El 8 de marzo más invisible. Las reivindicaciones de las mujeres en otras partes del mundo.

Hoy hemos creído muy apropiado traer una reflexión sobre la cuestión de clase en la lucha y las reinvindicaciones feministas del 8 de marzo. Y es que todas sabemos que España, junto con Chile o Argentina, han sido de los países del primer mundo donde mayor impacto ha tenido la jornada del 8M. Un día de huelga secundado por millones de mujeres, y tomando las calles de manera multitudinaria. Como sabemos sobradamente que las noticias y detalles sobre estas movilizaciones, en concreto sobre las marchas de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla... estamos todas bien informadas por los medios comunicativos o las redes sociales; no queríamos dejar pasar por alto mencionar a las mujeres olvidadas. A las más pobres entre las pobres, a quienes por vivir en países del tercer mundo, o donde las agresiones del capitalismo son mucho más criminales; ni las redes sociales, ni las mujeres de la cultura occidental prestan demasiada atención.

Este es el caso, por ejemplo, de La India o Blangladesh, donde mujeres fundamentalmente del sector textil, y que en los últimos meses han protagonizado las huelgas más multitudinarias de la historia de la humanidad, ayer 8 de marzo salieron a las calles reivindicando igualdad, condiciones laborales aceptables y poner fin a la violencia contra las mujeres, en muchos casos, muchas de ellas niñas menores. También estas mujeres del sureste asiático están organizándose sindicalmente contra el acoso en las fábricas, la discriminación y para reclamar un salario digno, lo que está sentando un hito y un precedente en las mujeres banglas e hindúes.

También salieron masivamente a las calles las mujeres turcas en Estambul y otra ciudades del país. El pasado 25 de noviembre en la marcha contra las violencias machistas las mujeres turcas fueron reprimidas, ayer las movilizaciones transcurrieron también entre fuerte presencia policial y agresiones con gases lacrimógenos a la marcha de mujeres. Sin embargo, en los últimos años la organización y la presencia de las mujeres en la calle reivindicando el fin del patriarcado es más que evidente, incluso ya desde las revueltas de la Plaza Taksim en el año 2013. Un despertar en Oriente Próximo que va muy de la mano del ejemplo de las mujeres en el Kurdistán y su revolución social con un programa feminista que es la base de toda transformación.

Las mujeres zapatistas este año no celebraron el Encuentro Internacional de Mujeres en Chiapas, la nueva coyuntura política con el gobierno progresista de Manuel López Obrador y sus megaproyectos en territorios indígenas, así como las violencias hacia las mujeres y en concreto hacia las zapatistas al sureste de México ha provocado que este año la convocatoria no se haya centrado en Chiapas, sino que haya habido marchas y eventos en el resto de pueblos y comunidades mexicanas. Aunque las zapatistas reconocieron que no querían poner en peligro a otras hermanas ante posibles ataques paramilitares, saben que no están solas. México tiene una media de diez feminicidios diarios, la más alta de América Latina junto con Brasil.

Y también no podríamos dejar de mencionar a Brasil, donde este año las marchas feministas fueron multitudinarias debido a que la organización de las mujeres está encabezando la lucha antifascista contra el presidente Bolsonaro. Nuevamente las reivindicaciones feministas se unen a la defensa del territorio y de grupos indígenas amenazados por las políticas del capitalismo. De esta manera en todas las ciudades brasileñas hubo marchas, que no olvidaron en absoluto a Marielle Franco, concejala que reivindicaba los derechos de las mujeres y fue asesinada hace un año en Río de Janeiro.

Y estos son algunos de los luggares más destacados; pero en Pakistán se ha celebrado por segundo año consecutivo las marchas 'Aurat!' (Mujer) en varias ciudades del país, en la capital, Islamabad, se han concentrado unas cuatrocientas mujeres activistas han pronunciado discursos sobre los derechos de la mujer. En Filipinas, miles de mujeres han marchado contra las políticas patriarcales y fascistas del presidente Rodrigo Duterte, conocido por sus comentarios misóginos, como cuando afirmó que le gustaría ofrecer 42 vírgenes a los turistas que fuesen a su país. Igualmente en Nairobi, Kenia, las mujeres han marchado en contra de las violencias machistas y exigiendo mayores seguridades hacia ellas mismas y reivindicándose como mujeres negras.

En todas las partes del mundo existe el patriarcado, y por lo tanto en todos los rincones se generan resistencias, muchas ocasiones estas resistencias están ensombrecidas o invisibilizadas porque no discurren en los códigos que en la cultura occidental hemos difundido como los universales para cumplir el carácter reivindicativo de la misma. También la cuestión de clase social y raza le otorga un segundo plano a todas las mujeres de otras partes del mundo, centrándonos solo en celebrar que cientos de miles de mujeres salieron en Madrid o Buenos Aires. El 8 de marzo debe ser un día de lucha y visibilización de esta misma, la cual se lleva adelante todo el año; muchas mujeres del mundo luchan día a día ajenas a este movimiento feminista actual, pero sus resistencias cotidianas contienen mucho de feminismo y de anticapitalismo. No olvidemos a las olvidadas.

