Desatomizar lo atomizado. Las claves para comprender el anarquismo social

 

Hace poco la Federación Anarquista de Gran Canaria, compartía con nosotros/as por las redes sociales unas interesantes características que ayudasen a comprender de manera sencilla a qué nos referimos más o menos cuando hablamos de anarquismo social:

  1. Son colectivos y proyectos que, sin importar la estructura, nuevos o viejos, se definen por su trabajo más que por corriente ideológica.
  2. Generar teoría les importa mucho menos que a sus antecesores. Prima el trabajo y la práctica y es esta la que define el discurso.
  3. Su marco de actuación es el barrio o el pueblo, y no los clubes cerrados.
  4. Su militancia no es para los afines ideológicos. Militan con la gente del barrio.
  5. El identitarismo anarquista no es lo suyo. El anarquismo es más bien una práctica que una identidad excluyente.
  6. Trabajan en las necesidades básicas. En laboral, vivienda, etc. Y en problemas que afectan al barrio.
  7. Participan en luchas populares con intención de radicalizarlas.
  8. Detrás de su actividad hay un objetivo revolucionario. La idea de crear tejido para poder gestionar recursos de forma directa.
  9. Se niegan a comprar el discurso institucionalista y partidista que promueve alianzas con el poder y prefieren construir desde abajo.

 

Sobre la atomización del anarquismo.

Los ataques de estos últimos años al movimiento libertario reflejan que la clase dominante lo ve débil y atomizado, aunque el anarquismo como pensamiento transformador tenga un potencial social y político fundamental. Encontremos las claves en los puntos arriba expuestos, y trabajemos unas estrategias claras para hacer de nuevo del anarquismo un movimiento amplio.

La atomización refleja una ausencia de unidad, y la mayor de las flaquezas es la falta de encuentro, por lo que deberemos indagar espacios comunes de coordinación y sobre todo acercarnos a conocer otros proyectos. Esforzarnos por salir de nuestros espacios de confort militantes y mezclarnos en eventos que no supongan una continua demostración de autorreferencialismo libertario. Si creemos verdaderamente en el anarquismo como herramienta de transformación social profunda a todos los niveles, nuestra actuación más importante debe ser en este ámbito, debemos conquistar los espacios sociales cotidianos, lúdicos, deportivos etc…, y generar dinámicas comunes. Un paso en esta dirección podría ser recuperar el concepto nacido hace pocos años tras el movimiento 15M, las asambleas interbarrios o interpueblos, que podrían ser relanzadas pues su potencial tiene mucho que aportar a la configuración de comunidades locales que se establezcan como un contrapoder real a las instituciones municipales.

Padecemos de sobremilitancia en muchísimos aspectos de nuestra vida activista, lo que nos traslada a un evidente cansancio, a la desconfianza en los grupos de personas y en los proyectos, pero sobre todo nos impide reconocer los pequeños hechos libertarios en la cotidianeidad, que serían aquellos puntos que más tendríamos que potenciar como ejemplo y referente social. Este alejamiento de la realidad social nos conduce a la creación de guetos ideológicos, profundamente elitistas, donde nos puede separar la estética en ocasiones, y con un lenguaje distanciado de las clases populares. Nos quedamos en espacios de confort del militante político, donde generamos dinámicas poco abiertas a la inclusión de compañeros y compañeras que no manejen nuestros códigos, y tampoco dotamos de herramientas de análisis sencillas para dar a entender fácilmente nuestras reflexiones ideológicas. Se hace fundamental bajar del nivel del mundo de las ideas y hacer un anarquismo práctico, construyendo una didáctica transformadora con objetivo de convergencia entre los movimientos populares cuyas pretensiones sean el empoderamiento y la horizontalidad, y no la conquista de las instituciones.

La mejor propaganda es el mismo hecho, hacer mientras caminamos y construimos proyectos reilusionantes vinculados a las necesidades sociales, economía alternativa, pedagogía libre, es decir, generar alternativas sociales reales. Encontrar el espacio común para germinar trabajo cuyo fruto sea construido desde abajo, desde las personas de una comunidad local, rompiendo los estrechos límites de nuestros colectivos minoritarios y conectando con la práctica social. Una estrategia clara debería trascender nuestra participación individual a la realidad social que nos rodea, atendiendo a los problemas comunes. Volver a poner en valor las herramientas que ofrece el anarquismo en las luchas anticarcelarias, psiquiatría y salud mental, laboral… Nuestra realidad no es aislada, pero necesita de un gran movimiento de base y una reorganización amplia, encontrando sinergias con otros grupos semejantes. De poco sirve tener una nostalgia mítica del pasado, o una tentación paternalista con la sociedad. Falta muchas veces verdadero compromiso e implicación real, debiendo asumir las consecuencias de nuestras acciones dirigidas a dar respuestas a las problemáticas de la clase trabajadora.

