Ucrania 2014: ecos del pasado

A poco que pongamos un poco de atención al discurso internacional sobre lo que está pasando en Ucrania nos damos cuenta que la cosa suena familiar: ¿están les gringues hablando de la Guerra Fría, o de la Ucrania de 2014? En estas últimas semanas hemos podido leer en Internet comparaciones directas entre la situación actual y la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, o incluso algunes se han atrevido a calificar los hechos de Nueva Guerra Fría o Tercera Guerra Mundial (¡hala!)

Lejos de ser exageraciones de los típicos grupos amantes de las conspiraciones internacionales, la verdad es que este discurso belicista (que no deja de ser preocupante) viene promovido por "altas personalidades" de la prensa y política mundial (léase Estados Unidos). En el Washington Post podíamos leer hace unas semanas al neo-conservador Charles Krauthammer decir que los Estados Unidos deberían mandar una flotilla al Mar Negro y asistir económicamente a Ucrania con 15 billones de dólares norteamericanos (que se dice pronto). John Kerry, actual Secretario del Estado, amenazaba también a la Rusia de Putin con restricciones económicas y asistencia a la (nueva fascista) Ucrania. Unas amenazas que si las pensamos de nuevo no tienen legitimidad alguna: sí, la movilización de tropas rusas en Crimea rompieron con ciertas leyes internacionales[1], pero que John Kerry lo haya señalado una y otra vez tiene su qué. Después de todo, ¿no han causado los Estados Unidos un significante número de guerras solamente para perseguir sus intereses nacionales? Un ejemplo: Iraq (Otro: Siria. Y otro más: Libia). Y que nosotres sepamos, Iraq no es limítrofe con los Estados  Unidos (como sí lo son Ucrania y Rusia).

Si miramos atrás en la historia del siglo XX la cosa adquiere morbo. En 1945, en la ciudad de Yalta (precisamente en Crimea), se realizó una conferencia entre Churchill, Stalin, y Roosevelt para lograr una paz internacional. Todo ha cambiado, y los contextos no son idénticos, pero sí que observamos similitudes que nos traen ecos del pasado. La derecha estadounidense parece haber entrado en un estado de pánico, endemoniada por fantasmas del pasado que susurran dos palabras: Guerra Fría (o jodides comunistas). El parecido más interesante entre ambos contextos históricos es el gran papel del ejército (de lo militar), el cual dicta las reglas del juego diplomático. Y es que el problema con Ucrania no es ni la soberanía de sus gentes, ni la economía. El problema parece ser el de siempre: poder. Hay que tener en cuenta que los Estados Unidos y la Unión Europea llevan largo tiempo intentando diezmar el poder ruso en el ámbito internacional. A mi parecer el aspecto más importante son los límites de la OTAN.

Ni Rusia está preocupada por los lazos económicos con Ucrania, ni los nuevos lazos económicos que ésta pueda desarrollar con la Unión Europea (después de todo, el gas ruso sigue siendo necesario en muchos países europeos). A Rusia le interesa mantener su dominio estratégico en el este, y a "Occidente" le interesa debilitar dicho dominio para aumentar su dominio. A fin de cuentas: poder, que viene a ser el problema que atormenta a nuestra raza desde tiempos inmemorables. Una Ucrania pro-Occidente significaría una expansión inmediata de las fronteras de la OTAN en términos de bases, ejercicios militares, nuevas alianzas... ¿Os imagináis qué piensa Rusia ante la idea de tener una flota estadounidense operando en una base de la OTAN en el Mar Negro? Más datos confirman que lo que prima en este conflicto es lo militar (tan ligado al concepto de poder). Para empezar, la ayuda que la Unión Europea promete a Ucrania no viene "de gratis", sino que conlleva los típicos compromisos con el neoliberalismo y, además (algo que los medios burgueses no se han dignado en mencionar hasta donde yo sé), la integración de Ucrania en el aparato militar de la Unión y todo lo que conlleva: cooperación armamentística, ejercicios comunes, simulaciones de crisis, etcétera y etcétera. Además, Rusia tiene todo el derecho de sospechar de Occidente: desde la unificación de Alemania, tres ex-repúblicas soviéticas[2] se han unido a la OTAN (y eso que los Estados Unidos aseguraron que la intención no era prolongar la Guerra Fría ni un ápice). A pesar de todo, hoy encontramos puestos militares de la OTAN en Georgia, un lugar que queda muy cerca de los intereses de Rusia.

Como anarquista toda esta retórica ultra-nacionalista me produce arcadas. Y la histeria estadounidense me parece de chiste dado el historial de rupturas con sus amadas leyes internacionales. Pero tampoco creo que el análisis anarquista de la actual situación en Ucrania requiera de tanto desdén. He leído bastantes veces en nuestros círculos que la economía es lo que está promoviendo la crisis ucraniana; que esto es una especie de "empujón capitalista" para agrandar su territorio. No creo que éste sea el principal motor de los hechos. Como he expuesto, el poder creo que prima en todo este asunto: el encuentro entre el poder de dos bloques hegemónicos que todavía existen (uno de forma muy distinta, claro está).

Notas

[1] No es que me importen, personalmente, las leyes internacionales, pero obviamente son un elemento vital para entender las relaciones internacionales entre naciones-estado.

[2] Además de un considerable número de países que firmaron el Pacto de Varsovia, el cual en pocas palabras pretendía no empeorar la situación entre la Unión Soviética y la OTAN.

Territorio, dominaciones y Anarquía

La cuestión nacional en el medio anarquista ibérico(1) es un tema que se debate entre la repetición mecánica de consignas y el seguidismo de corrientes leninistas. Ni lo uno ni lo otro supone herramientas teóricas ni prácticas que nos estén sirviendo para tomar posiciones efectivas y a propagar la lucha contra toda dominación a la vida real.

La “cuestión nacional”, lejos de ser un complemento circunstancial del capitalismo o una simple cortina de humo de algún político, lleva en su interior una cuestión mucho más compleja a la que nuestra practica inercial de movimiento no se está enfrentando abiertamente y es la cuestión del territorio y la cuestión identitaria. Son cuestiones cruciales.

La primera, la cuestión territorial es fundamental en el desarrollo de una teoría y una práctica revolucionaria pues el territorio es la base material del proceso de ruptura, entendiendo el territorio como las relaciones entre un medio natural y su población humana (2). La segunda, la cuestión identitaria es un tema tabú en el anarquismo, siempre despreciado por no entrar en los esquemas mentales clásicos o que se llevan en el movimiento. La identidad es la condición psicológica con la que se identifica un grupo humano y que permite que ese grupo humano pueda definirse diferenciadamente. Las identidades vinculadas al territorio o a la pertenencia a un pueblo es un hecho social e histórico y que por el desarrollo social e histórico que vivimos aparecen vinculadas inevitablemente a la dominación (3). La identidad territorial es el sustrato sobre el que se edifican los enormes engaños que la clase dominante utiliza para dividir a las clases dominadas.

