Agustín García Calvo, el compañero

por Octavio Alberola

Como era de esperar, la muerte de Agustín García Calvo ha sido anunciada en los medios de información (medios de formación de masas, los llamaba él) con los calificativos habituales al uso para designar el oficio con el que se cataloga a las personas en esta sociedad: "filósofo", "escritor", "poeta", "pensador" ("polémico"), "ensayista", "latinista" ("uno de los principales del siglo XX"), "lingüista", "filólogo", "gramático", "dramaturgo", "traductor", "catedrático", "profesor"… Sin olvidar de resaltar sus títulos académicos, "doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, profesor de Latín en esta universidad y de Filología Latina en la de Sevilla y profesor emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense", así como sus "Premios Nacionales de Ensayo en 1990, de Literatura Dramática en 1999 y de Traducción al conjunto de su obra en 2006". Además, claro está, de añadir algunos títulos de su "prolífica obra sobre Gramática y teoría del lenguaje, Lógica, Traducciones y versiones de autores clásicos griegos y romanos, Ensayo y política, Poesía y Teatro" etcétera, editados la mayoría de ellos en la editorial Lucina, que a trancas y barrancas mantenía en pie su hijo Víctor.

El colmo, inclusive la alcaldesa (del PP) de Zamora ha manifestado su "pesar" declarando que "el mundo del pensamiento y la cultura pierden a una de las figuras intelectuales más prolíferas y significativas de nuestro tiempo y la ciudad de Zamora a uno de sus hijos más creativos y reconocidos de los últimos tiempos". Agregando que "por encima de su, a veces, controvertida personalidad o de diferencias ideológicas, Agustín García Calvo es un ejemplo de sabiduría, de capacidad intelectual y de capacidad de trabajo..." Y, por supuesto, también han recordado que fue "uno de los catedráticos perseguidos por el régimen franquista" y que, por su implicación, "en las revueltas estudiantiles de febrero de 1965, fue apartado de su cátedra y tuvo que exilarse en Francia".

A sólo eso quieren reducir los medios de formación de masas al que siempre fue un rebelde, un infatigable luchador contra la mentira, al que no dejó de advertir que el Capital y el Estado eran dos rostros del Dios de la Realidad y el Poder, al que nunca se adaptó a las normas que dictan los que mandan en este mundo, al opuesto a todo lo oficial (inclusive en el Himno de la Comunidad de Madrid que le encargó el primer presidente de la Autonomía, Joaquín Leguina, por el precio simbólico de una peseta y que sólo se cantó oficialmente una vez), al defensor de la igualdad en este mundo tan ambiguo, al más crítico polemista de la cultura, a la que identificaba con el opio del pueblo, al que lanzó las críticas más originales, más contundentes al sistema del mundo desarrollado y al Estado de bienestar, al que nunca dejó de hacer política, es decir: de despotricar... lo que estuvo haciendo todos los miércoles por la tarde en el Ateneo de Madrid, en una auténtica ágora socrática durante estos últimos doce años.

El compañero

De ahí la necesidad de recordar lo que, además de aquello, fue Agustín: un anarquista que no paró de decir No al Poder, al Estado, al Capital, al Individuo, a la Pareja, a la Familia, al Futuro, al Progreso y muy especialmente al régimen que hoy padecemos en la democracia desarrollada. Pues  es indiscutible que se sirvió de sus excelentes dotes de orador para provocar, con un inigualable estilo coloquial, la reflexión y desenmascarar las mentiras de nuestro tiempo, para desaprender y romper con las ideas vigentes... Comenzando por su peculiar ortografía, que es un ataque frontal a la Academia de la Lengua, por ser la causante de la falsificación de la lengua y arrebatarle a la gente el derecho de escribir como se habla. Recordar pues el Agustín que en sus obras trató de dar voz a un sentir anónimo, popular, que rechaza los manejos del Poder. Efectivamente, para Agustín, el lenguaje es la clave del pensamiento, por ser a través de la lengua que opera el dominio de lo establecido. De ahí que fuese esencial para él la denuncia de la Realidad, esa idea que se presenta como reflejo fiel de lo que hay, que sólo es una construcción abstracta en la que las cosas y la gente (un caso más de cosa) organizada en individuos (sumables en una Masa numérica) se reducen a ideas, para someterlas a esquemas, planes y manejos para desvivir la vida, tanto en las sociedades más avanzadas como en las más atrasadas de dominio (en las dictaduras comunistas o en los países musulmanes), que sirven para legitimar, por comparación, la democracia burguesa.

