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Published on noviembre 27th, 2012 | by Nemo

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El ala izquierda de la revolución soviética (y III)

Viene del anterior.

Tercera y última entrega de la serie sobre los sectores políticos de izquierda y su papel en la revolución soviética. Examinaremos aquí el papel que tuvieron los socialrevolucionarios, especialmente en la asamblea constituyente, así como la rebelión de Kronstadt, último alzamiento revolucionario, por último, veremos que conclusiones podemos sacar de lo tratado en esta serie de artículos.

5. Los eseristas y la Asamblea Constituyente.
El Partido Social Revolucionario se fundó en 1901. Su ideólogo, Víctor Chernov, había creado un ideario socialista no marxista con puntos en común con el anarquismo, como considerar al campesinado una clase revolucionaria (Lo que en un país eminentemente rural lo hizo popular) y con el populismo tradicional ruso.
Dedicándose a un terrorismo antizarista inicial, participó en la revolución de 1905 y, tras la revolución de febrero, fue el principal partido en exigir al gobierno provisional de los liberales “kadetes” que se celebraran elecciones a la asamblea constituyente.
Este objetivo se logró tras la ruptura de la alianza con mencheviques y liberales. Las elecciones, en noviembre de 1917, dieron una mayoría al PSR, con 17 millones de votos. Chernov fue nombrado presidente de la Asamblea Constituyente y otro eserista, Kerensky, del Gobierno Provisional. El partido bolchevique quedaba como segunda fuerza, con apoyo del proletariado urbano y los soldados del frente occidental, cerca de 10 millones de votos. Los kadetes quedaron muy atrás, con solo 2 millones de votos, demostrando que la población era contraria a la formación de un gobierno liberal.
Ante este parlamentarismo con gran presencia de los partidos izquierdistas y en la que Lenin no había logrado triunfar, se erguía, como hemos visto, la democracia directa y obrera de los sóviets, con presencia bolchevique, eserista de izquierda (una escisión del partido principal que defendía la ruptura con el parlamentarismo liberal) y anarquista. Lenin reniega del parlamentarismo, anuncia que los sóviets, en los que ha empezado a erigir una estructura verticalisa, son una forma superior de democracia y suspende la Asamblea Constituyente.
Esta situación polarizó a la sociedad rusa. Por un lado, mencheviques y liberales no estaban dispuestos a que desapareciera el parlamento de tipo burgués; por otro, los bolcheviques y los sóviets, dando paso a los dos bandos de la guerra civil: El blanco y el rojo. Los eseristas, que se habían opuesto a los bolcheviques, no participaron en la guerra en ninguno de los dos bandos, sus líderes prefirieron el exilio. En 1918 se prohíben todos los partidos y grupos políticos, salvo el Partido Comunista, siendo los responsables eseristas condenados a muerte. Tras salir victorioso de la guerra civil, el Partido Comunista había convertido la política rusa en monolítica.

6. La rebelión de Cronstadt y la “Tercera Revolución”.
Ida Gilman “Ida Mett”, era una joven estudiante de medicina en Rusia durante la revolución, su militancia antibolchevique la hizo, como a muchos otros izquierdistas, exiliarse a Francia en 1924. Desde ese momento dedicó buena parte de su vida a analizar lo que había sido la revolución y a la sociedad rusa post-revolucionaria. En su obra La Comuna de Kronstadt: Crepúsculo sangriento de los sóviets, publicada en 1948 ofrece un enorme trabajo de análisis de la última rebelión contra el poder bolchevique, protagonizada por el sóviet de Kronstadt.
En Kronstadt se situaba la principal fortaleza naval rusa, de gran importancia estratégica. Según Ida Mett la marina rusa había sido tradicionalmente revolucionaria, debido a la extracción proletaria (y que aquella época el proletariado industrial estaba muy politizado) de sus marineros, que superaban en conciencia y cultura a unos oficiales de origen aristocrático venido a menos, una disciplina brutal y unas condiciones de vida insostenibles.
No era de extrañar pues que los marinos fueran “los primeros en comenzar la lucha y los últimos en dejarla”. La revolución de 1905 fue iniciada por un montín de la tripulación del acorazado Potemkin, y la marina de Kronstadt sería también el último bastión revolucionario.
En 1921 el Ejército Rojo, comandado por Lev Trotsky, se encontraba todavía combatiendo contra el Ejército Blanco, apoyado por potencias occidentales. El descontendo por la represión al resto de fuerzas izquierdistas y la hambruna producto de sequías y del “comunismo de guerra” fueron los principales motivadores de huelgas y rebeliones campesinas. La mayor, que agitó, instigada por el eserista Antónov, el óblast de Tambov, sería aplastada por el Ejército Rojo en 1921.
Cronstadt tenía, según Ida Mett, una buena reserva alimenticia, por lo que la hambruna no impactó tan duramente allí. Sin embargo, el sóviet, compuesto por marineros y trabajadores de tradición socialista revolucionaria y anarquista, no estaba dispuesto a consentir la hegemonía bolchevique y la pérdida de los logros conquistados tras años de revolución.
La marina, encabezada por el líder popular Stepán Petrichenko (un bolchevique reconvertido al anarquismo que ya había liderado el alzamiento de la marina en el 17), hizo llegar una serie de demandas, entre las que se encontraban la legalización de los partidos y organizaciones obreras, la libertad de expresión para los trabajadores, la igualdad de sueldos, libertad económica para campesinos y artesanos o la reelección de delegados de los sóviets, puestos que habían sido monopolizados por los bolcheviques. Estas demandas fueron desatendidas por el gobierno bolchevique, que acusó a Cronstadt de traición, de actuar bajo control de los enemigos imperialistas y de estar liderados por Kozlovsky, un exgeneral zarista (exgeneral que, curiosamente, había sido llevado a Kronstadt por los bolcheviques y que solamente ejercía de asesor en artillería).
Cronstadt se alzó en rebelión y demandó el apoyo de los trabajadores de Petrogrado, intentando provocar una tercera revolución contra los bolcheviques. Petrogrado se puso bajo la ley marcial, impidiendo cualquier apoyo a Kronstadt, a la que Trotsky mandó 50.000 hombres. Cronstadt resistió un tiempo, pero finalmente el ejército rojo entró en la ciudad, realizando una completa masacre, los que no fueron ejecutados fueron enviados a campos de trabajo.
Así se cerraba el último capítulo de los sóviets y, para Ida Mett, cualquier esperanza de una revolución verdaderamente obrera en Rusia.

