Frente a la derecha rearmada, reanimar la izquierda desde lo libertario

Un bloque conservador a la ofensiva es el monstruo que nos esperaba tras el retroceso de un lustro de movilización popular que se inauguró en aquel ya lejano 15 de mayo de 2011. Y no parece que el monstruo vaya a detenerse, más bien al contrario. En unos días empieza el juicio al procés, en el que VOX es acusación particular, así que podemos esperar semanas en las que el foco mediático va a centrarse en un marco especialmente prolífico para la derecha. Lo cierto es que estamos en 2019 y, aunque hemos vivido una larga travesía de movilización descendente desde 2016, sin duda estamos mejor que hace una década. Los consensos que durante años han cosido fuertemente el régimen posfranquista se han roto. El rey y la constitución son herramientas para la derecha con una legitimidad mermada. El bloque conservador, que comparte todo él altavoces e ideas-fuerza, pretende cerrar las fugas de agua mediante el miedo, la apelación nacionalista y la creación del enemigo (los malos españoles, rojos, homosexuales y separatistas, y los migrantes). Este bloque conservador no es más que una respuesta autoritaria a un ciclo de luchas democratizadoras liderado por el feminismo, las mareas por los servicios públicos, la lucha contra los desahucios y por una vivienda digna, las protestas contra la corrupción, las movilizaciones de los pensionistas... Nos quedan las herramientas construidas en estos años, los saberes aprendidos y compartidos, los avances logrados. Como demuestran las huelgas llevadas adelante y ganadas en los últimos tiempos, tenemos fuerzas y capacidad para detener el reflujo y, con estrategia, plantar cara a los reaccionarios.

La izquierda parlamentaria (principalmente Podemos y sus confluencias) juega un papel contenedor de las opciones más regresivas, al menos mientras mantenga su apoyo electoral. A pesar de no haber logrado por el momento modificaciones legislativas en temas como la ley mordaza o políticas de vivienda y empleo, es de reconocer su papel en la caída del gobierno de Rajoy y en plantear cuestiones a raíz del pacto presupuestario con el PSOE (subida del salario mínimo, subida del impuesto de patrimonio, límites a la especulación en alquileres...). Su presencia ha colaborado en ocasiones a trastocar la agenda mediática, volcada a menudo sobre Venezuela o Catalunya, redirigiéndola a debates más propicios (vivienda, alquileres, feminismo, empleo...). Por supuesto, esto también habría sido imposible sin el trabajo de organizaciones sociales como PAHs o sindicatos de inquilinas y movimientos sociales como el feminismo o las luchas de los jubilados. Entre tanto, Podemos ha cometido errores varios, que junto a las peleas internas y al abandono de sus propuestas más radicales han contribuido a desmovilizar a distintos grupos de sus votantes. El último giro táctico de Errejón en la Comunidad de Madrid, buscando protegerse bajo el ala de Carmena de una derrota que se anticipaba más que probable, es un movimiento defensivo que apela a las clases medias y coacciona a las personas trabajadoras y a la izquierda porque carecemos de referentes políticos fuertes. Por mucho que se revista de un ejercicio de democracia y aperturismo (y tiene fácil hacerlo, dado el centralismo autoritario a la interna de Podemos) lo cierto es que Carmena representa para la izquierda madrileña el cesarismo, el desprecio por la democracia interna y una política social-liberal característica del PSOE. Repito que nuestro mayor problema es carecer de referentes políticos (no necesariamente electorales) que disputen y tensionen desde la izquierda. Y ahí tenemos trabajo que plantearnos. En el ayuntamiento de Madrid la Bancada municipalista trata de levantar una alternativa electoral, pero quizá haya que volcar esfuerzos más allá de lo inmediato para avanzar seriamente.

El último giro táctico de Errejón [...] apela a las clases medias y coacciona a las personas trabajadoras y a la izquierda porque carecemos de referentes políticos fuertes.

