Sólo el arte político tiene futuro (II)

Tal y como pudimos leer en la primera parte de esta entrevista, el grupo de anarquista ruso Voina utiliza el arte y la controversia como forma de propaganda. No obstante,  no sólo ha generado polémica, sino que también se ha visto envuelto en ella debido al acoso policial sufrido, a una escisión destacable y a su relación con la banda de punk Pussy Riot.

Dadas sus raíces anarquistas, Voina ha estado involucrado en diferentes protestas, no sólo contra el capitalismo sino también contra el sistema democrático representativo y contra el Estado. A su juicio, las estructuras de poder en Rusia están corrompidas y la vida política mutilada. “No hay escena política en Rusia. Lo que hay es una mafia que sostiene el poder, las financias y los recursos naturales del país. Hay también una oposición pseudo liberal que simula protestar y en realidad no son más que conformistas”, afirma el artista Leonid Nikolayev. Molesta con los manifestantes no comprometidos, Natalia Sokol, miembro activo del grupo, explica que “quienes participan de una protesta real están ya en prisión o lo estarán pronto. En Rusia hay varios presos políticos que se están pudriéndo en la cárcel”. Tal fue el caso de Oleg Vorotnikov y del propio Leonid, quienes a finales de 2010 fueron detenidos y enviados a prisión por su creación Palace coup, en la cual volcaron varios coches de policía tratando de evocar un sistema patas arriba. A propósito de ello nació la campaña Free Voina, a la cual el célebre artista callejero británico Banksy se adhirió donando una cuantiosa suma de dinero para cubrir la fianza impuesta.

No obstante, no es sólo a través del arte y de las manifestaciones que el grupo Voina actúa políticamente. Su actitud frente a la vida es también una forma de protesta.  La propaganda por el hecho, tradicional en el anarquismo y frecuente vinculada a la acción armada, se basa en el elemental principio de difundir una ideología practicándola. De esta manera, algunos miembros de la organización han rechazado el uso del dinero, sobreviven  robando comida en supermercados y han vivido largas temporadas en caravanas y garajes. El uso de simbologí y referencias anarquistas, también, son habituales en sus creaciones: “El 7 de noviembre de 2008, Voina celebró el 120º natalicio del líder anarquista ruso Nestor Makhno asaltando el parlamento de Rusia, la Casa Blanca”, apunta el encargado de medios Alexey Plutser-Sarno en referencia a la acción The seizure of the White House, en la que algunos activistas cruzaron la cancela del edificio mientras se proyectaba en la pared una calavera y dos tibias de más de 40 metros de altura. “Antes de la acción yo ya había declarado la Casa Blanca es el mejor lienzo para un artista. La calavera con dos tibias en su fachada es una advertencia a las autoridades corruptas, la anarquía es una inevitable reacción a las políticas de xenofobia y genocidio”, completa Alex.

Verzilov es un traidor que ha llevado a gente a prisión

En el año 2009 Voina expulsó a uno de sus miembros más activos, Pyotr Verzilov, acusado de ser un confidente de la policía. Su entonces compañera, Nadezhda Tolokonnikova –hoy en prisión por su participación en la acción Punk prayer de Pussy Riot-, también abandonó la formación. Juntos reclutaron a nuevos activistas para organizar la autodenominada Facción moscovita de Voina, con la que ganaron cierta fama internacional a costa de la organización original.

No son pocas las entrevistas en la que los miembros originales de Voina han declarado la existencia de cierta ordenación jerárquica y de cargos fijos en la estructura. No obstante, justifican dicha falta de asamblearismo -propio de cualquier colectivo anarquista- a necesidades organizativas e intentos de desestabilización difundidos por Verzilov. “La fuente de esta mentira es Verzilov. Con el fin de ocultar su traición disemina información falsa sobre el comportamiento represivo de Vorotnikov. En los medios de comunicación, le llama Oleg Führer, lo que es absolutamente un ultraje. Es una de sus muchas provocaciones; la forma de vengarse por su expulsión”, explica Leonid. Alexey, en cambio, se centra en responder a cómo se organiza la estructura del grupo. “En el día a día y en el trabajo los activistas de Voina son iguales y absolutamente libres. Nosotros elegimos un líder sólo cuando vamos a la acción. Tiene que haber alguien que coordine a todo el mundo en la calle. Tiene que haber una organización, un guión. Generalmente todos estamos de acuerdo en delegar la gestión de la operación a Natalia Sokol”. Leonid añade sobre Natalia. “Ella es nuestra comandante en jefe para las acciones. Si no hay una gestión y una eficiencia probablemente acabaríamos en prisión por una larga temporada. Aparte hay gente en el grupo que tienen como cargo el desarrollo ideológico –Oleg y Alexey. Podríamos llamarlos líderes intelectuales”. Alexey matiza: “Aunque no intentamos imponer nuestras ideas y no oprimimos a nadie con nuestras ambiciones. El grupo es libre de elegir nuestras ideas o rechazarlas”.

