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Publicado el 10 de agosto de 2014 por Lusbert

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Violencia y estrategia política

«Es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella.”
Julio Cortázar

Recordemos que el dominio, además de ejercerse mediante el consenso, también es impuesto a través de la violencia. Podemos ver esta violencia estructural en los desahucios, en la precariedad laboral, en las prisiones, en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, en la desigualdad social y económica, etc. Esta violencia no es nada comparable a aquella que se ejerce desde las clases explotadas contra la clase dominante y siempre será legítima en cuanto suponga un medio de liberación, un freno a la opresión. Pero en torno a ella surgen voces discrepantes que cuestionan la violencia revolucionaria y provienen principalmente desde el moralismo pacifista. Esta es la falsa moralidad que no tiene en cuenta las relaciones de poder existentes en la realidad social y pone a la misma altura la violencia estructural con la violencia como medio de autodefensa y liberación. Los argumentos de ambas partes los tenemos bien sabidos y creo que no hace falta repetirlos. Partiendo de que la expropiación a la burguesía solo podrá realizarse mediante la violencia, así como las conquistas revolucionarias, ¿por qué existen numerosos casos de fuertes disturbios que no desembocaron en cambio social y político alguno? ¿La radicalidad se mide de acuerdo al grado de violencia desarrollada por los movimientos populares? ¿Por qué pese a su legitimidad la gente huye de los métodos violentos? Para contestar acertadamente a este tipo de preguntas, sería necesario trascender la dicotomía entre pacifismo y violencia, y por ello sería imprescindible que incluyamos un tercer componente para completar los análisis: la estrategia política.

La estrategia política se juega en el terreno social y va más allá de la confrontación directa con el sistema, es decir, en una lucha abierta de tú a tú. Implica buscar alianzas, definirnos ideológicamente, posicionarnos en el escenario político, crear estructuras orgánicas/organizativas, plantearnos por dónde comenzar a caminar, en qué frentes de lucha incidir, en qué espacios políticos meternos, cómo comunicar nuestras reivindicaciones a la sociedad, etc, que conformaría la estrategia de acumulación de fuerzas, crear movimiento y ser una fuerza política con capacidad material de cambio. Teniendo en cuenta ésto, la coyuntura social es determinante a la hora de optar por una táctica u otra. Pasemos ahora a incorporar el elemento «estrategia política» para un análisis más pormenorizado y sustancial de la violencia y el pacifismo.

La violencia revolucionaria no siempre ayuda al avance de la lucha social, incluso puede llegar a obstaculizarla. Esto se da cuando la violencia invisibiliza el trasfondo y las reivindicaciones políticas que haya detrás de una serie de protestas a través del culto a la violencia, o simplemente se mide la radicalidad con base en el grado de violencia desatada. Como suelo decir, «una turba cabreada de borrachos puede arrasar una ciudad entera sin provocar ningún cambio político y social a favor de la clase trabajadora». La violencia sin estrategia política es pura pantomima, una suerte de válvula de escape para desesperadas y aventureras que buscan el desahogo inmediato frente a la violencia estructural del sistema capitalista, aquellas personas que no ven más allá de romper escaparates y quemar sucursales, perdiéndose en el morbo de la destrucción y el fuego. Sin embargo, hay que reconocer que las luchas recientes como Gamonal y Can Vies, por nombrar las más cercanas en el Estado español, tuvieron éxito gracias al uso de la autodefensa. Pero esto no hubiese ocurrido de no ser por la existencia de un tejido social.

La vía pacífica es criticada desde el anarquismo como una táctica de lucha en las calles que no produciría ningún cambio radical, siquiera un cambio más o menos importante. Esto se puede corroborar en las protestas ciudadanistas totalmente pacíficas en las cuales solo han estado recibiendo porrazos y ninguna de sus reivindicaciones se llevaron a cabo. No obstante, también ha tenido sus puntos a favor y no podemos omitirlos: es accesible para diversas personas que compartan inquietudes comunes, lo que implica que la gente que esté cuestionándose el sistema pueda comenzar a actuar y crear nuevas relaciones; deja en evidencia que la violencia siempre la provocan las fuerzas represivas; y permite que los mensajes que se transmitan no se vean desplazadas y desacreditadas por los métodos usados para transmitirlas. Casos como los desahucios parados o las huelgas en algunos sectores podrían ilustrar que desde la vía pacífica o la resistencia pasiva también se pueden conseguir victorias, aunque sean pequeñas.