Entrando en materia, los dos sistemas de dominación a los que nos enfrentamos a día de hoy que nos plantean retos en la cuestión territorial e identitaria son principalmente 2: el Estado y el Capitalismo industrial.

1º Estado, territorio e identidad.

El análisis de cómo los estados modernos se han servido del sustrato cultural de los pueblos para frenar la lucha de clases e impedir la destrucción comunista de los estados ha sido ampliamente estudiado en textos clásicos. Sin embargo, en este texto se va a presentar una esquematización del proceder estatista con respecto al territorio y a la identidad basándonos en el texto L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista” de Xabier Oliveras. En él se nos explica como el uso del sustrato emocional de la identidad territorial ha sido utilizado para la construcción de entes estatales a la europea. En este sentido la caracterización con respecto a identidades y territorios de un ente estatal pasa por 5 puntos:

1º todo el territorio y toda la población debe estar asignada en un ente.

2º no deben existir dobles asignaciones, cada territorio y cada población sólo debe pertenecer a un ente.

3º cada ente debe ser homogéneo tanto en su territorio como en su población.

4º los entes se dividen y diferencian mediante el concepto de Frontera.

5º todo ello se debe revestir de justificación científica y natural.

La obra y la crítica tradicional del anarquismo se dirige al nacionalismo como justificación del estado, que sería la 5º característica descrita aquí de los estados modernos. En este sentido, la obra más reseñable por lo riguroso y lo completo del estudio es “Nacionalismo y Cultura” de Rudolf Rocker. En ella encontramos una diferenciación entre Pueblo y Nación(4) que es uno de los matices importantes en las diversas discusiones entre ramas del socialismo y que siempre llevan a equívoco. Para Rocker la nación es un sujeto político separado del pueblo, que es el sujeto natural. Vemos sin embargo como otros autores clásicos, como Bakunin, utilizan los términos nación y patria en el sentido que Rocker da tan solo a pueblo(5). La contradicción es puramente terminológica, ambos entienden que existen colectivos humanos formados de forma natural y que es sobre estos colectivos existentes sobre los que se deben dar las condiciones para una revolución social. Hecha esta aclaración debería quedar claro que ninguna corriente anti-estatista ha querido utilizar el término nación para la legitimación ideológica de algún estado nacional liberal, fascista, socialdemócrata o leninista. Lo que en general el anarquismo siempre ha admitido y defendido es la radical separación entre el “pueblo” y los estados que justifican su existencia en las naciones vinculadas artificialmente a esos “pueblos”.

Por otro lado la naturaleza intrínsecamente dominante, autónoma de otras dominaciones y auto-perpetuadora del Estado está ampliamente estudiada en la obra de otros autores como Bakunin, Kropotkin o Capeletti.

En suma, podemos encontrar que el anarquismo tiene un amplio bagaje de crítica contra el Estado como entidad vinculada al territorio y las identidades.

2º Capital, territorio e identidad.

La relación entre el Capital, el territorio y la identidad ha tenido varias fases. La primera fase ha sido la que se ha desarrollado hasta la segunda mitad del siglo XX, en la que el capital se relacionaba con el territorio y las identidades mediante la instrumentalización de Estados, por lo que no había fuertes contradicciones entre la práctica estatal y la capitalista. Esta relación es la que dio lugar al imperialismo y a su respuesta en los movimientos de liberación nacional, que empiezan a marcar cierta distancia entre el capital y el sistema de estados-nación dado que estos movimientos eran principalmente estatistas. Aparecen aquí  contradicciones entre los intereses de Estado y Capital, contradicciones cuyo único resultado ha sido una dominación más perfeccionada.

Sin embargo el principal factor que marca a día de hoy la relación entre el territorio y el capital no es su relación con los estados sino su relación con la “Industria”. Se entiende en este texto que la industria es un sistema de tecnificación de la realidad basado en una ideología “industrialista” y que se presenta como sistema de dominación en sí mismo con cierta autonomía con respecto al Capital aunque opera bajo la forma de este (6). Esta afirmación y este análisis si bien no supone un amplio consenso en el movimiento anarquista, se va a asentando y extendiendo mediante la crítica llamada antidesarrollista. Así pues, la Industria, el Desarrollismo, han ido imponiendo su ideología tecnificadora en el territorio deformando tanto el medio como a las poblaciones. La época de la Globalización ha supuesto el paradigma práctico de lo que este desarrollismo implica: una red mundial de megápolis interconectadas por las telecomunicaciones, la energía y materia abundantes y la mano de obra deslocalizable. Frente a las megápolis enormes extensiones de periferias de las que explotar tanto pobladores como recursos naturales. El territorio del planeta, y lo podemos comprobar en nuestra realidad inmediata, ha quedado dividido en centros y periferias rompiendo tanto con la perspectiva estatista como con cualquier perspectiva liberadora, social y anárquica.

Podría entenderse esta nueva fase de desarrollo con la explicación de que es un neo-imperialismo y trazar la misma respuesta que a la fase imperialista. Sin embargo lo que da validez a la crítica al desarrollo como ente autónomo de capital y estado, únicos factores de la dominación imperialista, es que esta nueva fase se sustenta en unos intereses que van más allá de aumentar el poder estatal o el lucro privado y que son los intereses de la industria en una huida hacia delante para salvarse a sí misma del colapso que se empezó a esbozar en los años 70. Es por ello que se hace necesario elaborar nuevos análisis y herramientas de lucha respecto a la época de la descolonialización.

La movilidad constante de mercancías y personas y la ruptura de la homogeneidad interior a las fronteras estatales suponen una marcada contradicción entre el desarrollo industrial-capitalista y el sistema de estados-nación con respecto a la gestión del territorio.

Con respecto a la identidad, el capital también utiliza unos criterios que confrontan con los estatistas y que pasan por la pura mercantilización. En este aspecto, el desarrollismo no ha sido tan determinante. Uno de los ejemplos de la actitud del capital con respecto a las identidades colectivas se puede ver con la aparición de amplios flujos migratorios ocasionados por los desequilibrios económicos del planeta. El capital ha reaccionado simplemente absorbiendo para la explotación dichas identidades, a diferencia de los estados que han reaccionado con vallas y expulsiones. Así vemos hoy en día como hay diferentes mercados para cada identidad cultural, sexual, religiosa, popular, territorial…tanto en la producción como en la distribución y el consumo. Desde la lógica de aumento de beneficios, la maleabilidad de las identidades en tanto que nichos de mercado es un factor a explotar, volviendo a chocar con la lógica estatista de la homogeneidad de la población.

Visto como se relacionan con la cuestión territorial e identitaria los sistemas de dominación a los que nos enfrentamos queda ver que propuestas y procesos estamos impulsando desde el medio anárquico.

Anarquía, territorio e identidad.

