El marxismo que no nos contaron (II)

Bolchevismo antileninista (denominación de origen: la URSS).

La revolución llamada de octubre, ciertamente, fue una iniciativa de la facción bolchevique del POSDR, pero dentro y fuera de las filas bolcheviques y del partido se entendía que habían actuado como vanguardia y que la revolución entendía estar al servicio de toda la clase trabajadora del imperio ruso y aun del conjunto de la población en general. De la vanguardia al conjunto hay mucha distancia, bien lo sabemos, y pronto se vio que, aunque el levantamiento apenas había suscitado oposición violenta en el momento, existían sectores contrarrevolucionarios y un grandísimo sector sin participación política. Este sector, capaz de ver la revolución con actitudes muy distintas (simpatía, indiferencia, rechazo), todas ellas básicamente pasivas, es un gran ejemplo de cómo las mayorías silenciosas escriben la historia cediendo su responsabilidad a minorías. La vanguardia bolchevique tendría que gestionar la primera URSS condicionada por esa población ambigua, la oposición interior de sectores contrarrevolucionarios –puramente zaristas, simples conservadpres o bien nacionalistas antirrusos de distinas partes del imperio–, la oposición exterior (de la triple alianza germano-otomano-austrohúngara hasta el tratado de Brest-Litovsk y luego, de la entente franco-británica apoyada por Polonia, EEUU, etc.) y los cambios tácticos de sectores revolucionarios no bolcheviques, como las mencheviques, las social-revolucionarias (también llamadas eseristas) o las anarquistas.

Esto, dentro de la propia facción bolchevique llevaría a un sector a posicionarse contra Lenin y sus apoyos, no sólo por sus políticas, sino por la forma dirigista de llevarlas a cabo. Fue el caso, por un lado, de los llamados «centralistas democráticos», o «decistas» («leninistas contra Lenin», dirán algunas más tarde, como V. Smirnov, T. Sapronov o V. Obolenskiy-Osinskiy), por poner el énfasis en este principio, frente al liderazgo de personas como Lenin o a la liquidación de la iniciativa local en nombre del seguidismo con las propuestas del gobierno de Moscú. Por el otro, fue también el caso de la Oposición Obrera, de la que formarían parte en 1920-1922 activistas destacadas como Alexandra Kollontai, Sergei Medvedev y, sobre todo, Alexandr Shliapnikov. Este, obrero, veterano del POSDR y bolchevique de la primera hora, se encontró defendiendo en minoría, desde finales de 1919, un mayor poder para los sindicatos («Tesis de la Oposición Obrera», texto firmado por una treintena de cuadros medios) y una mayor presencia de trabajadoras en la dirección del partido, frente a la hegemonía de las intelectuales; igual que se encontraría en minoría en los IX y X congresos del partido (marzo de 1920 y de 1921, respectivamente). No obstante, sus tesis fueron publicadas en el diario oficialista Pravda de cara a este último y agitaron el debate interno en el partido.

Si estas corrientes se vieron sometidas a una hostilidad que se convirtiría luego en persecución, aún peor fue en el caso del Grupo Obrero. Aglutinado a comienzos de 1923 en torno a N. V. Kuznetsov, P. B. Moiseiev y, sobre todo, Gavril Miasnikov, su historia tiene mucho que ver con la trayectoria de este. Veterano y exaltado revolucionario, menos prominente que los líderes decistas o los de la Oposición Obrera, tanto por falta de un cargo similar a los de sus líderes como por su base provinciana (en los montes Urales), Miasnikov no quiso criticar a Lenin y cía. en el IX congreso, en el que participó, pero acabó haciéndolo al volver a su tierra.

No quiso alinearse con la Oposición Obrera, considerando que los sindicatos no habían superado sus tendencias negativas (economicismo, reformismo) y que lo necesario no era un mayor poder de los sindicatos, sino una reapropiación de los soviets por las bases, incluido el campesinado, respecto del cual la Oposición desconfiaba mucho. Quizá como castigo había sido destinado a Petrogrado –actual Sant Petersburgo–, donde acabaría hartándose del arribismo que percibía en el partido y la apatía entre la población (estamos hablando de 1920), como hizo saber al líder local (Zinoviev). Amenazado con la expulsión del partido, esto no hizo más que acentuar su defensa de la libertad de expresión, tema daría que hablar en la polémica que mantendría con el propio Lenin (verano de 1921).

Entretanto, en marzo de 1921 había estallado la rebelión de Kronstadt y el joven régimen, incluida su oposición, se vieron sometidos al dilema de cómo posicionarse. El orgullo de las revoluciones de 1905 y 1917, los marinos de la base naval de Kronstadt (véase la foto), no eran pese a todo muy representativos de aquella revolución vanguardista: generalmente de origen campesino, estaban muy politizados y en muchos casos eran estonios, letones o finlandeses, además de que una parte estaban allí en calidad de forzados por haber desbordado al Estado por la izquierda (majnovistas ucranianos, eseristas de izquierdas, etc.). Su programa de protesta, no lo olvidemos, reclamaba la uniformidad de las raciones de comida de toda la población (recientemente reducida, cosa que no perjudicaba tanto a los marinos de Kronstadt como a otros sectores), la libre producción de aquellas campesinas y artesanas que no tenían trabajadoras asalariadas y otras medidas de carácter más político: libre expresión para trabajadoras y revolucionarias, fin de la fiscalización política del partido sobre la tropa, el fin de la propaganda política del Estado, etc.

