Del estado policial del bienestar ¿qué pasará y qué quedará?

Llevas cinco semanas sin salir de casa, salvo dos o tres escapadas semanales a hacer la compra y algunas más a tirar la basura. Oyes recuentos de muertes, de contagios, de altas médicas, diferentes cifras y gráficas que las representan, diferentes medidas tomadas en países distintos, ... Apenas sabes ya lo que oyes. Los sociólogos Tülay Umay y Jean-Claude Paye llamaron hace unos años "efecto de estupefacción" al efecto que consiguen las autoridades y los medios de comunicación –particularmente, los de información 24 horas al día– en casos como el Mohamed Merah: el público no sabe lo que ha visto. Los detalles se acumulan y, en algunos casos, se contradicen, la percepción queda más pasmada que sorprendida, no es tanto que el poder dé un mensaje, ya que el conjunto no parece tener sentido, como que sigue imponiendo hechos consumados mientras damos por ininteligible ese no-mensaje.
Total, que la primavera se está apoderando de la ciudad, los pájaros cantan como nunca y tú notas no sólo esa estupefacción, sino tu capacidad mental bajo mínimos: ¿cuánto hace que no consigues concentrarte en algo durante una hora? ¿Te sientes desanimada/o? Las cosas que te importaban antes ¿te siguen importando igual o vas camino de preguntarte aquello que escribía Jaime Gil de Biedma ("¿Todavía soy capaz de interesarme y de desesperarme por algo que no sea el espectáculo de mi propia insoportable y crónica incapacidad?")?. Quizá estés trabajando en algo oficialmente considerado como esencial o en una de esas actividades que durante dos semanas no han sido esenciales pero que ahora vuelven a serlo. Sabes que decenas de miles de personas están encerradas en prisiones, CIEs, CETIs y demás y otras no tienen hogar, pero, por mucha suerte que puedas tener en comparación, te tienen estabulada como ganado, sacándote de la jaula lo justo para que la CEOE no presione más al gobierno, pero no tanto como para sentirte un ser humano.

Arturo Soria quiso cambiar el urbanismo de Madrid –con más esfuerzo que éxito– entre 1882 y 1920 teorizando y organizando su propio modelo de desarrollo urbano, la ciudad lineal. Liberal progresista, fue debidamente criticado por el movimiento obrero y aplaudido por otros liberales por construir aquel barrio basado en la compra familiar de viviendas y donde grandes burgueses, clase media y clase trabajadora serían vecinas, aunque con viviendas distintas a precios distintos. ¿A cuento de qué viene esto? De que incluso el buen Soria, que no era obrero ni obrerista, propuso a las obreras algo mejor que lo que tenían. Concretamente, dos subtipos de vivienda distintos (las unas tendrían 67 m² y las otras, 31,5), pero siempre con el cuádruple de tierra para jardín y huerto que de vivienda, así que, aun en el peor de los casos, una familia obrera tendría 126 m² de aire libre. ¿Qué no daríamos ahora por eso?

Lo de "A cada familia una casa, en cada casa una huerta y un jardín", que decía Soria, quedó para las pocas personas que pudieran permitírselo y aquellas pretensiones ingenuamente reformistas fueron arrolladas por un siglo de capitalismo especialmente expansivo, bélico, privatizador.
Vemos al gobierno español acusado por los sectores a su derecha, día sí y día también, de ser responsable de la muerte de veinte mil personas y de tener el sistema de salud al borde del colapso. Acusaciones paupérrimas, teniendo en cuenta cómo lo están haciendo otros estados, los tiempos o el deterioro previo del sistema de salud (gracias a PP, PSOE y cía), pero que, si sólo convencen a quienes quieren ser convencidas, lo hace con la fuerza de las emociones. Este gobierno centrista lanza medidas de cierto coraje y ambición –anuncia cierta renta básica, rebautizada "ingreso mínimo vital", moratorias de algunos alquileres e hipotecas, etc.–, pero también ha dejado claras sus prioridades al anteponer la producción al derecho a despedir a los muertos o los derechos de circulación, reunión, etc., más compatibles con la distancia de seguridad, los guantes, etc. que el "derecho" a ir al supermercado o la fábrica para no quedarse en paro. Este gobierno centrista nos ha metido a las llamadas FSE (fuerzas policiales) y FFAA hasta en la sopa y, si el estado de alarma ya es una exageración dudosa en su justificación médica y en su legalidad, FSE y FFAA lo están exagerando aún más y las candidatas a multa son ya 651.884 y las detenidas, 5.740 (para hacernos una idea, en el estado de excepción franquista del 24-I al 25-III de 1969 fueron 735 las detenciones).
Sirva de contraste Alemania, donde el Tribunal constitucional ha contradicho a tribunales inferiores y al poder ejecutivo, reconociendo el derecho a manifestación mientras se guarde la distancia de seguridad.

