenes. Aparecían las primeras capuchas y verdugos, así como una mayor cantidad de personas con estética tradicional de izquierdas. Los cánticos contra la policía aumentaron. No podía ver lo que pasa en la bocacalle que orienta el tráfico hacia Cibeles, pero me constaba que había cierta provocación policial, aunque nada grave. Frente a la valla más próxima al Congreso comenzaron a volar los primeros objetos y algunos manifestantes fueron reprendidos. Se les acusó de estar infiltrados. Otros les defendieron. El ambiente se caldeaba y terminó de estallar con el lanzamiento de un petardo hacia el otro lado de la valla. Hubo mucha gente que no vio la trayectoria del explosivo y su detonación cogió por sorpresa a la mayoría de los asistentes, que huyeron al pensar que se había lanzado una pelota de goma. Algunos de los que vimos qué había pasado tratamos de arengar a quienes corrían para que se quedasen quietos, nos tapamos las caras y lanzamos botellas a los antidisturbios para evitar una posible carga al verles ponerse los cascos y cargar sus escopetas. Era absurdo pensar que los agentes podían agredirnos desde detrás de un triple vallado, pero las escenas de histeria colectiva y las carreras contagiosas se repitieron toda la noche.

Con este primer amago de carga se vació un poco más la plaza y volvió la calma. No obstante, quienes allí estábamos ya teníamos el convencimiento de que habría violencia, algo que no podía adivinarse con claridad horas antes. Más tarde, en un extremo de la plaza hubo movimiento, carreras, algún golpe seguro, pero desde donde me encontraba no podía verlo con claridad. Entre 6 y 10 furgones policiales subieron desde Atocha a Neptuno y entraron en el corazón de la misma, dividendo a los manifestantes en dos grupos. Uno orientado hacia Cibeles y otro hacia Atocha. Un pequeño colectivo permanecía todavía de cara al Congreso, en el centro. Parte de los manifestantes se situaron frente a las furgonetas para evitar que avanzaran. No sé qué ocurrió –más tarde lo vería por televisión- a los compañeros acorralados entre Cibeles y Neptuno, pero en la zona en la que quedé atrapado comenzó el lanzamiento de objetos. Un nuevo petardo, esta vez verde, estalló bajo los furgones. Los agentes bajaron de sus vehículos y corrieron hacia la multitud, que resistió como pudo y se refugió en la Calle Cervantes. Volcamos en la bocacalle algunos contenedores y se improvisó una barricada. Un grupo de policías aguardaba en la esquina del Palace y Cervantes, recibiendo el impacto de latas y botellas con una banda sonora antológica: El pueblo unido jamás será vencido. En el otro extremo de la plaza, aunque no pudimos verlo, le reventaron la cabeza a un joven que tuvo que ser hospitalizado y detuvieron a dos compañeros.

A partir de entonces todo fue un correcalles. En cada esquina en la que tuvimos que apostarnos tras retroceder levantamos una barricada, que al tiempo era sorteada por los agentes o bien por el mismo camino o por calles laterales. Poco a poco esto hizo que nos dividiésemos y que, por nuestra propia cuenta, acabáramos abandonando cualquier posibilidad de resistencia y de retomar Neptuno. Durante estas carreras recibimos algunos pelotazos de goma y varios destacamentos de agentes de la UIP entraron en locales de la zona amenazando a los clientes y golpeando a los manifestantes que se habían refugiado en ellos.

Según contaron los medios, después de desalojar a los manifestantes de Neptuno un grupo de pacifistas se apostaron, sentados, frente a la valla del Congreso. Allí permanecieron hasta que pactaron su salida sin consecuencias. Para haber ganado, como decían desde la coordinadora, el triunfo tuvo un sabor amargo.

Vídeo relacionado: http://www.youtube.com/watch?v=r1LYYaPk7zI

Anónimo.

¿Son los encapuchados realmente anarquistas?