 

Alternativas de género: El rol de las mujeres en Rojava

Autor original: Florence Bateson

Traducción por: Verónica Larraz

Vídeo por: El Cosaco

Artículo original: Gendered alternatives: the role of women in peace and security in Rojava

Aunque las normas tradicionales de género pueden reforzarse durante los conflictos armados (los hombres adoptan roles de lucha y las mujeres el papel de los cuidados) es en ese momento cuando las mujeres se ven obligadas a asumir roles que no les son asignados estereotípicamente y por tanto, cuando se puede crear un cambio en la dinámica de género. Para las mujeres, un conflicto puede ser por tanto un lugar de subyugación o de nuevas posibilidades, que presenta obstáculos y oportunidades.

Comúnmente, las mujeres en conflictos son retratadas como mujeres sin poder, viudas, cuidadoras, pacificadoras, y refugiadas. A estas mujeres involucradas activamente en la lucha o bien son juzgadas cómo mujeres que desafían las normas culturales o bien son a menudo mitificadas como valientes –pero atípicos – guerreros. Estos retratos menosprecian las contribuciones estructurales que las mujeres realizan durante los conflictos y en los esfuerzos de paz y reconstrucción. Este proyecto de investigación contribuye al creciente volumen de publicaciones y políticas que focalizan en la influencia de las mujeres durante los conflictos.

La región a estudiar es Rojava. Rojava significa “Oeste” en kurdo, y se refiere a las áreas autoadministradas del norte de Siria. Desde 2014 ha habido un enorme influjo de atención periodística en la región, especialmente debido a las luchadoras kurdas de las YPJ[1] (Unidades femeninas de protección) que están luchando contra Daesh (EI[2]). Esta investigación surgió del deseo de entender a las mujeres de Rojava más allá de lo presentado en los medios. Mucha literatura sobre Rojava era o bien increíblemente crítica o bien sucumbía en elogios, comprobándose que existe muy poca evidencia empírica sobre la realidad de las mujeres que viven allí.

Con respecto a las políticas, existe una narrativa común de los estados occidentales para apoyar a mujeres en zonas de conflicto, sin embargo en Rojava hay un conocimiento limitado sobre lo que los roles de las mujeres suponen, y por ello, cómo las políticas deben adaptarse mejor a sus necesidades. Además, hay una tensión entre, por un lado, la demanda de varios actores políticos, ONGs y grupos activistas que apoyan a las mujeres en Rojava y, por otro lado, la duda entre los responsables políticos holandeses e internacionales de comprometerse con iniciativas lideradas por mujeres debido a la preocupación por sus intereses políticos, y la fiabilidad y la inclusión de estas iniciativas. Esta tensión está ligada con un problema más importante que los responsables políticos enfrentan hoy en día, en concreto, si pueden comprometerse con actores no estatales que gobiernan de facto ciertas áreas, y cómo pueden hacerlo.  Como explicaremos, Rojava desafía las ideas predominantes centradas en el Estado, el sistema de autoadministración en marcha llega a criticar activamente el modelo de estado por alimentar la opresión y la mentalidad patriarcal. La ayuda al desarrollo  se realiza normalmente entre Estados, y a menudo se ignora que en muchos países frágiles y afectados por conflictos, los actores no estatales juegan un papel crucial en la gobernanza local, los servicios sociales y la seguridad. Estas son las bases sobre las cuales hemos construido esta investigación.

Rojava, Syria

Primero, es necesario explicar brevemente qué es y dónde está Rojava. Rojava es una región multiétnica y multireligiosa en el norte de Siria, gobernada de facto por la Autoadministración – un sistema implementado por el mayor partido político kurdo, el Partido de Unión Democrática (PYD[3]). Al inicio de la revolución siria, muchas de las fuerzas de al-Assad se retiraron del norte para focalizar su atención militar en las partes más necesitadas del país. Esto permitió al PYD, quienes ya estaban organizados, tomar el control de gran parte de la región. Implementaron un sistema  de gobierno de abajo hacia arriba, basado en los escritos de Abdullah Ocalan, el líder del PKK kurdo encarcelado. El PKK está registrado como organización terrorista por Turquía, la OTAN, y muchos países occidentales. Es importante dentro del sistema de autoadministración, el papel fundamental que las mujeres deben desempeñar en la gobernanza local, ofreciendo seguridad y servicios sociales.

Históricamente, en Siria (como en otros países de alrededor), el pueblo kurdo ha sido discriminado en favor de sus vecinos árabes. Por eso, cuando tuvieron la oportunidad de recuperar su cultura, su lengua y su patrimonio, gran parte de la población kurda en Rojava aprovechó su recién descubierta libertad. Como resultado, desde 2013, las escuelas han introducido la enseñanza en lengua kurda, se celebran las festividades kurdas públicamente, y se han abolido las leyes basadas en la Sharia. A pesar de que esto es un desarrollo positivo para la población kurda, la autoadministración ha sido acusada de discriminación contra otras etnias, y aquellos con afiliaciones políticas diferentes.

