La historia olvidada del maquis antifranquista

La guerrilla antifranquista o maquis han sido los grandes olvidados de la historia de la lucha obrera. Exiliados a la desmemoria en las crónicas oficiales, conocidos como «los del monte», fueron partidas antifascistas organizadas de hombres y mujeres que luchaban por su propia supervivencia aspirando a vivir en libertad, resistiéndose a ser cautivos o desarmados.

El origen del maquis antifranquista.

Su origen se debe situar ya en el verano de 1936, puesto que las zonas controladas por los militares sublevadosi se repletan de huidos o guerrilleros. Según avanzan las tropas sublevadas se desata la represión contra las personas implicadas en movimientos políticos de izquierdas, por lo que numerosos grupos dispersos se esconden en casas de familiares o huyen a los montes para encontrar refugio frente a esta sistemática represión. Estos grupos de huidos fueron el germen de las futuras agrupaciones guerrilleras, que durante la guerra trataban de apoyar la lucha contra el fascismo participando en la interrupción de las comunicaciones, suministros tras las líneas enemigas y la realización de operaciones especiales. En septiembre de 1937 se sumarán multitud de huidos tras la caída del frente del Norte, comenzando a contemplarse la continuación de la guerra contra el el régimen franquista en caso de desmoronarse los frentes del Ejército Popular. El mayor contingente de guerrilleros se incorporará en enero de 1939 al caer las principales ciudades catalanas, se cierran las fronteras y se crean campamentos en los Pirineos. Se produce el paso de la frontera francesa de 500 mil personas huidas, que acaban en campos de concentración al sur de Francia. En estos campos comienzan a reorganizarse las fuerzas políticas antifranquistas, pero un peligro sobreviene poco tiempo después. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ante la invasión de Francia por los nazis alemanes en 1940, muchos exiliados antifascistas españoles son integrados en las fábricas francesas y en bloques del ejército francés para hacer frente a los nazis que han cruzado la frontera.

Francisco Ponzán, un maestro militante de la CNT fue un destacado hombre de acción durante la Segunda Guerra Mundial. Se dedica a abrir redes de escape y recursos en los Pirineos, en los años 1940-1941 surgen numerosos grupos de sabotaje o propaganda por toda Francia, donde un alto porcentaje de efectivos son antifascistas españoles, integrados por su decisiva experiencia en la guerra los años previos. En algunos casos incluso los Aliados enviaban recursos, medicamentos y alimentos por aire a grupos de resistencia. Se crean algunos grupos anarquistas de resistencia en el sur de Francia, e incluso París será liberada por la Nueve Compañía, formada por españoles, y que se dedican a recoger armas clandestinamente en vehículos para ser transportadas a España.

Incursión en el Valle de Arán y reorganización de las partidas guerrilleras.

En septiembre de 1944 se produce una misión especial organizada para la incursión en el Valle de Arán, ya desde dos meses antes varias unidades guerrilleras acceden clandestinamente por la frontera de los Pirineos. El objetivo de la misión era crear un territorio liberado en España, que animara a un levantamiento social y forzase a los Aliados a actuar contra el Franquismo al igual que se estaban liberando del fascismo otros países. Solo se consiguen conquistar algunos pueblos y aldeas pirenaicas, la respuesta de las unidades Franquistas compuestas por guardias civiles, policía armada y batallones del ejército fue contundente, por lo que el intento de ofensiva fue un desastre y acabó fracasando.

Pese a la derrota de la operación, los antifascistas españoles consiguen mantener intactas sus expectativas de desalojar el Franquismo de España más tarde o más temprano. Por eso se produce dentro de la Península un fuerte incremento de la actividad guerrillera y una reorganización de las partidas, con la incorporación de nuevos contingentes que atravesaron la frontera. Se especializan dos tipos de guerrillas: por un lado la guerrilla urbana, destacada en Madrid, León, Granada o Málaga. Incluyendo algunos intentos de matar a Franco, principalmente por parte de militantes libertarios que llegaban a Madrid con ese objetivo. Las guerrillas rurales destacaban en Galicia y Asturias, Aragón y Valencia, Extremadura y la Mancha o las serranías de Andalucía. Las guerrillas de Navarra, Aragón o Catalunya vivían en Francia y actuaban a través de la frontera, por lo tanto eran itinerantes entre el ámbito rural y el urbano.

Actividad guerrillera y vida cotidiana en el monte.

Las actividades guerrilleras eran limitadas, y se cernían casi exclusivamente a la supervivencia. Realizaban asaltos para acceder a alimentos, se solía comer en crudo en los campamentos o se hacían fuegos muy pequeños para evitar ser descubiertos por la señal del humo. Tenían una amplia movilidad nocturna, caminaban con pequeñas avanzadillas que reconocían el terreno, y no se desplazaban con nieve o niebla. Evitaban pasar por sembrados donde no podían guarecerse fácilmente, y en ocasiones retenían a cazadores o pastores por seguridad para no ser delatados. Tan solo el 2% de los integrantes de estas partidas eran mujeres, en general eran rechazadas y excluidas, y normalmente actuaban como enlaces, exponiéndose más que los hombres. La labor de apoyo de los enlaces era fundamental, y en muchas ocasiones eran los más reprimidos, la Guardia Civil atacaba y desmontaba los grupos de apoyo, más indefensos, y eso estrangulaba los apoyos de la guerrilla.

