El makhnovismo y el anarquismo

Nota preliminar: Este es un fragmento del libro "Historia del Movimiento Makhnovista", escrito por Piotr Arshinov, que me pareció interesante rescatar ya que sigue siendo de actualidad, pese al contexto en que se escribió el libro. No obstante, en este fragmento se describen muchas semejanzas con el actual estado general del movimiento libertario y de buena parte del imaginario que hay en él. Sin más, os dejo que disfrutéis de su lectura.
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La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el de la negación del Estado en la sociedad nueva y el de la autogestión de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas  proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y campesinos que se han desarrollado hasta aquí lo han hecho en los límites del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencia de las ideas anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos intermediarios.

Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones, cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal al que tienden. Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.

Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores. Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el éxito del movimiento.

El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo el rol de los anarquistas en la lucha social de las masas es muy modesto. Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya entrado en la vía de la colisión decisiva, su deber es ayudar a las masas a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas; deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en el verdadero camino que conduce a las aspiraciones esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de la edifcación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo.

Al considerar el makhnovismo se destacan de inmediato dos aspectos esenciales del movimiento:

1) su carácter verdaderamente popular y su nacimiento proletario; el movimiento surgió de abajo, de la masa trabajadora; en su recorrido han sido sobre todo las masas populares quienes lo sostuvieron, lo desarrollaron y lo dirigieron;

2) a ello se debe el hecho de que desde sus primeros días se apoyó sobre algunos principios incontestables del anarquismo:

a) el derecho de los trabajadores a la iniciativa;
b) el derecho a la autogestión económica y social;
c) el principio del no estatismo en la edificación social.

En todas las fases de su desenvolvimiento, el makhnovismo ha mantenido esos principios con tenacidad y consecuencia. En nombre de esas ideas el movimiento ha soportado la muerte de doscientos mil o trescientos mil  de los mejores hijos del pueblo; ha rehusado entregarse a fuerza estatal alguna, ha sostenido durante tres años, en condiciones y en circunstancias difíciles y con un heroísmo poco común en la historia humana, la bandera negra de la humanidad oprimida, estandarte que simboliza la verdadera libertad de los trabajadores y la verdadera igualdad en el seno de la sociedad nueva. Vemos en el makhnovismo un movimiento anarquista de las masas laboriosas, no muy claramente definido, pero que aspira a cristalizar su ideal por la vía del anarquismo. Pero precisamente porque ese movimiento nació en las profundidades del pueblo no poseía los elementos teóricos indispensables en todo gran movimiento social. Esta carencia se manifestó entre otras cosas en el hecho de que el movimiento, frente a las condiciones generales, no llegaba a establecer a tiempo sus ideas y sus consignas, a elaborar sus formas prácticas concretas. Por eso avanzó lentamente y no sin esfuerzos, vistas las fuerzas enemigas múltiples que lo atacaron.

Era de esperar que los anarquistas, que habían hablado tanto de un movimiento revolucionario de las masas, que lo habían esperado durante años como la venida de un nuevo Mesías, se apresurarían a unirse al movimiento, a incorporarse y a fundirse en él. Pero fue de otro modo. La mayoría de los anarquistas rusos, que habían seguido la escuela teórica del anarquismo, permaneció en sus círculos aislados, sin razón alguna de ser en ese momento, discutiendo la naturaleza de ese movimiento sin hacer nada y tranquilizando sus conciencias con la idea de que el movimiento no parecía ser puramente anarquista. Sin embargo su aporte al movimiento insurreccional, sobre todo en el instante en que el bolchevismo no había tenido aún tiempo de obstaculizar su desarrollo normal, habría podido ser de un valor incalculable. La masa tenía una necesidad infinita de militantes que supiesen formular las ideas que la animaban, que supiesen definir y elaborar las formas y la marcha ulterior de la revolución. Los anarquistas no quisieron hacerlo. Causaron de ese modo un daño inmenso al movimiento y a sí mismos. Al movimiento porque no pusieron a su servicio sus fuerzas de organización y de cultura, lo que hizo que se desarrollara lenta y dolorosamente, con ayuda de los pobres recursos técnicos de que disponían las masas populares; a sí mismos porque perdieron mucho al quedar fuera de la actualidad y condenarse a la inactividad y a la esterilidad.

Nosotros nos creemos autorizados a decir que los anarquistas rusos, dormitando en sus círculos, dejaron pasar bajo sus ojos un movimiento grandioso de masas, el único hasta este día que, en la revolución actual, pareció realizar las aspiraciones históricas de la humanidad oprimida. Pero encontramos al mismo tiempo que ese hecho deplorable no tuvo lugar fortuitamente, que fue causado por razones determinadas que importa considerar con alguna atención. Una gran parte de nuestros teóricos pertenece por sus orígenes a la intelligentzia. Esa circunstancia es de una gran signifacación. Aun colocándose bajo el estandarte del anarquismo, muchos de ellos son sin embargo incapaces de romper definitivamente con el medio en que han nacido. Habiéndose ocupado de la teoría del anarquismo más que el resto de los camaradas llegaron gradualmente a convencerse de su rol de líderes del mundo anarquista y acabaron por creer que el movimiento anarquista mismo iría a la acción según sus indicaciones o al menos con su concurso dirigente inmediato. Ahora bien, el makhnovismo comenzó bien lejos de ellos, en una provincia lejana y en las capas más profundas de la sociedad moderna. Algunos solamente, entre los teóricos del anarquismo, tuvieron la sensibilidad y el coraje necesarios para reconocer que ese movimiento era precisamente aquel que el anarquismo había preparado desde hacia mucho, y se apresuraron a ir a su encuentro. Seria justo decir también que de todos los anarquistas “intelectuales” y teóricos, Volin fue el único que participó en el Movimiento Makhnovista con entera decisión, poniendo a su servicio todas sus aptitudes, fuerzas y conocimientos. El resto de los teóricos del anarquismo quedaron al margen.

Esto naturalmente no podría significar nada ni contra el makhnovismo ni contra el anarquismo, sino solamente contra los anarquistas y las organizaciones anarquistas que, en el momento histórico en que el movimiento social de los campesinos y de los obreros se manifestaba en todo su vigor, permanecieron pasivos y confundidos sin saber si acercarse o no a su propia causa, precisamente cuando se les presentaba revestida de carne y de sangre y llamaba a sus filas a todos aquellos a quienes eran caras la libertad del trabajo y las ideas del anarquismo. Otro rasgo aun más importante de la impotencia y la inactividad de los anarquistas es el desorden reinante en cuanto a las ideas y a la organización.

A pesar de que el ideal del anarquismo sea poderoso, positivo o incontestable, se encuentran en él muchos lugares comunes, y no pocas abstracciones y vaguedades y también desviaciones, permitiendo la posibilidad de que existan las más diversas interpretaciones de su pensamiento y de su programa práctico. Así muchos anarquistas derrochan hasta el presente sus fuerzas en tratar de resolver la cuestión de saber si el problema anárquico consiste en la liberación de las clases sociales, de la humanidad o de la personalidad. Ésta no es más que una vana cuestión de palabras, pero sin embargo tiene su base en algunas posiciones vagas del anarquismo y da libre curso a los abusos en el dominio de la idea anarquista primero y de la práctica anarquista luego.

La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún sufi cientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea del respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio “yo” comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse a toda responsabilidad. Cada cual se retira a su oasis, imagina su obra y predica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.

De tal estado de cosas resulta un gran número de diferentes sistemas prácticos preconizados por los anarquistas rusos. De 1904 a 1907 hemos visto los programas prácticos de los Besnachaltzy [los “Sin autoridad”] y de los Chernoznamentzy [“La bandera negra”] que predicaban las expropiaciones parciales (la toma individual) y el terror general como método de lucha anarquista. Es fácil ver que esos programas no podían significar nada más que la expresión de las inclinaciones particulares de personas que se encontraban mezcladas al anarquismo por casualidad y que no eran posibles más que a consecuencia del débil desarrollo del sentimiento de la responsabilidad hacia el pueblo y la revolución. Últimamente hemos visto aparecer una gran cantidad de teorías, en algunas de las cuales se nota cierta tendencia hacia la autoridad estatista y la dirección autoritaria y centralizadora de las masas, mientras en otras se rechaza todo principio de organización y se proclama la libertad absoluta de la personalidad y otras aun se preocupan de aspiraciones demasiado “universales” del anarquismo, que en realidad no son más que simulaciones para esquivar las arduas obligaciones del momento histórico.

He aquí por qué cuando el movimiento popular constituido por el makhnovismo brotó de las capas profundas del pueblo, los anarquistas se encontraban tan débiles y poco preparados. El anarquismo no significa misticismo, ni vanas palabras sobre lo bello, ni tampoco un grito de desesperación. Su grandeza depende ante todo de la consagración a la causa de la humanidad oprimida. Lleva en sí la aspiración a la verdad de las masas; su heroísmo y su voluntad representan en este momento la única doctrina social sobre la cual las masas pueden apoyarse con confianza para dirigir su lucha.

Pero para justificar esa confianza no basta que el anarquismo sea una gran idea y los anarquistas sus representantes platónicos. Es preciso que los anarquistas tomen constantemente parte en el movimiento revolucionario de las masas y eso en calidad de obreros. Sólo entonces respirará ese movimiento la atmósfera verdadera del ideal anarquista. Nada se consigue en el mundo gratuitamente. Toda causa exige esfuerzos y sacrificios constantes. El anarquismo debe encontrar una unidad de voluntad y una unidad de acción, obtener una noción exacta de su rol histórico. El anarquismo debe penetrar en el corazón de las masas, fundirse con ellas.

La esencia del makhnovismo resplandecía con el fulgor del anarquismo y sugería involuntariamente la idea de este último. Fue entre todas las doctrinas la que prefirieron los guerrilleros. Muchos de ellos se titulaban anarquistas, sin renunciar a ese título ni ante la muerte. Y al mismo tiempo el anarquismo dio al makhnovismo algunos militantes admirables que, con amor y abnegación, pusieron sus fuerzas y sus conocimientos al servicio de ese movimiento. Ese cruce de los destinos del anarquismo y del makhnovismo comenzó hacia mediados de 1919. Fue sellado en el verano de 1920 por el ataque simultáneo, que dirigían los bolcheviques contra los makhnovistas y los anarquistas en Ucrania y subrayado de una manera particularmente brillante en octubre de 1920 en el momento del acuerdo militar y político entre las autoridades soviéticas y las makhnovistas, cuando estos últimos exigieron, como condición absoluta del acuerdo, que todos los makhnovistas y anarquistas fuesen liberados de las prisiones de Ucrania y de la Rusia Central, y que se les concediese libertad completa para profesar y proclamar sus ideas y sus teorías.

Anotemos por orden cronológico la participación de los anarquistas en el Movimiento Makhnovista. Desde los primeros días de la revolución de 1917 se formó en Guliay Polié un grupo de anarquistas comunistas que desarrolló un trabajo revolucionario considerable en la región. De ese grupo salieron después los militantes y los conductores más notables del makhnovismo: N. Makhno, S. Karetnik, Marchenko, Kalachnikov, Liuty, Grigori Makhno, etc. Ese grupo estuvo íntimamente ligado con los comienzos del Movimiento Makhnovista. Hacia fines de 1918 y comienzos de 1919 se formaron otros grupos en la región y trataron de ponerse en relación con el makhnovismo. Sin embargo algunos de esos grupos, como por ejemplo en Berdiansk y en otras partes, no estaban a la altura de la situación y no podían ser sino perjudiciales al movimiento. Afortunadamente el movimiento era de tal modo sano que los pasó por alto.

En los primeros meses de 1919 Guliay Polié albergó ya, no sólo a los militantes campesinos del lugar, anarquistas tan notables como Makhno, Karetnik, Marchenko, Vasilevsky y otros, sino también a algunos que habían llegado de ciudades distantes y que representaban a ciertas organizaciones anarquistas: Burbyga, Mikhalev-Pavlenko, etc., trabajaban exclusivamente entre las tropas insurreccionales del frente o de la retaguardia. En la primavera de 1919 varios camaradas llegaron a Guliay Polié para entregarse principalmente a la organización de los asuntos de la cultura y de la instrucción en la región: crearon el periódico Put k Svobode, órgano fundamental de los makhnovistas y fundaron la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié que se dedicó a la propaganda en el ejército y entre los campesinos.

Al mismo tiempo se fundó en Guliay Polié un grupo anarquista asociado con la federación Nabat. Trabajó en contacto estrecho con los makhnovistas en el dominio cultural e hizo aparecer el periódico Nabat. Poco después esa organización se fundió con la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié en un solo cuerpo. En el mes de mayo, treinta y seis obreros anarquistas llegaron de Ivanovo-Voznesensk a Guliay Polié; entre ellos se encontraba Cherniakov y Makeev. Una parte de ellos se instaló en la comuna anarquista situada a siete kilómetros de Guliay Polié; otros se entregaron a trabajos de cultura en la región, otros entraron en el ejército insurreccional.

En el mes de mayo de 1919 cuando la Confederación Nabat,que era la más activa de todas las organizaciones anarquistas de Rusia, se dio cuenta que el flujo principal de la vida revolucionaria de las masas estaba en la región de los guerrilleros. A comienzos de junio de 1919 envió a Guliay Polié a Volin, a Mrachny, a Josif, El emigrado y a varios otros militantes más. Se tenía la intención de transportar a Guliay Polié las instituciones principales de la Confederación después de las sesiones del congreso extraordinario de los obreros y campesinos convocados por el Consejo Militar Revolucionario para el 15 de junio. Pero el ataque simultáneo contra la región por parte de Denikin y de los bolcheviques no permitió poner en ejecución este proyectó. Mrachny fue el único que pudo llegar en ese momento a Guliay Polié, pero se vio obligado, a consecuencia de la retirada general, a regresar al punto de donde había venido, uno o dos días después de su llegada.

En cuanto a Volin y sus compañeros, no pudieron abandonar Ekaterinoslav y sólo en agosto de 1919 lograron unirse cerca de Odessa al Ejército Makhnovista en plena retirada. Los anarquistas se mezclaron pues al movimiento tarde, cuando su desarrollo normal había sido ya interrumpido, cuando había sido arrojado violentamente de las bases del trabajo de edificación social y cuando, bajo la presión de las circunstancias, había entrado principalmente en la vía de la acción militar.

Durante el período que se extiende desde fines de 1918 hasta el mes de junio de 1919, las condiciones para un trabajo positivo en la región habían sido más favorables: el frente había quedado a doscientos o trescientos kilómetros de distancia, cerca de Taganrog, y la población de la región, de varios millones de habitantes diseminados a través de ocho o diez distritos, se encontraba abandonada a sí misma.

