Hannibal. Canibalismo para veganas y omnívoras

En 2013, la cadena NBC lanzó Hannibal, una serie de ficción basada en la saga de novelas en torno al doctor Hannibal Lecter que escribiera Thomas Harris y que ha dado cuatro películas entre 1991 y 2007 (aparte de Manhunter, una primera adaptación de El dragón rojo, de 1986, rápidamente olvidada). Dado que la saga de películas tiene una línea temporal atípica –una secuela y dos precuelas, la segunda anterior a su vez a la primera y, por tanto, a todas las demás– aclaramos que la serie empieza antes de El dragón rojo, concretamente, cuando los protagonistas Will Graham y Hannibal Lecter están a las puertas de conocerse.

La trama, en principio, es sencilla: Graham, interpretado por Hugh Dancy, es un funcionario del FBI que pasa de enseñar en su academia a asesorar en casos de asesinatos en serie por su gran talento para ponerse en el lugar de los asesinos. No sólo puede trazar perfiles en base a elementos lógicos deducidos de sus obras, sino que tiene algo creativo, irracional, para dar con hipótesis que permiten desbloquear las investigaciones más complejas.
Lecter (interpretado por Mads Mikkelsen, algo más joven, enigmático e imponente que el mítico Anthony Hopkins en cualquiera de las películas en que interpretó al doctor) es un psiquiatra que empieza a colaborar con la unidad de Graham con el aval personal de la doctora Alana Bloom, amiga común.
Esta base, que no chocará a quien haya visto la película de 2002, tiene una diferencia: si aquel Will Graham era un investigador con ese peculiar talento, lo de este Graham son prácticamente crisis de identificación con el asesino en las que su mente se traslada y que, comprensiblemente, le trastornan.
El espectador, salvo en el caso de que jamás haya oído hablar de El silencio de los corderos, Lecter y demás, parte de la ventaja de saber que Lecter es, de hecho, un asesino en serie que devora parte de los cuerpos de sus víctimas, pero los demás personajes no lo saben y esta es una entre la serie de tensiones que alimentan la trama y de las que la serie no abusa –al menos, no hasta la tercera temporada–.

En términos generales, este podría ser un retrato de la serie para recomendarla como producto de entretenimiento del género policiaco. Además de la tensión, hay algo intrigante y denso cociéndose entre el solitario y atormentado Graham y el críptico y no menos solitario Lecter, entre el investigador que se pone en la piel de los asesinos arriesgando su salud mental y el cazador de personas que juega a fingirse humano infiltrado en la investigación de sus propias fechorías.

Sin embargo, hay algo más. Parte del encanto de Hannibal estaba y está en el contraste entre lo civilizado y lo incivilizado/salvaje, su imagen de refinado hombre de éxito y su actividad como homicida caníbal. En este sentido, la serie llega más lejos: una y otra vez, el doctor (recordemos: varón blanco, posiblemente heterosexual, por lo poco que sabemos, con una formación y trabajo socialmente prestigiosos) cocina ante la cámara con dedicación y esmero la carne de sus víctimas siguiendo sofisticadas recetas y se complace en compartirla con sus ingenuas y agradecidas invitadas. El espectador que tenga estómago para ver la carne o incluso la casquería reconocerá que los platos que Lecter cocina mientras suena alguna composición de, pongamos, Bach parecen francamente apetitosos –la serie cuenta con la asesoría culinaria de José Andrés, que el lector quizá conozca por sus apariciones en TV–, pero siempre sabe o intuye que esa carne pertenecía a una persona, a alguien que no quería morir. Esta consciencia, que atraviesa la serie, le da un carácter especial para cualquiera que se haya cuestionado las relaciones que los seres humanos tenemos con las demás especies animales.
Si a esto añadimos la relación que tiene con los homicidios el personaje de Garret Jacob Hobbs nos encontramos con una serie que, sin pretender ser un ejercicio de denuncia del especismo, sí pone al espectador ante un espejo más que inquietante. Las observaciones que sobre el concepto de Dios lanza Hannibal son elocuentes: habla de Dios como posible ser omnipotente, pues el poder es lo que queda mientras todo lo demás pasa. Dios nos mata a todas antes o después porque puede, Hannibal Lecter mata a sus presas humanas porque puede y la espectadora espera que la industria cárnica y pesquera hagan lo propio con tantos animales por el mismo motivo. El buen sociópata, libre del lastre de la ética, consigue a menudo lo que quiere y, si una es lo bastante egocéntrica, la sangre, las súplicas y los debates morales son más fáciles de ignorar que la renuncia al plato que desea comerse.
Por esto y por todo lo antes dicho, es una serie a la que vale la pena dar una oportunidad.

En caso de que no queramos, por el contrario, ni pensar que, para pollos, terneras y demás, nosotras somos las Hannibal Lecter –peor: el doctor al menos no delega en matarifes y ejecuta de su propia mano sus apetencias culinarias–, siempre podemos probarla como una serie policiaca a secas, más aún si hemos visto las películas. Son tres temporadas de trece capítulos y 40-45 minutos de duración cada episodio, si bien el que esto escribe encuentra la tercera prescindible por ser un intento –o dos, ya que se compone de dos subtemporadas claramente distintas– de exprimir las posibilidades ya agotadas de la serie y el enganche emocional del espectador, con cada vez más esfuerzo por estirar la historia y menos por hacerla creíble.
Los personajes e intérpretes secundarias no desmerecen: Laurence Fishburne interpretando a Jack Crawford (por lo que deja de ser interpretado por actores blancos como Scott Glenn o Harvey Keitel), Lara Jean Chorostecki como Freddie Lounds (pasa a ser femenino el odioso personaje que interpretara Philip Seymour Hoffman), Katharine Isabelle y Joe Anderson como Margot y Mason Verger, Gillian Anderson o el británico Eddie Izzard (que algunas conocíamos como monologuista), entre otras. Todo ello con guiones cuya batuta lleva Bryan Fuller –que el lector quizá conozca de Criando malvas– y con la firma de una docena de directores distintos, de entre los que destacamos a Vincenzo Natali (seis episodios), que recordamos como director de películas como Cube, si bien ha trabajado mucho en televisión.