Nos encontramos, pues, antes varios riesgos contrapuestos. Por un lado, si la actual coalición de gobierno fuera reemplazada por otra tipo PP-Vox o PPSOE, la gestión de esta crisis sería, como mínimo, igual de antisocial, probablemente lo sería más. Por otro, denunciar esta deriva represiva puede resultar bastante incómodo: en general las FFAA y FSE gozan de cierto reconocimiento social y en este momento incluso la izquierda, donde menos se les quiere, está haciendo un esfuerzo por mostrarse disciplinada y dispuesta al sacrificio. No se sabe si es porque hay motivos de peso o porque creíamos que los había cuando empezamos a tragar con ello hace ya cinco semanas y estamos en lo que la psicología llama "escalada de compromiso" –o sea, que, como hemos hecho algo, queremos autojustificarnos y ratificarnos y estamos dispuestas a esfuerzos aún mayores con tal de no cuestionar lo que hemos hecho–. No deja de ser necesario hacerlo y no ya de palabra, sino que necesitaremos movilizaciones de verdad (en la calle) más temprano que tarde y, para entonces, quizá estemos todavía bajo el estado de alarma. Por último, existe el riesgo de que sean las conspiranoicas, la derecha opositora o la ultraderecha quien intente pasarnos por la izquierda con esto de la desobediencia al estado de alarma.
Para enfrentarnos a estos últimos riesgos y recordarnos dónde debe estar la esperanza, las repartidoras de Glovo –cuya lucha por ser reconocidas como asalariadas y no autónomas aún no ha concluido– se manifestaron este jueves pasado en esas calles en que siguen trabajando, llevando comida a domicilio. Se manifestaron en sus bicis y motos manteniendo la debida distancia y fueron identificadas por la policía, vulnerando esa distancia y su derecho al uso del espacio público.

En teoría son provisionales, pero sabemos que las medidas y dinámicas de estos meses pueden volverse duraderas, ¿cuáles queremos permitir y ampliar y cuáles eliminar o restringir?
Sabemos que, entre reclusión masiva en casa y represión desenfrenada en los espacios teóricamente públicos, la clase trabajadora no se rinde. Ni iniciativas necesarias lanzadas desde casa como el Plan de choque social o la huelga de alquileres, ni el esfuerzo de información que están haciendo la PAH y los sindicatos y colectivos de clase, ni el personal sanitario que mantiene en pie el sistema de salud, ni las redes de apoyo vecinal surgido, ni quienes luchan por trabajar –ya que hay que hacerlo– en condiciones de higiene y seguridad, ni estas riders de Glovo que han reabierto la brecha del derecho de manifestación. Ese es el camino.

Retirada del mercado, ¿ofensiva de las trabajadoras?

El tiempo vuela y de tal manera que hace tres meses no sabíamos que existía el COVID-19, hace diez días pensábamos que era algo francamente irrelevante y en los dos últimos días, en el estado español, hemos visto cómo causaba la declaración del estado de alarma y más de cien mil despidos. Estamos viendo cómo se nos lleva a permanecer en casa sabiendo que la mayoría tiene un puesto de trabajo y no puede –porque no es posible o porque no se lo permiten– desempeñarlo desde casa. Ni las empresas, ni los gurús neoliberales, ni siquiera la mayoría de dirigentes de los partidos opositores se han atrevido a rechazar la ofensiva del estado ante los límites del mercado para resolver algo así. Con entusiasmo o con resignación, asumimos que se trata de una situación en la que un esfuerzo de contención a corto plazo puede suponer acabar con la saturación de los centros de salud y rebajar la propagación del virus, a la espera de volver a la normalidad más temprano que tarde.

