Una estrategia para construir un pueblo fuerte, más allá del colapso o del ecofascismo

El pasado fin de semana desarrollé un taller sobre los mecanismos de control empresarial en los centros de trabajo en La Garma, un espacio ubicado en Los Llanos, en medio del campo cántabro. Se trata de un lugar de resistencia y creatividad desde el mundo rural más dinámico y abierto. En La Garma se trabaja el campo, se cosecha, se experimenta con la bioconstrucción, se despliega una fértil comunidad de convivencia y se realizan actividades de formación, campamentos infantiles y juveniles, se dinamiza una escuela alternativa infantil y se desarrollan jornadas de profundización en los más variados temas sociales y culturales.

La comunidad de La Garma se centra en la convivencia y el equilibrio con el ecosistema, en la democracia directa y en la iniciativa individual y colectiva. Es uno de esos espacios rurales donde se demuestra en la práctica que es posible una alternativa ecosocial y creativa a un mundo que se está degradando en recurrentes jirones de violencia, miseria y desesperación.

Hay otros espacios como este en nuestro país. Espacios que, en ocasiones, enfrentan una fuerte represión estatal, como el pueblo autogestionado de Fraguas, en Guadalajara, que en estos momentos solicita la solidaridad de todos nosotros y nosotras para hacer frente a los gastos que su defensa judicial impone. Lugares como el pueblo de Marinaleda, en Andalucía, que, impulsado por el sindicalismo jornalero, ha desarrollado una trayectoria de décadas de autogestión.

También hay espacios urbanos animados por la iniciativa popular y la gestión comunitaria de las necesidades y deseos de las clases subalternas, como los Centros Sociales Autogestionados y ateneos populares de los barrios. Podemos citar, sólo como ejemplos entre muchos otros, el EKO de Carabanchel, el afamado Can Batlló de Barcelona, La Xisqueta de Santa Coloma, o la Escuela Popular de Prosperidad, más conocida por “La Prospe”. También podríamos hablar de los supermercados cooperativos, las redes de economía social y solidaria, las organizaciones del sindicalismo combativo, los movimientos por la vivienda y sus derivas autogestionarias (como la campaña de “La Obra Social de la PAH”), las plataformas de defensa de la Sanidad o la Educación, las asociaciones de migrantes, las organizaciones vecinales, los organismos internacionalistas de solidaridad con Palestina, Rojava o América Latina, etc., etc., etc.

Este tejido de iniciativas de base desmiente la recurrente letanía pesimista y disolvente de muchos grandes nombres de la izquierda alternativa y la ecología política (muy respetables en muchos otros sentidos) que nos intentan, una y otra vez, moralizar actuando como Casandras de un colapso inevitable y una absoluta impotencia de las clases populares.

También desmiente la absurda cabalgada en retirada ideológica de los actores del “asalto institucional” que dicen haber descubierto que la “izquierda no existe” y que lo mejor que podríamos hacer es una especie de traducción de las tesis de Laclau explicado a Bambi en el lenguaje de “Barrio Sésamo”, mientras nos entregamos, “rendido el Ejército Rojo”, a una muda admiración de “nuestros” representantes parlamentarios.

Sin embargo, no negaremos que esta trama ubicua de iniciativas no muestra también sus limitaciones a la hora de la acción social y política, como, por ejemplo, la fragmentación de las propuestas, la falta de un objetivo más amplio, la colonización por parte de la socialdemocracia de los cuadros y los anhelos personales. Pero también, y, sobre todo, la ausencia de una estrategia de conjunto.

Decía John William Cooke (un peronista de izquierda que le gustaría poco a nuestros insomnes mezcladores de Laclau con el nazi Carl Schmidt) que uno de los principales problemas de los movimientos populares es la burocracia. Pero, nos indicaba Cooke, lo que caracteriza a la burocracia no es, como se suele creer, el reformismo, la ocupación de los cargos en las estructuras partidarias, sindicales o estatales, o la cobardía, sino la absoluta falta de una estrategia para transformar la coyuntura.

Lo que caracteriza a la burocracia, por tanto, es que se limita a hostigar al poder según lo acostumbrado, actuando rutinariamente, pensando que este caerá por si sólo en un colapso que nunca llega (y cuando llega no es como se esperaba) o que, ante la proximidad de la debacle, el poder negociará con ella un acuerdo que salve a la sociedad (lo que no ocurre nunca, por el simple hecho de que el poder no tiene ninguna necesidad de negociar con quien no amenaza sus negocios esenciales).

Hay que reconocer que, en este sentido, los militantes de los movimientos sociales y sindicales de nuestro país somos mucho más burocráticos de lo que nos gustaría reconocer. Carecemos de estrategia de conjunto, de sentido de movimiento colectivo y no abundan las propuestas de ruptura y transformación de la coyuntura, sino más bien las costumbres pasivas y las loas a un pesimismo paralizante.

¿Podemos aventurar líneas para una estrategia de ruptura con lo dado, de desvío del futuro al que parecemos estar condenados? Podemos y debemos. Por supuesto, delinear una estrategia de movimiento es un trabajo colectivo, pero que debe partir de iniciativas individuales, de la energía de las y los militantes, de la imaginación, la experiencia y el deseo de las organizaciones populares, y de las mujeres y hombres que las conforman y nutren.

Esto no es una homilía, un sermón, ni una apelación a la bondad desclasada o a una espiritualidad “bonita, pero sin consecuencias”. Hace ya décadas se contaba que, en la selva de Chiapas, los indígenas que querían proponer hacer una mesa, en una asamblea, debían hacerlo con un tablón, un martillo y unos clavos en la mano. En nuestro sindicato lo tenemos en los estatutos: quien propone una iniciativa se compromete a participar en su desarrollo. Así que, si uno habla de la necesidad de una estrategia, debe proponer una, aunque sólo sea a título tentativo, de bosquejo, de primera aproximación a un debate necesario.

Ahí va, por si a alguien se le ocurre aceptar un debate sobre algo más sólido y menos evanescente, que, si “debemos querernos más”, o que, si “en 2080 iremos todos en taparrabos”, una pequeña colección de propuestas para el día de hoy. No están muy trabajadas, no son la última palabra sobre nada. Son la iniciativa de un militante “irrelevante” para muchos, “reformista” para algunos, y probablemente, “ultrarradical” para los que cuentan cuentos enternecedores a “la gente”.

1.-En primer lugar, la base de la estrategia es la inserción social, la construcción de un pueblo fuerte. Para transformar el mundo hay que organizar a las clases populares, articularlas, empoderarlas. No sirve con una vanguardia esclarecida pero alejada de las masas, ni con sustituir al pueblo por los departamentos de márketing político o las élites intelectuales. La transformación implica insertarse en las luchas de las masas, impulsar su iniciativa, su autoorganización. Moverse entre ellas “como el pez en el agua”.

2.-En segundo lugar, el objetivo político fundamental es “ganar población”, como decía Abraham Guillén. Aliarse con los sectores populares, convencer a los trabajadores. La “guerra de posiciones” es un absurdo conservador en el tiempo de las “guerras híbridas”. La participación expandida de los seres humanos es el objetivo y la principal fuente de energía. No se trata de hacer “personal branding”, se trata de crear redes de autoorganización de personas reales.

3.-La mejor forma de convencer a alguien de algo es con las orejas. Escuchar a las masas es iniciar procesos de amplio diálogo con los trabajadores y trabajadoras, con los habitantes de los barrios, con los y las cooperativistas y autónomos/as. Impulsar procesos de encuesta obrera y debates abiertos en los barrios, centros de trabajo e instituciones culturales y educativas. Investigar cuáles son los problemas inmediatos en los barrios y pueblos y los obstáculos reales y locales que limitan nuestra actividad. Desarrollar talleres y dinámicas de grupo para promover la autoexpresión y clarificación de los deseos de los trabajadores y trabajadoras. Menos clases magistrales de académicos en pleno proceso de “personal branding” y más investigación colectiva y participante de lo que está ocurriendo.

4.-La construcción de un pueblo fuerte ha de impulsarse en los espacios naturales de socialización, es decir, en el trabajo (asalariado, autónomo o cooperativo), en el barrio o municipio y en la familia (extensa). Son los espacios de los que todos y todas participamos, querámoslo o no. Retirarnos de ellos para construir burbujas en torno a ideas abstractas es una vía directa a la difusión del sectarismo, la fragmentación y las luchas cainitas. No nos vamos a poner de acuerdo sobre las formas de la abolición del Estado, sobre las dinámicas de la “subsunción real” o sobre “que vendrá tras la crisis ecológica terminal”. Pero nos podemos poner de acuerdo para intervenir en los espacios naturales de socialización impulsando dinámicas reales y concretas de autogestión, reapropiación de nuestras vidas y adaptación ecológica.