Una síntesis rápida de cómo la “cuestión nacional” ha ido pasando por entre los teóricos anarquistas la podemos encontrar en el texto “Nación y anarquismo” de Manuel de la Tierra (Ekintza zuzena nº38). En él se expone como (sin entrar en el debate terminológico pueblo-nación antes señalado) el debate nacional en un principio se teorizó hacia un acercamiento a las posturas “nacionales” y como posteriormente ganó peso en el movimiento la visión más “anacional”. Esto es cierto a grandes rasgos.

Profundizando un poco más,  el desarrollo de las ideas anarquistas con respecto al territorio nace con Proudhon y el federalismo. Su fusión con las ideas de Bakunin sientan la base doctrinal del anarquismo en este tema. Al respecto, un texto muy clarificador es “Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera”” de Daniel Guérin.(7) En aquella época todas las facciones del movimiento obrero se declaraban como internacionalistas y así se organizaban, en una organización internacional por todo el mundo hoy conocida. Pero el internacionalismo proletario que se practicaba entonces residía en los términos bakuninianos de solidaridad entre pueblos, entre naciones, en vez de en la negación de los pueblos y las naciones como hay quién afirma hoy(8).

Lo que sucede después de las obras de Bakunin es la irrupción en la historia de lo anárquico de la teorización de un individualismo que lleva consigo la asimilación de la idea, muy extendida en la Europa de finales del siglo XIX, del cosmopolitismo. En la práctica, esto supone una superación del internacionalismo proletario por otra tendencia, anacionalista esta, si bien es cierto que los herederos de la tendencia cosmopolita se han seguido reivindicando como auténticos internacionalistas al igual que hicieron tendencias autoritarias y estatistas. Uno de los vehículos transmisores de este cosmopolitismo sería el Esperanto, que se asume como parte del programa político y de la práctica culturas del movimiento libertario como muestra de la aceptación de la propuesta anacional.

El cosmopolitismo, de origen en la Grecia clásica, se adopta de la mano de la visión progresista que a posteriori ha dado origen al desarrollismo y que en ocasiones este utiliza como muestra efectos positivos del desarrollo planetario de la industrialización. Además, aunque encuentra réplicas en otras líneas culturales del planeta, esta corriente es fuertemente eurocéntrica y basada en el caso europeo, lo que lleva a sus defensores anarquistas a obviar situaciones en las que el cosmopolitismo se ha podido alinear con la dominación estatal (9). El cosmopolitismo ha ido evolucionando dentro del anarquismo ibérico en una especie de comodín frente a la problemática territorial e identitaria que se ha desarrollado a nuestra sociedad especialmente desde el tardo-franquismo. En este sentido, son de máxima vigencia las observaciones sobre la actitud del anarquismo ante la cuestión nacional que hace A.M. Bonnano en 1976 en el texto “Anarquismo y lucha de liberación nacional.” En él apunta que se padece de un universalismo heredado del cosmopolitismo que además de pecar de idealismo y ahistoricismo nos aleja de los conflictos prácticos, que en aquella época y a los que el texto se refiere son de corte anti-imperialista(10).

De esto nos podemos hartar a ver ejemplos en la península ibérica. De entre todos estos ejemplos merece la pena destacar, por lo completo del texto, el monográfico “Que ardan todas las patrias” del Grupo anarquizante Stirner. En él, se hace un repaso de la historia del anarquismo y de lo que ellos llaman la unión de nacionalismo e izquierda para inmediatamente cargar con furia contra todos los regionalismos y nacionalismos ibéricos que no son ni español ni portugués. Evidentemente esto no quiere decir que apoyen lo que obvian en criticar, pues esa crítica va implícita. Lo que descalifica la obra es la falta de rigor histórico que supone, por poner un solo ejemplo, considerar a todo el espectro independentista que se ha desarrollado especialmente en los Paises Vascos y Catalanes como una unidad uniforme heredera de los primeros regionalismos burgueses o tradicionalistas pero disfrazada tácticamente de izquierdas sin una mayor explicación de cómo cinco décadas de represión y recuperación han ido conformando unos movimientos populares amplísimos. Para entender esta postura hemos de partir de la máxima que afirma que todas las identidades populares construidas a lo largo de la historia son cómplices en potencia o en acto de la dominación estatal. Su propuesta territorial pasa por un federalismo ideal, al que los individuos se agregan por propia voluntad y sin ningún tipo de influencia ni injerencia social o histórica (11).

Esta muestra no es una anomalía sino que es una opinión muy representativa de la propuesta respecto a la territorialidad y a las identidades que hacen suya muchos anarquismos hoy en día: barrer con absolutamente todo lo anterior con un movimiento revolucionario que tenga como elemento agregador sólo la idea de revolución independientemente de las particularidades de la revolución en cada territorio.

También es cierto que en la península vemos en algunos territorios como se han alzando ciertos anarquistas que defienden la autodeterminación de unos pueblos que ellos afirman están reivindicándose como tal. Gente como los catalanes de Negres Tempestes o los vascos de anarkherria, se baten en medio de un movimiento popular muy identitario y en los que predominan políticamente las corrientes estatistas para introducir discursos anarquistas haciendo una suerte de anarco-independentismo que peca de hacer un cierto seguidismo del independentismo mayoritario en cuanto a lo identitario o lo territorial.

Pero no son estas las únicas propuestas y reconocerlas nos puede permitir abrir un debate amplio como movimiento que nos sirva para perfilar posiciones que vayan más allá de las trampas estatistas. En el anteriormente citado texto de Xabier Oliveras hay un apartado muy interesante sobre la construcción de una territorialidad e identidad anárquica, en el que se propone nada menos que reivindicar como geografía e identidades anárquicas todas las expresiones históricas que hayan compartido los principios de autonomía, libertad, autodeterminación…que a lo largo de la historia han sido múltiples y diversas (12). No falte decir que la ausencia en estas territorialidades anárquicas de dominación estatal o capitalista no exime de otras dominaciones como la patriarcal o la especista, por lo que los ejemplos puestos no son perfectos en sí mismos, pero sí valiosos indicadores. Así, su propuesta pasa por generar una red de territorios e identidades anárquicas, autónomas y sobre todo autodeterminadas.

Por otro lado, quienes se llevan a cabo prácticas antidesarrollistas están generando una visión del territorio y de la territorialidad fuertemente vinculada a las tradiciones populares de autosuficiencia económica y en abierta hostilidad al modelo territorial del desarrollismo antes expuesto. Esta visión del territorio, ampliamente explicada en la obra reciente de Miguel Amorós y en revistas como Argelaga, propone avanzar hacia un territorio con un medio rural más densamente poblado y autosuficiente así como por unas ciudades que no sean la superposición de personas y mercancía sino lugares caracterizados por sus amplios espacios públicos. Esta concepción de la territorialidad está enmarcada en la cosmovisión del ecologismo con fuertes ascendencias Kropotkinianas, como el modelo de ecología social propuesto por Bookchin.

Concluyendo.