Al final tampoco podemos desligar buena parte de los problemas en Podemos a la falta de movilización social: Es cuando cunde el derrotismo y el miedo que crecen los desacuerdos, tal como ha ocurrido tras los resultados en Andalucía. Repetidamente se ha culpado a Podemos de vaciar las calles, pues bien, ahora somos los que apostamos por el poder popular quienes debemos mirarnos el ombligo. Algo debemos estar haciendo mal quienes consideramos que es el pueblo organizado quien debe liderar los procesos de cambio si eso no está ocurriendo. Hay que reorganizarse y construir referentes mediáticos y liderazgos populares en los movimientos sociales, y dejar de culpar a la socialdemocracia de su papel, siempre previsible. El camino de criticar al otro para excusar nuestras debilidades es un camino que no nos lleva a nada.

Respecto a las organizaciones sociales revolucionarias, han experimentado un crecimiento indudable en la última década. Gracias al empuje del feminismo, los sindicatos revolucionarios convocaron con éxito una jornada de Huelga General el pasado 8 de Marzo, pro primera vez sin contar con los sindicatos mayoritarios. A pesar de los conflictos internos en las centrales sindicales, a los que habría que dedicar un artículo aparte, éstas han incrementado su afiliación y su militancia en los últimos tiempos. Hemos vivido huelgas importantes contra empresas como Deliveroo, Amazon, o las VTCs. También se han constituido sindicatos barriales que cubren problemas locales de trabajo y vivienda, si bien su relación con los sindicatos clásicos está aún por determinarse, y no estamos en condiciones de duplicar esfuerzos o malgastar fuerzas. De todos modos, aún queda mucho por hacer para instalar en la sociedad española una cultura sindical y militante. Como referente, el feminismo sí ha logrado impulsar un cambio importante en el sentido común de la sociedad, instalando en la mayoría social una perspectiva feminista que será dificil de alterar a pesar del rearme ideológico machista y reaccionario. Además, las mujeres se han dotado de asambleas en barrios y pueblos de toda la península, así como a la interna de las organizaciones sociales, demostrando una capacidad organizativa y un empuje ejemplares. Este trabajo organizativo, que contribuye densificar la red popular, es fundamental y anticipa beneficios inmediatos, por ejemplo, en la unidad de acción entre centrales sindicales lograda de cara al 8M.

uno de los objetivos prioritarios en el futuro a corto plazo es descubrir cómo mantener y ampliar dicha red popular desde el resto de frentes: vivienda, barrios, ecologismo, migración, antifascismo, juventud... Para ello hacen falta propuestas, liderazgo para implementarlas y un mayor esfuerzo organizativo

Sin duda alguna uno de los objetivos prioritarios en el futuro a corto plazo es descubrir cómo mantener y ampliar dicha red popular desde el resto de frentes: vivienda, barrios, ecologismo, migración, antifascismo, juventud... Para ello hacen falta propuestas, liderazgo para implementarlas y un mayor esfuerzo organizativo. Ante amenazas profundamente entrenlazadas como el fascismo, el capitalismo desatado o las previsibles crisis ecológicas no podemos permitirnos que esa red se deteriore.

Finalmente, como decíamos, en unos días comienza el juicio al procés. A falta de capacidad para desplazar el debate, Catalunya volverá a centrar el foco mediático. En ese marco, que nos fracciona a los libertarios y a toda la izquierda española, es importante responder con una propuesta capaz de dar respuesta al conflicto y de seducir a sectores amplios de la sociedad española y catalana. En el marco del conflicto territorial, los libertarios deberíamos recuperar la memoria del iberismo e incluso el republicanismo federal, apoyados además en el ejemplo que nos provee el confederalismo democrático en el Kurdistán. Los libertarios en España no podemos caer en el dogmatismo al oponernos a la ruptura que se plantea desde Catalunya (y dogmatismo es atacar al independentismo escudándonos en que defienden la creación de otro Estado), pues el proyecto confederal exige defender sin excusas el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Democracia, autodeterminación y confederalismo deben ser las ideas fuerza a ondear en este contexto, levantando un proyecto que reconozca el derecho a decidir del pueblo catalán, que pueda recabar apoyos diversos en la izquierda y que sirva de ariete contra la monarquía.