El único anuncio subtitulado que hemos encontrado tiene una traducción terrible, pero si el lector quiere echar un ojo a la versión original en inglés, lo puede ver aquí. Avisamos de que, al igual que la serie, contiene imágenes explícitas de violencia, sangre y casquería.
Bon appétit!

¿Esos veganos quieren llevarnos a la ruina?

Este mismo otoño, ocurría algo no muy novedoso: eran liberados unos tres mil faisanes de una granja de Macotera (Salamanca). Para mí -me permito hablar en singular, pues esto es, en cierto sentido, personal- era otra acción exitosa por la liberación animal de la que tenía noticia. Pero tuve noticia de ello por un conocido, al que tengo en buena estima, que es familiar de los criadores de faisanes en cuestión y que estaba más que furioso por la noticia y más que asombrado de saber que existía algo como el Frente de Liberación Animal. Ver algo así y ver la distancia de ideas entre ambos me hizo ver aún más la importancia de abordar esa misma distancia.

Creo que somos unas cuantas las que tenemos la impresión de que cada vez se habla más de veganismo, pero no tanto de liberación animal, que es el principal corazón del veganismo. En esta misma web lo hemos visto a veces: está claro que las antiespecistas aspiramos a acabar, entre otras cosas, con la ganadería y la pesca, pero no tan claro qué queremos a decir a quienes directa o indirectamente dependen de ellas y que, en su mayoría, pertenecen a nuestra misma clase, la clase oprimida.

¿Qué proponen las antiespecistas a quienes viven del especismo?

El antiespecismo explica a las personas especistas -y todas o casi todas lo hemos sido durante años y años- que los animales de otras especies son más cercanos a nosotros que a los demás seres vivos (vegetales, hongos, etc.) y que en ningún caso son cosas, lo que lleva a la necesidad de darles un status moral y jurídico que sea más cercano al nuestro, considerarles en función de lo que son y no de lo que nos parece hacer con ellos. Suscita resistencia que a una le pidan que se cuestione sus relaciones con los demás animales, cosa que implica, para empezar, nada menos que dejar de comer carne y pescado (algo así como una tragedia inconmensurable, a juzgar por algunas reacciones). Cuando se trata de una persona que vive de ello, la cosa va más lejos: le estamos llamando a renunciar a su sustento del momento, el cual, a menudo y para colmo, es un trabajo heredado en la familia, algo casi tan difícil de poner en duda como el lugar en que vive o el color de su pelo.

Partiendo del antiespecismo anarquista -que es el único que entendemos y defendemos-, nos encontramos con la dificultad de explicar a otras libertarias qué proponemos exactamente. Suponiendo que podamos y queramos seguir venciendo cada vez más resistencias o, como mínimo, que queramos hablar a quienes estén dispuestas a escucharnos, aunque no sepan si posicionarse con o contra nosotras, ¿qué queremos decirles?

En realidad, un sistema comunista libertario y no especista no sería tremendamente distinto de otras formas de entender el comunismo libertario tal como lo hacemos hoy (en lo que el anarquismo ha evolucionado hasta hoy: consciencia de los límites materiales y energéticos de la economía, de la falta de neutralidad del saber y de la técnología, etc.).

Est articulista entiende que la base sería el individuo soberano en el seno de una comunidad también soberana. Comunidades soberanas que seguramente tenderían a ser mucho más pequeñas que las grandes ciudades actuales: estas cubren superficies inmensas que obligan a recorrer distancias absurdas, con el consecuente gasto de tiempo x energía (cuanto menos de lo uno, más de lo otro) que responde a lo que el mercado empujó a hacer a nuestros antepasados (emigrar a la ciudad, hacerla crecer, desarrollar medios de transporte rápidos) que a algún tipo de necesidad. Tampoco vemos cómo se podría creer una verdadera comunidad, con verdaderos lazos humanos, entre cientos de miles o millones de desconocidos. Hablamos de soberanía política para tomar decisiones, pero también de soberanía alimentaria y, en definitiva, económica: cada comunidad tendría que compensar los límites de lo que se encuentre en su territorio y trocar con otras, lo más cercanas que sea posible, aquello que les sobrase por aquello que les faltase. Y hablamos de una economía sin salario, con altísima rotación en las tareas y poca especialización (no cualquiera vale para cirujano, pero la mayoría de trabajos requieren una cualificación escasa o adquirida mediante la práctica) sin apenas servicios y cuya industria y construcción probablemente se basaría antes en la reparación de lo ya fabricado o construido que en la fabricación o construcción de cosas nuevas. De todos modos, el pricipal sector probablemente volvería a ser el primario, en este caso, en forma de agricultura y recolección. En el estado de devastación al que la agroindustria ha llevado al suelo (mención especial para la forrajera, la destinada al consumo de ganado para que sea, a su vez, consumido por nosotras) la desurbanización mencionada es especialmente importante: todo el suelo y toda la vegetación son pocas para intentar dejar a los ecosistemas reponerse del maltrato al que han sido sometidos. En este sentido, no sólo el respeto por los demás animales nos pone contra la ganadería, la preocupación por el envenenamiento del suelo por los purines nos pone contra la ganadería intensiva y especializada desde ya (comparemos la cantidad de cerdos que viven en una granja media y el territorio que ocupan: hablamos de fincas básicamente regadas con el orín de los cochinos, cosa que se reproduce a gran escala en zonas de Segovia o del interior de Catalunya, sin ir más lejos).