Quien aspire a transformar la realidad debe conocer esa misma realidad en que se desenvuelve. Es por ello que los análisis sobre los fenómenos identitarios y territoriales deben volver a nuestros medios sin idealizaciones ni autocomplacencias y evitando la trampa estatista de vincularlo todo al “hecho nacional”. Saber reconocer las poblaciones tal y como son en esta época, fruto de largos procesos de dominación estatista y capitalista y por supuesto de resistencias centenarias. Este conocimiento nos será indispensable para conocer los potenciales advenimientos de los fenómenos fascistas que siempre, en tanto que nacionalistas, nacen de la manipulación de esas identidades existentes. Pero este análisis no sólo nos sirve de manera defensiva. Con él podremos, desde lo local y lo comarcal, trazar estrategias que nos permitan ir construyendo esos territorios e identidades anárquicas, por supuesto, en base a lo ahora existente y no con castillas en el aire.

El objetivo, y esto es común a todo lo anárquico, es la construcción de nuestras comunas. Comunas en las que autodeterminarnos frente a capital, estado, patriarcado, especismo, industrialismo…en suma, frente a toda dominación. Y comunas con las que federarnos siendo iguales, autónomos y soberanas.

Valladolid. Julio de 2013.

@botasypedales

Notas:

(1) El presente texto está escrito desde la óptica del anarquismo ibérico y en un ambiente social castellano, por lo que muchas de las afirmaciones estarán referidas a este contexto.

(2) Miguel Amoros. El Sabor de la Tierruca. de Perspectivas antidesarrollistas 2011:

“Territorio es el espacio geográfico donde ocurren todas las actividades humanas. Lo que llamamos territorio es un hecho histórico; en la medida en que la humanidad interacciona con él. Encontramos historia en cada uno de sus rincones, que podemos seguir en las variaciones del concepto de naturaleza dominantes en cada época, en las distintas representaciones filosóficas o religiosas de la idea. Vida, trabajo, instituciones, economía, naturaleza, forman un todo articulado. Las ciudades también son inseparables de los pueblos, los campos, los bosques y las montañas.”

(3) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“La identitat territorial, en tant que construcció social, no és neutral[…] Amb aquell sentit és fàcilment utilitzada com a mecanisme de poder i dominació, d’espai i persones, per part dels individus i grups socials que exerceixen el domini. Especialment pel que es refereix al control de persones (en totes les vessants: social, corporal, intel·lectual...) Pot dir-se que constitueix una pràctica biopolítica i anatomopolítica…”

(4) Rudolf Rocker. Nacionalismo y Cultura. Libro 1 capítulo 4.

“Un pueblo es el resultado natural de las alianzas sociales, una confluencia de seres humanos que se produce por una cierta equivalencia de las condiciones exteriores de vida, por la comunidad del idioma y por predisposiciones especiales debidas a los ambientes climáticos y geográficos en que se desarrolla. De esta manera nacen ciertos rasgos comunes que viven en todo miembro de la asociación étnica y constituyen un elemento importante de su existencia social. Ese parentesco interno no puede ser elaborado artificialmente, como tampoco se le puede destruir de un modo arbitrario, salvo que se aniquile violentamente y barra de la tierra a todos los miembros de un grupo étnico. Pero una nación no es nunca más que la consecuencia artificiosa de las aspiraciones políticas de dominio, como el nacionalismo no ha sido nunca otra cosa que la religión política del Estado moderno.”

(5) M. Bakunin. Patria y Nacionalidad.

“La patria, la nacionalidad, es como la individualidad, un hecho natural y social, fisiológico y al mismo tiempo histórico; no es un principio. Solo puede darse el nombre de principio humano a aquello que es universal, común a todos los hombres; pero la nacionalidad los separa; no es por lo tanto, un principio. Principio es el respeto que todos debemos tener para con los hechos naturales, reales o sociales. Y la nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos.”

(6) Los amigos de Ludd. Notas preliminares. De Antología de Textos de los Amigos de Ludd.

“La industria no es, en ese caso, un mero sistema de producción entre otros, no significa una majestuosa adecuación de medios a fines según el sentido de los intereses reales de la sociedad. La industria y su robusta ideología, el industrialismo, significa la dominación tecnificada de los medios del capital para los fines del capital, a costa del sometimiento de lxs trabajadores y de la explotación irracional de los recursos naturales. La industria no es simplemente un medio, sino EL medio objetivo del capital donde éste consigue intensificar la producción y dirigirla hacia su rentabilidad máxima, mientras incorpora a lxs trabajadorxs a la actividad ciega de las máquinas y no al contrario”

(7 ) Daniel Guérin  Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera” de Por un marxismo libertario.

“Siempre es muy difícil separar a Bakunin de Proudhon, por cuanto Bakunin conocía a fondo la obra de Proudhon y seguí sus puntos de vista, pero los desarrollaba, los mejoraba, los superaba. Uno de los temas en los que precisamente Bakunin se alejó más de las clases de Proudhon, es el del federalismo. Bakunin, mucho más que Proudhon o, en todo caso, mucho más lúcidamente que él, elaboró un concepto de autodeterminación y el derecho de secesión que, según el, era la única forma de garantizar una verdadera unidad, porque sólo a partir del momento en que un pueblo tiene el derecho y la libertad de asocial su destino a otro pueblo, puede, por un acto de libre voluntad, asociar su destino al de otro pueblo. Creo que esta noción bakuniniana tiene una indudable importancia histórica, porque no fue directamente de Proudhon sino de Bakunin de donde extrajo Lenin su concepción de la liberación nacional y, sobre todo, su teoría de lo que hoy llamamos “descolonización”. No creo, por consiguiente, que se pueda decir una sola palabra sobre el federalismo de Proudhon sin mencionar los complementos indispensables que le aportó Bakunin. Bakunin precisó también el pensamiento de Proudhon: subrayó el hecho de que el federalismo en sí no era específicamente revolucionario, que la parabra “federalismo” puede cubrir toda clase de mercancías, reaccionarias o contrarrevolucionarias. Basta con evocar por ejemplo el regionalismo francés de un Charles Maurras. Basta con evocar como en los EEUU de hoy, los esclavistas del sur explotan el federalismo de la constitución, los famosos “derechos de los estados”, para impedir la emancipación de los negros. Bakunin proclamó con energía que sólo el socialismo puede aportar un contenido revolucionario al federalismo.

Pi i Margall fue un proudhoniano regionalista español, y son precisamente los equívocos que se encuentran en la obra de Proudhon sobre el Principio federeativo, lo que hizo posible que unos burgueses regionalistas como Pi i Margall y los suyos se dijesen, de buena fe, discípulos de Proudhon. En cambio, Bakunin y sus amigos, especialmente durante el corto episodio de la I república española de 1873, mantuvieron siempre las distancias frente a Pi i Margall y los cantonalistas, precisamente por que les reprochaban el contenido burgués y no socialista revolucionario de su regionalismo. Hay aquí, pues, una confusión que Bakunin contribuyó a acalarar.