Pero a partir del verano de 1919 los anarquistas no podían trabajar ya más que sobre el terreno de las operaciones militares, bajo un fuego continuo, obligados a cambiar de lugar todos los días. Los anarquistas que se habían unido al ejército hacían todo lo que podían en ese medio. Unos, como Makeev y Kogan, tomaron parte en la acción militar; la mayoría se ocupaba de trabajos culturales entre los insurrectos y en las aldeas que atravesaban los makhnovistas. Pero ése no era un trabajo verdaderamente creador, en el sentido real y vasto de la palabra. La atmósfera saturada de combates la había reducido principalmente a una propaganda volante. Era imposible pensar en una obra de creación, en una obra positiva. En algunos casos, como por ejemplo después de la toma de Aleksandrovsk, Berdiansk, Melitopol y otras ciudades, los anarquistas y los makhnovistas tuvieron la posibilidad –por un tiempo por lo demás muy restringido– de plantear los esbozos de un trabajo más profundo y más vasto. Pero luego llegaba por una parte o por otra una ola militar que lo arrasaba todo; y de nuevo era preciso limitarse a una propaganda sumaria entre los guerrilleros y los campesinos.

Las condiciones en aquel momento eran claramente hostiles a un vasto trabajo creador entre las masas. Algunos individuos que no habían participado en el movimiento o que no lo hicieron más que durante un tiempo breve, llegaron a erróneas conclusiones fundadas en la experiencia de aquel período, de que el makhnovismo era de carácter militar, que se preocupaba demasiado por esos aspectos y muy poco por el trabajo creador entre las masas, pero, en realidad, el período militar en la historia del makhnovismo no fue de ningún modo el producto de su esencia misma, sino sólo de las condiciones exteriores, tales como las que se plantearon desde mediados de 1919.

Los bolcheviques han tenido en cuenta la significación del Movimiento Makhnovista y la situación del anarquismo en Rusia. Sabían que él, privado de contacto con un movimiento popular de una importancia tal como el makhnovismo, carecería de base y no podría ser más que un fenómeno inofensivo sin peligro para ellos. Y viceversa, comprendieron bien que el anarquismo era la única concepción social sobre la cual podía apoyarse el makhnovismo en su lucha implacable contra el bolcheviquismo. He ahí por qué no ahorraron esfuerzo alguno para separar un movimiento del otro. Y es preciso reconocer que persiguieron ese objetivo con gran energía: han puesto al makhnovismo fuera de toda ley humana. En Rusia y particularmente en el extranjero los bolcheviques se comportan como si ese hecho fuera natural y no debiera despertar ninguna duda y como si sólo los ciegos o los que nada conocen de Rusia pudieran vacilar en reconocer la justa y razonable medida adoptada.

En cuanto a la idea anarquista, no ha sido declarada oficialmente ilegal; pero los bolcheviques califican todo acto revolucionario de los anarquistas, todo acto de honestidad vehemente o cometido por ellos, como makhnovista y con un aire de naturalidad, como si no pudiera ser de otro modo, los arrojan al calabozo, o les cortan la cabeza. En suma, el makhnovismo y el anarquismo, que no consienten en humillarse ante los bolcheviques, son tratados de la misma manera.

Sobre la cuestión del Poder y Estado

La concepción anarquista del poder, lejos de estar resuelta, deja una serie de lagunas cuando tratamos de aplicarla en los análisis de la realidad material. En concreto, cuando nos encuentramos con dilemas tales como Estado y Administración, poder y dominio o incluso entre tomar el poder y ejercerlo o abolirlo. Todos estos matices y dudas conllevan directrices poco claras y ambiguas dentro de los movimientos libertarios y autónomos que en los momentos de disputa revolucionaria salen a relucir ayudando a nuestra derrota.

El anarquismo a menudo ha tratado el poder como un 'todo', es decir, reduciéndolo a un concepto más al que añadir a la lista de cosas con la que hemos de estar automáticamente en 'contra', ya que si no dejaríamos de ser anarquistas. De esta manera se está reduciendo cualquier analisis crítico a una cuestión binaria de malo o bueno, que es de carácter moral más que táctico.

En la cuestión del poder, el anarquismo suele caer en el campo del 'negacionismo', negando a veces que eso pudiera darse entre anarquistas o que exista un poder propio, un poder ejercido por nuestras organizaciones y movimientos en los momentos de hegemonía libertaria. Pensamos que esto es una candidez, cuando no un auto-engaño, que lleva a no saber leer los momentos, y por tanto a no saber atajar los problemas y a no ofrecer soluciones que consigan llevarnos al socialismo libertario. La conclusión es que se está produciendo una confusión entre dominación y poder y que nuestro movimiento históricamente falló en aclarar y sistematizar para realizar una propuesta coherente con nuestros objetivos.

Este abandono de la teorización del poder dejaba el camino abierto para quien tuviera una teorización ya hecha sobre esos 'momentos de poder' (ya fuera en una revolución, una insurrección, una huelga, una toma de medios de producción, una guerrilla campesina, etc.) dándole una clara ventaja en caso de darse una de estas situaciones. Sin esa teorización no podemos esperar que la ideología resuelva todas las situaciones de realidades cambiantes. Tampoco debemos olvidar que la teoría bebe de la relación entre la realidad y la ideología. Sin hacer caso a la realidad que nos rodea, la teoría no sirve de nada. Cuando los principios ideológicos chocan con la realidad, lo que quiebran son estos principios. Si entendemos como referencia a la ideología, la teoría debe ser la parte complementaria que nos ayudará a actuar en esa realidad.

Asumir estas debilidades es un ejercicio de madurez política que nos puede hacer crecer como opción politica real para conseguir nuestro objetivo último de establecer una sociedad profundamente libertaria. Este es el objeto de este artículo que pretende abrir debate sobre el poder, su conquista y su administración, y los momentos de transición hacia la sociedad libertaria, que son básicos para una teoría revolucionaria.

La práctica histórica

De la experiencia socialista o de los socialismos del pasado siglo y medio podemos observar algunos rasgos característicos. El primero es que todos los movimientos partían de un movimiento popular organizado, que normalmente se trata de lo que conocemos como movimiento obrero, otras veces era el campesinado y otras veces una alianza entre el proletariado y las clases medias (estudiantes, artesanado, profesionales liberales, comerciantes, etc. que el marxismo denominaba "pequeña burguesía"). Estos grandes movimientos populares estaban impulsados, organizados y cohesionados por una fuerza político-social de tendencia socialista revolucionaria, ya fuera ésta un partido, un sindicato o incluso una guerrilla.

Desde la Comuna de París de 1871 hasta las huelgas obreras autónomas de los años 1970's el llamado sujeto revolucionario fue inequívocamente el proletariado organizado. En la mayoría de los procesos revolucionarios las sociedades resultantes se parecían bastante entre sí, independientemente del tipo de socialismo que la impulsara. La excepción la conformarían las revoluciones impulsadas por los socialismos totalitarios (imponiendo un estado policial y un control social asfixiante). Así pues, la Comuna de París, los primeros Soviets en Rusia, Kronstadt, los Consejos obreros alemanes, las ciudades tomadas por las grandes huelgas generales (Ancona, Seattle, Limerick, Buenos Aires, Barcelona, Saint Denis...), la insurrección de Rio de Janeiro, el Consejo de Turín, la Revolución de Asturias o la españa de las colectivizaciones... (y si queremos podemos llegar hasta los años 70) todas tienen unos rasgos comunes que las hacen parte de la misma tradición. Son manifestaciones del movimiento obrero y no de una ideología en concreto. A pesar de la influencia libertaria la vida en una Barcelona de la revolución de 1936 no podría ser muy distinta de la vida en la Munich de 1919 o en la Turín de 1920 a pesar de su influencia socialista y comunista.

Igualmente las revoluciones del campo como la de la Ucrania Makhnovista o la Morelos de Emiliano Zapata se parecen bastante a las sociedades que producían otras fuerzas como la Antonovshina del Tambov, la Siberia de la insurrección de 1920-21 o a regiones de la revolución china y coreana, a las zonas liberadas por Sandino en Nicaragua o a Barrancabermeja en Colombia.  Es decir, que un movimiento popular que tiene las mismas bases produce revoluciones que se parecen entre sí. Trasladadas a hoy en día todas aquellas revueltas en el campo nos recuerdan de alguna manera a los municipios autónomos mexicanos, los de las kabilas argelinas o de la sociedad kurda de Rojava. En definitiva, el anarquismo y el anarcosindicalismo eran parte de un movimiento socialista internacional más amplio. 

En todas estas experiencias tanto industriales como campesinas se producen conflictos de clases entre el poder de la burguesía y el poder del pueblo organizado. A raíz del enfrentamiento se producen situaciones de doble poder que se desarrolla polítca y militarmente. 

Los problemas teóricos del anarquismo

Volviendo al origen del artículo en el movimiento libertario hay ciertos aspectos que aún no se han sabido resolver. No porque no existan, sino porque el movimiento no ha llevado a cabo el necesario reajuste en sus planteamientos.

En todos los procesos revolucionarios que hemos nombrado antes había una cuestión importante: la toma del poder. El anarquismo, como movimiento revolucionario entiende que para conseguir una sociedad libre necesitamos derrocar aquella que nos oprime. Lo que resulta problemático hoy en día es reconocer que para que nuestro movimiento llegue a su objetivo tendrá algún día que controlar o sustituir los mecanismos de poder que hoy está ocupando el Estado. Y esto otras tradiciones políticas no tienen problema en concebirlo como una conquista del poder.

Otro aspecto poco trabajado es la sociedad de transición hacia el socialismo completo. Poco importa el nombre que se le dé pero esta situación se dará inmediatamente al cambio revolucionario ya que dentro de esa nueva sociedad aún habrá muchos partidarios del antiguo régimen. También habrá que alimentar esta sociedad y habrá que montar una economía viable para mantenerla. Por último habrá que garantizar su defensa tanto ante agresiones externas como ante levantamientos contrarrevolucionarios internos. Esto los bolcheviques lo llaman dictadura del proletariado (aunque Karl Marx la entendia de modo diferente, queriendo decir más bien la hegemonía de la sociedad socialista frente a la burguesa). El modelo de sociedad revolucionario debe convencer a la mayoría de la sociedad, debe hacerse hegemónico no sólo política y militarmente, sino también culturalmente.

En caso de vencer el poder popular éste tendrá que organizar tanto la sociedad como su defensa. Por tanto debe levantar una administración. En este caso marxistas y anarquistas difieren en cómo denominar esta administración, ya que los marxistas entienden que esto es un "estado proletario" que ha sustituido al "estado burgués" mientras que el anarquismo no lo entiende así y opina que esta administración ya es la superación del estado en sí misma. Esta diferencia que puede parecer semántica ha dividido ambas corrientes durante muchas décadas. En este caso la ideología de cada cual impide acercamientos políticos dado que cada cual se enroca en sus posturas escudándose en las palabras.

En resumen, tenemos ya unos rasgos básicos: después del conflicto inicial estado capitalista vs. pueblo organizado hay una nueva administración revolucionaria que tiene el monopolio de la violencia (ya que no le vamos a permitir tener armas ni milicias a quien quiere que la sociedad revolucionaria sea derrocada), que es legítima (la apoya el pueblo) y que ya tiene todas las palancas del poder (tendrá su sistema de justicia, su milicia, sus medios de comunicación y sus administraciones) para ejercer un control sobre el territorio liberado. ¿Es esto la creación de un Estado o es la abolición del Estado?

Como vemos, el anarquismo confronta varios bloqueos morales. A tomar el poder, a garantizar la seguridad de la nueva sociedad revolucionaria (que además no es una sociedad totalmente comunista y libertaria sino que guardará algunos rasgos de la sociedad previa y será un régimen de transición) y a crear una administración estable los bolcheviques lo llaman tomar el poder y ejercer la dictadura del proletariado. Y todo esto es lo que el anarquismo hizo en la revolución mexicana, en la ucraniana o en la española, y en realidad es lo que haría el movimiento libertario actual de tener la ocasión. ¿Cómo tenemos que llamar a eso los anarquistas?

Conclusión

Puesto que nos encontramos ante una cuestión semántica, pensamos que hay que hablar el lenguaje que entienda la mayoría de la población, que al fin y al cabo es a quien nos dirigimos. No es útil emplear términos eufemísticos que nos confundan y que nos hagan repetir las dudas con las que se encontró el movimiento libertario en 1936. Tomar el poder en aquel momento (la propuesta de Joan García Oliver) era establecer una "dictadura anarquista" (según lo llamó Federica Montseny), puesto que se estaba en minoría y habría que imponerse a la fuerza. Por contra, colaborar con las demás fuerzas antifascistas era participar en la gestión de las instituciones republicanas y crear un nuevo tipo de estado influyendo en él con nuestras ideas (alejándonos a la vez de nuestros objetivos finalistas). Pero la diferencia entre los principios del anarquismo (y la terminología derivada de ellos) y las tácticas que se usaron a la hora de la verdad, constituyeron un desastre para el movimiento libertario español que es necesario ajustar definitivamente.

Si tomamos parte de una junta revolucionaria o un consejo, tenemos que entender que eso en la práctica es un gobierno. Si tomamos parte de la gestión de un municipio, eso es la toma de una institución estatal. Si creamos una administración nueva, estamos edificando unas estructuras que regularán la vida social y económica de nuestro pueblo.

En estos momentos, volviendo a nuestros días, tenemos que estar atentas a experiencias sociales avanzadas que están teniendo lugar en algunos territorios con procesos de transformación social avanzados. Se habla de un confederalismo democrático en el Kurdistán, de un incipiente movimiento internacional de "democracia sin estado", de un nuevo auge del municipalismo a través de ayuntamientos controlados por fuerzas de izquierda o de los cambios estratégicos de los movimientos de liberación nacional. El anarquismo debe tener una opinión al respecto adecuada al mundo en el que vive. Y sobretodo debe realizar propuestas válidas que puedan ser aceptadas e integradas por otros movimientos. De no hacerlo corremos el riesgo de volver a ser reliquias de un pasado glorioso pero ya olvidado. Incluso el marxismo está creando nuevas formas de denominar las etapas de transición dependiendo de las realidades locales. Por ejemplo en Bolivia se habla de un "estado plurinacional" que acoge a los diversos pueblos indígenas, o en Venezuela se acuña el término de "estado comunal", partiendo de las comunas socialistas que proliferan en aquel territorio. Son fórmulas que actualizan el pensamiento comunista.

La propuesta de fondo de este texto es denominar Administración a estas sociedades que surgen una vez el pueblo ha tomado el poder puesto que de momento sería ir demasiado lejos (y contraproducente) adoptar el lenguaje de movimientos que hemos rechazado durante décadas. Por ejemplo, si empleamos administración democrática ésta podría significar esencialmente lo mismo que "estado proletario", término que incluso cuesta de asumir por la propia clase obrera de nuestro tiempo y que por tanto está en desuso. Entonces a la pregunta final, ¿qué busca el anarquismo? ¿cuál es su objetivo? La respuesta podria ser que el anarquismo pretende eliminar el estado capitalista que hoy está al servicio de las minorías y sustituirlo por una administración democrática que entregue el poder de decidirlo todo a la sociedad. Esta frase puede levantar mucha más adhesión popular que muchos otros lemas manidos que no acaban de entenderse en la calle (por ejemplo, el clásico lema de "muerte al Estado").

