Enlaces del mes: Marzo 2017

Comenzamos el mes con un repaso sobre los sectores más precarios de la clase trabajadora carente de representación sindical, que han comenzado a autoorganizarse: las Kellys, el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes y las Putas Indignadas. Aquí se habla de las periferias del sindicalismo y del trabajo: camareras de hoteles, un trabajo feminizado con salarios muy bajos. Vendedores ambulantes, inmigrantes que tratan de sobrevivir como pueden. Y las prostitutas, un trabajo estigmatizado y con pocas garantías de protección contra la violencia que sufren en las calles.

En este 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, se hace un repaso de la actual situación de la mujer: la violencia machista sigue cobrando muertes, los trabajos más precarios con los peores salarios siguen feminizados, tener que soportar los mensajes misóginos de la Iglesia, el desigual reparto de los cuidados en casa... Problemas que tienen sus raíces en el patriarcado y en el capitalismo. También, en esta fecha tendrán lugar movilizaciones no solo en EEUU que ha sido bastante multitudinaria contra Trump, sino en el resto del mundo igual.

Por fin, después de casi 500 días en prisión preventiva, sale en libertad Nahuel. Como todas sabremos, Nahuel es el chico al que detuvieron en una operación policial totalmente injustificada que desarticuló el colectivo Straight Edge Madrid, dedicado a la difusión del veganismo y la lucha contra las drogas en el movimiento libertario. Ahora, ¿quién le va a pagar este tiempo robado y todo este sufrimiento innecesario en la cárcel?

Hablando de injusticias, lo más sonado de este mes fue la condena de Cassandra por unos chistes sobre el fascista volador de Carrero Blanco. No fue solo la condena en sí, sino que le arruinó la carrera, demostrando que el franquismo vive en la Audiencia Nacional.

Nos vamos a Guatemala por un momento para atender el caso de 40 niñas calcinadas en el Hogar Seguro, lo que se supone que es un refugio gubernamental para menores. Ante los abusos sexuales por parte de trabajadores del refugio, unas cuantas adolescentes se amotinaron para exigir el cese de dichos abusos. El resultado fue un conflicto que se ha cobrado 40 vidas y los familiares exigiendo justicia al gobierno. En estos momentos, la lucha por la justicia para las víctimas continúa.

Mientras que en España los corruptos, los grandes empresarios y los banqueros son impunes, en Portugal no lo tienen tan fácil salirse de rositas. Carlos Alexandre es el juez que va a sentar en el banquillo a grandes banqueros, empresarios, abogados, exministros... por casos de delitos financieros.

Ante el déficit democrático de los Estados europeos actuales en la era global, una apuesta por los municipios podría ser una alternativa a explorar en aras de lograr una mayor participación ciudadana en las políticas locales, demostrando mayor eficacia frente a la política a nivel estatal.

La victoria de los estibadores ha dado de qué hablar. Pero esta vez hemos de conocer a las estibadoras y cuál es su situación en un sector en buena parte masculino. En esta entravista, Ana Corrales nos explica desde sus experiencias en el mundo de la estiba como mujer.

Aunque no compartamos todo lo que se diga, Daniel Bernabé publica una crítica en La Marea a una diversidad producto de la postmodernidad y el individualismo extremo del neoliberalismo que en vez de ser un aspecto positivo, divide las luchas y difumina los objetivos de las mismas al relativizarse todo.

Toda esta ola de privatizaciones que hemos sufrido de la mano del gobierno del PP son consecuencia de think tanks neoliberales de las escuelas de Austria y de Chicago. Algunos nombres como Milton Friedman, Hayek y Mises nos sonarán por su posicionamiento frente a la intervención del Estado en la economía como tapadera para justificar políticas como las privatizaciones de los servicios públicos y la total desregularización de los mercados. En resumen, del capitalismo salvaje cuyo eufemismo es nada más ni nada menos que "liberalismo".

Para cerrar los enlaces de este mes, contamos con una entrevista al historiador Julián Vadillo acerca del papel de los anarquistas durante la Revolución Rusa, una historia poco conocida y la cual los bolcheviques han intentado borrarla del mapa.