Proudhon no entendía la cuestión nacional, en absoluto, y lo demuestra en el caso de Polonia. Bakunin, en cambio, apoyó a fondo la rebelión polaca de 1863. Pero no tomaba aquella posición desde un punto de vista de un nacionalismo estrcito. A sus ojos toda revolución de independencia nacional ajena al pueblo y que, por tanto, no podría triunfar sin apoyarse en una clase privilegiada, tendría que hacerse contra el pueblo y, por consiguiente, sería un movimiento retrógrado, funesto y contrarrevolucionario. Y Bakunin concluía que “La cuestión nacional se borra históricamente ante la cuestión social, fuera de la revolución social no hay salvación”.

(8)Capi vidal .El internacionalismo como aspiración moral y política REFLEXIONES DESDE ANARRES 6-abril-2013

“Desde el punto de vista ácrata, es tan sencillo como considerar que las fronteras políticas, las naciones, son una evidente consecuencia de la existencia de Estados; por lo tanto, las naciones y las identidades colectivas son también fruto de una degeneración autoritaria y violenta de la sociedad.[…] En el anarquismo, a diferencia del marxismo y su visión histórica, se considera el internacionalismo o cosmopolitismo como un hecho natural y, sobre todo, como una exigencia ética”

(9) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Així, per exemple, James C. Scott (2009) mostra que la construcció dels espais estatals a l’Àsia sud-occidental anteriors al colonialisme es basava més aviat en una identificació directa amb el projecte estatal i la possibilitat d’enriquir-se, sense recórrer a la imposició d’una única identitat etnolingüística com a fonament principal, d’altra banda estructurada a l’entorn de la religió i l’agricultura. L’existència d’un cosmopolitisme simbolitzava l’èxit de la construcció de l’estat, en tant que indicava la captació de diferents col·lectius.”

(10) Alfredo Maria Bonanno Anarquismo y lucha de liberación nacional 

“El anarquismo es internacionalista, su lucha no se confina a sí misma a una región o un área del mundo, sino que se extiende a todos los lugares donde el proletariado lucha por su propia liberación. Esto requiere una declaración de principios que no sean ni vagos ni abstractos, sino concretos y bien definidos. No estamos interesados en un humanismo universal […]

Hoy en día aún quedan, incluso entre anarquistas al enfrentar el problema de la nacionalidad, residuos de razonamiento idealista. No sin razón, el anarquista Nido escribió en 1925: “El desmembramiento de un país no es considerado un ideal deseable para muchos revolucionarios. ¿Cuántos camaradas españoles aprobarían la histórica desaparición de España y su reorganización entorno a una base regional constituida por grupos étnicos castellanos, vascos, gallegos y catalanes? ¿Se resignarían los revolucionarios alemanes a un desmembramiento parecido al tipo de organización libertaria que estuviese basada en los grupos históricos de Baviera, Baden, Westfalia, Hannover, etc.? Por otro lado, a estos camaradas con completa seguridad les gustaría ver el desmembramiento del actual Imperio Británico, y una libre e independiente reorganización de sus colonias en Gran Bretaña (Escocia, Irlanda, Gales) y en el extranjero, ¡lo que no sería agradable para los revolucionarios ingleses! Así son los hombres, y en este sentido, en el curso de esta última guerra (la 1ª Guerra Mundial), vimos la coexistencia del concepto de nacionalidad en su sentido histórico, al lado de las reivindicaciones de los anarquistas.” (Obviamente se refiere a Kropotkin y al Manifiesto de los Dieciséis).
Nido hace referencia a un estado mental que no ha cambiado demasiado. Incluso hoy en día, ya sea por la persistencia de ideales iluministas o masónicos en una cierta parte del movimiento anarquista, ya sea por la pereza mental que saca a muchos compañeros de los problemas más candentes y los lleva a aguas menos turbulentas, las reacciones respecto al problema de la nacionalidad no son muy diferentes de aquellas descritas por Nido.
En sí mismo el problema no nos concerniría demasiado, si no fuera porque tiene una salida histórica precisa, y porque la falta de claridad tiene efectos extremadamente negativos en muchas de las luchas reales que se desarrollan. En definitiva, el problema de la nacionalidad se mantiene a un nivel esencialmente teórico, mientras que la lucha por la liberación nacional está tomando, y cada vez más, una relevancia en la práctica considerable.[…]

Los anarquistas deben proporcionar todo su apoyo, concretamente en la participación, teóricamente en los análisis y estudios, a las luchas de liberación nacional. Esto debe empezar desde las organizaciones autónomas de los trabajadores, con una visión clara de las posiciones enfrentadas de clase, que ponga a la burguesía local en su correcta dimensión de clase, y prepare la construcción federalista de la sociedad futura que vendrá tras la revolución social. Bajo estas premisas, que no dejan lugar a determinismos ni idealismos de especies varias, cualquier instrumentalización fascista de las aspiraciones de los pueblos oprimidos puede ser fácilmente combatida. “

(11) Grupo Anarquizante Stirner. Que ardan todas las patrias. 2011

“En consecuencia, el federalismo ácrata no debe tener en cuenta los intereses de ninguna nación pequeña, mediana o grande, independizada o por independizar, sino la libertad del individuo. De hecho, desterrada la idea de nación, la articulación del territorio bajo un sistema federal y anarquista debería llevarse a cabo sobre bases funcionales y prácticas teniendo en cuenta las necesidades concretas (materiales e intelectuales) de los individuos y no abstracciones metafísicas como la “patria” o la “etnia”, o incluso, puesto que vivimos una realidad cada vez más cosmopolita, la “cultura”. Todo ello implicaría borrar las fronteras y los nombres de las antiguas naciones (términos como España, Euskadi, Galicia, Cataluña, etc. Deberían pudrirse en el basurero de la historia). Desde aquí proponemos rescatar el tipo de nomenclatura universalista, válida para toda la humanidad, que emplearon los socialistas “utópicos” para nombrar los primeros experimentos de vida comunal. ¿Por qué no Nueva Armonía en honor a Owen? ¿O Progreso? ¿O Libertad? ¿O Igualdad? ¿O Fraternidad?”

(12) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Al llarg del temps i a tot arreu, diferents col·lectius han posat en pràctica territoris i altres estructures de pensament per a concebre’ls. Seguint els passos de Kropotkin (1989) o de Harold Barclay (1982), són espais anàrquics els territoris d’aquells pobles sense estat ni govern (com els hazda), dels que fugen i eviten reproduir les relacions de domini (quilombos i palenques), dels que reclamen espais d’autonomia (passeries, escartons i ciutats lliures medievals) i, amb l’etiqueta d’anarquista, aquells que creen colònies llibertàries, col·lectivitzacions o centres socials okupats.”

