2017, un año para no olvidar

Como tercer año consecutivo, llevo repasando el fin de año tratando de recordar lo más sonado este 2017, y seguir adelante con lo construido y lo que quede por hacer. Dejamos otro año repleto de muchísimas historias, de alegrías y penas, de aventuras y cambios, de tropiezos y aciertos, de victorias y derrotas... que sin duda nos marcarán en nuestras vidas.

Este 2017 sin duda marcará a la generación de los '90 como el comienzo de la vida adulta, lo que significaría para muchas, madurar y, para todos los hijos e hijas de clase trabajadora, darse cabezazos contra la dura realidad marcada sobre todo por la falta de oportunidades, tanto en el mundo laboral como en la entrada a la Universidad, sin olvidar la dificultad para emanciparse por las altas tasas de paro juvenil, el precio de la vivienda y el trabajo temporal y mal remunerado. Y a pesar de que la crisis nos haya pillado en nuestra mejor etapa de la vida, salimos adelante sobreviviendo entre la precariedad y la emigración, luchando por una vida que merezca la pena ser vivida.

Recordamos la llegada del 2017 con un tarifazo de la luz así por la cara otro año consecutivo más, el conflicto de la estiba, la condena a Cassandra por los chistes de Carrero Blanco, las Marchas de la Dignidad, la cumbre del G20, el problema del turismo masivo en ciudades como Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Venecia..., los conflictos en Venezuela, la desaparición de Santiago Maldonado y posterior aparición de su cuerpo, la cuestión catalana y la movilización social durante y tras el 1O, la lucha incansable del pueblo de Murcia contra el muro del AVE, los incendios en Galicia y el norte de Portugal, la victoria sobre Raqqa, la masiva manifestación nazi en la capital polaca el día de su independencia, las manifestaciones contra la violencia machista, la aplicación del artículo 155 en Catalunya, el tráfico de esclavos en una Libia destrozada por el imperialismo, el golpe de Estado en Honduras y la posterior resistencia popular..., el final de la neutralidad de Internet en EEUU y la chispa que volvió a incendiar Oriente Próximo cuando Trump firmó el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí. Dejo aquí muchos acontecimientos más en el tintero ya que no entrarían en este resumen.

Afrontaremos el siguiente año con un cambio climático cuyos efectos cada vez serán más graves sobre la Tierra pero que ningún país parece querer realizar acciones para revertirlo. La crisis económica aún estará lejos de solucionarse y más para España, cuya hucha de las pensiones fue saqueada por el PP y será deficitaria, mientras el BCE dejará de comprar deuda española. Dentro de Europa, hemos de considerar el auge del fascismo en los países del Este y en todo el mundo, ya está en marcha la ofensiva neoliberal. Un fantasma recorre el mundo y no es precisamente el de la URSS, sino una nueva ola conservadora reflejada en Trump, en Macri y en Macron y Le Pen.

Ante esta ola conservadora, las izquierdas —y en particular el movimiento libertario— debemos avanzar y tomar posición en la situación política actual. En América Latina, la apuesta del CNI en México es un ejemplo de la necesidad de pasar a la ofensiva con un movimiento popular indígena detrás para cambiar el modelo de país. Los movimientos sociales en Argentina también deberían plantearse una ofensiva que no solo frene los recortes de Macri, sino que también puedan configurar un nuevo modelo de país. En Chile, ponemos las esperanzas en el Frente Amplio y en la ruptura democrática en aras de hacer avanzar el movimiento popular. Tampoco olvidemos la resistencia campesina en Colombia y las luchas sociales en Brasil ante la represión contra los anarquistas. Yendo para Oriente Próximo, nos duele otra vez Palestina que sufre otra dura agresión por parte de EEUU e Israel contra Jerusalén, capital de Palestina. En Rojava destacamos la victoria sobre Raqqa y en algunas zonas de Bashur (Kurdistán iraquí) el PKK ha proclamado la autonomía democrática y hay en curso un levantamiento contra Barzani.

Volviendo hacia Europa, tenemos las miradas puestas en Catalunya, donde el Procés tras el 1-O ha dado protagonismo a la autoorganización popular a través de los CDR. Cuando la movilización social estaba prácticamente por los suelos, la llegada de septiembre y el curso de los acontecimientos pareció reactivar en Catalunya un nuevo ciclo de movilizaciones, sin olvidar tampoco la movilización del pueblo gallego durante los incendios ni al pueblo murciano que salió a las calles contra el muro del AVE. La cuestión catalana también ha abierto entre nuestras filas una serie de debates acerca de la soberanía, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, la cuestión nacional y la territorial. Estos debates sin duda han sido de los más sonados entre el anarquismo ibérico y catalán, y la izquierda en general. Para bien o para mal, era necesario una buena sacudida en nuestras filas para desechar viejas glorias y prejuicios acerca de la cuestión nacional, ya que entenderla es clave para conocer los movimientos populares del s. XXI: el Rif, las luchas indígenas y el movimiento de liberación kurdo principalmente.

Dejamos otro año atrás con un buen sabor de boca, al menos para mí, observando cómo comenzamos ya a caminar sobre suelo firme con proyectos y organizaciones como la FAGC, Apoyo Mutuo, la FEL, Embat y nuestras compañeras gallegas que estrenaron este 2017 Bátega. La construcción del poder popular requiere paciencia e inserción en las luchas sociales, como la vivienda, el movimiento estudiantil y la Educación, las remunicipalizaciones, el sindicalismo de clase, el medio ambiente y los barrios.