Metodología

Investigadores de la Universidad de Utrecht junto con un grupo de investigadores locales realizaron más de cien entrevistas basadas en un enfoque de investigación cualitativo, en el cantón Cizîrê de Rojava. En el Kurdistán iraquí, y en Holanda con civiles árabes, kurdos y cristianos, oficiales de diferentes partidos kurdos, personal humanitario, y responsables políticos. Esta investigación pretendía explorar tres cuestiones: primero, cuales son las amenazas a las que se enfrentan las mujeres en Rojava; Segundo, cuáles son los roles multifacéticos que las mujeres juegan en los ámbitos de la gobernanza, los servicios sociales, y la seguridad; y tercero, cómo las actuales políticas holandesas e internacionales pueden adaptarse para satisfacer de forma más adecuada las necesidades de las mujeres. (A continuación) Se presentan, de forma breve, las conclusiones.

Conclusiones

En primer lugar, este informe demuestra que las mujeres en el cantón Cizîrê de Rojava se enfrentan a varias amenazas. Las amenazas identificadas como más importantes por los entrevistados son la violencia física debida a la guerra constante, y a una carencia de recursos debido a la debilidad de la economía. La violencia sexual y de género (VSG) y una falta de asistencia sanitaria han sido vistas también como amenazas importantes, y en menor grado están las inquietudes relacionadas con la educación, la etnicidad, la afiliación política y las normas sociales así como las tradiciones. Es vital que los responsables políticos entiendan adecuadamente las amenazas existentes en contextos de conflicto para que puedan abordarlas de forma efectiva.

En segundo lugar, a pesar de que la continua Guerra en Siria se ha registrado como una de las amenazas más importantes para la seguridad física de nuestros encuestados, como se ha mencionado anteriormente, también supone nuevas oportunidades. Esta investigación ha estudiado por lo tanto, las percepciones de estos nuevos modos de gobernanza y las iniciativas dirigidas por mujeres. Se descubrió que las mujeres son visibles y activas en la gobernanza local, en los servicios sociales y en la seguridad. En general, es bien acogida entre la sociedad, incluso entre etnias. Las organizaciones que abordan la VSG son bien conocidas por la población entrevistada, pero al mismo tiempo estas organizaciones han denunciado su falta de recursos. En términos de gobernanza local, las cuotas de género oficiales se han implementado asegurando al menos una participación del 40% por parte de ambos sexos. Es más hay un requisito de co-liderazgo que significa que en todos los niveles de gobernanza debe haber un hombre y una mujer en posiciones de liderazgo. También se han introducido nuevas leyes a favor de los derechos de las mujeres que prohíben la poligamia, viendo al hombre y a la mujer como iguales ante la justicia, y permitiendo a la mujer pedir el divorcio. Todo esto es recibido positivamente en la sociedad pero hay una preocupación sobre el frecuente posicionamiento de mujeres en posiciones gubernamentales para cubrir dichas cuotas las cuales en muchas ocasiones no están cualificadas para ello. Con vistas a la seguridad, las personas encuestadas generalmente elogian la participación de las mujeres en la provisión de servicios de seguridad en Asayiş (policía local[4]) y YPJ. Algunas personas encuestadas mencionan explícitamente que las mujeres se hayan en mejores condiciones para proteger a las mujeres, otras encuestadas han afirmados que tanto hombres como mujeres pueden realizar dicha labor. La mayoría de los miembros de la sección femenina de Asayiş que fueron entrevistadas afirman que las normas sociales ocultaban la participación de las mujeres en la Asayiş. En relación con el YPJ algunas personas encuestadas rechazan la idea de que la mujeres luchen en primera línea, mientras que otras recalcan la valentía de las mujeres en el YPJ y enfatizaron que ellas podían también luchar. En general, las mujeres en el cantón de Cizîrê de Rojava participan activamente en los ámbitos de la gobernanza local, los servicios sociales y la seguridad, y está ampliamente aceptado, pero hay restricciones culturales y roles de género tradicionales que prevalecen.

En tercer lugar, para las ONGs internacionales es difícil implicarse en Rojava por una serie de razones. En concreto, se identificaron como principales las dificultades para cruzar la frontera, la seguridad, la transferencia de fondos, y las políticas internacionales. Uno de los problemas dominantes es la supuesta vinculación de la Autoadministración con el PKK y el régimen de Al-Assad, lo que complica todavía más las posibilidades de apoyo a las iniciativas lideradas por mujeres en Rojava.

"Enfoques locales"

A pesar de que existe una enorme atención hacia los “enfoques locales” y a abordar el “nivel local”, a menudo no queda claro qué población local debería ser incluida, y qué población local debería ser excluida de dichos esfuerzos. Es más, los marcos de actuación enfatizan cómo los actores armados no estatales pueden causar amenazas a la seguridad de la población local, pero se olvidan de que en algunos casos actores armados no estatales tienen la capacidad de gobernar, organizar la vida social y satisfacer algunas (aunque no todas) necesidades de las poblaciones locales. Una conclusión importante de los responsables políticos que hacen frente a las amenazas a la seguridad de civiles – incluidas las mujeres – en países frágiles y afectados por conflictos, es la necesidad de adaptar los marcos normativos, los enfoques, y las intervenciones específicas en formas de gobernanza tanto de los estados como de entes no estatales.

