El marxismo que no nos contaron (I)

Advertencia previa: la idea que tenemos del llamado «marxismo», entendido como el legado teórico y activista de Karl Marx y Friedrich Engels, está marcada por todas aquellas personas que se han llamado a sí mismas «marxistas», pero, sobre todo, por las más fuertes de ellas. Aquellas personas que han dirigido grandes organizaciones e incluso estados mientras se reclamaban marxistas han condicionado mucho más la manera en que entendemos este concepto que quienes, también reclamándose herederas de Marx y Engels, no han sabido, querido o podido poner a su servicio policías, ministerios y demás. Entre estas últimas destacan, a nuestro entender, una serie de figuras y grupos que no sólo no conquistaron el Poder con mayúsculas en ninguna parte, sino que defendieron un marxismo más o menos humanista que les supuso el rechazo del marxismo autoritario de Lenin y demás.

De estas últimas nos vamos a ocupar en esta serie de artículos en cuanto terminemos con una aclaración necesaria. ¿Qué es marxismo, preguntas, mientras clavas en mi pupila... ? No pretendemos entrar en farragosos debates sobre esto. En mi primer lugar, porque el propio Marx dijo aquello de «Yo no soy marxista» y hay pocas cosas más ridículas que ser más papista que el Papa. En segundo lugar, porque si existen debates de ese tipo es porque algo aportaron aquellos alemanes barbudos (tendemos a olvidarnos de Engels, como una especie de mero soporte para su socio), de modo que incluso las interpretaciones más diferentes tienen en común algunos puntos: la consciencia de que existen clases distintas en casi todas las sociedades, la de que existen intereses opuestos, concretamente, entre quienes tienen su capacidad o fuerza de trabajo y quienes tienen los medios con que aquellos pueden generar riqueza o la de que los explotadores tienen un interés en que las cosas continúen así, mientras los trabajadores (se paren a pensarlo o no), si utilizaran su fuerza numérica para parar el sistema de clases y establecer otro sin ellas, saldrían beneficiados –como mínimo, en términos de estabilidad económica y racionalización económico-política– y la de que la historia no necesita de ningún destino, providencia o dios: mientras no se demuestre lo contrario, ocurre aquello que hacemos o permitimos que ocurra.

Advertencia ortográfica: en esta serie de artículos hablaremos también de personas (sobre todo, rusas, aunque no únicamente) cuyos nombres se escriben en otros alfabetos. Hay diferentes convenciones a la hora de pasarlos al nuestro, nosotros hemos decidido evitar anglicismos o galicismos y no poner kh pudiendo poner j ni recortar el diptongo [i + i breve] (muy común en ruso) a i ni a y, sino iy, asi que leeréis «Trotskiy», «Kerenskiy», etc.

Estábamos avisadas.

La discusión, ya planteada desde fuera del marxismo antes de la revolución rusa (y por la sección belga de la AIT, que nunca fue netamente marxista ni proudhonista o bakuninista, ni libertaria ni autoritaria) se reproduce entre las filas marxistas inmediatamente después del triunfo de  la revolución de 1917.

Rosa Luxemburg y sus compañeras del grupo Spartacus (Karl Liebknecht, Clara Zetkin y Otto Rühle son las más conocidas) toman nota del creciente poder del liderazgo bolchevique y, desde el respeto por la lucha que este dirige contra las potencias extranjeras y las contrarrevolucionarias del interior, señalan –estamos en 1918– cómo la gestión de la revolución no está fortaleciendo a la clase trabajadora, sino a esa vanguardia dirigente. Puede parecer una cuestión de detalles, pero la propia Rosa aclara, desde la cárcel, que la ocasión que brinda la revolución es la de ofrecer a la clase un Poder cada vez más transparente y del que puedan responsabilizarse cada vez más. La práctica bolchevique irá en sentido contrario a esta necesidad de empoderamiento proletario, pese a lo que daba a entender su discurso anterior. Por «discurso anterior» nos referimos a los siete meses previos a la revolución llamada de octubre (noviembre, en nuestro calendario), en que tanto la publicación por Lenin de sus Tesis de abril como la consigna principal de la fracción bolchevique del POSDR («¡Todo el poder a los soviets!») apelaban al poder proletario y popular, en la línea más cercana al anarquismo jamás vista en el POSDR.