Para el año que viene, en Catalunya hemos de darle una salida por lo social al Procés y evitar volver al casillero de salida del ritmo institucional. La Asamblea Social Constituyente será decisiva para darle una nueva dirección y legitimidad a los movimientos sociales catalanes de cara a impulsar la construcción de una República y un proceso constituyente desde abajo a la izquierda, poniendo sobre la mesa la mejora de las condiciones materiales de la ciudadanía y la clase trabajadora en materias de: vivienda, barrios y pueblos, servicios públicos (Educación, Sanidad, pensiones, Seguridad social, suministros...), marco laboral y política económica, energías y medio ambiente, y soberanía territorial. Y para el resto de España, la ASC y los CDRs deberían ser ejemplos y motivos para que en el resto del territorio se active también la lucha social, en clave de configurar una política de alianzas entre anarquistas, los movimientos sociales y la izquierda radical de cara a construir una ofensiva contra el Régimen del '78. Recordemos que el art. 155 no es solo para reprimir a Catalunya. También supondrá otra oleada de recortes en derechos y libertades en el resto del Estado español (ya ha sucedido con la intervención de las cuentas del Ayto. de Madrid y del de Cádiz). Debemos ir superando poco a poco los movimientos reactivos (contra la represión, contra ...) para comenzar a plantearnos la ofensiva. Solo un pueblo fuerte será capaz de parar el fascismo y revertir los ataques neoliberales.

Como despedida hasta el año que viene, nos espera un 2018 movido, con un camino duro y lleno de retos que afrontar. Durante estas semanas de reencuentros familiares, no olvidemos cuidarnos nosotros y nosotras mismas junto con nuestros seres queridos y recibamos el nuevo año con alegría, ánimos, esperanzas y muchas fuerzas. Por ello, brindemos una vez más por las victorias que hayamos cosechado el movimiento popular alrededor del mundo este 2017. Iniciaremos el siguiente año con un ciclo político en el cual se nos hace cada vez más importante participar de los procesos de lucha social en las calles. Para el 2018, será clave activar un nuevo ciclo de movilizaciones con vocación de poder popular e ir construyendo una institucionalidad desde la base (asambleas de barrio, asociaciones de vecinos, sindicatos, grupos ecologistas, organizaciones feministas...) como foco de contrapoder y de clase. Tenemos que pasar a la ofensiva si queremos ganar, así que afrontemos el nuevo año con los mejores deseos y anhelos por ese nuevo mundo que llevamos en nuestros corazones, y que tratamos de materializar en estos instantes.

¡Feliz solsticio de invierno para el Norte, equinoccio para el trópico y solsticio de verano para el Sur! La historia solo acaba de empezar. ¡Construyamos colectivamente el futuro en el que deseamos vivir!

Reformulación urgente de la cuestión nacional

¿Por qué el anarquismo no ha casado bien con la cuestión nacional? Es una de las preguntas que rondan en mi cabeza cada vez que oigo hablar de Catalunya en los ambientes libertarios. Por suerte, entre parte del movimiento libertario catalán y del resto del Estado español, se tiene claro qué implica todo esto. Antes de nada, la cuestión nacional no significa solo una bandera, un sentimiento, una patria o un Estado con una serie de características sociales y culturales. La cuestión nacional de la que quiero tratar y que se debe reformular en los ambientes libertarios trasciende lo superficial. Y es que más allá de toda identidad nacional, hay detrás una coyuntura política y una serie de actores políticos y sociales en disputa. Partiendo de aquí, podemos decir que es imposible desligar el nacionalismo con las condiciones materiales dadas en el mismo territorio.

Lejos queda ya atrás los primeros movimientos nacionalistas del s.XIX, y el internacionalismo del s.XX. En pleno s.XXI, las luchas de liberación nacional en algunas zonas del planeta son articulados desde el pueblo, como es el caso de Rojava bajo el Confederalismo Democrático. Lo que hace 200 años tenía un caracter burgués, actualmente se abre la posibilidad al pueblo para iniciar procesos de liberación nacional desde las naciones periféricas, y por supuesto, desde abajo. Esta nueva coyuntura de posibilidades nos debe hacer repensar el discurso antinacionalista decimonónico y el internacionalismo, en la cual, cada vez que se oye hablar de la cuestión nacional, se apelen siempre a los principios, a argumentos de autoridad de anarquistas del s.XX y a un cosmopolitanismo universalista que solo encaja en las conciencias tranquilas, pero no en la realidad material ni en la coyuntura actual. Es por ello que necesitamos una reformulación urgente de este tema, porque estamos quedando como nostálgicos del anarquismo decimonónico, conservadores y guardianes de las esencias del anarquismo. Los tiempos cambian, y si nosotras no sabemos cómo encajar estos cambios y nos resistimos a adaptar nuestra teoría y praxis políticas a la actual coyuntura, nos convierte en conservadores.

