Por una sociedad sin racismo

El 12 de noviembre salimos a la calle a mostrarnos como somos, con nuestros acentos, nuestro color de piel y nuestras identidades, vamos a enfrentarnos y a hacernos fuertes contra el racismo institucional y callejero. También vamos a pelear por nuestra dignidad, a honrar a todos los asesinados en nombre del supremacismo blanco (el 13 de noviembre de 1992 fue asesinada Lucrecia Pérez) y a unir la riqueza que aportamos a una sociedad que debe ser plural y abierta.

Bien muchas personas podrían pensar que el racismo en España ya no existe solo porque ya no somos usados como moneda de cambio, ni nos asesinan sin impunidad. En anteriores líneas he hablado de que el racismo es una cuestión de privilegios. Todo lo que hacemos es puesto en tela de juicio: se duda de nuestra forma de amar, de aprender, de escribir, de hablar, de leer... ¡hasta nuestros nombres son insultados cuando no pueden ser pronunciados correctamente!

Tomamos las calles para hacer visible no solo el racismo más evidente, sino también el más escondido y habitual. Porque nos siguen encerrando sin un juicio previo y, además, por tan solo cometer una falta administrativa, la cárcel invisible sigue estando muy presente para las personas migrantes, en todo el Estado español hay un total de 10 Centros de Internamiento para Extranjeros, siendo los motivos de encierro muy variados y arbitrarios. Porque seguimos muriéndonos sin recibir atención sanitaria básica, en 2016 el Gobierno central excluyó de este derecho a unas 800.000 personas, incluso la ONU se mostró "preocupada" por esta situación.

El racismo sigue latente y muy vivo, recordemos a las 15 personas muertas en el Tarajal, acción en la que la Guardia Civil tuvo una alta responsabilidad y participación, estos agentes no solo fueron exculpados de estos asesinatos, sino que la juez que instruyó el caso determinó que la muerte de estas personas había sido responsabilidad de ellas mismas, el auto dice lo siguiente: "Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil"1. Las políticas tomadas por la Unión Europea en los últimos años van dirigidas a que el Mediterráneo se convierta en un enorme cementerio, el diario alemán Der Tagesspiegel acaba de publicar los nombres de cerca de 33.293 personas ahogadas en el Mare Nostrum desde 19932. Naturalmente, la cifra es aún mayor, muchos de los ahogados nos son anónimos. Europa es la responsable de estas muertes.

Pero resulta preocupante no solo el racismo que nos mata, sino también aquél que vivimos a diario en las calles, ese que nos cruza la piel de arriba a abajo. Ese que parece inocente pero que, en realidad, es la misma raíz de la discriminación, encasillándonos en parámetros en los que no encajamos solo porque no somos blancos, ese que habita detrás de supuestas bromas y chanzas inocentes, pero racistas, realizadas por comediantes como Ignatius Farray. Queremos dejar de ser elementos exóticos, queremos dejar de aparecer en las películas como el negro camello, el latino pandillero, el musulán terrorista o el chino mafioso. Todo debe empezar a subvertirse, desde el protagonismo social de los blancos, hasta la producción cultural y la imagen que de nosotros se construye en los discursos culturales. En otras palabras: ¡queremos dejar de ser un estigma y un prejuicio!

Pero el problema seguirá existiendo si los blancos siguen negando el racismo, ¿cómo van aceptar algo que no viven en sus carnes? Es urgente avanzar en una educación no eurocéntrica, que deje de dibujarse en las escuelas y universidades una Europa poderosa y orgullosa de su pasado colonial y, por otro lado, comience a ser responsable de las realidades sociales presentes, consecuencia directa de todas esas políticas pasadas. La migración además de ser un hecho natural y constante en la historia de la Humanidad, ahora es una cuestión nacida de la expansión territorial y económica de los europeos.

En esta línea vale la pena incidir en las políticas de integración, en nombre de una convivencia pacífica se anulan la lengua y tradiciones de origen del individuo migrante, imponiéndole las del país de destino pero, al mismo tiempo, recordándole que solo es un huésped. Se le invita a callar antes las injusticias, pues es de malagradecidos quejarse, esto se agrava si encima eres mujer. Se le recuerda que lo que venía haciendo desde niño está mal, las festividades y tradiciónes culinarias europea y blanca son las correctas, que aprenda algo de civilización. A los migrantes no les hace falta una correcta integración, sí una adecuada visibilización. No parece que ningún europeo la necesitara cuando entró a sangre y fuego en América o África.