5.-El trabajo es el espacio del sindicalismo combativo y el cooperativismo consciente. El sindicalismo de combate debe expandir y reforzar sus coordinaciones locales (como el Bloque Combativo y de Clase, en Madrid, o la Taula Sindical de Catalunya), estructurar y difundir dinámicas de solidaridad con las luchas de otros centros de trabajo más allá de las siglas, buscar maneras de reconducir las fracturas (o, más bien, lejanías muchas veces inconscientes) generadas por la diversidad cultural del Estado y el “patriotismo de organización”. Multiplicar las cajas obreras de resistencia en sus distintos modelos. Impulsar medios de comunicación del conjunto del movimiento obrero y aceptar participar en los debates que se planteen en otras organizaciones.

Por otra parte, se deben constituir “Consejos Productivos Locales” en los que estén representados los sindicatos combativos, las redes de economía social, los centros sociales, las plataformas en defensa de los servicios públicos y las organizaciones de parados y migrantes. La función de estos Consejos es investigar la estructura productiva local, las vías de expansión de la actividad autogestionaria e impulsar la solidaridad entre los distintos pilares de una nueva, pero real, economía social, ecológica, feminista y bajo control de los trabajadores y vecinos.

En el campo, habría que construir organismos comarcales y regionales de coordinación de los sindicatos de trabajadores agrarios, las iniciativas autogestionarias y las comunidades y ecoaldeas. Generar bancos comarcales de recursos (semillas, maquinaria, trabajo voluntario, etc.) para coordinar dinámicas de apoyo mutuo.

6.- En barrios y municipios habría que impulsar asambleas vecinales recurrentes, articular redes de centros sociales e iniciativas culturales, experimentar con mecanismos de financiación colectiva (cooperativas de crédito, banca ética, redes de apoyo mutuo…). Federar y sostener las plataformas de defensa de los servicios públicos, impulsando la investigación de alternativas de gestión comunal-comunitaria, con participación de los trabajadores y usuarios. Defender la remunicipalización de los servicios privatizados. Impulsar el tejido económico autogestionario y cooperativo local mediante la creación de Mercados Sociales. Crear medios de comunicación centrados en el entorno. Ya sabemos que todo esto ya se hace, en una medida u otra, se trata de impulsar la articulación de las experiencias, conformar redes aún más amplias, ligarlas al mundo del sindicalismo y de la lucha ambiental, construir una trama organizada de pueblo en movimiento.

7.-Defender la familia libre y extensa, es decir, superar la deriva a una vida individual aislada y a la familia nuclear (egoísmo a dos) que ha promovido el capitalismo. El feminismo tiene mucho que decir sobre esto. Primos y primas, amigos y amigas, examantes, hijos e hijas, parejas en todos los modelos, comunidades de convivencia, vecinos y vecinas…tramas, diálogos, riqueza de relaciones, apoyo mutuo. Rehacer la familia desde un modelo rizomático en resistencia frente al aislamiento y el autoritarismo. Debatir sobre esto, multiplicar las iniciativas de apoyo mutuo, exigir ayudas sociales para los nuevos modelos de familia y de convivencia. Abrir espacios autogestionados para el bienestar de los menores y dependientes.

8.-Y, sobre todo, contar lo que hacemos. Hablar de ello. Hacer Congresos y Encuentros de la economía popular, el sindicalismo combativo y las iniciativas territoriales. Impulsar los medios de contrainformación. Desbordar el mundo de las organizaciones estructuradas entorno a ideas abstractas y contaminarnos mutuamente desde la práctica de masas. Caminar hacia un gran Congreso del Pueblo, como doble poder, productivo, sindical y territorial, capaz de construir un futuro que convierta al previsible colapso del capitalismo en el inicio de una sociedad del común y la libertad.

Casi nada. Quizás me he puesto demasiado lírico. Pero no basta con “querernos”, con “hacer iniciativas de huertos locales” o con “abandonar la idea de la izquierda y votar” a alguien difuso y confuso. Hay que tomar cartas en el asunto. Todas juntas.

José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

El anarquismo ante el cierre del ciclo electoral

El ciclo electoral de este año va a tocar pronto su fin. Desde las elecciones Europeas, pasando por las municipales y ahora, se nos viene encima las generales. La apuesta por el asalto insticional de los movimientos sociales tras el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M pronto verá su estancamiento y fracaso. A pesar de los ayuntamientos ganados por las candidaturas ciudadanas como el de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, y algunos más, están teniendo poco margen de maniobra y en el caso de Madrid, están llegando las decepciones, como por ejemplo con esa oficina antidesahucios que no atiende casos de desahucios por alquiler. En buena parte de las medidas tomadas por estos ayuntamientos, se perciben como lentas y en ocasiones, insuficientes. Ahora se acercan las elecciones generales del 20D, donde en algunas encuestas ponen a Ciudadanos, el partido de una derecha renovada, algo ligeramente por encima de Podemos. Se especula que el PP podría gobernar pactando con C's o con el PSOE. Podemos parece que quedaría en la oposición, o ni llega. El caso es que después de las elecciones la coyuntura cambiará y qué papel nos tocará jugar.

Primero, comencemos por superar las tendencias autodestructivas y derroteras a causa de la influencia de los valores individualistas del neoliberalismo, y luego la inercia de las campañas por la abstención activa. Cada vez que se acercan las elecciones respondemos con lo mismo una y otra vez, sin llevar a cabo una batería de propuestas alternativas enfocadas a potenciar el movimiento popular y la posibilidad de elaborar unas hojas de ruta de ofensiva, sin siquiera pretender articularnos políticamente como movimiento y fuerza política. Cada vez estoy más convencido de que esa abstención activa solo sirve para lavarse las conciencias ante la farsa electoral. En sí mismo, no estoy en contra de quien esté convencida de abstenerse por motivos de conciencia ideológica, ética y/o política, pero no podemos conformarnos con eso. La clave es que se nos presenta un futuro inmediato en que la ilusión del asalto a las instituciones se va a desvanecer (si es que ya está ocurriendo), y que ante las derrotas de las izquierdas, quedará el neoliberalismo y el fascismo. Para superar las sensaciones de derrota y las tendencias autodestructivas, es imprescindible el dejar de ir a la deriva en estos mares revueltos renunciando a disputar nuestro hueco en el espacio social y político. Tomemos el timón de una vez y pongamos rumbo a nuestro barco, pasemos del voluntarismo y las inercias a la responsabilidad política, es decir, abordar los problemas actuales a través de una política que apunte a la revolución social y a la conquista por lo existente desde la lucha de clases. He aquí una serie de propuestas e ideas a debatir y desarrollar desde lo libertario;

En cuanto a la cuestión interna

Durante este último año, el anarquismo está experimentando un cambio de tendencias y comienzan a darse procesos de debates internos y surgen nuevas dinámicas de actuación que viran hacia la inserción social y la construcción de una línea política. Este proceso se da en el Estado español con organizaciones de tendencia como la FEL en varios puntos del territorio español y Liza en el ámbito gallego, y organizaciones políticas como Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo que pretende ser a nivel nacional. Luego cabría mencionar a la CNT que están organizando su XI congreso este mes de diciembre, y CGT, continuando con su andadura en lo sindical. Cabe mencionar también a la FAGC por su gran labor en la lucha por la vivienda digna a través de los realojos y expropiaciones de viviendas. Durante este año se han detectado los problemas que surgen al pasar al terreno de la praxis y estamos viendo las carencias que tenemos. Es momento de que vayamos encontrando soluciones y vayamos logrando experiencias militantes, a la vez que generemos aportaciones teóricas a partir de estas experiencias y los procesos de debates que se dan y se darán. Ante este nuevo ciclo, las tareas que nos competen como anarquistas que aspiramos a construir un movimiento revolucionario serían, por ejemplo, éstas:

La formación es imprescindible, pero no nos sirve la formación por la formación, sino la formación destinado a un objetivo concreto, que en nuestro caso es la construcción de la tendencia revolucionaria del anarquismo, pasando también por un cambio en nuestra cultura militante. Para ello, es necesario la creación de itinerarios formativos específicos en los siguientes aspectos: como por ejemplo, sobre teoría revolucionaria, historia del movimiento obrero y el papel del anarquismo en ella; sobre estructura orgánica interna de nuestras organizaciones, las experiencias militantes, la comunicación y las relaciones con el entorno, etc. Interesante es mencionar esta serie de Introducción al Anarquismo (I, II, III, IV y V), donde se abrirá un proceso de debate y hay aportaciones de material formativo al respecto.

