1943-1945: Los partisanos anarquistas en la Resistencia italiana

Traducción de Angel Malatesta de la redacción en inglés por  Linda Towlson del folleto 'Prisioneros y Partidarios: Anarquistas italianos en la lucha contra el fascismo' publicado por la Biblioteca Kate Sharpley, que contiene más información sobre los partisanos italianos. Artículo original de Giorgio Sacchetti para Umanita Nova, el 7 de abril de 1985.

Italia se rindió formalmente a los Aliados el 8 de septiembre de 1943, aunque las zonas del centro y del norte de Italia permanecieron en manos de los alemanes y de la República fascista de Saló. Los anarquistas de inmediato se lanzaron a la lucha armada, estableciéndose siempre que fuera posible —en ciudades como Carrera, Pistoia, Génova y Milán— en diversas formaciones autónomas, o, como en la mayoría de los casos, uniéndose a otras formaciones, como las brigadas socialistas «Matteotti», las brigadas comunistas «Garibaldi», o las unidades del grupo de acción «Giustizia e Liberta».

Tras veinte años de dictadura fascista, la cual etiquetó de "comunista" cualquier tipo de oposición, esta se vio sumida al exilio y al encarcelamiento. Un trato no menos duro que el reservado por el gobierno post-fascista de Pietro Badoglio a los anarquistas. Esto ciertamente puso muy complicada cualquier reconstrucción inmediata de las filas orgánicas del movimiento libertario. Fue en este contexto especial, marcado por la confusión y la desorientación, en el que se produjo una deriva de algunos libertarios hacia la dirección del Partido Acción, el Partido Socialista y, en ocasiones, el Partido Comunista. Si bien la participación anarquista en la lucha partisana fue notable, especialmente en aporte de hombres y en términos de acciones de sangre, también ejerció poca influencia política. Esto se debió a la hegemonía completa de las ideas socialdemócratas a través de un amplio arco de agrupaciones políticas desde los liberales hasta los comunistas.

A continuación se detallan las diversas situaciones de los anarquistas en la lucha antifascista partisana en diferentes áreas de toda Italia desde el momento de la rendición a los Aliados:

Roma.

En Roma, los anarquistas se encontraban en varias formaciones de resistencia, especialmente la que comandaba el republicano Vincenzo Baldazzi, conocido por sus camaradas por ser un viejo amigo del anarquista italiano Errico Malatesta. En muchos casos estos hombres dieron sus vidas en la resistencia romana. Entre ellos se encontraban Aldo Eluisi, que murió en las Cuevas Andentinas; Rizieri Fantini, disparado en Fonte Bravetta; Alberto Di Giacomo alias 'Moro', y Giovanni Callintella, ambos deportados a Alemania, nunca regresaron; Dore, un sardo de nacimiento, falleció en una misión tras las líneas enemigas.

Marche.

En Marche, los anarquistas sirvieron en varias formaciones partisanas en Ancona, Fermo, Sassoferato y Macera; donde murió Alfonso Pettinari, ex interno y comisario político de la brigada 'Garibaldi'.

Piombino.

Piombino, una ciudad eminentemente metalúrgica con una gran tradición libertaria y sobre todo sindicalista revolucionaria, protagonizó un levantamiento popular contra los nazis alemanes el 10 de septiembre de 1943. Entre los anarquistas que participaron en el levantamiento destacan Adriano Vanni, que operaba como partisano en Maremma y que fue llamado a unirse al CLN local (Comité de Liberación Nacional, un cuerpo formado por un conjunto de partidos antifascistas).

Livorno.

En Livorno, los anarquistas fueron los primeros en apoderarse de las armas almacenadas en los cuarteles y en la Academia Naval de Antignano, armas utilizadas posteriormente contra los alemanes y los fascistas italianos. Estaban organizados dentro de los GAP (Grupos de Acción Patriótica), y participaron en varias operaciones guerrilleras en los alrededores de Pisa y Livorno y estuvieron representados en el CLN de la ciudad. Virgilio Antonelli se distinguió en la tarea de liberar rehenes y prisioneros.

Apua.

En Apua, la contribución libertaria a la resistencia fue consistente y crucial. Las formaciones anarquistas partisanas activas en el área de Carrara fueron las siguientes: Los grupos conocidos como 'Lucetti' (entre 60 u 80 personas), y 'Lucetti bis '(58 personas) –estos dos grupos llevaron el nombre del anarquista Gino Lucetti que fue ejecutado por intentar asesinar a Mussolini–; el grupo 'Schirru' (454 personas)  nombrado así por otro anarquista que también trató de asesinar al Duce, Michael Schirru; y los grupos 'Garibaldi Lunense' y 'Elio' (30 personas). Después del 8 de septiembre de 1943, los anarquistas, entre ellos Romualdo Del Papa, Galeotti y Pelliccia, encabezaron el ataque al cuartel de Dogali, apoderándose del armamento e instando a las tropas alpinas a desertar y a unirse a las partidas guerrilleras.