Recordar lo que no se menciona en las biografías que de él se publican ahora o en las que circulaban ya por ahí; pues ni siquiera en Wikipedia se habla de ello, del Agustín compañero. Se dice, de pasada, que fue perseguido por el franquismo y expulsado de la Universidad por "las revueltas estudiantiles de febrero de 1965"; pero no se precisa que fue por apoyar a los estudiantes ácratas, precursores del Mayo antiautoritario del 68, con los que luego, en París, fundó una tertulia (la Horda) en el café La Boule d'or del Barrio latino. Coautor con ellos del opúsculo-panfleto De los modos de integración del pronunciamiento estudiantil, que editamos clandestinamente en Bélgica en 1970, y que en 1987 reeditó la editorial Lucina.

 Sí, recordar el Agustín solidario con los compañeros necesitados; pero también con los que luchaban activamente contra la dictadura franquista. Lo que le valió ser considerado por las autoridades francesas y europeas como un subversivo, como un terrorista. Ser objeto de interrogatorios y registros de su domicilio, y, en ocasión de la visita del presidente ruso Leonid Brejnev à París en 1973, ser considerado anarquista peligroso y ser asignado en residencia en la isla de Córcega durante una semana. Y haberse librado de poco, en 1976, de serlo nuevamente, cuando el rey Juan Carlos visitó París y las autoridades francesas nos asignaron en residencia, en la isla de Belle Ile en Mer, a un grupo de refugiados españoles anarquistas y a un grupo de vascos independentistas en la isla de Re.

Aunque quizás no valga la pena recordarlo, porque, como diría Agustín, lo que cuenta no es el pasado sino lo que hacemos hoy para "¡nunca pues ir con los tiempos!" Para tener presente que "la evidencia, palpable y actual, es que sigue siempre latiendo, por debajo del Dominio, un corazón que sabe decir NO, sin importarle un rábano ni el orden del día ni las modas".

Ser revolucionario hoy

Sobre la renovación, reformulación y recomposición del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario

por Octavio Alberola

A pesar de ser el capitalismo "un sistema tan injusto, irracional y amenazador" para la especie humana, la inmensa mayoría de los humanos lo sigue considerado "como el más eficiente sistema económico para conseguir el bienestar de la humanidad". Por ello, en un texto reciente [1], tras reflexionar sobre tan extraña e inquietante paradoja me pronuncié por la necesidad de "cuestionar todo lo que en la teoría y en la práctica del marxismo y del anarquismo ha contribuido a la perennidad del capitalismo e impedido la eclosión de la utopía implícita en el paradigma emancipador común a estas dos ideologías". No sería, pues, consecuente considerarlo necesario y no intentar hacerlo en lo concerniente al anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario. No sólo porque es lógico dejar a los marxistas el cuestionamiento del marxismo sino también porque en mi análisis de la "crisis del paradigma emancipador" intentaba ya aportar elementos de reflexión al debate abierto por los compañeros Tomás Ibáñez [2] y Antonio Carretero [3], sobre la "reformulación y revitalización del anarcosindicalismo", y por las reflexiones del compañero José Luís Carretero [4], sobre la necesidad de "recomposición de la insurgencia libertaria que empieza ya a anunciarse un poco por todas partes", y de otros, sobre "ser revolucionario hoy".

Anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario

Aunque este debate parecía, al principio, limitado al anarcosindicalismo, en realidad es una reflexión sobre las ideas anarquistas y los proyectos de utopía que estas ideas inspiran en cuantos y cuantas se reclaman hoy de ellas. De ahí la necesidad de recordar que el anarcosindicalismo, a pesar de ser considerado como una rama del anarquismo vinculada al movimiento obrero, es un sindicalismo en el que las ideas anarquistas tienen primacía en la acción sindical de cuantos se proclaman anarcosindicalistas e intentan poner fin a la explotación del hombre por el hombre a través de sindicatos autónomos y asamblearios. Esta simbiosis ideológica hace que, de más en más, anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario sean considerados y utilizados como sinónimos; pues en los tres casos se designa  a  un conjunto de hombres y mujeres que luchan por la anarquía. De ahí que la renovación, reformulación o recomposición del anarcosindicalismo lo sea también del anarquismo y del movimiento libertario, e in fine de las ideas anarquistas. Ese ideario y esa praxis comunes a cuantos y cuantas -se proclamen anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios- tratan de subvertir el entramado social y político de la explotación y la dominación para hacer posible una sociedad de igualdad social, equidad económica y libertad.