Existía una clara contradicción entre la práctica leninista y su anterior crítica del blanquismo –recordemos que Louis-Auguste Blanqui, como otros luchadores de su época, había sido un adalid de las revoluciones lanzadas por una vanguardia minoritaria, pero con decisión e ideas claras–. Se había criticado el blanquismo como un aventurerismo que, en lugar de hacer de los trabajadores un sujeto histórico vencedor, les convertía en carne de cañón de una minoría bienintencionada para con ellos. En la práctica, la política de Lenin parecía ser exactamente esa línea blanquista y algo parecido, con palabras más amables, fue lo escrito por Anton Pannekoek –prestigioso astrónomo holandés y probablemente el mayor exponente del marxismo de izquierdas, sobre todo del germano-holandés– en su artículo de 1920 «El nuevo blanquismo». Aquí el concepto marxista de «dictadura del proletariado» ya está claramente en el centro de la polémica: las dirigentes bolcheviques (el texto se dirige específicamente a Karl Radek, pero vale para todas, empezando por Lenin), por haber sido capaz de movilizar a más personas trabajadoras que nadie y de neutralizar casi sin resistencia al régimen burgués de Kerenskiy, creen ser –con cierta lógica– la vanguardia del proletariado ruso y creen, por extensión –con una lógica ya mucho más retorcida– ser el proletariado a secas y poder tomar sus decisiones. Lo que en el contexto de la guerra mundial y guerra civil podría ser un imperativo de tomar rápidamente decisiones enormes se convierte en una práctica política central en la política soviética y que durará tantos años como la URSS (más de setenta). El retorno a la apatía de un número creciente de trabajadores, su desmovilización y desencanto con las organizaciones surgidas de la revolución o en torno a ella, viene a decir Pannekoek, muestra, al contrario, que el liderazgo de esa vanguardia es cada vez menos el liderazgo de las bases y, por lo tanto, del conjunto de la clase trabajadora.

Los dirigentes soviéticos no eran ajenos a este debate y la mejor prueba es la réplica de Lenin en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, de 1920. El debate, claro, continúa, mientras en torno al núcleo germano-holandés surgen el KAPD (Partido Comunista Obrero de Alemania) y el KAPN, cuyo eco en Bulgaria sería el Partido de los Trabajadores Comunistas de Bulgaria y del núcleo británico del periódico Workers' Dreadnought, el CWP (Partido de los Trabajadores Comunistas). No está de más decir que la líder prominente de este grupo británico es Sylvia Pankhurst, conocida por su implicación en el movimiento sufragista que no siguió los pasos conservadores de su madre Emmeline o su hermana Christabel. Su hermana Adela, una de las fundadoras del Partido Comunista de Australia, también sería rápidamente expulsada del partido por sostener posiciones izquierdistas, pero ella no persistiría en ellas (al contrario, volvería a la socialdemocracia y, en sus últimos años, giraría hacia un nacionalismo australiano fascista). De hecho, el Workers' Dreadnought era la versión rebautizada del periódico antes llamado Women's Dreadnought. Hermann Gorter, otro destacado miembro del consejismo germano-holandés, miembro del KAPD y amigo personal de Pannekoek, escribiría una Carta abierta al camarada Lenin en respuesta a su diagnóstico que publicaría precisamente el Workers' Dreadnought ya en 1921.

Las críticas de estos grupos, por duras que sean, se hacen siempre desde el respeto e incluso la simpatía hacia las organizaciones soviéticas, pero es cada vez mayor la dificultad de posicionarse en un tema sin traicionar ni a estas ni a quienes, al contrario, quieren hacer una revolución mejor. Acabarán por coordinarse en una Internacional Comunista de los Trabajadores que durará pocos años, atrapada entre la dificultad de crecer, el desgaste de sus grupos (también relacionado con polémicas internas) y, en casos como el búlgaro, la represión.

Este intento de cuarta internacional tendrá un eco sorprendentemente escaso en un país como Italia, que parecería propicio. Aquella tierra en cuyas ciudades industriales florecieron las asambleas de fábrica e incluso incipientes soviets (1919-1920) dará un PCI que se convertirá en un referente en el ámbito prosoviético, pero cuyos consejistas estarán particularmente desorganizados. Amadeo Bordiga, fundador del PCI, tardará años en decantarse en ese creciente dilema entre el espíritu de la revolución rusa y las gestoras de ese espíritu, hasta excluirse de su dirección (1924) y ser oficialmente excluido del partido, siendo entretanto sobrepasado por el leninista Gramsci, que sigue siendo considerado por muchas un leninista heterodoxo o incluso la figura de un equivalente italiano de Lenin, más que la de un seguidor o discípulo. Otro fundador del PCI convertido en heterodoxo y crítico del leninismo –quizá a su propio pesar– será Bruno Rizzi, de quien nos ocuparemos más adelante.

En la foto, la proclamación en Estrasburgo de la República de los consejos o soviets de Alsacia (9-22 de noviembre de 1918).

