¿Y las aspiraciones revolucionarias?

Sin pretensión de lanzar ofensas y queriendo incitar a la reflexión sobre la trayectoria del amplio espectro anarquista, en este artículo planteo una serie de cuestiones encaminadas a resolver la duda de si estamos perdiendo terreno en el imaginario popular como movimiento socio-político. Vivimos una amnesia colectiva ya con la memoria histórica enterrada, aunque los viejos mitos, al igual que las visiones románticas del pasado, no cayeron del todo o no supimos superarlos. No obstante, esos factores no supuso el olvido del anarquismo, aún se pudo rescatar el rico legado que nos dejaron tanto los teóricos como los hombres y mujeres de acción que pudieron materializar los principios anarquistas. Pese a ello, no todos tendrían la suerte de poderlos estudiar y recientemente, con la aparición de nuevas corrientes ligadas al anarquismo o inspiradas en él, hemos visto que en algunos casos, quedaron en la autorreferencialidad, en la contemplación del individuo y su aislamiento del resto de la sociedad. Aquí nos replanteamos, no solo la imagen que tenemos hoy en día del anarquismo, sino también las nuevas aportaciones teóricas tales como el primitivismo, la anticivilización y otros movimientos subculturales.

Aunque nos cueste asumirlo, el aislamiento moral de los individuos a causa del nuevo modo de vida impuesta por el neoliberalismo también ha influido en parte a un cierto sector de anarquistas que, tras ver el fracaso de tener presencia en la sociedad, la niegan, la ven como enemiga. Lo mismo sucede con la idea de civilización, que se ha asociado con todas las connotaciones negativas que se pudieron atribuir. No se quedan atrás las ideas de misantropía, de una visión romántica de las sociedades primitivas o de las revoluciones sociales del pasado siglo. A ello nos preguntamos; ¿y las aspiraciones revolucionarias? ¿qué es del anarquismo como ideología política que en la práctica debería constituir un movimiento político-social revolucionario, más allá de la simple autocomplaciencia, el panfletarismo de vocabulario extravagante e incendiario, de la asociación con movimientos subculturales? Es cierto que las teorías y las praxis del pasado siglo no serían aplicables al contexto actual, pero de esas teorías deberíamos rescatar ese componente político que desde sus inicios siempre ha tenido, y de la praxis, ese imprescindible componente social y clasista.

Llega a ser preocupante cuando los propios anarquistas asocian el anarquismo con el caos, cuya definición viene a ser una presencia caótica e incontrolable para el Estado y el Capital, que puede causar confusiones y malinterpretaciones a la par que no aporta realmente propuestas constructivas; cuando se asocia la lucha anarquista con los enfrentamientos callejeros; cuando la imagen del anarquista es un chico o una chica con estética punk; cuando se pone como fines la vuelta a ser salvajes, a ser niños y recuperar la inocencia perdida; y más cuando se niega la lucha de clases. En definitiva, la disociación del anarquismo con política daría como resultado el despojo del potencial transformador que posee el anarquismo si existen militantes dispuestos a llevarlo a la práctica, reduciéndose a una rebeldía juvenil, una actitud estética extravagante, bohemia y promotora del caos y la destrucción. He aquí, ¿realmente algunos anarquistas han dejado de lado las aspiraciones revolucionarias para quedarse en la estética, la contemplación del «yo» y la vida bohemia? Ni podemos negarlo ni afirmarlo con exactitud, pues paralelamente, el anarquismo social ha podido sobrevivir y sigue teniendo presencia en todo el mundo, aunque no a grandes rasgos.

Nos urge pues rescatar las teorías tanto de la Vieja Escuela como los contemporáneos de la rama social del anarquismo y saber adaptarlas al contexto actual, recuperando el componente político-social y clasista que desde sus inicios ha tenido el anarquismo, de los cuales se pudieron materializar gracias a no solo militantes comprometidos, sino la preocupación por lo social y el trabajo de acción y difusión entre la clase trabajadora, participando activamente en sus luchas y sabiendo darles una perspectiva libertaria. Sabemos que en este contexto es difícil organizarnos, que las relaciones sociales se han deteriorado mucho y la dificultad para entrar en contacto con otros es un gran obstáculo. Sin embargo, dar por sentado el fracaso de llevar la lucha en lo social y optar por separarse de la lucha social y de clases para centrarse en la autorrealización del individuo, en las revueltas espontáneas y en el rechazo de cualquier iniciativa de organización y elaboración de programas políticos antiautoritarios, supone negar las aspiraciones revolucionarias que estuvieron presentes desde los orígenes del anarquismo.