 Es pues obvio que esta tarea, se la llame renovación, reformulación o recomposición, concierne por igual a anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios. No sólo por tener la misma voluntad de subversión del orden social imperante y la misma pasión por abrir paso a la utopía emancipadora sino también  porque deben hacer frente a la misma realidad económica, política y social, como a la misma violencia de los sectores regresivos de la sociedad. Una voluntad subversiva y una pasión emancipadora que no surgen de la adhesión a una ideología, a una doctrina o a una teoría social, sino de la conciencia de llegar a la plenitud de nuestra humanidad a través de la libertad y el respeto y apoyo mutuos. Principios que, como lo han probado en la historia y lo siguen probando en las luchas actuales, anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios no han abandonado nunca; pese a que no siempre les ha sido posible ser consecuentes con ellos en la práctica. De ahí la necesidad de saber si la renovación, reformulación o recomposición puede concernir también a los principios o sólo concierne a las viejas formas de luchar frente a las nuevas formas de la dominación-explotación capitalista (sea privada o de Estado).

Necesidad de un debate abierto

El debate sobre la renovación, reformulación o recomposición de las ideas anarquistas no es nuevo. En el libro Anarquismo y política. El 'programa mínimo' de los libertarios del Tercer Milenio, editado al comienzo de 2012, su autor, Stéfano d'Errico, nos recuerda que Camilo Berneri planteó ya, en el primer tercio del pasado siglo, la necesidad de "afrontar el complicado mecanismo de la sociedad actual sin anteojos doctrinales y sin excesivos apegos a la integridad de su fe" (anárquica) para poder así "conservar aquel conjunto de principios generales que constituyen la base de su pensamiento y el alimento personal de su acción".

Esta necesidad de reflexionar, para adecuar la lucha por el ideal a cada contexto histórico, no es pues nueva, se ha manifestado permanentemente en el seno del movimiento libertario. Y ello a pesar de las tendencias inmovilistas que siempre han existido en su seno y que en todo momento se han opuesto a que tal adecuación pudiera partir de una crítica, suficientemente libre, que no dejara fuera de ella ninguna temática, por comprometedora que pudiera ser, o que intentara cuestionar la manera dogmática en que algunos interpretan los postulados éticos del anarquismo.

Sea lo que sea, la verdad es que esta reflexión ha quedado reducida muy frecuentemente a declaraciones de buenas intenciones y propuestas demasiado formalistas. Esto es lo que parece haber sucedido en el reciente Encuentro Internacional anarquista celebrado en Saint Imier, pese a que René Barthier, de la Federación Anarquista Francesa, manifestara, en el discurso de apertura, su deseo de que ese encuentro sirviera para "una renovación y fortalecimiento de las ideas anarquistas" allí representadas a través de "la diversidad de las corrientes del movimiento anarquista".

Esta reflexión sigue siendo pues necesaria, y quizás más aún hoy que lo pudo ser ayer. La continua transformación de la sociedad y las nuevas formas en que la conflictividad social y acción política se manifiestan nos obligan a ello, y también la evolución del conocimiento científico sobre esta realidad. Esta reflexión es, pues, necesaria para ser más eficaces en nuestra acción y para no caer en una forma más o menos voluntaria de colaboracionismo con el sistema en aras de la sacrosanta practicidad. Una eficacia que no nos haga perder de vista el objetivo: fortalecer nuestra respuesta, individual y colectiva, a la realidad actual del mundo capitalista y estatista y, al mismo tiempo, avanzar hacia la sociedad de justicia y libertad que anhelamos.

Un debate responsable

Ahora bien, es una obviedad decir que no basta con pensar y hablar para que la realidad del mundo cambie. De ahí que sea necesario salir de la retórica y ser capaces de poner en causa no sólo nuestras certidumbres sino también nuestras propias conductas. Tener presente que esta reflexión requiere una gran dosis de sinceridad y honestidad: tanto para no conformarse con una crítica demagógica como para no injertar verdades nuevas en el tronco de las verdades viejas. Es decir: ser capaces de pensar un anarquismo y un anarcosindicalismo críticos, heterodoxos, que se nieguen a ser reducidos a ideología o doctrina, a verdades reveladas y, a final de cuentas, a dogmas y fe. Pero también un anarquismo y un anarcosindicalismo que podamos asumir, al alcance de nuestra verdadera voluntad y disposición de lucha.

¿De qué serviría llegar a propuestas muy radicales si no somos capaces de llevarlas adelante? ¡Tan negativo es el conservar a toda costa como el innovar si no hay razones para hacerlo o condiciones que lo permitan!