¿La Tercera Revolución? Resistencia campesina al gobierno bolchevique

Traducido por @blackspartak

Nick Heath

Durante la Guerra Civil en Rusia, el gobierno de Lenin tuvo que afrontar varios levantamientos predominantemente campesinos que amenazaron con derrocar el régimen. ¿Puede justificarse la acusación de que estaban dirigidos por kulaks (campesinos ricos), respaldados por la reacción Blanca, con el apoyo de los campesinos más pobres, inconscientes de sus intereses de clase? ¿O era, como algunos oponentes del bolchevismo por su izquierda defienden, el comienzo de la “Tercera Revolución”?

Todos aquellos que realmente llevan la revolución social en el corazón deben deplorar la fatal separación que existe entre el proletariado de las ciudades y el del campo. Todos sus esfuerzos deben enfocarse a destruirla, porque todos nosotros debemos ser conscientes de ella – que en tanto a que trabajadores de la tierra, los campesinos, no sean apoyados por los trabajadores de las ciudades en una acción revolucionaria común, todos los esfuerzos revolucionarios de las ciudades estarán condenados inevitablemente al fracaso. Toda la cuestión revolucionaria está ahí; debe ser resuelta o perecerá.

- Bakunin, de las Obras Completas "Sobre el Pan-Germanismo Alemán".

El marxismo ortodoxo despreciaba el papel revolucionario del campesinado

Según el marxista alemán Karl Kautsky, el pequeño campesinado estaba condenado. Era tácticamente útil movilizar las masas campesinas. En su Cuestión Agraria, defendía que los objetivos a corto plazo de los campesinos y de las clases medias, sin mencionar los de la burguesía, eran opuestos a los intereses de toda la humanidad comprendida en la idea de la sociedad socialista. “Cuando el proletariado [queriendo decir clase trabajadora industrial] llega a probar y explotar los logros de la revolución, sus aliados – el campesinado – se volverán ciertamente contra él [...] El camuflaje político del campesinado lo priva de cualquier papel activo y le impide lograr su propia representación de clase [...] Por naturaleza es burgués y muestra su esencia reaccionaria claramente en ciertos campos [...] Es así porqué la propuesta ante el congreso que habla solo de la dictadura del proletariado apoyado por el campesinado [...] El campesinado debe ayudar al proletariado, no el proletariado al campesinado, en el logro de sus últimos deseos.” (Leo Jogiches “La dictadura del proletariado apoyado por el campesinado” en el Sexto Congreso del Partido de los Social-Demócratas de Polonia en 1908). Y siguiendo las discusiones del congreso se afirmaba que “el campesinado no puede jugar un papel autónomo junto al proletariado, al que los bolcheviques se han adscrito.” Rosa Luxemburg compartía la desconfiaza de Jogiches hacia el campesiando y sólo podían verlo como una fuerza reaccionaria.

El propio Lenin, extremamente flexible a nivel táctico, y extremamente rígido a nivel ideológico, era consciente de que lo que estaba haciendo cuando el Partido levantaba el lema de la dictadura del proletariado y el campesinado. Después del triunfo bolchevique “sería entonces ridículo hablar de la unidades de las voluntades del proletariado y del campesinado, de poder democrático [...] Entonces tendremos que pensar en la dictadura de los socialistas, de los proletarios”. (Dos tácticas de la Social Democracia en la Revolución Democrática, 1905).

Por su parte Trotsky tenía una actitud más dura hacia el campesinado, y no estaba convencido sobre una alianza temporal con él: “El proletariado entrará en conflicto no sólo con los grupos de la burguesía que apoyaron al proletariado durante la primera etapa de la lucha revolucionaria, sino también con las grandes masas de campesinos” (1905, escrito en 1922).

Los bolcheviques definían los “kulaks” como campesinos ricos capaces de vender sus productos en el mercado así como producirlos para su propio uso, capaces de emplear trabajadores asalariados y de vender el exceso de sus productos. Se los veía como representantes de los elementos reales de la pequeña burguesía en el campo, listos para desarrollar la agricultura con los avances capitalistas. En la segunda etapa de la revolución, después de la etapa inicial burguesa, los kulaks (y una “parte sustancial del campesinado medio”, Lenin) se uniría a la burguesía, mientras que el proletariado atraería a los campesinos pobres. Pero como apunta Ferro, “La búsqueda del kulak era en parte falsa, como perseguir sombras, ya que los kulaks a menudo habían desaparecido, o se habían hundido a nivel de los muzhiks, desde la Revolución de Octubre” [1]. Lo que es cierto es que a nivel práctico los bolcheviques se alienaron vastas masas de campesinos con los años del “Comunismo de Guerra” de 1918 hasta 1921, en particular con las requisas de grano y la represión chequista.