Rebelión individual. ¿Narcisista o revolucionario?

Desde que empezamos a cuestionar los valores del sistema capitalista y tratamos de encontrar una alternativa a las injusticias de la vida cotidiana, desde que empezamos a tener un pensamiento crítico y negamos las mentiras oficiales, desde que empezamos a formar nuestras propias opiniones, estaremos rebelándonos contra el sistema. La mayoría de la gente está acostumbrada a obedecer y se resigna por sentirse impotente e incapaz de cambiar las cosas, pero los hay quienes toman conciencia y van a contracorriente, luchando en el día a día teniendo las esperanzas de transformar la realidad. Sin embargo, no todos los rebeldes son revolucionarios, aunque todos los revolucionarios son rebeldes. Pese a la connotación revolucionaria que le damos a este término, existen rebeldes que son reaccionarios como por ejemplo, aquellos que llamen a la desobediencia para debilitar a un supuesto gobierno y poder éstos conquistar el poder.

La rebeldía es estéril cuando carece de contenido político y, especialmente, de contenido revolucionario, ya que entonces quedaría en una simple pataleta, un intento desesperado de ser alguien en una sociedad de nadies o de diferenciarse del resto de individuos. Es cierto que las revoluciones nacen en primera medida de la toma de conciencia y de la rebelión individual que posteriormente se haría colectiva, pero habría que matizar ahora qué es lo que conduciría a que la rebeldía se convierta revolucionaria y no en narcisista. Aun cuando la rebeldía adquiere contenido político y revolucionario, puede darse el caso de degenerar en una rebeldía narcisista, como veremos a continuación.

En ciertas ocasiones y dependiendo del contexto en que se hallen los individuos, la rebeldía derivará en una vertiente o en otra. En el caso de su degeneración podemos citar, por ejemplo, la escasa formación política, la excesiva valoración de la libertad individual, eludiendo cualquier tipo de responsabilidad y la exaltación del propio pensamiento individual despreciando el resto de opiniones ajenas contrarias, llegando a valorar despectivamente al resto de la sociedad. Además, si surge la incapacidad de transmitir a otros la propia rebeldía, el individuo termina por cerrarse sobre sí mismo creyéndose el único ser libre y pensante. Esta rebeldía narcisista y antisocial es igual de estéril que la rebeldía apolítica porque, al rechazar cualquier responsabilidad, imposibilita la organización de los rebeldes necesaria para poder visibilizar una alternativa antiautoritaria viable.

La rebeldía es verdaderamente revolucionaria cuando no solo tiene en cuenta al individuo sino que tiende a 'contagiarse' hacia la sociedad, hacia el colectivo cercano. Los rebeldes se hacen revolucionarios cuando, además de sentir las injusticias ajenas como algo que afecta a uno mismo en mayor o menor medida y directa o indirectamente, plantean la posibilidad de organizarse junto con otros individuos con inquietudes semejantes y en condiciones similares. Esto los lleva a realizar un análisis más pormenorizado de la realidad social e intentar participar en los diversos movimientos sociales de base para darles un contenido político radical y antiautoritario. Todo ello sin dejar de lado al individuo, a quien se debe fomentar el pensamiento crítico, la formación, la autodisciplina, la desobediencia y la responsabilidad.

La rebelión individual es necesaria, ya que es el primer paso para romper con el status quo vigente pero se ha de dotarlo de contenido político revolucionario y antiautoritario, apartándose de la rebeldía pequeñoburguesa, narcisista y reaccionaria, es decir, de una rebeldía estéril que consiste en encerrarse en sí mismo adoptando actitudes antisociales o envidiar la posición de quienes están en el poder y ansiando acceder a esos puestos. Tengamos en cuenta pues la importancia de la formación política y fomentar la autoorganización de los rebeldes para poder materializar nuestras aspiraciones.