Urge pues un cambio de criterios de análisis y de visiones. La reformulación de la cuestion nacional pasa, primero, por pasar de una visión con base en principios universalistas, a tener una visión estratégica sobre la coyuntura que estamos atravesando. No es solo una cuestión de sentimientos e identidades, también hay detrás una serie de acontecimientos (antecedentes) que han llevado al actual escenario, y por ello, qué oportunidades tenemos para incidir. Como dije en párrafos anteriores, la cuestión nacional tiene como trasfondo una serie de condiciones materiales, tanto referente a la situación actual, como a unas nuevas condiciones materiales futuras. Y no solo de condiciones materiales, sino de qué actores políticos están impulsando los conflictos nacionalistas: éstos pueden ser desde la burguesía más conservadora, pasando por las clases medias, ser trasnversal, hasta ser impulsadas por las clases populares. Todo ello implica que cada actor, a través de la cuestión nacional, trata de implementar una serie de condiciones materiales que le favorezcan como clase social bajo el paraguas de un sentimiento e identidad nacional. Esto me lleva a otra pregunta: ¿por qué las luchas de liberación nacional-popular de las últimas décadas las han liderado los marxistas? La respuesta no es porque sean autoritarios, sino que nos lleva a pensar el por qué hemos sido incapaces de capitalizar las luchas de liberación nacional para escalarlas hacia una lucha  por la autodeterminación de los pueblos y en aras de construir un pueblo soberano.

Y como de tal palo tal astilla, la reformulación de la cuestión nacional también nos lleva al internacionalismo. Como tal, el internacionalismo debe basarse en el reconocimiento de la existencia de naciones oprimidas y su derecho a la autodeterminación, así como la hermandad entre los pueblos de distintas naciones y territorios. El internacionalismo que deberíamos reconocer es aquel que reconoce y defiende lo dicho anteriormente, y no aquel que se basa en un cosmopolitanismo cargado de valores universalistas que no encajan con la realidad coyuntural de las luchas de liberación nacional o lo niegan.

Volviendo al tema de Catalunya, el septiembre de este año nos ha venido como un vendaval en tiempos en que las movilizaciones sociales estaban bajo mínimos. Fueron días de cambios acelerados y las calles volvieron a activarse en Catalunya viendo cómo el desafío independentista pasaba a ser un mero conflicto independentista a ser una cuestión de derechos civiles. Este vendaval como agua de mayo significó la oportunidad de activación de un nuevo ciclo de movilizaciones. Entonces llegó el 1-O y la situación fue esperanzadora al ver la autoorganización vecinal desplegada para defender los colegios electorales, incluidos los y las anarquistas, que incluso llegaron a votar. La brutal represión desatada aquel día dio como resultado que la huelga general convocada el 3-O fuese desbordada a pesar de que CCOO y UGT se desmarcaran. Tras ese día de desborde, la situación pasó por momentos de impass, y pareció por un momento que las movilizaciones se iban a desinflar cuando Puigdemont declaró la independencia y la suspendió 8 segundos después. Después de que el artículo 155 llegase al Senado y el mareo institucional, finalmente se aprobó la declaración de independencia, con la consiguiente disolución del Parlament para convocar unas elecciones el 21 de diciembre.

En medio de este vendaval, corrieron ríos de tinta de posturas muy diversas al respecto. No voy a hablar de la evidente actitud totalitaria de los unionistas, sino de los libertarios en sí. Dejando de lado el españolismo más rancio de Unidos Podemos, el cual su discurso encaja ya perfectamente con el Régimen del '78, lo que hemos visto va desde un antinacionalismo esencialista y con olor españolista, pasando por un apoyo a la autodeterminación de los pueblos sin Estado, hasta la defensa estratégica de la construcción de la República catalana y de allí avanzar hacia un Procès Constituent cuyo protagonista sea el pueblo. Aunque nos parezca a todas la evidente contradicción de la última postura, realmente se trata más de una cuestión estratégica más que de principios, y es que todo estos acontecimientos han sido respondidos desde la autoorganización popular para defender el Referéndum, que ahora han pasado a ser Comités de Defensa de la República. Y remarco que a pesar de las innumerables contradicciones que implica siempre avanzar con el pueblo (lidiar con el interclasismo, intenciones de control de asambleas por parte de organizaciones verticales, sentimientos nacionalistas separados de la realidad material, aliarnos con otras fuerzas políticas autoritarias...), nuestra responsablidad como libertarias es acabar con ellas ensuciándonos y luchando junto al pueblo para conseguir que las reivindicaciones puramente nacionalistas y/o independentistas tengan un contenido materialista y socialista libertario sin ir por delante.

Muchas hemos dicho en ocasiones anteriores de que no debemos dejar pasar oportunidades de ruptura como habíamos dejado pasar el ciclo de movilizaciones abierto por el 15M, y hemos acertado. Sabemos pues que la República no será el final, sino un inicio para la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, y sabemos que tampoco será el socialismo libertario en un solo país, sino que deberá ser el inicio de un ciclo de movilizaciones en el resto del Estado español.

La independencia de Catalunya, al margen de todos los memes y parodias que se han hecho sobre el tema con los cuales nos hemos alegrado estos días, nos ha demostrado que, primero, no es ya solo una mera cuestión nacionalista; segundo, que en el s.XXI en Europa aún hay posibilidades de cambios y rupturas en donde el pueblo sea un actor importante en los acontecimientos; y por último, que la unidad de España no será para siempre y que es posible romperla, y con ella, el Régimen del '78. Esta ruptura pasará por una ofensiva popular en favor de una república federal en España que acabe con los resquicios del franquismo y establezca un nuevo marco coyuntural que implique una mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora del Estado español. La actual izquierda española, por desgracia, está demostrando no estar a la altura de las circunstancias al atrincherarse en posturas defensivas en medio de la polarización de la sociedad. Esta izquierda débil está dejando que el fascismo crezca y por ello, que acaben con cualquier otra vía de ruptura.

