Opinión

Publicado el 8 de junio de 2013 por Colaboraciones

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Tras el 25-A: tocado, pero no hundido

“¿Piensas o eres normal?” (De una pintada en Granada)

Del derecho y del revés, hay razones para concluir que la convocatoria de la Plataforma ¡En Pie! ,“Asedia el Congreso”, del pasado 25 de abril, se ha saldado con un exitoso fracaso. Expliquemos la aparente contradicción. Fue un revés porque no cumplió con sus pretensiones, sin duda de exigencia desmesurada. Ni hubo “asedio” ni recursos humanos suficientes para plantear algo semejante, ni en la tarde-noche de ese día, ni mucho menos indefinidamente, como fantaseaban los anunciantes. En ese sentido, la montaña parió una lombriz. Pero a partir de ahí solo se pueden contabilizar “éxitos”, de esos que a veces se ocultan en una “derrota oficial”.

Pero hay más. El primer triunfo está en ese ejercicio de pluralidad y autonomía que significó la propia convocatoria, tan alejada de las habituales unanimidades, númerus clausus y pensamientos únicos de todos juntos, disciplinadamente, a la voz de mando, a que nos tienen bochornosamente acostumbrados los clanes del sistema (partidos y sindicatos, autollamados representativos y “sedicentemente de izquierdas”). ¡En pie! llevó adelante en solitario (que no en soledad) su osada propuesta sin más rechazo que las lógicas reticencias de otros movimientos sociales y colectivos que no compartían el emplazamiento. Pero solo eso. Sin recibir nunca una visceral afrenta de ese magma amigo, aunque los medios de manipulación de masas se encargaran de vocear divisiones y vetos que solo existieron en sus calaveras. Pensaban que el descalabro de ¡En Pie! Sería la palanca para el asalto y la demonización del movimiento de los indignados.

El segundo logro fue desmentir el tremendismo de los voceros del régimen. Ni hubo ni se desató esa violencia indiscriminada anunciada, es decir actos sociales reprobables de naturaleza humillante y lesiva contra las personas. Todo quedó en cuatro carreras y algunos altercados propios de una población asfixiada por la trituradora del poder. Esa ciudadanía activa que no se resigna a poner la otra mejilla ante la brutalidad y prepotencia del sistema, en sus diferentes franquicias, PP-PSOE.

A continuación la cita sirvió para conocer, como dijo Robespierre, quiénes son los amigos del pueblo. Y así vimos a la dirección de IU y de CCOO-UGT denunciar solemnemente la convocatoria. ¡Gracias por No venir! Por cierto, ha sido innecesario y poco estético ese alineamiento de la dirigente más mediática de la Plataforma Antidesahucios (PAH) con el frente del rechazo. Ojalá escampe.

Otra motivo de satisfacción fue el ridículo espantoso que ha hecho las autoridades ante la opinión pública nacional e internacional con ese despliegue policial propio de un Estado totalitario. Más de 1.400 antidisturbios, aparte de los infiltrados y provocadores, para una concentración que la prensa cifró en unas 1.000 personas. De ahí esa extravagante y reveladora nota Interior al día siguiente elevando su número hasta los 2.000 manifestantes. Era injustificable que un “gobierno democrático” pusieran en orden de batalla casi el cincuenta por ciento de efectivos más que de protestantes. Y encima va el pobre presidente del Congreso Jesús Posada y se deshace en elogios a su profesionalidad.

Por lo demás, chapó por esa nota en twiter de ¡En Pie! a última hora de la tarde desconvocando la convocatoria y reconociendo que no había contado con suficiente “apoyo social”. El sentido de la responsabilidad que esa autocrítica conlleva, demuestra la inteligencia colectiva del movimiento. Una vez más ha demostrado mayor capacidad política y sentido democrático que los señores que hicieron levantar vallas y corazas ante la supuesta sede la la soberanía popular para que la chusma del pueblo no altere su siesta.

Turba, delincuentes natos, con características antropomórficas predeterminadas, a lo Lombroso, a decir de El País, que publicaba una guía de estilo para distinguir a la gente de normal y a los perroflautas: “Los primeros manifestantes eran en su mayoría personas adultas -decía la crónica-, algunas con banderas republicanas y otras con camisas verdes a favor de la educación pública. Poco a poco, un goteo de manifestantes más jóvenes y estética antisistema -ropas negras con lemas políticos, zapatillas de deporte y piercings- fueron llegando como con cuentagotas y ocupando su sitio en la primera fila junto a la valla”. Estética antisistema. Patético. Como lo del rector de la mayor universidad de Madrid, de apellido Carrillo, llamando a la policía para asaltar la Faculta de Ciencias Políticas y Sociología (¡el centro académico dónde se enseñan valores políticos y sociales, manda carajo!) en busca de subversivos. Otra vez el “comando Dyxan”.

Las salidas en falso de la primavera egipcia, tunecina y el frenazo cívico en Islandia deben hacernos reflexionar sobre la enorme dificultad y complejidad del desafió al que nos enfrentamos, la futilidad de simples golpes de mano o escenarios-espectáculo, y en consecuencia la absoluta necesidad de lograr mayorías de cambio radicalmente democráticas, que solo son posibles con una nueva conciencia que supere inercias y atavismos. La gran baza del sistema, como ocurre con la religión, es hacernos creer que no tiene alternativa. Vamos despacio porque vamos lejos. Comprometidos en una larga marcha que se inicia en un primer y humilde paso al frente diciendo “no”, que ya hemos dado; continua con la apertura de un proceso, en el que ya estamos, y debe perseverar en una estructura de nueva planta, donde todos seamos necesarios pero nadie imprescindible.

La resistencia sigue en pie. La conciencia indignada no prescribe. Acumulando fuerzas. Porque la insignificante lombriz proporciona el indispensable humus de la fertilidad. Metabolizando, rumiando, el ADN del “sí se puede”. ¿Piensas o eres normal?

Rafael Cid

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