Entonces, ¿se está aceptando el Estado? Se trata de una pregunta reduccionista y mal enfocada. La cuestión debiera ser otra, y es que desde los tiempos en que Bakunin creaba juntas revolucionarias para gestionar un territorio ganado al enemigo de clase mediante una insurrección popular, el anarquismo ya estaba embarcado en la creación de estructuras para sustituir un estado burgués por una administración popular. Como hemos dicho antes, el marxismo lo llama crear un estado obrero y el anarquismo lo llama abolir el estado. En definitiva, es necesario llegar a un entendimiento en la forma de denominar los momentos clave de una transformación social revolucionaria.

Por último, ¿sería esta administración democrática el comunismo libertario? En cierta forma sí. Y también, en cierta otra forma podría ser entendida como una etapa de transición. Los matices vienen por cómo se gestione la cuestión fundamental que representa la economía. Si está socializada, se está en una sociedad socialista, y sino, pues no. Se entiende que sin que la economía no esté bajo gestión de la comunidad no se está ante una democracia real puesto que la parte más importante de la vida, que es la economía, queda fuera de nuestro control. Por tanto esta podría ser nuestra aportación a los movimientos arriba mencionados del confederalismo democrático, el municipalismo o la democracia sin estado para poder buscar una confluencia en un futuro en base a cuestiones concretas.

Todo esto, evidentemente, está por debatir y asumir. Pero plantearlo es un primer paso para poder avanzar.

@blackspartak

¿La Tercera Revolución? Resistencia campesina al gobierno bolchevique

Traducido por @blackspartak

Nick Heath

Durante la Guerra Civil en Rusia, el gobierno de Lenin tuvo que afrontar varios levantamientos predominantemente campesinos que amenazaron con derrocar el régimen. ¿Puede justificarse la acusación de que estaban dirigidos por kulaks (campesinos ricos), respaldados por la reacción Blanca, con el apoyo de los campesinos más pobres, inconscientes de sus intereses de clase? ¿O era, como algunos oponentes del bolchevismo por su izquierda defienden, el comienzo de la “Tercera Revolución”?

Todos aquellos que realmente llevan la revolución social en el corazón deben deplorar la fatal separación que existe entre el proletariado de las ciudades y el del campo. Todos sus esfuerzos deben enfocarse a destruirla, porque todos nosotros debemos ser conscientes de ella – que en tanto a que trabajadores de la tierra, los campesinos, no sean apoyados por los trabajadores de las ciudades en una acción revolucionaria común, todos los esfuerzos revolucionarios de las ciudades estarán condenados inevitablemente al fracaso. Toda la cuestión revolucionaria está ahí; debe ser resuelta o perecerá.

- Bakunin, de las Obras Completas "Sobre el Pan-Germanismo Alemán".

El marxismo ortodoxo despreciaba el papel revolucionario del campesinado

Según el marxista alemán Karl Kautsky, el pequeño campesinado estaba condenado. Era tácticamente útil movilizar las masas campesinas. En su Cuestión Agraria, defendía que los objetivos a corto plazo de los campesinos y de las clases medias, sin mencionar los de la burguesía, eran opuestos a los intereses de toda la humanidad comprendida en la idea de la sociedad socialista. “Cuando el proletariado [queriendo decir clase trabajadora industrial] llega a probar y explotar los logros de la revolución, sus aliados – el campesinado – se volverán ciertamente contra él [...] El camuflaje político del campesinado lo priva de cualquier papel activo y le impide lograr su propia representación de clase [...] Por naturaleza es burgués y muestra su esencia reaccionaria claramente en ciertos campos [...] Es así porqué la propuesta ante el congreso que habla solo de la dictadura del proletariado apoyado por el campesinado [...] El campesinado debe ayudar al proletariado, no el proletariado al campesinado, en el logro de sus últimos deseos.” (Leo Jogiches “La dictadura del proletariado apoyado por el campesinado” en el Sexto Congreso del Partido de los Social-Demócratas de Polonia en 1908). Y siguiendo las discusiones del congreso se afirmaba que “el campesinado no puede jugar un papel autónomo junto al proletariado, al que los bolcheviques se han adscrito.” Rosa Luxemburg compartía la desconfiaza de Jogiches hacia el campesiando y sólo podían verlo como una fuerza reaccionaria.

El propio Lenin, extremamente flexible a nivel táctico, y extremamente rígido a nivel ideológico, era consciente de que lo que estaba haciendo cuando el Partido levantaba el lema de la dictadura del proletariado y el campesinado. Después del triunfo bolchevique “sería entonces ridículo hablar de la unidades de las voluntades del proletariado y del campesinado, de poder democrático [...] Entonces tendremos que pensar en la dictadura de los socialistas, de los proletarios”. (Dos tácticas de la Social Democracia en la Revolución Democrática, 1905).

Por su parte Trotsky tenía una actitud más dura hacia el campesinado, y no estaba convencido sobre una alianza temporal con él: “El proletariado entrará en conflicto no sólo con los grupos de la burguesía que apoyaron al proletariado durante la primera etapa de la lucha revolucionaria, sino también con las grandes masas de campesinos” (1905, escrito en 1922).

Los bolcheviques definían los “kulaks” como campesinos ricos capaces de vender sus productos en el mercado así como producirlos para su propio uso, capaces de emplear trabajadores asalariados y de vender el exceso de sus productos. Se los veía como representantes de los elementos reales de la pequeña burguesía en el campo, listos para desarrollar la agricultura con los avances capitalistas. En la segunda etapa de la revolución, después de la etapa inicial burguesa, los kulaks (y una “parte sustancial del campesinado medio”, Lenin) se uniría a la burguesía, mientras que el proletariado atraería a los campesinos pobres. Pero como apunta Ferro, “La búsqueda del kulak era en parte falsa, como perseguir sombras, ya que los kulaks a menudo habían desaparecido, o se habían hundido a nivel de los muzhiks, desde la Revolución de Octubre” [1]. Lo que es cierto es que a nivel práctico los bolcheviques se alienaron vastas masas de campesinos con los años del “Comunismo de Guerra” de 1918 hasta 1921, en particular con las requisas de grano y la represión chequista.

Los bolcheviques buscaban traer la guerra de clases al campesinado. Para ello exageraban la importancia y la riqueza de los kulaks. Selunskaia informa que de hecho sólo el 2% podría ser clasificado como “claramente kulaks” [2]. Una estadística oficial da las siguientes cifras: en 1917, el 71% de los campesinos cultivaban menos de 4 hectáreas, el 25% tenían entre 4 y 10 hectáreas, y sólo el 3,7% tenía más de 10 hectáreas; estas categorías cambian para 1920 al 85, 15 y el 0,5%. Otro criterio, la posesión de un caballo, según las mismas estadísticas, puede utilizarse para mostrar una relativa riqueza. El 29% no tenía ninguno, el 49% tenía uno, el 17% tenía dos, y el 4,8% tenía más de 3 (en 1917). Para 1920, las cifras habían cambiado respectivamente al 27,6%, el 63,6%, el 7,9% y el 0,9% [3]. De hecho, el número de kulaks – y nos referimos a las normas bolcheviques para ser considerado “rico” - estaba decayendo, y el proceso de igualación continuaba. En cuanto a las requisas, el líder bolchevique Kubanin admitía que la mitad de los alimentos recolectados se pudrieron, y que mucho ganado murió en los trayectos en ferrocarril debido a la falta de agua y comida [4].

El Comunismo de guerra

En reacción al comunismo de guerra, estallaron varias insurrecciones. En Ucrania occidental, el movimiento makhnovista, inspirado y dirigido militarmente por el campesino anarquista Nestor Makhno, fue uno de los movimientos más desarrollados ideológicamente. Debe recordarse que los makhnovistas habían controlado esta parte de Ucrania desde antes de la llegada del Ejército Rojo, y que habían derrotado sucesivamente a las tropas Austro-alemanas y a las Blancas. Los makhnovistas invitaron a varios anarquistas, que huían del norte y de la persecución bolchevique o que volvían del exilio en el extranjero, a trabajar a través de la Confederación Anarquista Nabat (La Campana, o la Alarma) en tareas de propaganda, educativas y culturales entre el campesinado. Los makhnovistas veían la amenaza Blanca como mayor que la de los bolcheviques, y llevaron acabo varias alianzas con éstos en un frente común contra los líderes Blancos: Denikin y Wrangel. De hecho, parece haber evidencias de que Wrangel podría haber tomado Ucrania y llegado hasta Moscú y destruido el gobierno bolchevique de no haber sido por los esfuerzos makhnovistas. Al final de la campaña conjunta contra los Blancos en Crimea, los comandantes makhnovistas fueron invitados al cuartel del Ejército Rojo y fusilados sumariamente. El propio Makhno los combatió durante meses, antes de verse forzado a retirarse cruzando la frontera [5].

La Cheka y la prodrazverstksa (las escuadras de requisa de alimentos) nunca aparecieron en el centro makhnovista de Hulyai-Polye antes de 1919, sin embargo los campesinos que vivían en las áreas de Ekaterinoslav y de Alexandrovsk ya tenían experiencia con ellos. En otras zonas de insurrección la oposición inicial era más directamente consecuencia de la política del “comunismo de guerra” de los bolcheviques.

En Siberia Occidental, (y en realidad en toda Siberia) el régimen se enfrentaba probablemente a su peor amenaza, y es posible que fuera esto, incluso más que la insurrección de Kronstadt en el mismo año, lo que forzó el cambio de los acontecimientos. Krasnaya Armiya ("Ejército Rojo", publicación de la Academia Militar, y enfocado a un pequeño círculo de lectores comunistas) tenía que admitir en su editoria de diciembre de 1921 que haber llevado a cabo las requisas en la primavera de 1921 levantó al campesinado siberiano contra los comunistas y que “el movimiento en la región de Ishimik tenía los mismos lemas que los que defendían los marineros de Kronstadt”. "Ejército Rojo" tenía que admitir que la ineptitud, la mala gestión económica y la toma “criminal” de la propiedad habían sido, entre otras, las causas del malestar campesino. El periódico reconocía el efecto en la moral cuando veían de primera mano las requisas de sus alimentos pudrirse en los vagones. Los “actos provocadores” de representantes del gobierno en las agencias de recaudación de impuestos
habían provocado a menudo levantamientos de aldeas enteras. El periódico tambén informaba de un movimiento “muy particular” en las regiones del Don y de Kubán, dirigido por Maslakov, ex-comandante del Ejército Rojo, con el objetivo de declarar la guerra a los “saboteadores del poder soviético, a los comunistas con mente de comisario” [6]. De hecho, se trataba de toda una brigada del Ejército Rojo.

Vínculos

Ciertamente el levantamiento de Maslakov en febrero de 1921 en Ucrania oriental rápidamente se unió a los makhnovistas a través de el destacamento del comandante makhnovista Brova. Los comandantes del Ejército Rojo se rebelaron, como el batallón en Mikhailovka dirigido por Vakulin, y luego Popov en el norte del territorio de los Cosacos del Don (desde diciembre de 1920). Vakulin parece haber tenido una fuerza de unos 3.200 soldados – seis veces la cantidad con la que empezó – cuando partió hacia el este a la región de los Urales. Logró apresar una fuerza del Ejército Rojo de 800. Pero el 17 de febrero de 1921 perdió una batalla en la que resultó muerto, y el cosaco del Don F. Popov, socialista revolucionario, quedó a cargo. El grupo de Popov atravesó las provincias de Samara y Saratov, cogiendo fuerza por el camino. El Ejército Rojo estimaba que llegaría a unos 6.000 por entonces. Logró capturar un batallón entero del Ejército Rojo. Parece que fue totalmente destruido, si creemos las fuentes bolcheviques.

En Samara el oficial del Ejército Rojo y socialista revolucionario de izquierda, Sapozhkov, se rebeló poniéndose a la cabeza de "elementos anárquicos y del SR” (según el historiador soviético Trifonov). Él mismo fue campesino en aquella provincia. Este levantamiento comenzó el 14 o el 15 de julio de 1920 con una fuerza de 2.700. Sapozhkov cayó en batalla el 6 de septiembre, después de dos meses de combates. Su lugar fue tomado por Serov, que aún fue capaz de reunir 3.000 combatientes y que siguió combatiendo hasta el verano de 1923, más tiempo que cualquier banda rebelde hubiera estado combatiendo, excepto Makhno.

En la región de Tambov, estalló otra seria insurrección en agosto de 1920 bajo el liderazgo de Alexander Stepanovitch Antonov. Aquí una vez más la revuelta fue instigada por la requisa de grano. El propio Antonov era un ex-socialista revolucionario, que hablaba de defender tanto a los obreros como a los campesinos contra los bolcheviques. Los líderes de este movimiento eran socialistas revolucionarios, socialistas revolucionarios de izquierda y anarquistas. Los "antonovistas" fueron capaz de tener en combate a la vez a unas 21.000 personas. El anarquista Yaryzhka dirigió un destacamento del movimiento antonovista bajo la bandera negra del anarquismo. Cuando estuvo en el ejército durante la Primera Guerra Mundial había golpeado a un oficial en 1916, fue encarcelado y se hizo anarquista por consecuencia de sus experiencias. Comenzó a luchar en otoño de 1918, combatiendo hasta que resultó muerto por los bolcheviques en el otoño de 1920.

Se puede ver que todos estos levantamientos o movimientos de oposición al leninismo entre los campesinos ocurrieron al mismo tiempo, en torno al período de 1920-1921. De hecho, tomados junto con el levantamiento de los marineros en Kronstadt de 1921, conformaron una amenaza mortal frente al poder bolchevique. Los objetivos de los insurgentes de Kronstadt parecen haber tenido eco en los movimientos campesinos. Apenas sorprende considerar que muchos marineros de Kronstadt tenían orígenes campesinos. Los levantamientos de Siberia occidental adoptaron las demandas de Kronstadt [6], como decía Krasnaya Armiya. Después de la insurrección de Tambov, las autoridades bolcheviques encontraron las resoluciones de Kronstadt en un importante refugio de los antonovistas. El propio Antonov quedó tan apenado por la aniquilación del levantamiento de Kronstadt que se dice que se dio un atracón de Vodka. Parece ser que algunos marineros de Kronstadt escaparon a la derrota y que se unieron a la antonovschina. El 11 de julio, la caballería bolchevique tuvo un encontronazo con una pequeña banda de élite de los antonovistas, obreros y marineros socialistas revolucionarios. Combatieron “desesperadamente” hasta el fin, según el chequista Smirnov, cuando los pocos supervivientes dispararon primero a sus caballos y luego a sí mismos. Un bolchevique informaba en 1921 que “los anarquistas-makhnovistas de Ucrania están reimprimiendo la llamada de los de Kronstadt, y que en general no esconden sus simpatías por ellos.” [7]

Acusaciones

Está claro que los de Kronstad se oponían a la restauración zarista, y que habían sido la clave para derrocar el régimen de Kerensky. Los makhnovistas fueron igualmente implacables hacia los Blancos. Nunca se llegó a considerar ninguna alianza con éstos contra los bolcheviques, y de hecho los makhnovistas formaron alianzas anti-Blancas con los bolcheviques, la última de las cuales provocó su propia caída como hemos dicho. El movimiento makhnovista estaba muy influido por el anarquismo, y era poco probable que aceptara una colaboración con uno de sus enemigos mortales los blancos. En tanto a Maslakov, él había sido un comandante Rojo fiable, y parece que estuvo luchando por un comunismo sin comisarios. Krasnaya Armiya admitía que los insurgentes de las regiones del Don y Kuban “desaprueban y luchan contra la agitación de la Guardia Blanca”. En tanto a Antonov, él “no llevó a cabo ninguna acción comprometedora contra los bolcheviques, como cortar la comunicación tras las líneas del frente, sino que se conformaba con combatir los destacamentos punitivos enviados contra los campesinos” [8]. Antonov estuvo preso durante el zarismo por sus actividades como Socialista Revolucionario durante y después de la Revolución de 1905, cumpliendo una condena de 12 años en Siberia, y su movimiento campesino es poco probable que hubiera apoyado ninguna vuelta al antiguo régimen zarista.