7. Conclusiones.
De todo lo expuesto se deduce la gran complejidad social y política de la Rusia revolucionara, que no puede ser reducida solo al programa aplicado por el partido bolchevique; tampoco puede exagerarse la importancia de este partido respecto a otras fuerzas revolucionarias en los primeros años de la revolución y, desde luego, no puede reducirse la revolución a un simple enfrentamiento de los comunistas contra el Zar o de rojos contra blancos.
Si a las experiencias en Rusia añadimos la oposición que supuso la revolución en Ucrania, de línea anarcocomunista, con el ejército negro liderado por Néstor Majno, podemos sino caer en la cuenta de que la historia de la revolución soviética es mucho más, sobre todo mucho más compleja políticamente, que lo que cuentan las versiones oficiales.
En lo político, tras la eliminación del resto de partidos y organizaciones de la izquierda tardaría un tiempo en surgir una oposición izquierdista dentro del propio partido bolchevique, oposición que, sin embargo, no lograría encontrar la verdadera causa de la derechización de la revolución y del triunfo del capitalismo de Estado, culpando al estalinismo en lugar de a los procesos de burocratización, liberalización, des-socialización de la economía, persecución del movimiento obrero, y, en resumen, de reconstrucción del antiguo orden capitalista.
En definitiva, es necesario revisar la historia de Rusia para darnos cuenta de que va más allá de las visiones propagandísticas dadas por la Unión Soviética o sus enemigos y poder comprender cual fue la realidad experimentada por su protagonista, reitero: el pueblo ruso.

Bibliofrafía:
GILMAN, Ida “Ida Mett”, La Comuna de Cronstadt: Crepúsculo sangriento de los sóviets, Barcelona, Espartaco Internacional, 2006.

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About the Author

Comunista libertario, porque construir socialismo desde abajo es el proyecto de nuestro siglo. Esclavo asalariado en un centro de llamadas.



4 Responses to El ala izquierda de la revolución soviética (y III)

  1. Mike says:

    Me he estado mirando tus entradas y son quizás demasiado introductorias. Son como fichas. Te paso unos links para profundizar sobre el tema por que hay para 20 entradas más por lo menos. 🙂 No sé que tal inglés tenéis, pero ahí van:

    http://en.wikipedia.org/wiki/Left-wing_uprisings_against_the_Bolsheviks

    http://libcom.org/library/third-revolution-nick-heath

    http://libcom.org/library/russian-revolution-1917-reading-guide

    http://www.nestormakhno.info/spanish/siberia.htm

    Sería interesante comenzar a rescatar además de Ucrania y Kronstadt otras revoluciones y revueltas anti-bolcheviques menos conocidas como Tambov o Siberia Occidental, que pudieron agrupar respectivamente ejércitos de 70.000 y 100.000 efectivos (en Ucrania como cifra máxima de los makhnovistas se da algo más de 100.000 milicianos). Recordemos, como comparativa que en la Revolución española hubo un máximo de 100.000 milicianos (la mitad de la CNT).