Incluso a la izquierda más progresista le costó entender todo este lío del racismo, tanto así que se tuvieron que inventar el concepto del Otro, en contrapartida a la identidad. Pero se olvidaron mencionar que no hay un Otro, sino que hay muchas variantes a la alteridad, casi tantas como personas. Pero, naturalmente, fueron filósofos europeos como Sartre, Simone de Beauvoir o Lacan quienes lo desarrollaron, no dejaron al Otro que hablara. A disciplinas como la Antropología nacidas al calor del racismo del siglo XIX aún le cuesta desprenderse de todo el estigma de poder y dominación que la concibieron, a pesar de todo el esfuerzo hecho desde diversas escuelas de pensamiento.

Este racismo de baja intensidad es lo que ha producido todo lo arriba mencionado y, en realidad, muchas cosas más, como las políticas de ayuda al desarrollo impulsadas desde Europa, la imposición a la producción científica, la ocultación del desarrollo artístico colonial no blanco, etc. Todo ello queremos denunciar este domingo en Madrid, estando en la vanguardia de una lucha que solo es nuestra, pero donde los aliados son bienvenidos, pero siempre conscientes que "no hace falta que me maten para que hablemos de racismo. En España existe racismo sí, pero más refinado”3.

1Extraído de: http://www.eldiario.es/desalambre/Archivado-muerte-personas-frontera-Ceuta_0_441656238.html

2Extraído de: http://www.tagesspiegel.de/politik/die-liste-von-banu-cennetoglu-kuenstlerin-dokumentiert-das-sterben-von-33-293-gefluechteten/20558658.html

3Como afirmó Lucía Mbomio a El País. Extráido de: https://elpais.com/elpais/2017/11/06/planeta_futuro/1509973183_806384.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Microracismos: una movida

El racismo es una cuestión de privilegios que se extiende en el tiempo desde todas las personas blancas hacia aquellas que no lo son, independientemente de su lugar de nacimiento. Incluso en aquellos países donde existe una mayoría no blanca, la mayor parte de las responsabilidades de poder está en manos de hombres y blancos. Naturalmente, todo ello es fruto de los privilegios que el racismo dota a las personas blancas de unas aptitudes que les posiciona en un lugar relevante en la sociedad, relegando a ciudadanos de segunda a todas las personas no blancas. Así, cuando una persona no blanca llega a su mismo nivel en la jerarquía se les aplaude, no por la meritocracia neoliberal, se le aplaude haber llegado a ser un blanco. Puro paternalismo racial.

Una acción racista, o macroracista por hacer una disimilutd terminológica, sería la discriminación directa de una persona por su color de piel, esgrimiendo diferencias xenófobas o culturales. El macroracismo se refiere a comportamientos de alta intensidad, visibles y de un impacto profundo. Por ejemplo, la Federación SOS Racismo sacó a la luz este vídeo como parte de un experimento social. Simulaba la existencia de un supuesto concurso para asistir a un spa, mientras una persona rellenaba las papeletas, se acercaba una de las actrices, una chica con velo sobre su cabeza y acento foráneo, mostrando su deseo de participar en dicho concurso. La otra actriz, quien está recogiendo las papeletas, le dice que no puede concursar, porque que es "para personas normales".

A lo largo del vídeo salen a la luz los prejuicios y estigmatizaciones en los que se basa el racismo. El racismo, entre otras cosas, se basa en la ignorancia. Ignorancia y dominación suelen ir de la mano, se domina lo que se desconoce. En realidad, y si lo pensamos bien, el machismo tiene las mismas bases: los roles de género son, al fin y al cabo, estigmatizaciones y prejuicios, lo que se espera de alguien por ser hombre o mujer.

En contraposición, las acciones "micro", sean micromachismos o microracismos, son acciones de baja intensidad, modos de dominación suave y que al estar tan integradas en nuestra sociedad, pasan absolutamente desapercibidas. A veces se ocultan bajo el manto de bromas o chascarrillos. Los microracismos no agreden directamente a la persona, no la matan, pero mantienen y perpetúan la segregación racial.

Canal Sur sacó en su momento un grupo de vídeos de teórico contenido social, haciendo también algo así como experimentos sociales. Más allá del morbo que puedan tener y de lo poco que aportan, estos pseudo-experimentos sociales han ayudado a ensalzar la figura de la persona no blanca pasiva, callada e indefensa, en oposición a la gallardía y valentía de las personas blancas. Para muestra el siguiente vídeo en el que un hombre increpa a un chico negro en una parada de autobús de Granada. Ambos actores crean una situación extrema en la que el chico en vez de protestar ante su agresor, pasa a una situación de sumisión absoluta, y cabizbajo soporta, estoicamente, los improperios del hombre blanco. Lo ideal sería mejor mostrar un experimento social en el que la persona no blanca se empodera y se enfrenta a su agresor, sería curioso ver la reacción de las personas blancas. No es por ser desagradecido, y es bueno saberse arropado y apoyado, puesto que esto empodera muchísimo, pero no nos hacen falta caballeros de blanco corcel y reluciente armadura.

