[Literatura] Cinco poemas de Augusto Tyuasuza

En el cuarto aniversario de su muerte, y a modo de homenaje, queremos dar voz al Tiuasuza poeta. Porque sus palabras, igual que su activismo, están imbuídas del profundo respeto a la tierra y a la cultura indígenas que profesaba. Porque su escritura es, también, militancia.

Puedes leer el artículo de Steven Crux sobre la vida y asesinato de Tiuasuza aquí. Y aquí el blog de Augusto.

 

Sisague (feliz) encuentro con la selva

ATA

Cuando tus pies se posan incautos sobre los caminos de la selva

recibimos la astuta riza del nativo

y la confundimos con una romántica ceremonia cinematográfica

ellos miran nuestro equipaje lleno de artilugios.

Les enseñamos una a una

la lista de herramientas de supervivencia

creemos que el indio las palpa como espejos

qué equivocado estaba nuestro espíritu.

 

Sus voces retratadas como testimonio

del encuentro con el hombre hecho planta

no son más que burlas para el idiota que pretende

espantar el humo a manotazos

 

En pocos días de caminos sinuosos y montañas

quedaran inservibles los repelentes, las radios, los guantes, los cigarros.

Aprenderemos a soplar tabaco

para ahuyentar los espíritus malignos

sacralizaremos sus costumbres

y ese humo ni siquiera servirá

para ahuyentar mosquitos

 

El tiempo quedará estancado en la niebla espesa

en el largo fhisca (aliento, alma) de tu vientre

y solo aprenderemos

la cómica pequeñez del Ego.

 

BOSA

Habita en mí

un bosque de tinieblas

donde las capas de los árboles

solo dejan entrever una que otra estrella

que se confunde con luciérnagas.

 

Si miro al suelo

pequeñas raíces fluorescentes

guían el camino a mis encierros,

las chicharras estallan en mi cabeza

queriendo salir de su crisálida,

los demonios tienen forma de sancudo

--cada centímetro de piel expuesta

termina en piquita y zozobra--.

 

Un desespero solitario

aniquila mis ruegos.

 

Ese mundo supraselvático

que desconozco

y desconoce el Indio de citadino,

ese ulular de lianas que se yerguen

como la lluvia en mis costados,

esa cárcel al aire libre,

ese triste estado de sombras sin conjuros

es fruto de los difusos y contradictorios caminos

que tomaron la selva y mis sentidos.

 

MICA

La selva tiene mucho de madre.

 

No una madre mariana,

no santa, no cándida, no pazguata.

Es una voz que te susurra todo el tiempo,

una vida que se mueve y

mitiga con fuerza su desdén.

Que llora y sufre.

 

Es su angustia castigo para tu cuerpo frágil.

Toma venganzas sutiles

y su enseñanza está colmada de fuerza y castigo.

La selva te humilla, te hace caminar como salvaje,

hace que tus uñas viertan veneno

de tierra y lodo.

Te hace respirar como tigrillo en busca de refugio.

La selva lacera tu espíritu.

Te envuelve como loca con sus tonos amarillos.

Su aroma de verde se vuelve sangre

y su nubarrón baja con frío fértil

a posarse sobre tus articulaciones.

 

Ella, que cada día vence majestuosos arboles,

se encarga de quebrarte la paciencia

para posteriormente cubrirte de una capa

oscura y solitaria.

 

Sus vientos desatan tu falso abrigo

hasta romper tus ropas.

Tus gritos los cubren sus típicas ondas

y de nada vale llorar, porque las gotas de lluvia

lavan tus mejillas.

 

Miras al cielo y totalmente huérfano

suplicas un tolerante respiro de paciencia.

Al pasar, los días y las noches

te purifican tus miedos, te haces amigo de las sombras,

te rascas sin desgano tus pocas ronchas,

te sientes más hijo de sus suelos

y con menos egos

que tus olvidaos habitantes de la materia.

Que solo hoy resultan

banales habitantes de la miseria.

 

MUYHIKA

El paraíso popular del génesis:

no existe.

 

Son imágenes de un idilio terrenal del blanco.

Con el tiempo la sangre mesclada de los hijos de la selva

crearon un nuevo cielo de verdes utopías,

hermosos colores y lindos cantos.

 

¿Qué misterio se incrustó en el alma?

¿Qué rara evocación a selva tiene el hombre?

¿Para qué llamar Pacha-mama a la selva

sin sus espíritus de lúgubre belleza?

¿Para qué las matas sin sus torrenciales angustias?

¿Para qué el aire puro sin sus endemoniados insectos?

¿Para qué anhelamos caminar lentamente en la noche de luna

sin conocer los caminos, la sombra, los espíritus, las sapientes, ni el deceso?

 

Aquí está el paraíso del hombre verde.