Otra acusación contra los movimientos campesinos era que era dirigido por kulaks, arrastrando al resto del campesinado tras de sí. Un análisis de los líderes del movimiento makhnovista al menos desmiente esta acusación. Trotsky decía que “la liquidación de Makhno no significa el fin de la makhnovschina, que tiene raíces en las masas campesinas ignorantes”. Sin embargo todos los makhnovistas de los que tenemos una referencia biográfica surgieron del campesinado pobre, incluyendo al propio Makhno, y en pocos casos del campesinado medio. Como dice Malet, “los bolcheviques han deformado totalmente la naturaleza del movimiento de Makhno. No era un movimiento de kulaks, sino un movimiento de masas campesino. Especialmente de los pobres y los de clase media.” [9] Tenemos pocas pruebas empíricas de la composición de los levantamientos campesinos de las zonas del Don y del Kubán. Radkey ha dado alguna información sobre la insurrección de Tambov mediante investigaciones bajo condiciones difíciles, y ha encontrado que Antonov era hijo de un artesano de aldea - ¡desde luego no un kulak! Hay pruebas de que algunos líderes antonovistas eran de origen kulak, (basadas en los archivos bolcheviques) aunque un historiador de la Cheka tuvo que admitir que “una parte considerable del campesinado medio” apoyaba la insurrección [10]. Hay pruebas de que Antonov tenía el apoyo de los campesinos pobres y de algunos obreros en la provincia [11].

Reservas

Se deben tener reservas sobre las acusaciones del “caracter kulaks” de estos levantamientos. Incluso si se admite que algunos kulaks tomaron parte en estos levantamientos, se debe garantizar, a partir de las pocas pruebas disponibles, que otros sectores del campesinado tomaron parte activa. ¿Qué hay de cierto sobre las alegaciones de que lejos de ser contrarrevolucionarios, estos levantamientos campesinos eran el inicio de una “Tercera Revolución” (partiendo de las revoluciones de Febrero y Octubre)?

Este término parece haber sido creado por anarquistas del movimiento makhnovista, apareciendo en una declaración de un órgano makhnovista, el Soviet Militar Revolucionario, en octubre de 1919. Reapareció durante la insurrección de Kronstadt. Anatoli Lamanov lo desarrolló en las páginas del Kronstadt Izvestia, el periódico de los insurgentes, del que era editor. Lamanov era líder de la Unión de Socialistas Revolucionarios Maximalistas en Kronstadt, y veía Kronstadt como el comienzo de la “Tercera Revolución” que podía derrocar la “dictadura del Partido Comunista con su Cheka y capitalismo de estado” y la transferencia de todo el poder a los “soviets libremente elegidos” y transformar los sindicatos en “asociaciones libres de trabajadores, campesinos e intelligentsia trabajadora” [12]. Los maximalistas, una escisión de los Socialistas Revolucionarios, exigían una inmediata revolución agraria y urbana, una República trabajadora de soviets federados, anti-parlamentaria y sin partidos. No hay pruebas de vínculos entre ellos y los makhnovistas, aunque es poco probable que este lema surgiera en los dos sitios de forma totalmente independiente. “Aquí en Kronstadt, se ha puesto la primera piedra de la Tercera Revolución, golpeando los últimos opresores de las masas trabajadoras y abriendo un nuevo camino a la creatividad socialista”, proclamaban en Kronstadt [13].

El término “Tercera Revolución”, sin embargo, parece vago, sin una idea clara de cómo llevar a cabo tal revolución. Tenía sus partidarios en los círculos makhnovistas y posiblemente en Siberia Occidental, y con Maslakov, pero nunca operó de una forma unificada para conseguir llevarse a cabo. Lo que distinguía al movimiento makhnovista del de Tambov era la ideología específica del primero. El movimiento de Antonov no tenía ideología, “sabían de lo que estaban en contra... pero sólo tenían vagas nociones de cómo organizar Rusia a la hora de la victoria” [14]. Los antonovistas eran un movimiento local con perspectivas locales. Los makhnovistas tenían una visión amplia, y establecieron vínculos con Maslakov. El propio Makhno llegó a hacer campañas hasta el Volga, atravesando el área del Don y absorviendo bandas similares. Se envió un destacamento bajo las órdenes de Parkhnomenko a la región de Voronezh a comienzos de marzo de 1921 y pudo haber sido un intento de unirse a los destacamentos antonovistas bajo Kolesnikov.

Pero la vasta extensión de la Unión Soviética impedía los lazos entre los movimientos. Parece haber estado muy extendida la ignorancia mutuoa de la existencia o de los objetivos de los distintos movimientos campesinos.

En donde hubo una comprensión de la situación, parece haber habido poco esfuerzos para combinar los movimientos en una misma oleada contra el gobierno bolchevique. La insurrección de Kronstadt fue derrotada varios meses antes de sus garantías de éxito [15]. El localismo y la falta de una estrategia más global condenó igualmente a los frustrados movimientos de Antonov y los de las regiones del Don, del Kubán y de Siberia occidental, así como la propia espontaneidad de los levantamientos. Los makhnovistas parecen haber tenido una mejor idea de la situación, pero fracasaron al unir la oposición y se aliaron una vez más con los bolcheviques, a pesar de experiencias previas desafortunadas. De todas formas, la suma de todos estos levantamientos presentó una gravísima amenaza al régimen, obligándolo a pasar del Comunismo de Guerra a la Nueva Política Económica.

____________

Notas
1. p.138 Ferro
2. Izmeniia 1917-20, en Atkinson.
3. L Kritsman, The Heroic Period of the Great Russian Revolution, 1926 de Skirda.
4. Kubanin 'The anti-Soviet peasant movement during the years of civil war (war communism) 1926, de Skirda.
5.Palij, Malet, Skirda todos citan la evidencia de los logros makhnovistas de guardar el capital bolchevique
6. p.148, Maximoff
7. Lebeds, citado por Malet.
8. p.82 Radkey
9. p122 Malet
10. Sofinov, en Radkey. p106.
11. p107-110 Radkey
12. ver Getzler
13. p243 Avrich
14. p.69 Radkey
15. ver Avrich

Bibliografía
Avrich, P. Princeton (1970) Kronstadt 1921
Atkinson,D. Stanford (1983) The end of the Russian Land Commune 1905-1930
Lewin, M. Allen & Unwin (1968) Russian Peasants and Soviet power
Mitrany, D. Weidenfeld & Nicholson (1951) Marx and the Peasant.
Malet, M. MacMillan (1982). Nestor Makhno in the Russian Civil War
Palij, M. Washington (1976) The Anarchism of Nestor Makhno.
Radkey, O. Hoover (1976) The Unknown Civil War in Soviet Russia.
Maximoff, G. P. Cienfuegos (1976) The Guillotine at Work.
Skirda, A. Paris (1982) Nestor Makhno, Le Cosaque de l'Anarchie.
Ferro, M. RKP (1985) The Bolshevik Revolution, A Social History of the Russian Revolution.
Getzler, I. Cambridge University Press (1983) Kronstadt 1917-1921, the Fate of a Soviet Democracy.

Glossary
Kulak - a better off peasant
Muzhik - the poorer peasants
Whites - the reaction to the Russian Revolution, gathered around the Tsarists
Socialist-Revolutionaries - revolutionary party that saw a key role for the peasants and thought that Russian society could avoid capitalism and go straight to a socialist society
Left Socialist-Revolutionaries - a more radical split from the SRs

El comunismo libertario en el movimiento anarquista. Historia de una tendencia. 1ª Parte 1868-1950

Este texto pretende verter luz teórica sobre la teoría revolucionaria aportada por el movimiento anarquista desde su creación, a partir de la Alianza por la Democracia Socialista, en 1868, hasta el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, momento en el que la corriente libertaria sufrió un profundo corte generacional. Este texto será completado por otro estudio de la época de la post-guerra hasta nuestros días.

Como dice el subtítulo, se trata de una historia de la tendencia comunista libertaria o anarco-comunista, poniendo énfasis en las propuestas concretas tanto teóricas como prácticas de las diferentes organizaciones del movimiento libertario a lo largo de su historia e, intentando analizar aciertos y errores, trataremos de llegar a unas conclusiones básicas que le dan forma a la tendencia en nuestros días.

Anarquistas, ¿Partido o anti-partido?

En la historia del anarquismo como movimiento político rara vez se ha utilizado la palabra Partido para designar a una organización libertaria. Esto se debe a la mala fama que comenzó a tener el parlamentarismo en los medios obreros a partir de la segunda mitad del siglo XIX. El parlamentarismo se entiende como la forma de gobierno basada en el juego democrático de los partidos políticos que se disputan un parlamento y, mediante ello, el control de las instituciones del estado. De esta forma los partidos controlan los mecanismos del poder estatal, y desde allí, a las personas y los pueblos, les voten o no.

Está poco difundido que, en su militancia activa Pierre Joseph Proudhon, probó suerte como diputado. Proudhon era bien conocido en París de finales de los años 1840s por su labor periodística. En 1848 decidió probar suerte en la Asamblea Constituyente de la Segunda República. Tras un primer intento fallido en abril, fue elegido en las elecciones de junio de aquel año. Sin embargo, su estancia en la Asamblea Nacional francesa duró apenas 3 meses, ya que nada más ser elegido tomó parte por los obreros en la insurrección de junio, aunque con una actitud conciliadora. A pesar de eso, su presencia en el parlamento sirvió para que por primera vez se oyeran discursos contra la propiedad privada e insultos contra el presidente Luis-Napoleón Bonaparte (luego conocido como Napoleón III), lo que le llevó a prisión1. Ni el parlamento ni la cárcel lograron aplcar su espíritu rebelde y siguió escribiendo obras valiosas hasta su muerte en 1865.

Los parlamentos burgueses nunca han sido prioridad en el accionar político de los anarquistas. Tras la desagradable experiencia vivida por Proudhon, y algunos otros, participar en las instituciones del estado fue visto cada vez con peores ojos. Una cuestión importante constituye la constatación de no poder cambiar nada desde esta institución, dada la impotencia de ser siempre la minoría de la minoría. Más tarde crecería un desagrado visceral hacia el parlamentarismo que, aunque tenía causas totalmente justificadas, iba más allá de lo racional. Por ejemplo, para la época de Kropotkin, ya era habitual considerar que quienes participaban en el parlamento era más que probable que fueran sobornados de una manera u otra por el enemigo de clase. Quienes se dedicaban a la política partidaria lo hacían para enriquecerse personalmente. No ha cambiado mucho el concepto en el siglo XXI.

El anti-parlamentarismo incluso traspasó fronteras ideológicas y a menudo fue compartido por grupos marxistas, como durante la primera etapa de los partidos comunistas en Europa (1919-1923), gran parte de los cuales era furibundamente anti-parlamentarios. Tan era así que tuvo que tomar cartas en el asunto el propio Lenin para disciplinar a tanta organización díscola que se negaba a aceptar tener que participar en esa cueva de ladrones por la que tomaban los parlamentos. En el comunismo de entonces predominaban las corrientes revolucionarias, contra las que Lenin escribió su obra La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo2.

Los bolcheviques empezaron su lucha victoriosa contra la república parlamentaria (burguesa de hecho) y contra los mencheviques con suma prudencia y no la prepararon, ni mucho menos, tan sencillamente como hoy piensan muchos en Europa y América. En el principio del período mencionado no incitamos a derribar el gobierno, sino que explicamos la imposibilidad de hacerlo sin modificar previamente la composición y el estado de espíritu de los Soviets. No declaramos el boicot al parlamento burgués, a la Asamblea Constituyente, sino que dijimos, a partir de la Conferencia de nuestro Partido, celebrada en abril de 1917, dijimos oficialmente, en nombre del Partido, que una república burguesa, con una Asamblea Constituyente, era preferible a la misma república sin Constituyente, pero que la república "obrera y campesina" soviética es mejor que cualquier república democráticoburguesa, parlamentaria. Sin esta preparación prudente, minuciosa, circunspecta y prolongada, no hubiésemos podido alcanzar ni consolidar la victoria en octubre de 1917. 3

De todas formas el parlamentarismo es una cosa y los partidos otra. Cuando Marx y Engels fundan la Liga Comunista nunca piensan en presentarse a ningunas elecciones. Se trata de una organización política de militantes. A este tipo de organizaciones se les conoce por partido de cuadros, organización de militantes u organización de cuadros. La idea básica es que se trata de una organización que tiene militantes con una experiencia política basada en unas líneas programáticas. La función de estos militantes – cuadros – es la de influir en un cuerpo social más grande que el de su propia organización. Es decir, que el programa de su organización sea asumido también por una organización de masas. Un cuadro, además, no necesitaría estar conectado directamente con su organización, ya que gran parte de su militancia la hará tomando decisiones de forma autónoma inserto en las organizaciones de masas, pero siempre en línea con su programa.

¿Y todo esto para qué? Pues porque tanto el parlamentarismo como las organizaciones de militantes o los partidos de cuadros son formas de encarar la cuestión del poder. El poder está en manos de una clase social, que se ha dado en llamar burguesía. Y la clase explotada, supeditada a la otra, la clase obrera, es quien trabaja para ella. Esta clase, si quiere algún día librarse de la explotación tendrá que organizarse para arrebatarle el poder a la otra. Es por ello por lo que algunas corrientes políticas apuestan por hacerlo mediante una acumulación de poder institucional, parlamentario, y otras mediante la conquista rápida (y a menudo violenta) del poder, revolucionario.