La agricultura sería fundamental, pero no podrá ser la de hoy día, no por mucho tiempo. El mercado ha empujado a la agricultura al envenenamiento generalizado mediante pesticidas y a los monocultivos que empobrecen el suelo y convierten algunas plagas en catástrofes, sería conveniente que la agricultura se fuera emancipando de esos lastres y tendiera a la rotación en función de lo que las diferentes especies hacen a cada suelo (y del suelo en sí: no todas las tierras sirven para el regadío, asumámoslo). En todo caso, la recolección iría de la mano de la agricultura. Muchas especies comestibles de plantas y hongos se pueden encontrar de manera salvaje y podrían consumirse de manera razonable, como han hecho históricamente comunidades de todo tipo; de hecho, hoy día solemos consumir un puñado de especies particularmente interesantes, pero históricamente se han consumido unas siete mil especies vegetales (si consideramos todo el planeta) y la inmensa mayoría de las especies comestibles (más de treinta y cinco mil)  no son nada o casi nada comidas, si bien a veces se come una parte (frutos, por lo general) y se ignoran otras que pueden también ser comestibles (raíces, tallo, hojas).

¿Hoy día se puede avanzar algo en esta dirección?

Hoy día, siendo cuatro las anarquistas y antiespecistas y dos las que estamos por ambas cosas, por así decir, probablemente lo que se pueda avanzar sea poco tirando a casi nada, pero eso ya es más que nada. El trabajo, a día de hoy, podría seguir en paralelo (en el caso del antiespecismo, denunciar las industrias ganadera y pesquera, la experimentación en animales, la caza deportiva, etc.; en el caso del anarquismo, la inserción en el ámbito sindical, en el movimiento por la vivienda, grupos de apoyo mutuo, por la asistencia sanitaria universal, etc., aunque también la elaboración y difusión de consignas y planteamientos explícitamente anarquistas). No obstante, toda confluencia puede ayudar a tender puentes que harán falta, sea el apoyo a las plantillas en conflicto de empresas especistas (en este momento, en el caso de la región española, existe el de Servicarne) o la puesta en contexto de posiciones geopolíticas respecto de intereses industriales pesqueros y del expolio de caladeros (¿qué hacen pesqueros españoles en aguas marroquíes? ¿y en aguas que administra Marruecos, pero que son reivindicadas por la resistencia saharaui? ¿y qué hacen en aguas somalíes? ¿alguien cree que todo esto no tiene contrapartidas y repercusiones?), por poner dos ejemplos.

Más allá de esto, aumentar la inserción social de las anarquistas habrá de aumentar la (especialmente escasa) inserción social en el ámbito rural. En la medida en que el tejido social, incluido el apoyo mutuo material, haga menos acuciante la necesidad de dinero procedente de estas actividades, la presión capitalista se aflojará y, además, si bien no se les proporcionaría un apoyo en un sentido proteccionista en que se suele pensar (mayores, ni siquiera, iguales subvenciones supraestatales o estatales) menos aún se haría esto con quienes les hacen la competencia desde la gran industria intensiva. Si conseguimos una presencia relevante entre asalariadas y pequeñas propietarias de estos sectores, tendrán que saber que no queremos dejarlas tiradas, sino facilitarles y acompañarles en algo que entendemos necesario antes o después: el desmantelamiento y reconversión de sus actividades a la agricultura, recolección, reforestación y demás.

Tensión vegana

Nota a les lectores: Algún día de estos me decidiré a escribir mi opinión sobre por qué el veganismo es la dieta más consecuente para con el anarquismo. Sin embargo, hoy se me empeña meter el dedo en la llaga donde más nos duele a les veganes: el medio ambiente y el impacto que nuestra actividad humana tiene sobre éste. Como ni soy biólogo, ni médico, ni nutricionista, ni tan siquiera entiendo mucho de ciencias del medio ambiente—más allá de eso que llamamos "conocimiento popular"—aviso a les lectores que aquí no habrá ni datos reveladores, ni números impactantes. Me limito a dar una impresión personal de lo que se le ha ocurrido a mi propia ignorancia a lo largo de ciertos años en contacto con veganes del mundo.

Lo primero que une piensa cuando se introduce al veganismo es que está dando un paso importante en su vida. Una dieta libre de sufrimiento animal es consecuente con las ideas anarquistas, y la consecuencia que pueda existir entre palabras y acciones es siempre placentera. Sin embargo, a medida que une se familiariza con el veganismo se empieza a dar cuenta que hay ciertas cosas que ya no cuadran tanto con otras ideas que podamos tener como anarquistas responsables. Lo primero que a mí, particularmente, me llamó la atención fueron lo que en mi entorno llamamos "productos estrella veganos", que vienen a ser el tofu, la quinoa, y el seitán.  Si me llamaron la atención no fue por sabor o nombre, sino por su procedencia—¡y precio! No sé en vuestras localidades, pero en los sitios en los que he vivido yo estos productos son de difícil acceso, monetariamente hablando, para la gran inmensa mayoría de personas.

Pero este artículo no tiene que ver con la mercantilización capitalista del veganismo—ni sobre los precios abusivos de las "tiendas orgánicas" que explotan las responsables decisiones de les veganes para forrarse a base de tofu, quinoa, y seitán. Esto tiene que ver con lo que escribía más arriba de la "procedencia" de estos productos. Y es que pocos "productos estrella" se producen localmente donde se consumen mayoritariamente, sino que se producen en países donde la mano de trabajo es barata, donde la ley facilita la explotación intensiva, y donde la destrucción del medio ambiente importa poco a las élites del cotarro. Pero ya sean "productos estrella" o no, lo cierto es que casi todo lo que les veganes—y no veganes—consumimos viene de países lejanos, más "baratos", y más explotados.