La vecina Petrogrado estaba viviendo la agitación de sucesivas huelgas y aquel levantamiento, condicionado precisamente por el rumor de que la represión de aquellas huelgas había sido más grave de lo que fue, no ayudaba. El paso de los marinos de presionar al partido a hacer prisioneros a aquellos que eran más fieles al partido que a sus compañeros convertiría el pulso en una insurrección; los líderes irían más allá de lo votado por la aplastante mayoría y esta no intentaría evitarlo, las anarquistas soviéticas intentaron mediar entre ambas partes, sin conseguir siquiera que las insurrectas confiaran en ellas.

Como a menudo ocurre en política, la apuesta fue a doble o nada: la rebelión de Kronstadt, sin casi apoyo de la población obrera, aislada por su posición geográfica y aislada políticamente por la falta de movilización organizada fuera del partido y por el rechazo de todo este, incluidas las decistas y la Oposición Obrera, recuperada para colmo por la propaganda contrarrevolucionaria, no facilitó una rebelión en Petrogrado que ampliara la revolución, así que la falta de reacción en esta ciudad facilitó la represión de Kronstadt, aislada del resto de la Unión, cosa que a su vez contribuyó a apagar las movilizaciones en Petrogrado.

Aplastada Kronstadt, pacificada Petrogrado, la oposición organizada se iría apagando y la espontánea nunca llegaría a ninguna parte. A principios de 1922, Miasnikov sería apoyado en su derecho a la libre expresión por la Oposición Obrera en la «Carta de los veintidós» a la KomIntern, pero dicha carta sería desautorizada, por recomendación de Clara Zetkin, Marcel Cachin y Vasil Koralov, como un «arma en contra del partido y de la dictadura del proletariado». Obviamente, no se trataba de otra cosa más que de la vieja concepción castrense, jacobina, anterior a Blanqui, de la revolución como obra de una vanguardia, minoritaria pero más ilustrada que el resto de la sociedad. Faltos de base social, los distintos grupos irían desapareciendo según la presión política en el partido y la presión represiva por lo demás neutralizaban a sus líderes, igual que la propia URSS desaparecería décadas después, demolida desde dentro. Así, a partir de 1922-1923, las decistas se unirían al polo trotskista (primero Oposición de Izquierdas, luego Oposición Unida, etc.), políticamente confuso, la Oposición Obrera se desactivaría y el Grupo Obrero, que precisamente en esta época se configuraba como tal, sería exitosamente aniquilado en la cuna con la persecución de Miasnikov: exilio, cárcel, confinamiento, ...

Con la gran purga stalinista, no sólo sería asesinado Trotski en su exilio mexicano (1940), sino que los pelotones de fusilamiento darían buena cuenta ya antes, sobre todo en 1936-37, de los demás verdugos de Kronstadt (Zinoviev, Kamenev, Tujachevskiy), de la majnovshina y demás, igual que darían cuenta de las opositoras que persistían (todas, salvo Kollontai, que se había reciclado exitosamente como diplomática): Smirnov, Sapronov, Obolenskiy-Osinskiy, Shliapnikov, Medvedev, ...

La posibilidad de un marxismo soviético fuera del «ordeno y mando» quedaba liquidada y la URSS seguiría cavando su propia tumba mientras sus dirigentes seguían maquinando unas contra otras (el mejor ejemplo sería la ejecución de Lavrentiy Beriia, tecnócrata represivo y mano derecha de Stalin, poco después de la muerte de este en 1953 y del llamado «juicio de Praga» o «caso Slánský»).

¿La Tercera Revolución? Resistencia campesina al gobierno bolchevique

Traducido por @blackspartak

Nick Heath

Durante la Guerra Civil en Rusia, el gobierno de Lenin tuvo que afrontar varios levantamientos predominantemente campesinos que amenazaron con derrocar el régimen. ¿Puede justificarse la acusación de que estaban dirigidos por kulaks (campesinos ricos), respaldados por la reacción Blanca, con el apoyo de los campesinos más pobres, inconscientes de sus intereses de clase? ¿O era, como algunos oponentes del bolchevismo por su izquierda defienden, el comienzo de la “Tercera Revolución”?

Todos aquellos que realmente llevan la revolución social en el corazón deben deplorar la fatal separación que existe entre el proletariado de las ciudades y el del campo. Todos sus esfuerzos deben enfocarse a destruirla, porque todos nosotros debemos ser conscientes de ella – que en tanto a que trabajadores de la tierra, los campesinos, no sean apoyados por los trabajadores de las ciudades en una acción revolucionaria común, todos los esfuerzos revolucionarios de las ciudades estarán condenados inevitablemente al fracaso. Toda la cuestión revolucionaria está ahí; debe ser resuelta o perecerá.