Este poder, aunque se tome de forma abstracta, tiene manifestaciones muy concretas. La más poderosa es el Estado, que no es más que una serie de instituciones que le sirven de herramientas a quien obstenta el poder para poderlo mantener mejor. El Estado defiende unos intereses de clase muy claros, aunque en algunas ocasiones, por pura estrategia, decida que no es mala idea de vez en cuando echarle una mano a la clase explotada. Y en contra de este poder y de este Estado, se alzan los grupos revolucionarios que se organizan como mejor saben y pueden.

Aunque no sea muy conocido, en el bando anti-autoritario también han existido organizaciones de cuadros. Es la intención de este artículo de dar a conocer intentos previos de grupos y organizaciones libertarias históricas que han defendido esta forma de funcionamiento y otras que aunque no son exactamente así (algunas federaciones anarquistas, organizaciones libertarias sociales), son compatibles. Así pues, en este artículo cuando hablemos del “partido de los anarquistas”, lo hacemos siguiendo la 5ª acepción del diccionario de la R.A.E., que dice así:

Conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa.”4

Es decir, un grupo de militantes que piensan de forma similar y que se organizan para lograr los mismos objetivos.

Creemos que existen también “partidos anti-partido”. En este caso se trata de organizaciones formales o informales de individuos que se oponen a los partidos políticos y siguen una línea política determinada y se organizan para que ésta tenga éxito, es decir, que forman un partido opuesto a los partidos políticos. Hay corrientes anarquistas que conforman partidos anti-partido muy bien organizados. En este caso entra en juego una influencia cultural muy importante, ya que quienes forman parte de estas corrientes tienen una afinidad natural práctica y teórica, que hace que se expresen de forma parecida y que tengan una conciencia de pertenecer al mismo grupo humano, aunque sean de organizaciones distintas.

Así pues en la gran mayoría de textos los anarquistas utilizan el término partido, lo hacen refiriéndose a un “partido que se presenta a las elecciones”. Es decir, un partido que apuesta por el parlamentarismo como medio para ejercer su propuesta política. Y fueron Kropotkin, Malatesta, Volin o Berkman, entre otros, quienes equipararon ambos términos, que hoy resultan casi inseparables. A pesar de ello en ocasiones estos mismos autores mencionan el partido entendido de la forma de agrupación política de anarquistas. Intentaremos, pues, diferenciar entre un partido que se presenta a las elecciones (y/o busca conquistar el poder gubernamental), una organización anarquista de síntesis y una organización de militantes / partido de cuadros.

La Alianza por la Democracia Socialista

La primera organización anarquista reconocida como tal fue la Alianza por la Democracia Socialista, creada por Mijail Bakunin y un grupo de simpatizantes de varios países en 1869. Su organización se basaba en dos programas, uno público y el otro interno, secreto, en línea con las clásicas sociedades secretas que habían predominado en la primera mitad del siglo XIX. Podríamos considerar esta Alianza como una organización de cuadros. La Alianza tuvo unos 70 militantes por toda Europa, y otros centenares repartidos por varias organizaciones nacionales bien estructuradas (en España, Francia, Italia, el Jura, etc.). La intención de este movimiento político era influir en el cuerpo social en el que se desarrollaba: la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Internacional. La Alianza actuaría como corriente interna de la AIT.

Esta Sociedad tiene por objeto el triunfo del Principio de la Revolución en el mundo, por consecuencia la disolución radical de todas las organizaciones e instituciones religiosas, políticas, económicas y sociales actualmente existentes, y principalmente la reconstitución de la sociedad Europea, y enseguida mundial, sobre las bases de la Libertad, la Razón, la Justicia y el Trabajo.

Tal obra no podría ser de corta duración. La asociación se constituye entonces por un tiempo indefinido y no cesará de existir más que el día en que el triunfo de su principio en el mundo entero sea su razón de ser.5

Fragmentos del Catecismo Revolucionario de 1866. Precedente de la Alianza

La Alianza lograría imponer su visión sobre la organización del movimiento obrero de la época en varios países, justo en los que tenía mejor organización. Su traducción práctica más clara sería la Comuna de París de 1871, en la que participarían varios “aliancistas”. Además éstos intentarían extender el incendio revolucionario por toda Francia mediante las 'comunas' de Marsella o de Lyon – hacia donde se dirigió el propio Bakunin. Los revolucionarios bakuninistas fueron participantes de primera fila en las grandes revueltas europeas de la época (las comunas en Francia, la revolución cantonal en España y las revueltas de Florencia, Bolonia o Nápoles en Italia).

Yendo a lo concreto. Recordemos la misión española de Fanelli6, que en 1869 hizo una gira de propaganda a petición de Bakunin y fundó dos núcleos de la Internacional y de la Alianza en Madrid y en Barcelona, lo que puso las bases de ambas organizaciones en España. Anselmo Lorenzo, Tomás González Morago y Francisco Mora harían lo mismo en Lisboa en 1872. Estos militantes actúan con una misión en la cabeza, que es la de fundar nuevos núcleos para su organización. Así pues contactan con gente proclive a unirse, se les explica el programa, y tras un debate si los han logrado convencer saldrá adelante el núcleo. Es algo parecido a las posteriores campañas de propaganda de los sindicalistas, pueblo a pueblo, aldea a aldea, fábrica a fábrica. Sólo que la Alianza es una organización política y la Internacional es social y sindical. En algunos casos requería que el militante estuviera meses en el mismo lugar, de tal manera que pudiera traspasar los conocimientos necesarios para que todo funcionara correctamente. Y recordemos también que Fanelli era un diputado del parlamento italiano. La particularidad estriba en que no obedecía a su cargo político parlamentario sino que estaba sujeto al programa de la Alianza. De hecho ya era parlamentario cuando conoció a Bakunin, y éste decidió aprovechar el cargo del otro para los fines de la Alianza y de la Internacional. Toda una lección de pragmatismo.

Sin embargo, tras la muerte de Bakunin, la división de la Internacional y el duro enfrentamiento entre marxistas y bakuninistas, y la feroz represión de las revoluciones fallidas, se produjo una dispersión que echará a perder la claridad de miras de antes. Comenzarán 20 años de auge de un anarquismo insurreccional cargado de individualismo y de desconfianza hacia todo tipo de organizaciones, tiempo que aprovecharía el marxismo para imponerse a todos los demás socialismos.

Del Congreso de Londres al Congreso de Ámsterdam

A pesar de su gran influencia en el período 1870-1874, las ideas libertarias pierden fuelle a finales de la década. No obstante, el impulso constructivo se trasladó a nuevos lugares como sudamérica, norteamérica y el norte de África, en donde se irían fundando nuevas sociedades obreras cargadas de influencias libertarias. Pero en Europa comenzará a predominar un anarquismo impulsivo, dispuesto a devolver golpe por golpe todas las ofensas que el poder estatal le estaba profesando al recién organizado movimiento obrero.

El Congreso de Londres de 18817 sería la confirmación oficial de esta tendencia, que hasta entonces había tenido una primera manifestación práctica en la llamada Internacional Negra, que era el intento de continuar con la AIT, desaparecida tras el Congreso de Verviers en 1877. En Londres fracasaron los intentos de construir una nueva Internacional libertaria, y triunfaron las tesis de la propaganda por el hecho y de la dinamita.

En este congreso Piotr Kropotkin propuso combinar las organizaciones de masas con grupos pequeños clandestinos dispuestos a la acción revolucionaria violenta. Incluso esta idea fue rechazada ya que entonces prevalecía la idea anti-organizacionalista del anarquismo. Curiosamente las circunstancias político-sociales harían que en aquellos años destacaran sociedades obreras de masas de carácter libertario en España y en los Estados Unidos y se pusieran las bases para la creación de los sindicatos a una escala mucho mayor que hasta entonces. Volviendo a Kropotkin, este pensaba que:

Yo no veo otro campo de actuación para todos aquellos que no pueden incorporarse a grupos secretos que la de agruparse bajo las banderas de la Internacional huelguista. Es sólo en ésta donde se podrán agrupar las fuerzas obreras, la masa. No veo por otra parte ningún inconveniente en ello. La huelga no es ya una guerra de brazos cruzados. El gobierno se encarga continuamente de transformarla en motín. Esto por un lado. Por otro lado, los grupos secretos se encargarían de organizar la conspiración obrera: hacer saltar una fábrica, ‘tranquilizar’ a un patrón o a un capataz, etc. etc. lo que reemplazaría con ventaja la propaganda de los congresos. 8

Se podría hablar en descargo de esta deriva hacia la acción por la acción si echásemos un vistazo un poco más amplio a otras corrientes revolucionarias de la época. En aquellos años, y hasta los años 20 y 30 del siglo XX, otras organizaciones políticas nacionalistas, republicanas, socialistas o populistas defendieron las tácticas de la propaganda por el hecho. Por ejemplo, fue abundantemente practicada por los nacionalistas irlandeses de la corriente “feniana”, por los populistas y socialistas revolucionarios rusos, por los nacionalistas serbios (que sirvieron de excusa para desencadenar la Primera Guerra Mundial) o por los republicanos portugueses.

Pero este camino del movimiento libertario haría que no pocos militantes que previamente habían destacado en su crecimiento y organización, abandonaran el movimiento. Uno de ellos fue Andrea Costa, que participó con Errico Malatesta, Cafiero o Ceccarelli en la insurrección del Benevento, Italia, en 1877; lenvatamiento al más puro estilo garibaldiano9. Costa fundaría el Partido Socialista Anarquista Revolucionario y fue el primer diputado socialista italiano electo en 1892. Su partido daría origen al Partido Socialista Italiano. Su partido era puramente parlamentario porque en su opinión se habían cerrado todas las demás vías alternativas de cambiar el estado de las cosas en Italia. Aún no se conocía el sindicalismo revolucionario.

La trayectoria de Costa es un ejemplo de la de otros militantes que no estaban en la línea de la mayoría de su movimiento. Cuando se funda la II Internacional, en 1889, en el seno de varios partidos socialdemócratas europeos existe una corriente libertaria. La Internacional tenía varias corrientes socialistas, siendo la marxista la que terminaría ganando la partida, asimilando o expulsando a las demás. Los anarquistas serían una de estas corrientes expulsadas por el sectarismo marxista en 1896.

Los militantes, insertos en el ambiente obrero de la época, poco a poco van entrando en las sociedades obreras. Al cerrárseles la puerta de la organización política, prueban con los sindicatos. En aquellos años los sindicatos comenzaban a ser tolerados por las autoridades. Esto provocaba una llegada de obreros concienciados que iban adquiriendo conciencia de clase y un primer contacto con las ideas libertarias. Entre la década de 1896 y 1906 tiene lugar la creación del sindicalismo revolucionario, que será en varios países la forma de socialismo mayoritaria durante años. Su auge coincidió con la progresiva desacreditación de la práctica de la propaganda por el hecho, que se había llevado por delante a varios reyes y ministros, pero que no provocó la tan esperada insurrección. Con la puesta en práctica de las tácticas sindicalistas revolucionarias (la huelga general, el sabotaje, el boicot y el label), el movimiento anarquista cambió de rumbo.

En el Congreso de Ámsterdam, en 1907, se constató este cambio. Aparecieron nuevos defensores de la teoría del sindicalismo revolucionario, Pierre Monatte, Amedé Dunois, Rudolf Rocker o Christian Cornelissen que pudieron contrastar sus prácticas e ideas con la élite del movimiento anarquista de la época: Errico Malatesta, Emma Goldman, Luigi Fabbri... Sin embargo, a efectos prácticos el congreso sirvió de poco ya que se aprobaron cuatro declaraciones de tendencia contrapuesta, queriendo contentar a todos. Era la tradición para que la mayoría no marginase a la minoría, pero a nuestro entender, hizo un flaco favor a la acción política posterior de los anarquistas en tanto a movimiento10.

Ahora bien, prosiguen, su lugar como anarquistas está en la unión obrera, y ahí nada más. La unión obrera no es solamente una organización de lucha, es ella el germen viviente de la sociedad futura, y ésta será lo que el sindicato nos haya hecho. El error, es quedarse entre iniciados, rumiando siempre los mismos problemas de doctrina, dando vuelta sin fin en el mismo círculo de pensamiento. Por ningún pretexto, hay que separarse del pueblo, pues por muy atrasado, por muy limitado que sea, es él, y no el ideólogo, el motor indispensable de toda revolución. ¿Tienen ustedes entonces, como los socialdemócratas, intereses diferentes de los del proletariado que hacer valer -intereses de partido, de secta o de camarilla? ¿Debe el proletariado acudir a ustedes, o ustedes ir hacia él para vivir de su vida, ganar su confianza e incitarle, por la palabra y el ejemplo, a la resistencia, a la rebeldía, a la revolución?

[...]La revolución social sólo puede ser obra de la masa. Pero toda revolución viene necesariamente acompañada de actos, que por su carácter -de alguna manera técnico-, no pueden ser más que el hecho de un pequeño número, de la fracción más atrevida y más instruida del proletariado en movimiento. En cada barrio, cada ciudad, cada región, nuestros grupos formarían, en periodo revolucionario, tantas pequeñas organizaciones de combate, destinadas a la realización de las medidas especiales y delicadas para las que, la mayoría de las veces, la gran masa es inhábil.11

El marxismo como corriente política organizada superó al anarquismo en las décadas de 1880 y 1890. Cuando éste comenzó a tener una nueva orientación (hacia el sindicalismo revolucionario) los partidos socialdemócratas y/o el reformismo obrero (las Trade Unions en el mundo anglosajón, la American Federation of Labor en Estados Unidos, etc.) ya habían tomado el liderazgo del movimiento obrero (en Alemania, Estados Unidos, Rusia, Italia, Francia...). El sindicalismo revolucionario fue considerado como un gran avance, y durante algunos años logró desafiar al marxismo, pero más tarde apenas pudo resistir el poderoso prestigio de la Revolución rusa. Al fin y al cabo el mundo se mueve mediante victorias y al sindicalismo le faltaba una visión más global, política, de la que posteriormente hablaremos.

El PLM y Ricardo Flores Magón

Otro ejemplo histórico de interés es el del Partido Liberal Mexicano (PLM). Se trata de una organización política mexicana creada en 1901 y fundada para oponerse a la dictadura de Porfirio Díaz. El partido se crea combinando un órgano de propaganda, el periódico Regeneración, con grupos locales que se llamaban círculos liberales. En el partido confluyeron militantes liberales, republicanos, libertarios y socialistas y en 1906 lanzarían un manifiesto y un programa12, que más tarde sería la base de la propia Constitución mexicana y sería un modelo para numerosos planes y programas de una década después.

A pesar de la composición heterogénea del partido, hacia 1906-07 tomaría el control de la organización la vertiente libertaria, capitaneada por los hermanos Flores Magón, Librado Rivera, Práxedis G. Guerrero, entre otros. Este grupo de libertarios controlaron la Junta Revolucionaria del PLM, que era el organismo que dirigía la orientación política y militar del movimiento. La Junta fue responsable de la insurrección de 1908, y de llevar a cabo en 1910 las operaciones insurreccionales de las milicias que acabaron iniciando lo que sería la Revolución mexicana.