Todos los infiltrados van encapuchados pero no todos los encapuchados son infiltrados, al igual que no todos los anarquistas van encapuchados ni todos los encapuchados son anarquistas. ¿Cómo distinguir unos de otros? Recientemente, durante las protestas del 25S  con el objetivo de rodear el Congreso, se produjeron altercados y enfrentamientos con la policía. Sí es cierto que hubieron estupas que incluso ayudaron a los de uniforme a realizar detenciones pero también hubo gente que se dignó a responder ante las cargas indiscriminadas y les hicieron retroceder ¹. Como también hubo gente con dos cojones² que se puso entre los que lanzaban objetos a la policía y los maderos que reciben la lluvia intentando que dicha lluvia cese.

Últimamente se está poniendo de moda reventar manifestaciones infiltrando secretas encapuchados que van rompiendo cosas, amenazando, agrediendo, insultando a... y en ocasiones dejando que sus propios compañeros les apaleen «¡que soy compañero, coño!». Ante deducciones simplistas que apuntan a que todos los encapuchado son secretas, es necesario tratar con mayor profundidad el tema con el fin de poder distinguir a los verdaderos manifestantes de los estupas, con el fin de evitar que los manifestantes sean reducidos por pacifistas (ironías de la vida) mientras que los infiltrados salgan de rositas e incluso arrastrando un detenido. Por lo tanto, es preciso señalar las diferencias destacadas que sirvan para evitar, pese a no ser preciso al 100% puesto que las apariencias engañan mucho ³.

Los infiltrados:

  • Si se obseva a alguno de ellos agrediendo o tirando al suelo a un civil (transeúnte o activista) es claramente un infiltrado.
  • En la mayoría de los casos, tienen una complexión atlética y suelen ir con sudadera de colores oscuros con capucha, la cara tapada con una braga, vaqueros y zapatillas (a veces botas). No tienen mucha variedad en la vestimenta, pocas veces llevan mochilas y no se ha visto ninguno ir en chándal (de momento) ni tampoco con máscaras antigas.
  • Muchos de ellos llevan pinganillo. Jamás llevarían tirachinas ni cócteles molotov, como rara vez tirarían piedras y en su lugar pueden traer una porra extensible.
  • Tienen un comportamiento agresivo al dirigirse tanto a los manifestantes como a los transeúntes, llegando incluso a agredirlos, pero pocas veces intercambia insultos con la policía sin llegar a atacarles. Hay que tener cuidado también con quienes incitan a los activistas pacíficos a atacar a la policía y a romper cosas.
  • Atacan los objetivos fáciles como bicis, ciclomotores, ventanillas de coches y pequeños comercios. Rara vez (quizás nunca) se les ve atacando a bancos y actuando junto con otros "violentos". Pueden ir solos o en grupos pequeños.
  • En ciertos casos, pueden llevar distintivos para que la policía no los confundan con "violentos".
  • Se ha llegado a observar que se acercan a los antidisturbios y éstos los ocultan en un furgón sin recibir ninguna tunda y sin esposarlos.

El objetivo de la infiltración es crear confusión y divisiones entre activistas violentos y pacíficos, creando hostilidades entre los manifestantes con diferentes tácticas de lucha. A la vez, sirve para justificar las cargas indiscriminadas y el terrorismo policial, cargando toda la culpa sobre quienes dan un paso más allá utilizando la autodefensa frente a la violencia directa del sistema y atacando a los símbolos del capital. A pesar de todo, no son tan fáciles de identificar pero sí es necesario hacer un esfuerzo para paliar este problema y expulsar a los infiltrados de las manifestaciones, no a quienes no son estupas sino personas dignas que se han hartado de recibir palos.