Los bolcheviques buscaban traer la guerra de clases al campesinado. Para ello exageraban la importancia y la riqueza de los kulaks. Selunskaia informa que de hecho sólo el 2% podría ser clasificado como “claramente kulaks” [2]. Una estadística oficial da las siguientes cifras: en 1917, el 71% de los campesinos cultivaban menos de 4 hectáreas, el 25% tenían entre 4 y 10 hectáreas, y sólo el 3,7% tenía más de 10 hectáreas; estas categorías cambian para 1920 al 85, 15 y el 0,5%. Otro criterio, la posesión de un caballo, según las mismas estadísticas, puede utilizarse para mostrar una relativa riqueza. El 29% no tenía ninguno, el 49% tenía uno, el 17% tenía dos, y el 4,8% tenía más de 3 (en 1917). Para 1920, las cifras habían cambiado respectivamente al 27,6%, el 63,6%, el 7,9% y el 0,9% [3]. De hecho, el número de kulaks – y nos referimos a las normas bolcheviques para ser considerado “rico” - estaba decayendo, y el proceso de igualación continuaba. En cuanto a las requisas, el líder bolchevique Kubanin admitía que la mitad de los alimentos recolectados se pudrieron, y que mucho ganado murió en los trayectos en ferrocarril debido a la falta de agua y comida [4].

El Comunismo de guerra

En reacción al comunismo de guerra, estallaron varias insurrecciones. En Ucrania occidental, el movimiento makhnovista, inspirado y dirigido militarmente por el campesino anarquista Nestor Makhno, fue uno de los movimientos más desarrollados ideológicamente. Debe recordarse que los makhnovistas habían controlado esta parte de Ucrania desde antes de la llegada del Ejército Rojo, y que habían derrotado sucesivamente a las tropas Austro-alemanas y a las Blancas. Los makhnovistas invitaron a varios anarquistas, que huían del norte y de la persecución bolchevique o que volvían del exilio en el extranjero, a trabajar a través de la Confederación Anarquista Nabat (La Campana, o la Alarma) en tareas de propaganda, educativas y culturales entre el campesinado. Los makhnovistas veían la amenaza Blanca como mayor que la de los bolcheviques, y llevaron acabo varias alianzas con éstos en un frente común contra los líderes Blancos: Denikin y Wrangel. De hecho, parece haber evidencias de que Wrangel podría haber tomado Ucrania y llegado hasta Moscú y destruido el gobierno bolchevique de no haber sido por los esfuerzos makhnovistas. Al final de la campaña conjunta contra los Blancos en Crimea, los comandantes makhnovistas fueron invitados al cuartel del Ejército Rojo y fusilados sumariamente. El propio Makhno los combatió durante meses, antes de verse forzado a retirarse cruzando la frontera [5].

La Cheka y la prodrazverstksa (las escuadras de requisa de alimentos) nunca aparecieron en el centro makhnovista de Hulyai-Polye antes de 1919, sin embargo los campesinos que vivían en las áreas de Ekaterinoslav y de Alexandrovsk ya tenían experiencia con ellos. En otras zonas de insurrección la oposición inicial era más directamente consecuencia de la política del “comunismo de guerra” de los bolcheviques.

En Siberia Occidental, (y en realidad en toda Siberia) el régimen se enfrentaba probablemente a su peor amenaza, y es posible que fuera esto, incluso más que la insurrección de Kronstadt en el mismo año, lo que forzó el cambio de los acontecimientos. Krasnaya Armiya ("Ejército Rojo", publicación de la Academia Militar, y enfocado a un pequeño círculo de lectores comunistas) tenía que admitir en su editoria de diciembre de 1921 que haber llevado a cabo las requisas en la primavera de 1921 levantó al campesinado siberiano contra los comunistas y que “el movimiento en la región de Ishimik tenía los mismos lemas que los que defendían los marineros de Kronstadt”. "Ejército Rojo" tenía que admitir que la ineptitud, la mala gestión económica y la toma “criminal” de la propiedad habían sido, entre otras, las causas del malestar campesino. El periódico reconocía el efecto en la moral cuando veían de primera mano las requisas de sus alimentos pudrirse en los vagones. Los “actos provocadores” de representantes del gobierno en las agencias de recaudación de impuestos
habían provocado a menudo levantamientos de aldeas enteras. El periódico tambén informaba de un movimiento “muy particular” en las regiones del Don y de Kubán, dirigido por Maslakov, ex-comandante del Ejército Rojo, con el objetivo de declarar la guerra a los “saboteadores del poder soviético, a los comunistas con mente de comisario” [6]. De hecho, se trataba de toda una brigada del Ejército Rojo.