Con algunas aportaciones y colaboración de la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC)

@FAGC_Anarquista

Análisis del anarquismo actual

¿Sigue vivo el anarquismo hoy en día? Pues claro, vaya pregunta más obvia, ¿no? Bien, pero los tiros van más allá y es que si el anarquismo sigue vivo, entonces es más que conveniente analizar el estado general del anarquismo en esta coyuntura para poder avanzar en pos de construir un referente político y social en la lucha de clases. Utilizando estos criterios, tratemos de poner sobre la mesa las características generales del anarquismo presente y a partir de allí, corregir los errores, aprovechar oportunidades, reforzar los puntos fuertes y sortear las amenazas. Aquí no podré abarcar todas las particularidades territoriales en donde se desarrolle el anarquismo o movimiento anarquista, pero sí trazar unas pinceladas con el fin de ponernos en situación. Para ello, recurriré a la herramienta que utilizan las empresas para analizar su propia posición en el mercado. Dicha herramienta es el análisis DAFO (Debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades). Ésto en realidad tendría forma de matriz tal que así:

Análisis interno

Debilidades 

—La atomización del actual anarquismo hasta llegar a los personalismos y de cada individuo con su anarquismo personal. Esto, lejos de crear una diversidad dialéctica, ha supuesto que mucha gente de nuestros ambientes queden excusándose de cualquier atisbo de responsabilidad social, compromisos y cumplimiento de acuerdos colectivos.

—El sectarismo de algunos grupos los termina aislando de la realidad social, creando grupos marginales incapaces de comunicar nuestras reivindicaciones al resto de mortales.

—La estética tribuurbanista del punk y el skinhead, el culto a la violencia, las consignas vacías y las actitudes nihilistas de rechazo a todo lo que no sea una misma. En general, el infantilismo político de algunas personas que obstaculiza la creación de movimiento.

—La nocividad de la organización como fin o el rechazo absoluto a la misma impide materializar cualquier proyecto político-social y acumular experiencias en la lucha.

—La sobreideologización es otro enorme lastre a la hora de articular respuestas ante la actual coyuntura, creando ambientes conservadores, impidiendo avanzar a partir de las luchas inmediatas.

—La falta de proyectos políticos definidos y adaptados al contexto actual, que permitan alcanzar objetivos reales a corto plazo y la construcción de proyectos de futuro. Es una tarea pendiente entre muchas anarquistas.

—Por desgracia, todavía siguen habiendo actualmente peleas internas que nada ayudan. Ciertamente las seguirá habiendo pero creo que va siendo hora de ir superándolas.

Fortalezas

—La diversidad de los métodos y la flexibilidad que otorga la descentralización debería ser provechosa para que el anarquismo se adapte a todo tipo de contextos sociales.

—Los principios como la solidaridad, el apoyo mutuo, el asamblearismo y las estructuras horizontales o de base son herramientas al alcance de todos y todas. Permiten una mayor facilidad en cuanto a la creación de movimiento y mantener su autonomía frente a intereses partidistas y el oportunismo.

—La organización a todos los niveles (político y social) como una herramienta para la lucha de la clase trabajadora y la inserción social como estrategia política es la vía por la cual sacamos de la marginalidad el anarquismo, creando un nexo de unión entre el anarquismo y la clase trabajadora mediante la construcción de movimiento social y fuerza política para volver a ser un referente para la lucha de clases.

Análisis externo

Amenazas

—La escalada represiva en los últimos años contra los movimientos sociales debido a la crisis capitalista supone otro obstáculo a superar. La represión nos pretende aislar, neutralizar y desgastar, nos quiere despolitizar y alejarnos de la realidad social empujándonos a una lucha mano a mano contra el Estado y los intereses económicos.

—La propia ofensiva neoliberal con la privatización de los servicios públicos y recortes en derechos sociales.

—Los movimientos fascistas crecen en los países capitalistas avanzados con la complicidad de las instituciones y la burguesía. La amenaza del fascismo no solo está en las calles por los grupos parapoliciales, que actúan en ocasiones codo a codo con la policía como en el caso de Grecia, sino también en las instituciones y en los consejos de administración de empresas.