Una breve conclusión, que servirá como pincelada para unas nuevas perspectivas sobre el tema, podría ser; lo primero, superar los debates estériles entre violencia y no violencia, ir más allá y atender más al trasfondo de los actos y la estrategia política. Luego, que la violencia revolucionaria no sea objeto de culto, que es una táctica que debe emplearse cuando exista un soporte, es decir, un tejido social amplio que lo respalde y un pueblo fuerte que lo articule. Solo así permitirá que nuestras reivindicaciones no sean desplazadas por las calumnias y la criminalización del poder dominante. Y que la vía pacífica es una buena táctica en cuanto permite que la gente comience a movilizarse, conocerse para tejer lazos solidarios y su contacto con las luchas sociales. Tanto una vía como la otra tienen validez según qué coyunturas. No es la misma situación en el Kurdistán que en Chile, España, EEUU u Oaxaca. La cuestión es saber leer bien los mapas y mover adecuadamente nuestras fichas pero sin llegar a la obsesión de querer controlar todas las situaciones e ir dictando los métodos de lucha. Siempre hay que tener en cuenta que las acciones espontáneas pueden ocurrir, pero en el gran tablero del Risk que es el espacio político y social, nos vemos obligadas a jugar la partida, a no ser que queramos perdernos en el ostracismo para siempre.

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



11 Respuestas para Violencia y estrategia política

  1. Gerardbs says:

    Muy buen artículo. Muy acertada la forma en que evidencias el infantilismo tradicional que con frecuencia acompaña a la izquierda, sobre todo en este nuestro país (España).

  2. alejandro says:

    Hola.

    Estoy de acuerdo en las críticas que haces de la violencia , aunque solo en parte. Creo que se peca de pragmatismo en esta crítica , para mi la violencia irracional que desde muchos sectores se hace apología aleja la revolución en vez de aproximarla , pienso que es ahí donde se debe incidir más y no tanto en el tema de la estrategia. Desde esta postura se tiende a enfriar algunas ideas revolucionarias y corremos el riesgo de parecernos a partidos políticos que quieren "acercarse a la gente". Quiero aclarar que para nada creo que ese sea tu mensaje, pero creo que a veces se puede percibir esto que te estoy diciendo.

    Por ejemplo, uno de los enlaces de este mes. concretamente el de Emilio Santiago dice "Necesitamos anarquistas capaces de contaminarse". ¿ No es esto paradójico? Encuentro esta afirmación prepotente y pretenciosa de una forma impresionante.

    Vuelvo a repetir que estoy basicamente de acuerdo en lo que quieres decir, solo quiero transmitir la idea de que la transformación social no puede ser algo frío como un tablero de risk.

    Espero haberme explicado.

    Salud.

    • Lusbert Lusbert says:

      Incidir en el discurso de la violencia es seguir en un callejón sin salida y se acaba en una simple estética o culto de la misma, sin atender a los movimientos sociales, factores, actores, organización popular, reivindicaciones, etc... Por eso he añadido el componente estratégico: en qué situaciones y coyunturas ayuda a sumar fuerzas y cuándo resta. Esto es muy importante para no caer en el tópico de más violencia igual a más radical.

      Acercar a la gente a nuestras causas no es nada malo, de hecho es la estrategia de acumulación de fuerzas. No es conseguir votos, sino crear herramientas para el trabajo de base, la organización y lucha colectivas. Porque, ¿qué clase de revolución sería aquella sin gente? Una suerte de vanguardia, una élite iluminada y exclusiva de militantes curtidos que hacen su propia revolución sin que las demás se sientan identificadas e incluso partícipes.