Esa perspectiva internacionalista de derecho a la autodeterminación debe aplicarse también a la situación geopolítica. Estamos viviendo un intento de golpe de Estado imperialista en Venezuela gracias al apoyo de gobiernos fascistas como el de Bolsonaro en Brasil. Ante esta situación, nuestra postura debe ser la solidaridad con el pueblo venezolano, la defensa del chavismo crítico firmemente socialista y la condena de cualquier intervención armada por parte del bando imperialista. La postura de injerencia tomada por distintos gobiernos, reconociendo a alguien no electo o bien exigiendo convocatorias de elecciones al gobierno electo, es inaceptable. Algunos esperarán ver a renglón seguido de estas líneas una condena del gobierno de Maduro, o algo en la línea equidistante que han mantenido (por desgracia) algunos compañeros esgrimiendo lemas como "Ni Trump ni Maduro". Esto demuestra la hegemonía de la derecha en nuestra visión sobre Venezuela. En España, en 1936, los militantes obreros de los que nos sentimos herederos tomaron las armas en defensa de la República, a pesar incluso de sucesos como Casas Viejas; y siguieron combatiendo bajo la bandera republicana incluso cuando el gobierno traicionó a la revolución, porque eran conscientes de lo que se jugaban si ganaba el enemigo. Hoy que ninguno vamos a jugarnos el tipo para defender por las armas a Venezuela, donde bajo el gobierno bolivariano florecen con relativo éxito las comunas y el poder popular, al menos tengamos la decencia de no entregar más munición argumental a la derecha.

En definitiva, el desafío de los próximos tiempos es recuperar los ánimos y establecer objetivos para recuperar el liderazgo de la izquierda. En lo organizativo, resulta urgente asentar las organizaciones políticas que apuestan por la democracia socialista y el poder popular (Embat, Apoyo Mutuo, la Federación Estudiantil Libertaria, entre otras): extenderlas por el territorio, establecer frentes prioritarios de lucha, impulsar un programa práctico de formación de militantes, optimizar una política de comunicación que construya referentes populares (tanto individuales como colectivos) y proyecte nuestro discurso. Estas organizaciones, que son hoy el germen del nuevo impulso organizativo libertario, deben contribuir a dinamizar los movimientos y organizaciones sociales, para lo cual se requerirá más pronto que tarde establecer una política de alianzas constructiva y transformadora, que nos permita engranar con el resto de la izquierda (Izquierda Castellana, Anticapitalistas, Endavant, Poble Lliure, PCE, Comunes, Podemos, Sortu...) en lo local y lo regional. Todo este trabajo nos permitirá a los anarquistas contribuir al movimiento popular y difundir el programa revolucionario en la misión de transformar el país. Esa contribución deberá concretarse en mejores prácticas organizativas y de lucha, en el paso de asambleas, colectivos y movimientos sociales a verdaderas instituciones populares que influyan positivamente en la vida de la mayoría de la gente. En resumen, hacer de los centros sociales, las asambleas de barrio, los sindicatos, los colectivos feministas, los medios de información alternativos, las asociaciones de vecinos, los pueblos ocupados, las organizaciones ecologistas, las empresas de la economía social y tantos otros espacios un poder popular democratizador y socializante. Esa es la misión en los tiempos que vienen: levantar institucionalidad popular, construir un pueblo fuerte, empujar en la transformación del país de acuerdo con el ideal anarquista, es decir, hacia una vía radicalmente democrática, confederal, feminista y ecologista; y tratar de hacer de este proyecto el centro del debate político. Sólo un amplio espacio popular transformador, con una base sólida sustentada en el poder popular, puede plantar cara a una derecha a la ofensiva.