La salud era muy precaria, contaban con algunos botiquines muy básicos y remedios tradicionales. Habitualmente no tenían médicos, aunque se obligaba a algunos a colaborar coyunturalmente, y se bajaban a los heridos a los pueblos para ser intervenidos en clandestinidad. Estaban mucho mejor armados los grupos guerrilleros cerca de la frontera, o bien para conseguir nuevas armas se atacaba al Somaténii, o se obtenían mediante contrabando. La higiene era muy escasa en el monte, solían bañarse de vez en cuando en algún río y sin jabón para no dejar rastro de espuma en el agua corriente. Aunque vivían en el monte, siempre que podían trataban de ocupar cortijos, casetas rurales o minas abandonadas, aunque era común que cambiaran habitualmente de sitios para no levantar sospechas. Editaban propaganda guerrillera para contrarrestar la idea difundida por el Franquismo de que se trataban de partidas de bandidos o salteadores. Utilizaban en ocasiones morteros para lanzar octavillas a modo de proyectil, y que se propagaran en una localidad o una zona concreta. También participaban en la voladura de torretas de alta tensión con el fin de sabotear las comunicaciones de las fuerzas represoras. El cruce de puentes sobre los ríos era muy peligroso porque les dejaba demasiado al descubierto e indefensos.

Algunos grupos en Barcelona consiguieron pisos y equipamiento, como el grupo del guerrillero Ramón Claret. Sus actividades consistían en el asalto a bancos y empresas para financiar la resistencia contra el Franquismo, y obtener ayudas para los presos y sus familias. En la ciudad el enemigo contaba con la conocida como Brigada político-social de la policía, que infiltraban algún hombre en partidos y sindicatos que trataban de reconstruirse en clandestinidad. Mientras tanto, la Guardia Civil hacía frente a la guerrilla en la zona rural. Se llegaron a organizar y desplegar en el terreno algunas contrapartidas camufladas de guerrilleros, que resultaban muy efectivos para descubrir otros grupos guerrilleros, pero sobre todo enlaces de apoyo, e incluso dar mal nombre a las guerrillas mediante acciones falsas. La Guardia Civil exponía a los guerrilleros para escarnio público en los pueblos. Además, muchos guardias civiles deseosos de recompensas, condecoraciones o ascensos rápidos en sus unidades, asesinaban frecuentemente a inocentes que nada tenían que ver con la guerrilla, y justificaban su hecho asegurando que se trataba de enlaces de la misma.

Algunos guerrilleros destacables bastante desconocidos.

Podemos destacar a Laureano Cerrada, conocido como Lucio, y que fue un afamado falsificador de cupos de comida, documentación y planchas de dinero español con el que pretendía hundir la economía franquista. Trabajaba desde Francia, donde fue detenido en varias ocasiones por falsificación, aparte de preparar y financiar dos atentados contra Franco, uno de ellos en 1948 que intentó fallidamente bombardear el yate de Franco durante sus vacaciones en Donosti. Laureano Cerrada finalmente fue asesinado en París ya en el año 1976, en circunstancias aún no aclaradas convincentemente.

Por otro lado, el libertario Wenceslao Giménez Orive, hijo de un interventor fusilado por los franquistas en Zaragoza en los primeros días de agosto de 1936, se adhirió años después a la clandestina Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), siendo detenido y torturado. Más tarde, se unió al grupo de guerrilla urbana dirigido por Facerías, y acabaría siendo el jefe del grupo de «Los Maños» Elaboró una cuidadosa guía para asaltar el Palacio de El Pardo en Madrid, pero dicha acción no pudo realizarse.

También el grupo "Los Anónimos", destacando el libertario Doménec Ibars, trataron de asesinar a Franco en 1949 en Barcelona al paso de una comitiva junto a la estatua de Colón, pero en el último momento se decidió abortar la operación porque un grupo de niños estaban situados delante y habría sido una masacre. Este incidente, no será más que uno de la cuarentena de intentos de atentado que tratará de realizar el movimiento libertario entre los años 1939 y 1964.

Ramón Vila, conocido como Caracremada, será el último guerrillero muerto, fue en agosto de 1963. Aunque el grupo conocido como Defensa Interior, organizado por la CNT-exilio continuó actuando hasta 1965, será precisamente un sector inmovilista del anarcosindicalismo quien decidió dejar de prestar apoyo a esta organización, ya bastante mermado por la represión franquista. Posteriormente surgirán grupos autónomos libertarios, destacando el Movimiento de Liberación Ibérico (MIL) una organización catalana anticapitalista activa durante los inicios de la década de 1970. Una nueva generación de militantes libertarios que recogían el testigo guerrillero y su lucha clandestina, realizando acciones para financiar el movimiento obrero. Uno de sus miembros, Salvador Puig Antich, fue condenado a muerte y asesinado a garrote vil en marzo de 1974.

i Las regiones de Canarias, Protectorado en Marruecos, Galicia, gran parte de Castilla y Extremadura, Navarra, parte de Aragón, y pequeñas zonas en Córdoba, Sevilla y Cádiz; es donde triunfó el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

ii Un cuerpo armado de protección civil, separado del ejército, instituido en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y restablecido bajo la dictadura franquista.

