Opinión

Publicado el 31 de diciembre de 2017 por Lusbert

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2017, un año para no olvidar

Como tercer año consecutivo, llevo repasando el fin de año tratando de recordar lo más sonado este 2017, y seguir adelante con lo construido y lo que quede por hacer. Dejamos otro año repleto de muchísimas historias, de alegrías y penas, de aventuras y cambios, de tropiezos y aciertos, de victorias y derrotas… que sin duda nos marcarán en nuestras vidas.

Este 2017 sin duda marcará a la generación de los ’90 como el comienzo de la vida adulta, lo que significaría para muchas, madurar y, para todos los hijos e hijas de clase trabajadora, darse cabezazos contra la dura realidad marcada sobre todo por la falta de oportunidades, tanto en el mundo laboral como en la entrada a la Universidad, sin olvidar la dificultad para emanciparse por las altas tasas de paro juvenil, el precio de la vivienda y el trabajo temporal y mal remunerado. Y a pesar de que la crisis nos haya pillado en nuestra mejor etapa de la vida, salimos adelante sobreviviendo entre la precariedad y la emigración, luchando por una vida que merezca la pena ser vivida.

Recordamos la llegada del 2017 con un tarifazo de la luz así por la cara otro año consecutivo más, el conflicto de la estiba, la condena a Cassandra por los chistes de Carrero Blanco, las Marchas de la Dignidad, la cumbre del G20, el problema del turismo masivo en ciudades como Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Venecia…, los conflictos en Venezuela, la desaparición de Santiago Maldonado y posterior aparición de su cuerpo, la cuestión catalana y la movilización social durante y tras el 1O, la lucha incansable del pueblo de Murcia contra el muro del AVE, los incendios en Galicia y el norte de Portugal, la victoria sobre Raqqa, la masiva manifestación nazi en la capital polaca el día de su independencia, las manifestaciones contra la violencia machista, la aplicación del artículo 155 en Catalunya, el tráfico de esclavos en una Libia destrozada por el imperialismo, el golpe de Estado en Honduras y la posterior resistencia popular…, el final de la neutralidad de Internet en EEUU y la chispa que volvió a incendiar Oriente Próximo cuando Trump firmó el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí. Dejo aquí muchos acontecimientos más en el tintero ya que no entrarían en este resumen.

Afrontaremos el siguiente año con un cambio climático cuyos efectos cada vez serán más graves sobre la Tierra pero que ningún país parece querer realizar acciones para revertirlo. La crisis económica aún estará lejos de solucionarse y más para España, cuya hucha de las pensiones fue saqueada por el PP y será deficitaria, mientras el BCE dejará de comprar deuda española. Dentro de Europa, hemos de considerar el auge del fascismo en los países del Este y en todo el mundo, ya está en marcha la ofensiva neoliberal. Un fantasma recorre el mundo y no es precisamente el de la URSS, sino una nueva ola conservadora reflejada en Trump, en Macri y en Macron y Le Pen.

Ante esta ola conservadora, las izquierdas —y en particular el movimiento libertario— debemos avanzar y tomar posición en la situación política actual. En América Latina, la apuesta del CNI en México es un ejemplo de la necesidad de pasar a la ofensiva con un movimiento popular indígena detrás para cambiar el modelo de país. Los movimientos sociales en Argentina también deberían plantearse una ofensiva que no solo frene los recortes de Macri, sino que también puedan configurar un nuevo modelo de país. En Chile, ponemos las esperanzas en el Frente Amplio y en la ruptura democrática en aras de hacer avanzar el movimiento popular. Tampoco olvidemos la resistencia campesina en Colombia y las luchas sociales en Brasil ante la represión contra los anarquistas. Yendo para Oriente Próximo, nos duele otra vez Palestina que sufre otra dura agresión por parte de EEUU e Israel contra Jerusalén, capital de Palestina. En Rojava destacamos la victoria sobre Raqqa y en algunas zonas de Bashur (Kurdistán iraquí) el PKK ha proclamado la autonomía democrática y hay en curso un levantamiento contra Barzani.