—Paralelamente, la socialdemocracia también sería un peligro en cuanto pretende acaparar el descontento social y encauzarlo por la vía del pacto social, en detrimento de la lucha de clases. Esto se traduciría en la neutralización del movimiento obrero y dejaría una clase trabajadora desorganizada e incapaz de autoorganizarse.

Oportunidades

—La crisis capitalista a su vez ha despertado la conciencia política de más gente, que ha comenzado a movilizarse. En este punto, es importante conocer cómo se desarrollan los procesos sociales y comenzar a actuar en consecuencia, respondiendo a las necesidades inmediatas de la clase trabajadora y trazando alternativas futuras a partir de las luchas presentes.

—La decadencia de la izquierda institucional y los sindicatos de concertación podría dar pie a nuevas formas de hacer política y la radicalización de los movimientos sociales, así como el panorama sindical. Si bien esto puede suponer que la derecha pueda meter mano en este asunto, no está de más que comencemos a poner sobre la mesa nuestras alternativas y poner en práctica los métodos asamblearios y la horizontalidad, sustituyendo el modelo representativo por el de la democracia directa, el modelo centralista por un modelo federativo, y el de la delegación de responsabilidades por la responsabilidad colectiva.

—La multitud de asambleas tanto estudiantiles como en el centro de trabajo o en los barrios son un punto de partida para articular un movimiento social independiente y desde las bases, superando la atomización de la actual sociedad y dar pie a la creación de alternativas políticas, económicas y sociales.

Ahora valoremos y saquemos algunas conclusiones. La atomización se diferencia de la diversidad en cuanto que lo primero supone el aislamiento, una profunda división interna, una disputa de egos y personalismos que impiden el debate sano, y la diversidad es la variedad de puntos de vista que en conjunto forman un ente dinámico, en los cuales, dichos puntos de vista mantienen una relación dialéctica. La atomización nos conduce al ostracismo, la diversidad, a garantizar nuestra supervivencia.

El sectarismo es hacer política desde grupos herméticos y solo para sí. Esto no es trabajar en pos de avanzar hacia una revolución social, sino folclore y autocomplaciencia. El actuar al margen de todo lanzando consignas maximalistas y alejado de la realidad de las luchas sociales también es una estética, es gastar inútilmente las fuerzas haciendo proselitismo. Podría polemizar mucho sobre el tema de las subculturas y tribus urbanas pero no voy a tratar aquí, solo apuntar que estas estéticas de rebeldía en general no responden necesariamente a la política anarquista. Pero desgraciadamente, existen clichés y estereotipos que identifican el anarquismo con el punk, lo cual, es despolitizar el anarquismo al reducirlo a una simple estética. Esto va unido al culto a la violencia, la cual muchas veces no se leen los trasfondos ni otros factores como el contexto, los movimientos sociales, el tejido social, etc, sino que se cae en la ilusión de que destrozando cosas se está avanzando hacia la revolución., cuando lo que realmente permite el avance de las luchas es la creación y fortalecimiento del poder popular (tejido social, organizaciones populares, sindicales y políticas, etc...) o capacitación material del pueblo y la clase trabajadora. Del sectarismo, la estética y el folclore se origina el infantilismo político, que es la incapacidad para ofrecer análisis rigurosos de la realidad social, lo que impide sacar propuestas políticas concretas en el presente, y ampararse irracionalmente en la ideología para lanzar críticas destructivas a todo aquello que se salga de un determinado marco ideológico, táctica o estrategia de acción.

La ideología ha de servir como base para dotar de orientación política a los movimientos sociales, no tiene que ser una enorme losa, un enorme peso muerto que lastrea las luchas. Y los principios que tenemos son para aplicarlos y ponerlos al alcance de cualquiera que aspire a un cambio radical en la sociedad, demostrar que son medios útiles y no simple palabrería y estética. Es importante saber leer los contextos en que nos encontramos, que no estamos solas, que todo sigue unos procesos y dependerá de cómo actuemos, con quiénes nos aliamos y con quiénes no, conozcamos quiénes son los enemigos y quiénes, posibles aliados. Así, la ideología debe ser algo dinámico, no inmutable e invariable en el tiempo y en el espacio porque las sociedades están en constante cambio y existen multitud de coyunturas según en qué parte del mundo nos encontremos. No tener en cuenta estos factores es caer en abstracciones ideológicas e idealismos, lo que se traduciría en inoperancia. Por ello, saber adaptar la ideología a los diferentes contextos es vital para poder construir alternativas políticas posibles.