- Bakunin, de las Obras Completas "Sobre el Pan-Germanismo Alemán".

El marxismo ortodoxo despreciaba el papel revolucionario del campesinado

Según el marxista alemán Karl Kautsky, el pequeño campesinado estaba condenado. Era tácticamente útil movilizar las masas campesinas. En su Cuestión Agraria, defendía que los objetivos a corto plazo de los campesinos y de las clases medias, sin mencionar los de la burguesía, eran opuestos a los intereses de toda la humanidad comprendida en la idea de la sociedad socialista. “Cuando el proletariado [queriendo decir clase trabajadora industrial] llega a probar y explotar los logros de la revolución, sus aliados – el campesinado – se volverán ciertamente contra él [...] El camuflaje político del campesinado lo priva de cualquier papel activo y le impide lograr su propia representación de clase [...] Por naturaleza es burgués y muestra su esencia reaccionaria claramente en ciertos campos [...] Es así porqué la propuesta ante el congreso que habla solo de la dictadura del proletariado apoyado por el campesinado [...] El campesinado debe ayudar al proletariado, no el proletariado al campesinado, en el logro de sus últimos deseos.” (Leo Jogiches “La dictadura del proletariado apoyado por el campesinado” en el Sexto Congreso del Partido de los Social-Demócratas de Polonia en 1908). Y siguiendo las discusiones del congreso se afirmaba que “el campesinado no puede jugar un papel autónomo junto al proletariado, al que los bolcheviques se han adscrito.” Rosa Luxemburg compartía la desconfiaza de Jogiches hacia el campesiando y sólo podían verlo como una fuerza reaccionaria.

El propio Lenin, extremamente flexible a nivel táctico, y extremamente rígido a nivel ideológico, era consciente de que lo que estaba haciendo cuando el Partido levantaba el lema de la dictadura del proletariado y el campesinado. Después del triunfo bolchevique “sería entonces ridículo hablar de la unidades de las voluntades del proletariado y del campesinado, de poder democrático [...] Entonces tendremos que pensar en la dictadura de los socialistas, de los proletarios”. (Dos tácticas de la Social Democracia en la Revolución Democrática, 1905).

Por su parte Trotsky tenía una actitud más dura hacia el campesinado, y no estaba convencido sobre una alianza temporal con él: “El proletariado entrará en conflicto no sólo con los grupos de la burguesía que apoyaron al proletariado durante la primera etapa de la lucha revolucionaria, sino también con las grandes masas de campesinos” (1905, escrito en 1922).

Los bolcheviques definían los “kulaks” como campesinos ricos capaces de vender sus productos en el mercado así como producirlos para su propio uso, capaces de emplear trabajadores asalariados y de vender el exceso de sus productos. Se los veía como representantes de los elementos reales de la pequeña burguesía en el campo, listos para desarrollar la agricultura con los avances capitalistas. En la segunda etapa de la revolución, después de la etapa inicial burguesa, los kulaks (y una “parte sustancial del campesinado medio”, Lenin) se uniría a la burguesía, mientras que el proletariado atraería a los campesinos pobres. Pero como apunta Ferro, “La búsqueda del kulak era en parte falsa, como perseguir sombras, ya que los kulaks a menudo habían desaparecido, o se habían hundido a nivel de los muzhiks, desde la Revolución de Octubre” [1]. Lo que es cierto es que a nivel práctico los bolcheviques se alienaron vastas masas de campesinos con los años del “Comunismo de Guerra” de 1918 hasta 1921, en particular con las requisas de grano y la represión chequista.

Los bolcheviques buscaban traer la guerra de clases al campesinado. Para ello exageraban la importancia y la riqueza de los kulaks. Selunskaia informa que de hecho sólo el 2% podría ser clasificado como “claramente kulaks” [2]. Una estadística oficial da las siguientes cifras: en 1917, el 71% de los campesinos cultivaban menos de 4 hectáreas, el 25% tenían entre 4 y 10 hectáreas, y sólo el 3,7% tenía más de 10 hectáreas; estas categorías cambian para 1920 al 85, 15 y el 0,5%. Otro criterio, la posesión de un caballo, según las mismas estadísticas, puede utilizarse para mostrar una relativa riqueza. El 29% no tenía ninguno, el 49% tenía uno, el 17% tenía dos, y el 4,8% tenía más de 3 (en 1917). Para 1920, las cifras habían cambiado respectivamente al 27,6%, el 63,6%, el 7,9% y el 0,9% [3]. De hecho, el número de kulaks – y nos referimos a las normas bolcheviques para ser considerado “rico” - estaba decayendo, y el proceso de igualación continuaba. En cuanto a las requisas, el líder bolchevique Kubanin admitía que la mitad de los alimentos recolectados se pudrieron, y que mucho ganado murió en los trayectos en ferrocarril debido a la falta de agua y comida [4].