En las cercanas Cuevas de Lorano, Ugo Mazzuchelli utilizó estas armas para establecer el ya mencionado grupo 'Lucetti', del cual se convirtió en comandante. En ese contexto, la tarea, por ejemplo, de la conocida como Brigada Apia, era velar por su propia financiación y ayudar al pueblo a obtener provisiones mediante expropiaciones a capitalistas. Después de haber vivido la amarga experiencia de la Guerra Civil española entre 1936 y 1939, en la que los comunistas se volvieron contra los anarquistas y los obreros para tomar el poder, algunos camaradas más "experimentados" desconfiaban de ellos. Algunas unidades comunistas, en cualquier caso, aparecen en episodios de esta región, aunque la presencia de libertarios era destacable en prácticamente todas las formaciones, configurando unidades específicas propias.

Entre los incidentes con los comunistas podríamos mencionar el que hizo que Mazzuchelli y sus hombres se encontraran con la muerte bajo fuego de ametralladora después de que se intentaran abrir camino a través del puente Casette, siendo curiosamente insistentes en esa misión los partidarios comunistas.

En noviembre de 1944, después de una acción que costó la vida de seis hombres a la unidad Lucetti, esta se trasladó a la provincia de Lucca, que había sido liberada. Mazzuchelli, junto con sus hijos Carlo y Alvaro, cruzaron de nuevo las líneas de frente para organizar la unidad 'Michele Schirru' que ayudó a liberar la región de Carrara antes de que los Aliados aparecieran. Entre los muchos que se distinguieron y cuyos nombres forman una lista interminable destacan el comandante Elio Wochiacevich, Venturini Perissino y Renato Machiarini. El precio de la sangre pagado por el pueblo de Carrara fue elevado, pero los anarquistas lograron imprimir su sello de la lucha social a través de la lucha armada por la libertad sellar, y esto duró años después de la liberación, con las cooperativas como 'Del Partigiano' (La cooperativa de consumo), la 'Lucetti' (cooperativa de reconstrucción) y varias empresas de carácter social (por ejemplo, la agricultura de participación en los beneficios, los equipos de voluntarios que trabajan en los canales del río, etc.)

Lucca y Garfagnano.

En Lucca y en Garfagnano, en cuyas montañas trabajaban también los anarquistas de Pistoia y Livorno (como Peruzzi, Paoleschi, etc.), los libertarios se encontraban en la unidad autónoma comandada por Pippo (Manrico Ducceschi). El CLN de la provincia había sido fundado por el libertario Federico Peccianti, en cuya casa celebró las reuniones. La unidad de Pippo capturó a unos ocho mil prisioneros nazis y sufrió trescientas bajas. Libero Mariotti, de Pietrasanta, y Nello Malacarne, de Livorno, pasaron mucho tiempo tras las rejas de la prisión de San Giorgio en Lucca. Entre los anarquistas más conocidos se encontraban Luigi Velani, ayudante mayor de la formación de Pippo, Ferrucio Arrighi y Vitorio Giovanetti, los dos últimos estuvieron encargados de supervisar los contactos entre las fuerzas antifascistas de la ciudad.

Pistoia.

Pistoia fue el teatro de operaciones de 'Silvano Fedi'; unidad anarquista, formada por 53 partisanos que se destacaron especialmente en prestar asistencia a los desplazados. Un grupo de resistencia inicial se había formado gracias al trabajo de Egisto y Minos Gori, Tito y Mario Eschini, Tiziano Palandri, Silvano Fedi y otros. Realizaron una variedad de misiones que incluyeron la adquisición de armas para otras unidades de resistencia y la liberación de prisioneros. La figura de su joven comandante, Silvano Fedi, era legendaria: murió en una emboscada cuyas circunstancias son oscuras, puesta en marcha por los militares italianos, y en la que el partisano Enzo Capecchi, herido en dicha operación, testificó encontrarse allí. La unidad Silvano Fedi, bajo la dirección de Artese Benesperi fue la primera en entrar en Pistoia en la liberación.

Florencia.

En Florencia, donde Latini, Boccone y Puzzoli habían publicado anteriormente un primer número clandestino de la publicación 'Umanita Nova', la primera banda armada se formó en Monte Morello bajo el mando del anarquista Lanciotto Ballerini, que murió en acción. Los historiadores oficiales han retratado siempre a Lanciotto Ballerini como un héroe, pero han preferido obviar también siempre que era anarquista. Gino Manetti y Oreste Ristori, entre otros, murieron en la lucha: Ristori, de Empoli, había sido antes emigrante en Brasil y Argentina antes de luchar en la guerra de España.

Arezzo.

En la provincia de Arezzo los anarquistas fueron especialmente activos en la resistencia en Valdarno, en vista de la rica tradición antifascista y la tradición de lucha social en esa área. El minero Osvaldo Bianchi formó parte del CLN en San Giovanni Valdarno, como representante de los grupos anarquistas; además de Renato Sarri de Figline e Italo Grofoni, este último encargado del suministro de explosivos para el CLN toscano de Florencia. Más tarde, Guiseppe Livi, de Angliari, que participó activamente en las "bandas periféricas" que operaban en Vultiberina, ayudó a desenmascarar a tiempo a un espía alemán que se había infiltrado entre los partisanos de Florencia.

Ravena.