 Verzilov, además de traidor, es considerado por Voina como un plagiador, a pesar de que en numerosas ocasiones la línea original se ha manifestado contraria al copyright. Según Alexey, “estamos en contra del copyright y no hemos registrado la marca Voina Group. Estaríamos encantados de que tú prepararas una acción y la suscribieras bajo el nombre de Voina. Sería mejor incluso si discutes la acción con nosotros y podemos ayudarte de alguna manera. Pero si tú públicamente anuncias que has fundado Voina en Moscú, que tú personalmente has preparado todas las ideas y acciones de Voina, podría ser, claro, un plagio ya que el grupo fue fundado por Oleg y Natalia en 2005 y las ideas y acciones pertenecen a ellos y a mí”. “Cuando Oleg y Natalia prepararon la acción en el puente Liteiny en San Petesburgo y pintaron un falo gigante en él –prosigue Leonid-, el provocador Pyotr Verzilov concedió una entrevista al canal REN-TV en la que se nombró autor de la acción a pesar de que se enterara de ella a través de los medios”. A propósito de ello, Oleg pone un ejemplo: “cuando él dice que fundó el grupo junto a su esposa Nadya miente. Se olvida de mencionar que en 2005 ella tenía 15 años e iba a la escuela en Norlisk. Él tenía 17 años y acababa de venir de Canadá”. “Pyotr –dice Natalia- fue invitado por Oleg Vorotnikov a participar en algunas de las primeras acciones. Pero fue descubierto delatando a algunos activistas de Voina a la policía”. Este punto lo amplía Leonid. “Él intentó delatar a Oleg y a Natalia, pero lograron escapar. En Rusia, Pyotr Verzilov es conocido no sólo como un provocador, sino también como un traidor. Siempre intenta ganarse la confianza de los anarquistas presentándose como un activista de Voina. Regularmente filmaba sus rostros y los subía a Internet. Inmediatamente, muchos de esos anarquistas eran encarcelados. En agosto de 2012, en España, el anarquista Pyotr Silayev, un activista a favor de la conservación del bosque Khimki y partícipe de la marcha anarquista Khimki, fue arrestado. Fue Verzilov quien filmó a los anarquistas y les envió el video a los policías. La verdadera naturaleza de Verzilov fue también puesta al descubierto por Pussy Riot. Cuando las chicas fueron encarceladas, él se presentó a sí mismo como su director de relaciones públicas y su líder. Se apropió de sus trabajos. Pero la peor parte es que es un provocador que ha llevado a gente a prisión”. Oleg, finaliza añadiendo más información: “El caso sobre Pussy Riot está basado en información procedente del ordenador de Verzilov que él mismo le dio a la policía. Este hecho es recogido formalmente en la sentencia”.