La democracia no debe detenerse a las puertas de la fábrica.

La frase la pronunció Marcelino Camacho en 1977 y ya entonces era más un deseo que una realidad.
Hace sólo dos días (curiosamente, en el 99º aniversario de la promulgación en la URSS de la NEP o nueva política económica) se anunciaba el estado de alarma y el confinamiento generalizado, sin ninguna previsión de cerrar los centros de trabajo. Es decir, se ponían las bases para seguir obligando a millones de personas a hacer en el transporte público y en el trabajo aquello que se les estaba prohibiendo en el resto de ámbitos. No obstante, el estado pasaba de quitarle hierro al dichoso virus a tomar la escena política: el gobierno central pasaba por encima de las comunidades autónomas en pleno conflicto en torno a la soberanía sobre Cataluña, entre otras cosas. Se dijo y se repitió que participarían las fuerzas armadas, una institución dopada en recursos, incluso en estos tiempos de recortes, y particularmente la UME, cuya mera existencia, en un país de privatización sanitaria y recortes en prevención de incendios, es el mejor ejemplo de lo dicho. Se anunció el acuerdo con patronal, CCOO y UGT para facilitar despidos colectivos temporales (ERTEs) y se aplazó dos días el anuncio de medidas económicas concretas.
Toda una aportación si se tratara de hacer ficción de suspense, pero no si hablamos de seguridad, lo que ha hecho que la CNT sacara contra reloj un manual para defenderse de los ERTEs y diferentes colectivos, abogadas y activistas publicaran consejos para minimizar los daños infligidos por las empresas a las trabajadoras. Organizaciones de clase como las del movimiento de vivienda (PAH, SI y otras), Riders x Derechos, Élite Taxi y sindicatos como CGT, CoBas o IAC han lanzado una campaña en redes sociales por un plan de choque social. Francia, con una mayor tradición de intervención estatal, tomó la delantera en este sentido, aunque también en el de la ocupación militar/policial del espacio público. Ayer lunes tuvieron que ser las trabajadoras del sector automovilístico –Mercedes-Benz en Vitoria, Iveco en Madrid, Renault en Palencia, Sevilla y Valladolid– y de la industria en general –Balay en Zaragoza, Airbus en Madrid– quienes pararan la producción, cuando la dirección de algunas empresas ya se lo estaba planteando por la falta de suministros.

Por fin, hoy martes, conocemos las medidas del gobierno, que profundizan en la línea del neoliberalismo con un par de muletas keynesianas: facilidades para que las trabajadoras despedidas puedan cobrar el paro pero también para que las empresas puedan despedirlas, moratoria del pago de las hipotecas que se vean afectadas por esta crisis, pero no de los alquileres, también para el (im)pago de suministros, pero ninguna previsión para quienes trabajan en la economía sumergida. Tampoco se tocan las rentas mínimas de inserción (incompatibilizadas con pequeños ingresos, escasas, denegadas a menudo sin motivo), aunque se facilitará la conciliación con el cuidado de hijas y, en cuanto a las trabajadoras autónomas, no recibirán ayuda las que no tengan suficientes pérdidas (75% como mínimo). Poco se sabe sobre las personas internadas en CIEs, prisiones y otros centros, sobre los servicios de atención a las personas en situación de dependencia o las necesidades de salir de casa de las personas deprimidas, con trastornos mentales, con discapacidad cognitiva, etc.
Eso sí, el jefe de gobierno –cuya tarea es dar la cara por el poder ejecutivo del estado y llevar sus riendas, no lo olvidemos– y líder del partido autodenominado "socialista obrero" invita a propietarias inmobiliarias a adaptarse a las posibilidades de sus inquilinas. Como si los viajes en el tiempo existiesen y, con un pie en el presente y otro en 1850, Pedro Sánchez se convirtiera en el catoliquísimo Donoso Cortés con aquello de enseñar "a los pobres a ser resignados y a los ricos a ser misericordiosos".