En Ravena, muchos anarquistas lucharon en la 28ª Brigada Garibaldi. Entre los más conocidos fueron: Primo Bertolazi, miembro del CLN provincial; Guglielmo Bartolini; Pasquale Orselli, quien comandó a la primera patrulla partisana en entrar a la Ravena liberada; y Giovanni Melandri, encargado de las armas y el suministro de alimentos, y víctima, junto con una de sus hijas, de una represalia alemana.

Bolonia y Módena.

En la provincia de Bolonia y Módena los siguientes partisanos fueron especialmente activos: Primo Bassi de Imola, Vindice Rabitti, Ulisse Merli, Aladino Benetti y Atilio Diolaiti. Este último, que fue filmado en 1944 en el monasterio cartujo de Bolonia, había participado activamente en la fundación de las primeras brigadas partisanas en Imola, los 'Bianconcini' y en Bolonia, las Fratelli Bandiera y las siete unidades GAP (Grupo de Acción Patriótica). En la liberada Módena, el jovencísimo Goliardo Fiaschi marchó a la cabeza de la III Brigada Costrignano de la División Módena, comandada por Araniano. En Reggio Emilia, Enrico Zambonini, que había estado activo en los montes Apeninos alrededor de Villa Minozzo, fue fusilado tras ser capturado junto con el grupo de Don Paquino Borghi: murió gritando '¡Viva la Anarquía!' en el pelotón de fusilamiento.

Piacenza.

En Piacenza destacan, entre otros, los anarquistas Savino Fornasari y Emilio Canzi, que están ligados, además de cualquier otra cosa, por sus muertes en sendos accidentes de tráfico. Emilio Canzi había combatido anteriormente el fascismo en 1920 en las filas del Arditi del Popolo y más tarde en la Guerra Civil española, sin embargo, había sido capturado por los alemanes en Francia, luego deportado a Alemania y más tarde internado en Italia. Después del 8 de septiembre de 1943, organizó las primeras bandas partisanas. Capturado por las Brigadas Negras fascistas, fue canjeado por otros rehenes, reanudando después su acción: dirigió tres divisiones y veintidós brigadas (un total de más de diez mil hombres) con rango de coronel y usó el nombre de guerra de Ezio Franchi. Las unidades La Spezia-Sarzana operaban en estrecha conjunción con las de la vecina región de Carrara. Dos grupos partidarios fueron comandados por los libertarios Contri y Del Carpio. Los anarquistas de La Spezia, Renato Olivieri (quien había sido prisionero político durante 23 años) y Renato Perini, murieron durante los tiroteos con los nazis mientras cubrían una retirada de sus propios compañeros.

Génova.

En Génova, los grupos anarquistas de combate operaron bajo los nombres de la Brigada Pisacane, la agrupación Malatesta, el SAP-FCL (Escuadras de Acción Patriótica-Federación Comunista Libertaria), el Sestri Ponente SAP-FCL y los Grupos de Acción Anarquista. El intento de establecer un "Frente Unido" con todas las fuerzas antifascistas fracasó debido a los intentos de los comunistas de imponer su propia hegemonía. Además, los anarquistas tenían su propia representación sólo en los CLN periféricos y esto los obligaba a participar en la lucha armada confiando exclusivamente en sus propios medios. Las actividades fueron promovidas por la Federación Comunista Libertaria (FCL) y por el sindicato anarco-sindicalista USI, que acababa de resurgir en las fábricas. El sacrificio de sangre de los anarquistas genoveses en la resistencia fue realmente sustancial, con varias decenas de muertos en acciones de armas, fusilados o fallecidos en campos de concentración. Omitiendo muchos otros, recordamos entre los más activos: Grassini, Adelmo Sardini Pasticio y Antonio Pittaluga. Este último murió en vísperas de la liberación, antes de rendirse y ser asesinado, encontrándose solo lanzó una granada de mano a la patrulla alemana que lo capturó. Además, el partisano anarquista Isidoro Parodi murió en la vecina Savona.

Turín.

En el Turín industrial, especialmente en las plantas de FIAT, funcionó la unidad anarquista que se llamaba el Batallón SAP (Escuadras de acción patriótica) Pietro Ferrero. Entre los camaradas caídos estaba Dario Cagno, quien fue condenado a muerte por fusilamiento por su participación en el asesinato de un fascista; también estaba Ilio Baroni, originario de Piombino. El camarada Ruju, un partisano de la División de Vitis, que devolvió la medalla al valor militar recibida por capturar a más de 500 soldados alemanes.

Asti y Cuneo.

En el área de Asti y Cuneo, los anarquistas tenían presencia en las Brigadas Garibaldi. El más conocido de ellos era Giacomo Tartaglino, que había estado involucrado en el movimiento Espartaquista en Baviera en 1919. En el distrito de Vencelli, entre varios entre varios anarquistas que se habían distinguido por su arrojo, se encontraba Guiseppe Ruzza, que luchó en la unidad 'Valsesia', comandada por Moscatelli. En Milán, los trabajos de la lucha clandestina fueron iniciados por el compañero Pietro Bruzzi, que murió tras cinco días de torturas sin haber desvelado nada a los nazis.

Después de su muerte, los anarquistas fundaron las brigadas 'Malatesta' y 'Bruzzi', que llegaron a contar con unos 1.300 partisanos. Estas operaron dentro de la formación 'Matteotti' y desempeñaron un papel primordial en la liberación de Milán. Comandadas por Mario Mantovani durante el levantamiento de 1945, las dos brigadas se distinguieron por sus diversas incursiones en los cuarteles fascistas y también por su apoyo a la población. Entre los compañeros más jóvenes estaba Guiseppe Pinelli que sirvió en los GAP.