 Por su parte, Voina no sólo ha tenido problemas con Verzilov. A raíz de la inclusión en diversos festivales de cine internacionales del documental Tomorrow, dirigido por Andrei Gryazev, el grupo ha vuelto a aparecer en la agenda mediática tras un periodo de inactividad. La cinta, en cambio, no deja en muy buen lugar a sus componentes más destacados. Leonid ofrece una larga explicación acerca del origen de tal producción: “Gryazev pidió unirse al grupo, quería ser un activista y luego robó el vídeo completo del archivo de Voina, incluyendo algunos filmados por Oleg y Natalia. Posteriormente, sin permiso del grupo, creó una película de uso privado. También falsificó las firmas de Vorotnikov y Sokol y las usó en el juicio alemán y en la inscripción a la Berlinale. Aquí y aquí pueden verse sus firmas. Pero estas son las verdaderas. El documento 02170001.17 de la corte de Berlín confirma que realizó un juramento bajo la jurisdicción alemana que prohíbe el falso testimonio. Él testificó bajo juramento que todos los derechos de autor de la película Tomorrow le pertenecían, y que todos los participantes (Oleg Vorotnikov, Natalia Sokol, Alexey Byelov, Sergey) de la película le dieron por escrito su consentimiento. Este falso testimonio ocurrió el 11 de febrero de 2012. Pudo cometer esta falsificación porque sabía que Oleg y Natalia no podrían contrarrestar la información, ya que la policía les había confiscado sus documentos de identidad y los había puesto en busca y captura”. Para Natalia, la actitud de Gryazev resume el estado político y social en que se encuentra sumida Rusia. “Gryazev ha engañado a un elevado número de festivales de cine y de compañías de distribución proveyéndolas de documentos falsos con firmas adulteradas. Y ahora está proyectando su película por todo el mundo. Se ha convertido en un director famoso y está obteniendo pingües dividendos. Todo esto es común en esta situación de mierda que padece Rusia, con gente de mierda buscando la fama y el dinero a cualquier precio”.

 La época de las protestas autorizadas ha terminado

En los últimos años, el activismo político en Rusia ha despertado de lo que parecía un letargo sin fin. Las manifestaciones contra el fraude electoral entre 2011 y 2012 han supuesto las demostraciones más numerosas que se recordaban desde hacía una década. A pesar de ello, para Oleg no es suficiente. “Ya sabes que todas estas protestas masivas y liberales no tienen nada de reales. Bien, los gerentes y oficinistas fueron a la calle, cantaron cosas con sus banderas y pancartas, se desahogaron y se dispersaron pacíficamente. Las autoridades no le dieron importancia. Creo que cientos de miles de liberales parados de pie en una plaza rodeada de policías influyen en los políticos menos que 300 anarquistas marchando por San Petersburgo o Moscú. El grupo Voina está seguro de que la época de las protestas autorizadas ha terminado”. “Desafortunadamente –apunta Natalia- hay muy pocos anarquistas para cambiar radicalmente el país. Los anarquistas no tienen nada que hacer en estas pseudo protestas liberales en Rusia”. Según Oleg, lo que demostraría el poder de influencia de los anarquistas es la atención que el poder invierte en reprimirlos. “Los anarquistas y los antifascistas son el único y más valiente movimiento organizado en Rusia. Cuando hay manifestaciones anarquistas en las calles todos los policías huyen de terror. Es una de las razones por las que muchos anarquistas de Rusia y Bielorrusia están en prisión en estos momentos. Muchos de ellos han sido asesinados, y según las autoridades han estado involucrados grupos de extrema derecha. Por supuesto, la policía también está dispuesta a asesinar a anarquistas y antifascistas cuando les conviene”.

