Qué hacer ante la represión policial y sus prácticas tránsfobas

Tras profundizar durante unos meses sobre la realidad de las personas transexuales he descubierto nuevas perspectivas y me he planteado cosas que nunca había hecho, ya que mi realidad como mujer cis no lo había necesitado. La reflexión que dejo aquí, surge a partir de haber asistido, el 30 de abril de 2017, a una charla sobre represión a personas no cis-normativas, desde una perspectiva transfeminista, enmarcada en las jornadas del Tattoo Circus, llevadas a cabo en Vallekas. La charla fue expuesta por el colectivo catalán El Nudo Transfeminista(1), a raíz de la presentación de un fanzine donde exponen la realidad y las pautas a tener en cuenta en caso de represión a personas trans o no cis-heteronormativas. Lo que vais a leer a continuación no son más que algunas notas, pasadas por el filtro de mi propia subjetividad en el proceso de asimilación, pero me parecen lo suficientemente importantes para tenerlas en cuenta, ya que desde la perspectiva mayoritariamente cis de los movimientos políticos, no suelen valorarse:

Pese a que una persona trans socialice con una identidad concreta, si le detienen/registran/identifican y se identifica con esa identidad, diferente a la que aparece en su carnet de identidad, puede ser tomado como una falta hacia la policía o un obstáculo a su labor. Es necesario saber muy bien cómo actuar en esos casos, porque ellas(2) tienen derecho a identificarse con cómo se sienten y no como están registradas por un sistema que no las tiene en cuenta. Si la policía no respeta la identidad con la que se identifica y socializa una persona trans está incurriendo en un delito. La policía debe estar informada de la ley(3) y si no la aplica puede ser denunciada por delito de transfobia.

Algunas cosas que se deben tener en cuenta en el caso de la represión a personas transexuales son:

- Avisar a un/a abogado/a e informarle de la situación y, en caso de conocer algunos requisitos legales específicos referentes a las personas trans, hablarle de ellos y especificar, siempre que sea posible, el artículo concreto en que hace referencia, ya que muchas veces no suelen estar formados/as en algo tan específico y dar esta información puede ayudar a que se agilice el proceso.

- Haber acordado previamente con la persona si en caso de detención quieren que se avise a sus familias (esto sirve para cualquier caso represivo, pero con más razón en personas trans, donde las relaciones familiares pueden haberse visto especialmente afectadas por el tránsito).

- Informar al/la abogado/a (y al cuerpo de policía si procede, sin poner en peligro a la persona que lo haga) de si la persona detenida está tomando algún tipo de medicación concreta, ya que están obligados a dársela.

En algunas regiones se están empezando a crear leyes concretas, sobre represión en personas trans. En el caso concreto de Catalunya, se ha elaborado una nueva ley, que reconoce incluso el derecho de la persona trans a elegir con qué grupo quiere ser encerrado de forma que sus seguridad e integridad no se vean comprometidas.

Además el colectivo que llevó a cabo la charla, reivindicó algunas cosas a las que, como mujer-cis me sumo en apoyo: la necesidad de tener en cuenta las diferentes realidades sociales que a traviesan a las personas trans, una teoría homogeneizante sobre transexualidad no sirve para todos los casos (me permito añadir: ni en transexualidad, ni en feminismo, ni en muchas otras reivindicaciones políticas), los colectivos antirrepresivos, cuenten o no con una persona trans dentro de su organización, especialmente si cuentan con ella, deben tener en cuenta, no sólo la teoría sino lo que verdaderamente significa sentirse trans, se deben fomentar los cuidados emocionales en las dinámicas de acción y organización, especialmente en casos de detenciones.
Los movimientos anti-fascistas/capitalistas/racistas/machistas, etc. deben dejar de invisibilizar y desprestigiar la lucha de las personas
trans, catalogándolas de actividades de reivindicación festiva.

A las personas cuya sensibilidad se haya visto afectada por lo dicho, os recomiendo que antes de lanzar comentarios a la defensiva os reviséis vuestros privilegios y hagáis un esfuerzo de autocrítica, si hoy comparto esto aquí después de tantas semanas es porque yo misma he intentado hacerlo y sensibilizarme ante esta realidad que, si bien no me toca de forma directa, procuro comprender despacio y con esfuerzo, y no, aún no lo sé todo ni lo sabré nunca en tanto en cuanto no podré ponerme nunca en su piel y sentir, como sienten ellas sus agresiones, macro o micro(4) por nuestra parte, por parte del sistema. 

1- Nudo Transfeminsita. Para más información podéis poneros en contacto con ellxs a través de su correo electrónico elnudotransfeminista@riseup.net

2- Ellas. Cuando utilizo el pronombre ellas, hago referencia a personas, ya que en el idioma castellano no existe un neutro reconocido, y aún pudiendo usar alternativas como –e –x -@, no estoy segura de que ninguna de estas terminaciones u otros artículos tengan la capacidad de representar las diferentes realidades identitarias no normativas. Si bien esta elección puede no ser la más adecuada, la he tomado bajo la perspectiva consciente de que aún me queda mucho por conocer y matizar.

3- Sujetas al reglamento jurídico de cada Comunidad Autónoma. 

4- macro/micro. Esta categorización hace referencia a la teoría feminista y las agresiones micromachistas, tal y como Luis Bonino acuña el término: haciendo alusión no a su “importancia” o “tamaño”, sino al nivel de visibilidad de la violencia ejercida por su normalización cultural.