El Comunismo de guerra

En reacción al comunismo de guerra, estallaron varias insurrecciones. En Ucrania occidental, el movimiento makhnovista, inspirado y dirigido militarmente por el campesino anarquista Nestor Makhno, fue uno de los movimientos más desarrollados ideológicamente. Debe recordarse que los makhnovistas habían controlado esta parte de Ucrania desde antes de la llegada del Ejército Rojo, y que habían derrotado sucesivamente a las tropas Austro-alemanas y a las Blancas. Los makhnovistas invitaron a varios anarquistas, que huían del norte y de la persecución bolchevique o que volvían del exilio en el extranjero, a trabajar a través de la Confederación Anarquista Nabat (La Campana, o la Alarma) en tareas de propaganda, educativas y culturales entre el campesinado. Los makhnovistas veían la amenaza Blanca como mayor que la de los bolcheviques, y llevaron acabo varias alianzas con éstos en un frente común contra los líderes Blancos: Denikin y Wrangel. De hecho, parece haber evidencias de que Wrangel podría haber tomado Ucrania y llegado hasta Moscú y destruido el gobierno bolchevique de no haber sido por los esfuerzos makhnovistas. Al final de la campaña conjunta contra los Blancos en Crimea, los comandantes makhnovistas fueron invitados al cuartel del Ejército Rojo y fusilados sumariamente. El propio Makhno los combatió durante meses, antes de verse forzado a retirarse cruzando la frontera [5].

La Cheka y la prodrazverstksa (las escuadras de requisa de alimentos) nunca aparecieron en el centro makhnovista de Hulyai-Polye antes de 1919, sin embargo los campesinos que vivían en las áreas de Ekaterinoslav y de Alexandrovsk ya tenían experiencia con ellos. En otras zonas de insurrección la oposición inicial era más directamente consecuencia de la política del “comunismo de guerra” de los bolcheviques.

En Siberia Occidental, (y en realidad en toda Siberia) el régimen se enfrentaba probablemente a su peor amenaza, y es posible que fuera esto, incluso más que la insurrección de Kronstadt en el mismo año, lo que forzó el cambio de los acontecimientos. Krasnaya Armiya ("Ejército Rojo", publicación de la Academia Militar, y enfocado a un pequeño círculo de lectores comunistas) tenía que admitir en su editoria de diciembre de 1921 que haber llevado a cabo las requisas en la primavera de 1921 levantó al campesinado siberiano contra los comunistas y que “el movimiento en la región de Ishimik tenía los mismos lemas que los que defendían los marineros de Kronstadt”. "Ejército Rojo" tenía que admitir que la ineptitud, la mala gestión económica y la toma “criminal” de la propiedad habían sido, entre otras, las causas del malestar campesino. El periódico reconocía el efecto en la moral cuando veían de primera mano las requisas de sus alimentos pudrirse en los vagones. Los “actos provocadores” de representantes del gobierno en las agencias de recaudación de impuestos
habían provocado a menudo levantamientos de aldeas enteras. El periódico tambén informaba de un movimiento “muy particular” en las regiones del Don y de Kubán, dirigido por Maslakov, ex-comandante del Ejército Rojo, con el objetivo de declarar la guerra a los “saboteadores del poder soviético, a los comunistas con mente de comisario” [6]. De hecho, se trataba de toda una brigada del Ejército Rojo.

Vínculos

Ciertamente el levantamiento de Maslakov en febrero de 1921 en Ucrania oriental rápidamente se unió a los makhnovistas a través de el destacamento del comandante makhnovista Brova. Los comandantes del Ejército Rojo se rebelaron, como el batallón en Mikhailovka dirigido por Vakulin, y luego Popov en el norte del territorio de los Cosacos del Don (desde diciembre de 1920). Vakulin parece haber tenido una fuerza de unos 3.200 soldados – seis veces la cantidad con la que empezó – cuando partió hacia el este a la región de los Urales. Logró apresar una fuerza del Ejército Rojo de 800. Pero el 17 de febrero de 1921 perdió una batalla en la que resultó muerto, y el cosaco del Don F. Popov, socialista revolucionario, quedó a cargo. El grupo de Popov atravesó las provincias de Samara y Saratov, cogiendo fuerza por el camino. El Ejército Rojo estimaba que llegaría a unos 6.000 por entonces. Logró capturar un batallón entero del Ejército Rojo. Parece que fue totalmente destruido, si creemos las fuentes bolcheviques.

En Samara el oficial del Ejército Rojo y socialista revolucionario de izquierda, Sapozhkov, se rebeló poniéndose a la cabeza de "elementos anárquicos y del SR” (según el historiador soviético Trifonov). Él mismo fue campesino en aquella provincia. Este levantamiento comenzó el 14 o el 15 de julio de 1920 con una fuerza de 2.700. Sapozhkov cayó en batalla el 6 de septiembre, después de dos meses de combates. Su lugar fue tomado por Serov, que aún fue capaz de reunir 3.000 combatientes y que siguió combatiendo hasta el verano de 1923, más tiempo que cualquier banda rebelde hubiera estado combatiendo, excepto Makhno.