Pavía.

En la provincia de Pavía operaba la 2ª Brigada "Errico Malatesta" dirigida por Antonio Pietropaolo, que participó en la liberación de Milán. En Brescia, los anarquistas se encontraban en la formación mixta Giustizia e Liberta- Garibaldi; entre los más activos de ella estaban Borolo Ballarini y Ettore Bonometti.

Verona.

En Verona, el anarquista Giovanni Domaschi fue el creador del Comité de Liberación Nacional (CLN). Detenido por la SS, fue torturado, le cortaron una oreja por negarse y finalmente fue deportado a Alemania, donde desapareció en los campos de concentración. Finalmente, en la región de Venezia Giulia-Friuli muchos anarquistas trabajaron con las formaciones comunistas como, por ejemplo, la División Garibaldi-Friuli. En Trieste, el enlace fue mantenido por Giovanni Bidolo que murió más tarde en los campos alemanes junto con otro anarquista de Trieste, Carlo Benussi. También estaba activo Turcinovich que, huyó a Génova donde luchó con la resistencia local. En Alta Carnia, donde los compañeros Petris y Aso (que murieron en el ataque sobre los cuarteles alemanes en Sappada) tuvieron posiciones influyentes, los anarquistas ayudaron a establecer una Zona Liberada autónoma.

Con toda probabilidad, el número de guerrilleros anarquistas que perecieron en todo el centro y norte de Italia fue superior a cien.

La amnistía concedida a los fascistas y las injusticias sociales de la posterior Italia republicana y democrática dejaron claro a los anarquistas (y no solo los anarquistas) que el espíritu del Comité de Liberación Nacional había sido abandonado y la Resistencia frente al fascismo traicionada.

Enlaces del mes: Diciembre 2016

Destacamos un artículo que analiza la organización horizontal no jerárquica de algunas tribus en contraposición al argumento clásico de Hobbes. Las sociedades pequeñas pueden mantenerse de forma "familiar" y por ende, horizontal. Algunas de ellas incluso no dan ni "las gracias" pues suponen que dar las gracias supone esperar una recompensa.

Apoyo Mutuo nos ha dejado este mes la reflexión democracia versus Estado, en donde la experiencia histórica demuestra que el Estado, lejos de actuar como un facilitador de los procesos sociales de transformación democrática, ha actuado siempre como un obstáculo.

El "no" en Italia sobre la reforma que pretendía reforzar la partitocracia en Italia significa un nuevo fracaso para las élites políticas del país.

El carbón es una fuente de energía que ya no tiene futuro, pero en España, nadie apuesta por una transición hacia un modelo sostenible. Es más, su consumo se incrementó.

Un tema clave que nos debería preocupar es la estrategia comunicativa, ya que es imprescindible para que nuestros mensajes dejen de ser silenciados, tergiversados o que nadie nos preste atención. Temas como el lenguaje o los relatos que vayan más allá de los argumentos, son importantes sobre las que ir trabajando.

"Creo que la batalla política fundamental en Europa va a ser quién construye el pueblo, y qué se puede construir de dos lados." En esta entrevista a Iñigo Errejón, podemos sacar algunas lecturas políticas interesantes que deberíamos aprender el resto de la izquierda.

El marxismo que no nos contaron (I)

Advertencia previa: la idea que tenemos del llamado «marxismo», entendido como el legado teórico y activista de Karl Marx y Friedrich Engels, está marcada por todas aquellas personas que se han llamado a sí mismas «marxistas», pero, sobre todo, por las más fuertes de ellas. Aquellas personas que han dirigido grandes organizaciones e incluso estados mientras se reclamaban marxistas han condicionado mucho más la manera en que entendemos este concepto que quienes, también reclamándose herederas de Marx y Engels, no han sabido, querido o podido poner a su servicio policías, ministerios y demás. Entre estas últimas destacan, a nuestro entender, una serie de figuras y grupos que no sólo no conquistaron el Poder con mayúsculas en ninguna parte, sino que defendieron un marxismo más o menos humanista que les supuso el rechazo del marxismo autoritario de Lenin y demás.

De estas últimas nos vamos a ocupar en esta serie de artículos en cuanto terminemos con una aclaración necesaria. ¿Qué es marxismo, preguntas, mientras clavas en mi pupila... ? No pretendemos entrar en farragosos debates sobre esto. En mi primer lugar, porque el propio Marx dijo aquello de «Yo no soy marxista» y hay pocas cosas más ridículas que ser más papista que el Papa. En segundo lugar, porque si existen debates de ese tipo es porque algo aportaron aquellos alemanes barbudos (tendemos a olvidarnos de Engels, como una especie de mero soporte para su socio), de modo que incluso las interpretaciones más diferentes tienen en común algunos puntos: la consciencia de que existen clases distintas en casi todas las sociedades, la de que existen intereses opuestos, concretamente, entre quienes tienen su capacidad o fuerza de trabajo y quienes tienen los medios con que aquellos pueden generar riqueza o la de que los explotadores tienen un interés en que las cosas continúen así, mientras los trabajadores (se paren a pensarlo o no), si utilizaran su fuerza numérica para parar el sistema de clases y establecer otro sin ellas, saldrían beneficiados –como mínimo, en términos de estabilidad económica y racionalización económico-política– y la de que la historia no necesita de ningún destino, providencia o dios: mientras no se demuestre lo contrario, ocurre aquello que hacemos o permitimos que ocurra.