Aparte de ampliar la lente del gobierno más allá del Estado, este informe también ha mostrado cómo las consideraciones estratégicas y geopolíticas de los actores externos pueden superar las necesidades de seguridad de las poblaciones locales. El desarrollo, así como las intervenciones de seguridad en países frágiles y afectados por conflictos, son generalmente mediadas por un complejo grupo de relaciones entre donantes y gobiernos nacionales, regionales, actores armados no estatales, élites locales y otros. El caso de Rojava muestra cómo los cambiantes límites de la intervención externa en países frágiles y afectados por conflictos pueden tener consecuencias perversas para las mujeres, la infancia y otros grupos vulnerables en los conflictos armados.

[1] YPJ por sus siglas en kurdo (Yekîneyên Parastina Jin‎)

[2] EI – Estado Islámico

[3] Por sus siglas en kurdo (Partiya Yekîtiya Demokrat).

[4] El texto original cita “local police” (policía local), sin embargo, en el siguiente artículo: https://roarmag.org/essays/janet-biehl-report-rojava/ se menciona que “The Asayis reject the label police, since police serve the state whereas they serve society.” (las Asayis rechazan la etiqueta de policía, ya que la policía sirve al estado, y ellas sirven a la sociedad).

Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo Y Cultural de Mujeres Que Luchan.

Por Carolina Muela/Revista Av. Aztlán

Aproximadamente dos mil mujeres zapatistas de los cinco caracoles se organizaron en colectividad para brindarnos el evento más importante de las mujeres que luchamos en el siglo XXI. Llevado a cabo en el Caracol 4 “Torbellino de Nuestras Palabras” en la Zona Tzots Choj de Chiapas, México. Ahí fue donde nos reunimos aproximadamente nueve mil mujeres de todos lados del mundo el 8 de marzo del presente año.

Fue hermoso e impresionante el ambiente de paz que se sintió estar rodeada de únicamente mujeres. Sobre todo de mujeres que resisten al patriarcado y jamás hicieron comentarios despectivos de los cuerpos y las formas de otras mujeres. Ninguna encasillada a juzgar el color de piel, la estatura, el peso, el vello púbico, las estrías, las lonjas y todas esas cosas naturales que nos complementan a cada una.

Pero sobre todo, el no tener hombres alrededor fue terapéutico, sabías que nadie te iba a mirar lujuriosamente, ni te iban a acosar ni lastimar. Es una sensación que no siempre se llega a conocer a lo largo de la vida porque vivimos todas con hombres a nuestro alrededor. Gracias a las compas zapatistas por brindarnos un espacio donde estudiar y aprender de cada una de nosotras, pero también por proveer un ambiente de paz, en sus palabras: “Nuestro trabajo va a ser cuidar este lugar para que sólo estén mujeres y no dejar que se meta ningún hombre. Porque lo sabemos que son mañosos.”

Aquí pudimos liberarnos, podíamos quitarnos el brassiere enfrente de miles porque el calor estaba causando que escurriéramos de sudor, podíamos bailar o hacer ejercicio con poca ropa o sin ella. Hasta pudimos entrar a talleres de dibujo con modelos al desnudo porque no íbamos a vernos con morbo ni sorpresa, solo respetando nuestros cuerpos.

Fue revelador hacer las cosas sin pensar en ningún momento en la mirada ajena, gracias a esto pudimos desplazarnos siempre con libertad y seguridad de nosotras mismas. Sobre todo sin la preocupación de la mirada de los hombres, que como dijeron las zapatistas: “no importa si son buenos hombres o malos hombres”. Ellos no existen para permitirnos hacer o dejar de hacer como esta sociedad los ha acostumbrado a creer. “No es trabajo de los hombres ni del sistema darnos nuestra libertad. Si queremos ser libres tenemos que conquistar la libertad nosotras mismas como mujeres que somos.”

Todo lo que dijeron al inicio del encuentro en el primer día estuvo cargado de enorme sabiduría y firmeza en la forma en la que ellas como zapatistas hacen las cosas, sobre todo de la manera en la que luchan. Pero también fue refrescante como bromeaban con todas nosotras y ridiculizaban las actitudes de los hombres - jamás olvidáremos al esposo de Chabela en la obra de teatro- pero también las actitudes de las mujeres de ciudad ‘feminiztaz’ que se creen superiores.

“Y a veces también, hay que decirlo, mismo entre mujeres nos chingamos y nos mal hablamos, o sea que no nos respetamos. Porque no sólo los hombres, también hay mujeres de las ciudades que nos desprecian que porque no sabemos de la lucha de mujeres, porque no hemos leído libros donde las feministas explican cómo debe ser y tantas cosas que dicen y critican sin saber cómo es nuestra lucha.”

Muchas veces volteabas alrededor y veías que las zapatistas nos hacían llorar a muchas de nosotras con sus comunicados. Lo cual resaltaba nuestra valiosísima sensibilidad, todas dejándonos llevar en cada momento sin miedo a mostrar nuestras emociones. Pero también podías notar en nuestras miradas que aprendíamos con cada una de sus palabras y su ejemplo de lucha.