Unidas podremos

La izquierda parlamentaria (UP) encontrado un primer techo electoral: 71 diputados y casi 5 millones de votantes progresistas. No creo que nadie de izquierdas pueda estar satisfecho, pero no es un mal resultado si se ve a la luz de lo que teníamos hace unos años.

El pesimismo es un enemigo. Las encuestas inflaron a la izquierda parlamentaria para que los resultados la desinflaran, pero hay que tener claro que se pueden llevar adelante medidas de izquierdas y transformadoras con este acumulado. Lo fundamental es ser estratégicos, tener altura de miras para no regresar a las prácticas cainitas y de fragmentación interna de la izquierda. El referente debe ser la unidad popular, siempre desde la heterogeneidad de tácticas y estrategias.

Sin ninguna duda, se han manipulado votos para beneficiar a PP y PSOE. A pesar de ello, sería un error considerar eso como el motivo principal de la derrota electoral. Hay una mayoría social conservadora que tenemos que combatir. Eso es una cuestión económica, cultural y sociológica. Está en nuestras manos cambiarlo, día a día.

El viaje al centro de algunos pudo ser más o menos acertado. Lo relevante ahora es rearmarnos: mejorar nuestros medios, nuestros argumentos, nuestras organizaciones, nuestras prácticas y propuestas. Tenemos que seducir, adquirir más presencia, influir, seguir denunciando las políticas neoliberales y las miserias del sistema capitalista.

Hay que convencer. Hay campañas abiertas en las que trabajar: amnistía social, remunicipalizaciones, 5 de la PAH... Hay que mejorar la comunicación, ir a las televisiones, disponer de nuestros medios. El activismo tiene que ir más allá de la movilización clásica.

Controlar los procesos productivos es una cuestión esencial de poder. Necesitamos un sindicalismo combativo, propositivo, en lucha. Hay que mostrar a los trabajadores que pueden y deben luchar por sus derechos con el objetivo de una democracia económica efectiva y plena.

Tenemos que ir a los pueblos y provincias, tener propuestas claras para la transformación de todo el país. Tenemos que aumentar nuestra presencia y llegar cada día a más gente, tenemos que ser audaces y ambiciosos.

Las mujeres tienen mucho que decir en este proceso. Los liderazgos femeninos han sido muy importantes para la izquierda parlamentaria una vez más. La movilización de las mujeres es condición necesaria para cualquier cambio en positivo.

En definitiva, no podemos permitirnos la ingenuidad de pensar que algo tan grande podía cambiarse de la noche a la mañana. La dinámica conservadora ha cambiado y, aunque hayan ganado, actúan sin ideas y a la defensiva. Hay que persistir, y eso pasa por mostrar a toda la población una alternativa de izquierdas con propuestas concretas y un modelo de país más justo y mejor para todas las personas.

Eso pasa también porque las tendencias más rupturistas sepamos hacer política en una línea que sume y ayude a avanzar, en lugar de restar y paralizar. Eso es lo que debemos ser capaces de liderar todos los compañeros libertarios: un proceso de empoderamiento popular capaz de impulsar el socialismo.

Hay camino por delante, avancemos.

A mi el tema de votar como que me la sopla un poco

O no mucho. No voy a repetir otra vez a mis lectores y lectoras frecuentes y ocasionales mi postura sobre las elecciones, pero para quienes no la sepan, pues sencillamente me resulta poco relevante el hecho de acudir a las urnas o no, ya que lo relevante está en la política del día a día que hagamos, o sea, en qué fregaos estamos metidos: militancia en el ámbito antirrepresivo, sindical, estudiantil, medio ambiental, cultural, vivienda, servicios públicos, suministros, etc, además de desarrollar nuestro propio proyecto político. Yo votaría de nuevo sin que esto suponga sentirme como si entregase mi alma al diablo o mordiese la manzana prohibida. De hecho lo hice en las pasadas elecciones, y en las municipales. ¿Y qué? Vale, sí, he legitimado el juego democrático-liberal y todas esas milongas, pero en verdad, el sistema no adquiere legitimidad solo porque votes, sino que esta legitimidad viene, primero, de la hegemonía política del parlamentarismo que ha logrado imponerse como único sistema político posible, y luego, de la carencia de proyectos políticos posibles que respondan a problemas actuales por nuestra parte. Y la legalidad está hecha precisamente para blindar esa legitimidad, para casos en que esa letra nos la tengan que entrar con sangre. Una abstención del 100% es un sueño húmedo para utopistas, y una abstención del 80% tampoco haría que el sistema se tambalease porque simplemente no hay alternativas a él y se formaría gobierno con esa "mayoría" salida del 20% de votos.