 

Pero no está untado de comodidades urbanas,

no es contemplativa felicidad eterna,

es el molesto trasegar del hombre sin espíritus

es el paso amargo del huérfano

que se arrastra de fatiga y sed,

es el cuerpo caído en la resaca del tiempo,

es la piel marchita de barro y espinas.

 

Son las plantas de unos pies que niegan

los rugosos caminos de resbalosa procedencia.

 

Y al final: cuando sepas arrastrarte sin vestido en el fango

para bañar tu cuerpo con la lluvia,

cuando tus pieles blancas se curtan de raíces y costras,

cuando la sangre ofrendada a los interminables insectos

tome una nueva forma,

cuando tus oídos distingan el viento

y las huellas de una fauna oculta,

y aparezcas tendido de bruces sin alma ni fuerza

sobre la maraña y la piedra,

podrás sentir el paraíso de la milenaria sabia

pasar tranquila por tus venas.

 

HISKA

En últimas, la selva no castiga.

Existe y eso es suficiente.

Te castigan tus egos cuando antepones

tu prisa ante el lento-vital espíritu de las montañas

que se muestran inermes y quietas.

Te castiga tu conciencia de héroe blanco,

que pretende protegerse de la intemperie

con sus cómodas ilusiones.

 

La selva te desnuda el anclado inconsciente

su hermoso espíritu te cubre

hasta desconectar tu cuerpo de tu mundo

y tu mente se queda atrás, atada y huérfana.

El cuerpo se siente solo,

indefenso.

 

El espíritu huye con el vuelo de la pluma,

con la huella del insecto.

 

La selva te arranca el alma con crueldad

y te arroja al abismo del desconocimiento.

Al caer, apelas a la razón, y a la puritana

explicación de los hechos,

a la descripción psicorrígida del tiempo.

 

Finalmente no es la selva quien te oprime sobre el barro.

Es la ciudad que te pesa y te aplasta.

Y las raíces te tapan hasta que los espíritus te reconozcan.

Esa fauna que anhelaste en los libros de tu infancia

ahora te llama con cantos de dudosa procedencia.

La sutileza de las huellas sobre las secas hojas te asusta.

Los pájaros pretenden atrapar con cantos a los incautos,

y si caes en la quietud, decenas de aguijones

se alimentarán de tu sangre.

 

Por eso huyes y gritas en busca de refugio.

Vociferas y maldices.

Pero la montaña es inerme ante tu lengua.

Huyes de ti mismo te guardas en tu cama o en tu hamaca.

Y en tu refugio continua el castigo, la picazón, la incómoda

presencia de la noche sobre el suelo.

Estás solo contigo mismo

la selva te desnuda el inconsciente.

Es un mareo, una noche con sueños de angustia y fiebre.

Al día siguiente, sin tu dios,

--que dejaste en los templos y en los libros--

no podrás escuchar la mano madre de la selva,

si no tomas conciencia de tu propia carne

y de la ingenua vaguedad de tus razonamientos.

 

Con el tiempo,

cuando el espíritu regrese con la luz y las sombras

tal vez

puedas

vibrar de la mano con el Cosmos.

 

5 de Agosto

5 de agosto
se despojó de sus pétalos
a 13 rosas rojas
y se pisotearon
43 claveles
Los fusiles estrellaron
sus fieras espinas
contra una tapia
de ladrillo herido
Se sesgó
el latido ardiente
de la resistencia
de 13 rosas rojas
‘Que mi nombre no se borre de la historia’

Carmen
Elena
Martina
Pilar
Virtudes
Victoria
Blanca
Julia
Ana
Dionisia
Adelina
Joaquina
Luisa

Que sus nombres no se borren de nuestra memoria.

Deina Fortes

Redención a través de las generaciones

Yo no le diré a mi hija lo que mi madre a mí.
Yo no le diré “sé buena” sino “sé fuerte y defiéndete”.
Yo no diré tanto “pobre chico” sino que le animaré a ella a indignarse.
Yo no me burlaré de las mujeres femeninas ni de las “armas de mujer”;
para las pocas armas que tenemos no podemos despreciar ninguna.

Le diré: “aprende artes marciales,
¿o vas a estar asustada en una calle oscura?”
Si le gusta un chico le diré “llevas tres horas
fantaseando mientras él se saca el carnet
y ha pensado en ti diez minutos, ¡no tires tus horas!”.

Le diré: si tu padre te empuja y te tira al suelo,
no te quedes callada,
hazle reconocer que no te caíste sola.

Le diré: si tu novio quiere follar y a ti no te apetece
no le hagas una mamada, no hagas nada.
Y si intenta convencerte con reproches déjale,
no es bueno, no te quedes callada.

Si tu tío te acaricia el culo aprovechando que duermes
respóndele, insúltale,
y te prometo que yo tampoco me quedaré callada.