La fuerza del PLM no eran los anarquistas sino su programa, que ofrecía un profundo cambio social en México. Fue el programa lo que atraería a muchas personas y a otras organizaciones al terreno revolucionario. El PLM pudo haber logrado esa victoria moral que necesitaba el anarquismo a escala global. Sin embargo, hay que comprender que las ideologías son herramientas para la liberación. Y que en cuanto una no es capaz de conseguirlo le tocará el turno a otra. El PLM cometió algunos errores estratégicos importantes, que le privaron de la victoria, y la pusieron en manos de Francisco I. Madero que tomó el poder. La guerra civil que inició la insurrección duraría toda la década. En 1911, el PLM lanzaría un nuevo manifiesto llamando a la acción revolucionaria:

La expropiación tiene que ser llevada a cabo a sangre y fuego durante este grandioso movimiento, como lo han hecho y lo están haciendo nuestros hermanos los habitantes de Morelos, sur de Puebla, Michoacán, Guerrero, Veracruz, norte de Tamaulipas, Durango, Sonora, Sinaloa, Jalisco, Chihuahua, Oaxaca, Yucatán, Quintana Roo y regiones de otros estados, según ha tenido que confesar la misma prensa burguesa de México, en que los proletarios han tomado posesión de la tierra sin esperar a que un Gobierno paternal se dignase hacerlos felices, conscientes de que no hay que esperar nada bueno de los Gobiernos y de que "La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos".13

En la Revolución mexicana tenemos un ejemplo de esta falta de visión que se le achaca al sindicalismo revolucionario. En Ciudad de México, nació en 1912 una central sindical, cuyos referentes eran la CGT francesa, la CNT española y los IWW de norteamérica. Muy pronto logró asentarse entre los obreros de la capital y de algunas ciudades industriales y colonias mineras, y para 1913 ya lograba convocar a 30.000 obreros en sus manifestaciones. Pero en cuanto la guerra civil mexicana llegó a las puertas de la capital, fueron incapaces de distinguir entre aliados y enemigos. De esta manera, en 1915, los sindicalistas se pusieron a las órdenes del gobierno, reclutando a unos 7.000 trabajadores en los llamados “batallones rojos”, para ir a combatir directamente al ejército de Emiliano Zapata, que veían como una horda de campesinos atrasados y religiosos. Para entonces la influencia del PLM en la revolución se había evaporado, ya que Ricardo Flores Magón se hallaba preso en Kansas, Estados Unidos, y faltó una visión más amplia de miras.

La Revolución rusa: Nabat y la makhnovischina

En la revolución más importante del siglo XX también hubo una importante participación anarquista. Sin embargo, tal como menciona Volin14, al estallar la revolución de Febrero de 1917, el movimiento anarquista estaba totalmente desorganizado. Mientras que los marxistas bolcheviques tenían ya en febrero o marzo de aquel año 8.000 militantes organizados, los anarquistas apenas tenían algunos grupos dispersos en las ciudades más importantes. La prensa anarquista tardó varios meses en aparecer mientras que los bolcheviques ya tenían decenas de periódicos.

Pero lo más importante, una vez más, es la capacidad de hacer política, de luchar por un determinado ordenamiento de la polis. Así pues, en cuanto Lenin puso los pies en Rusia, comenzó a orientar a su partido hacia la toma del poder. Para ello, viendo el ambiente que se respiraba en la calle, trazó un programa revolucionario que copiaba en buena medida el lenguaje de los anarquistas. Y gracias a ello se atrajo a los sectores más avanzados del proletariado urbano, que podrían haber sido la base social de un movimiento libertario en Rusia.

Los anarquistas aún así apenas reaccionarion y no participaron como movimiento organizado en los congresos de Soviets (consejos obreros) que se realizaron en Rusia en junio y en octubre de 1917. Tuvieron que ser algunos militantes individuales quienes mantuvieran la llama anarquista en medio de grandes organizaciones de masas dominadas por otros movimientos. La acción de los libertarios en aquel año se centró en fortalecer la Guardia Roja, en crear sindicatos, y en la cuestión cultural y vivencial del anarquismo. Por ello, hubo trasvase de militantes libertarios hacia el partido de los bolcheviques, que estaban participando en los organismos de contrapoder o poder dual, que eran los soviets.

No creemos en la posibilidad de cumplir la Revolución social por el procedimiento político.

No creemos que la obra de la nueva construcción social ni la solución de los problemas tan

vastos, varios y complicados de nuestro tiempo puedan ser realizados por actos políticos,

mediante la toma del poder, desde arriba, desde el centro...15

El movimiento anarquista comenzó a hacer su aparición en la primavera de 1918, pero entonces ya era demasiado tarde. Los bolcheviques una vez conquistado el poder, se habían asentado y no permitieron ya ninguna competencia por su izquierda. Barrieron a los anarquistas de los soviets y fueron dominando o marginando los sindicatos libertarios y los comités de fábrica con presencia libertaria organizada. Su acción posteror se reduce a valientes insurrecciones puntuales.

Hemos adquirido el hábito de culpar del fracaso del movimiento anarquista en Rusia entre 1917-1919, a la represión estatal del Partido Bolchevique. Lo cual es un grave error. La represión Bolchevique dificultó la expansión del movimiento anarquista durante la revolución, pero fue sólo uno de los obstáculos. Mas bien, fue la inefectividad interna del propio movimiento anarquista una de las principales causas de este fracaso, una inefectividad emanada de la vaguedad y de la indecisión que caracterizaron a sus principales posiciones políticas respecto a organización y tácticas.16

Pero en Ucrania, entre 1918 y 1922, un movimiento anarquista logró dominar la situación y en plena guerra civil supo cómo maniobrar en medio de todos los obstáculos posibles. Durante aquellos años de guerra civil el movimiento makhnovista (llamado así por su cabecilla, Nestor Makhno) tuvo un territorio liberado en donde se implantó el comunismo libertario y los soviets fueron realmente 'libres', y en donde vivieron millones de personas.

En este caso la orientación política de los anarquistas era distinta de la de sus camaradas de Rusia. Mientras que en Rusia predominaban las organizaciones de síntesis, en Ucrania los grupos anarquistas eran anarco-comunistas, es decir, comunistas libertarios kropotkinianos revolucionarios. Tenían las ideas bastante claras, y una vez vividos los golpes represivos en Rusia, intentaron mantener una línea capaz de alcanzar la victoria en su territorio. De todas formas, los enemigos a los que se enfrentaron eran demasiado fuertes, y eventualmente serían derrotados.

Lo que nos muestra la revolución en Ucrania es la potencialidad de un movimiento político bien organizado, mediante la estrecha relación entre una organización anarquista (en este caso de síntesis), Nabat17, los soviets locales y el ejército insurreccional makhnovista18. Esta alianza política, social y militar constituyó el corazón de la nueva sociedad comunista libertaria.

Los años rojos

La Revolución rusa supuso un cambio en la mentalidad de buena parte del movimiento obrero. Era posible la victoria, Rusia lo demostraba. Y su ejemplo cundió en el movimiento obrero organizado de numerosos países. A partir de 1918 estallaron revoluciones, revueltas, insurrecciones, motines y huelgas en medio mundo que pusieron el capitalismo contra las cuerdas. No se recordaba algo similar desde las revoluciones de 1848 y en este caso el movimiento revolucionario de aquellos las superó con creces.

Al igual que a la Revolución rusa el anarquismo internacional llegó a aquel evento histórico desarmado política y teóricamente, con algunas excepciones. En cada lugar el anarquismo tuvo que apañárselas como mejor pudo. A veces actuando heroicamente, en otras de forma torpe. No es casualidad que una parte de la militancia libertaria de aquellos años terminara engrosando las filas de los partidos comunistas en Brasil, México, Checoslovaquia, Hungría, Francia, China, etc.

Uno de los eventos destacados del momento, en la que los anarquistas fueron protagonistas, fue en la insurrección de Río de Janeiro de 1918. La huelga fue la culminación de un proceso de guerra social en la ciudad. Los obreros, organizados en sus sindicatos, pusieron contra las cuerdas a las autoridades de la ciudad, que entonces era la capital de la República. Su movimiento revolucionario fracasó, pero durante meses tuvo en jaque a los capitalistas y al estado brasileño19. Podemos ver un paralelismo con la toma del poder de los bolcheviques en Petrogrado, capital de Rusia, un año antes. La insurrección anarquista buscaba derrocar al estado combinando la huelga general con una insurrección en la que participaban incluso los soldados de los batallones de la ciudad. Sin embargo, algunos soldados aliados de los obreros, en realidad eran infiltrados del ejército, que echaron a perder el factor sorpresa y echaron al traste la insurrección.

En Alemania, los libertarios eran poco numerosos, pero aún así lograron destacar e impulsaron brillantes ejemplos como el del Soviet de Baviera de 191920 (encabezado durante un tiempo por Gustav Landauer, Ret Marut, Silvio Gessell, Erich Mülhsan, Ernst Toller...). El movimiento de los consejos obreros fue una potente obra de construcción de un verdadero poder popular. Le faltó un impulso mayor de sustitución del estado por las nuevas estructuras sociales. Ese era el papel que debían jugar los anarquistas (y para el caso cualquier otro movimiento revolucionario). Digamos que si los anarquistas tuvieron cierto impacto en Baviera, fue porque estaban organizados en una federación de grupos anarquistas llamada la Liga Socialista21, presente en toda Alemania pero que en Munich tenía cierta fuerza.

También en Italia tuvieron una postura clara en el verano de 1920, momento en el que se había fundado la Unione Anarchica Italiana22. Su intención era combinar una huelga general con la creación de organismos de contrapoder obrero, que serían los consejos como el Consejo de Turín, de septiembre de 1920. La huelga fue más allá acabando en expropiación masiva de los activos del capitalismo, es decir, que se ocuparon las fábricas23. Los anarquistas tuvieron una postura valiente y consecuente proponiendo prácticamente la toma del poder mediante la asociación de las organizaciones obreras y revolucionarias. Sin embargo, no fueron seguidos por los socialistas que dejaron morir la huelga. El precio que pagaron fue terrible, ya que el fascismo tomó el poder dos años después apoyado por los capitalistas que habían sido expropiados.

La Unione se dotó de un programa, redactado por Malatesta24, que en el congreso de fundación propuso la necesidad de armarse, de crear un frente único revolucionario, de instaurar en el campo y en la ciudad una nueva manera de funcionar y de pasar de las huelgas a las ocupaciones. De la misma manera se expresaba Luigi Fabbri que veía que el anarquismo tenía que ser un motor de la revolución:

La función del anarquismo no es tanto la de profetizar un porvenir de libertad como la de prepararlo. Si todo el anarquismo consistiera en la visión lejana de una sociedad sin Estado, o bien en afirmar los derechos individuales, o en una cuestión puramente espiritual, abstracta de la realidad vivida y concerniente sólo a las conciencias particulares, no habría ninguna necesidad de un movimiento político y social anarquista. Si el anarquismo fuera simplemente una ética individual, para cultivar en sí mismo, adaptándose al mismo tiempo en la vida material a actos y a movimientos en contradicción con ella, nos podríamos llamar anarquistas y pertenecer al mismo tiempo a los más diversos partidos; y podrían ser llamados anarquistas muchos que, no obstante ser en sí mismos espiritualmente e intelectualmente emancipados, son y permanecen en el terreno práctico como enemigos nuestros.

Pero el anarquismo es otra cosa. No es un medio para encerrarse en la torre de marfil, sino una manifestación del pueblo, proletaria y revolucionaria, una activa participación en el movimiento de emancipación humana con criterio y finalidad igualitaria y libertaria al mismo tiempo. La parte más importante de su programa no consiste solamente en el sueño, que sin embargo deseamos que se realice, de una sociedad sin patrones y sin gobiernos, sino sobre todo en la concepción, libertaria de la revolución, en la revolución contra el Estado y no por medio del Estado, en la idea que la libertad no sólo es el calor vital que animará el nuevo mundo futuro, sino también y sobre todo hoy mismo, un arma de combate contra el viejo mundo. En este sentido el anarquismo es una verdadera y propia teoría de la revolución. 25

En aquella época el anarquismo italiano estaba muy influido por la táctica del sindicalismo revolucionario. Pero esta táctica no garantizaba tener una visión política capaz de derrotar al capitalismo y al estado. La huelga general por sí misma no garantizaba el derrumbe de las instituciones. Servía para crear estructuras de contrapoder, los comités de huelga, que gestionaban la vida en los barrios y pueblos en los que se desarrollaba la huelga. Así tenemos muchísimos ejemplos de ciudades que fueron gobernadas por comités dee huelga en períodos de conflicto social agudo. A diferencia de Río de Janeiro, por ejemplo, en Buenos Aires no se tuvo la misma determinación de derrotar insurreccionalmente a las fuerzas del estado26. Ni tampoco en Seattle, Calgary, Edmonton, Winnipeg, Limerick, Saint Denis (barriada de París), Barcelona y otros lugares que vivieron heroicas huelgas que no llegaron a buen puerto.

Las huelgas se quedan a menudo en lo económico movilizando un enorme contingente obrero, pero incapaces de avanzar más allá hasta que son derrotadas por la vía militar (las huelgas revolucionarias). Podemos ver que los anarquistas eran capaces de conseguir paralizar un país, pero no arrastrarlo hacia una revolución social que justo entonces estaba bien vista por una gran parte de la sociedad. Faltaba un método, una teoría de la revolución. Faltaba la capacidad de combinar huelgas con insurrecciones y de que el país entero siguiera la senda revolucionaria como había ocurrido en Rusia y se había intentado en Brasil.

Digamos que los marxistas tampoco tuvieron muy claro el asunto visto su papel en las revoluciones alemana y húngara. En el primer caso, no fueron capaces de superar a la socialdemocracia que dominaba entre la clase obrera impidiendo una revolución más profunda. Y en el segundo su papel una vez en el gobierno del país dejó mucho que desear, dado su nulo apoyo al campesinado, o a su empecinamiento en entrar en guerra expansivas contra todos su países vecinos.

La Plataforma

Habría que decir que hemos presentado previamente tres organizaciones de síntesis (Nabat en Ucrania, la Liga Socialista alemana y la Unión Anarquista Italiana) que jugaron un papel muy destacado en un proceso revolucionario. Las tres tuvieron un papel destacado y combinaron hábilmente una organización política con un movimiento de masas (en Ucrania el makhnovismo, en Alemania los consejos obreros y en Italia la USI y los consejos de fábrica). Pero de alguna manera su organización carecía de coherencia interna. No era lo mismo un grupo que otro, ni una sección que otra. Por eso a nivel de localidad la intensidad de la revolución variaba enormemente. Las organizaciones de síntesis del momento agrupaban a comunistas libertarios con anarcosindicalistas, con otros libertarios de tipo individualista o insurreccionalista. El resultado eran decisiones poco vinculantes y ciertas vacilaciones a la hora de actuar unitariamente. De todas formas la participación de las tres organizaciones mencionadas en sus procesos revolucionarios fue encomiable.