Ir perfilando el modelo de sociedad que queremos trabajando estos campos: sistema político y política económica, marco de relaciones laborales, ordenación del territorio y gestión de los recursos, gestión comunitaria de los servicios públicos, la autodeterminación de los pueblos, el empoderamiento de la mujer, las cuestiones culturales y étnicas, relaciones internacionales con otros pueblos oprimidos, migración... que constituirían primero un proyecto de país y luego nuestro proyecto político socialista libertario: socialización de los medios de producción y los instrumentos de trabajo, administración política democrática, descentralización de la ordenación del territorio, soberanía alimentaria...

Elaborar los programas y hojas de ruta acordes al proyecto político que queremos construir y trazar la línea política, estratégica y de actuación comunes a seguir e implementar en conjunto con el movimiento popular. En otras palabras, articular políticamente el anarquismo e intervenir como actor político y social en la coyuntura dada.

Relaciones internacionales. En un mundo globalizado, también sería positivo tener contactos en otros países para intercambiar experiencias o aprender de movimientos revolucionarios como el kurdo en Rojava y Bakur (Kurdistán norte).

Creación de una línea gráfica atractiva y fácilmente identificable con nuestro proyecto político, nuestras organizaciones, nuestro discurso y nuestra tendencia, además de una estrategia comunicativa renovada que apunte a la inserción social y a la visibilización de nuestra alternativa política en el movimiento popular y entre la clase trabajadora. Además, necesitaremos tener contactos con periodistas que puedan darnos más cobertura mediática, y no hablo solo de crear nuestros medios que sean solventes y vayan haciéndose hueco en el espacio mediático.

Dotación de las estructuras necesarias para llevar a cabo nuestras tareas políticas y sociales: organización de militantes, organizaciones juveniles, organizaciones feministas, articulación de movimiento en frentes de masas, articulación multisectorial de los frentes que impulsamos, política de alianzas con otras tendencias políticas, consolidación de organismos del poder popular (asambleas de barrio, sindicatos, cooperativas integrales, ...), configurar redes de solidaridad y apoyo mutuo, organismos antirrepresivos, medios de comunicación profesionales propios etc.

Participación en espacios amplios y configuración de una política de alianzas. En vez de crear algo libertario desde cero, insertarse ya en los espacios sociales existentes tratando de que dichos espacios vayan adquiriendo métodos libertarios, contribuir a su fortalecimiento y defender su autonomía. Fomentar la creación de estructuras amplias como asambleas de estudiantes, de parados, de trabajadores, de barrio..., secciones sindicales... Meterse en AMPAs, asociaciones de vecinos, campamentos, scouts, asociaciones deportivas, etc, y pelear desde allí con los problemas que surjan serían otras opciones a tener en cuenta. Luego, la política de alianzas es otro aspecto a desarrollar, ya que tendremos que trabajar en los frentes amplios con otras tendencias políticas y sumar fuerzas por lograr objetivos comunes.

La clave está en que después de las elecciones vayamos asentándonos poco a poco dejando atrás los vicios derrotistas, nihilistas y de autoconsumo, para ir construyendo y consolidando una alternativa política real desde la responsabilidad política, con esfuerzo, trabajo constante y paciencia.

¿Qué hacer?

Obviamente, la estructuración de nuestra tendencia debe servir como punta de lanza para producir los cambios sociales en estos tiempos. Por eso, a la vez que vamos consolidando nuestra tendencia, tenemos que ir reflejándolo en trabajo real en los siguientes ámbitos. Son muchos frentes que tendríamos que ir abriendo, así que a continuación mencionaré algunos ejemplos de ellos y pondré ideas de hojas de ruta:

Vivienda y barrios. Los desahucios seguirán habiendo, tanto por impagos del alquiler o la hipoteca como por ocupación. En este aspecto, la PAH está abordando el tema de manera bastante eficaz con las obras sociales, ocupaciones de sucursales y la ILP. Sin embargo, aún podríamos empujar un poco más, y en este aspecto, la expropiación de las viviendas de la SAREB (el banco malo utilizado para absorber los activos tóxicos financiado con dinero público y propietario de viviendas vacías), podría estar en el punto de mira.

Género. Las violencias machistas son un problema social bastante considerable. No solo hablaríamos del maltrato y los asesinatos, sino también el acoso callejero, el aborto, la brecha salarial y la desigualdad de oportunidades, los cuidados, la discriminación,  etc... Temas que deberían ser tratados a través de los feminismos y las organizaciones feministas.

Trabajo. La reducción del paro que tanto alardea el gobierno del PP es sinónimo de precariedad y trabajo temporal o a tiempo parcial. La actitud pasiva y servil de los sindicatos mayoritarios hacen que la patronal se frote las manos, y si a eso le sumamos las peleas de los sindicatos pequeños, ya se descojonan. En este sentido, potenciar estos sindicatos alternativos así como la creación de asambleas en el centro de trabajo, secciones sindicales y asambleas de parados, sería un buen punto de partida. Por otro lado, una posible estrategia de ofensiva pasaría por ganar representatividad en las empresas en pos de controlar la contratación, firmar convenios, controlar bolsas de empleo e incluso prestaciones, si nos ponemos ambiciosos. También desde el sindicalismo de clase se puede plantear la configuración de un nuevo marco de relaciones laborales que sea favorable a la clase trabajadora: derogación de la actual reforma laboral, reducción de jornada sin reducción de salario, etc.

Represión. Los golpes represivos están sangrando al movimiento popular y es necesario poner sobre la mesa medidas de contraataque. Como ya se dijo anteriormente, la represión afecta a todo el movimiento popular y es necesario responder desde allí a través de la creación de mesas multisectoriales, contactos con abogados, contar con asesoría legal y lograr visibilización mediática. Una interesante campaña desde donde articular una respuesta antirrepresiva amplia es el de la amnistía social y empujar desde allí por la absolución de activistas sociales, huelguistas y sindicalistas, ecologistas y militantes de diversas tendencias de izquierda. Por otro lado, exigir la derogación de la Ley Mordaza también sería un buen punto. Es necesario un frente amplio y coordinado a nivel estatal con sus redes para estrechar lazos solidarios e impedir que nos aíslen y criminalicen.

Servicios públicos. Ya se puso sobre la mesa desde los movimientos sociales la cuestión de la remunicipalización, propuesta bastante interesante para ir recuperando el expolio que supone las privatizaciones y las externalizaciones. En este sentido, no solo queremos que, por ejemplo, la Sanidad y la Educación sean públicos, sino lanzar una ofensiva desde los movimientos populares a por la gestión popular, que consiste básicamente en la gestión democrática de dichos servicios con la participación de profesionales y trabajadores del sector y los y las usuarias.

Y podríamos seguir tratando más asuntos como la memoria histórica, el medio ambiente, la cuestión nacional, migración, el movimiento estudiantil, etc... y aspirar a la articulación multisectorial de todos los frentes de lucha abiertos, es decir, que todas las luchas estén conectadas. Tenemos que volver a ilusionar, levantar nuestra propia moral, echar abajo las actitudes derroteras y recoger el testigo que dejó el anarquismo revolucionario del primer tercio del siglo XX. El «no hay alternativa» es influencia burguesa y de Thatcher, impropio de una tendencia política que se declara revolucionaria y aspira al socialismo. Para este próximo 2016, será nuestro momento para ir aplicando las tareas que compete al anarquismo revolucionario. Nos queda pues mucho trabajo por delante y es momento de ponernos manos a la obra preparándonos para una coyuntura que se va a presentar agitada y que si no cogemos el tren en estos momentos, seguramente lleguemos tarde y el fascismo se haga con el poder. En estas próximas elecciones, el votar o abstenerse es una decisión personal y de una importancia menor. Lo realmente importante es que al cierre del ciclo electoral vayamos preparándonos para abrir un nuevo ciclo de luchas y constituirnos como actor político referente en impulsar esas luchas.