Cuando el enemigo avanza, retrocedemos, cuando acampa, lo hostigamos, cuando no quiere pelear, lo atacamos y cuando huye, lo perseguimos.
Mao Tse-tung

Y ¿ahora, qué? Ahora toca dar tregua al sistema sanitario evitando el contacto físico, pero no el otro. A corto plazo se están organizando redes de apoyo mutuo entre vecinas, se está haciendo un esfuerzo para informar y apoyar a trabajadoras despedidas o en riesgo de serlo. Más allá del corto plazo, la pandemia pasará mucho antes que el daño económico y los neoliberales dirán que el gasto público extra se resuelve con más recortes y más externalizaciones y que aquí no ha pasado nada. Eso no debe ocurrir. El regreso a la normalidad puede ser algo aún mejor si forzamos un nuevo pacto social. Esta crisis no nos coge débiles y desentrenadas como la anterior; el músculo desarrollado en los últimos nueve años se va a ver esta primavera.
El neoliberalismo está en retirada, la patronal –pese al avituallamiento del gobierno– está debilitada, se acerca el momento del contraataque.

Enlaces del mes: Julio de 2017

El mes de Julio es un mes marcado por las vacaciones de verano, el sol en la playa, los baños en la piscina, las cervecitas en la terraza... todo parece relax y desconexión de esa rutina que nos atrapa el resto del año. Aunque no todos descansan: algunas personas trabajan sobretodo en verano con turnos agotadores, sin días de descanso y con sueldos de risa, mientras que otras personas no descansan en la tarea de buscar trabajo. Y es que estamos hablando de un mes un tanto peculiar...

En Julio aparecen los famosos amores de verano. Hay amores Disney, de una noche loca o de compromiso afectivo real. Brigitte Vasallo en una entrevista para Som Atents nos explica el peligro de substituir los vínculos afectivos profundos y comprometidos por relaciones débiles, frívolas o fluctuantes, que no hacen más que incrementar esa tendencia hacia el hiperconsumo de relaciones.

Julio es también un mes de cumpleaños, y es que se cumplen ya dos años de la entrada en vigor de la ley mordaza, esa legislación que da vía libre a los registros, a la brutalidad policial, a los desalojos y a los encarcelamientos, como es el caso de los jóvenes de Altsasu que tras ser procesados por una trifulca con dos guardias civiles se enfrentan a 62, 50 y doce años y medio de prisión.

De Julio también son típicas las fiestas, algunas de ellas mundialmente conocidas como los San Fermines. Este año, muchos medios de comunicación aplaudían el trabajo realizado para evitar las agresiones sexistas, pero tal y como explica Yolanda Domínguez, de nuevo se vuelve a cometer el error de responsabilizar a las mujeres de los abusos que sufren. Una vez más se mira a las consecuencias en vez de a las causas. Otra vez se pone el foco en impulsar que las mujeres denuncien, como si la cosa no fuera con los hombres...

Quizás Julio sea un buen mes para escribir, para dedicar tiempo a comprender las injusticias y dotarnos de argumentos para desmontar sus mentiras, agitar conciencias. Aunque como dice Alfon, puede que no escribamos nosotros, sino la necesidad de toda una generación. Quizás también sea un buen momento para hacer deporte. Alguien dijo que las bicicletas no son para el verano pero podría ser que en ciudades más humanas, ciudades más pensadas para las personas y no tanto para los coches o los autobuses de turistas, las bicicletas sí puedan ser para el verano y para el resto del año.

Por otra parte, resulta inevitable no comentar las grandes canciones del verano. Esas canciones que suenan hasta la saciedad en la radio y en cualquier garito, esas letras pegadizas con ese ritmo tan poco original... por suerte hay lugares donde los éxitos del verano son los cánticos y los gritos de protesta. En León por ejemplo, en el encierro en el hospital de El Bierzo y Laciana, se escucha alto y claro que la salud pública ni se privatiza ni se vende, se defiende. No podemos olvidar tampoco el sonido del eco de aquellos pasos, aquellos pasos que dio la clase trabajadora, convertida en sujeto político, cuando fue capaz de gestionar la producción y el control de la economía en aquel verano de la anarquía. El 19 de julio es día de homenajes, por la revolución del 36, la Revolución Sandinista en Honduras, 1979, y por la revolución de Rojava.