Advertencia ortográfica: en esta serie de artículos hablaremos también de personas (sobre todo, rusas, aunque no únicamente) cuyos nombres se escriben en otros alfabetos. Hay diferentes convenciones a la hora de pasarlos al nuestro, nosotros hemos decidido evitar anglicismos o galicismos y no poner kh pudiendo poner j ni recortar el diptongo [i + i breve] (muy común en ruso) a i ni a y, sino iy, asi que leeréis «Trotskiy», «Kerenskiy», etc.

Estábamos avisadas.

La discusión, ya planteada desde fuera del marxismo antes de la revolución rusa (y por la sección belga de la AIT, que nunca fue netamente marxista ni proudhonista o bakuninista, ni libertaria ni autoritaria) se reproduce entre las filas marxistas inmediatamente después del triunfo de  la revolución de 1917.

Rosa Luxemburg y sus compañeras del grupo Spartacus (Karl Liebknecht, Clara Zetkin y Otto Rühle son las más conocidas) toman nota del creciente poder del liderazgo bolchevique y, desde el respeto por la lucha que este dirige contra las potencias extranjeras y las contrarrevolucionarias del interior, señalan –estamos en 1918– cómo la gestión de la revolución no está fortaleciendo a la clase trabajadora, sino a esa vanguardia dirigente. Puede parecer una cuestión de detalles, pero la propia Rosa aclara, desde la cárcel, que la ocasión que brinda la revolución es la de ofrecer a la clase un Poder cada vez más transparente y del que puedan responsabilizarse cada vez más. La práctica bolchevique irá en sentido contrario a esta necesidad de empoderamiento proletario, pese a lo que daba a entender su discurso anterior. Por «discurso anterior» nos referimos a los siete meses previos a la revolución llamada de octubre (noviembre, en nuestro calendario), en que tanto la publicación por Lenin de sus Tesis de abril como la consigna principal de la fracción bolchevique del POSDR («¡Todo el poder a los soviets!») apelaban al poder proletario y popular, en la línea más cercana al anarquismo jamás vista en el POSDR.

Existía una clara contradicción entre la práctica leninista y su anterior crítica del blanquismo –recordemos que Louis-Auguste Blanqui, como otros luchadores de su época, había sido un adalid de las revoluciones lanzadas por una vanguardia minoritaria, pero con decisión e ideas claras–. Se había criticado el blanquismo como un aventurerismo que, en lugar de hacer de los trabajadores un sujeto histórico vencedor, les convertía en carne de cañón de una minoría bienintencionada para con ellos. En la práctica, la política de Lenin parecía ser exactamente esa línea blanquista y algo parecido, con palabras más amables, fue lo escrito por Anton Pannekoek –prestigioso astrónomo holandés y probablemente el mayor exponente del marxismo de izquierdas, sobre todo del germano-holandés– en su artículo de 1920 «El nuevo blanquismo». Aquí el concepto marxista de «dictadura del proletariado» ya está claramente en el centro de la polémica: las dirigentes bolcheviques (el texto se dirige específicamente a Karl Radek, pero vale para todas, empezando por Lenin), por haber sido capaz de movilizar a más personas trabajadoras que nadie y de neutralizar casi sin resistencia al régimen burgués de Kerenskiy, creen ser –con cierta lógica– la vanguardia del proletariado ruso y creen, por extensión –con una lógica ya mucho más retorcida– ser el proletariado a secas y poder tomar sus decisiones. Lo que en el contexto de la guerra mundial y guerra civil podría ser un imperativo de tomar rápidamente decisiones enormes se convierte en una práctica política central en la política soviética y que durará tantos años como la URSS (más de setenta). El retorno a la apatía de un número creciente de trabajadores, su desmovilización y desencanto con las organizaciones surgidas de la revolución o en torno a ella, viene a decir Pannekoek, muestra, al contrario, que el liderazgo de esa vanguardia es cada vez menos el liderazgo de las bases y, por lo tanto, del conjunto de la clase trabajadora.

Los dirigentes soviéticos no eran ajenos a este debate y la mejor prueba es la réplica de Lenin en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, de 1920. El debate, claro, continúa, mientras en torno al núcleo germano-holandés surgen el KAPD (Partido Comunista Obrero de Alemania) y el KAPN, cuyo eco en Bulgaria sería el Partido de los Trabajadores Comunistas de Bulgaria y del núcleo británico del periódico Workers' Dreadnought, el CWP (Partido de los Trabajadores Comunistas). No está de más decir que la líder prominente de este grupo británico es Sylvia Pankhurst, conocida por su implicación en el movimiento sufragista que no siguió los pasos conservadores de su madre Emmeline o su hermana Christabel. Su hermana Adela, una de las fundadoras del Partido Comunista de Australia, también sería rápidamente expulsada del partido por sostener posiciones izquierdistas, pero ella no persistiría en ellas (al contrario, volvería a la socialdemocracia y, en sus últimos años, giraría hacia un nacionalismo australiano fascista). De hecho, el Workers' Dreadnought era la versión rebautizada del periódico antes llamado Women's Dreadnought. Hermann Gorter, otro destacado miembro del consejismo germano-holandés, miembro del KAPD y amigo personal de Pannekoek, escribiría una Carta abierta al camarada Lenin en respuesta a su diagnóstico que publicaría precisamente el Workers' Dreadnought ya en 1921.