Dejando de lado la crítica al capitalismo explotador, me quiero centrar en el "viaje" de estos productos alimentarios. Un "viaje" que, al menos a mí, me produce cierta tensión mental. Resulta que para comer sano—es decir, para llevar una vida alimentaria saludable—, sin sufrimiento animal—que es muy importante—tengo que adquirir productos que viajen miles y miles de kilómetros en el medio de transporte que sea, contaminando en su "viaje" y añadiendo así, con mi supuesta responsabilidad, más daño al planeta y su futuro ecológico. En mi entorno hemos intentado buscar alternativas a esta tensión, y son bastante sencillas de encontrar: adquirir productos locales que no tengan que "viajar" tanto. No es cuestión de poner banderas a lo que adquirimos, sino de reducir al máximo posible nuestra huella ecológica. No obstante, no siempre es sencillo adquirir productos locales, ni siempre se produce todo lo que necesitas de manera local. A esto se le ha de añadir la dificultad regional: en algunas regiones el mercado se habrá especializado en ciertas cosas, dependiendo de las importancias para las demás.

¿Y qué debe hacer el vegane responsable ante esto? No tengo la respuesta definitiva, pero sí que sé que ésta pasa por reducir la adquisición de productos importados—con lo que también se estaría reduciendo el apoyo a la explotación humana en muchos casos. Supongo que todo termina siendo una crítica al sistema capitalista ya más que globalizado. Y sobre todo al consumismo frenético al que nos enseñan desde pequeñes. Recuerdo aquella mesa redonda en la que una persona, ya de cierta edad, decía que la "modernidad" había mejorado mucho su vida. Ahora, decía ella, podía comer frutas exóticas que hace años no podría ni soñar con ellas. Y yo me preguntaba: ¿qué tipo de mejora a tu vida aporta el hecho de poder comer aguacates, mangos, o frutas de la pasión?

Lo del tofu, la quinoa, y el seitán creo que sigue una lógica un tanto distinta. Si les veganes tiramos de estos productos es por su valor nutricional alto en proteínas. Pero volvemos a las mismas: ¿no podemos encontrar otras fuentes de proteínas que no impliquen "viajar" miles de kilómetros? Tal vez sea imposible. Tal vez no. O tal vez sea hora de empezar a cultivar nosotres mismes lo que necesitemos. Pero si así lo hacemos, ¿qué impacto tendrá sobre el equilibrio ecológico de nuestra región?—como dije, yo de estos asuntos soy bastante ignorante.

Sea como sea hay tensión. Y la tensión, si no se resuelve, suele acabar mal.

Entrevista a la asamblea antiespecista de Madrid

Ciertos temas son muy relevantes para el movimiento libertario, ya sea por necesidad, por desconocimiento, o por actualidad. El veganismo y antiespecismo son, sin duda, dos de estos temas que han de ser tratados, analizados, y debatidos en el proceso de creación de un mundo justo y libertario. A continuación os presento una entrevista que realicé a la Asamblea Antiespecista de Madrid.

1) Lo primero daros las gracias por dedicarnos este tiempo. Empecemos por lo más obvio, ¿qué es la Asamblea Antiespecista de Madrid? ¿Cuándo, cómo, y por qué nace?

La asamblea antiespecista de Madrid nació hará ya unos tres años, a finales de 2009. Surge de la necesidad de varias personas de formar un colectivo para tratar el problema de la explotación animal y el especismo, fuera de las organizaciones que ya había, organizándonos de manera horizontal y asamblearia. Veíamos necesario en su momento y seguimos viéndolo, que hay que informar y fomentar la lucha por la liberación animal.

Hay aún un gran desconocimiento de lo que le sucede a los demás animales, a que son tratados como recursos como si carecieran de la capacidad de sentir. Y nuestro trabajo se centra en visibilizar este problema, en que la gente sea consciente de que tras su plato de comida antes había un animal que fue llevado al matadero. Pero no solo nos quedamos en el ámbito alimentario, como antiespecistas, creemos en la no utilización de los demás animales en ninguna parcela de nuestra vista, es decir, somos contrarios al uso de animales en espectáculos, en vestimenta, en experimentación animal, etc.

Animamos a que la gente adopte como forma de vida el veganismo, ya que consideramos que es el primer paso y más directo, para dejar de colaborar en el uso de los demás animales.Nos declaramos, además, abolicionistas, es decir, no buscamos ningún tipo de mejora en el uso que se le da a los animales, queremos y buscamos su total liberación, no queremos jaulas más grandes ni mejores cuidados, ya que esto no haría otra cosa que perpetuar el sometimiento que sufren los animales, indiferentemente de sus condiciones.
Queremos su libertad, sin ningún tipo de concesión.

Nuestro trabajo se centra básicamente en informar a la gente. Esto lo hacemos mediante información escrita, a través de nuestras webs (www.acabemosconelespecismo.com, www.acabemosconlaexperimentacionanimal.com, www.acabemosconlatauromaquia.com); proyectando vídeos sobre explotación animal; visibilizando mediante protestas la explotación que sufren los animales (como las campañas que hacemos cuando es temporada de circo), y dando charlas. La primera charla que dimos, fue por el 2010, con el nombre “Liberación Animal desde un punto de vista anarquista” de la que salió un libreto llamado “La misma Libertad” (para descargar http://es.scribd.com/doc/47090833/La-Misma-Libertad). Y recientemente hemos dado otra, llamada “En ese sitio maldito donde reina la tristeza...Reflexiones sobre las cárceles de animales humanos y no humanos.”, de la que al igual que la anterior, saldrá un libreto con todo el contenido de la charla ampliado.

