Opinión

Publicado el 16 de enero de 2014 por Colaboraciones

13

Afilando el arpón del poder popular

Por Miguel Gómez, Eduardo Pérez y X.Oural

“El capitalista no tiene corazón, pero arponéale en el bolsillo y sangrará”. Bill Haywood (1869-1928), Industrial Workers of the World.

A menudo las y los militantes sociales nos preguntamos por qué las movilizaciones no tienen éxito. Desde luego, conocer la receta de la movilización es la pregunta del millón, que todo el mundo se hace alguna vez. Esta cuestión está íntimamente ligada a las estrategias y tácticas propias del movimiento que impulsa la movilización. Es decir, que tanto la estrategia de movilización y acción como la estrategia comunicativa tienen que ir de la mano, actuando como un conjunto que proyecta la idea que se pretende transmitir. Bajo este prisma, intentamos a continuación realizar algunas humildes aportaciones que esperamos que puedan incitar a la reflexión.

En los últimos años hemos vivido huelgas generales que han sacado a la calle a millones de personas, huelgas sectoriales que han paralizado ciudades, pueblos y comarcas, manifestaciones-monstruo en las capitales del país, acciones de todo tipo (expropiaciones de supermercado, okupaciones de edificios, de bancos, de tierras…). La reivindicación está por todas partes, no hay escuela, hospital o parque de bomberos sin su pancarta contra la destrucción de los derechos sociales. No hay semana sin convocatorias casi en cada pueblo y ciudad. Y sin embargo, ¿por qué vamos aparentemente de derrota en derrota?

Quizás la clave de los problemas que tenemos es precisamente que las reivindicaciones no se plantean de una forma cuantificable. Es decir, que al faltar un análisis profundo de los problemas, no se concluyen objetivos, no se llega muy lejos en nuestra lista de peticiones, quedándonos en posturas demasiado conservadoras tratando de mantener la situación tal como estaba. Por ello hay que ir a lo concreto, dejándonos de posturas abstractas como movilizarse “contra la represión”, “contra el capitalismo”, o como el lema de la última huelga general: “Quieren acabar con todo”. Las batallas son poco ganables en estos términos. Por otro lado, tratar de luchar para conservar unas prerrogativas que se pierden como “no a la privatización”, “no a la Reforma Laboral”, “no a la ley del aborto” es entrar en un terreno favorable al del sistema. Si se ganara, valdría de poco más allá que para volver a un pasado poco apetecible. Es lógico que la gente no emplee mucho tiempo en las luchas si el objetivo es sólo mantener una situación miserable. Falta una idea de sociedad nueva sobre la que pivotar el discurso, y en base a eso mantener luchas concretas ofensivas.

Al no tener objetivos revisables o “cuantificables”, seguimos con la inercia del pasado en las movilizaciones de la izquierda. Esta inercia hace que se caiga en prácticas como convocar a marchas forzadas por que “hay que hacer algo”, sin pararse a pensar qué se pretende conseguir y a quién hay que presionar para lograr estos objetivos. La lucha no es para limpiar la conciencia si no para conseguir resultados.

Hace años, el texto ‘Ad Nauseam’ atacaba duramente algunos de nuestros rituales: “Las manifestaciones son actos de autoafirmación, de autocomplacencia estética y militante, y su única utilidad práctica es que la policía fiche y fotografíe a los asistentes. Eso y encontrarnos a los amigos para tomar luego unas cañas. Lo mismo puede decirse de la hermana pobre de la manifestación, la concentración, convocada cuando no se confía en reunir ni un mínimo de gente para no caer en el ridículo”. Quizá la crítica era excesiva, pero es patente que cuando se es incapaz de convocar una manifestación por prever que no se va a juntar un mínimo de gente, se convoca una concentración. Esto se viene repitiendo desde hace décadas de forma rutinaria. Actualmente hay un abuso de formas de movilización como la concentración o la manifestación. En contextos de bonanza capitalista este tipo de acciones aisladas difícilmente tienen algún efecto, pero en contextos de crisis como la actual, tienen todavía muchas menos posibilidades.