Nos abrieron las puertas y al mismo tiempo se hicieron responsables de la luz, el agua, el baño, la ducha, la comida y la salud de todas nosotras. Jamás olvidaremos las ricas empanadas de maíz rellenas de queso, con zanahoria y betabel rallado encima. Ni los tamales de pollo con papa de 5 pesos hermosamente envueltos como el tamaño de un pie de una bebé gordita. Por esto y mucho más estamos agradecidas de por vida por sus atenciones. La mayoría tenía tienda de acampar pero muchas otras no y gracias a ellas dormimos cómodamente instaladas bajo los techos de los templetes, auditorios y dormitorios.

Más tarde, ese mismo primer día escuchamos a La Tremenda Revoltosa Batucada Feminista bajo uno de los templetes del lugar, cada vez nos acumulamos más hasta que muchas les pidieron salir del área techada… fácilmente aceptaron y miles de nosotras las seguimos bailando, aplaudiendo, gritando, disfrutando.

Después, a petición de las mujeres zapatistas, nos sentamos a apreciar sus obras de teatro con fascinante historia, escenografía y vestuario en donde nos recordaron los infames actos del Estado con su policía y su narcotráfico. Los malos medios de comunicación mentirosos como Televisa y los horribles trabajos del capitalismo como las fábricas de Coca Cola.

Cuando se acabaron las obras de teatro, una niña de aproximadamente 10 años se paró entre todas las miles de mujeres sentadas y grito "¡Abajo el gobernador!" "¡Abajo el racismo!" "¡VIVAN LAS MUJERES!" entre otras frases que a todas nos llenó nuestros corazones de sorpresa y amor por lo que aplaudimos sin parar.

Todo ese día estuvieron llegando miles de mujeres al lugar, cuando nosotras llegamos había mucho espacio libre donde caminar, pero cuando nos fuimos ya estaba totalmente repleto de casas de acampar. Es por eso que se sentía en algunos momentos como un festival de música, ¡porque claro que la hubo!, solo que fue como un festival libre de machismo y agresiones por parte de los hombres.

Los siguientes dos días estuvieron llenos de alrededor de 200 propuestas de las diferentes mujeres luchadoras del mundo. Talleres de todos tipos, pláticas, encuentros deportivos, presentaciones, exposiciones de fotografía, cine y pintura, teatro, danza, lectura de cuento y poesía, etcétera, hasta de “sus cosas raras que ni sabíamos que son, y todo lo que nos trajeron para que nosotras conocemos y aprendemos de sus luchas.”, como dijeron las compañeras zapatistas en su comunicado de clausura. Este texto sería infinito si relatara cada una de las enseñanzas de los talleres y distintos encuentros. Eso puede dejarse para otra ocasión.

Esos tres días nos asoleamos mucho y dormimos poco, ya que en las noches tuvimos fiesta sin parar, la agrupación zapatista de Dignidad y Resistencia nos prendieron a todas con sus rolas y como muchas les pedían algunas mediante papelitos que entregaban al escenario, nos dijeron "Hay rolas que no nos sabemos pero para la próxima sí". La vocalista brincaba sin parar y nos agradecía y comentaba que se sentía muy feliz, también se dio el tiempo de darnos a la mano a todas las que quisimos saludarla personalmente.

Mientras que la siguiente noche Las Batallones Femeninos nos hicieron brincar y sentir demasiadas emociones en toda su presentación. “¡Yo menstruó 4 días al mes! / no me digas que eso te hace daño / yo menstruo 4 días al mes / ¡Y tu eres un idiota / todo el año!”… también le dieron oportunidad a una madre a hablar sobre su hijo quien fue asesinado por el sucio Estado. Todas lloramos y gritamos con fuerza: "¡NO ESTÁS SOLA!", con todo nuestro respeto y apoyo para cada una de las madres de hijxs desaparecidxs que nos acompañó en el encuentro compartiéndonos su lucha.

Finalmente en su comunicado de clausura las compañeras nos repitieron una vez más “les proponemos que acordemos seguir vivas y seguir luchando, cada quien según su modo, su tiempo y su mundo.” Nos vamos cada una de nosotras formadas y transformadas con su ejemplo de rebeldía, dignidad, fuerza y resistencia. Para seguir luchando desde nuestras trincheras, en este caso desde las colonias de la zona Norte de Monterrey. Para seguir viviendo y por lo tanto luchando contra el sistema patriarcal y capitalista que nos violenta diariamente.

Gracias infinitas compañeras zapatistas y compañeras del mundo.

? Fotografía por Fanny

A vueltas con la violencia machista

Este texto se publica también en El Desperttador y se muestra aquí por decisión del propio autor.

Esta semana, después de que un hombre muriese a manos de su esposa, las redes se inundaban de carteles, imágenes y publicaciones negando la existencia de la violencia de género o que esta sea solo del hombre hacia la mujer con frases extraídas de páginas web dedicadas a alimentar este tipo de mitos. Pese a que estamos hablando de algo ya aceptado más allá de los círculos del feminismo, parece que sigue siendo necesario aclarar que no, cuando una mujer mata a un hombre, por la razón que sea, no es violencia de género, ni violencia hembrista ni se trata de un fenómeno del mismo calado que los asesinatos por violencia machista.