    • Nemo says:

      Tengo pensado ir ampliando la información con otros artículos. Si, esta serie en concreto fue una mirada muy general, a vista de pájaro, de la oposición izquierdista en la revolución soviética. Tambov es un tema interesante para tratar, desde luego. También la "makhnovia coreana" o incluso el plataformismo búlgaro en armas. Espero tener tiempo para tratarlos más adelante.
      En cuanto a la cantidad de milicianos, la cifra de 100.000 es solo para las columnas Cataluña-Aragón-Valencia (en las que, en efecto, la mitad de los efectivos los aportaba la CNT).
      El total sería más grande, de unos 300.000 efectivos (Las zonas donde se reclutaron más fueron el centro, con 90.000, el eusko gudarostea con 75.000 y Asturias con unos 40.000). Ten en cuenta que todos los partidos sacaron milicias, algunos más que otros. El PNV movilizó a buena cantidad de los batallones de Euskadi (donde, como en Navarra, había una gran tradición miliciana). En Asturias se contaba con el remanente de la revolución del 34 (Que había movilizado a 30.000 obreros). Y en Madrid buena parte de las tropas se encuadran en el Quinto Regimiento (Que provenía de las MAOC del PCE, hasta llegar a 20.000 efectivos). En fin, en las primeras etapas de la guerra la movilización miliciana fue muy importante, de hecho, fue lo único que pudo retener al ejército franquista. A eso hay que añadirle 40.000 voluntarios de las Brigadas Internacionales.
      Ya posteriormente se forman dos focos del ejército popular, el ejército del Centro y el Exercit Popular de Catalunya, quedando finalmente todas las milicias encuadradas en el Ejército Popular (siendo las últimas las del POUM y la del Hierro de la CNT-FAI).
      Compárese esta movilización voluntaria con la que tuvieron en la zona franquista, donde solamente se movilizaron unos 100.000 voluntarios (70.000 de falange y unos 30.000 del requeté carlista).
      Si tenemos en cuenta que el Ejército Popular llegó a movilizar a más de 800.000 efectivos vemos que el componente miliciano fue muy importante. Como digo, en las primeras fases de la guerra Franco dirigía a varios cientos de miles de hombres, muchos de ellos veteranos de África. ¿Cómo se le habría podido retener si no fuera por una movilización miliciana tan masiva?
      En fin, Mike, un tema muy interesante que también tengo pensado tratar con más profundidad próximamente.

  2. Mike says:

    En eso de la Guerra civil hay que diferenciar la época de los milicianos (hasta el invierno 1936-1937) y la del Ejército Popular de la República (EPR). Los 100.000 eran los milicianos desde julio a noviembre del 36, mientras que el EPR tuvo alrededor de 450.000 soldados de media. En algunos momentos estuvo por los 600.000, pero muchos de ellos sin armas. Según cálculos de la FAI, en 1938, había alrededor entre un 30% y un 40% de los soldados republicanos afiliados a la CNT. Esto significa una cifra de entre 150.000 y 200.000 soldados, según sea el número de efectivos real del EPR.

    Para completar, los milicianos en el frente de Aragón nunca superaron los 30.000; en Levante (frente de Teruel), unos 15.000; en Madrid, 40.000; 5.000 en Andalucía y Extremadura y en el norte unos 10.000. Si a partir de enero de 1937, ya se superaba esa cifra era precisamente por unidades adscritas al EPR, no a las milicias. Fueron esos los que salvaron los muebles tras el golpe de estado.

    Dicho esto ánimos con la histora de la revolución rusa, que es muy interesante.

    salud

  3. Nemo says:

    Creo que las cifras nos bailan por un motivo, y es la distinción entre las tropas movilizadas en un momento concreto y las tropas movilizadas en total.
    Cuando yo hablo de 100.000 milicianos en la zona de Cataluña-Aragón-Valencia (es decir, las tropas cuyo destino principal era el frente de Aragón) hablo de los movilizados en todo el periodo del 36 al 37. Ciertamente, en un mismo momento, no habría más de 30.000 hombres en el frente de Aragón, pues las unidades se van relevando, son trasladadas a retaguardia o a la inactividad.
    Esto pasa todavía más con el EPR, que era muy dado a movilizar siempre las mismas unidades (las del ejército del centro) manteniendo el resto en la reserva o en frentes de escasa actividad, lo que produjo que hubiera gran diferencia entre unas unidades y otras en lo que se refiere a veteranía y equipamiento.
    También se ve con los internacionales, que por ser fuerzas de choque sufrían un gran desgaste. Siendo que, de 60.000 que pudieron participar en toda la guerra, no había más de un tercio activos en un mismo momento.
    Un placer contar con tus comentarios.

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