La organización es siempre una herramienta, nunca puede ser tomada como un fin en sí, sino como medio para alcanzar unos objetivos. Tan pernicioso es la organización por la organización, es decir, tomarlo como fin en sí mismo, como la informalidad o el rechazo a la misma, o sea, el no querer asumir responsabilidades colectivas, compromisos y acuerdos, perdiendo además los medios para la acumulación de fuerzas a nuestro favor y experiencias en la lucha, y teniendo que empezar de cero cada cierto tiempo. A la hora de organizarnos, siempre hemos de tener en cuenta que estamos recurriendo a una herramienta, un medio material o una estructura para materializar unos objetivos. Y para materializarlos, necesitamos bases materiales y sociales. A través de la organización en todos los niveles, es donde podemos ir definiendo nuestro proyecto político y unos programas en el curso de las luchas. Es importante que comencemos a ser actores políticos y no unos residuos marginales que se niegan a morir.

Como cualquier actividad política en contra del sistema imperante, el Estado siempre desplegará su maquinaria represiva sobre nosotras. Debemos saber por dónde llegan los golpes represivos y cómo lo hacen. La represión puede venir de diferentes maneras: detenciones arbitrarias mediante montajes policiales, desgaste económico mediante multas, control social a través de seguimientos, dividirnos con infiltraciones, etc, que tienen por objetivo debilitarnos y neutralizarnos. Ante estos ataques, responder con atentados o pasar a la clandestinidad para ejecutar ataques contra sus símbolos es un suicidio, es precisamente allí donde nos quieren tener: alejados de las luchas sociales, golpeando a un enemigo mucho más poderoso y dejar las actividades políticas y sociales para sumirnos en una guerra de desgaste sin apenas apoyo popular. La mejor forma de afrontar la represión es visibilizarla, crear vínculos con los movimientos sociales y no aislarnos, y crear redes de solidaridad  y apoyo mutuo en el curso de la lucha social.

El fascismo es una amenaza similar a la represión estatal y es otro palo en la rueda que debemos quitar para poder avanzar. Actualmente, el fascismo con su cara amable trata de captar sectores autóctonos descontentos mediante discursos nacionalistas y anticapitalistas copiados de la izquierda. Mientras que cara al público se muestran como buenas personas que prestan ayuda desinteresada, a espaldas actúan como grupos parapoliciales que agreden y hostigan a los movimientos antifascistas. Por otro lado, la socialdemocracia es la cara progresista de la burguesía y actúa como sedante del movimiento obrero al conducir las luchas hacia el delegacionismo y las promesas de paz social. El reformismo socialdemócrata solo apunta a cambiar las formas pero no la estructura. Además, se ha demostrado en la historia que la socialdemocracia es incapaz dar salidas a las crisis económicas y que, con una clase trabajadora desorganizada, es fácil que la reacción acabe con las pocas conquistas que nos queda a la clase trabajadora o termine por imponer dictaduras fascistas.

A pesar de todo, tenemos oportunidades a nuestro alcance hoy con el resquebrajamiento de la paz social, la polarización de la sociedad y el surgimiento de diversos movimientos sociales que están superando la incapacidad e inoperancia de la izquierda institucional, pero que fácilmente podrían ser fagocitados por los mismos si no entramos en escena. Es por ello que es imprescindible que libremos las batallas en el terreno social, ganar terreno a formaciones políticas que solo tienen intereses partidistas y demostrar que la vía antiautoritaria es posible. El anarquismo ha de volver a ser una herramienta útil al alcance de todos y todas para la emancipación social, una alternativa seria que, además de servir para la defensa de los intereses inmediatos, aspirar a la revolución social en el seno de la sociedad, en concreto, de la clase trabajadora. Perdamos el miedo a ensuciarnos y caminemos.

Apuntes sobre El Capital VI: Capital constante y capital variable

Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor

Hallamos en el valor de un producto el valor de los medios de producción consumidos. Por ejemplo, el valor del algodón y las brocas en los hilos. El valor de los medios de producción se conserva y se transmite al producto por medio del trabajo. Esta transmisión depende del carácter específico del trabajo, que produce bienes útiles determinados a partir de los medios de producción necesarios.