El ala izquierda de la revolución soviética (y III)

Viene del anterior.

Tercera y última entrega de la serie sobre los sectores políticos de izquierda y su papel en la revolución soviética. Examinaremos aquí el papel que tuvieron los socialrevolucionarios, especialmente en la asamblea constituyente, así como la rebelión de Kronstadt, último alzamiento revolucionario, por último, veremos que conclusiones podemos sacar de lo tratado en esta serie de artículos.

5. Los eseristas y la Asamblea Constituyente.
El Partido Social Revolucionario se fundó en 1901. Su ideólogo, Víctor Chernov, había creado un ideario socialista no marxista con puntos en común con el anarquismo, como considerar al campesinado una clase revolucionaria (Lo que en un país eminentemente rural lo hizo popular) y con el populismo tradicional ruso.
Dedicándose a un terrorismo antizarista inicial, participó en la revolución de 1905 y, tras la revolución de febrero, fue el principal partido en exigir al gobierno provisional de los liberales “kadetes” que se celebraran elecciones a la asamblea constituyente.
Este objetivo se logró tras la ruptura de la alianza con mencheviques y liberales. Las elecciones, en noviembre de 1917, dieron una mayoría al PSR, con 17 millones de votos. Chernov fue nombrado presidente de la Asamblea Constituyente y otro eserista, Kerensky, del Gobierno Provisional. El partido bolchevique quedaba como segunda fuerza, con apoyo del proletariado urbano y los soldados del frente occidental, cerca de 10 millones de votos. Los kadetes quedaron muy atrás, con solo 2 millones de votos, demostrando que la población era contraria a la formación de un gobierno liberal.
Ante este parlamentarismo con gran presencia de los partidos izquierdistas y en la que Lenin no había logrado triunfar, se erguía, como hemos visto, la democracia directa y obrera de los sóviets, con presencia bolchevique, eserista de izquierda (una escisión del partido principal que defendía la ruptura con el parlamentarismo liberal) y anarquista. Lenin reniega del parlamentarismo, anuncia que los sóviets, en los que ha empezado a erigir una estructura verticalisa, son una forma superior de democracia y suspende la Asamblea Constituyente.
Esta situación polarizó a la sociedad rusa. Por un lado, mencheviques y liberales no estaban dispuestos a que desapareciera el parlamento de tipo burgués; por otro, los bolcheviques y los sóviets, dando paso a los dos bandos de la guerra civil: El blanco y el rojo. Los eseristas, que se habían opuesto a los bolcheviques, no participaron en la guerra en ninguno de los dos bandos, sus líderes prefirieron el exilio. En 1918 se prohíben todos los partidos y grupos políticos, salvo el Partido Comunista, siendo los responsables eseristas condenados a muerte. Tras salir victorioso de la guerra civil, el Partido Comunista había convertido la política rusa en monolítica.