Si el ideal libertario es la anarquía y ésta es la aspiración de vida en libertad, el anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario son o deberían ser medios de potenciar el ejercicio de la libertad para todos y todas en cada circunstancia que nos encontremos. Pues es obvio que los y las anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios no debemos encerrar la libertad en fórmulas simplistas ni aceptar complicadas teorizaciones para hacer de ella lo contrario de lo que ella es o debe ser para nosotros. Es decir: el derecho de cada ser humano, de todos los seres humanos a decidir por sí mismos, conscientes de que mi libertad sólo termina allí donde comienza la de los demás y que por ello ésta debe complementarse con una indómita voluntad de concertación y solidaridad. De ahí que no sea posible concebir una reflexión y un debate entre anarquistas anarcosindicalistas o libertarios sin partir de la libertad de cada uno para aportar argumentos, confrontarlos fraternalmente y tratar de encontrar respuestas en común a las cuestiones que han motivado tal reflexión y debate. Y aún más cuando el objetivo es saber si es o no necesaria la renovación, reformulaciónrecomposición del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario.

Para evitar infundadas suspicacias, preciso que ya en el título de este texto he puesto renovación, reformulaciónrecomposición entre comillas [cursiva; N.d.E]; pues para mí, estos términos no deberían significar "sustituir una cosa por otra" sino "dar nueva energía a algo". Es, pues, obvio que en vez de estos términos yo habría utilizado otros que me parecen más apropiados, como adecuación, reforzamiento, revitalización e inclusive actualización. Con ello quiero decir que, aunque para mi renovar, reformular y recomponer sean términos equívocos, los seguiré utilizando para cuestionar todo lo que, en la exposición y en la práctica de las ideas anarquistas, ha podido contribuir a la perennidad del capitalismo y a lentificar la marcha hacia la utopía libertaria.

¿Renovar, reformular o recomponer el ideal?

Me parece que es más bien al declive del Occidente (capitalista) que estamos asistiendo que a la occidentalización (capitalista) del mundo, a la uniformización de la identidad cultural (modo de vida) del mundo. Y eso pese a que exista aún, en la mayor parte del planeta, una gran diversidad de valores específicos de orden religioso, ideológico o filosófico que se manifiestan a través de estructuras comunitarias. Un fenómeno que la llegada de Internet y de sus redes sociales ha acelerado, facilitando la constitución de comunidades de elección y debilitando las identidades nacionales. Pero lo más grave es el debilitamiento de la identidad internacionalista del proletariado. Al extremo de que ya no tiene sentido alguno referirse a él; pues, a lo sumo, sólo existen trabajadores... Trabajadores más divididos que nunca por sus identidades comunitarias, religiosas, políticas y culturales, aunque más semejantes que antes por el culto del consumo capitalista y la resignación ante el actual statu quo capitalista y estatista.

Ante una tal situación, es obvio que no sea suficiente con llamar a la resistencia o a romper las cadenas de la explotación y la dominación. No, no lo es, y demasiado sabemos el por qué no lo es. Basta con ver la actitud de los capitalistas y los políticos frente a la crisis y el poco eco de los llamados a la movilización general para impedir las actuales políticas antisociales y defender las conquistas sociales (que tanto costó conseguir), para comprender el por qué el discurso emancipador es hoy inoperante.

Esto no significa, evidentemente, que debamos renunciar a la lucha por un mundo mejor, por una sociedad sin explotación y dominación. Al contrario, esa lucha es hoy más necesaria que nunca. No sólo porque la injusticia continúa y la irracionalidad del sistema capitalista amenaza con destruir el planeta, sino también porque hoy existen las condiciones materiales y técnicas necesarias para organizar una sociedad en la que todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades vitales y vivir libres y en paz. Y, además, porque la conciencia de la negatividad del capitalismo desborda -y mucho- las filas libertarias.

Me parece pues obvio que la renovación, reformulación o recomposición no pasa por el cuestionamiento de la necesidad de luchar, y aún menos por la de cuestionar el objetivo emancipador del ideal libertario: poner fin a toda forma de explotación y dominación. No, no son pues el ideal ni la necesidad de luchar por alcanzarlo que se deben cuestionar. ¿Qué sentido tendría cuestionarlo y seguir pensándonos y proclamándonos anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios? Salvo si llamárselo es sólo una cuestión de pose o de conveniencia. Y si no es así, y si no es el ideal ni la necesidad de luchar por él que se deben renovar, ¿qué es pues lo que, en el actual contexto, se debe cuestionar?

¿Renovar, reformular o recomponer la práctica?

Se sea anarquista, anarcosindicalista o libertario, en los tres casos se es víctima de la explotación y la dominación y se debe luchar contra ellas. Podría ser diferente la manera de hacerlo; pero ¿no es la misma? ¿Es realmente diferente? Sea cual sea el frente de lucha, la forma de luchar, sus armas, ¿no son la asamblea y la acción directa, la organización sin dirigentes ni poder ejecutivo? Además, ¿es posible, para un anarcosindicalista, acantonarse en la lucha sindical y no participar en las demás luchas sociales? ¿La anarquía no es la autonomía y la autogestión de la vida social, laboral y lúdica? Y ¿no es la anarquía la que debe dar sentido y estructurar la sociedad a la que aspiran anarquistas, anarconsindicalistas y libertarios? ¿En qué sentido pues se debería renovar, reformular y recomponer la práctica?