En resumen, no podemos permitir ahora una regresión, y por todo esto es necesario que los y las libertarias atajemos la cuestión nacional desde una perspectiva estratégica, que aunque llena de contradicciones, nos permita trascender el mero independentismo y poner así sobre la mesa temas materialistas tan importantes como la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, construcción de un nuevo modelo de institucionalidad a partir de los organismos populares (CDRs, sindicatos de clase, AAVV, cooperativas, ...), la defensa de la soberanía popular (con ello, las soberanías polícia, económica, territorial, alimentaria, socio-cultural, energética...) antes que la soberanía nacional, y así avanzar hacia el modelo de sociedad socialista libertario por la que luchamos.

Hablemos de institucionalidades

En relación a la cuestión catalana de estas fechas, se está hablando y comentando sobre esa transición hacia la República catalana, algo que implica muchas cosas y no solo la definición de unos nuevos marcos laborales, comunitarios, de servicos públicos, etc.. sino también de institucionalidad y administración territorial. Aquí entran una serie de conceptos que deberían ser aclarados y que no debería reducirse simplemente a "Estado". Obviamente en el corto plazo no podríamos hablar de la no creación de un nuevo Estado catalán y sabremos que otro Estado no será la solución, y entonces, si no es la creación de un Estado, ¿qué será entonces? La comuna de comunas, la anarquía, el control obrero son conceptos que quedan bien sobre papel, pero necesitamos una base más concreta sobre la que asentar nuestro futuro proyecto político. A lo que pretendo llegar es a aclarar qué es de lo que realmente estamos hablando cuando hablamos de institucionalidad, de administración etc... Diferenciaremos pues entre modelo institucional y Estado,  administración y gobierno, o política y arte de gobernar. Es clave que tengamos claro estos conceptos si asumimos que tenemos la responabilidad en ser parte activa del proceso que estamos viviendo en estos tiempos en Catalunya.

Puede sonarnos muy novedoso el concepto de institucionalidad, y por ello erróneamente suele relacionarse con el Estado o instituciones de la actual democracia burguesa. No obstante, estos conceptos ya los trató Bookchin y Janet Biehl, su alumna. Cuando hablamos de institucionalidades, nos referimos a cómo se configuran en conjunto las administraciones públicas, los mecanismos de tomas de decisiones, la justicia, los órganos legislativos, las defensas, etc... y ello no implica necesariamente un Estado. Los modelos de institucionalidad no estatales los podemos ver en el Consejo de Aragón, en la Comuna de Shinmin, los caracoles Zapatistas o Rojava mismo. En este sentido, cuando hablamos de configurar un nueva nueva institucionalidad, hablamos de cómo llevaremos a cabo la implementación de un nuevo modelo de sociedad en la cual las actuales funciones que están en manos del Estado sean, o bien eliminadas por ser innecesarias o bien, sustituidas por los órganos de la nueva sociedad. En otras palabras, el pueblo tomaría las riendas de su propio destino sin necesidad de ningún organismo centralizado, autoritario y separado de la sociedad decida sobre él, sino que la nueva sociedad constuirá su propia institucionalidad, que en el caso del socialismo libertario, se tratará de una institucionalidad basada en la democracia directa, el apoyo mutuo, la justicia y la igualdad social.

De dicha nueva institucionalidad, nos trasladamos hacia el modelo de administración, que no tiene por qué significar gobernar ni tampoco implica la toma de decisiones políticas. En un Estado, la administración está sujeta a decisiones políticas y al gobierno, es decir, depende de otros organismos que conforman el Estado y por tanto, funcionará acorde a las decisiones del gobierno. En cambio, una administración democrática como la de Rojava implica la separación entre las decisiones políticas y sus ejecuciones. Explicado de otro modo, las decisiones políticas se toman desde las asambleas de barrio y éstas se trasladan a la administración para que ejecute dichas decisiones. En ella vemos que la administración no toma realmente decisiones por sí misma, sino que su papel consiste en facilitar los recursos técnicos y logísticos para que desde los organismos (en este caso las asambleas de barrio, pero pueden ser igualmente consejos obreros/agrícolas, cooperativas...) decisorios deliberen sobre las opciones más acertadas, y se acordará con la administración el poner en marcha dichas decisiones en condiciones de igualdad. Es entonces cuando la administración pública se convierte en un organismo al servicio del pueblo, no para el mantenimiento del orden de un Estado.

Y finalmente, esto nos lleva a diferenciar entre hacer política y arte de gobernar. Hacer política significa tomar decisiones sobre todo aquello que atañen a los problemas y necesidades cotidianas o a la organización de la nueva sociedad. Pero esto no quiere decir que en lo inmediato no hagamos política, de hecho la tenemos que hacer hoy en día primero organizándonos a nivel político para luego ser una herramienta capaz de potenciar y radicalizar los conflictos sociales. Esto significa que la política no es algo que esté lejos del alcance de la población y que solo se realiza desde las actuales instituciones burguesas y el Estado a través de partidos políticos electoralistas, sino algo que hemos de recuperar sobre todo los y las libertarias para no estar siempre viendo cómo nos cuelan recortes en derechos y libertades, escándalos de corrupción, robo de dinero público, mentiras, destrucción de nuestro entorno natural..., y cómo juegan siempre a favor de los intereses de la clase dominante. Recuperar lo político nos permitirá tomar partido sobre los problemas cotidianos que nos están ocurriendo a la clase trabajadora para acumular fuerzas a nuestro favor, y volver al escenario como actor y fuerza política frente a lo que es el arte de gobernar, que es todo ese conjunto de artimañas de la actual política que siempre favorece a sus propios intereses en detrimento de la mayoría de la población, la cual es reducida a simples votantes que no tienen capacidad decisoria sobre las políticas del país. En otras palabras, el arte de gobernar es la política escenificada, espectacularizada y separada del alcance de la población para decidir por encima de ella.