En verdad, yo me canso de ver siempre la misma campaña por la abstención activa calcada de años anteriores sin ninguna propuesta interesante o programa más allá de no votar. Qué irónico que digan que la abstención activa se hace todos los días y solo hagan ruido con ella en tiempos de elecciones. No es inercia, qué va, es estrategia clave sin duda. No como la idea reformista del "votes o no, lo importante es que los derechos se consiguen luchando" o algo así. Porque lo revolucionario es no dar un palo al agua el día de las elecciones. Si vas a votar, dejas de serlo y pasas a ser un vulgar ciudadano borrego que hace cosas normales como trabajar, estudiar, jugar a la PlayStation, irse de bares a ver el fútbol, emborracharse, tener amigos y amigas normales... Y como ser normal es pecado, qué mejor que vivir "como anarquista" haciendo "cosas anarquistas" como autofelarse y verlo todo "desde la perspectiva anarquista". Y una mínima crítica a la postura abstencionista te convierte autómáticamente en ciudadano que delega sus responsabilidades.

¡Alerta spolier! Esta me la sé: pedir datos sobre qué haces en tu vida militante que no sea escribir en este sitio web. ¿En serio tengo que hacerlo como si fuese la declaración de la renta? Mi vida real no la tengo por qué contar por Internet así por así alegremente. Me la reservo para mis amistades en la vida real o para aquellas personas con las que haya establecido una relación de confianza recíproca.

Volvamos al hilo y con un poco más de seriedad. La gente no vota porque sí, como un acto involuntario o porque siga un rito. La mayoría de quienes deciden votar lo hacen porque están de acuerdo con el programa político de su partido o el que considere el más adecuado o vota nulo porque ningún partido les cae bien y meten un chorizo en el sobre. La cuestión por el cual Podemos está consiguiendo apoyos desde los movimientos sociales es que han sabido traducir ese descontento en programas políticos que contienen planes para mejorar la situación inmediata. Otra cosa es la vía en que hayan escogido para implementar su programa. (Aviso a navegantes: un programa político no tiene por qué ser electoral, simplemente es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar por la organización política o partido que lo haya realizado) .Así pues, no tiene sentido repetir una y otra vez lo mismo de siempre sin tener detrás hojas de ruta, ni programa político ni estructura (diversas organizaciones que trabajan en diversos campos y niveles bajo un programa común). Si no tienes proyecto político materializado en un programa que marque las líneas estratégicas a seguir en aras de lograr imponerse como alternativa al neoliberalismo y llamas a la abstención, es como quienes se manifiestan en defensa de un concursante de Gran Hermano. Sin embargo, si tienes ese proyecto político y llamas a la abstención activa, tendrá sentido dependiendo de la coyuntura y las relaciones de poder entre las diferentes fuerzas políticas en el escenario, entre ellas la tuya. Y si llamas a votar a X coalición o partido, también dependerá de los factores mencionados, con posibles finalidades como desplazar el debate político más a la izquierda o contar con un mapa político del país más favorable a la construcción del poder popular, y por ende, para avanzar en la materialización de tu proyecto político. En todo caso, los análisis de coyuntura determinarán las líneas estratégicas a seguir acorde al proyecto que se desee implementar.