La respuesta me parece obvia, incuestionable, puesto que todos somos conscientes de que no sostendría la explotación y la dominación sin la sumisión de los explotados y dominados. Es pues esta sumisión, nuestra sumisión, en tanto que explotados y dominados, que se debe cuestionar.

Es pues evidente que, si de verdad queremos luchar hoy más eficazmente contra el sistema de explotación y dominación capitalista actualmente hegemónico en el mundo, no se conseguirá renovando, reformulando y recomponiendo nuestra práctica sino haciendo que ella sea más consecuente con el ideal ycon lo que exige hoy la lucha por él. Y no sólo en la práctica de los anarcosindicalistas sino también en la de los anarquistas o libertarios; porque, como es el caso de la inmensa mayoría de los explotados y dominados, también para nosotros el talón de Aquiles de nuestra práctica es la sumisión-integración al sistema económico capitalista y a su ideología consumerista.

Por ello, e independientemente de si la "hibridación socio-laboral" propuesta por Tomás Ibáñez pueda quedar "un tanto coja o un tanto escasa" sin adjetivarla con el calificativo de "comprometida" como propone Antonio Carretero para que ella lo sea "con la transformación social", no creo que esto pueda entenderse como renovación, reformulación o recomposición del anarcosindicalismo. ¿Acaso no es o debería ser consustancial con el anarcosindicalismo la hibridación socio-laboral? ¿Es posible concebir un anarcosindicalismo que no se mezcle "con las variadas formas de resistencia que se encuentran esparcidas por todo el tejido social para inventar conjuntamente nuevas formas de lucha…"? ¿No es o debería ser lo propio del anarcosindicalismo el "imprimir a nuestro modo de luchar y de organizarnos el sello de una perspectiva global que interconecte los diversos frentes de lucha…"? La lucha anarcosindicalista contra el capital ¿no trasciende o debería trascender "el mundo laboral y adoptar unas formas que abarquen la realidad social en toda su extensión"? Tendría algún sentido un anarcosindicalismo que no quisiera "avanzar hacia una auténtica hibridación donde una misma forma de lucha y una misma forma organizativa abarquen indistintamente ambas problemáticas, realizando su simbiosis"? ¿No se ha dicho siempre que el modo de funcionamiento y de organizarse del anarcosindicalismo prefiguran y son las bases de la sociedad comunista-libertaria del futuro? ¿No es todo eso también lo propio del anarquismo y el movimiento libertario?

Ser consecuentes para ser revolucionarios

Por supuesto no seré yo quien reproche a Tomás Ibáñez y a Antonio Carretero el que defiendan un anarcosindicalismo de hibridación socio-laboral más comprometido. Al contrario, pues quizás  sea necesario hoy insistir en ello. De ahí que considere sus reflexiones, como también las de José Luís Carretero, muy enriquecedoras como aportes analíticos al debate, y pertinentes para incitarnos (a todos: anarcosindicalistas, anarquistas y libertarios) a luchar más eficazmente por la emancipación humana. Mi única queja es que hayan obviado abordar la importancia decisiva del compromiso (consecuencia entre palabras y actos) para hacer posible la transformación social.

De ahí que, descartadas la renovación, reformulación o recomposición del ideal y de su práctica horizontal-asamblearia, sea necesario considerar la negatividad de nuestra sumisión-integración (al sistema económico capitalista y a su ideología consumerista) como rémora en la potenciación de la lucha emancipadora; pues sólo siendo conscientes de ello se puede enfrentar objetivamente el problema de la eficacia y comprender por qué ser consecuentes con el ideal libertario es la manera más eficaz de luchar por él. Entendiendo por consecuencia la correspondencia entre la conducta y los principios éticos que pretendemos deben guiarla, y por ideal libertario los principios de libertad y de respeto-apoyo mutuo que permiten la supresión completa de todas las manifestaciones de la autoridad y el pacto social entre iguales.