Volviendo hacia Europa, tenemos las miradas puestas en Catalunya, donde el Procés tras el 1-O ha dado protagonismo a la autoorganización popular a través de los CDR. Cuando la movilización social estaba prácticamente por los suelos, la llegada de septiembre y el curso de los acontecimientos pareció reactivar en Catalunya un nuevo ciclo de movilizaciones, sin olvidar tampoco la movilización del pueblo gallego durante los incendios ni al pueblo murciano que salió a las calles contra el muro del AVE. La cuestión catalana también ha abierto entre nuestras filas una serie de debates acerca de la soberanía, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, la cuestión nacional y la territorial. Estos debates sin duda han sido de los más sonados entre el anarquismo ibérico y catalán, y la izquierda en general. Para bien o para mal, era necesario una buena sacudida en nuestras filas para desechar viejas glorias y prejuicios acerca de la cuestión nacional, ya que entenderla es clave para conocer los movimientos populares del s. XXI: el Rif, las luchas indígenas y el movimiento de liberación kurdo principalmente.

Dejamos otro año atrás con un buen sabor de boca, al menos para mí, observando cómo comenzamos ya a caminar sobre suelo firme con proyectos y organizaciones como la FAGC, Apoyo Mutuo, la FEL, Embat y nuestras compañeras gallegas que estrenaron este 2017 Bátega. La construcción del poder popular requiere paciencia e inserción en las luchas sociales, como la vivienda, el movimiento estudiantil y la Educación, las remunicipalizaciones, el sindicalismo de clase, el medio ambiente y los barrios.

Para el año que viene, en Catalunya hemos de darle una salida por lo social al Procés y evitar volver al casillero de salida del ritmo institucional. La Asamblea Social Constituyente será decisiva para darle una nueva dirección y legitimidad a los movimientos sociales catalanes de cara a impulsar la construcción de una República y un proceso constituyente desde abajo a la izquierda, poniendo sobre la mesa la mejora de las condiciones materiales de la ciudadanía y la clase trabajadora en materias de: vivienda, barrios y pueblos, servicios públicos (Educación, Sanidad, pensiones, Seguridad social, suministros…), marco laboral y política económica, energías y medio ambiente, y soberanía territorial. Y para el resto de España, la ASC y los CDRs deberían ser ejemplos y motivos para que en el resto del territorio se active también la lucha social, en clave de configurar una política de alianzas entre anarquistas, los movimientos sociales y la izquierda radical de cara a construir una ofensiva contra el Régimen del ’78. Recordemos que el art. 155 no es solo para reprimir a Catalunya. También supondrá otra oleada de recortes en derechos y libertades en el resto del Estado español (ya ha sucedido con la intervención de las cuentas del Ayto. de Madrid y del de Cádiz). Debemos ir superando poco a poco los movimientos reactivos (contra la represión, contra …) para comenzar a plantearnos la ofensiva. Solo un pueblo fuerte será capaz de parar el fascismo y revertir los ataques neoliberales.

Como despedida hasta el año que viene, nos espera un 2018 movido, con un camino duro y lleno de retos que afrontar. Durante estas semanas de reencuentros familiares, no olvidemos cuidarnos nosotros y nosotras mismas junto con nuestros seres queridos y recibamos el nuevo año con alegría, ánimos, esperanzas y muchas fuerzas. Por ello, brindemos una vez más por las victorias que hayamos cosechado el movimiento popular alrededor del mundo este 2017. Iniciaremos el siguiente año con un ciclo político en el cual se nos hace cada vez más importante participar de los procesos de lucha social en las calles. Para el 2018, será clave activar un nuevo ciclo de movilizaciones con vocación de poder popular e ir construyendo una institucionalidad desde la base (asambleas de barrio, asociaciones de vecinos, sindicatos, grupos ecologistas, organizaciones feministas…) como foco de contrapoder y de clase. Tenemos que pasar a la ofensiva si queremos ganar, así que afrontemos el nuevo año con los mejores deseos y anhelos por ese nuevo mundo que llevamos en nuestros corazones, y que tratamos de materializar en estos instantes.

¡Feliz solsticio de invierno para el Norte, equinoccio para el trópico y solsticio de verano para el Sur! La historia solo acaba de empezar. ¡Construyamos colectivamente el futuro en el que deseamos vivir!