[Reseña] Vivir a muerte

Vivir a muerte es la selección de las últimas cartas de condenados a muerte durante la ocupación alemana de Francia en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Estas últimas palabras escritas antes de la muerte anunciada son un archivo sensible para comprender la historia de la Resistencia francesa y sus actores. Redactadas en Francia entre el verano de 1941 y el verano de 1944, por franceses o extranjeros, en los campos de concentración o las cárceles francesas, tras haber sido detenidos y juzgados por los tribunales alemanes por llevar a cabo atentados contra los intereses del gobierno colaboracionista o contra el ocupante alemán. acusados de espionaje, acciones terroristas y de sabotaje.

Un último mensaje que a veces es piadoso, a veces rencoroso, valiente o temeroso, desesperado o tranquilo. Es un fresco de la condición humana colocada en la situación más extrema posible: la de una muerte segura. Un testimonio personal y real de personas que ya no tenían nada que perder. Con el deber de la fraternidad humana y no dejar su memoria en el olvido, estas últimas cartas se dirigen a nosotras/os. Porque hablan de la vida de estos hombres y de estas mujeres, lo que cuenta frente a la muerte, palabras de hombres sobre la vida de la humanidad y la lucha por su liberación.

Aunque aparentemente nuestra sociedad no tiene nada en común con aquella contra la que se levantaron, comparte muchas más características de las que podamos ver a simple vista, y por eso estos últimos escritos de los fusilados están dirigidos a nosotros. ¿Qué hemos hecho de la sociedad que nos legaron? ¿qué hemos hecho de su noción de la solidaridad? ¿qué significado le hemos dado a su muerte?

Es un libro que se deja vivir intensamente, una lectura que duele y apasiona. Es una despedida de la vida.

Contexto histórico. Tiempo de lucha armada.

Tras la ocupación militar nazi del territorio francés, Hitler necesita asegurar una dominación apacible y rentable, la autoridad francesa representada en el viejo mariscal Pétain ofrece esta oportunidad. Establece un gobierno colaboracionista convencido de la victoria alemana, y queriendo sentar las bases de una futura paz europea con la Alemania nazi como vencedora. El gobierno de Vichy, se compromete, según el armisticio firmado el 22 de junio de 1940, a reprimir duramente los focos de resistencia política y militar que hubiera, de esta manera el ocupante alemán evitaba la impopularidad de tales medidas. La situación cambia radicalmente en el verano de 1941 con la ruptura del pacto germano-soviético, de esta manera Alemania ataca militarmente a la Unión Soviética, y se inicia una nueva estrategia comunista de lucha armada. Esto desata una ola de detenciones y juicios, que conllevarán numerosas ejecuciones de comunistas y judíos franceses en otoño de 1941 como represalia, y como ejemplo para intimidar al resto de la población francesa. El régimen de Vichy endurece las reprimendas y crea las Secciones Especiales, encargadas de condenar a muerte sin previo aviso.

El gobierno francés participa activamente de la represión, asegurándose de esa manera su existencia como súbdito frente al ocupante, entrega numerosos rehenes a las autoridades alemanas para su fusilamiento en las principales ciudades francesas. El Partido Comunista Francés se lanza a una lucha armada total a pesar de la represión, que desenmascaran al ocupante alemán, convirtiéndolo en odioso ante la población francesa. Se inicia una complicada dinámica de acción, represión y solidaridad, dado que las acciones armadas provocan fusilamientos de franceses, pero engrosa la solidaridad entre la población.

El objetivo fundamental es la opinión pública francesa, y tanto Vichy como los nazis alemanes ven que tras cada ejecución represiva, esta se decanta del lado de los resistentes inevitablemente. La situación genera debate interno entre los alemanes, pero en la primavera de 1942 las SS se encargarán de la lucha contra la resistencia, la represión se intensifica con la generalización de la lucha armada en todo el territorio francés, y los ejecutados son condenados por delitos de sangre contra los alemanes. Aunque la lucha inicialmente fue asunto de los comunistas, a partir de 1942, y sobre todo en 1943, otros movimientos de resistencia se unen a esta lucha, como la Armada Secreta y las Fuerzas Francesas del Interios. Esta lucha armada, llevada al principio bajo la forma de guerrilla urbana, se extiende al mundo rural con la aparición de los maquis a principios de 1943.

Los ocupantes se esfuerzan en una represión discreta, deportando a muchos resistentes a Alemania en lugar de juzgarlos en Francia. En base a la política del decreto Nacht und Nebel («Noche y Niebla») firmada en Berlín en diciembre de 1941 por el mariscal Keitel.

Aún así se suceden procesos represivos en territorio que son difundidos entre la población generando un gran rechazo. El proceso contra Juventudes Comunistas con siete condenas a muerte el 6 de marzo de 1942; el proceso de la Casa de la Química con veintisiete condenas a muerte el 14 de abril de 1942; o el proceso el «Cartel Rojo» con veintitrés condenas a muerte el 17 de febrero de 1944. Se estima en unos tres mil los resistentes (franceses y extranjeros) fusilados tras ser condenados por tribunales militares. También se consuman pausadamente las ejecuciones de rehenes, la mayoría comunistas fusilados por orden alemana, se calcula en torno a un millar. La policía francesa colabora activamente con los alemanes contra los miembros de los grupos de resistencia. Para este cometido en enero de 1943 se crea la Milicia, un cuerpo policial francés que actúa fuera de todo marco legal.