En la región de Tambov, estalló otra seria insurrección en agosto de 1920 bajo el liderazgo de Alexander Stepanovitch Antonov. Aquí una vez más la revuelta fue instigada por la requisa de grano. El propio Antonov era un ex-socialista revolucionario, que hablaba de defender tanto a los obreros como a los campesinos contra los bolcheviques. Los líderes de este movimiento eran socialistas revolucionarios, socialistas revolucionarios de izquierda y anarquistas. Los "antonovistas" fueron capaz de tener en combate a la vez a unas 21.000 personas. El anarquista Yaryzhka dirigió un destacamento del movimiento antonovista bajo la bandera negra del anarquismo. Cuando estuvo en el ejército durante la Primera Guerra Mundial había golpeado a un oficial en 1916, fue encarcelado y se hizo anarquista por consecuencia de sus experiencias. Comenzó a luchar en otoño de 1918, combatiendo hasta que resultó muerto por los bolcheviques en el otoño de 1920.

Se puede ver que todos estos levantamientos o movimientos de oposición al leninismo entre los campesinos ocurrieron al mismo tiempo, en torno al período de 1920-1921. De hecho, tomados junto con el levantamiento de los marineros en Kronstadt de 1921, conformaron una amenaza mortal frente al poder bolchevique. Los objetivos de los insurgentes de Kronstadt parecen haber tenido eco en los movimientos campesinos. Apenas sorprende considerar que muchos marineros de Kronstadt tenían orígenes campesinos. Los levantamientos de Siberia occidental adoptaron las demandas de Kronstadt [6], como decía Krasnaya Armiya. Después de la insurrección de Tambov, las autoridades bolcheviques encontraron las resoluciones de Kronstadt en un importante refugio de los antonovistas. El propio Antonov quedó tan apenado por la aniquilación del levantamiento de Kronstadt que se dice que se dio un atracón de Vodka. Parece ser que algunos marineros de Kronstadt escaparon a la derrota y que se unieron a la antonovschina. El 11 de julio, la caballería bolchevique tuvo un encontronazo con una pequeña banda de élite de los antonovistas, obreros y marineros socialistas revolucionarios. Combatieron “desesperadamente” hasta el fin, según el chequista Smirnov, cuando los pocos supervivientes dispararon primero a sus caballos y luego a sí mismos. Un bolchevique informaba en 1921 que “los anarquistas-makhnovistas de Ucrania están reimprimiendo la llamada de los de Kronstadt, y que en general no esconden sus simpatías por ellos.” [7]

Acusaciones

Está claro que los de Kronstad se oponían a la restauración zarista, y que habían sido la clave para derrocar el régimen de Kerensky. Los makhnovistas fueron igualmente implacables hacia los Blancos. Nunca se llegó a considerar ninguna alianza con éstos contra los bolcheviques, y de hecho los makhnovistas formaron alianzas anti-Blancas con los bolcheviques, la última de las cuales provocó su propia caída como hemos dicho. El movimiento makhnovista estaba muy influido por el anarquismo, y era poco probable que aceptara una colaboración con uno de sus enemigos mortales los blancos. En tanto a Maslakov, él había sido un comandante Rojo fiable, y parece que estuvo luchando por un comunismo sin comisarios. Krasnaya Armiya admitía que los insurgentes de las regiones del Don y Kuban “desaprueban y luchan contra la agitación de la Guardia Blanca”. En tanto a Antonov, él “no llevó a cabo ninguna acción comprometedora contra los bolcheviques, como cortar la comunicación tras las líneas del frente, sino que se conformaba con combatir los destacamentos punitivos enviados contra los campesinos” [8]. Antonov estuvo preso durante el zarismo por sus actividades como Socialista Revolucionario durante y después de la Revolución de 1905, cumpliendo una condena de 12 años en Siberia, y su movimiento campesino es poco probable que hubiera apoyado ninguna vuelta al antiguo régimen zarista.

Otra acusación contra los movimientos campesinos era que era dirigido por kulaks, arrastrando al resto del campesinado tras de sí. Un análisis de los líderes del movimiento makhnovista al menos desmiente esta acusación. Trotsky decía que “la liquidación de Makhno no significa el fin de la makhnovschina, que tiene raíces en las masas campesinas ignorantes”. Sin embargo todos los makhnovistas de los que tenemos una referencia biográfica surgieron del campesinado pobre, incluyendo al propio Makhno, y en pocos casos del campesinado medio. Como dice Malet, “los bolcheviques han deformado totalmente la naturaleza del movimiento de Makhno. No era un movimiento de kulaks, sino un movimiento de masas campesino. Especialmente de los pobres y los de clase media.” [9] Tenemos pocas pruebas empíricas de la composición de los levantamientos campesinos de las zonas del Don y del Kubán. Radkey ha dado alguna información sobre la insurrección de Tambov mediante investigaciones bajo condiciones difíciles, y ha encontrado que Antonov era hijo de un artesano de aldea - ¡desde luego no un kulak! Hay pruebas de que algunos líderes antonovistas eran de origen kulak, (basadas en los archivos bolcheviques) aunque un historiador de la Cheka tuvo que admitir que “una parte considerable del campesinado medio” apoyaba la insurrección [10]. Hay pruebas de que Antonov tenía el apoyo de los campesinos pobres y de algunos obreros en la provincia [11].