Ser, pues, consecuentes con el ideal libertario en todo momento y circunstancia; porque es siéndolo que se es revolucionario y se contribuye más eficazmente a cambiar el mundo autoritario. Pero, evidentemente, no serlo sólo de palabra sino en la praxis de cada día y en la medida que las circunstancias lo exijan y lo posibiliten. Entendiendo por consecuencia libertaria el rechazo del autoritarismo en todas sus formas y tanto si viene de otros como si viene de nosotros mismos; pero también dando el ejemplo de tal rechazo con actos que demuestren nuestra verdadera voluntad de insumisión al orden establecido. Demasiado hemos visto a dónde nos ha llevado la inconsecuencia a lo largo de la historia, y cómo el capital y el Estado se han  hecho fuertes de nuestra adaptación-sumisión-integración al orden imperante, pese a pretender lo contrario. Ser, pues, consecuentes y, si no somos capaces de serlo, ser honestos y reconocerlo. No pretender dar lecciones de radicalidad a los demás si no somos capaces de asumirla. Entendiendo por radicalidad no la violencia verbal o física (son las circunstancias las que la determinan) sino el nivel de resistencia frente al sistema y de ruptura con él. Es decir: ser a la vez consecuentes y audaces para intentar llevar –lo más lejos posible y sin sectarismo ni afanes protagonistas- esa resistencia-ruptura a través de cuantas acciones de protesta surjan hoy; pues ya se ha visto cómo esas acciones, al igual que los cambios microevolutivos graduales, pueden provocar cambios e innovaciones decisivas en el fenotipo social.

En resumen: Soy plenamente consciente de no haber dicho nada nuevo y de que todos los demás lo son más o menos. No obstante, considero necesario no olvidar que, como dijo Einstein, “no se puede resolver un problema manteniendo lo que lo crea”. Dicho crudamente: si la explotación y la dominación existen por nuestra sumisión, no se podrá ponerles fin manteniéndonos en ella. Claro que decir esto no es nada nuevo ni resuelve el problema; pero me parece ser necesario recordarlo de tanto en tanto y, hacerlo, quizás contribuya a resolverlo.

[1]http://kaosenlared.net/america-latina/item/30702-la-crisis-del-paradigma-emancipador-la-miseria-de-los-discursos-perentorios-y-la-utopia.html

[2]http://kaosenlared.net/component/k2/item/31077-el-anarcosindicalismo-frente-al-reto-de-su-necesaria-transformación.html

[3]http://kaosenlared.net/component/k2/item/31227-apuntes-de-hibridación-libertaria.html

[4]http://kaosenlared.net/component/k2/item/34941-siete-tesis-para-un-movimiento-libertario-en-el-centro-de-la-tormenta.html

La anarquía, ¿poder o antipoder? (Respuesta a "El poder en la anarquía")

Por Octavio Alberola.

En la sección "Análisis", de la web alasbarricadas, colgué un comentario al artículo "El poder en la anarquía"(*) preguntando cómo su autor, Adrián Tarín, podía llegar a la conclusión de que la anarquía "es también un poder -y no un antipoder". Luego leí un comentario-nota, firmado por los responsables de la web regeneraciónlibertaria, invitándome "a escribir una respuesta (al texto de Adrián) para ser publicada en el portal" de Regeneración Libertaria. Como prometí, aquí va mi respuesta:

Una "curiosa” tesis…
Como se puede comprobar leyendo su texto (*), para Adrián los anarquistas abordan "las cuestiones acerca del poder... desde la oposición al concepto" y no lo hacen "desde la comprensión científica del término". De ahí que él defienda, desde su personal aproximación "a la teoría del poder" (?), "la compatibilidad del mismo con la anarquía" y que concluya tal aproximación, tal análisis, afirmando que la anarquía "es también un poder -y no un antipoder".

Por supuesto, Adrián no pretende que la anarquía sea un "macropoder", un "poder negativo" como el de Estado, ni que debamos renunciar a combatir el poder "negativo" de éste. No, no pretende -como Foucault- "disminuir la importancia y eficacia del poder de Estado”; pero también cree “que al insistir demasiado en su papel exclusivo, se corre el riesgo de no tener en cuenta todos los mecanismos y efectos de poder que no pasan directamente por él".

Lo curioso es que, por el hecho de constatar que "existe poder fuera del Estado", Adrián se plantee esta pregunta: "¿puede la anarquía ser un poder?" Y digo “curioso” porque él debería saber que la anarquía es la negación de toda forma de poder, no sólo el que pasa por el Estado. Además, es “curioso” porque él ha puesto un poco antes esta otra cita de Foucault: "Asimismo, sería preciso saber hasta dónde se ejerce el poder, mediante qué relevos y hasta qué instancias, a menudo ínfimas, de jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones, coacciones. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce (...) no sabemos quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene". Efectivamente, los anarquistas sabemos quién tiene el Poder y quién no lo tiene; además de saber quién no lo quiere… Es pues sorprendente que Adrián olvide esto y quiera atribuir poder a quienes, en principio, no sólo no lo tienen sino que, además, no lo quieren. ¿Por qué tal empeño?