Las críticas de estos grupos, por duras que sean, se hacen siempre desde el respeto e incluso la simpatía hacia las organizaciones soviéticas, pero es cada vez mayor la dificultad de posicionarse en un tema sin traicionar ni a estas ni a quienes, al contrario, quieren hacer una revolución mejor. Acabarán por coordinarse en una Internacional Comunista de los Trabajadores que durará pocos años, atrapada entre la dificultad de crecer, el desgaste de sus grupos (también relacionado con polémicas internas) y, en casos como el búlgaro, la represión.

Este intento de cuarta internacional tendrá un eco sorprendentemente escaso en un país como Italia, que parecería propicio. Aquella tierra en cuyas ciudades industriales florecieron las asambleas de fábrica e incluso incipientes soviets (1919-1920) dará un PCI que se convertirá en un referente en el ámbito prosoviético, pero cuyos consejistas estarán particularmente desorganizados. Amadeo Bordiga, fundador del PCI, tardará años en decantarse en ese creciente dilema entre el espíritu de la revolución rusa y las gestoras de ese espíritu, hasta excluirse de su dirección (1924) y ser oficialmente excluido del partido, siendo entretanto sobrepasado por el leninista Gramsci, que sigue siendo considerado por muchas un leninista heterodoxo o incluso la figura de un equivalente italiano de Lenin, más que la de un seguidor o discípulo. Otro fundador del PCI convertido en heterodoxo y crítico del leninismo –quizá a su propio pesar– será Bruno Rizzi, de quien nos ocuparemos más adelante.

En la foto, la proclamación en Estrasburgo de la República de los consejos o soviets de Alsacia (9-22 de noviembre de 1918).

[Recomendación] BLACK BLOCK

BLACK BLOCK es un documental del director italiano Carlo Bachschmidt, que relata de la mano de lxs protagonistas las multitudinarias movilizaciones que se dieron en la ciudad italiana de Genova en el año 2001 cuando en esta misma urbe se llevaba a cabo la cumbre del G-8. Más concretamente, este documental muestra de manera directa la brutalidad policial con la que se reprimió cualquier tipo de expresión de protesta y lucha ciudadana durante esos días.

En el caluroso verano del año 2001, Genova fue el epicentro de lo mejor y de lo peor que tiene la política. En esta ciudad y en ese verano, se desarrollo la cumbre del G-8, una cumbre donde se juntan los países con mayor peso económico, político y militar del mundo y como aún lo siguen haciendo y en el 2001 se reunian para decidir de todo sin contar con todxs. Pero eso no es lo que nos ocupa, durante los días que se desarrollo la cumbre, mientras unxs se empeñaban en seguir desangrando a la Tierra y a la población, otrxs se armaban de valor y juntxs, miles y miles de personas de distinas ciudades, países, sectores sociales y sectores ideológicos, ocuparon las calles, en su totalidad, como protesta contra esta cumbre y cotra la globalizacón que poco a poco avanzaba sin frenos.

Estas movilizaciones, que se desarrollo en los días 19, 20, 21 de julio del 2001 desembocaron en una muestra de unidad popular y una desorbitada y salvaje represión policial  durante los tres días que trajo lo que este documental relata concretamente. Desembocó en miles de heridxs, en la muerte de un manifestante, Carlo Giuliani, a manos de la pistola de un policía y en lo que aquí nos cuentan de manera muy detallada y que muestra como actua el Estado: el asalto a la escuela Díaz, donde el 21 de julio estaban durmiendo 93 personas, la mayoría periodistas acreditadxs además de manifestantes, y que fue asaltada de manera violenta por decenas de policias y dejando a 63 herixs, entre ellxs lxs protagonistas de este documental.

El Estado señala y la policía actua, y aliadxs entre ellxs intentan acabar a base de represión con cualquier atisbo de lucha, libertad y dignidad.

¡CARLO GIULIANI VIVE!

Aquí esta el enlace al documental: Black Block (documental)

Nicola Gai sobre la acción directa

Dejo un escrito del compañero Nicola Gai publicado en Cruz Negra, Anarquista Aperiódico Anarquista #0. La publicación es en italiano, por lo que yo me limito a enlazar la versión en castellano que se puede leer en páginas libertarias como Publicación Refractario o Instinto Salvaje. El texto trata sobre acción directa y proceder revolucionario. Creo que tiene bastante interés general y, sin duda, creará debate por sus opiniones directas contra ciertas acciones de carácter "poco revolucionario." Para quienes no sepan quién es Nicola Gai dejo a continuación un pequeño resumen de los últimos acontecimientos en su vida.