También existe una inercia diferente, es decir, la que considera la “combatividad” en un sentido estético. Las manifestaciones son entendidas como un fin en sí mismas, y si no tienen el barniz de radicalidad apropiado, serán automáticamente calificadas como poco combativas o aburridas. Tampoco se entran a valorar objetivos, cuando en una manifestación se desata un enfrentamiento, acabando en una espiral de acción-represión que deja de lado el problema por el que nos estábamos movilizando. Las inercias son una carga muy pesada que cuesta superar.

En este sentido también hay que tener presente unos límites. Plantear hasta dónde queremos llegar, y ver los límites intrínsecos de la acción para evitar, inconscientemente, esperar más de lo que da de sí la acción. Si no se conocen los límites lo más probable es que las Fuerzas del Estado los impongan por la fuerza.

Los éxitos de las movilizaciones no se miden ni en cuanto a falsa “combatividad” ni tampoco en base al parámetro del nivel de asistencia sino en cuanto a resultados. Una declaración triunfalista por haber convocado mucha gente sin haber logrado nuestras metas es absurda. Convocar a medio millón de personas está bien si se conseguir el objetivo, si no da lo mismo convocar a un grupo que a todo el país.

De todo esto concluimos que tanto concentraciones como manifestaciones deben formar parte de un proceso de lucha en donde se contemplen diferentes actuaciones más o menos contundentes, procurando que vaya in crescendo. En todo caso, estas movilizaciones son acciones que sólo deben convocarse si podemos intentar garantizar una participación masiva a todas luces.

Para valorar la utilidad o no de las movilizaciones se tiene que medir su capacidad de interrumpir el circuito del capital, que es básicamente la producción y la circulación de mercancías. La contundencia no viene determinada por el choque físico espectacular entre manifestantes y policías si no por la capacidad de interrumpir los canales de transmisión del capitalismo. Por ejemplo, viejas herramientas del sindicalismo como el boicot o el sabotaje son perfectamente útiles en este contexto y deberían fomentarse. Se puede golpear en varios aspectos: en la producción, en la circulación o en el consumo. Quizás no hace falta paralizar la ciudad completamente cuando puedes paralizar el transporte o un puerto.

En este sentido, la convocatoria frecuente de manifestaciones y concentraciones tendría efectos en la obstaculización del circuito capitalista, sobre todo en el transporte, y en romper la sensación de normalidad. Por ejemplo en Madrid, los políticos hablaron hace años de construir un “manifestódromo”. Esto no ocurre sólo porque les moleste ideológicamente ver desfilar cada dos por tres a los desheredados, sino porque tanta frecuencia de convocatorias interrumpe temporalmente la circulación de mercancías. No es un gran problema, pero molesta.

Al margen de la interrupción del circuito de reproducción del capitalismo, también podemos fijarnos en lo simbólico. Es importante incidir en la difusión. Se trata de transmitir un mensaje a millones de potenciales simpatizantes, animando a imitar y a participar en acciones similares que puedan poner en cuestión la legitimidad del sistema. La concentración o manifestación sirven como difusión hacia tu público objetivo y a la vez de crítica simbólica a nivel mediático. Sólo tienen sentido en esos aspectos si consiguen una participación razonable y van acompañadas de una cobertura. De no darse una cobertura mediática adecuada, se pierde el impacto que la movilización pueda tener. En su momento el movimiento 15M acertó ocupando las plazas más simbólicas de las ciudades y difundiéndolo mediáticamente. Otra opción sería actuar contra los símbolos de la burguesía, sus lugares de reunión, de socialización, etc. Se debe señalar el verdadero poder.

La carga simbólica de las manifestaciones y concentraciones viene marcada por la capacidad de difusión que seamos capaces de generar, y en este caso hay que contemplar, guste más o menos, el papel de los medios de comunicación burgueses, que a pesar de los avances de internet y medios antagonistas siguen teniendo un papel fundamental en el establecimiento de la agenda política. ¿Tiene sentido convocar si sabemos que no se va a cubrir el acto? Siempre hay alternativas. En el caso en que se vea que las formas clásicas como manifestaciones o concentraciones no son viables como métodos simbólicos, hay que buscar otras opciones. En este caso lo que hay que intentar es intentar tener la mayor difusión posible, por cualquier medio. Las opciones menos masivas pueden llegar a generar mayor difusión y acumulación de prestigio. Encierros en determinados espacios físicos del Estado-capital, expropiaciones, ocupaciones, un tartazo, necesitan menos gente que las movilizaciones habituales y llaman más la atención, que es de lo que se trata si se apuesta por el nivel simbólico. Diez personas detrás de una pancarta en una concentración es poco útil. Si estas diez personas están encadenadas en la puerta de un banco, es otra cosa. Si se une el peso simbólico con un resultado real (por ejemplo, expropiar comida en un supermercado), mejor que mejor.