¿Por qué sencillamente esto es así? A menudo hemos visto u oído opiniones respecto a este tema en el que alguien, generalmente un hombre, sostiene que, en su opinión, o según cree, el uso de la violencia es siempre reprochable, todos los asesinatos son iguales y debe darse una misma respuesta. En definitiva, que no existe la violencia machista o de género como tal, sino que existen episodios de violencia entre personas aparentemente en igualdad de condiciones, pudiendo acoger bajo el mismo paraguas una riña entre grupos de chavales en la calle y una paliza de un hombre hacia una mujer.

Otro de estos típicos argumentos falaces es aquel que afirma conocer casos individuales, generalmente de algún amigo o conocido, en el que su novia o esposa le maltrata psicológicamente, le pega, le prohíbe ver a los niños, etc, y de alguna manera esto imposibilitaría hablar de violencia machista. A menudo estos comentarios se acompañan también de aquel que alega que existe una peligrosa cantidad de denuncias falsas en temas de violencia de género, ya que la ley resulta excesivamente ventajosa para las mujeres, y estas, retorcidas por naturaleza, utilizan esta ventaja para denunciar gratuitamente a diestro y siniestro con el fin de quedarse el coche, la casa, el perro y los niños. Este último ejemplo, lamentablemente no poco común, ya fue rebatido nada menos que por la Fiscalía General del Estado, que aseguró que el porcentaje de denuncias falsas en violencia machista solo representaba un 0,005% del total.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que aquí las opiniones, creencias y pareceres tienen una importancia muy limitada. Que opines que la violencia machista no es tal porque existen episodios de violencia de una mujer hacia un hombre no tiene relevancia alguna. Lo primero debería ser acercarse a estas cuestiones desde la humildad y el respeto, y partiendo de ello, reconocer que no somos los primeros que pensamos en este tema, por lo que convendría ver qué tienen que decir más de 100 años de lucha feminista sobre la violencia machista. De esta manera, escuchando otras voces con experiencia, podremos apreciar que la violencia machista es tal no por el hecho violento en sí, sino porque se asienta sobre un sistema de dominación de los hombres sobre las mujeres, el patriarcado, que abarca todos los aspectos de la vida, y porque estos hechos violentos se producen de manera sistemática y en virtud de los preceptos establecidos por el patriarcado; se las mata por ser mujeres.

Tenemos, por tanto, que si la violencia machista se inscribe en la misma esencia del sistema patriarcal, entonces, ¿qué pasa con estos hombres que mueren a manos de mujeres? Podrían pasar dos cosas. Por un lado, es altamente probable que la mujer en cuestión lleve años sufriendo las vejaciones y las agresiones del hombre y que viese en la muerte de este individuo la única manera de terminar con su agonía y librarse de la opresión. En otros casos, pueden ser múltiples los motivos que lleven a una mujer a agredir o matar a un hombre pero, en cualquier caso, no determina un fenómeno social sistemático y producto de relaciones de poder. Se trata de un hecho aislado y anecdótico. Muchos dirán “¿Pero cómo va a ser aislado y anecdótico si han muerto ya 24 hombres a manos de su pareja?”. Lo es. ¿O pensamos que existe alguna relación entre todas las muertes violentas y peleas que se dan en multitud de situaciones y por miles de motivos? Es determinante la existencia de un sistema de dominación sostenido por relaciones de poder favorables para los hombres al hablar de violencia machista.

Mientras no estemos dispuestos a reconocer esto, lo que estamos demostrando es un nulo entendimiento de una relación de desigualdad que nos beneficia y nos otorga unos privilegios que, a la vista de los argumentos, no estamos por la labor de abandonar.

Arriba me he referido a la muerte de este hombre de forma impersonal. Es decir, aunque sabemos por el contenido que no ha muerto, sino que alguien lo ha matado, la forma de enunciarlo ha evitado señalar ningún sujeto de la acción. Lo he querido mostrar así, de forma provocadora, para fijar la atención sobre el punto de que es esta la manera habitual con la que los medios se refieren a los asesinatos machistas. Las mujeres mueren, mueren acuchilladas, mueren de una paliza, mueren tiroteadas, mueren atropelladas… Sin embargo, las noticias se refieren a todo tipo de hechos violentos señalando de forma mucho más clara al agresor exceptuando este caso. Esto llegó al punto álgido cuando, al recoger la noticia del asesinato con el que abría este artículo, se indicaba sin sonrojos que una mujer había asesinado a su marido.

Esta forma de referirse los medios a los asesinatos machistas forma parte de todo aquello que no se ve tanto pero que es la base necesaria para llegar a la situación extrema de la violencia machista. Es decir, al igual que si de un iceberg se tratase, es muy fácil ver la punta, lo visible, lo que sobresale. En este caso los asesinatos. A estas alturas, prácticamente nadie justificará hechos como estos. Sin embargo, si vamos bajando en esta pirámide nos podemos encontrar con el control en la pareja, la minusvaloración, el desprecio, la humillación y otras situaciones de violencia que, pese a no ejecutarse de forma física, constituyen sin duda agresiones contra las mujeres de un carácter mucho más cotidiano. Si seguimos bajando encontraremos aquellos ladrillos de este bloque que, a pesar de formar parte de él, generan un rechazo mucho menor. Podemos hablar aquí de los piropos de hombres desconocidos, del cuestionamiento de las decisiones personales, ninguneo, infantilización, etc.