Reservas

Se deben tener reservas sobre las acusaciones del “caracter kulaks” de estos levantamientos. Incluso si se admite que algunos kulaks tomaron parte en estos levantamientos, se debe garantizar, a partir de las pocas pruebas disponibles, que otros sectores del campesinado tomaron parte activa. ¿Qué hay de cierto sobre las alegaciones de que lejos de ser contrarrevolucionarios, estos levantamientos campesinos eran el inicio de una “Tercera Revolución” (partiendo de las revoluciones de Febrero y Octubre)?

Este término parece haber sido creado por anarquistas del movimiento makhnovista, apareciendo en una declaración de un órgano makhnovista, el Soviet Militar Revolucionario, en octubre de 1919. Reapareció durante la insurrección de Kronstadt. Anatoli Lamanov lo desarrolló en las páginas del Kronstadt Izvestia, el periódico de los insurgentes, del que era editor. Lamanov era líder de la Unión de Socialistas Revolucionarios Maximalistas en Kronstadt, y veía Kronstadt como el comienzo de la “Tercera Revolución” que podía derrocar la “dictadura del Partido Comunista con su Cheka y capitalismo de estado” y la transferencia de todo el poder a los “soviets libremente elegidos” y transformar los sindicatos en “asociaciones libres de trabajadores, campesinos e intelligentsia trabajadora” [12]. Los maximalistas, una escisión de los Socialistas Revolucionarios, exigían una inmediata revolución agraria y urbana, una República trabajadora de soviets federados, anti-parlamentaria y sin partidos. No hay pruebas de vínculos entre ellos y los makhnovistas, aunque es poco probable que este lema surgiera en los dos sitios de forma totalmente independiente. “Aquí en Kronstadt, se ha puesto la primera piedra de la Tercera Revolución, golpeando los últimos opresores de las masas trabajadoras y abriendo un nuevo camino a la creatividad socialista”, proclamaban en Kronstadt [13].

El término “Tercera Revolución”, sin embargo, parece vago, sin una idea clara de cómo llevar a cabo tal revolución. Tenía sus partidarios en los círculos makhnovistas y posiblemente en Siberia Occidental, y con Maslakov, pero nunca operó de una forma unificada para conseguir llevarse a cabo. Lo que distinguía al movimiento makhnovista del de Tambov era la ideología específica del primero. El movimiento de Antonov no tenía ideología, “sabían de lo que estaban en contra... pero sólo tenían vagas nociones de cómo organizar Rusia a la hora de la victoria” [14]. Los antonovistas eran un movimiento local con perspectivas locales. Los makhnovistas tenían una visión amplia, y establecieron vínculos con Maslakov. El propio Makhno llegó a hacer campañas hasta el Volga, atravesando el área del Don y absorviendo bandas similares. Se envió un destacamento bajo las órdenes de Parkhnomenko a la región de Voronezh a comienzos de marzo de 1921 y pudo haber sido un intento de unirse a los destacamentos antonovistas bajo Kolesnikov.

Pero la vasta extensión de la Unión Soviética impedía los lazos entre los movimientos. Parece haber estado muy extendida la ignorancia mutuoa de la existencia o de los objetivos de los distintos movimientos campesinos.

En donde hubo una comprensión de la situación, parece haber habido poco esfuerzos para combinar los movimientos en una misma oleada contra el gobierno bolchevique. La insurrección de Kronstadt fue derrotada varios meses antes de sus garantías de éxito [15]. El localismo y la falta de una estrategia más global condenó igualmente a los frustrados movimientos de Antonov y los de las regiones del Don, del Kubán y de Siberia occidental, así como la propia espontaneidad de los levantamientos. Los makhnovistas parecen haber tenido una mejor idea de la situación, pero fracasaron al unir la oposición y se aliaron una vez más con los bolcheviques, a pesar de experiencias previas desafortunadas. De todas formas, la suma de todos estos levantamientos presentó una gravísima amenaza al régimen, obligándolo a pasar del Comunismo de Guerra a la Nueva Política Económica.