La opción de la resistencia.

Durante el periodo de ocupación nazi de parte del territorio francés, y el establecimiento del régimen colaboracionista de Vichy en la Segunda Guerra Mundial, surgieron multitud de grupos de resistencia organizados, los sindicatos y partidos de izquierdas fueron ilegalizados y tuvieron que surgir nuevamente en la clandestinidad. Estos distintos grupos de resistencia surgieron a nivel local, territorial o nacional, en el interior y en el exilio.

Sus funciones eran variadas y adquirían distintos niveles de compromiso y riesgo, a lo largo de los años de la guerra irán cayendo algunos de estos grupos debido a la represión, y otros se unificarán e irán tomando mayores estructuras de organización. Principalmente se dedicaban a difundir noticias a través de periódicos entre la población para mantener un ánimo beligerante frente a los ocupantes, labores de espionaje sobre el propio terreno, acciones de sabotaje en industrias, centros de trabajo, líneas ferroviarias o eliminación de responsabilidades nazis o colaboracionistas. También estudiaban la instalación de redes de evasión y organización de manifestaciones públicas.

Sobre las cartas:

En estas últimas misivas se aprecian excesivamente los desgarros o las contradicciones humanas, sus autores son a la vez héroes y gente simple, dado que se han atrevido a llevar a cabo un combate siguiendo sus convicciones y asumiendo riesgos.

Escriben a su madre, padre, hermanos, mujer, hijos y amigos, compartimos esa emoción con ellos porque evidencian amores fundamentales. A los que quiere, el condenado a muerte les confía su amor, su razón de vivir y luchar, cuenta sus últimas horas o hace un último legado. Recuerda un paso común y evoca un futuro que no será suyo. Habla de él, y habla mucho de los otros, de nosotros. Su razón de vivir se convierte bruscamente en esperanza a la hora de morir.

Primero celebra el amor a su país y en defensa de los valores de la comunidad, la fe en Dios, la construcción del comunismo, la expectativa de una sociedad más libre y justa. Se evoca una fidelidad del condenado a su compromiso, y escribe palabras tales como honor, orgullo o deber. Pero necesitan el reconocimiento familiar, y este está condicionado al reconocimiento por la sociedad. Su orgullo es no morir banalmente.

A menudo los condenados piden perdón a los suyos por el dolor que les han causado y el que les causará su ausencia. Perdón también por tener que abandonar a aquellos con los que tenían aún mucha felicidad que compartir, o por no haberles dado toda la alegría que ellos hubiesen querido. Suelen tener unas últimas atenciones materiales, estos últimos legados son objetos simbólicos que testimonian la preocupación por el futuro de los seres queridos.

Esta última carta es un último combate llevado a cabo consigo mismo, con los que quiere, con sus camaradas, para mantener su dignidad y permanecer orgulloso. Es también una poderosa arma, puesto que notificada a la Resistencia, es difundida clandestinamente a los franceses que sufren la ocupación.

En estos campos y cárceles, desilusionados, viven rehenes y condenados a muerte, esperan la gracia, un giro en la guerra, una evasión para retomar el combate… resisten a al desánimo y la deshumanización. Tras hacerles el anuncio de la ejecución pocas horas antes, les proponen la asistencia de un sacerdote y la redacción de un mensaje de despedida, como máximo tres. Apoyados sobre la rodilla, en un rincón de mesa, en la tapadera de una cuba, en un barracón o celda, y bajo la mirada de los otros compañeros que correrán la misma suerte, el condenado en estado de shock, a menudo debilitado por la mala alimentación y las torturas, escribe con más o menos dificultad sus últimas palabras.

Los formatos son múltiples, pero siempre es el mismo trazo de lápiz de guerra sobre el papel basto de estos tiempos de penuria. Algunas ocasiones sirve de testamento. Conscientes del carácter efímero de este mensaje, les solicitan en algunos casos a los suyos reproducir inmediatamente la carta recibida. Las palabras se escriben con premura, la mina corre sobre la hoja con exaltación de saciarse del poco tiempo que queda, liberando incertidumbre, con serenidad ante lo ineludible. Estar a la altura de un acontecimiento que, por sus consecuencias, sobrepasa su propia existencia.

Una vez redactadas, estas últimas cartas son sometidas a la censura. El original, o una copia censurada, manuscrita o dactilografiada se remite a los familiares por las autoridades alemanas varias semanas después de la ejecución. Algunos condenados, desconfiados o advertidos de estos procedimientos, prefieren redactar esta correspondencia clandestinamente, dejarla a buen recaudo con un compañero de celda, con un capellán, o incluso un paseante que recoge el papel lanzado al exterior de la prisión o sobre la carretera durante el traslado al lugar de la ejecución. También se introducen en dobladillos de la ropa o hendiduras de los objetos que, colocados en la maleta será devuelta a la familia.

En cada carta se dibuja un retrato personal singular de sus autores, las diversas condiciones en las que escriben sus últimas cartas afectan su forma y su contenido. La edad, la situación familiar y social, sus pensamientos políticos o religiosos, la relación con el lenguaje oral o escrito y las relaciones sociales.

Estas cartas exaltan hasta el infinito el canto al amor, a la amistad y a la fraternidad. Hasta el último instante, una atención delicada a los seres queridos, preocupados por el futuro material de la familia, la educación de los hijos, a los que se sienten obligados a consolarlos.