La aparición del grupo de punk anarcofeminista Pussy Riot también ha significado un soplo de aire fresco en la escena política rusa. La repercusión internacional que ha tenido el encarcelamiento de tres de sus activistas (actualmente una de ellas se encuentra ya en libertad) tras grabar un videoclip que denunciaba las relaciones entre la Iglesia y el Kremlin en una de las más famosas catedrales ortodoxas de la capital, ha levantado las sospechas de algunos sectores. Asombrados por el desequilibrado tratamiento mediático que reciben habitualmente los anarquistas en prisión y el que han recibido Pussy Riot, hay quien en Rusia se pregunta si se tratará de una operación propagandística dirigida por Occidente. “Las chicas de Pussy Riot que están hoy en prisión –explica Alexey-, abandonaron Voina hace tres años, pero su acción es, en todos sus sentidos, una protesta contra el sistema”. “Desde el momento en que su canción es titulada Holy Mother, blessed Virgin, drive Putin away!, se trata de un ataque hacia Putin. Es claramente un gesto político. Es por eso por lo que la reacción de las autoridades ha sido tan agresiva”, concluye Leonid. Sin embargo, en una ocasión pudo verse a Alexey en una manifestación a favor de los presos políticos portando una pancarta con el lema Madonna Pussy Riot, en una referencia hacia la solidaridad mostrada por la estrella pop hacia la banda punk. El detalle pudo parecer irónico, más aún teniendo en cuenta que una de las activistas encarceladas estuvo casada con Pyotr Verzilov. Alexey defiende su trayectoria y a sus antiguas compañeras: “He estado en acciones de apoyo a presos políticos (incluyendo Pussy Riot) en muchas ciudades europeas (por ejemplo, en Tallin, Cracovia, Varsovia, Salzburgo, Liubliana, Maribor). Las chicas de Pussy Riot son claramente prisioneras políticas y todo el mundo tiene que apoyarlas. Habitualmente los anarquistas locales se unen en estas acciones. Aquí puede verse un video del trabajo en Cracovia en el que marchamos bajo banderas anarcosindicalistas. En Liubliana también había banderas anarcofeministas. Pussy Riot necesita la solidaridad de la mayoría de nosotros porque las prisiones rusas son un infierno, especialmente los campos de mujeres, donde reina la violencia. Lo que hicieron y la sentencia que obtuvieron fue absolutamente desproporcionada”. Según Leonid, Pyotr Verzilov habría sido defenestrado por Pussy Riot. “Verzilov no tiene nada que hacer con Pussy Riot, del mismo modo que no tiene nada que hacer con Voina. Fue expulsado de nuestro grupo. Es un provocador y ha sido recientemente revelado como tal una vez más”.

*La entrevista íntegra y en inglés puede consultarse aquí.

Adrián Tarín

Sólo el arte político tiene futuro (I)

El anarquismo en Rusia, que durante los más de 70 años de Unión Soviética fue reprimido hasta casi su desaparición, vuelve a resurgir como movimiento de oposición al orden establecido por el Kremlin. Amén de organizaciones tradicionales, como los anarcosindicalistas Konfederatsiya Revolyutsionnikh Anarkho-Sindikalistov (KRAS), nacen cada vez más movimientos sociales de inspiración libertaria que emplean la acción directa o el arte para generar conciencia anarquista. Uno de esos grupos, ya consolidados, son los artivistas de Voina (Guerra), a quienes hemos tenido la oportunidad de entrevistar.

A pesar de que sus acciones se remontan a 2005, para la escena internacional Voina saltó a la fama cinco años después, a raíz de su creación Dick captured by KGB, en la que el grupo dibujó un falo de más de 60 metros en el puente levadizo Liteyny (San Petersburgo), cercano a la sede del servicio secreto ruso. No obstante, dentro del país ya eran conocidos desde que en los prolegómenos de la elección de Dmitry Medvédev como presidente del Gobierno (2008) organizaran una orgía en el Museo Estatal de Biología frente a un oso (medved es, en ruso, oso). Miembros del grupo explicaron, más tarde, que con la acción pretendieron simbolizar el hecho de que el gobierno se folla a la gente, y a la gente parece que le gusta.

El arte sólo es un negocio para los artistas

Este tipo de performance es habitual en las creaciones de Voina. Con ellas pretenden denunciar no sólo la corrupción política y el autoritarismo reinante en el país, sino también una escena artística contaminada por el capitalismo y la ausencia de creatividad. Para Oleg Vorotnikov, una de las cabezas visibles,  “la mayoría de los artistas rusos se pelean por el dinero que los oligarcas les lanzan de vez en cuando. El arte sólo es un negocio para ellos. Incluso un pequeño número de artistas, que se llaman a sí mismos izquierdistas, no tienen reparo en tomar su sucio dinero y participar en la Bienal de Moscú, financiada por las autoridades mafiosas”. La Bienal de Moscú (2011) tuvo como tema principal El arte activista, pero Voina, que fue invitado, decidió boicotearla por su carácter oficialista.

Asimismo, el grupo rehúsa a exponer sus obras en las galerías comerciales, puesto que tal y como Oleg apunta “todas pertenecen a los oligarcas, que las utilizan para lavar su sucio dinero. Por ejemplo, Garage es propiedad de Roman Abramovich. No conozco ni un solo artista aquí o en el extranjero que no tomaría los sucios petrodólares de este amigo del dictador y se negaría a trabajar en Garage. Esta hipocresía es asquerosa. El año pasado, ya que oficialmente boicoteamos la Bienal de Moscú, Pyotr Verzilov y un grupo de plagiadores exhibieron nuestras obras allí y cobraron las tasas de los curadores”. Pyotr Verzilov tiene una historia rocambolesca tras de sí. En sus inicios fue activista del grupo Voina, pero pronto acusado de colaboracionista con la policía y acabó siendo expulsado.