Ensayo contra la conspiranoia

Prefacio

La crítica hacia el conspiracionismo -o la conspiranoia- va dedicado especialmente a aquellas personas que están integradas en algún movimiento social, especialmente hacia los libertarios, que por falta de formación política u otros motivos, vieron atractiva la conspiranoia y se adentraron en indagar en dichos laberintos. El contacto del anarquismo en concreto con la conspiranoia resultaría nocivo, convirtiendo un movimiento político-social en una suerte de pseudo-movimiento centrado en debates de salón, pues desvirtúan el funcionamiento del actual sistema económico y político atribuyendo a que todo está planificado por unos poderes ocultos superiores a nuestra especie. Ello ocasionaría una incapacidad de ofrecer análisis ajustados a la realidad social para poder incidir en ella, lo que quedaría en un anarquismo de salón totalmente inocuo. Pese a que este problema no es expresamente relevante, pues dentro del anarquismo hay todo un espectro de ramas que para bien o para mal pudieren ser más un obstáculo que una renovación, considero igualmente interesante hacer un análisis y llevar a debate este tema, pues la conspiranoia constituye una trampa para aquellos con pocos conocimientos sobre las ciencias sociales y tiendan a caer en el morbo que contienen ciertas teorías.

¿Qué es?

El conspiracionismo, teorías de la conspiración o conspiranoia trata de una serie de teorías propagadas a través de documentales o blogs por la red cuyo contenido abarca, principalmente, desde “sociedades secretas que dominan el mundo" hasta la “existencia de OVNIs y aliens”. El mensaje consta de una serie de afirmaciones con bases argumentales poco rigurosos que nos presentan dichos fenómenos como verdades indiscutibles. Su discurso consta de la simplificación de la realidad entre un grupo minoritario y apoderado que tiene prácticamente todo el control del mundo y la mayoría de subordinados insignificantes condenados a ser meros objetos.

La propagación de estas teorías se realiza a través de la red de manera anónima o citando fuentes cuya procedencia resulta dudosa. En ocasiones se utilizan verdades a medias y parten de discursos tomados desde la izquierda. Podemos destacar por ejemplo, las conspiraciones sobre el Club Bilderberg, en donde se juntan los personajes más influyentes (grandes empresarios, inversores, banqueros, financieros y personajes políticos) en reuniones secretas en las cuales toman decisiones sobre la trayectoria de la economía mundial. No es nada nuevo, aquellos que tienen gran poder económico tienden a reunirse para conocerse mejor, saber cómo han llegado hasta esas posiciones y qué estrategias a seguir para perpetuar el dominio, mantener los beneficios o acceder a más cuotas de poder.

Cualquiera con un poco de sentido crítico sabe que los medios de comunicación al servicio del capitalismo manipulan y tergiversan la realidad mostrándonos sólo la que ellos quieren que veamos porque dichos medios son empresas en las cuales los accionistas que invierten en ellas toman las decisiones que les beneficien. También sabemos que lo que llaman “sistema educativo” no es más que una simple herramienta hecha para adoctrinar a las nuevas generaciones para que sean sumisos, poco problemáticos y fieles seguidores de los dogmas neoliberales para ser “competitivos” en los mercados laborales. Ahora más que nunca, la ofensiva neoliberal sobre el sistema educativo se está realizando a pasos agigantados, tratando de convertir las escuelas y universidades en un negocio. Todo ello responde al mantenimiento de la hegemonía del sistema capitalista, lo que da como consecuencias la interiorización del individualismo burgués y narcisista, la insolidaridad, el rechazo del conocimiento, etc... No responde expresamente a los intereses del poder a controlar totalmente las vidas de la gente, en otras palabras, a instaurar un totalitarismo orwelliano.

Origen

Éstas teorías teñidas de “revolucionarias” son discursos que provienen, en la mayoría de los casos, de los llamados libertarians, un colectivo con una ideología proveniente de EEUU que se considera conservadora a pesar de que rechaza la regulación de la economía por parte del Estado y tienen un partido, el Partido Libertariano. Tiene conexiones con la Escuela de Chicago y las doctrinas de Friedman sobre la economía, diferenciándose de la Escuela de Austria en que éstos no defienden la extinción total del Estado sino que su papel se relegue únicamente a su función represiva, es decir, manteniendo los cuerpos policiales, de inteligencia, el Ejército, el sistema judicial y las prisiones. Dicha ideología defiende la propiedad, las libertades individuales y la no regularización del mercado y critica la intervención de un gobierno en la economía alegando que éste lo corrompe. Además tienen vinculaciones con grupos nazis y patrióticos al mencionar a judíos o judeomasones de la dominación y de tener fines perversos. También se les puede llamar “anarcocapitalistas”.

Si quisiéramos indagar más, al buscar información sobre los teóricos de la conspiración, nos damos cuenta de que son conferenciantes que viven de ello, vendiendo esas teorías como un simple producto. Para colmo, a ellos se le unen toda una pandilla de reaccionarios y conservadores que utilizan ese discurso pseudorrevolucionario y simplista para captar adeptos.

El elemento discursivo

No solo hay que analizar el contenido del mensaje sino también la forma en que se transmite. La comunicación verbal y audiovisual es el medio por el cual se transmiten los pensamientos y por eso resulta importante analizar de qué manera nos intentan persuadir.

Analizando un poco el material audiovisual, cualquiera que haya visto películas o haya estudiado audiovisuales, notará una clara manipulación de los vídeos. Las técnicas utilizadas generalmente consisten en mezclar imágenes impactantes y efectos especiales propios de las películas de ficción con música apocalíptica y preguntas retóricas apuntando a que cuestione la realidad. Luego pasa a dar datos, una vez que el espectador haya caído en la trampa de haber sido manipulado y, fruto de la incertidumbre inducida, acaba por asimilar acríticamente lo que se dice. Lo que transmiten esos pseudodocumentales, acompañados de testimonios de gente simpatizante de las teorías de la conspiración o cortes de otros discursos, pueden ser desde tergiversaciones de la historia hasta verdades a medias y falacias que no encuentran la resistencia del individuo para ser asimilados.

En primer lugar, casi la totalidad de textos se nos presentan en forma de noticia para atraer la atención del lector utilizando títulos breves expresando algo impactante utilizando frases cortas y directas acompañado de anglicismos y otras palabras o expresiones que hacen referencia a organizaciones secretas, oscurantismo, ocultismo… que mantienen a lo largo de todo el escrito. Luego, en la introducción encontramos un párrafo (o algunos más) que nos ‘invita’ a que sigamos leyendo ya que a primera vista nos venden hechos ciertos. En el cuerpo de la noticia, los datos y argumentos que dan son una mezcla de datos reales y falsos combinados con verdades a medias e incluso utilizan el discurso de la izquierda para darle “un toque revolucionario”. Sobre todo hay que resaltar que en todos sus artículos siempre señalan como culpables de todos los males a un enemigo común claramente marcado: Illuminatis, reptilianos, Anukis…

Éste es el mismo método que usa la ultraderecha para convencer, atraer y unir a las masas con el pretexto de luchar contra un supuesto enemigo con fines oscuros y perversos. De hecho, una de sus principales reliquias es la táctica de "decir lo que la gente quiere oír". Un ejemplo de ello sería que, ante algún escándalo de corrupción o una crisis económica, se aprovechen para lanzar piedras y esconder la mano, soltando su verborrea de que todo ello tiene relaciones con «poderes ocultos» que lo han planificado todo hasta el más mínimo detalle, cuyos intereses son controlar la población y exterminarnos. Finalmente, dan un discurso esperanzador que consiste en que “despertemos”, veamos “la realidad de las cosas” que nos han expuesto, etc para dar la sensación de que hay unos salvadores al que debemos seguir por habernos mostrado una supuesta verdad. Lejos de ello, solo nos induce inconscientemente a que nos sumerjamos más en sus trampas.