Introducción al anarquismo (III). Programa, articulación política y estructuración del movimiento

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En el capítulo anterior hemos visto ya la visión estratégica, y a partir de ahora en adelante, partiremos de ésta para tratar los siguientes temarios, a los cuales añado la recomendación de abordarlos colectivamente, es decir, a través de un grupo de lectura o formación, por ejemplo. Aunque igualmente válido para la formación individual.

Programa y articulación política

Una vez hayamos asumido las bases y tengamos claro qué objetivos queremos lograr, es momento de pensar en la necesidad de perfilar nuestro proyecto político que será nuestra meta final a la que queremos aspirar. Dicho proyecto será resultado de debates y experiencias militantes colectivas, así que por ahora, haremos referencia a este proyecto como el socialismo libertario. Para plasmar dicho proyecto sobre papel, elaboraremos el programa, que es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar y las líneas políticas y estratégicas a seguir. Distinguiremos aquí, básicamente, dos tipos de programas:

—Programa de máximos: es aquel que recoge nuestras metas políticas finales y las líneas estratégicas que apuntan a nuestro proyecto político. Por sí solo, este programa no se puede implementar, pero marca nuestro norte y son las líneas sobre las que iremos creando los programas de mínimos u hojas de ruta.

—Programa de mínimos u hojas de ruta: es aquello que recoge las tácticas y objetivos más inmediatos. Hay cierta discusión en torno al programa de mínimos y las hojas de ruta, donde por un lado, se ve lo primero como unas metas más alcanzables y partiendo de allí, se elaboran las hojas de ruta que serían las líneas tácticas a seguir; y por otro lado, hay posturas que no contemplan el programa de mínimos, sino que toma directamente las hojas de ruta. Independientemente de estas discusiones, tanto el programa de mínimos como las hojas de ruta marcan objetivos muy concretos y específicos, en otras palabras, marcan metas coyunturales a lograr que permitan el avance cualitativo y cuantitativo de nuestro movimiento en sintonía con el movimiento popular.

La cuestión programática va parejo a la elaboración de estrategias y al análisis de coyuntura, este último tema que abordaremos en el próximo capítulo de la serie puesto que es más extenso y la metodología utilizada en este último tiene mucha sustancia. Volviendo al hilo del asunto, la estrategia consiste en una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Este concepto se detalla en el siguiente documento, donde también explico en qué consiste la táctica y qué factores se tienen en cuenta a la hora de trazar unas líneas estratégicas. A su vez, se amplía las definiciones del programa. Todas las explicaciones van acompañadas de un supuesto práctico ambientado en un conflicto laboral. Leer aquí Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario.

La articulación política es el resultado de la consolidación de una tendencia política bajo la unidad de unas líneas estratégicas, políticas y de actuación a través de las organizaciones políticas y de tendencia. En el Manifiesto comunista libertario de Georges Fontenis se explica con más detalle esta cuestión. En dicho manifiesto, explica unas nociones básica acerca del comunismo libertario y defiende una línea de clase en contraposición de una visión humanista e idealizada sobre la sociedad. También es interesante la visión que tiene acerca de la vanguardia revolucionaria vista desde el leninismo y vista desde el comunismo libertario, donde defiende que la organización política anarquista debe ir en sintonía con los movimientos populares en vez de ir separado de éstos. Plantea otros asuntos relevantes sobre la organización interna como la unidad ideológica, acción colectiva, la disciplina, el federalismo y la democracia interna; el poder, el Estado, la revolución y la libertad, donde distingue el poder directo de la clase trabajadora frente al poder dominante de la clase capitalista; y más aspectos por los que merece la pena leer este manifiesto.

Estructuración del movimiento

Una vez articulada nuestra tendencia, hemos de irnos dotando de estructuras que conformarán un movimiento. Antes de pasar a hablar de unas estructuras más amplias, es imprescindible que tratemos la cuestión organizativa, algo crucial dentro del anarquismo. En este punto, podemos encontrar tres posturas respecto al tema:

—La primera postura es la antiorganizacional, la que no concibe ninguna forma de organización al considerarla contraria a la libertad individual, aunque en la práctica se asimila el informalismo, que consisten en relaciones por afinidad en el cual no existen grados de compromiso y responsabilidades de los miembros que forman el grupo.

—La segunda premisa solo concibe la organización de las anarquistas a nivel social, como pueden ser en los sindicatos de clase o en la movilización en asambleas de barrio (el frente comunitario). En la praxis, se construyen organizaciones amplias que agrupan a muchas personas de distinta afinidad ideológica, o bien, organizaciones llamadas de síntesis donde no están definidas unas líneas comunes de actuación sino que agrupan a anarquistas de diversas tendencias. Dicho de otro modo, se les podrían denominar coordinadoras.

—La tercera tesis concibe la articulación del anarquismo a dos niveles: una que son los frentes de masas que son las organizaciones que trabajan a nivel social de la segunda premisa, y otra que consiste en organizaciones específicas que trabajan a nivel político. Este modelo también es denominado como dualismo organizacional, ya que se considera que únicamente la lucha en lo social es insuficiente y por ello, defiende la necesidad de la construcción de unas líneas políticas anarquistas comunes para todo el movimiento dotándolo de una orientación política y estratégica.

Sobre estos puntos profundizarán en este artículo "Cuestiones organizativas del anarquismo".

Para la configuración de un movimiento libertario estructurado, pasaremos de un movimiento de colectivos y grupos de afinidad a un modelo de movimiento de organizaciones. La diferencia entre éstas y los colectivos y grupos de afinidad está en el caracter y las dinámicas que llevan unas y otras. La organización nace de la necesidad de la responsabilidad política de transformación radical de la sociedad acorde al proyecto político socialista libertario. Para ello, nos dotamos de herramientas con el objetivo de implementar los programas, las líneas estratégicas y de actuación, y que dichas experiencias no se pierdan. A la vez, una organización tiene la pretensión de ser un actor político de cambio y referente en las luchas sociales. Los colectivos y grupos de afinidad siguen una dinámica distinta, y al no regirse por una responsabilidad política y disciplina interna en su mayoría, derivan en una suerte de voluntarismo y en muchas ocasiones actúan por inercias en las cuales terminan en consumo interno. Similarmente pasa con los grupos de afinidad, que debido a que en su mayoría poseen un carácter informal y al no rendir cuentas ante nadie, con el transcurso de su trayectoria, comienzan a aparecer códigos de conducta propios y liderazgos informales. Este tema queda reflejado en el artículo "Organización vs grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista".

Reconocer las debilidades internas propias debe servir para solucionarlas. Necesitamos un cambio en nuestra cultura militante y en la manera de ver las cosas y de actuar. Obviamente, todas queremos el comunismo libertario, pero nuestro proyecto político ha de realizarse a través de la disputa de lo existente. Organizarse por organizarse no tiene sentido, lo que le da sentido a la cuestión organizativa es la necesidad de llevar a cabo nuestras tareas revolucionarias en el actual contexto, lo cual quiere decir que debemos también configurar un Modelo de movimiento libertario integrando las organizaciones de tendencia o políticas con organismos amplios y la inserción de nuestro movimiento en los frentes de lucha existentes en la actual coyuntura.

En la siguiente entrega, trataremos una herramienta muy importante que nos permitirá actuar en la coyuntura que nos toca. Ir a la 4ª parte.

Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario

Una vez escribí que el anarquismo adolecía de visión estratégica. Más tarde, un espontáneo me recomendó un breve texto sobre estrategia y táctica ambientado en el contexto chileno de los años '70 y de tendencia marxista-leninista. Y puesto que me pareció interesante (no porque fuera marxista ni chileno, sino por los conceptos desarrollados), me propuso adaptarlo para el anarquismo actual. El resultado es un artículo, también disponible para descargar e imprimir, la versión en PDF aquí.

Una pequeña aclaración

¿Por qué un anarquismo revolucionario, si el anarquismo ya de por sí lo es? La respuesta a esta pregunta tiene origen en la atomización que ha sufrido el anarquismo hasta hoy, en el cual, surgieron tendencias que rechazan todo lo que fuese u oliese a intervención sociopolítica, el socialismo libertario como meta final u otras cuestiones, para hacer del anarquismo una parodia radicaloide para la autocomplaciencia y el consumo ideológico, un pasatiempo y estilo de vida individual o de pandillas y colegueo. Esas concepciones liberales del anarquismo es lo que lleva a corrientes incapaces —o que directamente rechazan— de producir análisis de coyuntura, visiones estratégicas, programas, hojas de ruta, propuestas, inserción social, crear estructuras para la lucha social y construir una tendencia política anarquista con un proyecto de mayorías a través de la estrategia del poder popular que apunte hacia el socialismo libertario, ya que no se parte del anarquismo como vía política hacia el socialismo, sino de un anarquismo para vivirlo. Es por esta razón que en el título aparezca la coletilla revolucionario, pues pretendemos que el anarquismo sea una política de transormación revolucionaria y no un radicalismo liberal.