      Precisamente esa idea de "necesitamos anarquistas capaces de contaminarse" quiere decir que necesitamos anarquistas que se involucren en las luchas, que den la cara, saquen pecho y se manchen las manos, que no se queden filosofando y se preocupen por construir movimiento en estos tiempos. La lucha no es un camino limpio y hay que ensuciarse. Basta ya de preservar la pureza ideológica, que para lo único que sirve es para rajar de las luchas sociales y quedarse en el chiringuito ideológico.

      Por desgracia, ésto es un tablero de Risk con múltiples fuerzas políticas en el juego por mucho que lo quieras negar.

  3. alejandro says:

    Nadie ha hablado aquí de pureza ideológica, parece que no se pueda articular una crítica sin que aparezca esto del purismo. De hecho, este posibilismo que algunos se empeñan en conjurar es lo que a mi me suena añejo....

    Y sigo pensando que la frase de Emilio Santiago es de un paternalismo casi cómico. Una cosa es arrimar el hombro y otra es ser condescendiente como creo que es su postura. Tampoco beneficia pintar este cuadro de anarquistas como snobs amargados, aunque tiene algo de verdad no creo que sea lo central, no veo ese "alto ideal anarquista" al que se refiere Emilio. También esto me parece bastante clásico , no tiene nada de nuevo.
    ¿ Soy el único al que le suena raro esto de "los anarquistas y la gente"?

    La revolución no es un tablero de risk,me opongo frontalmente a esta afirmación, en eso no nos vamos a poner de acuerdo . Me parece peligroso plantearlo así.

    Salud.

    • Lusbert Lusbert says:

      Muchas veces siquiera arrimamos el hombro y prejuzgamos otros movimientos antes de involucrarnos. Eso es lo que pasa, y luego vamos reivindicando maximalismos... ¿Los anarquistas no somos gente? ¿Somos seres superiores que vivimos de la fotosíntesis o algo así? Espero que no vaya en este sentido tu retórica.

      No, no hablo de la revolución, hablo del escenario y la situación en que estamos en estos momentos; qué fuerzas políticas nos rodean, qué caminos hay para avanzar, qué obstáculos hay, etc... Sí, el escenario es un tablero de Risk; la revolución claro que no lo es, es solo resultado de la acumulación de fuerzas en favor de la clase trabajadora que ha llegado a tal grado que tiene capacidad para superar el actual sistema.

  4. alejandro says:

    Hombre, no creo que sea necesario participar en reconstrucción comunista para saber que es un movimiento reaccionario y peligroso no? Tampoco se prejuzga siempre, a veces participamos en movimientos sociales que creemos honestos pero que vemos impotentes como viran hacía posiciones ciudadanistas...No se que clase de anarquistas conoces, igual mis compañeros y yo somos muy ingenuos aquí en el pueblo, pero no veo ese cuadro que pintas.

    Precisamente lo de "la gente y anarquistas" es una diferenciación que percibo en estas posiciones pragmáticas. Yo desde luego continuo siendo "gente". O eso me dicen.

    • Lusbert Lusbert says:

      A ver, no es en plan meternos en una organización política como R*C o un partido político. Los movimientos sociales se distinguen de los primeros por no tener una orientación política definida pero que sí surgen respondiendo a a unos intereses inmediatos. Si van hacia posiciones ciudadanistas y abandonamos más estamos dejando el terreno libre a que lo acaparen otras tendencias políticas. Si seguimos con lo del "apaga y vámonos" al ver algo que no nos gusta, seguiremos tropezando con la misma piedra una y otra vez. Lo que sí veo importante en los movimientos sociales es que son un punto de encuentro entre gente no politizada y gente politizada, además de ser un soporte para el empoderamiento colectivo. Todo sigue un proceso, nadie nace revolucionario ni se hace de la noche a la mañana.

      Bueno, si queda claro que las anarquistas somos gente entonces no tenemos por qué seguir rizando el rizo...