Otra de las cosas que hicimos, tras reflexionar sobre por qué dentro del anarquismo y los centros sociales aun se seguía comiendo y vendiendo carne y otros derivados de animales, fue una carta dirigida a los centros sociales, explicando porque según nuestra postura no veíamos compatible que en un espacio liberado se vendiera productos que vienen de la explotación animal e invitando a los centros sociales a debatir sobre ello con nosotrxs, a decir verdad no tuvo mucha acogida, casi ningún centro social nos contestó (lo enviamos por email) y nunca llegamos a tener un debate. Más tarde modificamos esa misma carta, individualizándola, y de nuevo explicando nuestra postura frente al consumo y venta de animales en los centros sociales, y también a como a veces se acoge esa postura como colectivo (se deja de vender carne en esos espacios) pero sus integrantes la siguen consumiendo. Queríamos saber porque se daba ese fenómeno, aunque de nuevo, no llegamos a tener ningún debate como nos hubiera gustado.

Por último comentar que también salimos todos los domingos por la mañana a la conocida plaza de Tirso de Molina de Madrid, donde bajamos material gratuito y libros, y animamos a que la gente pregunte y debata con nosotrxs.

2) ¿Qué nos podéis contar sobre el funcionamiento ordinario de la asamblea? ¿Cómo funcionáis?

El funcionamiento de la asamblea, como he podido explicar brevemente en la pregunta anterior, consiste en organizarnos horizontalmente y como bien describe nuestro nombre de manera asamblearia, reuniéndonos todas las semanas. Las decisiones son valoradas por cada uno de nosotrxs, sin jefes ni portavoces que dirijan o tengan opiniones que pesen más que las de los demás.

Somos conscientes de que esa manera de organización puede hacernos caminar más lentos (ya que sabemos que es más rápido y fácil seguir las ordenes de una sola persona sin pensar por unx mismx), pero encontramos esta manera la más coherente con nuestras ideas y al fin y al cabo la que mejor se adapta a nosotrxs y a nuestra lucha. También el hecho de ver las diferentes posturas e ideas de cada unx hace que las propuestas se complementen, ya que cada unx de nosotrxs lo enriquece con su manera particular de ver y hacer. Además, con el tiempo, hemos ido puliendo nuestra forma de trabajo y nuestra forma de relacionarnos dentro de la asamblea, lo que hace que hayamos encontrado (y sigamos encontrando) la manera en que más agusto nos encontramos para trabajar.

También, por explicar un poco más personalmente nuestro funcionamiento, solemos hacer cada año una valoración, a modo de autocrítica, para ver nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles, valoramos si hemos conseguido los objetivos que nos hemos propuesto, que nos ha faltado, que hemos mejorado, etc. Así como, los objetivos y mejoras para el año siguiente. Esto, junto con las ganas que le ponemos cada unx, es lo que hace que poco a poco vayamos creando los lazos necesarios para trabajar de una manera efectiva entre nosotrxs.

Otra de las cosas que hacemos a nivel interno y que valoramos mucho, son debates concretos sobre particularidades de la lucha por la liberación animal que no tenemos del todo claro (ni a nivel personal ni a nivel de grupo), con ello de nuevo, crecemos como asamblea (y por supuesto, también a nivel individual).

Por último, decir que creemos en la acción directa como medio de conseguir nuestros fines, es decir actuamos sin ningún tipo de intermediarios y no pretendemos en que la situación de los demás animales se cambie mediante leyes, si no que somos nosotrxs, la gente de a pie, la que tiene que tomar las decisiones para que los demás animales dejen de ser explotados.

3) Se podría decir que el veganismo y los derechos de los animales son los dos elementos que justifican vuestra existencia como asamblea. Desde vuestra postura, ¿qué le contestaríais a una persona que os preguntara por qué priorizar esta lucha sobre otras cosas como la crisis actual?

Tal y como nosotrxs lo vemos, no se trata de priorizar la liberación de los demás animales a la humana, sino de extender la idea de libertad, incluyendo en nuestra lucha a miles de millones de individuos que, como nosotrxs, sufren las consecuencias del sistema en que vivimos. Cuantos menos límites pongamos a esa lucha y a esa idea de libertad, más fácil será abarcarlo todo.

Por otro lado, este tipo de preguntas supone un falso dilema, como si las diferentes luchas fueran incompatibles. Igualmente podrían preguntarnos por qué priorizar la crisis actual, cuando en África hay miles de niños muriendo de hambre... Esto es todo una misma guerra, que para poder ganar debe ser combatida en todos los frentes. Si luchamos por cambiar el mundo, luchamos por cambiar el mundo, y no sólo la parte que nos afecta. Es lógico que cada unx dedique su tiempo y su energía a pelear en el frente que le sea más cercano o le toque más la fibra, sin que eso implique necesariamente dejar de participar en otras luchas y proyectos.

La particularidad de este frente para nosotrxs es que la explotación animal es un problema de extrema urgencia, por la cantidad de sufrimiento y muerte que genera, por la cantidad de seres a los que afecta (individuos que carecen de herramientas para luchar por sí mismos) y, sobre todo, por lo olvidado y aceptado que está a pesar de encontrarse estrechamente relacionado con nuestra propia opresión.

Dentro de la lógica del capitalismo, el estatus de los individuos que pertenecen a otras especies es aún peor que el nuestro. Son considerados mercancías, propiedades, meros recursos a nuestra disposición. La crisis actual no es sólo un problema puntual, sino la consecuencia de este sistema que legitima y perpetua valores como la autoridad, la dominación, el consumismo y, en definitiva, la explotación de unxs para el beneficio de otrxs. Creemos que si estamos en contra de estos valores, no deberíamos reproducirlos en nuestras relaciones con los demás animales, dedicarnos a justificar su situación y a erigirnos, en última instancia, en sus explotadorxs. Creemos firmemente que para acabar con todas esas ideas e instituciones que nos oprimen, es necesario también acabar con el opresor y dominador que llevamos dentro, en lugar de seguir participando de ello y mirar hacia otro lado.