Lamentablemente, la complejidad de nuestra actual sociedad implica ofrecer soluciones realistas en el medio-largo plazo, y ello implica entender que la nueva sociedad socialista libertaria necesitará estar fuertemente organizada para defender su soberanía. Por eso, hablar de la construcción de una nueva institucionalidad no nos debería asustar, al contrario, nos permite materializar nuestras bases políticas sobre la praxis, sabiendo además que las actuales estructuras asamblearias (sindicatos, cooperativas, asociaciones de vecinos, organizaciones políticas, etc) serán los futuros organismos que conformarán la nueva institucionalidad.

Nota: Lo expuesto en este artículo tiene base en el libro de Janet Biehl "Las políticas de la ecología social: municipalismo libertario", que me parecen claves para tener referencias en el medio plazo en los momentos en que el poder popular necesite consolidarse y reafirmarse como actor político de cambios y germen, por tanto, de la nueva sociedad socialista libertaria.

El Referèndum de Catalunya como oportunidad de avanzar

Por @BlackSpartak

En estos días, con la aprobación de la convocatoria del Referendum de Autodeterminación y de las leyes de transición hacia la República Catalana - y su consiguiente impugnación automática por parte del Estado que ha utilizado todas sus palancas (Gobierno, Tribunal Constitucional, Fiscalía, Delegación de Gobierno, Guardia Civil) - se ha iniciado la precampaña del 1 de Octubre. Todos los medios de comunicación hablan de ello. Los cruces de acusaciones son continuos, igual que las maniobras de cada lado.

La militancia social y obrera (sea ésta libertaria, autónoma o comunista) llega a esta cita con pocas energías dado el vaciamiento de las calles en los últimos años. Por fortuna las luchas laborales (TMB, estibadores, aeropuerto, kellys, manteros, etc.) y las campañas vivienda/turismo están sirviendo para agitarlas, y esperemos que sea ésta una via creciente en los meses que vienen. Las necesidades materiales deben ser el centro de la actuación de la militancia.

Pero sería absurdo negar la realidad y dar la espalda al choque de trenes que está teniendo lugar en estos momentos en torno a la cuestión catalana. Las Instituciones catalanas están cortando sus vínculos con el estado español. Y éste se defiende de la manera más desastrosa posible, apagando el fuego con gasolina, a base de declaraciones desafortunadas y amenazas... y utilizando el fantasma de la represión. En Catalunya se corre el peligro real de una ocupación policial (militar me parecería un calificativo exagerado) que podría alcanzar un nivel similar al que padece Euskal Herria (doy por hecho que el estado meterá en vereda a los Mossos d’Esquadra; me sorprendería que no lo consiguieran) en unas pocas semanas, de seguir así las cosas.

Bien, y no solo ocurren estas cosas por arriba. A nivel de base la población, al menos la de las comarcas, ya hace tiempo que ha roto todo vinculo emocional con España. Para ellas, ésta ejemplifica todo lo malo: monarquia, autoritarismo, facherío, caspa... y la idea de la República Catalana viene a significar el progreso y la democracia. No hablo en absoluto de revoluciones, que conste, pero la población está en una fase de desafección que podrá llevar a la desobediencia civil. Ya lo podemos ver hoy mismo con la concentración espontánea en Valls contra los registros de la Guardia Civil en una imprenta y su repercusión en Tarragona haciendo ya una concentración delante del cuartel de los civilones.

La realidad social es que la clase media y la juventud catalanas están rompiendo (si no lo han hecho ya) con España. Solamente queda por definirse la clase trabajadora de los barrios obreros. En los barrios la independencia no nos quita el sueño. Nos quita el sueño no poder pagar el alquiler, no encontrar trabajo, la incertidumbre de nuestra pensión o tener unos servicios (sanidad, educación) cada día en peores condiciones. Por si fuera poco quien más ha hecho por machacar a la clase trabajadora ha sido la burguesía catalana, parte de la cual nos pide hoy su ayuda para lograr la independencia. Por otro lado sería ingenuo equiparar toda persona movilizada por el tema soberanista a burguesía. Habría dos millones de burgueses, entonces, cosa imposible. Hay un buen porcentaje obrero en las movilizaciones independentistas y sería lo suyo reconocer su participación en las movidas sociales (en la defensa del territorio, en las mareas, en las remunicipalizaciones o incluso en las huelgas generales) de muchos de sus militantes.

La desafección al régimen del 78 en Catalunya comenzó a finales de la década pasada. Tuvo una incidencia directa la crisis económica, que arruinó a parte de la clase media (en realidad una parte de la clase obrera que había ido “a más”). Es decir, que existen unas causas materiales latentes. Y sin embargo, la crisis está estallando por lo político y lo simbólico: la cuestión nacional. Posiblemente porque todo estallido en el eje social ha sido evitado por la aparición de la Nueva Izquierda y por la negativa de UGT y CCOO a convocar nuevas huelgas generales.