  5. X says:

    ¡Buenas! Estoy de acuerdo con alguna cosa que comenta el artículo como que lo ideal es una diversidad de tácticas, dicho esto, me temo que la "estrategia política" es dificil de aplicar en la práctica, me explico: nadie duda que las experencias de Gamonal y Can Vies fueron una victoria, eso si, lo decimos ahora, a "toro pasado". En la práctica nadie tiene una varita mágica para saber lo que más conviene y va a "ayudar al avance de la lucha social". Estoy bastante seguro que por ejemplo en el caso de Gamonal, antes de ver la efectividad de la autodefensa, si se hubiera propuesto esta táctica mucha gente se hubiera echado las manos a la cabeza, pues era una típica lucha vecinal, con además bastante presencia de gente de edad avanzada, en las cuales lo más habitual es "resolverlas" con medios pacíficos. A lo que voy es que en la mayor parte de conflictos se tiende a apartar la autodefensa argumentandose que "El movimiento aún no está preparado" cuando lo cierto es que no se sabe si el movimiento está preparado o no hasta que se emplean las diferentes tácticas.
    Comentas que la "autodefensa" puede llegar a obstaculizar el avance de la lucha social ¿En serio? ¿Por qué? ¿Por lo que digan los medios? Creo que debemos de tener claro que el Estado nos detesta y los medios de (des)información siempre van a hacer todo lo posible para poner a la opinión pública en contra nuestra y nuestras propuestas y, sin embargo, va a vender como buenas las luchas ciudadanistas, pues sabe que poco riesgo les van a suponer (Aunque diga esto, que conste que valoro los movimientos de base aunque sean ciudadanistas ya que creo que introducen en la politica a mucha gente que antes estaba desconectada y creo que casi todxs hemos empezado militando en este tipo de movimientos). Yo creo que lo que realmente obstaculiza "el avance de la lucha social" y desmoviliza son los meses y meses de manifestaciones infructíferas y por ejemplo en el caso de Gamonal, lo que hizo sumar apoyos fue el ver que por fin el ayuntamiento estaba dando su brazo a torcer.

    Afirmas que se pueden obtener "victorias" mediante la lucha pacífica, los ejemplos que pones sobre las huelgas o los desahucios son bastante discutibles. Es sabido que lo más importante para ganar una huelga es infringir las mayores pérdidas al empresario y con frecuencia para ello se recurre al sabotaje, de hecho la mayor parte de las huelgas no se limitan simplemente a parar la producción sino que se suelen acompañar de acciones que aumenten el "nivel de conflicto" (vease mineros, astilleros, recogida de basuras...). Respecto a los desahucios, lamentablemente, el número de desahucios que consiguen ser paralizados con respecto al total que se producen es un número ínfimo y la mayor parte de los paralizados no es porque la policía se quede bloqueada al ver a unas personas delante del portal y digan "¡¡oh dios no se puede pasar!!" ya han demostrada en infinidad de ocasiones que no tienen el más mínimo escrúpulo a la hora de golpear a gente indefensa sentada en el suelo. Si algunos desahucios se paralizan (muchos además sólo temporalmente) es precisamente por miedo del banco a que por un desahucio (que tampoco le supone mucha ganancia dado el gran stock de vivienda acumulado que ya tiene) se juegue una campaña directa contra el, como ya sabemos aquí lo que vale es la rentabilidad y sale más rentable paralizar un desahucio temporalmente (ya habrá tiempo de ejecutarlo cuando las cosas se calmen) y encima quedar bien cara a la sociedad que enfrentarse a una campaña en su contra.

    En esta frase de Malatesta se resume bastante bien:
    "Cuando el pueblo se somete dócilmente a la ley, o la protesta es débil y platónica, el gobierno se beneficia de ello sin preocuparse por las necesidades populares; cuando la protesta se vuelve enérgica, insistente, amenazadora, el gobierno, según sea más o menos iluminado, cede o reprime. Pero siempre se llega a la insurrección, porque si el gobierno no cede el pueblo termina rebelándose, y si el gobierno cede el pueblo adquiere fe en sí mismo y pretende cada vez más, hasta que la incompatibilidad entre la libertad y la autoridad se hace evidente y estalla el conflicto violento."

    ¡Saludos!