En 1926 un grupo Dielo Truda, de exiliados rusos en París (Nestor Makhno, Piotr Arshinov, Ida Mett, entre otros), después de un proceso de análisis de la revolución rusa, señalaron los errores cometidos por su movimiento y se propusieron idear una metodología para superarlos en futuras revoluciones. Su reflexiones fueron recogidas en la Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas27.

El documento también propone una forma organizativa para la militancia libertaria que se basaba en una unión de anarquistas en base a un programa, es decir, una unión de anarquistas que conciben el anarquismo de forma similar, buscando una unidad teórica y táctica como paso previo a la acción revolucionaria y la necesidad de una disciplina interna. Este documento sería duramente atacado por los anarquistas de la época. Sobretodo destacan las críticas de Malatesta, Volin y Faure que creen que el modelo de organización propuesto es autoritario, y que entraría en contradicción con los principios del anarquismo ya que daría pie a una vanguardia. Como contra-propuesta se lanzará la idea del “anarquismo de síntesis”, que ya se venía poniendo en práctica en las organizaciones libertarias desde el siglo XIX, en el que caben dentro de las mismas tendencias diferentes anarco-comunistas, anarco-sindicalistas e anarco-individualistas.

En todos los países, el movimiento anarquismo está representado por organizaciones locales, con teorías y prácticas contradictorias, sin tener perspectivas de futuro ni una constancia en la militancia, y que suelen desaparecer sin dejar casi ninguna huella. Tal estado del anarquismo revolucionario, tomado como un todo, sólo puede ser calificado de "desorganización crónica". Como la fiebre amarilla, esta enfermedad de la desorganización se introdujo en el organismo del movimiento anarquista y nos sacude desde hace decenios.28

A pesar del revuelo levantado por el documento, y por el debate posterior en el movimiento libertario internacional, la posición partidaria de la Plataforma lograría tener influencia solamente en Francia y en Bulgaria, en donde se desarrollaba un potente movimiento libertario que tuvo serias opciones de victoria, y que como nos ha ocurrido siempre, se enfrentó a enemigos muy superiores y salió derrotado. La Plataforma fue reivindicada por grupos franceses e italianos en los años 50 y 60, hasta terminar como una de las principales corrientes organizativas libertarias de nuestros días.

Los anarco-comunistas de los años 20 y 30

En Argentina, así como en otros países, la Revolución rusa produjo un formidable impacto. El movimiento anarquista tuvo turbulentos debates que a menudo provocaron escisiones y expulsiones. Ya hemos dicho que en varios países los partidos comunistas salieron de grupos de anarquistas fascinados por Rusia. En Argentina el movimiento obrero de carácter más radical se había fracturado en 1915 durante su IX congreso, cuando la central sindical revolucionaria, la FORA, se dividió en dos ramas, una mayoritaria de carácter sindicalista revolucionario y la otra minoritaria de carácter explícitamente anarquista.

Para complicar más las cosas dentro de la FORA anarquista, la que defendía la declaración del V Congreso (es decir, una organización gremial de finalidad comunista anárquica), hubo una ruptura entre quienes apoyaban a la Revolución rusa y quienes la criticaban por autoritaria. Los primeros fueron denominados “anarco-bolcheviques”. Hemos de reconocer que en aquellos años la información no circulaba con rapidez, y que en un principio se tomaba a la Revolución rusa como liberadora. Al menos hasta Kronstadt una mayoría tácita del movimiento libertario internacional simpatizaba con los bolcheviques, inconscientes de lo que acontecía realmente.

La FORA del V congreso defendía un movimiento obrero libertario, era una organización político-sindical. Es decir, que su objetivo era organizar a los trabajadores e irlos acercando a su finalidad, el comunismo anárquico. Pero en los períodos en los que se hablaba de confluencia de diferentes corrientes del movimiento obrero, esa misma finalidad la hacía caer en el sectarismo.

Tras la dura represión de la Semana Trágica de Buenos Aires, y otras masacres del movimiento obrero, (como las de la Patagonia) en 1922 se funda la Unión Sindical Argentina, a partir de la FORA sindicalista y del sector anarco-bolchevique. Los grupos anarco-bolcheviques se organizaron ese mismo año efímeramente en la Alianza Libertaria Argentina. Pero el movimiento libertario está dividido y más preocupado de luchar contra las otras tendencias que de desarrollar conflictos con el estado y el capitalismo. Estas luchas internas hacen que el movimiento obrero se vaya alejando del anarquismo, y vaya progresivamente acercándose al socialismo y a posturas menos ideologizadas.

En los años 30, hay un nuevo proceso de unidad entre anarquistas, que da origen a la Federación anarco-comunista argentina, la FACA, que es una federación de síntesis anarquista. Sin embargo de este proceso saltará un grupo de tendencia anarco-comunista que fundará el periódico Spartacus, que más tarde tendrá un grupo con el mismo nombre, la Alianza Obrera Spartacus. Fue uno de los pocos grupos en difundir la Plataforma. La Alianza defendía el paso de sindicatos gremiales a sindicatos de industria, como había hecho la CNT española en 1919. También defiende la unidad por la base del movimiento obrero, aunque hubiera marxistas en esta unidad. La Alianza tuvo su momento de apogeo en las huelgas de 1936. Pero tras el estallido de la Guerra Civil española todo el movimiento volcará su actividad en el apoyo solidario con la CNT. La derrota de la República y la falta de referentes libertarios en el extranjero hará que el movimiento no sepa sobreponerse y que acabe superado por los comunistas y más tarde por los partidarios de Perón.

En Francia la Plataforma tuvo cierto impacto. Desde 1920 existía una organización específica, la Unión Anarquista (UA) en donde cabían todos los anarquistas. En 1926 se transformó en la Unión Anarquista Comunista (UAC) Pero las discusiones derivadas por la aparición de la Plataforma hicieron que los partidarios de la síntesis abandonaran la organización. La UAC, por lo tanto, queda a partir de 1927 como una organización mayoritariamente plataformista.

Pero con el auge de los Frentes Populares en Europa en los años 30 hay también un nuevo impulso hacia la unificación de los libertarios. Entre 1930 y 1934, en dos tandas, hay procesos de unificación que irán evolucionando hasta formar la Federación Anarquista Francesa, aunque sin disolverse la UAC. Pero al par que se da este proceso también habrá un grupo de plataformistas que abandonan la nueva organización. Este grupo formará la Federación Comunista Libertaria. Es decir, que hay una tendencia a juntarse todos los libertarios en una organización, pero cada vez que esto ocurre, los anarco-comunistas se dan cuenta de que necesitan la suya propia.

La guerra mundial hará que el movimiento pase a la clandestinidad, jugando un papel discreto, a menudo supeditados a otras fuerzas políticas. En 1945 se funda la Federación Anarquista, como única organización libertaria en Francia. Desgraciadamente el anarquismo no jugará en Francia un papel relevante hasta las revueltas de mayo de 1968.

En Italia, se podría decir que la UAI, fundada en 1920, era una organización de síntesis, pero no olvidemos que esa federación había surgido de la Unione Anarco-Comunista Italiana, para la que Malatesta había escrito un programa el año 191929. Si se funda la UAI como organización de síntesis es por la insistencia de Malatesta, que quiere organizaciones más abiertas. En la práctica la UAI simplemente añadía anarcosindicalistas a los comunistas libertarios ya previamente organizados. A efectos prácticos, la UAI funcionaría de forma muy coordinada, teniendo una influencia importante en las ocupaciones de fábrica operando en los comités de fábrica y en los sindicatos. De todas formas en la UAI había diversas formas de entender la organización anarquista, por ejemplo Armando Borghi, secretario general de la USI y militante de la UAI, llegará incluso a proponer la fusión de ambas organizaciones, a imitación del modelo de la FORA.

Pero tras el período de ascenso al poder de Mussolini, toda la lucha política y práctica se vuelca hacia el anti-fascismo. Hasta la II Guerra Mundial, no se podrá realizar una labor política alejada de esta línea. Y precisamente se comenzará a realizar durante la guerra civil italiana a partir de 1943 (la guerra entre partisanos y fascistas que fue paralela a la guerra entre los Aliados y los nazis en suelo italiano). Los anarquistas organizan no pocas unidades milicianas (a unos 15.000 partisanos de entre 200.000 en total). En aquellos años se crea la Federación Comunista Anarquista Italiana, que se convertiá más adelante en la FAI. En las zonas liberadas los anarquistas también pudieron implantar brevemente su modelo social.

En los años de la post-guerra una buena parte de los anarquistas del norte de Italia buscaban un contacto con las organizaciones de masas. Se produjo una escisión, dando pie a la Federación Comunista Libertaria de la Alta Italia, que tendría también una rama juvenil. Esta organización atrajo a algunos comunistas. También se fundarían en otras regiones organizaciones de tipo anarco-comunista. Todos estos grupos confluirían en 1951 en los Grupos Anarquistas de Acción Proletaria (GAAP).

En Italia el enorme peso del movimiento comunista hacía imposible que una acción autónoma tuviera posibilidades de éxito. Los comunistas supieron capitalizar la lucha de liberación nacional italiana, apareciendo como el movimento político que dirigía la guerra contra el fascismo. Por ello ganaron un prestigio enorme que ningún otro movimiento pudo desafiar. A pesar de su potencialidad y de su influencia en las huelgas del biennio rosso (1919-20) los anarquistas fueron desarticulados por el fascismo en 1921-24, aunque lograron reaparecer con la cabeza bien alta en el período 1943-45.

Mala suerte tuvieron los libertarios búlgaros. Fueron aniquilados en el golpe militar de 1923, en el que murieron 30.000 personas. Y una vez más anulados por otro golpe de estado fascista en 1934. Y más tarde machacados por la ocupación nazi de Bulgaria en 1941. Y las tres veces lograron sobreponerse al desastre y organizar un movimiento popular envidiable, con guerrillas incluso. La Federación Anarquista Comunista de Bulgaria30, fue el único movimiento libertario importante de la época que se rigió por la Plataforma. Supo navegar a contracorriente, y organizar grandes organizaciones populares que rivalizaban con las comunistas (que estaban financiadas por la Unión Soviética). Sin embargo, tras la ocupación del país por el Ejército Rojo en 1944, los comunistas se hicieron con el control del país. Aún así los anarquistas aguantarían hasta 1948.

Es sobre todo todo necesario para los partidarios del anarquismo comunismo estar organizados en una organización ideológica anarquista comunista. Las tareas de estas organizaciones son: desarrollar, realizar y extender las ideas anarquistas comunistas; estudiar las cuestiones vitales de hoy que afecten a las vidas diarias de las masas trabajadoras y los problemas de la reconstrucción social; la lucha multifacética por la defensa de nuestro ideal social y la causa de la clase trabajadora; participar en la creación de grupos obreros al nivel de producción, profesión, intercambio y consumo, cultura y educación y todas las otras organizaciones que puedan ser útiles en la preparación de la reconstrucción social; preparación y organización de estos eventos; el uso de todos los medios para lograr la revolución social. Las organizaciones anarquistas comunistas son absolutamente indispensables para la total realización del comunismo libertario tanto antes de la revolución como después.31

El caso español

España siempre fue quedó descolgada de los debates anarquistas internacionales. El movimiento obrero ibérico (incluyendo a Portugal) se había orientado hacia el anarcosindicalismo y su fuerza en lugar de ser sobrepasada por la socialdemocracia o el comunismo incluso aumentó siendo hegemónica en varias zonas. Esta fuerza con la que contaban hizo que no prestaran mucha atención a los anarquistas extranjeros, que en los años 30, ya podían ser considerados representantes de un movimiento en declive.

Las necesidades organizativas del movimiento dieron lugar a la creación de una organización específica, la Federación Anarquista Ibérica (FAI), a partir de varios grupos y otras federaciones de grupos libertarios. También se fundó en una base de organización de síntesis anarquista, mezclando grupos con intenciones culturales, con otros más dedicados al anarcosindicalismo o al comunismo libertario.

En cambio, sí hubos grupos federados en la FAI con una visión más política. Por ejemplo el grupo de Los Solidarios, después llamado Nosotros era un grupo con una orientación politica y militar, que no dudaba en combinar ambos conceptos en cuanto tocara. Formaban parte del mismo (Buenaventura Durruti, Joan García Oliver, Francisco Ascaso, Gregorio Jover, Ricardo Sanz, etc.) Su influencia fue grande, aunque no terminara de arrastrar a toda la FAI. Otro de estos grupos era el grupo Nervio, que en Barcelona sí que consiguió arrastrar a otros grupos, y que de aquí salió la corriente colaboracionista de la guerra civil española. Otro grupo a destacar sería el grupo Renacer, el germen de Los Amigos de Durruti.

Al grupo Nosotros se debe una parte de las insurrecciones populares de 1932 y 1933. Precisamente, serían las mejor preparadas. En realidad la mayoría de las insurrecciones locales se producían por la represión de la Guardia civil y por la desesperada situación social en que se encontraba el campesinado y la clase obrera. El grupo Nosotros sirvió como instigador y coordinador de varios levantamientos, que por lo general estuvieron mal preparados. Sin embargo, su experiencia se trasladó a los comités de defensa que constituyeron los sindicatos durante los años 30. Gracias a estos comités el movimiento libertario comenzó a tener una rama militar que posteriormente sería capaz de derrotar al ejército en varias ciudades españolas.

Todos estos grupos estaban opuestos a otra tendencia libertaria. A los treintistas. Los treintistas eran firmantes del Manifiesto de los Treinta, que defendía que para llevar a cabo una revolución social triunfante era necesaria la consolidación de la organización obrera (la CNT) y la consolidación también de un régimen republicano en el que poder operar con tranquilidad. Se trataba de militantes obreros que habían dirigido a la CNT durante los años 20. Estaban, de alguna manera, de acuerdo con una especie de período de transición que pudiera fortalecer a las organizaciones revolucionarias. Los más destacados partidarios de esta línea fueron Joan Peiró, Juan López, Domingo Torres o Ángel Pestaña.

Somos revolucionarios, sí; pero no cultivadores del mito de la revolución. Queremos que el Capitalismo y el Estado, sea rojo, blanco o negro, desaparezca; pero no para suplantarlo por otro, sino para que hecha la revolución económica por la clase obrera pueda ésta impedir la reinstauración de todo poder, fuera cual fuere su color. Queremos una revolución nacida de un hondo sentir del pueblo, como la que hoy se está forjando, y no una revolución que se nos ofrece, que pretenden traer unos cuantos individuos, que si a ella llegaran, llámase como quieran, fatalmente se convertirían en dictadores al día siguiente de su triunfo.32

La corriente se organizaría mediante la Federación Sindicalista Libertaria, opuesta a la FAI. Sin embargo, a pesar de tener cierta influencia en la organización confederal no lograron ser seguidos, y quedaron en una pequeña minoría. Pestaña, por su parte pensando que había llegado el turno de los partidos políticos formó el Partido Sindicalista33, que estaba concebido para ser el partido de la CNT. Era una plataforma electoral que tenía la intención de conectar el movimiento obrero (a la CNT) con la pequeña burguesía y los profesionales liberales. Hubo muchos intentos de “partido de la CNT”. Por ejemplo el PCE o el POUM intentaron serlo, arrastrando consigo a algunos militantes. Pero en la mayoría de los casos los militantes confederales (de la CNT) se decantaban por apoyar a los partidos republicanos. Se podría decir que era una contradicción estar por un lado defendiendo ideas anarquistas, pero cuando llegaban las elecciones, votar a los republicanos y no apoyar partidos aparentemente más propios.