Por último llegamos a la gestión de los resultados, ganamos poco y cuando ganamos no lo decimos. Por ejemplo el 15M no consiguió resultados concretos en el momento (tampoco los planteaba, así que difícilmente podía conseguirlos), pero sí ha generado cambios, o influido en procesos, que se han venido dando después: no sólo cambios «atmosféricos», como situar ciertos temas en la primera línea de debate, sino también otros cambios reales (decretos de vivienda estatales y autonómicos, reducción de daños en los conflictos con las mareas, medidas simbólicas de control y transparencia, etc.). Si nadie sale a defender que lo que ha ocurrido es un reflejo, aunque sea moderado y distorsionado, de las luchas, se alimenta el terreno de la desmovilización y el electoralismo (que se basa en el fracaso de la movilización). Por supuesto no se trata de hinchar los resultados de la movilización, que son escasos, pero sí que falla su puesta en valor.

Conclusiones

Las movilizaciones tienen que ser demostraciones de fuerza, que tanto simbólicamente como de forma real, disputen el dominio hegemónico al capitalismo, nuestro enemigo. Una movilización es un diálogo, que se establece a dos bandas: con el enemigo, y con el pueblo. Hay que cuidar ambos lados. Es decir, que el mensaje debe ser claro y conciso, y llegar a los dos niveles con contundencia.

Las movilizaciones deben pivotar entre lo simbólico y lo efectivo, en conjunción con una buena estrategia comunicativa. Debe haber ocupaciones efectivas del espacio público y de los símbolos del poder. Debe haber una deslegitimación de las instituciones y una difusión extensiva de las acciones precisamente para arrebatarle al enemigo tanto la legitimidad como la iniciativa en caso de represión. Para ello, hay que plantear la lucha no como la quiere el enemigo sino como la quiere nuestro movimiento. Las luchas sociales no han tocado techo, todo lo contrario: apenas tienen suelo. Pensémoslas, mejorémoslas y a por ellos.

http://procesembat.wordpress.com/2014/01/13/esmolant-larpo-de-la-resposta-popular/

Comparte nuestro contenido para disputarle la hegemonía a los medios capitalistas

Tags: , ,


Acerca del autor

Colaboraciones

Colaboraciones enviadas a la página. Para mandar tu colaboración puedes enviarnos un correo a regeneracion@riseup.net con el asunto "Colaboración". No olvides firmarlo o indicar si quieres publicarlo anónimamente.



13 Respuestas para Afilando el arpón del poder popular

  1. Pingback: Esmolant l’arpó de la resposta popular | Procés Embat

  2. Excelente texto. Concuerdo con lo expuesto sobre la "estética" de las manifestaciones y concentraciones. La sociología política ha estudiado el tema extensamente: hay una "cultura" de protesta en la que observamos los mismos patrones a lo largo y ancho del globo: lxs manifestantes parecen actuar según normas de comportamiento "aceptables" en el contexto de protesta, se convierten en actores y actrices, y la protesta deviene en un espacio teatral donde tiene lugar esa "obra" llamada "manifestación." Hay que empezar a cambiar el guión.

    No obstante, si bien concuerdo con lo dicho sobre obstaculizar los circuitos del capital de formas más directas y efectivas (como boicots y sabotajes), también pienso que esto no tiene por qué limitarse a la esfera de lo colectivo. Como seres humanos somos productos de nuestro tiempo: vivimos y actuamos en marcos sociales adquiridos por la socialización capitalista. Lo que viene a significar que somos "máquinas capitalistas andantes." De ahí que la perturbación del orden capitalista deba comenzar en la esfera de lo individual, es decir, en nuestras vidas cotidianas.