En definitiva, que antes del asesinato existen toda una serie de situaciones y comportamientos propios del sistema patriarcal que construyen esta pirámide de la opresión y sustentan estas muertes, algo que no se da en el caso de las muertes de hombres. Es tarea nuestra hacer lo posible por derribar esa pirámide. Pero no se termina con la violencia machista a base de victimismo y falta de visión, sino siendo conscientes de nuestro papel, de nuestros privilegios y todo lo que ello implica. Trabajar por eliminar estos privilegios es solo el primer paso.

Con lo tranquilitos que estamos

Este artículo aparece también en El Desperttador y se reproduce en esta web por decisión del autor.

A menudo tendemos a pensar que el machismo es un obstáculo insalvable, que de algún modo esto es así y así seguirá siendo. En este artículo quiero señalar, mediante el uso de ejemplos de situaciones cotidianas y bien conocidas por todos, determinadas prácticas sociales que redundan en un refuerzo de comportamientos machistas.

Este tipo de comportamientos no surgen de la nada ni se generan de una forma “natural”. De ninguna manera estamos los hombres determinados a tratar a las mujeres como si estuviesen en el mundo para satisfacer nuestras necesidades y deseos, ni tampoco hay ningún gen que nos obligue a pensar que tenemos derecho a decidir sobre lo que hacen o dejan de hacer. Todos estos comportamientos tienen su base en la creación de un sentido común asentado en la dominación de los hombres sobre las mujeres.Este, como la ideología, impregna todas nuestras acciones y nuestra forma de ver, sentir y estar en el mundo.

Como he señalado en ocasiones anteriores, este sistema de dominación tiene unos claros beneficiarios, que somos los hombres en conjunto, pues nos dota de una serie de privilegios que irían desde el no ser violados por grupos de mujeres de noche en un callejón oscuro hasta el que sistemáticamente se preste más atención a nuestras declaraciones, por insignificantes que sean, que a las de las mujeres. No obstante, aquí se encontraría la brecha sobre la que nos hombres podemos incidir y actuar en favor del feminismo y de la liberación de las mujeres. Se trataría de tomar acciones cotidianas que reproducen socialmente esta dominación y trabajar para “desnaturalizarlas”, para minar ese sentido común de manera que vayamos despejando parte del camino que nos queda por recorrer.

Por situarlo en lo concreto, pongamos el ejemplo de una típica conversación entre hombres que repasan una noche de fiesta. El escenario perfecto en el que se muestra, entre risas y palmadas en la espalda, un refuerzo de actitudes machistas de lo más habitual. Un amigo cuenta cómo llegó al bar con intención de follarse a una chica que ya tenía en mente, para lo que se pasó toda la noche emborrachándola hasta que finalmente, ella, con la voluntad anulada por el alcohol, no se resiste a sus manoseos y acaba con él en el baño o en la cama. O también otro cuenta cómo, en otra ocasión y de forma improvisada, se encontró también a una chica totalmente borracha y lo fácil que fue tirársela. Alguien cuenta que su novia no tiene ganas de follar y tiene que insistirle. Otro se queja de que no es capaz de salir de la friendzone. Otro afirma que aquella es una guarra.

Situaciones como estas y similares, quizá no tan explícitas, las vivimos a diario, formamos parte de ellas.Todos los hombres nos hemos visto en encuentros parecidos. Y lo normal es que no hayamos dicho nada contrario al consenso general que se ha creado en ese contexto. Incluso si estamos pensando que lo que acaba de decir alguien es una barbaridad o que no tendría que ser de esa manera. Es mucho menos habitual que nos hayamos plantado y llamemos la atención sobre que lo que se acaba de decir es machista o describe una situación machista en la que uno de los presentes se ha comportado mal. No solemos decirle a nuestro colega que ha emborrachado a una chica para follársela que la ha violado. Pero es así.

Es complicado, plantea situaciones incómodas, tensión e incluso es posible que ruptura de amistades, pero también es necesario cortocircuitar esa normalidad que legitima o hace ver como aceptable que un desconocido piropee a una mujer por la calle o que lo primero que nos digan los medios de un asesinato machista es que ella no había denunciado. Sin embargo, contestar a nuestros amigos, familiares o con quien estemos discutiendo que lo que hay en el primer caso que describía es una violación o que una mujer no tiene la obligación de amarte porque tú sí lo hagas es una buena manera de romper con ese consenso tan peligroso.

Lo cotidiano, lo banal, aquello a lo que no damos importancia porque “es normal” o porque ha formado siempre parte de nuestras vidas es el medio de reproducción más común del imaginario patriarcal,afirmando así las bases de su sistema de dominación. Es por ello que este escenario cuenta con múltiples posibilidades de intervención efectiva.

Si no tenemos muy claro qué es lo que podemos hacer por el feminismo o qué es lo que nos piden las mujeres al respecto, siempre podemos empezar por no dejar que nuestro colega haga chistes machistas o que se regocije contando cómo acosó a una mujer.