Debido a la gran cantidad de material existente y a la falta de pluralidad, el individuo que caiga en esas teorías quedará reducido a la impotencia, su capacidad crítica y de generar una opinión propia se pierde así como la reflexión y la autocrítica. La consecuencia de ello es que el individuo termina por sacrificar sus propios pensamientos, sustituyéndolos por las teorías de la conspiración y haciendo de esas teorías como si fueran propias, cuando en realidad son impuestas. Por tanto, se verá incapaz de articular una respuesta fuera de los esquemas marcados y se limitará a reproducir el discurso conspiranoico.

Análisis erróneo de la realidad social

Dentro de la conspiranoia existen diversas teorías que intentan explicar la realidad. Unas están basadas en supersticiones y misticismo como la existencia de 'conciencias superiores' que manejan los hilos del mundo, la dinámica de energías en el universo o similares. Otras, algo más materialistas, apuntan a sociedades secretas y razas superiores alienígenas que han ido manejando la historia desde el comienzo de la humanidad. Lejos de ello, nuestra historia ha ido transcurriendo sin intervención de ningún ser superior y el rumbo que fue tomando responde más a la aleatoriedad que al determinismo, aunque no toda la realidad actual sea fruto íntegro del azar sino que ha sido el resultado de conflictos sociales en el pasado que se traducen mayormente en disputas por el poder, las rebeliones populares y las revoluciones sociales.

El gran error del análisis de los conspiranoicos es su simplificación de la realidad social en una gran masa uniforme de dominados y una élite todopoderosa que maneja todos los hilos, como si de un totalitarismo encubierto se tratase. Sin embargo, la complejidad de la actual realidad social desborda considerablemente todo lo que puedan decir los conspiranoicos. Una de las características más relevantes es que no mencionan el concepto de clase social y la conciencia de clase, surgida hace dos siglos a raíz del desarrollo del socialismo marxista, que hoy en día siguen vigentes debido a que el capitalismo sigue en pie y que hoy denominamos 'neoliberalismo' como su nueva etapa. Este sistema económico y político hegemónico no está planificado por una élite sino que es resultado de la evolución histórica en el cual, tras la derrota del movimiento obrero después de la II Guerra Mundial y la caída de la URSS, este sistema económico tuvo vía libre para conquistar nuevos mercados y por tanto, consolidarse como el sistema dominante en todo el mundo, que en cierta medida, también fueron decisivas las teorías económicas de la Escuela de Chicago para la expansión y consolidación del neoliberalismo.

La destrucción del medio ambiente, el deterioro de la calidad de los alimentos, la industria cárnica, las aguas contaminadas con flúor, los transgénicos, las guerras, la lobotomización de la sociedad, los recortes en derechos, las reformas laborales... son consecuencias de anteponer el máximo beneficio privado por encima de todo lo demás, responde a la necesidad de estar manteniendo, expandiendo, diversificando y conquistando nuevos mercados porque si se renunciara a ello, el neoliberalismo acabaría colapsando ya que necesita continuamente de la creación de nuevas necesidades por la iniciativa privada para que el dinero siga fluyendo. No obstante, aquí los conspiranoicos señalan que todo ello son planes de una supuesta élite (sean reptilianos, Illuminatis o los vecinos de Marte) para controlar a la sociedad y/o exterminar gran parte de la humanidad.

Sin embargo, cabe señalar ciertos puntos en que hay información cierta como algunos casos de Monsanto o relacionados con la medicina y la salud pero mayormente los acompañan con su habitual discurso apocalíptico de que existen planes perversos contra la humanidad y los evangélicos mensajes como que tenemos que despertar.

En todo caso, existen también un gran abanico de teorías dentro de la conspiranoia que ofrecen puntos de vista diferentes, aunque no tanto, pero en la mayoría de los casos siempre acusa a que todo es manipulado por poderes ocultos, incluyendo al movimiento 15M, DRY, entre otros, en el cual algunos llegaron a calificarlo como "anarcocapitalistas". Prácticamente todos los conspiranoicos carecen de conciencia política y de clase, olvidando que la raíz del problema es el sistema capitalista, los Estados que los mantiene y la ignorancia en que está sumida la mayor parte de la sociedad.

Inocuidad para el sistema e inoperancia

¿Por qué no existen presos conspiranoicos? ¿Por qué no existen casos de represión hacia ese colectivo? Precisamente porque son inofensivos. Al carecer de medios materiales que permita la organización de quienes tengan en común esas ideas ni una base teórica para la praxis, no pueden ocasionar daño alguno al sistema. La inoperancia práctica de los conspiranoicos reside principalmente en el análisis erróneo de la realidad y al no saber qué métodos existen para combatir a la supuesta élite que ellos mismos creen, son incapaces de organizarse y quedándose en la difusión de la información a través de la red o en raras ocasiones, a unirse a alguna manifestación. Pero lo que más destacamos es la carencia de estructuras organizativas, de una conciencia política y del sectarismo en el que están envueltos.

Incompatibilidad

Pero ¿por qué no son compatibles el conspiracionismo con los movimientos sociales? Sencillamente porque hay demasiada documentación y material visual difundida de manera anónima y a través de la red cuyos fines no están claros o de dudosa procedencia, además de utilizar métodos opacos en la transmisión de información y en muchos casos de manera sucia, recurriendo al miedo. Por tanto, debido a que hay infinidad de material, desvía la lucha y la lleva a los debates de salón de cuyas discusiones no es posible sacar algo útil, productivo o creativo de cara a la elaboración de estrategias para dar el salto de la teoría a la praxis. De hecho, las teorías de la conspiración carecen totalmente de aplicación práctica, siquiera son capaces de crear estructuras orgánicas que sirvan como herramienta para la lucha. Es más, presentan un enemigo tan lejos del alcance de la población y tan poderoso que se limitan en ir a rebufo de las actuaciones de los poderes ocultos que manejan los hilos. Así pues, por desconocimiento de la complejidad que ha adquirido el sistema económico actual, se crean muchas visiones falsas y simplistas que acaban siendo difusas, ocultando el verdadero problema de este sistema que es la explotación del ser humano por el ser humano, producto del capitalismo y la sociedad de clases.