Bien, quizá tenemos que reconocer nuestra incapacidad de lograr un conflicto construido en torno a las causas materiales. Y en esto hay una razón que veo una y otra vez: la falta de organizaciones de masas que aglutinen las luchas materiales. No existe una gran organización popular o (movimiento de movimientos) que junte unas cuantas decenas de miles de personas en base a algunos puntos comunes. Es una debilidad estructural de la izquierda que provoca que llegado este momento histórico no tengamos fuerza propia y no podamos influir en los acontecimientos. El lugar de la izquierda revolucionaria es dentro de estas grandes organizaciones de masas. En vez de esto tenemos una atomización enorme de las luchas sociales y una segmentarización o especialización. Esto genera indirectamente un espíritu de competencia y no de unidad o solidaridad, que nos mantiene en la marginalidad.

Por otro lado, veo con vergüenza ajena el papel de la izquierda institucional (los Comunes, Iniciativa per Catalunya) jugando el rol de apagafuegos e intentando desactivar el conflicto (no lo olvidemos: el único conflicto con posibilidades que hay planteado contra el Régimen del 78). Y la izquierda revolucionaria va más o menos en este mismo sentido, salvo los grupos marxistas de liberación nacional, que lógicamente apoyan la ruptura de España. En tanto al papel de la CUP, éste ha sido el de radicalizar el Procés Soberanista, arrastrándolo hacia posturas más ambiciosas utilizando su fuerza parlamentaria y su presencia institucional. Durante un tiempo parecía que todo era un bluff, y que los dirigentes del Procés nunca se atreverían a llevar a cabo lo que afirmaban en los mítines.

Seamos claros, el Referendum del 1 de Octubre, no significa la independencia. Eso tardará años en darse, si se da. De celebrarse es posible que se pongan sobre la mesa nuevos debates como el del modelo de estado, el rol de las autonomías, el autoritarismo identitario español, etc. Entrar en estos debates significa una oportunidad para la izquierda revolucionaria. No por que vayan a concedernos minutos de televisión, si no porque por primera vez desde el 15M la población tendrá orejas atentas a su discurso. Y allí sí, podremos plantear las cuestiones materiales como eje central del conflicto.

En cuanto a qué ocurrirá si no se puede celebrar el referendum, yo veo dos posiblidades: o una escalada hacia enfrentamientos más serios (y violentos) que traería una semi-ocupación policial de Catalunya con controles de carreteres y un acoso constante, multas, destitución de ayuntamientos, algunas detenciones, etc. y el otro escenario sería el de la derrota. No nos autoengañemos, una derrota en Catalunya significa la desactivación de la militancia de una de las partes más dinámicas del estado. Y esto afectará de lleno a la lucha social en otros ámbitos (porque una derrota importante te envía a casa y no al colectivo de al lado). Igualmente tendrá repercusiones en otros territorios, de la misma forma que una contestación más amplia en Catalunya tendrá inevitable repercusión en el País Valencià, Baleares y Euskal Herria. Por ello necesitamos la multiplicación de conflictos y movilizaciones en este mes en todas partes.

Estamos aún lejos de cualquier revolución socialista y libertaria, pero estamos relativamente cerca de vivir una revolución democrática en un territorio europeo. Nuestra tarea de revolucionarias es contribuir a que se dé, o, al menos, a arrastrarla hasta el máximo, explotando todas las contradicciones. No me produce especial gracia el hecho de que la clase media sea quien esté liderando este proceso de liberación y eso habla de nuestra debilidad estructural. Por supuesto, para seguir explotando todas las contradicciones y avanzar nuestra prioridad número 1 debe ser la creación de un bloque popular de masas que recoja las reivindicaciones de las de abajo. Sólo esto podrá arrastrar todo el Procés hacia nuevas confrontaciones en el futuro en una dirección socialista.

¿Independencia como ruptura?

Traducido por Dexter del texto original Independència com a ruptura?

En una cuenta atrás hacia el día del referéndum en Catalunya, un miembro de la organización libertaria Embat reflexiona sobre la oportunidad que supone este desafío al Régimen del 78 y la necesidad de articular un movimiento popular

Todo movimiento de intención revolucionaria busca continuamente escenarios de mejora de su situación. Si no lo hace, corre el riesgo de acomodarse a las circunstancias y vivir a gusto en un antagonismo sin opciones de transformación social real. Aquello de 'contra Franco vivíamos mejor' se entiende por la sensación de impotencia que tienen los movimientos populares actuales (o el embrión de movimientos populares, más correctamente) con respecto a la situación política española y catalana. Algo tendremos que hacer si queremos cambiar el panorama radicalmente.

Los dos principales problemas que afronta en la actualidad el gobierno de Rajoy son, por un lado, el peligro de una victoria "populista bolivariana" (es decir, que gane unas elecciones Podemos y sus aliados) y, por otra, la independencia de Catalunya. El movimiento popular ni está ni se la espera y no preocupa nada entre las élites del Estado (y no digamos ya el movimiento libertario o el comunista, una vez derrotada la contestación vasca). Son estos dos 'peligros' que afronta España hoy día los que le garantizan invariablemente millones de votos al PP y al PSOE en cada elección y no si Rajoy o ZP gobiernan bien o mal. Estos votos son fieles a la continuidad del Régimen del 78, tal como es ahora, y son la base social del estado actual de las cosas.