6. La rebelión de Cronstadt y la “Tercera Revolución”.
Ida Gilman “Ida Mett”, era una joven estudiante de medicina en Rusia durante la revolución, su militancia antibolchevique la hizo, como a muchos otros izquierdistas, exiliarse a Francia en 1924. Desde ese momento dedicó buena parte de su vida a analizar lo que había sido la revolución y a la sociedad rusa post-revolucionaria. En su obra La Comuna de Kronstadt: Crepúsculo sangriento de los sóviets, publicada en 1948 ofrece un enorme trabajo de análisis de la última rebelión contra el poder bolchevique, protagonizada por el sóviet de Kronstadt.
En Kronstadt se situaba la principal fortaleza naval rusa, de gran importancia estratégica. Según Ida Mett la marina rusa había sido tradicionalmente revolucionaria, debido a la extracción proletaria (y que aquella época el proletariado industrial estaba muy politizado) de sus marineros, que superaban en conciencia y cultura a unos oficiales de origen aristocrático venido a menos, una disciplina brutal y unas condiciones de vida insostenibles.
No era de extrañar pues que los marinos fueran “los primeros en comenzar la lucha y los últimos en dejarla”. La revolución de 1905 fue iniciada por un montín de la tripulación del acorazado Potemkin, y la marina de Kronstadt sería también el último bastión revolucionario.
En 1921 el Ejército Rojo, comandado por Lev Trotsky, se encontraba todavía combatiendo contra el Ejército Blanco, apoyado por potencias occidentales. El descontendo por la represión al resto de fuerzas izquierdistas y la hambruna producto de sequías y del “comunismo de guerra” fueron los principales motivadores de huelgas y rebeliones campesinas. La mayor, que agitó, instigada por el eserista Antónov, el óblast de Tambov, sería aplastada por el Ejército Rojo en 1921.
Cronstadt tenía, según Ida Mett, una buena reserva alimenticia, por lo que la hambruna no impactó tan duramente allí. Sin embargo, el sóviet, compuesto por marineros y trabajadores de tradición socialista revolucionaria y anarquista, no estaba dispuesto a consentir la hegemonía bolchevique y la pérdida de los logros conquistados tras años de revolución.
La marina, encabezada por el líder popular Stepán Petrichenko (un bolchevique reconvertido al anarquismo que ya había liderado el alzamiento de la marina en el 17), hizo llegar una serie de demandas, entre las que se encontraban la legalización de los partidos y organizaciones obreras, la libertad de expresión para los trabajadores, la igualdad de sueldos, libertad económica para campesinos y artesanos o la reelección de delegados de los sóviets, puestos que habían sido monopolizados por los bolcheviques. Estas demandas fueron desatendidas por el gobierno bolchevique, que acusó a Cronstadt de traición, de actuar bajo control de los enemigos imperialistas y de estar liderados por Kozlovsky, un exgeneral zarista (exgeneral que, curiosamente, había sido llevado a Kronstadt por los bolcheviques y que solamente ejercía de asesor en artillería).
Cronstadt se alzó en rebelión y demandó el apoyo de los trabajadores de Petrogrado, intentando provocar una tercera revolución contra los bolcheviques. Petrogrado se puso bajo la ley marcial, impidiendo cualquier apoyo a Kronstadt, a la que Trotsky mandó 50.000 hombres. Cronstadt resistió un tiempo, pero finalmente el ejército rojo entró en la ciudad, realizando una completa masacre, los que no fueron ejecutados fueron enviados a campos de trabajo.
Así se cerraba el último capítulo de los sóviets y, para Ida Mett, cualquier esperanza de una revolución verdaderamente obrera en Rusia.

7. Conclusiones.
De todo lo expuesto se deduce la gran complejidad social y política de la Rusia revolucionara, que no puede ser reducida solo al programa aplicado por el partido bolchevique; tampoco puede exagerarse la importancia de este partido respecto a otras fuerzas revolucionarias en los primeros años de la revolución y, desde luego, no puede reducirse la revolución a un simple enfrentamiento de los comunistas contra el Zar o de rojos contra blancos.
Si a las experiencias en Rusia añadimos la oposición que supuso la revolución en Ucrania, de línea anarcocomunista, con el ejército negro liderado por Néstor Majno, podemos sino caer en la cuenta de que la historia de la revolución soviética es mucho más, sobre todo mucho más compleja políticamente, que lo que cuentan las versiones oficiales.
En lo político, tras la eliminación del resto de partidos y organizaciones de la izquierda tardaría un tiempo en surgir una oposición izquierdista dentro del propio partido bolchevique, oposición que, sin embargo, no lograría encontrar la verdadera causa de la derechización de la revolución y del triunfo del capitalismo de Estado, culpando al estalinismo en lugar de a los procesos de burocratización, liberalización, des-socialización de la economía, persecución del movimiento obrero, y, en resumen, de reconstrucción del antiguo orden capitalista.
En definitiva, es necesario revisar la historia de Rusia para darnos cuenta de que va más allá de las visiones propagandísticas dadas por la Unión Soviética o sus enemigos y poder comprender cual fue la realidad experimentada por su protagonista, reitero: el pueblo ruso.

Bibliofrafía:
GILMAN, Ida “Ida Mett”, La Comuna de Cronstadt: Crepúsculo sangriento de los sóviets, Barcelona, Espartaco Internacional, 2006.