Vínculos

Ciertamente el levantamiento de Maslakov en febrero de 1921 en Ucrania oriental rápidamente se unió a los makhnovistas a través de el destacamento del comandante makhnovista Brova. Los comandantes del Ejército Rojo se rebelaron, como el batallón en Mikhailovka dirigido por Vakulin, y luego Popov en el norte del territorio de los Cosacos del Don (desde diciembre de 1920). Vakulin parece haber tenido una fuerza de unos 3.200 soldados – seis veces la cantidad con la que empezó – cuando partió hacia el este a la región de los Urales. Logró apresar una fuerza del Ejército Rojo de 800. Pero el 17 de febrero de 1921 perdió una batalla en la que resultó muerto, y el cosaco del Don F. Popov, socialista revolucionario, quedó a cargo. El grupo de Popov atravesó las provincias de Samara y Saratov, cogiendo fuerza por el camino. El Ejército Rojo estimaba que llegaría a unos 6.000 por entonces. Logró capturar un batallón entero del Ejército Rojo. Parece que fue totalmente destruido, si creemos las fuentes bolcheviques.

En Samara el oficial del Ejército Rojo y socialista revolucionario de izquierda, Sapozhkov, se rebeló poniéndose a la cabeza de "elementos anárquicos y del SR” (según el historiador soviético Trifonov). Él mismo fue campesino en aquella provincia. Este levantamiento comenzó el 14 o el 15 de julio de 1920 con una fuerza de 2.700. Sapozhkov cayó en batalla el 6 de septiembre, después de dos meses de combates. Su lugar fue tomado por Serov, que aún fue capaz de reunir 3.000 combatientes y que siguió combatiendo hasta el verano de 1923, más tiempo que cualquier banda rebelde hubiera estado combatiendo, excepto Makhno.

En la región de Tambov, estalló otra seria insurrección en agosto de 1920 bajo el liderazgo de Alexander Stepanovitch Antonov. Aquí una vez más la revuelta fue instigada por la requisa de grano. El propio Antonov era un ex-socialista revolucionario, que hablaba de defender tanto a los obreros como a los campesinos contra los bolcheviques. Los líderes de este movimiento eran socialistas revolucionarios, socialistas revolucionarios de izquierda y anarquistas. Los "antonovistas" fueron capaz de tener en combate a la vez a unas 21.000 personas. El anarquista Yaryzhka dirigió un destacamento del movimiento antonovista bajo la bandera negra del anarquismo. Cuando estuvo en el ejército durante la Primera Guerra Mundial había golpeado a un oficial en 1916, fue encarcelado y se hizo anarquista por consecuencia de sus experiencias. Comenzó a luchar en otoño de 1918, combatiendo hasta que resultó muerto por los bolcheviques en el otoño de 1920.

Se puede ver que todos estos levantamientos o movimientos de oposición al leninismo entre los campesinos ocurrieron al mismo tiempo, en torno al período de 1920-1921. De hecho, tomados junto con el levantamiento de los marineros en Kronstadt de 1921, conformaron una amenaza mortal frente al poder bolchevique. Los objetivos de los insurgentes de Kronstadt parecen haber tenido eco en los movimientos campesinos. Apenas sorprende considerar que muchos marineros de Kronstadt tenían orígenes campesinos. Los levantamientos de Siberia occidental adoptaron las demandas de Kronstadt [6], como decía Krasnaya Armiya. Después de la insurrección de Tambov, las autoridades bolcheviques encontraron las resoluciones de Kronstadt en un importante refugio de los antonovistas. El propio Antonov quedó tan apenado por la aniquilación del levantamiento de Kronstadt que se dice que se dio un atracón de Vodka. Parece ser que algunos marineros de Kronstadt escaparon a la derrota y que se unieron a la antonovschina. El 11 de julio, la caballería bolchevique tuvo un encontronazo con una pequeña banda de élite de los antonovistas, obreros y marineros socialistas revolucionarios. Combatieron “desesperadamente” hasta el fin, según el chequista Smirnov, cuando los pocos supervivientes dispararon primero a sus caballos y luego a sí mismos. Un bolchevique informaba en 1921 que “los anarquistas-makhnovistas de Ucrania están reimprimiendo la llamada de los de Kronstadt, y que en general no esconden sus simpatías por ellos.” [7]