Si tu novio controla tus horas sé fuerte y déjale,
no te quedes callada.
Si agarra el picaporte para impedirte salir grítale
y te aseguro que saldrás,
SOBRE TODO no te quedes callada.

Si un amigo te pone la mano en el muslo
o te coge por la cintura y tú no quieres,
no te apartes solamente, díselo, plántate.

Si tu exnovio te insulta por teléfono
no le regales dinero, no le regales nada,
y responde insultándole tú también, hazlo por mí
¡¡no te quedes callada!!

No le diré que todo lo que ha hecho es un fracaso.
Le diré: hija, lo que haces es maravilloso y estoy orgullosa,
sí, sí, estoy orgullosa.
Le diré: no te disculpes tanto, no des tanto las gracias,
respétate y respeta, y no te quedes callada.

A lo mejor tendré esta hija yo sola,
pero será una mujer libre y eso es lo que me importa.

 

A mi amiga camerunesa Marie Eloge, que nunca se ha dejado maltratar por nadie.

La poeta muerta

La morbosa y libérrima
enamorada de la vida
en un mundo al revés.
Se atrevió a pensar
y a gozar su placer
por amor al arte.

La valiente e inquieta
miró de frente,
más allá de los barrotes.
Desnudó su alma
escupiendo sobre
los golpes de tortura.

La vital e irreverente
ansiaba escribir su camino
en ventanas abiertas.
Era pájaro
y voló muy alto,
hasta las nubes de su recuerdo.

 

Poema dedicado a Patricia Heras, en el sexto aniversario de su muerte el 26 de abril de 2011. Ella fue condenada a tres años de prisión por el caso 4F en Barcelona, narrado ampliamente en el documental 'Ciutat Morta'. Tras seis meses en prisión, Patricia se suicidó en su casa en un permiso penitenciario. Que este poema sirva como memoria a la inolvidable huella en sus amigos y amigas.

Carta a la juventud. Homenaje a Marcos Ana.

Ayer 24 de Noviembre falleció Marcos Ana, poeta y comunista, el preso que durante más años soportó la represión franquista. Desde Regeneración le rendimos un sincero homenaje compartiendo uno de sus poemas: una llamada a los jóvenes para que luchen por una sociedad libre. Que la tierra le sea leve.

Carta urgente a la juventud del mundo

Si la juventud quisiera
mi pena se acabaría,
y mis cadenas.

(Decid ¡basta!
Haced la prueba.)

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
¿Qué tiranos, qué cerrojos,
qué murallones, qué puertas
no vencieran vuestras voces
en un alud de protesta?

(Todos los tiranos tienen
sus pedestales de arena,
de sangre rota, y de barro
babilónico sus piernas.)

Pronunciad una palabra,
decid una sola letra,
moved tan solo los labios
a la vez y la marea
juvenil atronaría
como un mar cuando se encrespa.

Pero, ¿quién soy yo, qué barco
de dolor, qué espuma vieja,
qué aire sin luz en el viento
acerco a vuestras riberas?

Como campanario de oro
vuestros corazones sueñan.
La juventud es la hora
del amor, su primavera.
¿Por qué mover vuestras ramas
alegres con mi tristeza?
¿No es mejor que yo me coma
mi pan solo en las tinieblas;
que mis pies cuenten las losas
veinte años más, mientras sueñan
mis alas entre las nubes
de un cielo roto en mis rejas?

Pero la vida -mi vida-
me está clamando en las venas;
abrasa loca las palmas
de mis manos; lanzaderas
clava y desclava en mi frente
y el pensamiento me quema.

Ved nuestros tonos. Ya somos
como terribles cortezas;
claustrales rostros, salobres
ojos que buscan a tientas
-sedientos de luz y sol-
una grieta entre las piedras.

No sabéis lo que es vivir
muriéndose a vida llena;
grises, sobre grises patios,
sin más luz que una bandera
de amor...

Ni lo sepáis nunca...
Más si queréis que esta lepra
jamás os alcance el pecho,
no dejéis "mi muerte" quieta.
No dejadme, no dejadnos
con nuestras sienes abiertas
y en un cerrojo sangrante
crucificada la lengua.

Levad vuestros pechos. ¡Pronto!
( Es bueno que esta gangrena
os revuelva las entrañas.)
¡Echad abajo mi celda!
Abrid mi ataúd; que el mundo
en pie de asombro nos vea
indomables, pero heridos,
sepultos bajo la tierra.
¡Que no queden en silencio
mis cadenas!

Berta Cáceres

Descanse en paz la hija de la tierra,

aquella que fue asesinada por las balas con el símbolo del dólar.

 

Descanse en paz la voz de la sombra amanecida,

aquella que recorre como un rayo fulminante la codicia de los ricos.

 

Descansa en paz mientras tu sangre indígena se vierte sobre nosotros.

 

 

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