4) Muchas personas anarquistas se preguntarán qué tiene que ver el veganismo con la revolución social que buscan. ¿Cómo se relaciona el veganismo con la lucha política por la emancipación humana? ¿Por qué el anarquismo se debería interesar por estos asuntos?

Para empezar el anarquismo se opone a toda autoridad, jerarquía o dominación. Partiendo de esta base nosotrxs entendemos que lxs demás animales deben estar incluidxs en esta afirmación.

Por otro lado, aclarar que la Liberación Animal (en la que nosotrxs incluimos la Liberación humana) no es lo mismo que el veganismo: La Liberación Animal requiere necesariamente del veganismo, pero el veganismo sólo abarca una parcela de la liberación animal. El veganismo es acción directa, un cambio que empieza en unx mismx y que supone rehusar el consumo de productos animales en cualquier ámbito de nuestra vida y, en consecuencia, el frontal rechazo de la explotación animal.

El veganismo se relaciona con la lucha política por la emancipación humana tanto en cuanto integra la lucha por la liberación animal. Cuando hablamos de Liberación animal de lo que estamos hablando, en última instancia, es de la lucha por la libertad que, consideramos, va más allá de las especies.

Nosotrxs creemos que el anarquismo, por su propia esencia, es un conjunto de ideas en constante evolución y debate.
Independientemente de la consideración que lxs teóriquxs anarquistxs hayan tenido por lxs demás animales, las ideas evolucionan y se enriquecen y el anarquismo también se contagia de ideas y prácticas que no necesariamente estaban vinculadas en su origen, siempre y cuando éstas concuerden con las ideas y los principios básicos del anarquismo, ideas y principios con los que, a nuestro entender, la Liberación animal se compagina perfectamente.

De hecho, en gran medida el movimiento por la liberación animal sí que tiene una conexión histórica con el anarquismo y los entornos libertarios. Por poner algunos ejemplos, Ronnie Lee ideó la forma organizativa del Frente de Liberación Animal basándose en los grupos de afinidad de lxs anarquistas "españolxs" de principios del siglo XX; la presencia y participación en la liberación animal de gente involucrada en colectivos anarquistas es una constante desde que, a finales de los 60, comienzan los sabotajes a la caza del zorro; la similitud de prácticas y enfoques a la hora de poner en marcha estrategias de acción directa es más que evidente... Creemos que las cosas están bastante claras para quien tenga el interés de pensar sobre ellas.

5) En un plano menos teórico, ¿qué pueden hacer les anarquistas interesades por los derechos animales?

Bueno, si se nos permite nos gustaría hacer una pequeña puntualización respecto al término "derechos animales". Dentro del ámbito anarquista la palabra "derechos" puede producir cierto rechazo al ser algo asociado al sistema legal, por tanto judicial y, muchas veces, penal. Nosotrxs mismxs hemos debatido bastante sobre este tema y queríamos compartir nuestra postura. Es cierto que todxs reconocemos a lxs demás ciertos derechos, lo llamemos como lo llamemos. El derecho a la vida, a decidir sobre tu propio cuerpo, a la libre circulación, etc., son cosas comúnmente aceptadas dentro del anarquismo. Nosotrxs defendemos que lxs demás animales tienen derechos morales que deben ser reconocidos por un número de personas cada vez mayor. En el terreno legal no entramos, ese es territorio del/a enemigx. Y por eso, por ser un término que puede dar lugar a confusión, preferimos hablar de respeto para los demás animales o de liberación animal.

Y dicho esto, sobre qué pueden hacer lxs anarquistas al respecto, el límite lo marcarán la creatividad y las capacidades de cada unx. El movimiento por la liberación animal hasta ahora se ha dedicado principalmente a la difusión de información sobre la situación de explotación de los demás animales, a extender las ideas antiespecistas, a rescatar o liberar a animales encerrados, a boicotear, sabotear y presionar a quienes se lucran con la explotación animal para que dejen de hacerlo, o a promover otras formas de relacionarse con los demás animales. Hay cosas que puede hacer una persona sola, otras que se pueden hacer entre muy poquitxs y otras que requieren de un grado de organización más complejo. Hay tareas más técnicas, otras más sencillas, unas más arriesgadas y otras menos... Como en toda lucha, se necesita de muchas herramientas que se complementan entre sí (y, como en toda lucha, es fundamental tener esto claro y no creerse que lo único que vale es lo que unx hace).

Si eres anarquista y crees que los demás animales merecen ser libres, puedes empezar cambiando algunos de tus hábitos (por ejemplo la dieta o dejar de utilizar determinados productos) y puedes fomentar el debate en tu entorno. Ya hay algunos colectivos funcionando, puedes contactar con ellos y fomentar la creación de lazos. También puedes buscar gente con tus mismas preocupaciones y pensar cómo podéis aportar vuestro granito de arena a esta lucha. Si no encuentras esas afinidades, hay bastantes cosas que puedes hacer incluso tú solx. Lo importante es hacerlo con sinceridad, humildad y lo mejor que se pueda.

6) En la Red circulan varias posturas escépticas con respecto al veganismo: que si los productos veganos son más caros, que si el veganismo es una opción para gente con dinero, que si la explotación capitalista también se da en estos círculos... ¿Qué opináis al respecto? ¿Qué le diríais a estas personas?

Creemos que lo primero que debe quedar claro es que el veganismo no es un fin en si mismo, sino un medio para la liberación animal. Es una acción directa contra la explotación animal, quizá una de las más importantes y poderosas porque eres tú quien decides que no quieres contribuir con la explotación animal y dejas de hacerlo sin esperar a que el resto haga algo, sin esperar a que cambien las cosas tú ya lo estás haciendo y eso influye en el cambio.