Tras cada ejecución, junto con el anuncio a los familiares del cumplimiento de la condena, y tras entregarles estos mensajes, se les atemoriza y les amenazan con represalias en caso de reproducir públicamente estas últimas cartas. Sin embargo, estas cartas se emitían en radios libres o en la prensa clandestina para generar empatía entre la población. Las cartas se leen en el círculo familiar y de amistades, se copian y se pasan unos a otros. Se ponen en marcha estructuras de solidaridad con los familiares de fusilados, se recopilan estas cartas también con fines educativos de las futuras generaciones.

Tras la guerra nace la Asociación Nacional de Familias de Fusilados, y bajo su impulso se intensifica la recopilación de las últimas cartas. La misma preocupación anima a otras asociaciones constituidas para la salvaguarda de la memoria en los lugares de represión, tales como la Asociación Recuerdos de la Resistencia y de los Fusilados del fuerte de Bondues o Los Amigos de los Campos Châteaubriant-Voves-Rouille. Tras los años 60 el Comité de Historia de la Segunda Guerra Mundial, presidido por Henri Michel y la creación de museos de la Resistencia, invitan a estas asociaciones y familiares a depositar en las colecciones públicas sus archivos íntimos.

Extractos de cartas:

A continuación quiero dejar constancia de algunas de las frases más impactantes desde la emotividad, cargadas de sentimiento, lucha, valentía y amor; por ello he realizado esta selección de fragmentos de muchas de las últimas cartas de los fusilados en los campos de concentración:

- Vuestro hijo ha muerto. Su recuerdo será inmortal. Adiós mamá y hermanos queridos, sin olvidarme de mi pequeño Pierre. -

- Mirando el sol y la bella naturaleza que tanto he amado es como me despediré de la vida y de todos vosotros - 

- Muero con la cabeza bien alta, como un humilde artesano de la Liberación -

- Será en miércoles, en una bonita mañana de febrero, cuando mi cuerpo caiga bajo las balas enemigas -

- Paso revista a lo que he hecho en mi corta vida. Solo siento una cosa, la de no ver el fin de la guerra, a ti y a todos los amigos-

- Mis muy queridos padres, no os creáis que soy un criminal o un bandido, pero las leyes de la guerra son terribles -

- Os escribo en el momento de mi ejecución. Muero por la causa por la que he combatido no lo olvidéis. Vengadme -

- Adiós, la muerte me llama, no quiero ni venda en los ojos, ni que me aten. Os beso a todos. De todas formas es duro morir. Un condenado a muerte de 16 años -

- Pertenecemos ya a otra vida, es decir, que esta vida ya no nos da más que la sensación de sonidos incoherentes -

- Lo siento, lo sabes, la garganta se me obstruye y pienso en el pasado. Mi pasado es mi vida de militante y eres tú -

- Besa a menudo a nuestro pequeño por mí, que crezca con el cálido amor que yo le profesaba al lado de su mamá -

- Lloro por mi juventud, pero no lloro por mis actos -

- No tengo la sensación de tener que dejar la vida dentro de dos horas. Es como si saliera de viaje a cualquier parte, hacia lo desconocido -

- Muero por el crimen de haber querido siempre al prójimo más que a mí mismo. He defendido toda la vida a los parias frente a los opresores -

- Mi querida hija, sé siempre honesta, es el mejor camino en la vida y el que da más satisfacciones -

- La historia se escribe en este momento y nuestra sangre añadirá algunas palabras, algunas líneas a esta historia -

1943-1945: Los partisanos anarquistas en la Resistencia italiana

Traducción de Angel Malatesta de la redacción en inglés por  Linda Towlson del folleto 'Prisioneros y Partidarios: Anarquistas italianos en la lucha contra el fascismo' publicado por la Biblioteca Kate Sharpley, que contiene más información sobre los partisanos italianos. Artículo original de Giorgio Sacchetti para Umanita Nova, el 7 de abril de 1985.

Italia se rindió formalmente a los Aliados el 8 de septiembre de 1943, aunque las zonas del centro y del norte de Italia permanecieron en manos de los alemanes y de la República fascista de Saló. Los anarquistas de inmediato se lanzaron a la lucha armada, estableciéndose siempre que fuera posible —en ciudades como Carrera, Pistoia, Génova y Milán— en diversas formaciones autónomas, o, como en la mayoría de los casos, uniéndose a otras formaciones, como las brigadas socialistas «Matteotti», las brigadas comunistas «Garibaldi», o las unidades del grupo de acción «Giustizia e Liberta».

Tras veinte años de dictadura fascista, la cual etiquetó de "comunista" cualquier tipo de oposición, esta se vio sumida al exilio y al encarcelamiento. Un trato no menos duro que el reservado por el gobierno post-fascista de Pietro Badoglio a los anarquistas. Esto ciertamente puso muy complicada cualquier reconstrucción inmediata de las filas orgánicas del movimiento libertario. Fue en este contexto especial, marcado por la confusión y la desorientación, en el que se produjo una deriva de algunos libertarios hacia la dirección del Partido Acción, el Partido Socialista y, en ocasiones, el Partido Comunista. Si bien la participación anarquista en la lucha partisana fue notable, especialmente en aporte de hombres y en términos de acciones de sangre, también ejerció poca influencia política. Esto se debió a la hegemonía completa de las ideas socialdemócratas a través de un amplio arco de agrupaciones políticas desde los liberales hasta los comunistas.