Como ya sabemos, un gobierno de Podemos no alteraría mucho el escenario - vista su trayectoria - y opinamos que sería un gobierno socio-liberal (capitalismo con rostro humano) del estilo de Syriza, pero que no cuestionaría ni las estructuras postfranquistas del Estado ni tampoco el sistema capitalista liberal imperante. Este sistema de democracia posfranquista impediría cualquier cambio en profundidad hecho desde el gobierno, no dudando en recurrir a cualquier método legal o ilegal, sea político, mediático, judicial, de boicot del funcionariado, bloqueo administrativo o amenazas de las cloacas del Estado (ver el documental 'Las Cloacas de Interior'). El Estado profundo tiene muchas herramientas a su alcance.

Por lo tanto, queda la posibilidad de una independencia de Catalunya. Aquí el Estado se siente amenazado, ya que no termina de controlar todas las palancas. Hay una cuestión clave: se han movilizado una parte importante de las personas de Catalunya por el derecho a decidir. Estas movilizaciones han arrastrado a los antiguos gobernantes autonomistas hacia posiciones netamente independentistas. Y es en este sentido que aparece la convocatoria del 1 de Octubre. La base social independentista obliga al Govern de la Generalitat a mover ficha continuamente - si bien tampoco lo hace muy rápido, dando facilidades a los enemigos del referéndum.

No sabemos si el referéndum se celebrará o no, ni si será vinculante o no. Tampoco sabemos si ganará el Sí - aunque se sospecha que así será. Lo que sabemos seguro es que de celebrarse, se abrirá una época de enfrentamientos entre las élites españolas y catalanas como no habíamos visto antes. Digámoslo claro, Catalunya sólo tendrá opciones de convertirse en un estado si hay movilizaciones significativas y sobre todo si las personas movilizadas están dispuestas a la desobediencia. No basta con exigir a los políticos que desobedezcan desde la comodidad del sofá de casa. El independentismo se deberá mojar de verdad para ganar.

Volviendo al movimiento popular con intenciones transformadoras (y eventualmente revolucionarias) - que es lo que me interesa -, algunas decimos por activa y por pasiva que debe convertirse en un actor clave de la vida política y social catalana. No creemos que tenga que estar ligado al movimiento independentista, ya que hay mucha gente sinceramente de izquierdas y con conciencia, que desconfía legítimamente de los políticos que están liderando el Procés Sobiranista. Los casos de corrupción de CiU, los recortes, la demagogia habitual, el patriotismo excluyente y xenófobo, el 'Tea Party a la catalana', los indepes hiperventilados, las peleas internas hacen desconfiar de cómo será esa República Catalana de la que hablan. A ver, ¡nos gobierna nuestro enemigo de clase!

El movimiento popular debe ser autónomo de este movimiento independentista transversal y en todo caso, aprovechar en su beneficio la independencia - o, mejor dicho, aprovechar el período que vendrá a partir de octubre. Sería absurdo esperar una revolución sin un movimiento popular amplio compuesto de organizaciones de masas. Recordemos otras épocas: La revolución cantonalista fue hija de la Revolución Gloriosa, el final del reino de Isabel II; la revolución de 1936, sólo vino después de la caída de la Monarquía y la implantación de la Segunda República; la Revolución de Octubre sólo vino después de la Revolución de Febrero y la caída del zarismo... incluso los Panteras Negras vinieron después del movimiento de los derechos civiles y no antes. Es decir, que todos los procesos revolucionarios pasan por un estadio previo de ruptura simbólica con la época anterior. Esta ruptura es psicológica y política y coloca las personas ante un nuevo escenario más avanzado, en el que ya pueden ver la posibilidad de una sociedad revolucionaria. No hay atajos.

En estos momentos, el Régimen del 78 sigue disfrutando de un amplio apoyo ciudadano, a pesar de la aparición de nuevos partidos. No caerá solo sin una crisis más grave. La oportunidad abierta por el 15M fue cerrada por la aparición de Podemos - y, reconozcámoslo, debido a la debilidad estructural de lo que habíamos creado desde abajo: unos contrapoderes que no eran conscientes de su papel histórico. La otra opción para debilitarlo es la cuestión territorial.

Con todo, en este periodo que supuestamente se abrirá en octubre, el movimiento popular tiene la tarea de estructurarse y ampliarse. Por una vez desde hace muchos años, tenemos que asegurarnos de ser un actor en la determinación de las políticas públicas sin que nadie lo haga por nosotras, sin que nos coopten ni nos suplan, ya que el movimiento popular no se impulsa desde arriba.

Nuestra misión es hacer que las élites del país, políticas y económicas, las que lideren la transición a la independencia, no puedan gobernarnos. Tenemos que crear situaciones de ingobernabilidad en todos los niveles y, por supuesto, establecer mecanismos de autogestión y autoorganización popular para algún día hacernos cargo del país - que por eso somos revolucionarias.

Esto lógicamente no lo haremos siendo un movimiento de movimientos atomizado en mil colectivos. Hay que convocar asambleas de movimientos y conectarlos entre sí para sentirnos parte del mismo movimiento. También hay que establecer unos objetivos, unas estrategias y un funcionamiento común.