La alimentación vegana se basa en la ingesta de cereales (pan, arroz, pasta, avena, etc), como fuente principal de carbohidratos, todo tipo de verduras y frutas, legumbres, como fuente principal de proteínas, frutos secos y aceites vegetales, como el de oliva.

Respecto a lo caro- barato, nos gustaría hacer una breve reflexión; no siempre lo barato es lo mejor, hay productos muy baratos que conllevan mucha explotación humana y no humana y además puede que no sean muy buenos para nuestra salud. Solemos tener la idea que las cosas caras son de "pijos" y no nos paramos a pensar que la mayoría de las veces los procesos productivos más justos son más caros por el hecho de que las personas que participan en ellos no están tan salvajemente explotadas. Pensamos que muchas veces es mejor comerse un plátano, ecológico y de un grupo de consumo, por ejemplo, que comprarse 3 por ese mismo precio en el Mercadona.
Muchas veces buscamos comprar cosas más baratas para poder consumir más. Compramos muchas cosas que pueden ser prescindibles en nuestra vida, aquí cada uno tiene que valorar que es lo que necesita realmente y en que que quiere gastar el dinero.

Es cierto que el mercado capitalista se va adueñando de todo y allá dónde ve mercado lo explota; como puede ser el caso con la aparición de muchos productos veganos, que realmente los puedes elaborar tú mismo o simplemente son caprichos o chucherías sin los que se puede vivir.

Cómo decíamos al principio el veganismo es un medio para la liberación animal, todos somos animales por lo que nosotrxs como veganxs también nos preocupamos de la explotación humana y de la tierra, creemos que esta es la actitud congruente. Es verdad que en esta sociedad es muy difícil no consumir algo que no lleve explotación de ningún tipo. Prácticamente en cualquier producto en el que pensemos podemos encontrar explotación de una manera o de otra, por ello de lo que se trata es de ser conscientes de lo que consumimos, evidentemente cuanto menos se consuma mejor y cuando consumamos pensar en cómo lo hacemos y que es lo que produce menos sufrimiento, muerte y explotación.

Decidir vivir así, siendo consciente y cuestionándose las cosas en cada momento no es fácil en una sociedad como la nuestra llena de “falsos colores y brillos” que atraen, que nos llevan a lo cómodo y al no pensar, hacía dónde nos quieren llevar. Qué sea difícil no significa que no se haga y que cada unx llegue hasta dónde vea, hasta dónde quiera llegar siendo congruente. Sinceramente, muchas veces este tipo de argumentos que comentas son solo excusas que algunas personas se dan para no practicar el veganismo.

7) Vamos a ir finalizando esta entrevista. Sabéis que existe todo un discurso anti-ecologista, incluso en eso que llamamos “izquierda”, que identifica la lucha por los derechos animales como “cosas de hippies sin conciencia política.” ¿Qué diríais al respecto? ¿Pensáis que hoy por hoy el veganismo y la defensa de los derechos animales es cosa de gente “sin conciencia política”?

Somos conscientes de que alguna gente no considera la lucha por la liberación animal como parte de "la revolución". Pero si no reconocemos la opresión que están sufriendo los demás animales, ni nos reconocemos nosotrxs mismxs como opresores, seguiremos fomentando la misma explotación contra la que luchamos. No creemos que admitir a lxs demás animales en nuestro círculo de consideración sea algo subordinado a un cambio en las estructuras sociales, sino que para acabar con la opresión es preciso atajarla en todos sus frentes. Igual que la lucha contra otras opresiones como el sexismo y el racismo, cada vez más se incluyen como parte de una visión y una práctica holísticas, el antiespecismo sitúa a más individuos en el marco a liberar. Por otro lado, también sabemos que hay gente que es vegetariana únicamente por una cuestión de salud, e incluso gente que estando en lucha por la liberación animal, olvidan realizar una crítica de raíz al sistema capitalista, del que la explotación animal no es más que un síntoma. Por ello creemos que no hemos de perder de vista nunca las bases explotadoras de esta civilización, ni tampoco olvidar cada una de las opresiones concretas que conforman su cotidianidad.

8) Bueno, muchas gracias por dedicar este tiempo a les lectores de Regeneración. Si tenéis algo más que añadir, por favor, sentiros libres de hacerlo ahora. Gracias una vez más y salud.

Pues nada, queremos aprovechar para daros las gracias a vosotrxs por ofrecernos este espacio para permitir expresarnos y por dedicar un espacio al tema de la Liberación Animal. Os deseamos mucha suerte y ánimo con el proyecto y si alguien se quiere ponerse en contacto con nosotrxs, puede escribirnos a esta dirección de correo electrónico: lamismalibertad@gmail.com

Un saludo.

Veganismo, una cuestión ética y política

Dentro de los círculos anarquistas este tema todavía sigue siendo polémico. Como es sabido, "el veganismo es una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida. En la práctica se aplica siguiendo una dieta vegetariana pura y anima el uso de alternativas para todas las materias derivadas parcial o totalmente de animales" (Donald Watson) que tuvo su origen en 1944 cuando el autor de la anterior cita fundó la Vegan Society. No vamos a profundizar mucho sobre las otras motivaciones que llevan a que la gente se acerque al veganismo como la ecología, la salud o espiritualidad pero sí comentaré algo como dato, centrándome más en la cuestión ética y sobre todo política.

La producción de carne industrial no solo implica sufrimiento y dolor para el ganado sino también un gran derroche de recursos, pues para producir el pienso que se necesita para el engorde, requieren de enormes campos de cultivo de cereales que en vez de destinarse al consumo humano, van a parar a las granjas industriales. Ello ocasiona, por ejemplo, que se tenga que destruir grandes extensiones de bosque para enormes campos de monocultivo (muchos de ellos de transgénicos) con el añadido de la alteración del clima local, la contaminación y degradación del suelo, y la expulsión de campesinos locales e indígenas. Pero no solo se crea impacto ambiental en la producción de pienso sino también en las granjas, donde se vierten grandes cantidades de heces, se acumulan numerosos cadáveres y se emiten muchos gases de efecto invernadero, como el metano en el caso de la ganadería bovina.