A continuación se detallan las diversas situaciones de los anarquistas en la lucha antifascista partisana en diferentes áreas de toda Italia desde el momento de la rendición a los Aliados:

Roma.

En Roma, los anarquistas se encontraban en varias formaciones de resistencia, especialmente la que comandaba el republicano Vincenzo Baldazzi, conocido por sus camaradas por ser un viejo amigo del anarquista italiano Errico Malatesta. En muchos casos estos hombres dieron sus vidas en la resistencia romana. Entre ellos se encontraban Aldo Eluisi, que murió en las Cuevas Andentinas; Rizieri Fantini, disparado en Fonte Bravetta; Alberto Di Giacomo alias 'Moro', y Giovanni Callintella, ambos deportados a Alemania, nunca regresaron; Dore, un sardo de nacimiento, falleció en una misión tras las líneas enemigas.

Marche.

En Marche, los anarquistas sirvieron en varias formaciones partisanas en Ancona, Fermo, Sassoferato y Macera; donde murió Alfonso Pettinari, ex interno y comisario político de la brigada 'Garibaldi'.

Piombino.

Piombino, una ciudad eminentemente metalúrgica con una gran tradición libertaria y sobre todo sindicalista revolucionaria, protagonizó un levantamiento popular contra los nazis alemanes el 10 de septiembre de 1943. Entre los anarquistas que participaron en el levantamiento destacan Adriano Vanni, que operaba como partisano en Maremma y que fue llamado a unirse al CLN local (Comité de Liberación Nacional, un cuerpo formado por un conjunto de partidos antifascistas).

Livorno.

En Livorno, los anarquistas fueron los primeros en apoderarse de las armas almacenadas en los cuarteles y en la Academia Naval de Antignano, armas utilizadas posteriormente contra los alemanes y los fascistas italianos. Estaban organizados dentro de los GAP (Grupos de Acción Patriótica), y participaron en varias operaciones guerrilleras en los alrededores de Pisa y Livorno y estuvieron representados en el CLN de la ciudad. Virgilio Antonelli se distinguió en la tarea de liberar rehenes y prisioneros.

Apua.

En Apua, la contribución libertaria a la resistencia fue consistente y crucial. Las formaciones anarquistas partisanas activas en el área de Carrara fueron las siguientes: Los grupos conocidos como 'Lucetti' (entre 60 u 80 personas), y 'Lucetti bis '(58 personas) –estos dos grupos llevaron el nombre del anarquista Gino Lucetti que fue ejecutado por intentar asesinar a Mussolini–; el grupo 'Schirru' (454 personas)  nombrado así por otro anarquista que también trató de asesinar al Duce, Michael Schirru; y los grupos 'Garibaldi Lunense' y 'Elio' (30 personas). Después del 8 de septiembre de 1943, los anarquistas, entre ellos Romualdo Del Papa, Galeotti y Pelliccia, encabezaron el ataque al cuartel de Dogali, apoderándose del armamento e instando a las tropas alpinas a desertar y a unirse a las partidas guerrilleras.

En las cercanas Cuevas de Lorano, Ugo Mazzuchelli utilizó estas armas para establecer el ya mencionado grupo 'Lucetti', del cual se convirtió en comandante. En ese contexto, la tarea, por ejemplo, de la conocida como Brigada Apia, era velar por su propia financiación y ayudar al pueblo a obtener provisiones mediante expropiaciones a capitalistas. Después de haber vivido la amarga experiencia de la Guerra Civil española entre 1936 y 1939, en la que los comunistas se volvieron contra los anarquistas y los obreros para tomar el poder, algunos camaradas más "experimentados" desconfiaban de ellos. Algunas unidades comunistas, en cualquier caso, aparecen en episodios de esta región, aunque la presencia de libertarios era destacable en prácticamente todas las formaciones, configurando unidades específicas propias.

Entre los incidentes con los comunistas podríamos mencionar el que hizo que Mazzuchelli y sus hombres se encontraran con la muerte bajo fuego de ametralladora después de que se intentaran abrir camino a través del puente Casette, siendo curiosamente insistentes en esa misión los partidarios comunistas.

En noviembre de 1944, después de una acción que costó la vida de seis hombres a la unidad Lucetti, esta se trasladó a la provincia de Lucca, que había sido liberada. Mazzuchelli, junto con sus hijos Carlo y Alvaro, cruzaron de nuevo las líneas de frente para organizar la unidad 'Michele Schirru' que ayudó a liberar la región de Carrara antes de que los Aliados aparecieran. Entre los muchos que se distinguieron y cuyos nombres forman una lista interminable destacan el comandante Elio Wochiacevich, Venturini Perissino y Renato Machiarini. El precio de la sangre pagado por el pueblo de Carrara fue elevado, pero los anarquistas lograron imprimir su sello de la lucha social a través de la lucha armada por la libertad sellar, y esto duró años después de la liberación, con las cooperativas como 'Del Partigiano' (La cooperativa de consumo), la 'Lucetti' (cooperativa de reconstrucción) y varias empresas de carácter social (por ejemplo, la agricultura de participación en los beneficios, los equipos de voluntarios que trabajan en los canales del río, etc.)