Pero en el producto encontramos también un valor añadido al que ya portaban los medios de producción. El trabajador añade este valor como trabajo en general (como gasto de fuerza humana) no porque el trabajo tenga esta o la otra forma útil particular, sino porque ha durado cierto tiempo.

El acto de añadir valor al objeto de trabajo y el de conservar el antiguo en el producto son dos resultados distintos que se obtienen en el mismo momento. Esto es debido al doble carácter del trabajo.

Este doble carácter aparece claramente cuando consideramos una invención que permite trabajar, por ejemplo, tres veces más rápido. Supongamos que tras esta invención, en 6 horas hilamos 5kg de algodón, lo que antes nos llevaba 18 horas. La cantidad de valor añadida por las 6 horas de hilanza sigue siendo la misma, solo que ahora producimos 15kg de algodón en lugar de 5kg. De tal manera que el valor por kilo que nuestro trabajo genera es tres veces menor mientras que el valor por kilo aportado por la materia prima se conserva.

El medio de producción solo transmite al producto el valor que pierde, perdiendo su utilidad inicial. Esto es claro en el caso de las materias primas y auxiliares. Para el caso de las herramientas, se puede calcular su desgaste diario en función de su duración media.

Esto indica que aunque dicha herramienta entra integramente en el proceso de producción de un bien útil, no entra más que parcialmente (su desgaste) en la producción del valor. Del mismo modo, un medio puede entrar íntegro en la producción de valor y solo en parte en la producción del bien útil. Por ejemplo, si sabemos que al hilar 115kg de algodón, de media se pierden 15kg inevitablemente como deshecho, el valor de esos 15kg se transmite a los hilos (ese valor perdido es condición de la producción) aunque no lleguen a formar parte del producto útil resultante.

No transmitiendo los medios de producción al nuevo producto más que el valor que pierden bajo su antigua forma, solo pueden añadirle valor si ellos mismos lo poseen. Su valor no se halla determinado por el trabajo en que entran como medios de producción, sino por el trabajo de donde se derivan como productos.

Valor meramente conservado y valor reproducido y aumentado

Es la fuerza de trabajo en actividad, el trabajo vivo, lo que permite conservar valor añadiendo otro valor. El capitalista debe a esta propiedad la conservación de su capital. Las interrupciones del trabajo y otras crisis, deterioran su capital (sus materias primas, utensilios, etc.) al mantenerlos inactivos.

Recordamos que el valor de los medios de producción se conserva bajo los cambios de forma, que los objetos sólo desaparecen para revestir una nueva forma útil, siempre en el ejercicio de la producción. Recordamos también que la fuerza de trabajo, al ser consumida, no sólo reproduce su propio valor sino que produce también valor de más.

En la producción, la parte del capital inicial que sirve para obtener los medios de producción (materias primas o auxiliares e instrumentos de trabajo) no cambia la magnitud de su valor. El acto de la producción solo transmite ese valor a un nuevo objeto útil. A esa parte la llamamos capital constante.

La parte del capital transformada en fuera de trabajo transforma el valor en una nueva producción. En ese acto, por un lado, reproduce su propio valor y, por otro, produce un excedente, una plusvalía mayor o menor. Esa parte del capital la denominamos capital variable.

Apuntes sobre El Capital V: Producción de valores de uso y de la plusvalía

El trabajo en general y sus elementos

El uso o empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al que la vende para que produzca mercancías. Para ello, su trabajo debe ser útil, es decir, debe concretarse en valores de uso. El capitalista hace producir al obrero un valor de uso particular pero la intervención del capitalista no modifica la naturaleza misma del trabajo, por lo que vamos a examinar el movimiento del trabajo útil en general. Los elementos simples de un trabajo son los siguientes:

1. La actividad personal del individuo, o el trabajo propiamente dicho. Esta actividad constituye un gasto de las fuerzas de las que está dotado su cuerpo.

2. El objeto en que se ejerce el trabajo. Los materiales naturales a transformar (árboles, rocas...) o las materias primas, que son objetos sobre los que ya se ha ejercido un trabajo (tablones de madera, mineral lavado...)

3. El medio de trabajo. El conjunto de cosas que median entre el productor y el objeto de trabajo. La persona convierte cosas exteriores en órganos de su propia actividad, instrumentos auxiliares para realizar su acción. Además de estas herramientas, los medios de trabajo comprenden todas las condiciones materiales que, sin entrar directamente en las operaciones ejecutadas, son indispensables y cuya carencia haría defectuoso el trabajo.