    Crear un micro-cosmos revolucionario dentro del macro-cosmos capitalista en el que vivimos es fundamental. Pero es algo que, a mi parecer, parece ser olvidado en los círculos anarquistas denominados "sociales" o "comunistas" o "sindicalistas." Como si la lucha revolucionaria solamente fuera posible cuando estamos "arropadxs" por el calor de otrxs compañerxs. Cuando lo cierto es que hay más cosas que podemos realizar en nuestra propia individualidad insurreccionalista: pequeñas expropiaciones en el supermercado cuando vamos a hacer la compra, perturbación de las dinámicas machistas en nuestras relaciones de pareja y familiares, actitud contestataria ante los símbolos de la autoridad estatal, humildes actos de "difusión y arte callejero", y un largo etcétera.

  3. Ibérico says:

    Salud, 'La Colectividad'.

    Por como lo entiendo yo, en el texto no hace esa diferenciación: boicot individual vs colectivo. Creo que lo que planteas es algo que va más allá de lo que explica, es algo que le añaden tus prejuicios jeje. Sabiendo de tu inclinación, por lo menos en otras intervenciones, hacía una visión más 'personal'.

    Y digo 'personal' porque individual también lo es la colectiva (al estar ésta conformada por individuos). No hay que olvidarlo.

    En referencia a eso de 'cosas que podemos hacer...', sin duda. Pero no negarás que el impacto en una sociedad no es el mismo, que creo que es lo que subyace al texto, que si individuos aislados de forma personal/individualizada, aunque conscientemente (ya sea vía grupo/tribu) realizan acciones aisladas, inconexas, etc.

    Creo que el texto habla sobre ese impacto social, con lo cual engloba la acción individual, pero se centra en el eje social. Pero como pasa en la crítica a muchos textos, no por no nombrar explícitamente en él aquella parte de nuestro interés, no quiere decir que no se trate en otras partes, textos, o sea implícito de alguna manera.

    Salud.

    • Buenas, Ibérico.

      Creo que razón al decir que lo que he escrito yo añade una dimensión más personal al asunto (ésa era mi intención, resaltar que la acción directa también es individual y no ha de nacer, necesariamente, de un grupo). Pero también creo que el texto sí que hace una distinción entre colectivo e individual al no mencionar acciones individuales (todo lo propuesto se centra en manifestaciones, demostraciones, ocupaciones, etcétera. Cosas que, por otro lado, creo necesarias, ojo).

      Apoyo lo propuesto por el texto, no nos confundamos. Pero en muchas ocasiones (no necesariamente en el caso de las personas que escribieron el artículo) veo que se tiende a la postura fácil de "esperar a tener más números." Claro que entiendo que una manifestación efectiva de miles de personas tiene un mayor impacto social. Y me parece bien. Lo que yo proponía (o lo que proponen las personas que estamos en la línea de los grupos de afinidad) es que una manifestación efectiva, a día de hoy, tiene lugar una vez por semana en el mejor de los casos. ¿Y qué hacemos el resto de días? ¿Pararnos a ver el tiempo pasar? ¿Organizar la manifestación del mes que viene? Esto último está bien, pero no podemos negar que tenemos tiempo de sobra para implementar un "micro-cosmos" revolucionario en nuestras vidas personales (¿acaso no tenemos que hacer la compra todas las semanas? Aprovechemos eso para expropiar, por poner un ejemplo).

      El o la que no quiera actuar en solitario es porque no quiere. No porque no pueda. O así lo creo yo.

      Salud 🙂

  4. Lusbert Lusbert says:

    Salud,

    Sirva este texto como autocrítica y que debe haber en estos momentos un punto de inflexión y el comienzo de la articulación de una respuesta popular por iniciativa del propio pueblo, así como el desarrollo de objetivos concretos y alcanzables.

    Los comunistas, en general los anarquistas sociales, creemos en la acción colectiva porque es la que ha dado y da más resultados que las acciones individuales y eso lo podemos verificar en la historia así como en la actualidad. Ejemplos actuales hay de sobra: la lucha del pueblo kurdo, los zapatistas, el movimiento estudiantil chileno, etc... Toda esa fuerza se ha construido desde la organización social y con unos objetivos claros.