Los manifestantes:

  • Suelen ir en grupos numerosos, llegando a formar bloques compactos cuando no estén causando destrozos ni enfrentándose contra la policía. Cuando pasan a la acción, no se separan mucho y actúan en conjunto, aunque hay excepciones en que son pocos los que se dignan a pasar a la ofensiva y por ello se pueden ver en grupos pequeños.
  • Hay chicos y chicas. Los hay quienes llevan capucha y palestino, otros, camisetas envueltas en la cabeza dejando solo los ojos, algunos van con casco de moto o máscaras antigas, otros solamente con la braga... Incluso hay quienes van con gafas de sol. En muchos casos van equipados con mochilas y guantes, en ocasiones llevan consigo cócteles molotov, tirachinas, martillos y banderas.
  • Nunca se les ve agrediendo a civiles y evitan en lo posible enfrentamientos con personas que no son policías.⁴
  • Seleccionan sus objetivos y no van rompiendo cosas a lo loco. Atacan sobre todo a las sucursales y locales pertenecientes a multinacionales y grandes empresas, rompen las aceras para coger piedras y queman contenedores para hacer barricadas. Se enfrentan a la policía si se ven capacitados o se requiere contener una carga.
  • Si son apalizados por los antidisturbios significa que no son estupas.

Y ahora volvemos ahora a la polémica de siempre: la de atacar a la policía o dejarse hostiar por ella y alzar las manos. No siempre encararse con los maderos es conveniente como tampoco lo es quedarse en el suelo aguantando los golpes, hay que atender a las circunstancias y al contexto. Por ejemplo, en caso de carga policial, si hay pocas salidas o la multitud está tan apretada que resulta difícil apartarse para no recibir los porrazos o si hay ancianos, niños o mujeres, sería más conveniente arrojarles objetos a los antidisturbio al menos para detenerlos. Lo mismo ocurre en caso de que estén intentando arrestar a un compañero y es posible evitar su detención, pues más vale que no caiga bajo las garras de la policía y termine con cargos imputados. Por otro lado, no siempre es preferible usar la acción directa violenta, pues en muchos casos provocan el rechazo social y sería muy contraproducente si terminamos aislados.

Puede que a nivel mediático sea contraproducente pero aun siendo totalmente pacífica una manifestación, tratarán de buscarle la pera al olmo para descalificarla y en el peor de los casos, elogiando a los pacifistas para recuperar las protestas y hacerlas inocuas, dando como consecuencia la aparición de fanatismos y con ello, pacifistas dogmáticos que son hipócritas hasta la médula aunque no lo sepan, ¿por qué? porque proponen arremeter contra todo encapuchado sin tener en cuenta que hay gente noble detrás de las caras tapadas y pasan de diferenciar entre estupas y no-estupas metiéndolos en el mismo saco «¡¡Encapuchado, estupa, a por él!! ¡¡Violentos antisistema, a por ellos!!». Patéticos aquellos fanáticos de Gandhi que se ponen del lado de quienes poseen el monopolio de la violencia, es decir, de los policías. Desgraciadamente, esto conlleva a abrir cada vez más la brecha entre partidarios de la autodefensa y detractores, siendo que somos los mismos explotados. ¿Falta de conciencia política y de clase?

Nos están ganando terreno y las infiltraciones están causando mucho daño. Por lo tanto, tenemos una necesidad urgente de cuestionar las tácticas de lucha y llevarlas a debate con el objetivo de romper con fanatismos -sean pacifistas o a favor de la violencia-, pero sobre todo para hacer frente a los infiltrados, evitar que desestabilicen los actos de protesta y mantenernos unidos, respetando la libertad de actuación de cada  individuo o colectivo.

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Notas:

[1] Podéis echar un vistazo a la Videocrónica del 25S para ver los sucesos.

[2] La cursiva resalta el tono coloquial de la expresión o palabra y resaltando ella una cierta carga irónica.

[3] La lista está basada en esta viñeta elaborada por mí [link] pero lo detallo en este artículo.

[4] En EEUU, durante las protestas del movimiento Occupy, se han dado casos en que los Black Bloc fueron atacados por ¡¡pacifistas!! y los encapuchados intentaron evitar ser agredidos por esos hipócritas que jugaban a ser policías, no respondiendo a sus agresiones. Aquí el artículo