En la acción del trabajo, la actividad del hombre efectúa, con ayuda de los medios de trabajo, una modificación voluntaria de su objeto. Esa acción tiene su fin en el producto terminado, es decir, en un valor de uso.

Excepto en la industria extractiva (minas, caza, pesca, recolección, tala...) en las demás ramas del trabajo entran materias primas (objetos sobre los que ya se ha efectuado un trabajo). El producto de un trabajo llega a ser así el medio de producción de otro. Además, el mismo producto puede ser la materia prima de diferentes operaciones (que dan lugar a diferentes productos) e incluso el mismo producto puede servir de medio de trabajo y de materia prima al mismo tiempo (por ejemplo el animal que, en la ganadería, funciona como materia prima trabajada y como medio de trabajo preparando estiércol). En definitiva, este carácter del producto depende del lugar que ocupa en el acto del trabajo y puede cambiar de carácter al cambiar de lugar.

El trabajo gasta los elementos materiales que lo constituyen y es también por ello un acto de consumo.

El movimiento del trabajo útil desde el punto de vista general (es decir, como actividad que tiene por objeto la producción de valores de uso) es una exigencia humana, común a todas las formas sociales.

El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista

El capitalista compra en el mercado todo lo necesario para la realización del trabajo: medios de producción y fuerza de trabajo.

La naturaleza general del trabajo no se modifica por la intervención del capitalista, salvo por dos particularidades:

  1. El obrero trabaja bajo la inspección del capitalista, a quien pertenece su trabajo.
  2. El producto no es propiedad del productor inmediato, sino del capitalista.

La utilidad de la fuerza de trabajo del productor pertenece así al capitalista. De modo que este último ha añadido el trabajo, elemento activo del producto, a los medios de producción; es decir, a los elementos pasivos.

Análisis del valor del producto

Recordamos que en la producción mercantil (dirigida al mercado) el valor de uso (u objeto útil) solo sirve como portavalor: Lo esencial es que el objeto posea valor cambiable, pues es un objeto destinado a la venta, una mercancía. Recordamos también que el capitalista quiere que el valor de esa mercancía supere al valor de los medios de producción y de la fuerza de trabajo empleados para producirla. En definitiva, quiere producir no solo una cosa útil, sino ante todo un valor y un sobrevalor (o plusvalía).

Vamos a examinar ahora la producción desde el punto de vista del valor:

Vamos a producir 5 kilos de hilo y sabemos que el valor de esta mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que contiene. Por un lado, tenemos el valor inicial de la materia prima, por ejemplo, 5 kilos de algodón por valor de 13 €. Por otro lado, el valor del desgaste de los instrumentos empleados en la transformación del algodón a hilo, digamos que unos 3 €. Por tanto, el valor que la materia prima más el desgaste de los medios aportan al hilo es de 16 €. Falta averiguar qué valor aporta el trabajador hilandero al producto.

En relación al valor, es indiferente el género especial de trabajo o su objeto, lo importante es su cantidad; es decir, no importan las necesidades que el trabajo pretende satisfacer, sino el tiempo de trabajo. Recordemos también que el trabajo complejo no es más que cierta cantidad de trabajo simple y que el tiempo necesario en las condiciones ordinarias de la producción es el que determina la formación del valor.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo, al realizarse la contratación del hilandero, se ha fijado en 4 €. Esta suma sería el equivalente al trabajo necesario para producir lo necesario para el sustento diario del trabajador. El trabajador aporta de ese modo un valor de 4 € al precio del producto.

Ajustemos ahora la cuenta del valor total del producto: a los 16 € anteriormente calculados habría que sumar los 4 € aportados por la fuerza de trabajo, dando un valor total de 20 € contenido en el producto. El precio final del producto (20 €) es equivalente al de los precios gastados inicialmente por la compra de los elementos integrantes del mismo: 13 € de materia prima, 3 € por desgaste de los medios y 4 € de la fuerza de trabajo. No se ha generado plusvalía y, en consecuencia, el dinero no se ha convertido en capital.

Diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede crear

El valor final de 5 kg de hilo es, por tanto, 20 €.

Supongamos ahora que el trabajador transforma 5 kg de algodón en 5 kg de hilo en media jornada. Eso no implica que no pueda trabajar la jornada completa o producir más: el valor que la fuerza de trabajo posee (el coste de las subsistencias que lo mantienen) y el que puede crear difieren en magnitud.