Nicola Gai es un compañero libertario de la región de Turín, en Italia. Hacia finales de 2013 la jueza Annalisa Giacalone condenaba a Nicola a 9 años y 4 meses de talego (en el mismo caso, 10 años y 8 meses para nuestro compañero Alfredo Cospito) por el ataque contra Roberto Adinolfi, importante figura de Ansaldo Nucleare, empresa que construye plantas nucleares por Europa. Los compañeros Nicola y Alfredo dispararon contra la pierna de Adinolfi en Génova, hacia principios de mayo de 2012, sin consecuencias fatales. Los medios de (des)comunicación se cebaron con el movimiento anarquista, y la fuerza opresora del Estado italiano cayó de lleno sobre aquello que elles llaman "terrorismo." Sin más, os dejo con el texto del compañero.

¡Libertad para todes les preses! ¡Fuego a la sociedad carcelaria!

Todo el resto es aburrido. Notas sueltas sobre la acción directa

Pensé en escribir estas notas porque me parece que, últimamente, incluso entre nosotrxs, lxs anarquistas, se está hablando demasiado poco (y también, por desgracia, practicándose demasiado poco…) de acción directa, privilegiando intentos de encuentro con las “masas”, más o menos indignadas. He decidido hacerlo en la Cruz Negra porque espero que pueda convertirse en un espacio de debate entre quienes consideran la acción como centro de su camino de lucha. Espero sinceramente que la Cruz Negra no se convierta en la reunión de las malas suertes carcelarias, sino el lugar en el que sacar y profundizar, sin pelos en la lengua, desde diferentes puntos de vista, en cuestiones que se consideran útiles para dar una mayor incisividad a la lucha contra la autoridad. Ciertamente, la acción directa es algo para actuar y no algo que pontificar, pero estoy convencido de que aclarar lo que cada unx de nosotrxs entiende realmente cuando usa estas palabras puede ayudarnos a afilar las armas para asaltar el presente.

Para abordar la cuestión sin perderme en inútiles giros de palabras, quiero primero aclarar lo que, para mí, no es acción directa.

Concentraciones, repartir panfletos, manifestaciones “determinadas y comunicativas”, tartas (pintura, escupitajos, etc.) en la cara del infame de turno, huevos con colores y todo este tipo de cosas no se pueden considerar acción directa. Soy consciente de que una lista del estilo atraerá hacia mí las flechas de lxs que sostienen que todos los medios tienen la misma dignidad en la lucha, que mi discurso podrá parecer esquemático, “militarista”, impregnado de una óptica eficientísima y bla, bla, bla… Pero nadie, honestamente, podrá negar que, en estos momentos, haciendo estas cosas se está más bien mimando la lucha, renunciando a vivirla realmente.

Estoy convencido de que se está afrontando la lucha con ligereza, con la sonrisa en los labios: no se trata más que de un juego, pero nada hay más serio que un juego donde las apuestas están representadas por la calidad de nuestras vidas y de nuestra libertad. Nadie puede negar que la correspondencia entre el pensamiento y la acción debería ser la característica fundamental de ser anarquista. Si pensamos que la destrucción de este mundo es necesaria, debemos actuar en consecuencia, no podemos recurrir a simpáticos e inofensivos trucos baratos para silenciar, engañando a nuestras conciencias hambrientas de libertad. Debemos tener el coraje de afirmar que la acción directa, o es destructiva o no es. Los muros que nos aprisionan no se caerán solos, sino solamente si son envestidos por la onda de choque de nuestra rabia. Es inútil que el listo de turno recuerde que la insurrección no es el resultado de la suma aritmética de los ataques realizados por lxs anarquistas, estoy hablando de otra cosa. Nuestra vida es demasiado corta para desgastarla en centenares de happening diseñados para despertar a las masas adormecidas, para que se presenten puntuales a la cita el día mágico: sólo cuando concretamente atacamos lo existente conseguimos arrancar pedazos de libertad, aunque sólo sea por unos pocos momentos, nos liberamos de las cadenas impuestas por la cotidianidad y por la ley.

Nuestra lucha debe ser violenta, sin compromisos, sin posibilidad de mediaciones ni vacilaciones: la acción directa destructiva, el único medio que deberíamos utilizar para relacionarnos con cuanto nos oprime. Pero las cosas, como sucede siempre en la realidad, son un poco más complicadas, por desgracia, la sola acción no es la panacea de todos los males que aquejan a nuestro movimiento. Aunque esté absolutamente convencido de que ningún acto de revuelta es inútil o dañino, pienso que es fundamental preguntarse sobre la proyectualidad que las generan y, sobre todo, sobre el significado que le dan aquellxs que las realizan. El acto mismo puede asumir significados muy diferentes si se concibe desde una óptica de ataque o de defensa. Voy a tratar de explicarme con un ejemplo práctico, en el Valle de Susa, el año pasado, asistimos a un incremento positivo de las prácticas del sabotaje en la lucha contra el TAV, perfecto, si en las intenciones de quienes han realizado tales acciones está el intento de afirmar claramente que no está en juego la simple construcción de una línea ferroviaria, sino la necesidad de atacar y destruir todo el sistema tecno-industrial que lo diseña. Otra cosa es si el sentido es el que se puede leer en algunos comunicados del movimiento NO TAV o, lo que es aún más desconcertante, en el Nº 5 de Lavanda, hoja redactada por algunxs compañerxs que participan en esta lucha. Tales acciones se podrían interpretar como el último recurso de un pueblo que ya ha utilizado todos los medios de presión posibles (y pacíficos…) sin obtener la atención de los que gobiernan. Estoy convencido de que tal interpretación banaliza cualquier aspecto positivo y revolucionario de tales actos, de hecho, sugiere que si el poder fuera más “razonable”, si estuviera más abierto al diálogo, existiría la posibilidad de “convencerlo” para mitigar sus aspectos más nefastos.