Esta adaptación pretende sentar unas bases para desarrollar las herramientas necesarias para levantar un anarquismo revolucionario sin tener por qué añadir esa coletilla. Para ello, trataremos cuestiones sobre la lucha de clases, la estrategia, la correlación de fuerzas, el programa y más.

Introducción

Partimos de la sociedad de clases resultado de una desigualdad social estructural en el sistema capitalista, donde la clase dominante es la poseedora de los medios de producción, de los recursos de la tierra y el capital por un lado (la clase dominante, la burguesía), y por otro, unas mayorías desposeídas que venden su fuerza de trabajo a los capitalistas para obtener ingresos (las clases trabajadoras).

La existencia de explotados y explotadores traerá consigo un conflicto: la lucha de clases, en el cual cada clase social lucha por sus intereses de clase objetivos. Esta lucha se libra de manera desigual, en donde la burguesía es la que tiene ventaja y pretende perpetuarse en el dominio, mientras que las clases trabajadoras se mantienen desunidas y la gran mayoría sin tener como visos el socialismo y la emancipación como clase.

Pese a todo, alrededor del mundo siguen existiendo organizaciones de clase que pelean defendiendo el salario, el puesto de trabajo, la negociación colectiva, el convenio, condiciones dignas de trabajo, seguridad laboral, etc. Reivindicaciones en general que favorezcan a la clase trabajadora. No obstante, estas reivindicaciones, aunque justas y necesarias para que en las luchas la clase trabajadora aprenda a defender sus intereses, no llegan a ser revolucionarias al faltar un trasfondo revolucionario que apunte a la toma y socialización de los medios de producción, la tierra y los instrumentos de trabajo, en definitiva, al socialismo. Dicho de otra manera, con solo estas luchas no bastan para lograr la emancipación como clase, pues ello solo llegará con una meta socialista.

La izquierda revolucionaria, y con ello el anarquismo, asumimos que la lucha de clases es una guerra prolongada con muchos frentes abiertos, no solo en el plano laboral, y que, como toda guerra, para lograr la victoria final, es necesario dotarnos de herramientas que nos permitan materializar nuestro proyecto político socialista libertario. Ni el tiempo ni la razón ni ninguna abstracción nos llevará inevitablemente hacia el socialismo, es la clase trabajadora la que tendrá que materializarla superando el actual sistema de explotación capitalista, ya que la clase dominante lógicamente no va a ceder su posición de privilegio y se dotará de todas las estructuras y medios necesarios para mantenerse en el dominio. Si queremos implementar el socialismo libertario, tendríamos que empezar por construir contrapoderes que disputen su dominio y se confronten directamente con el statu quo para derrocarles.

Por ello, estas tesis nos lleva a otros planteamientos acerca de las estructuras que necesitamos (¿un partido revolucionario, una organización de cuadros, sindicatos, asambleas de barrio...?), sobre los objetivos inmediatos a resolver (vivienda, trabajo, servicios públicos, territorios…), cómo aumentar las fuerzas populares, su poder real y la creación de contrapoderes, cómo trataremos de divulgar nuestros mensajes y luchas para aumentar dichas fuerzas y consolidarnos como alternativa política y movimiento. Todo esto lo iremos desarrollando a lo largo del texto.

Estrategia y táctica

La estrategia es una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Como dijimos en la introducción, la lucha de clases se entiende como una guerra prolongada, y como tal, para ganar una guerra es necesaria la elaboración e implementación de planes estratégicos que partan del análisis de coyuntura, es decir, de herramientas de análisis que nos permitan conocer la realidad material y social que nos rodea, teniendo en cuenta los siguientes factores. Acompañaremos las explicaciones teóricas con un supuesto práctico (escrito en cursiva):

—El escenario en que se darán las batallas. Es el espacio físico en donde se dará la lucha de clases y sus manifestaciones coyunturales (frentes: laboral, territorial, servicios públicos...)
—La fuerza real y los puntos débiles que posee el enemigo.
—La fuerza real y las debilidades que poseemos.

En una empresa de metro, la dirección quiere hacer una reestructuración de la plantilla sacando un paquete de bajada de baremos que tocan salarios, jornada, turnos y descansos. La plantilla se muestra desconforme con la decisión de la dirección y se abre un conflicto laboral. Supongamos que a priori la empresa lo puede aplicar sin problemas. En la parte trabajadora, contamos con que la mayor parte de la plantilla no está sindicada, y la representatividad del único sindicato combativo que hay es baja en comparación con los mayoritarios, los cuales, tienden más hacia el diálogo que a la confrontación.

Al balance de las fuerzas de ambos bandos los llamaremos correlación de fuerzas, los cuales pueden estar a favor del enemigo cuando sus fuerzas son superiores a las nuestras, o pueden ser favorable a nuestra clase cuando sucede lo contrario. En la actual coyuntura, la correlación de fuerzas es claramente favorable a la clase capitalista. Por tanto, través de la estrategia pretendemos revertir esta situación, tratando de inclinar la balanza de la correlación de fuerzas a nuestro favor.

Como podemos ver, la situación inicial parte de una desigualdad en la correlación de fuerzas en el cual la balanza se inclina a favor de la patronal. No obstante, el clima de la plantilla es de indignación y por ello, se abría una oportunidad para que esa indignación se articulara en una respuesta organizada capaz de frenar los baremos. Aquí es donde se plantea la cuestión estratégica para cambiar esa correlación de fuerzas.

Las tácticas son cada uno de los movimientos que se realizan dentro de un marco estratégico para lograr posiciones de ventaja intermedias que nos acerquen a un objetivo estratégico parcial o final. La diferencia entre un objetivo parcial y uno final es que en el primero, tratan de ganar una posición clave y cambiar parte de la correlación de fuerzas o tener una mejor posición para cambiarla; mientras que en el segundo, se pretende la derrota definitiva del enemigo.

En el marco de una coyuntura dinámica, los planes estratégicos siempre se tienen que adaptar a los cambios que ocurren, y por ello, es imprescindible hacer balances y valoraciones, en los cambio de ciclos, sobre la consecución o no de los objetivos estratégicos marcados anteriormente y adaptar las hojas de ruta y unas líneas estratégicas adecuadas a cada circunstancia. Estos procesos para determinar qué estrategias implementar vendrán de las experiencias mismas del curso de las luchas, en donde se aprenderán de los errores y aciertos.

Mientras los sindicatos mayoritarios llamaban a la calma y a sentarse en la mesa de negociación, la plantilla criticaba la postura moderada que solo planteaba que el paquete de medidas no fuese tan agresivo de estos sindicatos, lo cual, se crea también un ambiente de desconfianza hacia ellos, tanto entre las no sindicadas como las bases de esos sindicatos. La postura del sindicato combativo es convocar una huelga indefinida que termina aprobándose en una asamblea de trabajadores donde participaron la mayoría de la plantilla. Una vez comenzada la huelga, podemos ver los movimientos de cada bando.

El objetivo final de la empresa es derrotar la huelga y aplicar sus medidas, Para ello recurrirá a diferentes tácticas de rompehuelgas: como tratar de dividir a la plantilla y generar un clima de desunión, utilizar a los sindicatos amarillos para que éstos les convenzan a los huelguistas de desconvocar la huelga, decretar servicios mínimos abusivos, promover el esquirolaje o generar una opinión negativa hacia los huelguistas a través de los medios de comunicación.

El objetivo final (podemos decir que inmediato) para la plantilla es que, dado que esa bajada de baremos no está justificada, debe retirarse en su totalidad. Con la convocatoria de la huelga, la plantilla ha conseguido ya ganar fuerza y así poder avanzar más hacia su victoria. Pero para ello, tendrán que utilizar tácticas que no solo neutralicen los ataques de la patronal, sino que les permitan ganar e imponer sus reivindicaciones. Tácticas como la de ofrecer servicio gratuito mientras dure la huelga y confluir con las demandas de los y las usuarias del metro, harían que se ganasen las simpatías de la población y a la vez podría ser una medida contra los servicios mínimos abusivos, buscar apoyo y cobertura mediática, traspasar la frontera sectorial confluyendo con otros movimientos sociales, crear tablas reivindicativas y forzar posiciones negociadoras acorde a esas tablas...