El trabajador, como todo mercader, obtiene el valor cambiable y cede el valor de uso. No puede obtener el primero sin entregar el segundo. En su venta, el valor de la fuerza de trabajo viene determinado por sus gastos de sostenimiento diario. En su uso, sin embargo, puede producir en un día más valor del que ha costado. Esta es la particularidad de la mercancía fuerza de trabajo y es lo que permite la creación de plusvalía.

El capitalista ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo. El hecho de que el sustento diario de esa fuerza solo cueste media jornada de trabajo pudiendo trabajar la jornada entera es lo que genera una producción de sobrevalor.

Volviendo al ejemplo: si el obrero encuentra en el taller los medios de producción necesarios para toda una jornada de trabajo, el valor total de las mercancías empleadas en la operación es de 36 €: 26 € por 10 kg de algodón, 6 € por el desperfecto de las herramientas y 4 € por la jornada de trabajo.

Sin embargo, con el precio de 5 kg de hilo establecido previamente (20 €, o lo que es lo mismo, 4 € el kilo) el precio final de los 10 kg producidos será de 40 €. De tal modo, los 36 € adelantados se convierten en capital, pues han generado una plusvalía de 4 €. Así pues, el problema de la transformación de dinero en capital está resuelto.

La transformación del dinero en capital

El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor y luego, como cualquier comprador, consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo, producción de mercancías, genera para el capitalista un producto: 10 kg de hilos por valor de 40 €. Tras ello, el capitalista vuelve al mercado como vendedor y vende el producto a 4 € el kilo, ni un céntimo más de su valor y, sin embargo, obtiene 4 € más de lo que había puesto.

En esta transformación del dinero en capital la circulación solo sirve como intermediaria. La fuerza de trabajo se vende en el mercado, pero es en la producción donde se revela como origen de plusvalía. Esta plusvalía, a su vez, no es más que la producción de valor prolongada más allá de cierto límite. Este límite viene marcado por el valor que porta la fuerza de trabajo en sí o, lo que es lo mismo, por el valor de las subsistencias necesarias para que un trabajador se mantenga durante una jornada completa.

Si la acción del trabajo durara solo hasta el momento en que alcanzara el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital, habría simple reproducción de valor. Al pasar de ese límite, hay producción de plusvalía.

Apuntes sobre El Capital IV: Transformación del dinero en capital

Circulación simple de las mercancías y circulación del dinero como capital

La forma inmediata de circulación de las mercancías es la transformación de la mercancía en dinero y nuevamente en mercancía: Vender para comprar. Esta es la circulación ordinaria de la mercancía para convertirse en objeto útil. Partiendo de las manos de quien no le da uso, la mercancía va a parar a manos de quien la va a utilizar. Para que esta persona pueda adquirir la mercancía, ha necesitado vender algo previamente, para disponer del dinero necesario para comprarla. Este proceso constituye un cambio de la forma mercancía-dinero-mercancía: Vender para comprar.

Podemos encontrar una forma de cambio totalmente distinta, la de dinero-mercancía-dinero, esto es: Comprar para vender. El objetivo de este movimiento es únicamente la producción de capital y solo existe como operación completa desde el punto de vista del capitalista.

Mientras que la circulación ordinaria de las mercancías empieza por la venta y termina por la compra, la circulación del dinero como capital empieza por la compra y termina por la venta.

La plusvalía y la fórmula general del capital

El cambio mercancía-dinero-mercancía se explica por las diferencias en el valor de uso (esto es, en la diversa utilidad) de las distintas mercancías. Si tengo dos pares de zapatos y necesito una silla, vendo uno de los pares de zapatos (del que puedo prescindir) y a continuación, con el dinero obtenido, compro la silla. El dinero solo media en la satisfacción de una necesidad.

¿Qué sentido tiene cambiar una cantidad de dinero por la misma cantidad de dinero, mediando la compra de una mercancía? O lo que es lo mismo ¿Qué sentido tiene la forma de cambio dinero-mercancía-dinero? En principio ningún sentido. puesto que del dinero solo es determinante el valor de cambio. ¿Y si la cantidad de dinero inicial y final varía? En ese caso esta transformación empieza a cobrar sentido. En definitiva, la circulación dinero-mercancía-dinero solo adquiere sentido si genera plusvalía (sobrevalor, aumento de valor). Por ejemplo: 100€ - varios kilos de manzanas - 150€. A este acrecentamiento del valor en 50€ lo llamamos plusvalía. Asímismo, al valor anticipado (los 100€ iniciales) lo llamamos capital.