En la Revolución asturiana de 1934 se desarrollaron varias estrategias. Por un lado la de la huelga general revolucionaria, por otro lado la insurreccional. Pero fueron los socialistas quienes dirigieron en todo momento la insurrección, y quienes a pesar de ser superados por las bases pudieron capitalizar el movimiento. A pesar de todo los anarquistas sacaron valiosas lecciones prácticas de Asturias que adaptaron a sus tácticas militares.

Cuando llegó el levantamiento militar del ejército español, y el estado republicano se hundió, el movimiento obrero logró salvar la situación. Pero cuando tenía el poder en la mano, renunció a él, pactando con los partidos de la clase media (republicanos, nacionalistas y socialistas). Del movimiento anarquista se fue formando una tendencia nueva hasta entonces que surgía de los militantes de los barrios, de los comités de fábrica, de los sindicatos, de las milicias, que apoyaba la revolución y que hablaba de la supresión del estado mediante la toma del poder por parte de la clase obrera. Esta corriente cristalizó en la Agrupación de Los Amigos de Durruti34, en marzo de 1937. Y tendría un papel protagónico en los Hechos de Mayo de aquel año35.

Desde luego, hay mucho que explicar del tema, pero por espacio no podemos dedicarnos a ello. Nos quedamos pues con tres momentos: el de los treintistas que vieron claro que había que consolidar sus organizaciones antes de intentar cualquier movimiento insurreccional y que habían puesto en el imaginario colectivo del anarquismo ibérico de los años 20 el concepto de la “autogestión”, que como se vio durante la revolución española alcanzó cotas espectaculares; el del grupo Nosotros que supo organizar militarmente el movimiento libertario, cuyas raíces se encuentran también en los años 20 en medio de la guerra callejera entre la patronal y los sindicalistas; y finalmente el de Los Amigos de Durruti, cuya mayor aportación fue la de poner sobre el tapete una teoría revolucionaria pero que llegó desgraciadamente demasiado tarde.

Para que un movimiento revolucionario pueda tener opciones algún día, tiene que ser capaz de conjugar estas tres vertientes, la socio-económica, la militar-insurreccional y la política. En España los defensores de cada una de estas tres vertientes acabaron enfrentándose en lugar de complementar sus prácticas. Por ello la FAI a la hora de la verdad fue una organización política inoperante y dejó en manos de la CNT toda la resposabilidad en el campo político, asumiendo el doble papel de “partido-sindicato”.

Las revoluciones sin una teoría no siguen adelante. "Los Amigos de Durruti" hemos trazado nuestro pensamiento que puede ser objeto de los retoques propios de las grandes conmociones sociales, pero que radica en dos puntos esenciales que no pueden eludirse: un programa y fusiles.36

El anarquismo fuera del área europea

En los años 20 y 30 del siglo XX, en el perído de entreguerras, se desarrollaron movimientos poco conocidos de clara influencia libertaria. En aquellos años llega el anarcosindicalismo a nuevos territorios como Perú, Ecuador o Bolivia. Pero también tienen lugar diversas intentonas revolucionarias en Paraguay y en Corea.

En Paraguay, el movimiento anarquista a pesar de ser pequeño tuvo un intento de insurrección en 1931 que fracasó37. Los insurrectos buscaban la instauración de una "república comunera" bajo control sindical, algo así como la “socialización” del estado, y organizar la economía mediante la socialización o la nacionalización de los medios de producción. Su inspiración venía de la Comuna de París. Nos vemos en un caso muy similar al de las insurrecciones de Brasil en 1918. Al igual que las insurrecciones españolas de aquel momento, es muy probable que sobrevaloraran sus propias fuerzas. No todo es tener programa.

Otro de los grandes hitos del anarquismo, al par de las revoluciones mexicana, ucraniana o española, es la revolución de Corea en 1929-3238. Se trata de una lucha de liberación nacional que escoje el anarquismo como forma de lograr su libertad. A menudo se lo confunde con los movimientos nacionalistas, pero visto su pensamiento y su obra teórica y práctica nos encontramos ante un movimiento claramentet anarquista. Y como tal se reivindicaban.

Aquellos años de lucha anti-colonial contra el imperialismo japonés habían hecho del movimiento libertario una potencia política y militar a tener en cuenta. Su organización política de hecho era una organización de masas, con muchos miles de afiliados, cosa rara para una federación anarquista (con la excepción histórica de la época de la Rusia y la España revolucionarias, que tuvieron federaciones de decenas de miles de afiliados). A finales de 1929 la federación anarquista decide destinar sus recursos a crear una zona liberada en el norte de Corea y el sur de Manchuria (norte de China). Se trata de la Comuna Autónoma de Shinmin, en la que vivieron 2 millones de personas. Su sociedad declinó cuando los estalinistas fueron asesinando a sus militantes clave. Y también porque a finales de 1931 los japoneses van atacando Manchuria con el objetivo de anexionarla a su imperio, y pasan por encima de la sociedad liberada. Se trata de un bello ejemplo de la potencialidad estratégica de una organización libertaria, con mala suerte una vez más.

En China y en Japón a pesar de contar con grandes grupos anarquistas el movimiento no pudo desarrollarse con soltura. En Japón la represión fue feroz y lo hizo siempre permanecer a la defensiva, además el movimiento cayó en un purismo ideológico que lo fue separando del movimiento obrero. En China el movimiento no tuvo capacidad de organizarse a escala nacional y todo lo que había ganado a base de influenciar el Movimiento Cuatro de Mayo, lo perdió precisamente por no tener una política revolucionaria. Sus esfuerzos fueron poco a poco capitalizados por los comunistas que a lo largo de la década se atraerían a los anarquistas más válidos.

Conclusiones

El movimiento anarquista internacional vivió su apogeo entre 1910 y 1940. En estos años jugó un papel determinante en las revoluciones mexicana, rusa (y ucraniana), coreana y española. Además participó en, o instigó, muchas revueltas e insurrecciones que no lograron prevalecer (Brasil en 1918, Alemania en 1918-19, Shanghay en 1919, Paraguay en 1931, Asturias en 1934...) e innumerables movimientos huelguísticos (Semana Trágica de Barcelona de 1909, Semana Roja italiana en 1914, Semana Trágina de Buenos Aires en 1919, Italia en 1919-20, Patagonia en 1921...).

Antes de este período, el movimiento anarquista había participado también en otra larga lista de levantamientos contra la autoridad y el capitalismo (París 1871, Revolución cantonalista 1873, Florencia y Bolonia 1874, Benevento 1877, Chicago 1886, Jerez 1892, Macedonia y Tracia 1903, Rusia 1905...) que los preparó para la etapa siguiente. Aunque nunca olvidaron la experimentarción formando también parte del movimiento cooperativista y mutualista o creando comunas libertarias, colonias o escuelas libres.

El sindicalismo revolucionario se desveló como una gran idea a principios del siglo XX y fue impulsada entusiastamente por los anarquistas. Su dinamismo y sus tácticas lograron poner contra las cuerdas a los capitalistas. Sin embargo pronto llegó a su máxima extensión. Si era una vía para llegar a la revolución, ¿cómo sería ésta? Se podía organizar a los trabajadores, pero no se les daba un objetivo claro, un método para ir hasta el final. Una vez en plena huelga general, el comité no optaba por tomar el poder, sino que se quedaba a veces en reivindicaciones economicistas. Eran más amplios de miras cuando en las huelgas participaban otros grupos revolucionarios, normalmente socialistas, que entendían la cuestión de la toma del poder como esencial.

La acción sindical servía, y se ha demostrado así, como proceso de organización de la clase obrera, de cohesión, y de creación de un poder popular. Los obreros comenzaban a vislumbrar victorias gracias al hecho de estar organizados, y entraban en contacto con la concepción socialista de la gestión de los medios de producción. El sindicalismo es el proceso de preparación para la autogestión.

De todas las revueltas y construcciones de sociedades nuevas antes mencionadas, podemos extraer algunas enseñanzas útiles. Por un lado que las insurrecciones tienen que estar bien preparadas y desatarse en el momento justo. Por ejemplo, la insurrección del Benevento (sur de Italia) en 1877 recuerda a la de los barbudos cubanos del Granma en 1956. Los primeros eran 30 voluntariosos revolucionarios a caballo, y los segundos 18 guerrilleros subidos en un bote rumbo a Cuba. Pero los segundos escogieron un momento en el que el movimiento popular estaba en auge, y los primeros justo un momento de calma social en el territorio.

Las insurrecciones anarquistas de 1932 y 1933 en España resultaron experiencias fallidas, poco preparadas y mal dirigidas y fueron disueltas por la Guardia Civil. Y en cambio la huelga asturiana de 1934 se convirtió en un hito histórico internacional en el que tuvo que intervenir un ejército en pie de guerra durante dos semanas para derrotarlo. La práctica insurreccional tiene que estudiar el momento, contar con los aliados necesarios y tener unos objetivos claros. Como hemos visto, los bolcheviques ganaron en Petrogrado y los obreros libertarios brasileños fracasaron en Río de Janeiro en una insurrección que realmente no estuvo mal planteada a priori (los errores fueron otros) y que tuvo posibilidades de salir triunfante.

Un movimiento revolucionario debe tener en cuenta la correlación de fuerzas existente en cada momento antes de realizar actos insurreccionales. Debe ser capaz de dilucidar si esta insurrección, lo colocará en un escenario más propicio para sus intereses o la represión posterior lo hundirá. Debe ser capaz de elegir correctamente el momento de desatar la ofensiva. Debe ser capaz de escoger los aliados adecuados para una posible lucha larga. Son cuestiones con las que los movimientos insurreccionales se encuentran, y a menudo no se plantean previamente con claridad.

La constatación de que los comunistas han sabido ganar allí donde los anarquistas han fracasado ha hecho que durante décadas los espíritus rebeldes se acercaran a los primeros aceptando acríticamente su método revolucionario. Durante mucho tiempo la humanidad ha estado buscado caminos hacia la liberación y ninguno ha demostrado ser sencillo. Y a veces los atajos esconden peligros, como el que desveló la estrategia de la conquista del estado como forma de liberación. A pesar de los errores ajenos está claro que es necesario lograr victorias. El leninismo lo logró, y el anarquismo se quedó a las puertas, a veces por intentar competir con gigantes, pero en muchas otras por errores propios.

En Rusia las cosas cambiaron radicalmente. Al tomar el control del estado mediante la insurrección, los bolcheviques crearon una nueva tendencia. Pronto hegemonizaron el movimiento obrero, mediante sus partidos comunistas, que despreciaban el sindicalismo como método revolucionario. La Revolución rusa supuso el triunfo de la insurrección y de la guerra como medio para llegar al socialismo. Lamentablemente una vez en el poder, el “gobierno proletario”, se convirtió en un fin en sí mismo, en un sustituto de la clase. La etapa de transición al socialismo se alargaba indefinidamente produciendo monstruosas desviaciones.

Pero realmente estas tácticas ya las habían probado previamente los anarquistas; Bakunin varias veces, Malatesta otras más y después de 1917 se probaron varias veces más. Podríamos escribir auténticos catecismos o manuales de la insurrección y la revuelta, pero debemos reconocer que desde el anarquismo no se escribió una “teoría de la revolución”. Ricardo Flores Magón a pesar de encender la mecha de la Revolución mexicana no sistematizó su pensamiento revolucionario en una obra coherente y fácil de imitar. Los anarquistas europeos seguían a rajatabla la consigna del sindicalismo revolucionario (y del anarcosindicalismo). Y el fracaso de las insurrecciones y revoluciones en las que participaron anarquistas en los años 10 y 20 hizo que se llegara a los años 30 con pocas ideas concretas de cómo encarar un proceso revolucionario.

Un intento de solución de este problema fue la Plataforma del grupo Dielo Truda. Aportó mucha claridad, pero apenas pudo ponerse en práctica en una Bulgaria aprisionada entre dos poderosos ejércitos (los nazis y los estalinistas) – destino idéntico del del anarquismo italiano, del coreano o incluso el español. No haber llegado más lejos en 1917-1921 abrió el camino de esta situación reaccionaria en 1936-1945.

El otro gran hito teórico fue la conclusión a la que llegaron Los Amigos de Durruti durante el año 1937. Destaparon la carencia de una teoría revolucionaria en el anarquismo e intentaron generar un programa que la supliera. Desgraciadamente llegaron demasiado tarde y fueron ignorados y vilipendiados por la historia. La revolución española ya había perdido.

Concluyeron que la organización política del anarquismo tiene que ser capaz de compaginar una idea económica, es decir, de autogestión, con unas posiciones políticas, es decir, de disputa del poder a la burguesía. Y para disputarle la dirección del país a la burguesía, era necesario disponer de un programa y de un “ejército de la clase obrera”. Este fue el legado de Los Amigos de Durruti. Y también de la Plataforma, y de otros grupos anarquistas que fueron llegando a las mismas conclusiones.

Después de tener un planteamiento adecuado a priori, se puede hablar de escoger los momentos adecuados. Parece ser que la historia de los movimientos de liberación nacional – ya sea contra los fascismos nacionales (Italia 1924-1943, España 1936-1975, Chile 1973-1988) o ya sea contra los estados imperialistas coloniales (en Macedonia, China, Corea, Argelia, etcétera) – está tan llena de ejemplos de revoluciones sociales como la lucha del movimiento obrero.

Hay que tener en cuenta siempre que el anarquismo es una herramienta para logar la liberación colectiva. Hay que aprovechar todas las contradicciones del sistema para prevalecer. Esperemos que en las próximas oportunidades históricas se puede algún día poner en práctica todas estas valiosas enseñanzas.

@BlackSpartak

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3.- La enfermedad intantil del izquierdismo en el comunismo, pag. 15. Lenin, 1920

8.- Fragmento de la intervención de Kropotkin.

14.-La Revolución Desconocida, Volin. El libro en pdf

15.-Golos Truda, 20 de octubre de 1917.

25.- Revolución no es dictadura. La gestión directa de las bases en el socialismo. Luigi Fabbri, 1920

28.-Introducción a la Plataforma, Piotr Arshinov, París 1926.

31.-Fragmento de la Plataforma de La Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, 1945.

32.-Fragmento del Manifiesto de los Treinta, Barcelona, agosto de 1931

36.-Fragmento del manifiesto que se puede leer en El Amigo del Pueblo, nº5. 20 de julio de 1937