Lucca y Garfagnano.

En Lucca y en Garfagnano, en cuyas montañas trabajaban también los anarquistas de Pistoia y Livorno (como Peruzzi, Paoleschi, etc.), los libertarios se encontraban en la unidad autónoma comandada por Pippo (Manrico Ducceschi). El CLN de la provincia había sido fundado por el libertario Federico Peccianti, en cuya casa celebró las reuniones. La unidad de Pippo capturó a unos ocho mil prisioneros nazis y sufrió trescientas bajas. Libero Mariotti, de Pietrasanta, y Nello Malacarne, de Livorno, pasaron mucho tiempo tras las rejas de la prisión de San Giorgio en Lucca. Entre los anarquistas más conocidos se encontraban Luigi Velani, ayudante mayor de la formación de Pippo, Ferrucio Arrighi y Vitorio Giovanetti, los dos últimos estuvieron encargados de supervisar los contactos entre las fuerzas antifascistas de la ciudad.

Pistoia.

Pistoia fue el teatro de operaciones de 'Silvano Fedi'; unidad anarquista, formada por 53 partisanos que se destacaron especialmente en prestar asistencia a los desplazados. Un grupo de resistencia inicial se había formado gracias al trabajo de Egisto y Minos Gori, Tito y Mario Eschini, Tiziano Palandri, Silvano Fedi y otros. Realizaron una variedad de misiones que incluyeron la adquisición de armas para otras unidades de resistencia y la liberación de prisioneros. La figura de su joven comandante, Silvano Fedi, era legendaria: murió en una emboscada cuyas circunstancias son oscuras, puesta en marcha por los militares italianos, y en la que el partisano Enzo Capecchi, herido en dicha operación, testificó encontrarse allí. La unidad Silvano Fedi, bajo la dirección de Artese Benesperi fue la primera en entrar en Pistoia en la liberación.

Florencia.

En Florencia, donde Latini, Boccone y Puzzoli habían publicado anteriormente un primer número clandestino de la publicación 'Umanita Nova', la primera banda armada se formó en Monte Morello bajo el mando del anarquista Lanciotto Ballerini, que murió en acción. Los historiadores oficiales han retratado siempre a Lanciotto Ballerini como un héroe, pero han preferido obviar también siempre que era anarquista. Gino Manetti y Oreste Ristori, entre otros, murieron en la lucha: Ristori, de Empoli, había sido antes emigrante en Brasil y Argentina antes de luchar en la guerra de España.

Arezzo.

En la provincia de Arezzo los anarquistas fueron especialmente activos en la resistencia en Valdarno, en vista de la rica tradición antifascista y la tradición de lucha social en esa área. El minero Osvaldo Bianchi formó parte del CLN en San Giovanni Valdarno, como representante de los grupos anarquistas; además de Renato Sarri de Figline e Italo Grofoni, este último encargado del suministro de explosivos para el CLN toscano de Florencia. Más tarde, Guiseppe Livi, de Angliari, que participó activamente en las "bandas periféricas" que operaban en Vultiberina, ayudó a desenmascarar a tiempo a un espía alemán que se había infiltrado entre los partisanos de Florencia.

Ravena.

En Ravena, muchos anarquistas lucharon en la 28ª Brigada Garibaldi. Entre los más conocidos fueron: Primo Bertolazi, miembro del CLN provincial; Guglielmo Bartolini; Pasquale Orselli, quien comandó a la primera patrulla partisana en entrar a la Ravena liberada; y Giovanni Melandri, encargado de las armas y el suministro de alimentos, y víctima, junto con una de sus hijas, de una represalia alemana.

Bolonia y Módena.

En la provincia de Bolonia y Módena los siguientes partisanos fueron especialmente activos: Primo Bassi de Imola, Vindice Rabitti, Ulisse Merli, Aladino Benetti y Atilio Diolaiti. Este último, que fue filmado en 1944 en el monasterio cartujo de Bolonia, había participado activamente en la fundación de las primeras brigadas partisanas en Imola, los 'Bianconcini' y en Bolonia, las Fratelli Bandiera y las siete unidades GAP (Grupo de Acción Patriótica). En la liberada Módena, el jovencísimo Goliardo Fiaschi marchó a la cabeza de la III Brigada Costrignano de la División Módena, comandada por Araniano. En Reggio Emilia, Enrico Zambonini, que había estado activo en los montes Apeninos alrededor de Villa Minozzo, fue fusilado tras ser capturado junto con el grupo de Don Paquino Borghi: murió gritando '¡Viva la Anarquía!' en el pelotón de fusilamiento.

Piacenza.

En Piacenza destacan, entre otros, los anarquistas Savino Fornasari y Emilio Canzi, que están ligados, además de cualquier otra cosa, por sus muertes en sendos accidentes de tráfico. Emilio Canzi había combatido anteriormente el fascismo en 1920 en las filas del Arditi del Popolo y más tarde en la Guerra Civil española, sin embargo, había sido capturado por los alemanes en Francia, luego deportado a Alemania y más tarde internado en Italia. Después del 8 de septiembre de 1943, organizó las primeras bandas partisanas. Capturado por las Brigadas Negras fascistas, fue canjeado por otros rehenes, reanudando después su acción: dirigió tres divisiones y veintidós brigadas (un total de más de diez mil hombres) con rango de coronel y usó el nombre de guerra de Ezio Franchi. Las unidades La Spezia-Sarzana operaban en estrecha conjunción con las de la vecina región de Carrara. Dos grupos partidarios fueron comandados por los libertarios Contri y Del Carpio. Los anarquistas de La Spezia, Renato Olivieri (quien había sido prisionero político durante 23 años) y Renato Perini, murieron durante los tiroteos con los nazis mientras cubrían una retirada de sus propios compañeros.