La confusión...
Sí, ¿por qué tal empeño en equiparar lo que es antinómico? ¿No será porque, al definir el "macropoder" como "negativo" y el "micropoder" como "positivo", Adrián aborda "las cuestiones acerca del poder... desde la oposición" entre los conceptos de "negativo" y "positivo" sin hacerlo "desde la comprensión científica" de estos términos? Tal parece ser el origen de la “confusión” de Adrián y la explicación a sostener una tal aporía. Y ello a pesar de atribuir -muy curiosamente- tal confusión a los anarquistas: "reconocer el poder como algo positivo o negativo", "liberador o represor", "destructivo o productivo". Salvo si Adrián piensa en los "anarquistas" que, para participar en el ejercicio del poder, defienden esa hipócrita falacia que llaman "poder popular".

Es sorprendente que Adrián crea a los anarquistas (los que no han renunciado a luchar contra el poder) incapaces de integrar el macropoder y el micropoder en sus análisis, y, en consecuencia, de ver que el poder se sostiene y es aceptado porque, como dice Foucault, "no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos". Es decir, porque es también "una red productiva".

Sí, es sorprendente, porque Adrián debería saber que los anarquistas, además de tomar en cuenta que el poder funciona como "red productiva", saben, con Foucault, que "si el poder no tuviese por función más que reprimir, si no trabajase más que según el modo de la censura, de la exclusión, de los obstáculos, de la represión, a la manera de un gran superego, si no se ejerciese más que de una forma negativa, sería muy frágil".

Pero lo más sorprendente es que Adrián no se dé cuenta del por qué el poder es, además de censura-exclusión-represión, también una “red productiva”. Y eso pese a que él mismo reconoce que, "de hecho, si el poder descansase sólo en la figura de la represión más palpable, la de las balas y las porras, éste sería un poder fácilmente subvertible".

Así pues, si el poder se traviste en “red productiva” sólo para mantenerse como lo que es realmente, censura-exclusión-represión, ¿qué sentido puede tener considerarle como algo “constructivo”, “positivo” y “creador”? ¿Se puede disociar lo que es consustancial?

La anarquía, ¿un poder o un “micropoder” ?
El problema con Adrián es que, tras reconocer que el poder sólo es "constructivo", "positivo" y “creador” para no ser "frágil" y "subvertible", persista en que la anarquía "es también un poder -y no un antipoder". Pues tampoco aclara si es un "micropoder" o también un "macropoder". No, no hay nada claro, sólo afirmaciones perentorias. Ni siquiera cuando trata de argumentar su tesis con reflexiones contradictorias sobre la "construcción del consenso"; pues también -para él- el "consenso" buscado por los anarquistas, a través de su propaganda, es "para ejercer su dominio sobre los (discursos) de los demás". O cuando habla del poder como “consenso hegemónico" ejercido “de manera colectiva”; pues es evidente que este "consenso" no tiene nada que ver con el que buscan los anarquistas: un consenso no impuesto (física o culturalmente) sino basado en la libertad de disenso y de experimentación.

¿En qué consiste pues ese "poder libertador, positivo y creador manifestado en la propia dinámica libertaria y en cada pequeño paso que sirva para edificar la anarquía" del que habla Adrián? ¿Qué clase de poder es ése? Todas las citas aportadas por Adrián confirman que el poder político, el Poder es dominación: ya sea impuesta por la fuerza o a través del "consenso" obtenido gracias a las múltiples formas de la sumisión voluntaria de los dominados propiciada por el "micropoder". ¿A cuento de qué persistir en afirmar que "la anarquía es poder"?

Finalmente, Adrián ha dado la respuesta al contestar a uno de mis comentarios en alasbarricadas. No sólo confesando que para él "la manera de ejercer el poder de manera colectiva y no como una dominación autoritaria es a través del poder popular", sino afirmando compartir lo que piensan y dicen los defensores del llamado "poder popular" en un artículo, Anarquismo y poder popular (**), en el que se pretende que con tal denominación se consigue "socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos".

¿Socializar el poder?
Que Adrián quiera ejercer el poder es su problema No es el primero ni será el último en desearlo; pese a creerse anarquista... Pero, ¿por qué no decirlo claramente? Hay muchos socialistas y comunistas que también dicen ser anarquistas en el fondo de ellos mismos; pero que, a pesar de lo que enseña la historia, creen que a través del Poder se puede ir hacia una sociedad más justa y libre… De ahí que militen en partidos que aspiran a "conquistar" el Poder. Lo que es coherente; pues no se esconden detrás de una denominación tan vaga como esa de un “poder popular” que se pretende “horizontal” y “anarquista”; pero que aspira a ser reconocido por el Poder (ver a los “anarquistas” del “poder popular” llamando a votar por Chávez en Venezuela) y a ser parte de él si las circunstancias lo permiten.