El ala izquierda de la revolución soviética (II)

Viene del anterior.

Examinaremos, en esta segunda parte, el carácter de la facción bolchevique, así como su versión sobre la historia de la revolución rusa y, a continuación, el fenómeno de los sóviets a traves de la obra de Volin.

3. La versión oficial de los bolcheviques.
La configuración de la teoría y práctica del marxismo-leninismo tuvo lugar, especialmente, durante la revolución (si bien no llegaría a completarse hasta el gobierno de Stalin). La postura de Lenin y sus seguidores va evolucionando conforme el desarrollo de la misma.
Así, la postura inicial socialdemócrata y reformista en sus primeras obras dará paso, durante el periodo revolucionario y como se muestra en sus Tesis de Abril y su principal obra El Estado y la Revolución, ambas escritas entre la revolución de Febrero y la de Octubre, a una concepción del Estado que lo acercaría a la de los anarquistas, retratándolo como un instrumento opresor de una clase sobre otra y persiguiendo la revolución que instaure la dictadura del proletariado, con la forma de democracia obrera, con participación de los distintos partidos y formaciones socialistas, obreras y campesinas, tal y como se dará en las primeras fases de la revolución de Octubre.
Sin embargo, dos años más tarde, en plena guerra civil, una vez Lenin se ha desecho del resto de fuerzas de izquierda, volvería a cambiar su postura para adecuarla a sus acciones. En La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo Lenin defendería, en contra de la democracia obrera, una dictadura del proletariado con un poder centralizado en un solo partido muy disciplinado, el Partido Comunista, así como el fortalecimiento del Estado como paso inevitable para la llegada del comunismo.
No es de extrañar que se acabara por instalar en la mentalidad soviética, así como en la de los marxistas-leninistas del resto del mundo, la idea de que fue un partido fuerte, centralizado y disciplinado el que guió a las masas al triunfo durante la revolución. Sin embargo, tal cosa no se ajusta a la realidad. No solo el partido bolchevique era, durante la revolución, un partido recién salido de la clandestinidad, fragmentado e, involuntariamente, descentralizado, sino que solo era una de las muchas organizaciones socialistas que participaron en la revolución. La transformación del Partido Comunista en aquel partido centralizado y fuerte, tal y como lo comprende el marxismo-leninismo, no ocurrió hasta la guerra civil que sucedió a la revolución.
En 1936, años después de la revolución, cuando el Estado soviético se hubo transformado, bajo liderazgo de Stalin, en un monstruoso aparato burocrático, Lev Trotsky criticaría en su obra La Revolución Traicionada como el partido bolchevique había degenerado, aplastando la democracia obrera de los sóviets e imponiendo una rígida estructura burocrática. Sin embargo, veremos más adelante como el propio Trotsky se encontraba al mando del ejército rojo cuando ciertos sóviets fueron reprimidos por resistirse a la derechización de la revolución, convirtiéndose el stalinismo en consecuencia directa del leninismo defendido por Trotsky.