Para terminar de hablar del mes de Julio es necesario pensar a nivel internacional y es que resulta que Julio es un buen mes para reunirse. Las 19 potencias mundiales más la Unión Europea con los Jefes de Estado, presidentes de bancos centrales y ministros de financias, realizaron la conocida reunión del G20 en Hamburgo. Reunión a puerta cerrada para decidir cómo garantizar la continuidad del capitalismo. Fuera, en la calle, protestas, disturbios y manifestaciones para mostrar el rechazo al G20 y a este sistema asesino. En definitiva, una agitación social que recuerda a las manifestaciones del 2001 en contra de la cumbre del G8 en Génova donde asesinaron a Carlo Giuliani. La llama de las movilizaciones antiglobalización sigue viva junto con otras llamas de otras muchas luchas, así que el calor no sólo viene del verano, no se trata de algo del mes de Julio, porque tal y como decían en Hamburgo: Welcome to hell.

Recuperación de la Sanidad Universal: estrategias para desvincular el beneficio económico del beneficio social

paceinte-con-garrotaLa industria sanitarias actual hay que entenderla como entramado económico sectorial en que tan importante para nuestro bienestar son los hospitales como las aseguradoras que dan acceso a los servicios, mutuas, clínicas que suplen carencias, farmacias que suministran el material o servicios sociales que evitan el deterioro de nuestra calidad de vida. Pero tan importante es la industria farmacéutica como las Universidades o los medios de comunicación, que forman el imaginario social sobre los Servicios de Salud, nuestra percepción y grado de satisfacción.

Tal hecho no pasa desapercibido para los capitalistas que aprovechan cualquier resquicio de debilidad de su propio sistema para obtener beneficio personal, a costa de lo que sea, incluida nuestra salud. Con el tiempo vemos claras las estrategias empleadas, pero también las formas de corregirlas.

Estrategia empresariales: obtención de liquidez para emplearla en Fondos de inversión

La sanidad privada se frota las manos cada vez que en una parte del territorio se hace una concesión de un Servicio.  Cabe destacar las 256 empresas privadas en Madrid. De entre todas resaltamos a Capio, Quirón, Mapfre, Adeslas, Sánitas, Cruz Roja, Orden de San Juan de Dios como algunas de las más poderosas. Estas empresas son las que dominan el mercado privado. El Lobby sanitario en España se agrupa en Sedisa, una asociación de 900 directivos de la industria sanitaria que ponen dinero para comprar legisladores y controlar las concesiones.

Aquí una relación de empresas sanitarias en el Estado Español: http://empresite.eleconomista.es/Actividad/SANIDAD-PRIVADA/.

No solo la industria sanitaria, representada por sus infames buques insignia están interesados en la privatización de la Sanidad, también la infame industria de los Seguros, organizados en su no menos infame lobby Adecose. No solo se pretende la privatización del sistema sanitario, sino también el de las pensiones públicas para que pasen a manos privadas, potenciar los seguros y seguir la fiesta de los mercados por medio de los fondos de inversión. Es una cadena en la que éstos últimos son los verdaderos interesados. Los cambios son graduales, pero evidentemente decididos. Entre los operadores en españa encotramos pesos pesados como AXA, Allianze, Atlantis, Reale, Mapfre,  o los capos nacionales como Mutua Madrileña, Mútua Catalana, Patria Hispana o Pelayo.

Estrategia Mediática: Profesores, científicos y periodistas en nómina

El siguiente artículo muestra cómo la industria sanitaria usa todos los medios posibles para hacerse con los servicios sanitarios de los distintos países. Es inquietante la relación que mantiene con sociedades científicas y medios de comunicación, siempre dispuestos a publicar estudios a la carta que beneficien a sus mecenas. Profesores, científicos, periodistas, políticos y consejeros son parte del aparato propagandístico.