Leonid Nikolayev, otro miembro notorio, critica la actitud de algunos artistas rusos que “van a Europa a exponer y hablan sobre ideas izquierdistas, pero cuando vuelven a Rusia no dudan en apoyar al poder y enriquecerse a su costa”. Alexey Plutser-Sarno, habitualmente enlace del grupo con los medios de comunicación y exiliado político, completa la acusación sentenciando que, a pesar de haber "una gran cantidad de destacados artistas en Rusia, actualmente no hay muchos de ellos involucrados en una protesta real”.

No se pueden dibujar flores cuando hay represión a nuestro alrededor

Al mezclar política y arte, las influencias de Voina proceden de tal dualidad de disciplinas. Para Alexey, su “arte está inspirado en el movimiento dadaísta, en el futurismo ruso y el accionismo vienés. Pero si hablamos de nuestro estilo artístico callejero y de protesta seguimos el ejemplo de los anarquistas”. De esta manera, completan su actividad con diferentes manifestaciones políticas no artísticas. “Este año, hicimos acciones junto a los anarquistas de Polonia, Eslovenia y otros países. Cuando voy a una ciudad extranjera, no puedo confiar mi trabajo a nadie excepto a los anarquistas”. Según Oleg, “habitualmente contamos en nuestras acciones y marchas con el apoyo y participación de grupos anarquistas. Algunos de nuestros eslóganes y acciones están inspirados en ellos: All cops are bastards (ACAB), Más alto, más alto con la bandera negra –el Estado es nuestro enemigo principal, etcétera”. “A veces nos definimos como un grupo anarco-punk”, apostilla Natalia Sokol, compañera de Oleg y una de las activistas más destacadas.

No obstante, la amistad entre política y arte ha sido históricamente peligrosa, y más aún desde la postmodernidad. Al igual que ocurre con la educación, en Occidente el pensamiento hegemónico tiende hacia la moderación, la neutralidad y lo políticamente correcto. El epitafio de nuestra sociedad bien podría ser todos los extremos se tocan o la virtud está en el término medio. Esta es la razón por la que algunos artistas consideran que la pureza del arte depende de su despolitización. Sin embargo, la feminista Lucy Lippard declaró, en una ocasión, que la buena propaganda y el buen arte deben ser una provocación, una nueva manera de ver y pensar sobre lo que está a nuestro alrededor. Alexey apunta más hacia esta última concepción del arte, afirmando que “sólo el arte político tiene futuro. No es una coincidencia que la 7ª Bienal de Berlín, que nos invitó a ser curadores asociados, fuese sobre intervenciones políticas de los artistas en el espacio social. Los artistas contemporáneos no deben ser indiferentes a lo que está a su alrededor. Simplemente, no pueden dibujar gatos, peces y flores cuando hay una represión masiva en pleno apogeo”. Esto es, en cierto modo, una suerte de acción propagandística: “Cualquier arte de protesta -afirma Natalia- trata de influir en las conciencias de la gente tan masivamente como sea posible. Millones de personas han visto nuestras acciones en Internet. Muchos de ellos están perdiendo el miedo y siguiendo nuestro ejemplo. Muchos grupos valientes están surgiendo tras nosotros". “En nuestro día a día, Voina se parece a un grupo político anarquista. Pero Voina hace acciones que son en todos sus sentidos obras de arte, incluso en contextos meramente socio-políticos”, concluye Alexey.

La calle es nuestro ambiente natural

Como anarquistas, el grupo Voina reivindica el uso del espacio público colectivo desempeñando su arte en las calles, en lugar de en galerías o museos. “De la misma manera que un pez no interactúa con el agua, o un pájaro con el aire, no se puede decir que nosotros interactuemos con la calle. La calle es nuestro ambiente natural, donde hacemos nuestro arte. Internet es nuestra galería”, explica Alexey. Interrogado por la misma cuestión, Oleg apunta que “la interacción con el espacio de una galería o un museo es un problema, porque es un espacio extraño para nosotros. No sabemos cómo interactuar con ellas, aunque a veces lo hemos intentado”.