En el plano militar, podemos ver estos tipos de estrategias:

1.- La estrategia del enfrentamiento directo consiste en utilizar todas las fuerzas disponibles y lanzarlas contra el enemigo en todos los frentes. Esta estrategia es acertada cuando tu fuerza real es mucho mayor que la del enemigo.

2.- La estrategia del cerco consiste en atacar los flancos hasta rodear al enemigo aislándolo e impidiendo que se comunique con el exterior para recibir refuerzos. Esta opción, junto con la siguiente, se utiliza cuando la correlación de fuerzas está más o menos equilibrada o nos es desfavorable.

3.- La estrategia de la división consta de atacar un punto débil y avanzar por éste hasta dividir al enemigo de modo que corte las comunicaciones entre una parte y otra de los territorios enemigos.

La finalidad de la estrategia es aumentar nuestras fuerzas de modo que revierta una situación de correlación de fuerzas desfavorable hacia uno favorable que nos permita la victoria final: la derrota del capitalismo y el triunfo del socialismo libertario. Una buena estrategia es aquella que, partiendo de los análisis de la coyuntura, es capaz de generar unas líneas y métodos de actuación que permitan el avance real de nuestras fuerzas en detrimento de las del enemigo. Una estrategia es errónea cuando parte de análisis erróneos o se obvia la correlación de fuerzas y ello nos podría producir un desperdicio de fuerzas y conducirnos a duras derrotas. Así por ejemplo, la actual tendencia insurreccionalista está utilizando la estrategia del enfrentamiento directo sin tener una fuerza real superior a la del enemigo, lo cual, les está llevando a una guerra perdida de antemano y envuelto en espirales represivas.

Correlación de fuerzas

La correlación de fuerzas es otro factor importante de cara a la elaboración de estrategias. Para ello, hay que entender primero las partes más pequeñas, es decir, la fuerza misma, las cuales distinguiremos dos:

1.- Fuerza real. Es la capacidad material real de un movimiento, una clase social o una fuerza política. En otras palabras, serían los efectivos que existen en un momento dado.

2.- Fuerza potencial o posible. Es aquella que puede llegar a alcanzarse si se toman las estrategias adecuadas para ello, es decir, un sector social que en un determinado momento todavía están fuera del movimiento o fuerza política pero que tienen la posibilidad de formar parte de la fuerza real y aumentar su base efectiva.

Del mismo modo, podemos hablar de correlación de fuerzas real como la situación de las fuerzas reales en el escenario inmediato, y de correlación de fuerzas posible, la que se prevé dependiendo de las estrategias que implementen las fuerzas presentes en el escenario.

A través de la estrategia, se pretende que esa fuerza potencial o posible pase a ser una fuerza real, dando como consecuencia un cambio en la correlación de fuerzas. Cogiendo el supuesto práctico anterior, podríamos decir que la indignación de la plantilla y su disconformidad o indiferencia con respecto a la bajada de baremos sería la fuerza posible de cara a materializar una fuerza real. La fuerza real en ese momento la tendría el sindicato combativo o el sector de la plantilla organizada y movilizada. No obstante, en la correlación de fuerzas en ese momento antes de la huelga, era desfavorable para la plantilla, que cambia cuando se convoca.

El descontento de por sí no es capaz de frenar los recortes, hace falta su organización y su movilización en torno a una serie de demandas o reivindicaciones, no solo de rechazo hacia los ataques de la patronal sino también a exigirles medidas que beneficien a la plantilla, alcanzar mejores posiciones negociadoras o que las negociaciones se lleven a cabo en el terreno y los ritmos que marca la plantilla, no la dirección de la empresa.

En el momento en que el sector organizado y movilizado de la plantilla fue capaz de leer la situación y poner sobre la mesa las herramientas (comité de huelga) que permitan organizar una respuesta real ganándose a ese sector no posicionado o indignado, haciendo que entre todas ellas se trabaje para sacar adelante la huelga y se adhiera a una tabla reivindicativa propuesta desde el comité de huelga, esa fuerza posible se habrá convertido en fuerza real. Será entonces cuando habrá posibilidades de cambiar la balanza de la correlación de fuerzas.

Defensiva y ofensiva

Cuando la balanza de la correlación de fuerzas se inclina a favor de las clases dominantes, plantear una ofensiva directa en esta situación sería un suicido para cualquier tendencia revolucionaria. En esa situación, sería más acertado recurrir a una postura defensiva y de resistencia en vez de rendirse sin más porque entonces es reconocer nuestra derrota definitiva. Así pues, desde la resistencia se pretende ganar tiempo para ir articulando los proyectos necesarios con el que cambiar la correlación de fuerzas y pasar a la ofensiva. Una posición siempre a la defensiva tarde o temprano sería vencida la resistencia tras un desgaste al tratar de frenar las ofensivas enemigas, lo que finalmente termina con la derrota definitiva, o en el mejor de los casos, a funcionar por inercia.

Siguiendo con el supuesto práctico del conflicto laboral en el metro, podríamos plantearlo así:

1.- Si desde ese sindicato combativo se lanzaran directamente a hacer piquetes y tablas reivindicativas, posiblemente acabarían en derrota. En este caso, sería lanzarse a la ofensiva con una correlación de fuerzas desfavorable. A la patronal le sería fácil desacreditarles y poner a la plantilla en contra.

2.- La otra vía es optar por una posición defensiva que les ayude a ganar tiempo y acumular las fuerzas necesarias para llevar el conflicto a otro nivel, donde la correlación de fuerzas esté más equilibrada. Animar a la plantilla a que se opongan al paquete de medidas es un primer paso para poder frenarlos finalmente. No obstante, si quedasen únicamente a la defensiva, al final los recortes se aplicarían tras el desgaste de las fuerzas de la plantilla si no se organizan ni se movilizan, además del riesgo de cooptación por parte de los sindicatos pactistas.

3.- Al ver que con solo el rechazo no basta, a partir de la resistencia creada, ponen sobre la mesa la necesidad de lanzarse a la ofensiva a través de la organización y movilización de la plantilla. Así es como se lleva a cabo la huelga indefinida, se establecen tablas reivindicativas con los cuales se pretende, no solo tumbar los recortes, sino también mejorar las condiciones de trabajo.

Un caso muy ilustrativo de resistencia lo podemos ver en todos los movimientos sociales que han surgido recientemente se articulan en torno a demandas defensivas, tales como el NO a los recortes en servicios públicos, a las reformas laborales, leyes más restrictivas, etc. Los movimientos sociales, al carecer de una orientación política y un modelo sobre el cual trabajar y contraponerse al modelo neoliberal, tenderán a conservar y defender lo que ya está hecho, como por ejemplo, solo se plantea como modelo el de la educación pública antes de los recortes en Educación al igual que el de la Sanidad.

Como podemos observar actualmente, las mareas ciudadanas han desaparecido prácticamente del escenario social. En general, estamos ante el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M después de que este movimiento haya tocado techo en 2013, yendo posteriormente en declive, aunque hayan fraguado movimientos como la PAH y algunas asambleas de barrio.

Cuando dichos movimientos sociales habían tocado techo, fue el momento de seguir impulsándolos dotándolos de una orientación política proponiendo nuevos modelos sobre los que trabajar, tales como la gestión comunitaria del sistema educativo, la Sanidad y el resto de servicios públicos, tejer lazos entre diferentes sectores en lucha, etc, e ir consolidando un proyecto político sobre el que pivotar todas las luchas sociales. Solo a partir de este punto podríamos lanzarnos a la ofensiva, enmarcando estas luchas dentro de la estrategia del poder popular.

La estrategia del poder popular

La estrategia del poder popular parte de la premisa de la acumulación de fuerzas en favor de nuestra clase y de generar contrapoderes que confronten el poder dominante y vayan controlando todos los ámbitos de la vida social, tales como los servicios públicos, el sistema educativo, el trabajo, la gestión del territorio, etc, a través de las asambleas de barrio, las organizaciones estudiantiles, AMPAs (asociaciones de padres y madres), los sindicatos y consejos obreros, cooperativas integrales, organizaciones políticas, etc. El poder popular se entiende aquí como la capacidad material de un pueblo para materializar sus reivinidicaciones revolucionarias a través de su propia autoorganización que permita articularse como fuerza política de clase, independiente y autónoma al margen de las instituciones del Estado. Este poder popular se constituiría como un actor político formado por una red de instituciones populares, de movimientos y organizaciones políticas.