El envejecimiento de la población no disparará los costes sanitarios- CAS

A la inversa de lo que pregona el discurso difundido estos últimos años desde diversas tribunas, el envejecimiento de la población no conllevará un aumento exponencial de gastos sanitarios, mantiene el Instituto de Investigación y de Informaciones Socioeconómicas (IRIS) en un reciente estudio, cuyos autores afirman que el “catastrofismo” discursivo es una estrategia al servicio de la privatización.

[...]

El “auxilio” de la privada
El IRIS habla de un incremento anual de gastos de apenas 1,28 % asociado al envejecimiento — situación “perfectamente sostenible”, precisa Hébert. “El discurso alarmista prepara el terreno de la privatización masiva. Cuando el Estado se declara incapaz de asumir la oferta de servicios sanitarios, la gente se dice que habrá que pedir socorro a la privada.”
El estudio concluye que “el riesgo mayor en materia de envejecimiento es la ideología neoliberal que informa la casi totalidad de las reformas estatales y la implementación de políticas públicas.”

Fuentes: http://iris-recherche.qc.ca/publications/vieillissement vía Coordinadora Anti-privatización de la Sanidad Pública de Madrid

Por suerte el pensamiento único y la propaganda ubicua se ven compensados por los medios alternativos y contrainformativos que cada vez tienen más aceptación en la sociedad. Se necesitan demasiadas mentiras demasiado evidentes para mantener el sistema.

Estrategia política: puertas giratorias

También resulta curioso comprobar cómo un servicio público necesario, no electivo, es cedido a las compañías privadas por el doble o triple del precio.

Tal pérdida de capital público solo se explica por la retroalimentación  entre el poder político y los intereses privados; realizan acuerdos en la sombra, usurpando el control de estas maniobras a los representantes públicos (partidos de la oposición, organizaciones sindicales y profesionales). Hay, en estas prácticas, flagrantes conflictos de interés y un uso abusivo y vergonzante de las puertas giratorias.

Algunos personajes (Lamela, Güemes, Rocío Mosquera, Antonio Burgueño) han alcanzado notoriedad por practicar con habilidad el "revolving door". El daño que provocan estas actuaciones -a la sociedad, al sistema sanitario y a sus trabajadores, a nuestra salud y a nuestros descendientes-, es inconmensurable. Estas prácticas fraudulentas esquivan el control social y la supervisión de los organismos públicos y de la justicia. Pero se convierten en hechos consumados que, en algunos casos, serán difícilmente reversibles. Diario digital Nueva Tribuna

Recuperación de la Sanidad universal: Estrategias Sociales en la Sanidad

Problemas actuales:
Someramente caben destacar problemas generales derivadas de nuestras necesidades. El principal objetivo sería es el mantenimiento de los servicios y asegurar su funcionalidad futura.

- La principal amenaza es la falta de presupuestos y las deudas contraídas.
- La actual gestión semiprivada se muestra deficitaria y encarece el servicio a más del doble con respecto a la gestión totálmente pública, por lo que en el actual escenario de inestabilidad económica pone en peligro la viabilidad a medio plazo de los servicios.

Soluciones parciales:

La solución de los distintos gobiernos, tanto centrales como regionales, en su acervo neoliberal, es privatizar de servicios y la concertación, lo cual encarece aún más el gasto por paciente, convirtiendo el sistema en insostenible. La solución es aún peor que el mantenimiento del sistema actual.

Una solución rápida sería la internalización de los servicios privatizados, lo cual haría disminuir el precio del servicio por paciente a prácticamente la mitad.

Otra solución a medio plazo sería replantear la estrategia general de los servicios sanitarios, actualmente con una medicina dominada por la Industria Farmacéutica y centrada en las causas biológicas. Habría que replantear los conceptos de Salud-Enfermedad y el abordaje de las causas psico sociales. Aquí ya comenzarían los problemas y resistencia de las oligarquías al incidir en el orden y sistema imperante.