Sabemos de sobra que desde los parlamentos no se va a cambiar el sistema, prueba suficiente lo tenemos con Syriza, por ejemplo, pero no todo se reduce a la política paralamentaria. También habrá que tener en cuenta las influencias que tiene la configuración del mapa político parlamentario en los medios de comunicación y en la sociedad. Así pues, una victoria o un ascenso de partidos a la izquierda del PSOE podría desplazar el discurso centro-derechista hegemónico del país, lo que significa una oportunidad para empujar más desde abajo y a la izquierda. Por otro lado, en el caso de que se haya formado un gobierno progresista, existe el riesgo de la desmovilización al extenderse la idea de esperar a que cumplan los programas electorales en vez de continuar con la política del día a día. Y en el peor de los casos, que el caso del fracaso electoral de las izquierdas genere un ambiente de desilusión dando la sensación de que todas las esperanzas de mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora se desvanezcan y el fascismo sea el que recoja ese descontento. Estos puntos serían las posibles derivas y consecuencias de la ausencia de un proyecto político libertario como alternativa real a la Europa del capital, como proyecto que devuelva nuestra soberanía popular pisoteada por el capitalismo global y los Estados que lo imponen.

Personalmente, no haría campaña en favor de ningún partido, pero tampoco me interesa posicionarme como un amargado con su discurso anti-todo o repetir el mismo mensaje de los años '90. Más que nada, porque necesitamos ahora mismo consolidar nuestro proyecto político y dejarnos de tonterías como la identidad, la pureza ideológica, de si es anarquista/revolucionario o no una cosa u otra, debates infinitos sobre cuestiones banales, mitología del '36... para hablar de programas, líneas estratégicas, alianzas, soberanía popular, luchas sociales, hojas de ruta y todos aquellos temas que nos afecten como clase trabajadora de todos los géneros, de todas las edades, etnias, afiliación política/sindical/religiosa... Pues eso, que a mi lo de votar como que me la sopla un poco. Si me levanto vago un domingo o lo tengo ocupado o me queda lejos el colegio electoral, paso de votar. De lo contrario, si no tengo nada que hacer y me da por echar el voto, lo haría.

Enlaces del mes: Julio 2015

Imprescindible el texto de El Critic para empezar a salir del atolladero en que se ha metido la izquierda por sus propios pecados: Estetización, alejamiento de las clases populares, soberbia sectaria, falta de autoconfianza y de un discurso coherente...

Tras el sometimiento de Tsipras a las condiciones de la Troika, ¿Qué queda para Grecia? El artículo se pregunta si ha llegado la hora de hablar de Revolución. Pero puestos pensar la Revolución ¿Es posible en Grecia? La falta de organización revolucionaria, de programa, de condiciones materiales que permitan socializar el país sin condenar a muchos a la pobreza parece dar como resultado que esa imaginaria revolución no sólo tiene pocas posibilidades de realizarse, si no también escasas probabilidades de resultar un éxito.

La CNT ante su nuevo congreso, en palabras de su Secretario General, debe adoptar una estructura organizativa operativa para los tiempos actuales. También habla, afortunadamente, de recuperar el anarcosindicalismo como una herramienta para la mayoría de personas. Así es, el sindicalismo de intención revolucionaria debe aspirar a organizar a toda la clase trabajadora sin excusas, comprometerse con cambios sociales radicales desde una visión estratégica y decidida, sin refugiarse en ningún tipo de excusas.

El mundo del rock no sólo se ha convertido en un refugio del consumismo, también en un pilar principal que refuerza la cultura patriarcal. Son anecdóticos los casos de grupos con presencia femenina e, incluso en estos casos, su presencia se proyecta contribuyendo al imaginario sexista. Así, la cultura rockera constituye un ejemplo más de terreno de libertad y contestación cultural que se dedica a impulsar el machismo.

Sobre la diversidad de tácticas y estrategias y la capacidad de conectarlas en un movimiento popular coherente y capaz de avanzar nos hablan en Borroka Garaia Da.