    Dudo que desde las acciones individuales se consigan realmente un impacto notable en el sistema capitalista. En mi caso, hace tiempo, cuando visitaba el super "expropiaba" algo de material, sobre todo alimentos. ¿Qué me habría ganado si siguiese con las acciones individuales? Que me podrían haber clavado una denuncia y meterme en líos con la ley solo, sin apoyos prácticamente y sería visto como un delincuente común cualquiera. En cambio, cuando Gordillo y demás sindicalistas del SAT expropiaron un súper se pudo poner sobre la mesa el problema del hambre en España. Aun así, expropiando productos del super no obstruye ni perturba prácticamente en el circuito capitalista, éste es muchísimo más amplio que una simple cadena de supermercados.

    "Jamás desde las individualidades aisladas se consiguieron levantar movimientos de masas", y lo tenemos en la historia y actualmente. La fuerza real reside en lo colectivo, pero tropezamos una y otra vez con esa maldita piedra del individualismo pequeñoburgués.

    • Lus, concuerdo contigo cuando dices que una expropiación como las que ha hecho el SAT tienen un mayor impacto en la reproducción del sistema capitalista. Pero esas acciones no pasan todos los días, mientras que las personas sí que tienen que comprar alimentos para todos los días. Mi comentario no iba dirigido a hacer una crítica de las acciones colectivas, eso sería una estupidez. Como dije en la respuesta a Ibérico, lo que yo planteaba es que no tenemos que dejar de lado todos los espacios de nuestra vida cotidiana en los que podemos perturbar el sistema.

      No creo que la mejor actitud sea la que tú planteas. ¿Nos tenemos que amedrentar a la hora de expropia en solitario por temor a una multa? Siguiendo esa lógica no vayamos a las manifestaciones, que nos pueden fichar. Tampoco salgamos a la calle ni escribamos en páginas como Regeneración (que ya sabemos lo que hace la policía a las personas que levantan su voz en Internet).

      En ningún caso veo conflicto alguno entre lo que propone el texto (o las acciones colectivas) y la acción individual. Ambas se complementan. Pero sí que veo más prejuicios por parte de aquellxs que se hacen llamar "anarquistas comunistas." Personalmente no conozco ningún caso en el que se actúe de forma individual y se niegue la acción colectiva. A fin de cuentas, lxs integrantes de grupos de afinidad asisten a manifestaciones multitudinarias, se unen a acciones de ocupación colectiva, etcétera. Sin embargo, sí que conocemos muchos casos en los que las personas no actúan por sí solas y "esperan" al "abrigo" de la multitud de las masas.

      Esa actitud de "esperar" es lo que, a mi parecer, está fallando hoy en día.

      • Lusbert Lusbert says:

        Pienso que el hecho de perturbar el sistema u obstaculizar su normal funcionamiento no es de por sí revolucionario, a no ser que exista detrás una labor constructiva, un trasfondo político. "Solo se destruye lo que se sustituye", sería la frase que resume la idea de que el sistema no caerá si no existen gérmenes de una sociedad nueva, una organización social, económica y política que vaya ganando terreno al sistema capitalista.

        No es la misma razón, La Colectividad. Se acaba perdiendo más que ganando, cuando a alguien lo pillan robando en el super y le clavan una multa, la empresa podrá perder mercancías por valor de ¿5€? mientras que a ti te pueden caer 300€ o más. Además, la repercusión es negativa aunque reivindiques el problema de la pobreza en el país (por poner un ejemplo). Sin embargo, cuando se realizan acciones colectivas, cuando vas a un acto de protesta -que pese a asumir que te puedan fichar o caerte una multa-, sabrás que tendrás apoyos para seguir adelante, así como aportarías y defenderías al resto. He aquí que las acciones colectivas sirven para la puesta en práctica de la solidaridad y el apoyo mutuo. Ahí está la diferencia.

        ¿Si no hay acciones multitudinarias es como estar en estado de espera? Lo dudo, como también que debamos esperar a que se convoquen actos de protesta y jornadas de lucha. Todo ello requiere de una organización, que en este caso debería ser impulsado desde los mismos afectados. La organización popular es algo que se debe construir, así como la concreción de unos objetivos e ir avanzando para consolidar un proyecto político revolucionario.

  5. Dacoal says:

    Lo suscribo con todos los puntos y comas, es el artículo que hacía falta, debería convertirse en una guía de acción de todos los movimientos y organizaciones que aspiran a cambiar la situación actual.