Acusaciones

Está claro que los de Kronstad se oponían a la restauración zarista, y que habían sido la clave para derrocar el régimen de Kerensky. Los makhnovistas fueron igualmente implacables hacia los Blancos. Nunca se llegó a considerar ninguna alianza con éstos contra los bolcheviques, y de hecho los makhnovistas formaron alianzas anti-Blancas con los bolcheviques, la última de las cuales provocó su propia caída como hemos dicho. El movimiento makhnovista estaba muy influido por el anarquismo, y era poco probable que aceptara una colaboración con uno de sus enemigos mortales los blancos. En tanto a Maslakov, él había sido un comandante Rojo fiable, y parece que estuvo luchando por un comunismo sin comisarios. Krasnaya Armiya admitía que los insurgentes de las regiones del Don y Kuban “desaprueban y luchan contra la agitación de la Guardia Blanca”. En tanto a Antonov, él “no llevó a cabo ninguna acción comprometedora contra los bolcheviques, como cortar la comunicación tras las líneas del frente, sino que se conformaba con combatir los destacamentos punitivos enviados contra los campesinos” [8]. Antonov estuvo preso durante el zarismo por sus actividades como Socialista Revolucionario durante y después de la Revolución de 1905, cumpliendo una condena de 12 años en Siberia, y su movimiento campesino es poco probable que hubiera apoyado ninguna vuelta al antiguo régimen zarista.

Otra acusación contra los movimientos campesinos era que era dirigido por kulaks, arrastrando al resto del campesinado tras de sí. Un análisis de los líderes del movimiento makhnovista al menos desmiente esta acusación. Trotsky decía que “la liquidación de Makhno no significa el fin de la makhnovschina, que tiene raíces en las masas campesinas ignorantes”. Sin embargo todos los makhnovistas de los que tenemos una referencia biográfica surgieron del campesinado pobre, incluyendo al propio Makhno, y en pocos casos del campesinado medio. Como dice Malet, “los bolcheviques han deformado totalmente la naturaleza del movimiento de Makhno. No era un movimiento de kulaks, sino un movimiento de masas campesino. Especialmente de los pobres y los de clase media.” [9] Tenemos pocas pruebas empíricas de la composición de los levantamientos campesinos de las zonas del Don y del Kubán. Radkey ha dado alguna información sobre la insurrección de Tambov mediante investigaciones bajo condiciones difíciles, y ha encontrado que Antonov era hijo de un artesano de aldea - ¡desde luego no un kulak! Hay pruebas de que algunos líderes antonovistas eran de origen kulak, (basadas en los archivos bolcheviques) aunque un historiador de la Cheka tuvo que admitir que “una parte considerable del campesinado medio” apoyaba la insurrección [10]. Hay pruebas de que Antonov tenía el apoyo de los campesinos pobres y de algunos obreros en la provincia [11].

Reservas

Se deben tener reservas sobre las acusaciones del “caracter kulaks” de estos levantamientos. Incluso si se admite que algunos kulaks tomaron parte en estos levantamientos, se debe garantizar, a partir de las pocas pruebas disponibles, que otros sectores del campesinado tomaron parte activa. ¿Qué hay de cierto sobre las alegaciones de que lejos de ser contrarrevolucionarios, estos levantamientos campesinos eran el inicio de una “Tercera Revolución” (partiendo de las revoluciones de Febrero y Octubre)?

Este término parece haber sido creado por anarquistas del movimiento makhnovista, apareciendo en una declaración de un órgano makhnovista, el Soviet Militar Revolucionario, en octubre de 1919. Reapareció durante la insurrección de Kronstadt. Anatoli Lamanov lo desarrolló en las páginas del Kronstadt Izvestia, el periódico de los insurgentes, del que era editor. Lamanov era líder de la Unión de Socialistas Revolucionarios Maximalistas en Kronstadt, y veía Kronstadt como el comienzo de la “Tercera Revolución” que podía derrocar la “dictadura del Partido Comunista con su Cheka y capitalismo de estado” y la transferencia de todo el poder a los “soviets libremente elegidos” y transformar los sindicatos en “asociaciones libres de trabajadores, campesinos e intelligentsia trabajadora” [12]. Los maximalistas, una escisión de los Socialistas Revolucionarios, exigían una inmediata revolución agraria y urbana, una República trabajadora de soviets federados, anti-parlamentaria y sin partidos. No hay pruebas de vínculos entre ellos y los makhnovistas, aunque es poco probable que este lema surgiera en los dos sitios de forma totalmente independiente. “Aquí en Kronstadt, se ha puesto la primera piedra de la Tercera Revolución, golpeando los últimos opresores de las masas trabajadoras y abriendo un nuevo camino a la creatividad socialista”, proclamaban en Kronstadt [13].