En el caso de la huelga, el sindicato sería el órgano que impulsará las movilizaciones en torno a las tablas reivindicativas. Para ello, convoca una asamblea de trabajadores como órgano para que la plantilla participe en las decisiones sobre cómo llevar a cabo el conflicto laboral y determinar las acciones, tácticas y estrategias a implementar en el curso de la huelga, a lo que crean una institución legitimada y con respaldo social para llevar las demandas de la plantilla a las mesas de negociación y mediar con la patronal y las autoridades laborales.

En el marco de esta estrategia, se emplea la táctica de la inserción social, que consiste en participar en los movimientos sociales y tratar de que éstos vayan arrancando pequeñas victorias en las luchas cotidianas, dándoles además continuidad y dinamismo a través de la aplicación de las tácticas, estrategias, hojas de ruta y programas elaboradas desde las organizaciones políticas, con el objetivo de crear un movimiento popular amplio en el cual se crearán las instituciones de poder popular, tales como asambleas de barrio, ateneos populares, centros sociales, etc si hablamos del ámbito barrial; sindicatos, consejos de trabajadores, etc en lo laboral.., sobre los que se articularían las luchas y adquieran la legitimidad para implementar las reivindicaciones de los movimientos populares y la clase trabajadora.

Para poder llevar a cabo esta estrategia, debe estar plasmada en unos programas políticos revolucionarios y tener las estructuras necesarias para llevar dichos programas a los movimientos populares para que se vayan implementando y creando hojas de ruta.

El programa y la organización de cuadros

El programa es un documento que recoge las líneas y los objetivos tácticos y estratégicos a alcanzar y varía dependiendo de cuáles son dichos objetivos y qué estrategias se han de seguir. En otras palabras, ¿por qué necesitamos programas políticos? Para marcar los objetivos y las acciones a implementar en el proceso revolucionario siguiendo una estrategia, creando las estructuras necesarias para llevar a cabo las tareas y tener una dirección clara, en el sentido de tener una orientación, un “Norte” para construir un proyecto político revolucionario y articular las luchas pivotando sobre ese proyecto. Podemos distinguir dos tipos:

Programa de mínimos. Es aquel programa que recoge los objetivos a alcanzar en las coyunturas inmediatas y a medio plazo, preparando el camino hacia el socialismo fortaleciendo la fuerza real de los movimientos populares al incidir en los problemas más actuales para la clase trabajadora como la vivienda, el trabajo, los servicios públicos, la cuestión territorial, etc. El programa de mínimos también podría decirse que sería un programa de transición y se enmarca dentro de la estrategia del poder popular como vía para llegar al socialismo.

Cabe añadir que las hojas de ruta y las agendas forman parte de las tareas programáticas. Las primeras consisten en líneas de actuación concretas en un ámbito específico para avanzar en materia en el corto plazo. Las segundas, son calendarios de acciones a realizar y no son solamente movilizaciones, sino también reuniones, asambleas, creación de estructuras, establecer acuerdos, etc.

Programa de máximos. Es aquel programa finalista donde se plasma el proyecto político o nuevo modelo de sociedad que queremos: el socialismo. Y la vía política por el cual optaremos: el anarquismo. Aquí se recogen las medidas a implantar una vez derrotado el capitalismo, tales como la socialización de los medios de producción y por consiguiente, la reorganización del modelo productivo en general, reordenación urbana, organización, gestión y administración de los recursos y el territorio,… y todas aquellas cuestiones a tratar para poner en marcha dicho modelo de sociedad. Este programa tiene relación con el anterior en cuanto que es el marco sobre el que se crean los programas de mínimos adaptados a una determinada coyuntura y es la que establece el objetivo finalista evitando que los programas de mínimos acaben sin ninguna dirección política y la relación entre ellas es imprescindible para el avance del proceso revolucionario, siendo el programa de mínimos parte de éstos.

Es importante distinguir entre estos dos tipos de programas ya que, mientras que el programa de máximos no varía mucho y no es aplicable en el corto y medio plazo (en el largo plazo dependerá de la trayectoria de las fuerzas políticas revolucionarias); el programa de mínimos necesariamente sufrirá modificaciones ya que tendrá que actualizarse a los cambios de coyuntura, sea por factores ajenos al movimiento (crisis capitalistas, cambios de gobierno y las leyes, cambios en los ciclos de los movimientos sociales…), o por factores propios (articulación de contrapoderes en los barrios, multisectorialidad en los movimientos sociales, crecimiento y radicalización del tejido sindical, etc).

No obstante, hay otra visión diferente en cuanto a la cuestión programática y es aquella que solo contempla el programa de máximos sin necesidad de hacer programas de mínimos. En su lugar, se partiría de hojas de ruta que serían la elaboración de objetivos, tácticas y estrategias con base en el programa de máximos adaptada a una determinada coyuntura y vinculada a la realidad en que se elaboren dichas hojas de ruta.

En el actual anarquismo, al menos a nivel del Estado español, se observan en algunos colectivos y grupos de afinidad, finalidades que tienen semejanza con los programas de máximos en cuyos puntos aparecen la abolición del capitalismo y el Estado, la autogestión generalizada, la colectivización, la libre federación de territorios, etc. Pero al carecer de estrategias, programas de mínimos y hojas de ruta que permitan ir avanzando en la coyuntura inmediata hacia el objetivo final, tales grupos de afinidad no son capaces de realizar cambios materiales algunos, ni servir como referente político para los movimientos populares, puesto que el programa no está adaptado a la realidad social inmediata, sino a una meta lejana e incapaz de materializarse dada la correlación de fuerzas actual. Por tanto, es imprescindible tener un programa de mínimos si queremos impulsar un cambio realmente. De la manera contraria, tampoco sería viable asumir como único programa el de mínimos puesto que se perdería la dirección revolucionaria necesaria para llegar al socialismo.

Los programas se realizarían entre los movimientos populares en sintonía con la organización de cuadros, es decir, una organización formada por militantes con formación en diferentes disciplinas de las ciencias sociales (política, economía, historia…), con experiencias en las luchas sociales y con capacidad de liderazgo tanto dentro de la organización como en las luchas en que esté involucrado, que se organizan en una entidad con cohesión interna, disciplina voluntaria y unas líneas estratégicas y políticas compartidas. El papel de este tipo de organizaciones será, además de las tareas programáticas, realizar análisis de coyuntura, trazar planes estratégicos e implementarlos, tener vinculación con el movimiento popular e inserción, llevar hojas de ruta a partir de programas mínimos en las luchas sociales, etc.

La estrategia comunicativa

Nuestra opción política está enmarcada dentro de un proyecto de mayorías, eso es, que debemos contar con las mayorías sociales para construir el poder popular. Para ello, en la actual sociedad de la información, necesitamos la elaboración de una estrategia comunicativa adecuada para lograr la mayor difusión y repercusión mediática posible.

Una estrategia comunicativa acertada será aquella capaz de distinguir los diferentes sectores del público a los que nos dirigimos y además ser capaces de adaptar las consignas a dicho público dentro de una coyuntura dada sin caer en abstracciones. Es tan simple como que al hablar de anarquismo al resto de la población, solo conseguimos que se asusten y salgan corriendo. Así por ejemplo, si hablásemos al público o a los movimientos sociales con el mismo discurso que usamos dentro de nuestro ámbito, posiblemente muchas cosas se malinterpretarían o simplemente no se entenderían. Y si realizamos un discurso adelantado o atrasado a los tiempos que corren, o simplemente alejado de la realidad y por tanto lleno de retórica, caeríamos en abstracciones.

Desde el sindicato combativo, tienen claro que su objetivo es la socialización de los medios de producción y el control obrero de las empresas. No obstante, saben que si utilizan ese discurso de cara a movilizar al resto de la plantilla, quedaría como bonita retórica sin plantear cuestiones reales, propuestas y hojas de ruta que permitan la movilización y la organización de la plantilla para conseguir los objetivos más inmediatos, que son frenar los recortes y mejorar las condiciones existentes.