No obstante, las dinámicas privatizadoras, así como los cambios sociales en nuestras relaciones interpersonales, ahora mediadas habitualmente por las tecnologías de la información, nos remiten más hacia espacios íntimos que hacia la plaza como ágora. La fotógrafa y feminista Martha Rosler afirmó que las calles pertenecen a la gente, pero la gente ya no las quiere. La necesidad de reproducir en Internet lo que está ocurriendo en la calle puede resultar paradójica. “La documentación de nuestras acciones es un puente entre la calle e Internet. La mayoría de nuestras acciones tienen un elemento delictivo que nos impide invitar a la gente a contemplarlas, puesto que la mayoría seguramente sería arrestada. Millones de personas vieron nuestra Dick en Internet y todo el mundo entendió que fue un ¡que os jodan! al sistema policial de todos los países, no sólo de Rusia”, finaliza Alexey.

La estética anarquista es dejar que cada uno tenga su propia estética

Una de las más relevantes aportaciones del anarquismo al arte es su creatividad y su ruptura con el academicismo burgués. No obstante, autores como Edgar Wind, en su obra Arte y anarquía, defienden que la imaginación –tanto su ausencia como su abuso- puede suponer un estigma incurable para el artista, hasta el punto de considerarla peligrosa. Alexey relativiza esta cuestión, reflexionando desde un punto de vista tolstoiano acerca de la violencia: “La humanidad vive en el mundo de lo imaginario, en el espacio de los símbolos. Somos conscientes de la realidad que nos rodea sólo a través de nuestras fantasías. Por supuesto, hay un montón de símbolos e ideas peligrosas. Por ejemplo, la idea de la violencia es peligrosa. Esta idea genera violencia. Las autoridades están tratando de persuadirnos de que la violencia es legítima, que las ejecuciones y las víctimas son necesarias. Pero es una mentira. Este sistema de símbolos se remonta a los tiempos mitológicos. Y tenemos que destruir, deconstruir el mismo”. Natalia, por su parte, evalúa la labor del grupo como generador de nuevos imaginarios, afirmando que “por medio de nuestras acciones estamos tratando de destruir esos símbolos nocivos y peligrosos que hemos heredado del pasado oscuro”.

La estética y el ego son dos de los principales desafíos a los que se ha enfrentado tradicionalmente el arte anarquista. Por un lado, surge la eterna pregunta ¿existe una estética anarquista? Por otro lado, parece difícil conjugar el ego artístico con los ideales de fraternidad libertaria. La primera cuestión es zanjada con rapidez por Alexey: “La estética anarquista es dejar que cada uno tenga su propia estética. Nosotros hemos creado la nuestra: heroica y monumental”. A la segunda, Oleg precisa que, efectivamente, lo que el grupo Voina hace es “combinar el ego artístico con la solidaridad, la igualdad y la fraternidad anarquista”.

Según las teorías libertarias relacionadas con la abolición del trabajo, una vez llegada la verdadera sociedad anarquista, cada uno de nosotros pasaríamos de ser trabajadores a creadores artísticos. No desempeñaríamos una profesión por motivaciones adulteradas como el estatus, la cuantía salarial o la necesidad. Simplemente produciríamos vocacionalmente, en función de nuestras capacidades y habilidades, por lo que todos seríamos artistas. No obstante, Alexey es crítico con este punto de vista: “en una sociedad anarquista, todo el mundo elije un rol y un modo de vida. Sería un error imponer uno y la misma forma de libertad para cada uno. Cada persona debe decidir su propia libertad. Es por eso por lo que pienso que no todo el mundo sería artista. Si alguien quiere ser un espectador pasivo, su elección también debe ser respetada”.

El grupo Voina también posee un historial de represión por parte del poder bastante extenso. Algunos de sus miembros han sido encarcelados y otros han evitado el presidio gracias al exilio. Igualmente, la célebre banda de punk anarcofeminista Pussy Riot tiene un pasado estrechamente vinculado a Voina. Estas cuestiones y otras serán abordadas en la segunda parte de la entrevista.

*La entrevista íntegra y en inglés puede consultarse aquí.

Adrián Tarín