El término “Tercera Revolución”, sin embargo, parece vago, sin una idea clara de cómo llevar a cabo tal revolución. Tenía sus partidarios en los círculos makhnovistas y posiblemente en Siberia Occidental, y con Maslakov, pero nunca operó de una forma unificada para conseguir llevarse a cabo. Lo que distinguía al movimiento makhnovista del de Tambov era la ideología específica del primero. El movimiento de Antonov no tenía ideología, “sabían de lo que estaban en contra... pero sólo tenían vagas nociones de cómo organizar Rusia a la hora de la victoria” [14]. Los antonovistas eran un movimiento local con perspectivas locales. Los makhnovistas tenían una visión amplia, y establecieron vínculos con Maslakov. El propio Makhno llegó a hacer campañas hasta el Volga, atravesando el área del Don y absorviendo bandas similares. Se envió un destacamento bajo las órdenes de Parkhnomenko a la región de Voronezh a comienzos de marzo de 1921 y pudo haber sido un intento de unirse a los destacamentos antonovistas bajo Kolesnikov.

Pero la vasta extensión de la Unión Soviética impedía los lazos entre los movimientos. Parece haber estado muy extendida la ignorancia mutuoa de la existencia o de los objetivos de los distintos movimientos campesinos.

En donde hubo una comprensión de la situación, parece haber habido poco esfuerzos para combinar los movimientos en una misma oleada contra el gobierno bolchevique. La insurrección de Kronstadt fue derrotada varios meses antes de sus garantías de éxito [15]. El localismo y la falta de una estrategia más global condenó igualmente a los frustrados movimientos de Antonov y los de las regiones del Don, del Kubán y de Siberia occidental, así como la propia espontaneidad de los levantamientos. Los makhnovistas parecen haber tenido una mejor idea de la situación, pero fracasaron al unir la oposición y se aliaron una vez más con los bolcheviques, a pesar de experiencias previas desafortunadas. De todas formas, la suma de todos estos levantamientos presentó una gravísima amenaza al régimen, obligándolo a pasar del Comunismo de Guerra a la Nueva Política Económica.

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Notas
1. p.138 Ferro
2. Izmeniia 1917-20, en Atkinson.
3. L Kritsman, The Heroic Period of the Great Russian Revolution, 1926 de Skirda.
4. Kubanin 'The anti-Soviet peasant movement during the years of civil war (war communism) 1926, de Skirda.
5.Palij, Malet, Skirda todos citan la evidencia de los logros makhnovistas de guardar el capital bolchevique
6. p.148, Maximoff
7. Lebeds, citado por Malet.
8. p.82 Radkey
9. p122 Malet
10. Sofinov, en Radkey. p106.
11. p107-110 Radkey
12. ver Getzler
13. p243 Avrich
14. p.69 Radkey
15. ver Avrich

Bibliografía
Avrich, P. Princeton (1970) Kronstadt 1921
Atkinson,D. Stanford (1983) The end of the Russian Land Commune 1905-1930
Lewin, M. Allen & Unwin (1968) Russian Peasants and Soviet power
Mitrany, D. Weidenfeld & Nicholson (1951) Marx and the Peasant.
Malet, M. MacMillan (1982). Nestor Makhno in the Russian Civil War
Palij, M. Washington (1976) The Anarchism of Nestor Makhno.
Radkey, O. Hoover (1976) The Unknown Civil War in Soviet Russia.
Maximoff, G. P. Cienfuegos (1976) The Guillotine at Work.
Skirda, A. Paris (1982) Nestor Makhno, Le Cosaque de l'Anarchie.
Ferro, M. RKP (1985) The Bolshevik Revolution, A Social History of the Russian Revolution.
Getzler, I. Cambridge University Press (1983) Kronstadt 1917-1921, the Fate of a Soviet Democracy.

Glossary
Kulak - a better off peasant
Muzhik - the poorer peasants
Whites - the reaction to the Russian Revolution, gathered around the Tsarists
Socialist-Revolutionaries - revolutionary party that saw a key role for the peasants and thought that Russian society could avoid capitalism and go straight to a socialist society
Left Socialist-Revolutionaries - a more radical split from the SRs

El ala izquierda de la revolución soviética (I)

La pasada noche emitía la televisión estatal española (TVE) unos documentales sobre la revolución rusa (que podéis ver aquí). A pesar de su excelente calidad técnica (remasterizando y coloreando las imágenes de la época y combinándolas con recreaciones actuales), el documental reproduce una serie de mitos sobre la revolución. Por otro largo, otorga una visión sesgada de ella, centrada en los grandes hechos y personajes y no en su realidad social.

Por ello, y como la informacion es también un frente de combate social y en la guerra hay que aprovechar la mínima oportunidad, me dispongo a publicar un pequeño trabajo que realicé sobre la revolución rusa vista desde la oposición de los grupos políticos a la izquierda de Lenin, para ofrecer una mayor comprensión de la realidad revolucionaria. Aviso al lector o lectora que es un mero trabajo de síntesis, en el que sin embargo se comenta una serie de obras que considero clave. Pero, para un mayor conocimiento, no dejo de recomendar ir a las obras originales, que dejaré para su descarga.