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Notas
1. p.138 Ferro
2. Izmeniia 1917-20, en Atkinson.
3. L Kritsman, The Heroic Period of the Great Russian Revolution, 1926 de Skirda.
4. Kubanin 'The anti-Soviet peasant movement during the years of civil war (war communism) 1926, de Skirda.
5.Palij, Malet, Skirda todos citan la evidencia de los logros makhnovistas de guardar el capital bolchevique
6. p.148, Maximoff
7. Lebeds, citado por Malet.
8. p.82 Radkey
9. p122 Malet
10. Sofinov, en Radkey. p106.
11. p107-110 Radkey
12. ver Getzler
13. p243 Avrich
14. p.69 Radkey
15. ver Avrich

Bibliografía
Avrich, P. Princeton (1970) Kronstadt 1921
Atkinson,D. Stanford (1983) The end of the Russian Land Commune 1905-1930
Lewin, M. Allen & Unwin (1968) Russian Peasants and Soviet power
Mitrany, D. Weidenfeld & Nicholson (1951) Marx and the Peasant.
Malet, M. MacMillan (1982). Nestor Makhno in the Russian Civil War
Palij, M. Washington (1976) The Anarchism of Nestor Makhno.
Radkey, O. Hoover (1976) The Unknown Civil War in Soviet Russia.
Maximoff, G. P. Cienfuegos (1976) The Guillotine at Work.
Skirda, A. Paris (1982) Nestor Makhno, Le Cosaque de l'Anarchie.
Ferro, M. RKP (1985) The Bolshevik Revolution, A Social History of the Russian Revolution.
Getzler, I. Cambridge University Press (1983) Kronstadt 1917-1921, the Fate of a Soviet Democracy.

Glossary
Kulak - a better off peasant
Muzhik - the poorer peasants
Whites - the reaction to the Russian Revolution, gathered around the Tsarists
Socialist-Revolutionaries - revolutionary party that saw a key role for the peasants and thought that Russian society could avoid capitalism and go straight to a socialist society
Left Socialist-Revolutionaries - a more radical split from the SRs

El ala izquierda de la revolución soviética (y III)

Viene del anterior.

Tercera y última entrega de la serie sobre los sectores políticos de izquierda y su papel en la revolución soviética. Examinaremos aquí el papel que tuvieron los socialrevolucionarios, especialmente en la asamblea constituyente, así como la rebelión de Kronstadt, último alzamiento revolucionario, por último, veremos que conclusiones podemos sacar de lo tratado en esta serie de artículos.

5. Los eseristas y la Asamblea Constituyente.
El Partido Social Revolucionario se fundó en 1901. Su ideólogo, Víctor Chernov, había creado un ideario socialista no marxista con puntos en común con el anarquismo, como considerar al campesinado una clase revolucionaria (Lo que en un país eminentemente rural lo hizo popular) y con el populismo tradicional ruso.
Dedicándose a un terrorismo antizarista inicial, participó en la revolución de 1905 y, tras la revolución de febrero, fue el principal partido en exigir al gobierno provisional de los liberales “kadetes” que se celebraran elecciones a la asamblea constituyente.
Este objetivo se logró tras la ruptura de la alianza con mencheviques y liberales. Las elecciones, en noviembre de 1917, dieron una mayoría al PSR, con 17 millones de votos. Chernov fue nombrado presidente de la Asamblea Constituyente y otro eserista, Kerensky, del Gobierno Provisional. El partido bolchevique quedaba como segunda fuerza, con apoyo del proletariado urbano y los soldados del frente occidental, cerca de 10 millones de votos. Los kadetes quedaron muy atrás, con solo 2 millones de votos, demostrando que la población era contraria a la formación de un gobierno liberal.
Ante este parlamentarismo con gran presencia de los partidos izquierdistas y en la que Lenin no había logrado triunfar, se erguía, como hemos visto, la democracia directa y obrera de los sóviets, con presencia bolchevique, eserista de izquierda (una escisión del partido principal que defendía la ruptura con el parlamentarismo liberal) y anarquista. Lenin reniega del parlamentarismo, anuncia que los sóviets, en los que ha empezado a erigir una estructura verticalisa, son una forma superior de democracia y suspende la Asamblea Constituyente.
Esta situación polarizó a la sociedad rusa. Por un lado, mencheviques y liberales no estaban dispuestos a que desapareciera el parlamento de tipo burgués; por otro, los bolcheviques y los sóviets, dando paso a los dos bandos de la guerra civil: El blanco y el rojo. Los eseristas, que se habían opuesto a los bolcheviques, no participaron en la guerra en ninguno de los dos bandos, sus líderes prefirieron el exilio. En 1918 se prohíben todos los partidos y grupos políticos, salvo el Partido Comunista, siendo los responsables eseristas condenados a muerte. Tras salir victorioso de la guerra civil, el Partido Comunista había convertido la política rusa en monolítica.