Por eso, más allá de la retórica hay los hechos de la vida cotidiana y lo que la lengua dice a cada uno desde que la usamos. Deberíamos pues evitar toda clase de confusionismo y utilizar la palabra Poder (con mayúscula) para significar imposición... y poder (con minúscula) para dar a entender la capacidad de hacer... por ser las acepciones más comunes y las que todos sabemos reconocer y diferenciar.

Pero, más allá de la semántica, deberíamos saber si Adrián se reconoce en el “Poder Popular” que hay en Cuba. Pues, si "socializar los medios de producción" es dejarlos en manos de los que los utilizan sin que haya nadie por encima de ellos para decidir lo que deben hacer, eso no se ha hecho en Cuba. Como tampoco se ha intentado "socializar el poder", para "evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos". Al contrario, el “Poder Popular” es el mecanismo institucional que ha permitido a los hermanos Castro de tener el privilegio del Poder en exclusiva durante ya más de cincuenta años.

Así pues, si "ejercer el poder de manera colectiva" significa para Adrián que nadie - ni dentro del colectivo ni fuera de él- tenga el privilegio de decidir por los demás, ¿por qué no reconoce que tal es el consenso al que aspiran llegar los anarquista y no el consenso “hegemónico” que impera en donde el Poder se camufla detrás de esa institución hipócrita llamada “Poder Popular”? Y en ese caso, ¿por qué no decirlo claramente?

Sobre las “pequeñas manifestaciones de poder”…
Adrián nos dice que incluso diría "que la asamblea puede ser considerada una manifestación de poder en según qué circunstancias" y que también ve "pequeñas manifestaciones de poder" en "todos esos procesos de actividad anarquista cotidiana (consensos, asambleas, propaganda)".
Sí, claro que los hay con la pretensión de ser "anarquistas" pese a ser autoritarios en sus praxis privadas o públicas, en comportarse en las asambleas autoritariamente y tratar de manipularlas para imponer sus propuestas o sus intereses, como en cualquier partido político. Sí, claro que sí, e incluso los hay creyendo sinceramente que la anarquía deberá imponerse... Pero, ¿tiene algún sentido creerse anarquista y ser autoritario? ¿Son esos casos los que sirven de ejemplo para definir lo que es ser anarquista, lo que es o debe ser el anarquismo?

Adrián nos dice que la suya "es una postura difícil de defender, compleja, sujeta a críticas" y que, “posiblemente”, le "cueste una etiqueta de autoritario difícil de salvar"; pero que cree “que las ciencias sociales en este caso” le “proporcionan más argumentos para pensar así que para pensar que el anarquismo lo que busca es que no haya poderes”.

Efectivamente, no sólo es indefendible una tal postura desde un punto de vista ideológico y político sino que tampoco las ciencias sociales le proporcionarán "más argumentos" para seguir pensando que el anarquismo busca que haya poder y no "que no haya poderes"; pues también en las ciencias sociales las palabras tienen un sentido y no se puede caprichosamente atribuirles otro que el que ellas tienen: ya sea por razones etimológicas o por el uso que se hace de ellas. Sí, Adrián, también en las ciencias sociales el sentido de la palabra poder (con minúscula o con mayúscula), como concepto político, es el de "dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo". De ahí que los anarquistas luchen contra el poder, como Poder político o como autoridad para mandar; pues aspiraran a la libertad: para ellos y para los demás.

Claro que se pueden tener dudas sobre cómo conseguir un consenso que permita llegar a la anarquía sin tener que imponerla por la fuerza. Claro que es más simple pensar y actuar como lo hacen los adeptos a las ideologías autoritarias, aunque tampoco esa simplicidad les haya permitido alcanzar los objetivos manumisores que esas ideologías presuponen. Lo lógico es pues dejar de pensar la anarquía como "ismo", como ideología, y comenzar a pensarla como actitud de convivencia sin autoridad, como conducta basada en el ejercicio de la libertad sin más límite que el de respetar la libertad de los (y las) demás. No sólo porque es más consecuente defender la libertad cotidianamente sino también porque es más eficaz para que la sociedad pueda avanzar hacia la libertad y la igualdad en todos los campos de la actividad humana. Un avance amenazado de más en más por el Poder hegemónico del Capitalismo y por las diatribas entre los diferentes “ismos” que pretenden combatirlo; pese a que, al día de hoy, ninguno puede pretender haber conseguido su objetivo.

(*)https://www.regeneracionlibertaria.org/el-poder-en-la-anarquia
(**)http://agitacao.wordpress.com/2009/02/27/anarquismo-y-poder-popular/