  6. Lusbert Lusbert says:

    Buenas. Creo que el componente "estrategia política" sí podría aplicarse a la práctica, que es el análisis de los diversos conflictos sociales que se han ganado o perdido para ver sus antecedentes, reivindicaciones, tácticas, aciertos y errores cometidos para volcarlos a las situaciones actuales. Obviamente, en todo esto hay que sumarle el componente "espontaneidad", en ocasiones necesaria para la agudización de un conflicto. En otras palabras, un detonante. Pensar que Gamonal y Can Vies triunfaron solo por la violencia es quedarse muy corto y superficial, pues los antecedentes demuestran que antes del estallido del conflicto abierto, hubo antes un proceso de acumulación de fuerzas. En Gamonal, se articularon desde las asociaciones de vecinos y surgieron asambleas de todo tipo y hubo muchas manifestaciones pacíficas previas. Todo eso ayudó a que, llegado un punto, cuando la tensión comenzó a aumentar cuando sus reivindicaciones no fuesen escuchadas y llegó un momento en que estalló. Can Vies es otro caso similar, de hecho, tiene más historia: 17 años de construcción de barrio. El detonante del conflicto fue el derribo parcial, lo que hizo que se volcara prácticamente todo el barrio contra el Ayuntamiento. Y pasó lo mismo con la defensa del parque Gezi, el Argentinazo del 2001, y otros muchos más conflictos sociales: todos ellos triunfaron, no solo por el uso de la violencia, sino por el poder popular.

    Los movimientos sociales no nacen preparados, tienen sus procesos y dinámicas. La estrategia política implique que analicemos esos procesos de acumulación de fuerzas y apostar por su crecimiento. Un pueblo fuerte será consciente de que el poder dominante no va a ceder por las buenas y así la violencia sale por sí misma, sin necesidad de vanguardias informales que llamen a la insurrección. Vuelvo a repetirte la frase del texto: “una turba cabreada de borrachos puede arrasar una ciudad entera sin provocar ningún cambio político y social a favor de la clase trabajadora”. Una violencia sin contenido político es totalmente inoperativa. Y sobre que la violencia puede obstaculizar el avance de la lucha social, pues sí. Se da cuando es fruto, no de su articulación desde la organización popular sino de cuatro descerebrados que se creen que con liarla están radicalizando a la gente. En general, se da cuando esa violencia se desentiende de las luchas sociales, cuando la mayoría social —y me refiero aquí a la clase trabajadora­—, lo ve como un fenómeno alejado, rabia juvenil, en vez de autodefensa como tal. Entonces es cuando la maquinaria de manipulación se pone en marcha para eclipsar las reivindicaciones de la gente y dividir las opiniones entre violencia y no violencia.

    Cierto, claro que son discutibles las victorias logradas mediante la vía pacífica. Pero veo algo más importante al respecto: la acumulación de fuerzas. Una victoria parcial ayuda a sumar fuerzas y puede conectar con más gente que esté en unas condiciones socioeconómicas similares. La vía pacífica responde más a la necesidad de sumar fuerzas más que al enfrentamiento directo contra el sistema, como ocurre con la violencia revolucionaria. Hay momentos en que se requiere esa suma de fuerzas y en otros, en que hay que enfrentarnos directamente al sistema, y es ahí donde entra en juego la estrategia política.