4. Volin: La revolución de los sóviets.
Vsévolod Eichenbaum “Volin” fue un revolucionario ruso, de buena formación académica, que vivió la revolución de 1905 como miembro del PSR para posteriormente abrazar el comunismo libertario y militar en un sindicalismo incipiente, participando en la creación de los primeros sóviets, en las revoluciones de febrero y octubre y, tras la consolidación del poder en manos de los bolcheviques, en la revolución campesina Ucraniana. Escribió, exiliado en Francia, La revolución desconocida (Publicada en 1947), obra en la que realiza un completo análisis de la revolución rusa, añadiendo además sus vivencias personales.
En esta obra señala como la revolución rusa no es comprensible sin atender a un desarrollo social y económico que comienza mucho antes y que marca la decadencia del sistema absolutista del Imperio de los zares. Estos cambios son un proceso largo que comienza a hacerse visible a partir de la Revuelta Decembrista (1825). Según él la revolución no es tanto un estallido guiado por un partido determinado como la culminación de un proceso de evolución social de casi un siglo.
Volin describía los sóviets como asambleas o consejos de trabajadores, campesinos y soldados (el pueblo en armas) para organizar la producción y cuestiones de la revolución como la defensa, la justicia o la distribución de bienes. Actuaban por democracia directa y en régimen federal, delegando a las provincias desde las bases hacia arriba, siendo el Congreso de los Sóviets el centro orgánico al que acudían las delegaciones sóviets de provincia. Los sóviets, organizados desde la base, constituyeron un fuerte contrapoder frente al Gobierno Provisional, que mantenía el sistema parlamentario burgués.
Tras el segundo congreso, que dio paso a la revolución de octubre, abandonan los soviets los mencheviques y el ala derecha del PSR, de forma que solo quedaron dentro los bolcheviques y dos fuerzas a su izquierda: Socialrevolucionarios de izquierda y anarquistas. Los bolcheviques, apoyándose en los sóviets, se convetirían en el principal partido de la revolución.
Sin embargo, se desarrollan ahora propuestas distintas: El sector más libertario, propone “todo el poder para los sóviets”, disolviéndose el gobierno centralizado en beneficio de una democracia directa a través de los sóviets; mientras, los bolcheviques recogerían ese lema para derribar el poder de un gobierno provisional en el que no habían obtenido una mayoría y una vez conseguido, verticalizarían el sistema de sóviets forzando al Congreso de los Sóviets a trasladar el poder ejecutivo al Consejo de Comisarios del Pueblo (órgano de gobierno cuyos miembros eran todos bolcheviques) y, en 1937, ya consolidada la contrarrevolución, sustituirían el Congreso de los Sóviets por el Sóviet Supremo, un gobierno centralizado similar al de cualquier país capitalista.
Así, el proyecto de democracia directa de los sóviets fue, según Volin, derribado por la influencia del partido bolchevique, producto de su buena organización frente a la de anarquistas o socialistas revolucionarios, que fueron reprimidos en cuanto comenzaron, tarde ya, a organizarse.

Bibliografía:
ULIÁNOV, Vladimir “Lenin”, Las tareas del proletariado en la presente revolución (tesis de abril),
Madrid, Fundación Federico Engels, 1997.
ULIÁNOV, Vladimir “Lenin”, El Estado y la revolución, España, Proyecto Espartaco, 2000.
ULIÁNOV, Vladimir “Lenin”, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo (Obras
escogidas), Moscú, Progreso, 1973.
BRONSTEIN, Lev “Trotsky”, La revolución traicionada, España, Marxismo.org, 2002.
EICHENBAUM, Vsévolod “Volin”, La revolución desconocida, Buenos Aires, Proyección, 1977.

Va al siguiente.

El ala izquierda de la revolución soviética (I)

La pasada noche emitía la televisión estatal española (TVE) unos documentales sobre la revolución rusa (que podéis ver aquí). A pesar de su excelente calidad técnica (remasterizando y coloreando las imágenes de la época y combinándolas con recreaciones actuales), el documental reproduce una serie de mitos sobre la revolución. Por otro largo, otorga una visión sesgada de ella, centrada en los grandes hechos y personajes y no en su realidad social.

Por ello, y como la informacion es también un frente de combate social y en la guerra hay que aprovechar la mínima oportunidad, me dispongo a publicar un pequeño trabajo que realicé sobre la revolución rusa vista desde la oposición de los grupos políticos a la izquierda de Lenin, para ofrecer una mayor comprensión de la realidad revolucionaria. Aviso al lector o lectora que es un mero trabajo de síntesis, en el que sin embargo se comenta una serie de obras que considero clave. Pero, para un mayor conocimiento, no dejo de recomendar ir a las obras originales, que dejaré para su descarga.