Ciertamente, no podamos comparar la trayectoria que ha seguido el anarquismo a través de la historia, desde sus orígenes hasta el panorama actual, con la conspiranoia porque el anarquismo no solo es una ideología política sino también una alternativa antiautoritaria posible que se pudo realizar y cuyos principios siguen vigentes hoy en día. Mientras, la conspiranoia no es más que una serie de teorías de nula aplicación práctica. Otra de sus reliquias es que la gran mayoría son gente cerrada que solo cree lo que reproducen otros conspiranoicos y los tienen como única fuente de información, llegando a desconfiar de los medios de contra-información.

Por ello, la contaminación del anarquismo por esos sectarios constituye un gran obstáculo a la vez que distorsiona nuestras teorías, y puede que en ocasiones, hasta la práctica.Dentro del conspiracionismo no existe ningún discurso relativo a la articulación de respuestas sociales, ni la creación de organizaciones que sirvan como herramienta para la acumulación de experiencias en las luchas y un punto de encuentro de gente afín, sino que solo se paran a señalar “lo malo que son los que tienen el poder”, teniendo la cara además de criticar otros movimientos sociales como el 15M diciendo que están controlados por el poder, sin siquiera los conspiranoicos saber cómo tomar decisiones en asamblea, sino que se quedan en seguir a rebufo de las supuestas "acciones de los poderes ocultos/sociedades secretas/etc". Y así, mientras éstos se queden en debates de salón, a nosotros nos toca levantarnos y constituirnos como una alternativa política real con presencia en la clase trabajadora, lejos de inmediatismos, la autorrealización personal y la estética; comenzando siempre por la formación teórica de los militantes  que nos permitirá construir estructuras organizativas estables para poder llevar a cabo la acción social, utilizando la organización anarquista como herramienta material para la transformación.

Nota: este artículo-ensayo fue publicado en Sección Libertaria, pero a raíz del cierre de mi blog, he decidido rescatarlo y publicarlo aquí, eso sí, con algunas modificaciones.

Contra la Ley

“Yo doy vueltas a un peñasco que obstaculiza mi camino hasta que tenga bastante pólvora para hacerlo saltar; doy vueltas a las leyes de mi país en tanto no tenga la fuerza de destruirlas” —Max Stirner.

Resulta muy extraño, a la par que plausible, que muchos críticos con la religión, con el clero o con el teísmo en general, sean tan vehementes en sus pesquisas contra el antiguo y el nuevo Dios, contra su liturgia y sus voceros y que, no obstante, sean tan religiosos, tan dados a la veneración del rito y al postrarse ante una imagen absoluta y universal como aquellos. Extraño porque parecería lógico que en el momento en el que uno ha renegado de Dios, no se caiga en la misma burda trampa del pensamiento. Y plausible porque, a su vez, es una constante humana, del individuo concreto, la de buscar en un ente ajeno un punto de apoyo moral y ético, como así lo ha sido y lo es el concepto de divinidad. Pero que sea admisible no quiere decir que sea respetable, ni que se deba incentivar tal modo de actuar.

La mayoría de las ocasiones el ateísmo, la apostasía y la herejía quedan como mera superficialidad de otra forma de religiosidad aún más entroncada si cabe en la psique humana: la de la ley. Una ley que, por el hecho de basarse su creación en estructuras jerárquicas que no atienden al querer del individuo, no merece respeto ni consideración alguna. Es decir, leyes que no surgen como herramienta en favor del individuo y como consenso de un grupo social más o menos amplio, y que, por tanto, su condición, su existencia, atiende a otros avatares (da igual cuáles sean, en tanto que no nacen de mí o de un acuerdo con mis congéneres, son execrables) que deben ser sistemáticamente rechazados por el sujeto que añore la libertad más allá de donde la cifre un documento penal, jurídico, etcétera. Mil veces razón tenía Albert Libertad cuando proclamaba e invitaba a los ciudadanos a quemar sus documentos nacionales de identidad para, así, pasar a ser nuevamente personas, seres humanos en su plena acepción, que niegan su condición de esclavos del inventariado estatal, que niegan, en definitiva, su condición de números archivados bajo unos reglamentos legislativos acuñados bajo sinuosos, o muchas veces no tan sinuosos, parámetros.

De tal modo, y volviendo al argumento inicial, pululan en la actualidad caudales de ateos que arrogantes critican al teísta, al creyente, con superioridad moral mientras que son tan teístas como el que más. El católico arde en ascuas si se increpa a su Dios; de igual modo el ateo moderno se asusta, se bloquea y se le llevan los mil demonios cuando alguien le niega toda validez a sus leyes. Carcomidos por el contrato social generalizador de derechos y deberes, son incapaces de encontrar otro punto de apoyo fuera de la ley, fuera del Estado, que les permita retomar las riendas, no ya de sus vidas, que también, sino de lo más importante: el pensamiento individual, base de toda libertad. Mujeres y hombres regidos por designios ajenos a ellos mismos  y que, sin embargo, se creen libres de toda injerencia moral externa. ¡El siglo XIX, éste es un siglo sin duda de luz y ciencia, por lo que todo Dios ha muerto! No hay creencia más falaz que ésta. La amplitud moral del ciudadano genérico está coartada desde el mismo instante en el que nace, desde el momento en el que está predestinado a asumir unas obligaciones determinadas y una moralidad sesgada. Nada le diferencia del esclavo de Dios del hoy y del ayer. Nada, excepto su arrogancia. Puedo afirmar sin temor a caer en error alguno la siguiente máxima: Si bien antaño Dios era hacedor de leyes; hogaño son las Leyes las que son hacedoras de dioses.

Así, si asumimos que nos hallamos tan aherrojados a las leyes como se hallaban nuestros antepasados a Dios y sus ministerios, también podremos asumir que es tan primordial acabar con uno como con otro. Ya no estamos ante el si dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer de Miguel Bakunin; no, ahora sabemos que existe, sabemos qué quiere y a quién sirve: sólo hay que acabar con él. Las formas de hacerlo son diversas, pero si tuviera que quedarme con una, me quedaría con la descrita hace unos siglos por el filósofo Étienne de La Boétie, cuando dice en su Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra uno (excepcional, por cierto, el último modelo titular) lo siguiente: Estad resueltos a no servir y seréis libres. No deseo que lo forcéis, ni le hagáis descender de su puesto; sino únicamente no sostenerlo más; y le veréis como un gran coloso al que se ha quitado la base, y por su mismo peso se viene abajo y se rompe. Y añadiría: si ves que ya es demasiado débil porque una parte sustantiva ya no la soporta, y aquí vendría el porqué de la cita inicial de Stirner: aplástala.

A partir de ahí, de su aniquilamiento, ya sería deber del nuevo hombre libre el de hacer su camino en función a una libertad compartida, a una igualdad hermana, evitando todo resquicio autoritario y jerárquico que pudiera servir de germen para el resurgimiento de nuevas (pero siempre antiguas) formas de dominación; es decir, a partir de la destrucción sería inevitable la labor de construcción antiautoritaria y armoniosa que el anarquismo siempre ha propugnado.

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