6. La rebelión de Cronstadt y la “Tercera Revolución”.
Ida Gilman “Ida Mett”, era una joven estudiante de medicina en Rusia durante la revolución, su militancia antibolchevique la hizo, como a muchos otros izquierdistas, exiliarse a Francia en 1924. Desde ese momento dedicó buena parte de su vida a analizar lo que había sido la revolución y a la sociedad rusa post-revolucionaria. En su obra La Comuna de Kronstadt: Crepúsculo sangriento de los sóviets, publicada en 1948 ofrece un enorme trabajo de análisis de la última rebelión contra el poder bolchevique, protagonizada por el sóviet de Kronstadt.
En Kronstadt se situaba la principal fortaleza naval rusa, de gran importancia estratégica. Según Ida Mett la marina rusa había sido tradicionalmente revolucionaria, debido a la extracción proletaria (y que aquella época el proletariado industrial estaba muy politizado) de sus marineros, que superaban en conciencia y cultura a unos oficiales de origen aristocrático venido a menos, una disciplina brutal y unas condiciones de vida insostenibles.
No era de extrañar pues que los marinos fueran “los primeros en comenzar la lucha y los últimos en dejarla”. La revolución de 1905 fue iniciada por un montín de la tripulación del acorazado Potemkin, y la marina de Kronstadt sería también el último bastión revolucionario.
En 1921 el Ejército Rojo, comandado por Lev Trotsky, se encontraba todavía combatiendo contra el Ejército Blanco, apoyado por potencias occidentales. El descontendo por la represión al resto de fuerzas izquierdistas y la hambruna producto de sequías y del “comunismo de guerra” fueron los principales motivadores de huelgas y rebeliones campesinas. La mayor, que agitó, instigada por el eserista Antónov, el óblast de Tambov, sería aplastada por el Ejército Rojo en 1921.
Cronstadt tenía, según Ida Mett, una buena reserva alimenticia, por lo que la hambruna no impactó tan duramente allí. Sin embargo, el sóviet, compuesto por marineros y trabajadores de tradición socialista revolucionaria y anarquista, no estaba dispuesto a consentir la hegemonía bolchevique y la pérdida de los logros conquistados tras años de revolución.
La marina, encabezada por el líder popular Stepán Petrichenko (un bolchevique reconvertido al anarquismo que ya había liderado el alzamiento de la marina en el 17), hizo llegar una serie de demandas, entre las que se encontraban la legalización de los partidos y organizaciones obreras, la libertad de expresión para los trabajadores, la igualdad de sueldos, libertad económica para campesinos y artesanos o la reelección de delegados de los sóviets, puestos que habían sido monopolizados por los bolcheviques. Estas demandas fueron desatendidas por el gobierno bolchevique, que acusó a Cronstadt de traición, de actuar bajo control de los enemigos imperialistas y de estar liderados por Kozlovsky, un exgeneral zarista (exgeneral que, curiosamente, había sido llevado a Kronstadt por los bolcheviques y que solamente ejercía de asesor en artillería).
Cronstadt se alzó en rebelión y demandó el apoyo de los trabajadores de Petrogrado, intentando provocar una tercera revolución contra los bolcheviques. Petrogrado se puso bajo la ley marcial, impidiendo cualquier apoyo a Kronstadt, a la que Trotsky mandó 50.000 hombres. Cronstadt resistió un tiempo, pero finalmente el ejército rojo entró en la ciudad, realizando una completa masacre, los que no fueron ejecutados fueron enviados a campos de trabajo.
Así se cerraba el último capítulo de los sóviets y, para Ida Mett, cualquier esperanza de una revolución verdaderamente obrera en Rusia.

7. Conclusiones.
De todo lo expuesto se deduce la gran complejidad social y política de la Rusia revolucionara, que no puede ser reducida solo al programa aplicado por el partido bolchevique; tampoco puede exagerarse la importancia de este partido respecto a otras fuerzas revolucionarias en los primeros años de la revolución y, desde luego, no puede reducirse la revolución a un simple enfrentamiento de los comunistas contra el Zar o de rojos contra blancos.
Si a las experiencias en Rusia añadimos la oposición que supuso la revolución en Ucrania, de línea anarcocomunista, con el ejército negro liderado por Néstor Majno, podemos sino caer en la cuenta de que la historia de la revolución soviética es mucho más, sobre todo mucho más compleja políticamente, que lo que cuentan las versiones oficiales.
En lo político, tras la eliminación del resto de partidos y organizaciones de la izquierda tardaría un tiempo en surgir una oposición izquierdista dentro del propio partido bolchevique, oposición que, sin embargo, no lograría encontrar la verdadera causa de la derechización de la revolución y del triunfo del capitalismo de Estado, culpando al estalinismo en lugar de a los procesos de burocratización, liberalización, des-socialización de la economía, persecución del movimiento obrero, y, en resumen, de reconstrucción del antiguo orden capitalista.
En definitiva, es necesario revisar la historia de Rusia para darnos cuenta de que va más allá de las visiones propagandísticas dadas por la Unión Soviética o sus enemigos y poder comprender cual fue la realidad experimentada por su protagonista, reitero: el pueblo ruso.

Bibliofrafía:
GILMAN, Ida “Ida Mett”, La Comuna de Cronstadt: Crepúsculo sangriento de los sóviets, Barcelona, Espartaco Internacional, 2006.