 

Nuria E.

Yo siento mi identidad. Transexualidad en menores

En recuerdo de Alan

Hace pocos días hemos conocido la noticia del suicidio de Alan, un joven transexual de tan solo 17 años de edad y que vivía en Barcelona. Alan se quitó la vida al no poder soportar el acoso escolar y la presión social a la que era sometido, tras haber decidido tomar la identidad sexual con la que se sentía plenamente a gusto.

Numerosas concentraciones y manifestaciones de repulsa se han sucedido estos días en diversas ciudades del Estado español, e incluso la noticia de este caso particular ha tenido repercusiones internacionales.

Alan decidió poner fin a su vida, pero muchas personas sabemos que la transfobia es la verdadera asesina en estos casos. Esta transfobia tiene rostro de personas, de aquellas que deciden llevar una actitud intolerante y acosadora, y a quienes debemos parar los pies en nuestro día a día, siempre que detectemos el más mínimo indicio de esta realidad. Conscientes de esta situación, reconocemos que por delante tenemos una importante labor de pedagogía social y cultural, debemos acercar el discurso transfeminista y queer a las personas que nos rodean.

Hay que romper barreras cimentadas sobre el rechazo a la diversidad en igualdad, mantener viva la memoria de personas como Alan, que nunca se pierdan en el olvido, y que estos desgraciados hechos nos catapulten hacia la consecución de un altavoz social y hacia la unidad entre personas que nos reconocemos diversas e iguales.

Organizarse para luchar contra el estigma social.

En el último tiempo viene siendo cada vez más conocido el arduo trabajo que llevan a cabo colectivos transgénero como la Fundación Daniela, que acoge en su seno a distintos adolescentes y jóvenes transexuales, mostrando sus casos particulares como ejemplo social y lección de vida. Esta fundación ha realizado en alguna ocasión jornadas afectivo-sexuales, a una de las cuales personalmente acudí y comprobé la labor organizada que realizan estos jóvenes junto a profesionales de la psicología.

También destaca Chrysallis, asociación de familias de menores transexuales, es decir, un colectivo de madres y de padres de menores transexuales que han decidido unirse para romper estigmas sociales. Aportan información y recursos educativos como videos, cuentos y folletos, además de un contacto cercano a cualquier persona interesada en formarse.

Una sencilla y muy útil herramienta en este sentido es el documental grabado hace escasamente dos años: “El sexo sentido”, ayuda perfectamente a abrir los puntos de vista, a darse cuenta que es más común de lo que pensamos que un niño o niña con escasa edad, quizá cinco o seis años, sea plenamente consciente sobre cómo siente su identidad. Nos pueden aportar pistas para actuar convenientemente, reunirnos con otras personas que puedan aconsejarnos y dotarnos de información sobre un tema tabú en nuestra sociedad… la transexualidad en menores.

La educación que tenemos por delante en este camino.

La transexualidad siempre se vincula a la salud mental, y no caemos en la cuenta de que la verdadera enfermedad social es la intolerancia. Sin embargo, para estudiar un caso de deseo voluntario de cambio de sexo, se deriva siempre al análisis de trastornos mentales como primer paso, y de manera secundaria se envía a la persona al endocrino.

La toma de conciencia de la identidad sexual se puede ver enfrentada a los roles o estereotipos de género como construcción social, esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo es un cuerpo prototipo? ¿Acaso la creación de estéticas diferenciadas no es la primera violencia a la que se ven sometidas las niñas y niños? No debemos caer en el error de pensar que la transexualidad es un capricho o una elección inmadura, cada cual en su proceso de formación de la personalidad y evolución psicosocial decide qué hacer con su identidad, pero en el caso de menores transexuales se ven afectados y afectadas por una gran presión social y mensajes contradictorios debido al desconocimiento.

En los casos de indicios de transexualidad en la infancia es imprescindible la comprensión familiar. Es necesario difundir la información existente y profundizar, pues en muchos casos algunos padres y madres no formadas lo suficiente llegan a confundir transexualidad con homosexualidad, es decir, se mezclan identidades con atracciones sexuales.

En los casos de niños y niñas transexuales, se pueden producir tensiones cuando llegan los cambios de la pubertad, actualmente la inhibición de la pubertad queda cubierta por la seguridad social. Sin embargo, no es hasta los 16 años la edad legal permitida para comenzar a hormonarse, y a los 18 años es la edad legal para la operación conocida como cambio de sexo, tratándose en realidad de un "tránsito social", comenzando a vivir de acuerdo a su sexo sentido. Además, no existe una correspondencia clara entre la identidad sexual y la documentación oficial, el cambio de nombre sigue siendo un escollo en menores a día de hoy. Todos estos procesos y obstáculos en la pubertad de un adolescente o una adolescente transexual suponen un desgaste psicológico muy grande, tanto para ellas como para sus familias. Y a esto hay que añadirle la incomprensión social, el ensañamiento y las actitudes intolerantes en muchas situaciones de la cotidianeidad de estas personas.

A modo de breve conclusión, me gustaría indicar algunas de las estrategias pedagógicas que debemos enfrentar cuanto antes. La educación de los niños y niñas en un futuro por nosotras debería incluir las siguientes claves:

  • Eliminación de estereotipos y constructos sociales.
  • Romper el binarismo hombre-mujer.
  • Creación de espacios mixtos de libre ejercicio de la igualdad.
  • Total libertad, experimentación y no juzgar, sino acompañar en el aprendizaje.