Existen numerosos mitos como la escasez de proteínas o la necesidad de complementos vitamínicos para paliar las carencias que en realidad son falsos si uno sabe qué tomar. Existen una grandísima cantidad de alimentos vegetales y la clave es comer variado¹. Por ejemplo, alimentos vegetales con proteínas son los frutos secos, las legumbres y los cereales integrales y las vitaminas se encuentran prácticamente en todas las frutas (salvo la B12 que se encuentra solo en la carne pero que se puede adquirir en suplementos o en las raíces de las plantas).

Numerosas investigaciones científicas demuestran que los animales no solo se mueven por instinto sino que poseen cierta inteligencia -pero no tan desarrollada como en los humanos, evidentemente- y son capaces de sentir emociones. Y esto se puede demostrar además en bastantes especies que conviven en sociedad como las gallinas, los cerdos (estos dos últimos si viven fuera de las granjas industriales), los lobos, los primates, los delfines... e incluso en los solitarios. Entre los vertebrados, las aves y los mamíferos son los que mayor inteligencia desarrollan con respecto a reptiles, peces y anfibios. Solo por el hecho de ser seres vivos con capacidad de sentir deben ser considerados como tales y merecen respeto independientemente de su especie, por tanto, también tienen derecho a una vida digna en libertad. He aquí la cuestión ética principal en que gira en torno esta filosofía y consideremos pues que si nos declaramos antiautoritarios también debemos tener en cuenta la no coacción/discriminación hacia otros seres vivos de diferente especie capaces de sentir, sabiendo que tienen el mismo derecho de vivir dignamente y en libertad que los humanos. El respeto a la vida no solo implica el amor a la humanidad sino también al resto de especies que habitan en el planeta.

Sin embargo, hay ocasiones en que se cae en el fanatismo, como que bajo ninguna circunstancia se pueda matar a un aminal (aunque sea por extrema necesidad) o como anteponer los animales no humanos frente al ser humano, desarrollando así una misantropía haciendo del individuo un antisocial. Incluso hay gente que ha llegado a santificar a otras especies o considerarlas como hermanos, algo que ya carece de sentido. En casos de extrema necesidad, por ejemplo cuando uno está perdido en el monte y no hay ningún vegetal comestible alrededor, pero hay conejos, es comprensible que se mate uno para la propia supervivencia. No obstante, la caza dejó de serlo desde hace mucho y se ha convertido en misiones de búsqueda y eliminación del objetivo. El desarrollo de actitudes antisociales quizá sea uno de los mayores peligros en los que se pueda caer y si se reivindica la igualdad animal no se puede priorizar el resto de especies sobre la humana porque es igualmente nociva que el antropocentrismo. La igualdad de los animales respecto a nuestra especie es lo mismo que la igualdad en los seres humanos, en que dentro de la diversidad exista una igualdad real de oportunidades para el desarrollo de los individuos en la sociedad, donde dicha igualdad vaya unida a la libertad y la responsabilidad. Con ello quiero decir que los animales no deberían ser propiedades nuestras sin derecho alguno a desarrollarse libremente y utilizados como recursos naturales, siendo en algunos casos, que convivan junto con humanos.

Cualquier movimiento social carente de carácter político es fácilmente recuperable por el sistema y ello incluye también al veganismo, que para el capitalismo supone un mercado poco explotado, a la par que puede ser institucionalizado en partidos políticos. Por ello es importante dotarlo de contenido político para evitar que degenere en una filosofía estéril y fácilmente asimilable por el sistema. A falta de conciencia política, algunos veganos terminaron mendigando productos veganos a Mercadona, conocida cadena de supermercados por los conflictos laborales con la CNT y sus denigrantes políticas laborales, otros terminaron por dar su voto al PACMA y creer en la vía institucional, otros frecuentan grandes superficies (templos del consumo) por conseguir productos veganos. Por tanto, es necesario hacer hincapié, para los anarquistas veganos, en que no solo debemos luchar por la liberación animal (y humana) sino también contra el sistema capitalista, puesto que gracias al liberalismo clásico y con mayor peso neoliberalismo, la producción de carne pasó a ser industrial que ocasionó la valoración monetaria de los animales, reduciéndolos a simple mercancía y borrando todo atisbo de empatía hacia su sufrimiento.

En resumen, es imposible tratar de acabar con la explotación animal sin acabar con el capitalismo, pues el ser humano también es un animal y en caso de que se centrara solo en la liberación de los animales no humanos y aceptando que el capitalismo sea compatible con el veganismo, terminará este estilo de vida degenerando en una moda más, promovido desde partidos políticos y un suculento mercado a explotar. Igualmente está relacionado con el ecologismo y la soberanía alimentaria, pues la existencia de la propiedad privada de lo medios de producción impide la justa distribución de los recursos a la vez que genera dependencia hacia las grandes corporaciones alimentarias. De hecho, me parece hasta hipócrita que no se cuestione el uso de transgénicos y la agricultura industrial porque los grandes campos de monocultivo en propiedad privada también implica explotación humana y la matanza de animales cuando se queman o talan grandes extensiones de selva virgen únicamente para esos fines. Todo ello parece tener raíz en el sistema productivo actual y por tanto, veo conveniente dotar al veganismo de contenido político y darle una perspectiva libertaria a los movimientos sociales de liberación animal.

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Para saber más:

[1]  Sobre nutrición vegana, aquí dejo una lista elaborada por el colectivo Igualdad Animal y aquí sobre los mitos en la alimentación