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



Una respuesta para 2017, un año para no olvidar

  1. Steven Crux says:

    Es muy importante este tipo de ejercicos, es increíble la falta de sistematicidad en determinados procesos libertarios, lo que a veces nos hace entrar en el círculo de reinventar la rueda cada vez que el pueblo sale a la calle, pero artículos como este dan ciertas luces para caminar con la mirada vuelta atrás y los pies por delante, lo que es necesario. Ahora, me queda la duda de como asumimos como movimiento el concepto de "ruptura democrática", sobre todo en el caso particular chileno. Siento que allí lo que hubo es un giro hacia posiciones que podríamos llamar de "reformismo libertario" con una fuerte inspiración del neoguevarismo (o de esa rejuvenecida "nueva izquierda", que se supone más heterodoxa que por ejemplo, los partidos comunistas de américa latina), no como forma de insultarlos, sino como el mismo reconocimiento teórico que han hecho en el país (sobre todo de textos escritos por Manu García o los hermanos Ramírez), y bajo esas premisas, no se que tanto podamos poner "esperanzas" en el frente amplio.

    Bueno, lo digo, porque la participación de izquierda libertaria en el frente amplio está acorde con la estrategia de ruptura democrática, que a lo mejor han teorizado mucho y quienes discentimos no hemos hablado de su contraparte, la ruptura revolucionaria. IL de chile parte de la premisa de que la lucha toca ciertos techos que por más movilización, más radicalidad y organización popular no se pueden romper, a lo mejor tesis cercana al treintismo de la CNT allá en los años 30. Sin embargo, parece que esos techos los límitan concientemente al sistema centro-periférico del regimén, donde obivamente si tu luchas dentro de los lugares donde el Estado domina no vas a poder contrarestar, por ejemplo, la acción judicial y represiva. Pero sorprendemente, muchas veces IL deja fuera la lucha mapuche de sus analísis, donde pasan dos cosas: es una lucha en las periferias sociales, étnicas y económicas del capital (sobre todo donde se concentra la "Materia prima") y dos, se han roto ciertos techos, como el del ejercicio territorial comunitario, y tiendo a pensar que precisamente, la estrategia de ruptura revolucionario va en la vía de la autonomía (política, territorial y económica) y su construcción, que tal como nos lo enseñaron los anarquistas coreanos en los 20, si no se puede construir en el corazón del capital pues nos vamos donde el capital no tiene dominio total. En Colombia nos pasa algo similar, por eso los experimentos de autonomía se dan en las periferias, lo que llamamos la "colombia profunda", y las luchas dentro de los centros de gran producción y dominio tienden rápidamente a la negociación y el reformismo, mientras las luchas indígenas, campesinas, afro y de las periferias urbanas son cada vez más radicales. Y pienso, que lo que pasa en Chile, parece ser más que el Frente Amplio se concentra en la movilización popular porque sabe que su movilidad electoral está ahí, y IL es el sector más ágil dentro del FA por lo mismo, pero su horizonte estratégico a la larga no es la construcción de autonomía, de ceder el poder al pueblo, sino, en nombre de "sobrepasar techos" (que ya sabemos que no solo por la vía democrática se pueden romper), caen en una estrategia que puede terminar es debilitar el poder del pueblo cuando se consiga canalizar la movilización popular dentro de la burocracia estatal, tal cual Venezuela o Bolivia, incluso en Bogotá, Colombia, donde en la alcaldía de la izquierda los procesos radicales barriales cedieron su trabajo en territorialidad para entrar en proyectos sociales.

    Claro, el contexto chileno o español sea muy pero muy diferente al Colombiano, y habrá que acompañar una estrategia de doble ruptura: una revolucionaria (ofensiva y autónoma) y otra democrática (defensiva y de retaguardia). y a lo mejor se me ocurre que ese es el camino del pueblo kurdo en Turquía, pero no se puede perder de vista que la autonomía es el eje central de la militancia, y no creo que sea ese el caso chileno de IL ahora (a lo mejor invitaría a ver lo que se intenta hacer desde el pueblo mapuche y organizaciones libertarias como la FCL)

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