Frank Mintz argumenta en el boletín Cultura Libertaria cómo los tiempos de la lucha vienen marcados por la mayoría social, frente a las aventuras insurreccionales de algunos que quieren acelerar violentamente el curso histórico ejerciendo de vanguardia proletaria, y también frente a quienes se empeñan en la estrategia del pacto y la negociación.

¿Por qué no se lucha?

Mucha gente no se puede explicar cómo no hay una gran movilización social con seis millones de parados, la economía a pique, una reforma laboral que dinamita derechos laborales fruto de antiguas luchas, una ley de educación que acaba con la igualdad de oportunidades, la privatización de la sanidad, la supresión de políticas sociales, etc, etc., con la previsión de que va a peor. Todo tiene una explicación que apunta a la crisis de la izquierda.

Oigo decir “¡nadie hace nada!”, “hay que movilizarse”, “con la que está cayendo y aquí todos tan tranquilos”… Por otra parte grupos organizados se quejan de que convocan manifestaciones, actos de protesta y los afectados no van. ¿Por qué?. Es lo que nadie quiere analizar.

Desde mi punto de vista son tres las causas de esta situación.

1.- Las luchas reales siempre son por los demás, no por lo que le afecte a uno. Una situación personal puede abrir la conciencia a los problemas sociales, pero no puede ser el motor de la lucha. De esta manera se defienden privilegios, por muy loables que estos sean. Por tal motivo no podemos buscar la excusa de que los parados no luchan; ¡no pueden!, como no puede un herido en el campo de batalla. Es un planteamiento absurdo pedir que actúen los que sufren dramáticamente las decisiones políticas, las mismas que acomodan a quienes se indignan sin má, sobre todo para no sentirse culpables.

Todas las luchas a lo largo de la historia han sucedido gracias a personas privilegiadas conscientes de las injusticias, conciencia que muchas veces no tuvieron las víctimas. Quienes se han rebelado han luchado para conseguir algo, en favor de un nuevo modelo de sociedad. No para meramente protestar. Pero un modelo educativo, mensajes permanentes en los medios de comunicación en favor de la competitividad a lo largo de muchos años ha hecho mella, se ha creado un individuo egoísta como característica fundamental. Pero no el egoísmo de toda la vida propio de la especie humana, sino que se ha tecnificado de tal manera que se ha convertido en la ideología dominante, en una mentalidad que abarca todo. Hay gente con su pancarta contra el gobierno que va a la manifestación después de cumplir con su horario de trabajo. Y lo llama responsabilidad. No arriesga. No se la juega. Su puesto de trabajo por encima de todo. Entonces no hay lucha, sino egoísmo disfrazado.A lo que se responde “y porque tengo yo que…”.

Y lo más grave es que los partidos políticos, cuanto más a la izquierda más actúan en favor de sus intereses de partido, sobre estrategias electorales, para salir en los medios de comunicación, radicalizan mensajes, consignas, pero sin luchar, se limitan a ver cómo aumentan perspectivas electorales o rebañan votos de los colectivos sociales con los que “participan”. Sus acciones se basan en manifestaciones, coger firmas y salir en los medios de comunicación. Ésta es la gran crisis, la falta de respuesta.

Lo expuesto ha hecho que no haya espíritu de lucha. Es necesario recuperarlo, sin poner trabas y frenos pensando que hacer cualquier cosa es imposible, porque depende de la voluntad y del conocimiento de las cambios sociales a lo largo de la Historia.