Para ello, en vez de cargar directamente contra las otras centrales sindicales, critica lo que se hacen desde sus cúpulas y trata de acercarse a sus bases del mismo modo que al resto de la plantilla no sindicada. La difusión en el centro de trabajo de hacer asambleas abiertas convocadas con un orden del día de cara a preparar y organizar la huelga, en este caso, sería un acierto.

Un ejemplo de por qué debemos utilizar diferentes niveles discursivos lo vemos en el lenguaje científico puro y el científico divulgativo; mientras que el primero es expresamente técnico que solo lo entienden los científicos, el segundo es un lenguaje adaptado a que sea inteligible para la mayoría de la población. Pero ambos elementos discursivos transmiten unas mismas tesis, solo varía el lenguaje utilizado. En este sentido y a modo de ejemplo, para referirnos a nuestro proyecto político internamente podríamos hablar de anarquismo social, comunismo y/o socialismo libertario, para los movimientos sociales como poder popular y de cara al público, como democracia política y económica.

Los y las huelguistas se dieron cuenta de que el silencio mediático podría ser una de las claves de la derrota, puesto que se corre el riesgo de caer en el aislamiento y la criminalización del conflicto laboral poniendo a la opinión pública en contra de la plantilla. Tienen que jugar, entonces, en el terreno mediático llevando el conflicto fuera del centro de trabajo: a las calles, a los barrios, a confluir con otros movimientos sociales y conflictos laborales, a realizar ruedas de prensa, a generar contenido audiovisual y utilizar unos discursos cercanos, sinceros y realistas que encajen también con las demandas de los usuarios del metro para generar complicidades y despertar la solidaridad popular y de clase.

Además del plano discursivo, también sería necesario poner sobre la mesa objetivos como una renovación estética, tener nuestros propios medios de comunicación profesionales para conseguir una cobertura mediática constante sobre nuestros movimientos, organizaciones, propuestas políticas, acciones… y toda temática social con vinculación a nuestro proyecto, crear una imagen pública fácilmente identificable de nuestro movimiento, un movimiento con identidad propia y hasta presencia en los medios convencionales. Todo ello formaría parte de la estrategia comunicativa, sin olvidar que lo mediático tiene que tener un respaldo real que es el propio movimiento popular.

En resumidas cuentas

La visión estratégica es una mirada hacia la realidad desde un punto de vista de transformación social que parta de esta misma realidad y las dinámicas que se dan en ella, superando el sesgo ideológico, el inmovilismo y las actitudes derroteras. La falta de visión estratégica impide que podamos construir un movimiento revolucionario. La necesidad de la estrategia viene dada porque asumimos la lucha de clases como una guerra prolongada, en el cual, nos posicionamos a favor de la clase trabajadora y queremos el triunfo de nuestra clase sobre la actual clase dominante: la clase capitalista y propietaria. Para llevar a cabo los objetivos estratégicos, primero debemos articularnos políticamente, construir un nuevo modelo de movimiento libertario y consolidar un proyecto político socialista, para ir elaborando líneas de actuación comunes y un programa donde se recoja el nuevo modelo de sociedad que queremos: el socialismo, del cual partimos para realizar programas de mínimos u hojas de ruta con el fin de avanzar en la coyuntura inmediata. En estas hojas de ruta, trataremos las problemáticas sociales que atraviesa la clase trabajadora actual, solventándolos a través de la estrategia del poder popular y la táctica de la inserción social. A la vez que vamos consolidando esta nueva tendencia, es imprescindible contar con una buena estrategia comunicativa

Esta adaptación, actualizada a los tiempos que corren, pretende ser un pequeño aporte a los necesarios cambios que han de consolidar un anarquismo revolucionario con capacidad para intervenir social y políticamente en el escenario. Queda mucha tarea delante por hacer y un largo camino que recorrer. Ahora solo es el comienzo de un proyecto que se está construyendo poco a poco y que esperemos dé sus frutos en los próximos años. Queda pues, primero, ir detectando los errores que nos encontremos para aprender de ellos y corregirlos, cambios en la cultura militante, la construcción de un nuevo modelo de movimiento, su estructuración orgánica, su articulación y su inserción en los frentes, la creación de unas líneas de actuación comunes a todo el movimiento libertario, la consolidación de un proyecto político y un programa revolucionarios, la recuperación de los valores de lo común y una cultura popular basado en la solidaridad y la lucha social, partir de la realidad que tenemos delante para ir socializando nuestras tácticas y estrategias, insertarnos en los movimientos sociales en el marco de la estrategia del poder popular, creando a partir de ello movimientos populares amplios con institucionalidades propias como contrapoderes, y un largo etcétera de tareas que irán surgiendo en el curso de nuestra actividad.

 

Por la dignidad, hacia una huelga social indefinida

Bajo el lema dignidad, que expresa la insostenibilidad de una crisis y una austeridad que intensifican el control post-nacional de la gobernanza europea y del gobierno represivo de Rajoy, las marchas han multiplicado su participación inundando Madrid. Es evidente que la participación masiva en la movilización ha desbordado las categorías a las cuales se apelaba desde la convocatoria: protagonista es una multitud irrepresentable y heterogénea que desea autoconvocarse autónomamente no solo para decir “¡Ya Basta!” al sistema sino también para derrocar a su régimen de una vez.

El 22M ha sido una reacción explosiva a un trastorno generalizado que afecta a la vida en su totalidad y cuyos síntomas se presentan en cada territorio. Ya hay una multiplicidad dispersa de luchas sociales contra el mando capitalista: unas son más organizadas, otras menos; unas son más explícitamente políticas, otras más implícitas.

Lo cierto es que existe un enorme potencial, hasta ahora latente, de antagonismo al sistema y a sus estructuras de gobernanza. El reto es la actualización y la organización de este potencial más allá de las citas electorales y de los sindicatos de concertación. Las fórmulas del siglo XX se han acabado: hoy es necesario un salto en nuestra imaginación política. El ciclo de luchas-red que empezó con las Primaveras Árabes, pasando por el 15M, Occupy, Gezi Park, etc., nos ayudan a abordar este reto. La capacidad de autoconvocatoria de estos movimientos consigue apelar a la ciudadanía en su conjunto sin ser reconducible a una identidad o a un liderazgo definido, que ahora es fluido y que se distribuye entre todas.

Estas movilizaciones trascienden las formas tradicionales de organización y se articulan y desarrollan en forma de red. Internet abre un nuevo ámbito desterritorializado de comunicación y organización basado en la inteligencia colectiva, el cual favorece la creación y proliferación de momentos y lugares de encuentro entre personas. Quien ve en la red la solución estratégica a los problemas políticos que tenemos enfrente, confundiendo los medios con el fin, obvia la importancia de la materialidad de las relaciones sociales. Las herramientas tecnopolíticas no pueden prescindir de la micro-politización distribuida del tejido social.

A pesar de las novedades que han aportado estas luchas interconectadas, reconocemos en ellas unos importantes límites estratégicos: ocupar las plazas es importante para permitir que los cuerpos en lucha se encuentren y para dar visibilidad a un problema, pero esto no es suficiente para aproximarse a su solución. Las ocupaciones de espacios urbanos, las acampadas, son útiles solo si se convierten en lugares de agregación y en centros logísticos para organizar e impulsar dinámicas de conflicto en la ciudad.

Creemos que es necesario un esfuerzo de coordinación para bloquear la economía y encontrar la forma de conseguir que las demandas de #Dignidad surgidas desde los movimientos sociales sean efectivas. Proponemos como ejemplo la coordinación de diferentes acciones que se pueden practicar simultáneamente para que el miedo cambie de bando:

-Bloqueo simultáneo de autopistas y vías principales de tránsito
-Bloqueo simultáneo de la red de metro y del transporte urbano
-Bloqueo de enclaves logísticos importantes
-Bloqueo y ocupación de sucursales bancarias y oficinas estatales
-Ocupación de edificios propiedad de bancos, ayuntamiento y del 1%
-Ocupación de las universidades y autoformación
-Reapropiación en supermercados y grandes empresas
-Hackeo de webs del gobierno y otras instituciones
-Escraches a políticos e instituciones

Este catálogo de acciones, que no pretende ni mucho menos ser exhaustivo, se propone como una invitación al desborde y como un primer paso hacia una #HuelgaSocial indefinida que golpee el sistema con acciones de desobediencia y bloqueo distribuidas y sincronizadas.

Comitedisperso