La acción directa expresa todo su potencial de liberación sólo cuando se concibe desde una óptica de ataque. No golpeamos al enemigo porque el disgusto por su última fechoría nos resulta insoportable, sino porque queremos ser libres aquí y ahora. No necesitamos justificaciones para golpear, simplemente no podemos aceptar vivir una vida carente de significado como simples engranajes de este sistema mortal. Debemos ser nosotrxs quienes dictemos los momentos de la lucha, hay todo un mundo que demoler y las posibilidades de derrotar al monstruo tecnológico se hacen cada vez más pequeñas en proporción a su desarrollo.

Cuando hablamos de acción directa hablamos de nuestra vida pues nuestro rechazo a lo existente no es una moda, sino algo mucho más profundo, en el que ponemos en juego toda nuestra existencia. Por este motivo, encuentro verdaderamente irritante cuando nos referimos a cualquier tipo de acción, diciendo que “era lo mínimo que podíamos hacer”. Estoy convencido de que no existe nada mínimo que se pueda hacer contra aquello que nos oprime, no podemos autoimponernos límites en la acción, esta debe ser sin restricciones como nuestra sed de libertad. Si nos encontramos frente a un explotador asesino con uniforme etc., y se decide mancharle el vestido con pintura, eso no es lo mínimo que se podía hacer, sino simplemente lo que nosotrxs hemos decidido hacer. Esto, probablemente, está dictado por una serie de análisis que, en lugar de dar mayor fuerza a nuestra acción, no hace más que minimizarla: “la gente no nos entendería, no debemos dar un paso más que los demás, se necesita empezar por acciones pequeñas que son fácilmente reproducibles”, etc.

Naturalmente, se trata de consideraciones que necesitarían un trato más profundo y espero que haya forma de volver a esto y discutir seriamente, lo que ahora quiero decir y a lo que debemos aspirar siempre es a hacer lo máximo que nos consientan nuestras habilidades. Cuando actuamos, deberíamos hacerlo esencialmente por nosotrxs mismxs y de la manera más resuelta, no somos distintxs a aquellxs que de manera innegablemente autoritaria llamamos “gente común”, cualquier cosa que hagamos la puede replicar cualquier persona, siempre que alimente nuestro propio deseo de destruir la autoridad. No debemos buscar convencer a las masas de la bondad de nuestra tesis, sino buscar cómplices que quieran participar en la obra de demolición. No tenemos que tener miedo de nuestro odio, sino lanzarnos a la acción conscientes de que el enemigo no duda ni un segundo en su guerra contra la libertad.

Estas notas están dictadas más que desde la aspiración a desarrollar quizás cualquier análisis teórico innovador, desde el simple deseo de tratar de compartir la idea de la necesaria centralidad, en la vida de todx anarquista revolucionarix, de la práctica de la acción directa destructiva. Todo cuanto acabo de decir sería sin duda obvio si no hubiera tantxs compañerxs que consumen sus fuerzas, dando vueltas como peonzas, en un activismo carente de toda proyectualidad realmente revolucionaria, marcado por las heridas del asistencialismo y del oportunismo. Sin embargo, ya existen antídotos para todo esto: organización informal, nihilismo, individualismo, rechazo de líderes más o menos carismáticos, rechazo de extra poder asambleario, comunicación a través de la acción. Se necesita volver a mirar lo que está sucediendo en todo el mundo igual que históricamente siempre han hecho lxs anarquistas, enemigxs de toda las fronteras, y nos daremos cuenta de cómo compañerxs de todas las latitudes están experimentando con nuevos modos de acción, liberémonos de los grilletes de las llamadas luchas sociales para lanzarnos sin frenos al asalto del existente. Tenemos que redescubrir la alegría de actuar, dejar de limitarnos a una búsqueda ilusoria del consentimiento popular; sin tantos… teóricos, nuestro objetivo debe ser, simplemente, el de destruir lo que nos destruye. Liberémonos de la política incluso en su declinación antagonista, debe quedar claro que no luchamos por un futuro brillante, sino por un vivir, aquí y ahora, la anarquía debería ser en primer lugar un hecho individual que afecte a toda nuestra vida: debemos conspirar, alimentar cada pequeño fuego que pueda incendiar toda la pradera, atentar con todos los medios contra el orden, civilizado y tecnológico, que el sistema trata de imponer. En esta lucha debemos utilizar todas las armas que tengamos a nuestra disposición, en primer lugar las que no faltan en el arsenal de cada anarquista: la voluntad y la acción directa destructiva.

Fray Nicola de Ferrara [Nicola Gai]
Cruz Negra Anarquista, Aperiódico anarquista, nº 0, abril de 2014 Pág. 2-3.