  6. Un lector del sur says:

    Primero, asumiré que estas palabras serán desde un punto de vista que probablemente no conoce la realidad de donde me encuentro (hemisferio sur austral).

    Segundo, si bien el texto es coherente en todos sus puntos, no puedo estar de acuerdo en todo y tengo bastantes "peros". Vamos por parte.

    Se dice: "Al no tener objetivos revisables o “cuantificables”, seguimos con la inercia del pasado en las movilizaciones de la izquierda". Esto parece poco efectivo en grupos pequeños de personas (aunque pueden alcanzar miles) como en escuelas, universidades o empresas que ante alguna determinación o realidad toman la movilización como herramienta. Si pones objetivo inmediato a eso, siempre caerás en la frustración. No tiene sentido alguno que luego de la movilización se haga un balance con respecto a si se cumplieron los objetivos de la movilización. Esto es lo que hacen los futbolistas al terminar un partido y lo que realizan los dirigentes estudiantiles en esta zona del mundo. Efectivista, resultadista, inmediatista, demasiado como para algo complejo como los movimientos sociales. Estoy de acuerdo con que se deba hacer reflexión de acuerdo a las acciones que se tomen, pero esto más suena a calificar la movilización.

    Las movilizaciones no van "in crescendo", van por altos y bajos y eso lo sabemos todos. Si se quiere hacer una rectificación lineal o polinomial de la cantidad de asistentes vs objetivos conseguidos, estamos peleando más en un área de lobby que en movilizaciones. No creo que sea un imperativo que la movilización sean "in crescendo", eso es lo peor que puede pasar. Las movilizaciones deben permanecer con una base sólida. Si no se consigue un número "in crescendo" da lo mismo, mientras los fundamentos estén fuertes, el germen irá creciendo por debajo de lo visible. Esto es fácilmente verificable en movilizaciones estudiantiles cuando calzan con periodos de exámenes algunas instituciones y otras no. Argumento poco válido, aspiracional y poco realista.

    El significado mediático sí que me dejó para adentro y no lo espero jamás en este tipo de sitios. La cobertura mediática si bien da muchas cosas buenas como la expansión de las ideas, no es muy buena, debido a que como los medios controlan las noticias, también controlan la opinión. Incluso en varios de ellos (en esta zona del planeta), han adoptado la tarea de comentar cada noticia que existe. La mayoría de los medios de desinformación masiva se vuelca con los incidentes, que no es un dulce bien tragado por la mayoría de las personas. Se tergiversa esa acción de acuerdo a ataques a pequeños comerciantes (que le mojaron el carro de venta ambulante los policías) y pan recién salido del horno. Todos felices, las manifestaciones son bonitas solo cuando bailan entre medio y Roger Waters tuitea que hicieron un carro alegórico haciendo alusión a "The Wall" (espectáculo real, la metáfora estaba muy buena, el resultado mediático: muy malo).

    "De no darse una cobertura mediática adecuada, se pierde el impacto que la movilización pueda tener". Qué duda cabe, esto es cierto, pero para mí no es bueno. Los medios juegan en contra de todos los movimientos sociales. No son nuestros amigos. Son los primeros en intentar callar y buscar cualquier argumento sin fundamento para cegar a las masas. Luego, las críticas de los movimientos sociales son tomadas por algún politiquero de turno, toma las banderas y dice que nos viene a salvar, cambiando el discurso "preciso y conciso" de la movilización. De acuerdo a antecedentes reales y muy actuales, se puede chequear y consultar sobre la modificación del lema "educación pública, gratuita y de calidad" (pregonado por el movimiento estudiantil del territorio del Estado chileno), para luego contrastarlo con las banderas electoralistas que prometían eso, o solo la variante "gratuita para algunos" o de "gratuita y de calidad" (la triunfante en las elecciones, que por cierto tuvo bastante abstención, pero está lejos de ser una crítica radical en una gran parte).

    En definitiva, me parece un texto bastante iluso desde mi perspectiva. Podría ser de más valor en el país colonialista, pero me parece que al menos en el caso de los medios, todos reman para el mismo lado y se está cometiendo un error en confiar en lo que puedan reproducir esos organismos.