Es importante notar que este movimiento, que tiende al aumento de valor, no tiene límites. El dinero resultante de este movimiento sirve para iniciar un nuevo movimiento del mismo tipo. El movimiento continuo de la ganancia tiene como único objetivo la ganancia misma, generar plusvalía sin preocuparse por el valor de uso de las mercancías que median en el proceso.

La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación, es la siguiente: comprar para vender más caro.

Contradicciones de la fórmula general del capital

Vamos a analizar si la circulación de mercancías es lo que permite el aumento de los valores que entran en ella, esto es, la formación de plusvalía. En principio, el cambio de 500€ de trigo por 500€ de vino no representa aumento de la riqueza para ninguno de los implicados. Estos cambios de forma no implican cambio de la cantidad de valor, como tampoco lo hay en cambiar un billete de 100€ por cinco billetes de 20€. La formación de plusvalía no puede proceder de la circulación en sí.

¿Y si admitimos el cambio de valores desiguales? Supongamos que hay 500€ de trigo en poder de Ana y 200€ de vino en poder de Bernardo. Bernardo convence a Ana de que su vino vale tanto como el trigo (o bien que Ana considera que su trigo no vale más que el vino de Bernardo) por lo que intercambian sus productos. Ahora Bernardo tiene 500€ de trigo y Ana 200€ de vino. El resultado es equivalente a que Bernardo hubiese robado 300€ a Ana. A pesar de ello, lo esencial es que la cantidad de valor se mantiene constante, aunque se haya modificado su distribución. El valor de las mercancías no ha crecido.

En definitiva, podemos afirmar que la circulación o el cambio de mercancías no genera ningún sobrevalor y, por tanto, no es el origen de la plusvalía. Debe ocurrir algo fuera del cambio que haga posible la formación de plusvalía.

Por tanto, las condiciones del problema son estas: El capitalista debe comprar primero mercancías en su justo valor, venderlas después en lo que valen y, sin embargo, recoger de esta segunda venta un valor mayor que el anticipado inicialmente. Esta transformación del dinero en capital debe operarse en el campo de la circulación (pues en la transformación dinero-mercancía-dinero es donde se adquiere la plusvalía) pero, al mismo tiempo, no se ha de realizar en él (pues, como hemos demostrado, no puede ser la propia circulación la que genere este sobrevalor).

La fuerza de trabajo, origen de la plusvalía

Tras la última afirmación, no queda más que una suposición posible: El aumento de valor tiene lugar durante el uso o consumo de la mercancía. Tras su compra y antes de su venta, la mercancía debe alterar (al alza) su valor cambiable, de manera que el acto de usarla equivaliese a crear valor. La mercancía en cuestión se llama fuerza de trabajo y comprende al conjunto de facultades físicas e intelectuales que una persona debe poner en acción para producir cosas útiles.

Por otro lado, si ciertos cambistas carecen de medios de producción (materias primas, herramientas...) serán incapaces de producir las mercancías necesarias para obtener, mediante el cambio, aquellas que satisfagan sus necesidades. Como consecuencia, se verán obligados a vender su fuerza de trabajo, única mercancía de que disponen para transformar. La falta de medios de producción para todos asegura al capitalista la disposición de la mercancía fuerza de trabajo. Esta relación entre el poseedor de los medios de producción y el asalariado, que caracteriza a la época capitalista, no tiene un fundamento natural ni es común a todos los períodos de la historia.

Valor de la fuerza de trabajo

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo tiene un valor determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Dicho valor viene determinado por el de los medios de subsistencia necesarios para el que la pone en acción (alimentos, vestido, vivienda...), por el de la educación que ha sido necesaria para modificar el nivel de habilidad y rapidez de este y, también, por todo lo necesario para asegurar su reproducción (las necesidades de los hijos de los asalariados).

Como apunte, el precio de la fuerza de trabajo llega a mínimo cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia mínimos. Aquellos que no pueden reducirse sin exponer de manera inmediata la vida del trabajador. En ese caso, su precio es muy inferior a su valor.

Volviendo al valor de la fuerza de trabajo: Si este valor, que ha requerido el gasto de una cierta cantidad de trabajo social (para alimentar al asalariado, vestirlo, educarlo, etc.), estaba determinado antes de entrar en la circulación; su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después.

El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero sólo se manifiesta en su empleo, es decir, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se efectúa fuera del mercado. No en el dominio de la circulación, sino en el campo de la producción.