Reconocemos que es una tarea titánica. Además vemos que no se está yendo en esta dirección. Al contrario, nos quedamos en espacios de confort ideológico y en luchas localistas (entendidas como que no queremos salir de nuestro territorio de militancia). Ni siquiera se está luchando para crear organizaciones grandes y plurales y en cambio preferimos varias pequeñas divididas por ideologías o tácticas, que tendrán dificultades para alcanzar trascendencia.

Afrontemos el papel que nos toca y creemos el movimiento popular que necesita nuestro pueblo.

@BlackSpartak

 

Barcelona. Entre el caos y el miedo

Antes que nada, mi más sincera muestra de solidaridad y apoyo a las víctimas de este horrible atentado, y de muchos más cometidos a lo largo y ancho del globo. Aquel 17 de agosto sobre las 17h de la tarde se produjo en Barcelona un atentado similar al vivido días atrás en Charlottesville, donde un neonazi atropelló a una veintena de personas al conducir su coche hacia un grupo de personas en una manifestación antifascista, dejando una víctima mortal. Esta vez el autor es un terrorista del Daesh que alquiló una furgoneta y arrolló una veintena de personas en la Rambla. Posteriormente, hubo un atropello a varios policías en Espluges y otro intento de atentado en Cambrils a la madrugada. Estos hechos se suman ya a los anteriores atentados en París y Bruselas, por mencionar los más recientes, en suelo europeo, sin olvidar la situación casi diaria en Siria, Turquía e Iraq, y las zonas donde opera Boko Haram.

A estas alturas ya no nos deberíamos sorprender de cómo el foco mediático recae sobre los atentados en suelo europeo, mientras que los cometidos en otros países donde derraman además mucha más sangre quedan en segundo plano. No nos dejemos llevar por el pánico, el sensacionalismo y el morbo que retransmiten en los medios de comunicación e individuos irresponsables en las redes sociales. En medio de todo el caos y el estado de shock, el poder dominante aprovecha para recortar libertades e imponer estados de excepción. En esta situación la derecha (desde la más liberal a la más fascista) aprovecha para soltar sus discursos racistas, xenófobos, autoritarios e islamófobos, señalando como culpables a la inmigración y a la afluencia de refugiadas a Europa bajo un discurso de odio al diferente.

No obstante, ante la percepción distorsionada y llena de prejuicios sobre la situación de la derecha, -además intencionada-, ya que precisamente ese posicionamiento beneficia a las clases dominantes, la realidad que vivimos es otra: las víctimas son en su gran mayoría de clase trabajadora, personas que además de tener que enfrentarse a los riesgos en sus centros de trabajo, pagan con su sangre los viles actos terroristas de un grupo financiado y alimentado por Occidente bajo unos intereses económicos y geoestratégicos en Oriente Próximo.

A Occidente lo le interesa la paz en Oriente Próximo, no le interesa que hayan países soberanos que les planten cara frenando el saqueo de los recursos naturales de dichos países, y por eso, cuenta con Turquía, Israel y Arabia Saudí principalmente para seguir manteniendo la zona en conflicto. Ahí tienen un suculento negocio con las armas y el petróleo, mientras promueven la expansión del wahabbismo y el salafismo, ramas extremistas del islam las cuales constituyen las bases ideológicas del Daesh, Boko Haram y Al-Qaeda. Y ahora mismo, las únicas fuerzas que están en primera línea combatiendo al Daesh son el YPG/YPJ aliadas con las SDF, las cuales apuestan por un proyecto político de paz laico, democrático y socialista no solo para Siria, sino para todo Kurdistán y Oriente Próximo. Pero mientras la guerra continúe, a parte de los atentados en zonas de conflicto, vendrán los terroristas a cometer atentados que se cobrarán más víctimas inocentes, a costa además de los recortes en libertades y derechos civiles con la excusa del terrorismo, así como anular la legitimidad de las luchas sociales.

Hoy más que nunca la clase trabajadora debe permanecer unida ante estas situaciones de barbarie. Las muestras de solidaridad ya se han visto entre los y las trabajadoras de Eulen que suspendieron su huelga, taxistas que ofrecieron un servicio gratuito para evacuar la zona, colas para donar sandre y personas que prestaron asistencia a los heridos en el lugar del atentado. Esto demuestra que solo el pueblo salva al pueblo y levanta los ánimos y esperanzas por un mundo más justo. Hoy más que nunca tenemos que seguir trabajando en la integración de todos los colectivos sociales y seguir adelante con la lucha social construyendo pueblo. Tenemos que saber reaccionar ante esta oleada de paranoia y de discursos de odio fáciles reivindicando la diversidad cultural, el apoyo a las personas migrantes y refugiadas, la defensa de nuestras libertades y derechos, el bloqueo de la venta de armas a países que financian y alimentan el terrorismo como Turquía, Arabia Saudí, Qatar e Israel, y el fin de la guerra en Siria y Yemen. Por todo eso y más, digamos basta ya de jugar con nuestras vidas, basta ya de engañar y amedrentar a la población, basta ya de justificar guerras contra el fantasma del terrorismo que ellos mismos han fabricado directa e indirectamente.

Se nos avecinan tiempos difíciles, y es fundamental que continuemos con la gran labor de construir un pueblo fuerte que oponga la soberanía popular frente al neoliberalismo y al fascismo en auge.

 

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