Pero todo esto mantendría los problemas estructurales actuales: despilfarro y escasez, duplicidades, burocratización, desvío de fondos, nepotismo o incompatibilidades que llevan a la sanidad a ser un producto al servicio de los poderes económicos y políticos, lleno de parásitos y al borde de la ineficiencia y no un servicio público.

Solución final: desvincular el beneficio económico del beneficio social

Para que la sanidad sea sostenible y eficiente necesitamos desvincular el beneficio económico del beneficios social. Esto no se podría hacer mediante un modelo estatal o privatizado.

El modelo actual es insostenible. Pero no solo para la sanidad, sino para cualquier servicio público. Es un modelo empresarial de gestión que potencia el beneficio en términos económicos escudándose en índices de salud marcados por los agentes sociales. Pero estos agentes también se mueven en los mismos términos empresariales, por lo que los objetivos mercantiles se trasportan a los servicios públicos en los mismos términos. 

Mientras el modelo actual, empresarial y politizado continúe se seguirán reproduciendo las deficiencias, conflictos de intereses que llevan a la sanidad a ser uno de los principales problemas presupuestarios del país.

Se necesita un cambio de modelo: los empresarios y políticos son incapaces de satisfacer nuestras necesidades sanitarias. Necesitamos unos servicios gestionados y controlados por empleados y usuarios y no por empresarios, técnicos o políticos con intereses personales en aprovecharse de su posición de privilegio para sacar ventaja como vemos hoy en día.

El método sería organizar servicios gestionados por las comunidades de forma horizontal.  Lo cual requeriría:
- Formas de gestión específicas, superando el modelo empresarial, ya no solo en los centros sanitarios, sino en barrios, distritos, ayuntamientos y regiones.
- Revisión de la cartera de servicios
- Reordenar el organigrama basado en unidades de gestión y comisiones y no en cargos directivos. 
- Revisión de las competencias de los cargos: electos o rotativos, revocables y despolitizados, sin cargos de confianza.
- Revisión de los conciertos con otras instituciones

Cambio de modelo: Unidades de Gestión Independientes y Asambleas de Distrito

El cambio de modelo ya se ha realizado otras veces, por lo que sabemos que es posible y ha funcionado. La clave y el problema reside en conseguir apartar al poder político del económico.

Para conseguir el control, sostenibilidad y el suministro racional del bien social vital se propuso la autogestión económica, plasmada en los planes de la CNT, que incide en la gestión de los medios de producción orientados en la demanda, y no en la oferta. El modelo es bien simple: los trabajadores organizados en unidades de trabajo independientes, autogestionados, coordinados y federados racionalizan la producción. Un plan lógico, económico (barato), transformador, pero que está lejos de las expectativas sociales actuales. Los capitalistas también se dan cuenta del poder de esta estructura, pero cuando estas unidades son gestionadas de modo empresarial son un desastre, una forma de introducir la privatización, aumentar los costes y disminuir servicios. Esto es debido a que ni son unidades, ni gestionan ni son independientes.

La propiedad privada está demasiado protegida por los medios represivos, por lo que un inicio posible sería separar a los políticos, que suelen ser empresarios, de sus cargos políticos. Echarlos de los ayuntamientos, instituciones y cargos.

Una Asamblea de Distrito que organizase una Comisión de Sanidad podría tener posibilidades de introducir algunos cambios, sobre todo en la cartera de servicios y los conciertos con otras instituciones, pero la política general está marcada por el estado y la Ley de Sanidad. Como posibilidad reconocemos un gran potencial.

Publicado 5.5.2015, última edición 8.5.2015

Enlaces del mes: Enero 2013

Empiezo con una serie de entradas mensuales, que intentaré publicar los primeros días de cada mes, donde recopilar enlaces a algunas lecturas interesantes que vayan apareciendo por internet, dando prioridad al contenido de actualidad del resto de medios libertarios presentes en la red:

Por supuesto, estais invitados a recomendar más enlaces en los comentarios.