Génova.

En Génova, los grupos anarquistas de combate operaron bajo los nombres de la Brigada Pisacane, la agrupación Malatesta, el SAP-FCL (Escuadras de Acción Patriótica-Federación Comunista Libertaria), el Sestri Ponente SAP-FCL y los Grupos de Acción Anarquista. El intento de establecer un "Frente Unido" con todas las fuerzas antifascistas fracasó debido a los intentos de los comunistas de imponer su propia hegemonía. Además, los anarquistas tenían su propia representación sólo en los CLN periféricos y esto los obligaba a participar en la lucha armada confiando exclusivamente en sus propios medios. Las actividades fueron promovidas por la Federación Comunista Libertaria (FCL) y por el sindicato anarco-sindicalista USI, que acababa de resurgir en las fábricas. El sacrificio de sangre de los anarquistas genoveses en la resistencia fue realmente sustancial, con varias decenas de muertos en acciones de armas, fusilados o fallecidos en campos de concentración. Omitiendo muchos otros, recordamos entre los más activos: Grassini, Adelmo Sardini Pasticio y Antonio Pittaluga. Este último murió en vísperas de la liberación, antes de rendirse y ser asesinado, encontrándose solo lanzó una granada de mano a la patrulla alemana que lo capturó. Además, el partisano anarquista Isidoro Parodi murió en la vecina Savona.

Turín.

En el Turín industrial, especialmente en las plantas de FIAT, funcionó la unidad anarquista que se llamaba el Batallón SAP (Escuadras de acción patriótica) Pietro Ferrero. Entre los camaradas caídos estaba Dario Cagno, quien fue condenado a muerte por fusilamiento por su participación en el asesinato de un fascista; también estaba Ilio Baroni, originario de Piombino. El camarada Ruju, un partisano de la División de Vitis, que devolvió la medalla al valor militar recibida por capturar a más de 500 soldados alemanes.

Asti y Cuneo.

En el área de Asti y Cuneo, los anarquistas tenían presencia en las Brigadas Garibaldi. El más conocido de ellos era Giacomo Tartaglino, que había estado involucrado en el movimiento Espartaquista en Baviera en 1919. En el distrito de Vencelli, entre varios entre varios anarquistas que se habían distinguido por su arrojo, se encontraba Guiseppe Ruzza, que luchó en la unidad 'Valsesia', comandada por Moscatelli. En Milán, los trabajos de la lucha clandestina fueron iniciados por el compañero Pietro Bruzzi, que murió tras cinco días de torturas sin haber desvelado nada a los nazis.

Después de su muerte, los anarquistas fundaron las brigadas 'Malatesta' y 'Bruzzi', que llegaron a contar con unos 1.300 partisanos. Estas operaron dentro de la formación 'Matteotti' y desempeñaron un papel primordial en la liberación de Milán. Comandadas por Mario Mantovani durante el levantamiento de 1945, las dos brigadas se distinguieron por sus diversas incursiones en los cuarteles fascistas y también por su apoyo a la población. Entre los compañeros más jóvenes estaba Guiseppe Pinelli que sirvió en los GAP.

Pavía.

En la provincia de Pavía operaba la 2ª Brigada "Errico Malatesta" dirigida por Antonio Pietropaolo, que participó en la liberación de Milán. En Brescia, los anarquistas se encontraban en la formación mixta Giustizia e Liberta- Garibaldi; entre los más activos de ella estaban Borolo Ballarini y Ettore Bonometti.

Verona.

En Verona, el anarquista Giovanni Domaschi fue el creador del Comité de Liberación Nacional (CLN). Detenido por la SS, fue torturado, le cortaron una oreja por negarse y finalmente fue deportado a Alemania, donde desapareció en los campos de concentración. Finalmente, en la región de Venezia Giulia-Friuli muchos anarquistas trabajaron con las formaciones comunistas como, por ejemplo, la División Garibaldi-Friuli. En Trieste, el enlace fue mantenido por Giovanni Bidolo que murió más tarde en los campos alemanes junto con otro anarquista de Trieste, Carlo Benussi. También estaba activo Turcinovich que, huyó a Génova donde luchó con la resistencia local. En Alta Carnia, donde los compañeros Petris y Aso (que murieron en el ataque sobre los cuarteles alemanes en Sappada) tuvieron posiciones influyentes, los anarquistas ayudaron a establecer una Zona Liberada autónoma.

Con toda probabilidad, el número de guerrilleros anarquistas que perecieron en todo el centro y norte de Italia fue superior a cien.

La amnistía concedida a los fascistas y las injusticias sociales de la posterior Italia republicana y democrática dejaron claro a los anarquistas (y no solo los anarquistas) que el espíritu del Comité de Liberación Nacional había sido abandonado y la Resistencia frente al fascismo traicionada.