  7. X says:

    Buenas de nuevo, vuelvo a decir que lo ideal es una diversidad de tácticas, dices que la vía pacífica sirve para acumular fuerzas y sumar fuerzas, como te he dicho eso es relativo y depende del contexto, como he comentado antes, en muchas ocasiones -y esto nos ha pasado a todxs- las luchas improductivas acaban desmovilizando y la supuesta acumulación de fuerzas resulta que ahora es a la inversa. No veo mal la convivencia entre tácticas, no todo el mundo puede comprometerse igualmente y eso es obvio, no podemos obligar a nadie a que utilice una u otra pero si se deberia respetar. También decir que la mayor parte de las victorias -incluso de las parciales- se consiguen mediante la autodefensa y yo soy el primero al que le gustaría que esto no fuese así, puesto que aspiramos a una sociedad libre de toda violencia, pero en serio, no soy capaz de encontrar una sola vicotria reseñable por la via pacifica. Volviendo a lo de estrategia política, creía que una lucha tenga apoyo social venía implícito, estoy hablando de conflictos "cotidianos". El problema que veo es ¿Cual es el baremo de acumulación de fuerzas?, ¿Cómo saber si el movimiento está maduro? ¿Qué requisitos debe tener? ¿Dónde está la línea? Principalmente digo esto porque hay gente que tras decenas de años de "acumular fuerzas" para ellxs el movimiento "aún está verde". Estoy de acuerdo en que hay una fechitización en algunos sectores de la "violencia" y eso no lleva a ningún lado, igual que tampoco lleva a ningún lado la postura inmovilista de no abrirse a la diversidad de tácticas bajo la excusa de la falta de preparación del movimiento. Por poner sólo un ejemplo, algunxs dirán que en Gamonal tenían una acumulación de fuerzas brutal (cuando sólo había una asamblea de vecinxs) mientras que te dirán que en el movimiento estudiantil no (cuando vemos que en muchas ciudades prácticamente hay asambleas en cada facultad funcionando autónomamente ademas de agrupaciones y sindicatos tanto de estudiantes o personal docente y administrativo).
    Por último un matiz a esta frase: "Entonces es cuando la maquinaria de manipulación se pone en marcha para eclipsar las reivindicaciones de la gente y dividir las opiniones entre violencia y no violencia." La maquinaria de manipulación nunca deja de estar en marcha y siempre que perciba que una lucha pueda poner en juego su estatus quo o hacerles dar su brazo a torcer la van a atacar con todas sus fuerzas, se utilice en ella la táctica que sea, lo que ocurre es que lo más frecuente es que se les ponga en jaque con tacticas de autodefensa, pero si se consiguiera esto por la vía pacífica no dudes en que lo atacarían igualmente, ya atacaron en su principio al 15M sin ser un movimiento "violento" simplemente porque esa desobediencia civil si que se les estaba empezando a ir un poco de las manos.

    Salud.

    • Lusbert Lusbert says:

      Cuando una lucha no consigue resultados es la que inmoviliza y desmoraliza al personal, sea violenta o no. Esto es lo que pasó con la FIJL insurreccionalista de los '90 en la península. Si una lucha no consigue sumar gente a sus causas, ni relevos generacionales ni consigue victorias, la gente se va. De lo contrario, si se consiguen victorias, aunque sean muy pequeñas, o se consigan avances en X materia, atraerá a la gente, como el caso de las PAH, de la CNT o la CGT, que últimamente están ganando algo de afiliación por las pequeñas victorias que van arrancando.

      Las victorias parciales, más que por la violencia o la no-violencia, es gracias al poder popular. En todas las victorias en las cuales se ha empleado la violencia, detrás siempre ha habido cierto grado de organización popular, creo que esto es muy importante verlo, pues es a partir de allí de donde se articulan una u otra táctica de lucha. No todas las luchas llevan implícitas el apoyo popular, por ejemplo, en el ámbito laboral o estudiantil. Unas luchas pueden ser más extensas o menos dependiendo de muchos factores: históricos, sociales, políticos, culturales, económicos y territoriales. Y a partir de estos componentes, conformarán un determinado tejido social, uno bien organizado o uno totalmente descompuesto.

      Para saber el grado de acumulación de fuerzas habría que analizar cómo está compuesto el tejido social en un espacio determinado: a nivel barrial, de pueblo, ciudad, regional, etc..., así como el espectro político: qué fuerzas políticas están en conjunto con las luchas sociales. Luego, habría que ver las presencia de estructuras asamblearias y las redes que existan entre organizaciones populares, sindicales y políticas; así como los logros conseguidos en las luchas, qué proyectos inmediatos y de futuro existen, etc. Para determinar que un movimiento está maduro o no, pienso que ya lo dirá la coyuntura social, de cómo se vaya desarrollando esa fuerza social.

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