Sanidad pública madrileña, reacciones frente al expolio

La huelga de dos días en la sanidad pública madrileña está teniendo un altísimo seguimiento. Aproximadamente el 80% de los 75.000 trabajadores del sector llamados a hacer huelga ha respaldado la convocatoria de lucha contra la reestructuración planteada por la Comunidad de Madrid. Esto se ha dejado notar durante toda la jornada, a pesar de unos servicios mínimos del 35%. El paro continuará mañana y se repetirá los días 4 y 5 de diciembre. Asímismo, la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (Afem) convocó con anterioridad una huelga de cuatro días que se prolongará hasta el jueves.

El principal motivo de esta huelga es el previsible despido de más de 8.000 trabajadores interinos y eventuales de los hospitales y centros de salud madrileños. Despidos que son solo la primera de las consecuencias de los salvajes recortes impulsados por el gobierno de la comunidad: Privatización de la gestión de seis hospitales construidos en 2008 y 27 centros de salud, concentración de los laboratorios en solo cuatro centros, transformación del hospital Carlos III en centro de media y larga estancia... El plan, por tanto, supone un cambio radical en el modelo sanitario, dirigido plenamente hacia la privatización. Los carteles de protesta, en forma de esquelas para la sanidad pública con la fecha de presentación del plan, cubren las paredes de los recintos sanitarios.

El gobierno de Ignacio Gonzalez Pons no hace sino continuar con la funesta política de desmantelación sanitaria que comenzó su predecesora, Esperanza Aguirre. Esta, en sus nueve años en el cargo, abrió diez hospitales, pero ninguno del Gobierno regional, que solo se encargaba del personal. Tres comenzaron siendo desde un principio de gestión privada. Los otros siete son propiedad de constructoras, inmobiliarias, empresas de gestión sanitaria con bancos como accionistas y fondos de capital riesgo con sede en Luxemburgo. Todos ellos cobran a la Comunidad un canon por su gestión. Ahora, seis de estos siete centros (todos excepto el Puerta de Hierro) pasarán a ser enteramente privados. Los restantes, externalizarán todos los servicios no sanitarios. Además se privatizarán por primera vez el 10% de los 400 ambulatorios de la comunidad.

Esto supone además que, los empleados que no sean despedidos, dejarán de ser empleados públicos para pasar a ser personal de las empresas concesionarias, principales beneficiadas de la reestructuración. La idea es que cada vez más la administración paga a entidades privadas para que gestionen los hospitales, lo que supone un trasvase de dinero del sector público al privado, dejando la gestión de la sanidad en manos de unas lógicas mercantiles que en la mayoría de casos se oponen a las necesidades de los usuarios de la sanidad. No por casualidad en 2008, el entonces consejero de sanidad Juan José Güemes, en una jornada en el hotel Ritz titulada "Aproveche las oportunidades de negocio para su empresa", contestó a las preguntas de los empresarios sobre la posible gestión privada de los centros de salud.

Las evidencias más claras de este expolio a la sanidad pública, además de la propuesta del euro por receta, las sufrirán los pacientes del Carlos III, especializado en enfermedades infecciosas y tropicales, y La Princesa, un centro general con cerca de 40 especialidades. El primero se convierte en centro de media y larga estancia, mientras el segundo pasa a especializarse en geriatría. Con todo, las protestas en defensa de este último han logrado en los últimos días evitar que La Princesa dejase de atender a otro tipo de pacientes, como pretendía el Gobierno de González Pons.

Consecuencias menos evidentes son, por un lado, el encarecimiento del servicio (la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública denuncia que los convenios cuestan a los madrileños entre 7 y 8 veces más que los centros públicos). Por otro lado, el negocio que se contruye sobre la salud de los madrileños. Sobre los beneficiarios de la privatización de la sanidad pública, recomendamos leer este artículo del diario digital Público, que extiende la información sobre quién se beneficia realmente de esta reestructuración.

Por último, merece la pena destacar la vehemencia con que el PP ha contestado a las críticas vertidas en contra de este plan, incluyendo una campaña contra la huelga sanitaria mediante un video en Youtube. Parece ser que el enriquecimiento y los negocios de unos pocos a costa de la salud y los ahorros de la mayoría bien merece estas tácticas.

(Imagen de Uly Martín)