La gran mayoría de las personas no se consideran racistas, como tampoco se creen machistas, pero las vejaciones son habituales y comunes en ambos casos. El vídeo anterior, por ejemplo, ya es una prueba de microracismo. Probablemente ese canal televisivo lo hiciera con toda su buena intención, quizá quisieran visibilizar esta problemática, pero les ha faltado una buena reflexión.

Hay extrañeza y hasta miradas de soslayo cuando un no blanco habla perfectamente español o incluso cualquiera de las otras lenguas del estado. ¡Hasta te felicitan por ello! Mi casera, a la que lejos calificaría de homófoba (también se podría tratar el tema de la microhomofobia) o racista, la primera vez que me conoció se sorprendió por lo bien que hablaba el idioma. No sabe que el español es mi lengua materna. En realidad lo que a ella le pareció fascinante era mi pronunciación meseteña.

¿Pero qué son comportamientos microracistas? El blog afroféminas da la siguiente lista de microracismos:

  • Que te pregunten si te quemas si te da el sol, como si los negros en lugar de piel tuviesen cartón.
  • Los hay que consideran gracioso llamar Baltasar a un negro, entre otros.
  • Llamar morenito a un negro para no ofenderle, como si ser negro fuese una ofensa. Peor aún pudiendo llamarle simplemente por su nombre.
  • Que te digan que AUNQUE seas negra, eres guapa porque tienes rasgos suaves.

A ellos me gustaría añadir los siguientes de experiencias personales:

  • Asumir que sabes bailar ritmos latinos porque tienes orígenes latinoamericanos. Aquí cámbiese por cualquier otro baile y/o comida, etc.
  • Que la segunda pregunta que te haga una persona al conocerte sea indagar acerca de tus orígenes.
    Conectando con lo anterior, preguntar de dónde te sientes.
  • Decir que tienes unos apellidos muy raros. Como si García o Fernández en Corea del Sur fueran lo más corriente y habitual. O todo lo contrario, ser no blanco y que se extrañen ante lo hispano de tus apellidos.
  • Dar por hecho una serie de elementos solamente por tener otro color de piel, como características físicas, etc.

Y junto a estos ejemplos, muchos otros que bailan entre el microracismo y el macroracismo y que, en realidad, depende del enfoque que se le de. Por ejemplo, la invisibilización histórica del genocidio llevado a capo por españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses perpetuados en América Latina, probablemente el mayor genocidio de la historia de la Humanidad. La negación perpetúa de todos estos hechos en el pasado no hacen más que mantener la infravaloración de las personas no blancas en el presente.

También vale la pena mencionar el famoso Test de Bechdel, el cual valdría la pena adaptar a la segregación racial. El Test de Bechdel mide, a través de unos parámetros, si toda producción artística o audiovisual cumple con unos requisitos mínimos para evitar la discriminación de género. Básicamente ha de cumplir tres reglas:

1 – En la película aparecen, al menos, dos personajes femeninos
2 – Estos personajes hablan entre ellos en algún momento
3 – La conversación trata de algo distinto a un hombre.

Además, dichos personajes femeninos deben tener un nombre. Podemos cambiar femenino por persona no blanca y hombre por blanco. Obtendríamos resultados muy similares a los hechos para analizar la presencia femenina en estas obras. Casi toda la literatura fantástica queda descartada, o quedaría relegada a apariciones anecdóticas.

Está claro que aún queda mucho por hacer, también debemos ser nosotros y nosotras quienes tomemos la iniciativa y tomemos el espacio social, cultural y político que nos corresponde por ser personas. Si no nos lo ceden, lo tendremos que tomar. También llamar la atención y hacer pedagogía acerca de estos comportamientos. Aún sigue existiendo un límite de lo que significa comportarse como un blanco y lo que es comportarse como un no blanco, con elementos negativos asociados al migrante.

Estereotipos integrados en nuestra sociedad que hay que derribar, y esto empieza por los microracismos, tan relevantes como los macro. Porque aunque estos no sean agresivos para la persona, sí resultan dañinos y ocultan un problema grave de racismo, y si queremos crear una sociedad horizontal, libre de privilegios, tendremos que continuar poniéndolos de relieve para poder acabar con ellos y, de paso, toda práctica segregadora para todas.