1. Justificación y fuentes.
Es habitual que, a la hora de comprender la revolución rusa, predominen dos versiones oficiales: La primera, dada por el partido bolchevique, hegemónico tras la revolución y la segunda, su opuesta, proviene principalmente de las potencias enemigas de la Unión Soviética durante la guerra fría. Sin embargo, estas dos versiones oficiales de lo que fue la revolución rusa ofrecen una visión que no atiende a la realidad de aquel periodo revolucionario.
Por ello, pretendo reflejar la pluralidad de visiones dentro del bando revolucionario, aspirando a una perspectiva más completa de la realidad social y política del periodo y, especialmente, de como lo vivió su principal protagonista: El pueblo ruso.
Considero que esta cuestión se ha dejado a menudo apartada, cayendo en una sobreestimación del papel, sea éste positivo o negativo, del partido bolchevique en la revolución.
He recurrido a testimonios y reflexiones de los principales líderes del partido bolchevique (Lenin y Trotsky) y, para realizar la tarea de contraste, de revolucionarios influyentes de otras formaciones izquierdistas. Los autores de estos documentos vivieron la revolución en sus carnes, pero no son fuentes directas, sino trabajos y análisis historiográficos elaborados tras la revolución, lo que les da una mayor perspectiva, aunque también reflejan una mayor parcialidad.

2. La revolución rusa: causas, protagonistas y consecuencias.
Antes de lanzarnos a la tarea que nos ocupa es necesario comprender que lo que entendemos por revolución rusa corresponde a un importante cambio político y social que se desarrolló en Rusia a principios del siglo XX, dividido en dos etapas principales: La revolución de febrero, producida por la alianza de fuerzas entre liberales y socialistas que acabó con el derribamiento del zarismo y la formación de un gobierno provisional democrático-liberal; y la revolución de octubre, segunda fase en la que las fuerzas de izquierda llevan a cabo una segunda revolución contra el gobierno liberal, acabando con el auge del partido bolchevique y la formación de la URSS.
Muchas son las causas de esta revolución, más valdría la pena enumerar las principales: La debilidad de un régimen atrasado de tipo feudalista como el del Imperio Zarista, la aparición de una burguesía contraria al absolutismo, de un incipiente proletariado industrial urbano, el desgaste producido por una larga y costosa primera guerra mundial y la llegada implantación de las ideas marxistas, especialmente entre el proletariado urbano y los soldados sin rango.
Esta conjunción de causas, junto al malestar general producto de un sistema de producción en clara decadencia que mantenía a las masas rusas en la miseria y la ignorancia fueron, más que la influencia de un grupo político particular, las principales causas de la revolución.
Es necesario repasar los principales protagonistas, las principales facciones políticas y sus liderazgos, así como su papel en la revolución:
Por un lado la facción que apoyaba al zar Nicolas II. Ha sufrido ya un intento de revolución en 1905 y, tras unas tímidas e insuficientes reformas, un frente desmoronado y una situación económica grave le hacen perder el apoyo de su Estado Mayor. Abdica y se deja detener el 20 de marzo de 1917, siendo asesinado en julio de ese mismo año.
En segundo lugar, el Partido Democrático Constitucional, representa de los intereses de la burguesía. Liderado por Pável Miliukov, será el partido creador y dirigente del Gobierno Provisional tras la revolución de febrero. Defensor de una república liberal al estilo occidental, su apoyo a seguir en la guerra lo hizo muy impopular.
Encontramos a los socialistas divididos en dos partidos principales: El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, clásico partido marxista, se dividiría en 1917 en dos facciones, la menchevique, de Yuli Mártov (que apoyaba al gobierno provisional) y la bolchevique, encabezada por
Lenin, favorable a una revolución obrera y refundada en 1918 como Partido Comunista Ruso.
Y el Partido Socialista Revolucionario de Víctor Chernov, de implantación campesina y recogedor del populismo ruso. Los eseristas fueron los principales rivales de los bolcheviques durante la revolución de Octubre.
Por último, encontramos abundantes grupos anarquistas, aunque, como se lamentaban los más formados de ellos como Volin o Arshinov, muy fraccionados y desorganizados. A pesar de no haber sido capaces de levantar un anarcosindicalismo fuerte, darían un gran apoyo a los sóviets.
De entre todas estas tendencias acabaría por imponerse, tras las dos fases de la revolución, el partido liderado por Lenin. Antes de entrar a ver la visión de la oposición izquierdista veremos, en la próxima parte, que nos dicen los bolcheviques sobre la revolución en la que vencieron.

Va al siguiente.