    Las respuestas a ver cómo se puede difundir, es una tarea de todas las personas que lo queremos. Los medios siempre se vendrán encima y son nuestros enemigos, no hay que olvidarlo. No son una herramienta bajo ningún caso para el pensamiento anarquista, pero sí para las personas que aspiran a poder. Por favor, pregúntenle a los diputados electos desde movimientos sociales en territorio chileno: cinco diputados (a saber para quien le interese: Jackson, Cariola, Fuentes, Boric y Vallejo). A ellos les han jugado muy bien los medios, pero no a las movilizaciones particularmente.

    Que mi forma de expresión no juegue en contra al debate y que ojalá sirva para destapar alguna de las cosas ya mencionadas acá. Se han visto desde esta parte y no son dignas a seguir. ¡Movámonos hacia otra alternativa!

    • Aunque apoyo alguno de tus "peros", no pienso que los intereses a corto plazo sean contradictorios con el gran interés a largo plazo que es la revolución social. Como todo puede sumar y restar, plantear y organizar una acción masiva con fines inmediatos puede conllevar un gran avance en un plano más general y más a largo plazo.

      En este sentido concuerdo con el texto totalmente: muchas "demostraciones de fuerza" son, al fin y al cabo, pura masturbación revolucionaria. Se quedan en la mera satisfacción del ego revolucionario de muchas personas. Vamos, que son "pajas revolucionarias" (por seguir con la metáfora sexual). Rituales vacíos de objetivos efectivos que solamente producen fotos, comentarios, y largos ríos de tinta en la prensa convencional y crítica...

      • Un lector del sur says:

        La imposición de objetivos no ha sido en mi vida algo bien visto en la movilización social. Esto ya se ha hecho en innumerables oportunidades de esta parte del mundo y es algo que se realiza normalmente. Ya podrás ver en medios de comunicación el "balance" de cada manifestación. Eso sí que es "paja revolucionaria" (o reformista, según sea el caso de quien haga el balance).

        En algunos casos, cuando los objetivos son realmente revisables al corto plazo, se puede adoptar una estrategia similar. Pero si no es así, como en muchos temas, esto solo acrecenta la frustración ("para qué vamos a hacerlo, si no conseguimos nada"). Si los objetivos se alcanzan (me cuesta encontrar casos puntuales donde haya ocurrido), se tiende a evaporar la movilización, tanto a pequeña como gran escala.

  7. Verano del 36. says:

    Excelente texto, estoy muy de acuerdo con lo que plantea.

    Creo que el modelo básico de protesta debe cambiar, hace tiempo que nos hemos acostumbrado a "la manifestación", el "paseo" y nada más. Todas las protestas siguen el mismo esquema (concentración-manifestación-choque de provocaciones y conflicto), cayendo en un bucle del cual debemos salir si queremos plantear, verdaderamente, un proyecto de comunicación y subversión a mayor escala.

    Considero, desde mi humilde punto de vista, que deberíamos volver a plantearnos conceptos ya practicados a finales y principios de siglo ("La lucha por Barcelona" de la CNT) y en textos situacionistas de la "Subersión de la Vida Cotidiana".

    Protestar y fomentar redes de acción y solidaridad cada día, desde el barrio y no quejarnos simplemente los días indicados. Crear un tejido que permita, primero, acabar con el discurso y hegemonía dominantes (a todos los niveles, económico, social y cultural) y segundo fomentar la acción directa diaria, concienciar a cada sujeto que la voluntad de cambio nace de él mismo, combatiendo -de paso- la enfermedad de la representatividad. Por supuesto en esta "subversión" de la vida diaria las prácticas de sabotaje y boicot (a escala individual y colectiva) son básicas.

    • Me parece muy buena recomendación la de "La subversión de la vida cotidiana", pero no creo que el "ritual" de protestas sea como tú lo describes. Creo que es cierto hasta la última parte de "conflicto." Ciertamente hay un "choque de provocaciones" (por usar tus palabras), pero uno de los problemas es que en el Estado español nos contentamos con indignarnos y comentar en el bar lo burra que es la policía (y de esta forma reproducimos la represión). Si hubiera un conflicto real durante las manifestaciones, otros análisis estaríamos haciendo (creo yo).

      Salud.

Ir arriba ↑