2.- Toda lucha que se haga ha de tener en cuenta y como primer punto a los más desfavorecidos. De otra manera toda reivindicación pierde su fuerza moral, base ésta para vencer en la lucha. Se sale porque han rebajado las inversiones en investigación, porque han suprimido una paga extraordinaria a los funcionarios, porque suprimen las juntas vecinales, etc… Todo lo cual en caso de lograr que se mantenga ¿qué soluciona a quien nada tiene que llevarse a la boca?. Es el cinismo y la perversión de todas las movilizaciones actuales, es lo que apagó el aldabonazo del 15M, la manifestación del egoísmo social y una izquierda a la deriva. Toda movilización, ¡toda!, desde stop desahucios, a las protestas por el cierre de fábricas o de las minas deben exigir en primer término  que no haya nadie sin recursos para vivir, lo cual no es posible mediante el empleo. De lo contrario son protestas parciales que pueden beneficiar a unos pocos discriminando a la inmensa mayoría de los que no sufren el problema por el que luchan y menos a quienes viven en la miseria. Exigir la Renta Básica, en principio para los más desfavorecidos, sin recursos, individualmente e incondicional, para evitar su explotación y humillación como se hace en la actualidad es una condición sine que non. Sin embargo convertimos a las víctimas en chivos expiatorios, son los vagos, no quieren trabajar, o que se busquen la vida… Otros asuntos también son importantes, pero se han de integrar a una lucha global por más democracia y la abolición de la pobreza y el malestar. Es decir: si no hay un horizonte de un nuevo modelo social en cada paso que se dé, son fuegos artificiales. Lo cual hace que le derecha se mantenga y una izquierda progre se derechice a pasos agigantados.

Una cosa es luchar y otra protestar. La lucha va al corazón del sistema, el cual ha de ser analizado, no vale inventar fantasías ni las obsesiones sin sentido de un partido (como defender el pleno empleo). Hay que ir a las causas actuales, no a las de antaño, y menos quedarnos en arremeter contra los síntomas, pues si permanecen las causas aunque se elimine un síntoma aparecen otros.

y 3.- No haber luchado a tiempo. Los problemas se van fraguando y si no se reacciona crecen y cuanto más grande más se normaliza y más difícil es reaccionar. A la vez carecer de unas propuestas por las que luchar, hace que las movilizaciones sean siempre a la contra. La ley Wert de educación es terrible, pero es la consecuencia de las anteriores, del plan Bolonia, de basar la enseñanza en los exámenes, de no diversificar modelos pedagógicos adaptados a las diversas inteligencias de la juventud, etc. Con la reforma laboral otro tanto.Sin una propuesta que defender no hay impulso para la lucha, porque ¿para qué?, ¿para volver a la ley anterior?…

Son necesarias propuestas por las que luchar, pero la izquierda, en todo su espectro, ha caído en el inmovilismo de ideas y como consecuencia lleva al inmovilismo social. Cuando se dice que nadie se mueve es un error, porque la cuestión es quién comienza una lucha seria hasta sus últimas consecuencias, con objetivos claros.

Por ejemplo es necesario plantear que la deuda se pague con el dinero que la ha creado. Establecer por lo tanto el embargo de las fortunas de políticos y empresarios que se han enriquecido con el dinero público, de los políticos convertidos luego en asesores de empresas e instituciones que se han llevado en conjunto, año tras año, ese el dinero que hoy da lugar a la deuda, la cual los gobernantes quieren resolver mermando los servicios públicos y bajar el poder adquisitivo de los trabajadores. Desde ex presidentes de gobierno, diputados, ministros, alcaldes y concejales, consejeros y diputados de comunidades autónomas y diputaciones se han enriquecido con inversiones erráticas que han producido los grandes beneficios. Es aquí donde está la deuda pública.

Una vez queda embargado el dinero que ha ocasionado la deuda pública poner en la mano de la ciudadanía el 20% del mismo del PIB, en forma de la Renta Básica Universal. De lo contrario políticos sin escrúpulos se lo seguirán llevando con la connivencia de empresarios de proyectos chorras como Urdangarín, constructores, directivos de empresas farmacéuticas, empresarios mineros, empresas de abastecimiento. El dinero público sólo puede ser para empresas públicas, nunca para el beneficio de empresas privadas.

Mientras que esto no se plantee y se haga una estrategia para vencer con el apoyo social, no es posible emprender la lucha necesaria para decir ¡al ataque!, y empezar. 

Ramiro Pinto

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