1. Justificación y fuentes.
Es habitual que, a la hora de comprender la revolución rusa, predominen dos versiones oficiales: La primera, dada por el partido bolchevique, hegemónico tras la revolución y la segunda, su opuesta, proviene principalmente de las potencias enemigas de la Unión Soviética durante la guerra fría. Sin embargo, estas dos versiones oficiales de lo que fue la revolución rusa ofrecen una visión que no atiende a la realidad de aquel periodo revolucionario.
Por ello, pretendo reflejar la pluralidad de visiones dentro del bando revolucionario, aspirando a una perspectiva más completa de la realidad social y política del periodo y, especialmente, de como lo vivió su principal protagonista: El pueblo ruso.
Considero que esta cuestión se ha dejado a menudo apartada, cayendo en una sobreestimación del papel, sea éste positivo o negativo, del partido bolchevique en la revolución.
He recurrido a testimonios y reflexiones de los principales líderes del partido bolchevique (Lenin y Trotsky) y, para realizar la tarea de contraste, de revolucionarios influyentes de otras formaciones izquierdistas. Los autores de estos documentos vivieron la revolución en sus carnes, pero no son fuentes directas, sino trabajos y análisis historiográficos elaborados tras la revolución, lo que les da una mayor perspectiva, aunque también reflejan una mayor parcialidad.

2. La revolución rusa: causas, protagonistas y consecuencias.
Antes de lanzarnos a la tarea que nos ocupa es necesario comprender que lo que entendemos por revolución rusa corresponde a un importante cambio político y social que se desarrolló en Rusia a principios del siglo XX, dividido en dos etapas principales: La revolución de febrero, producida por la alianza de fuerzas entre liberales y socialistas que acabó con el derribamiento del zarismo y la formación de un gobierno provisional democrático-liberal; y la revolución de octubre, segunda fase en la que las fuerzas de izquierda llevan a cabo una segunda revolución contra el gobierno liberal, acabando con el auge del partido bolchevique y la formación de la URSS.
Muchas son las causas de esta revolución, más valdría la pena enumerar las principales: La debilidad de un régimen atrasado de tipo feudalista como el del Imperio Zarista, la aparición de una burguesía contraria al absolutismo, de un incipiente proletariado industrial urbano, el desgaste producido por una larga y costosa primera guerra mundial y la llegada implantación de las ideas marxistas, especialmente entre el proletariado urbano y los soldados sin rango.
Esta conjunción de causas, junto al malestar general producto de un sistema de producción en clara decadencia que mantenía a las masas rusas en la miseria y la ignorancia fueron, más que la influencia de un grupo político particular, las principales causas de la revolución.
Es necesario repasar los principales protagonistas, las principales facciones políticas y sus liderazgos, así como su papel en la revolución:
Por un lado la facción que apoyaba al zar Nicolas II. Ha sufrido ya un intento de revolución en 1905 y, tras unas tímidas e insuficientes reformas, un frente desmoronado y una situación económica grave le hacen perder el apoyo de su Estado Mayor. Abdica y se deja detener el 20 de marzo de 1917, siendo asesinado en julio de ese mismo año.
En segundo lugar, el Partido Democrático Constitucional, representa de los intereses de la burguesía. Liderado por Pável Miliukov, será el partido creador y dirigente del Gobierno Provisional tras la revolución de febrero. Defensor de una república liberal al estilo occidental, su apoyo a seguir en la guerra lo hizo muy impopular.
Encontramos a los socialistas divididos en dos partidos principales: El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, clásico partido marxista, se dividiría en 1917 en dos facciones, la menchevique, de Yuli Mártov (que apoyaba al gobierno provisional) y la bolchevique, encabezada por
Lenin, favorable a una revolución obrera y refundada en 1918 como Partido Comunista Ruso.
Y el Partido Socialista Revolucionario de Víctor Chernov, de implantación campesina y recogedor del populismo ruso. Los eseristas fueron los principales rivales de los bolcheviques durante la revolución de Octubre.
Por último, encontramos abundantes grupos anarquistas, aunque, como se lamentaban los más formados de ellos como Volin o Arshinov, muy fraccionados y desorganizados. A pesar de no haber sido capaces de levantar un anarcosindicalismo fuerte, darían un gran apoyo a los sóviets.
De entre todas estas tendencias acabaría por imponerse, tras las dos fases de la revolución, el partido liderado por Lenin. Antes de entrar a ver la visión de la oposición izquierdista veremos, en la próxima parte, que nos dicen los bolcheviques sobre la revolución en la que vencieron.

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