Seguro que otras personas tienen otras y mejores ideas sobre cómo provocar estas rupturas con lo establecido. Se trata de encontrar herramientas que nos permitan llevar a cabo esta labor de zapa en lo cotidiano. Aunque este no tiene porqué ser el único escenario en el que podemos intervenir, sí que es el que nos muestra sus posibilidades más a menudo. A por ello.

Tenemos que hablar

Este artículo fue publicado el 3 de noviembre en www.eldesperttador.org y se publica nuevamente en este medio por el propio autor.

Cuando me propusieron escribir un artículo sobre feminismo lo primero que pensé fue que yo no tenía nada que decir sobre una lucha en la que ni soy ni quiero ser el principal afectado ni protagonista. Sin embargo, sí que vi que podía ser interesante sumarme a otras voces masculinas que han interpelado al resto de hombres sobre la necesidad de revisar nuestro papel en las relaciones de género y poner de nuestra parte para terminar con la desigualdad y la injusticia en estas.

Creo que es sumamente necesario que los hombres hablemos entre nosotros sobre el papel que estamos desempeñando en el sistema de dominación contra las mujeres que el feminismo ha definido como patriarcado y en el que somos nosotros quienes ejercemos esa opresión. Muchas veces no de forma consciente, no, pero esto tampoco es justificativo. Es nuestro deber tomar conocimiento de lo que significa ser hombre, de lo que implica en cuanto a privilegios y roles, y de la estructura social en la que nos inscribimos como sujeto. No se trata tanto de que tú o yo como hombres concretos no ejerzamos tal o cual violencia. El problema es de conjunto, por lo que actitudes victimistas del tipo de “yo no hago x”, y que todos en algún momento hemos sostenido, deberían quedar desterradas si realmente queremos avanzar hacia la construcción de un modelo más justo.

Es esa quizás la primera tarea que deberíamos abordar para encaminarnos a ese horizonte: reconocer nuestro lugar en el mundo y tomar nota de la forma en la que participamos en este sistema de dominación. Chris Crass señala en un genial y necesario texto (Partes de mí que me asustan, PDF) una serie de actitudes y modos de estar, más o menos sutiles, que resultan indudablemente machistas, producto de este modelo social.  Algunos de estos ejemplos en los que todos nos veremos reconocidos en mayor o menor medida es la infravaloración de lo que dice una mujer sin atender al contenido de su mensaje, la sexualización continua de los cuerpos de las mujeres, dejar que ellas asuman todas las tareas de cuidados o pensar que cuando se quejan de alguna de estas situaciones solo están exagerando. Ello por no hablar de todo tipo de tácticas dedicadas a conseguir tener sexo con una mujer, como insistir después de que ya nos ha dicho que no, emborracharla u otras acciones que ya ubicaríamos en el terreno de la agresión.

Seguro que entre todos somos capaces de sacar muchos ejemplos más en los que hemos visto a amigos o a nosotros mismos. Una vez reconocido que aquí existe un problema, debemos poner los medios para solucionarlo. Ello puede hacerse, precisamente, juntándonos para hablar sobre estos temas y tratar de desentrañar todo lo que implican. Muy probablemente no podremos hacer esto solos, dado el problema no es para con nosotros mismos. Por ello deberemos prestar atención a qué requieren de nosotros nuestras compañeras, dejar de lado cualquier tipo de actitud paternalista y asumir una posición de “aprendiz”, consultar a nuestras compañeras desde el más absoluto respeto y entender, además, que en algunos casos no quieren prestarse a esa labor pedagógica. En definitiva, se trata de asumir una actitud de profunda humildad, ya que, como se indica en el texto antes señalado, si nos ha llevado años construir nuestra conciencia política, ¿por qué iba a ser más fácil construir nuestra conciencia de género?

En cierta medida se ha venido creando un discurso que afirma que a los hombres también nos oprime o perjudica el patriarcado. Dejando a un lado el problema de que entonces no habría sujeto opresor y tendríamos que suponer que este modelo se perpetúa por ciencia infusa, este discurso ha dado lugar a algunas posturas dentro de los grupos de hombres que han decidido actuar por la igualdad  que se han centrado más concretamente en la masculinidad o en los roles que se asumen al ser hombre y que de alguna manera limitan su expresión. Estoy hablando de prestar atención a que usualmente los hombres no lloran, los hombres son duros, no pueden ser sensibles, etc. Si bien es un punto que resolver, considero que en absoluto es el principal, pues en modo alguno se produce aquí una reducción de los privilegios que por ser hombre se tienen. Muy al contrario, se despejan las pocas trabas que el patriarcado marcaba a los hombres. Tenemos muchos asuntos que resolver antes de esto, como atajar la cultura de la violación, los modelos de relaciones posesivas que siguen reproduciéndose en la adolescencia, hablar con nuestros familiares y amigos sobre todo esto, etc. En definitiva, antes de poder ganar aún más, debemos desprendernos de un montón de privilegios.

El texto resulta mucho más corto de lo que un asunto como este requeriría pero, en cualquier caso, la intención era la de señalar una realidad como la opresión hacia las mujeres, y una necesidad, que es que los hombres nos pongamos manos a la obra y asumamos nuestra responsabilidad.

Víctor Terrón Palacios