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Published on junio 27th, 2013 | by Máximo Eléutheros

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La amistad, cimiento de la anarquía

Si el ideario y pensamiento ácrata son algo del todo desconocido por ti, entonces representarás la anarquía inequívocamente como sinónimo de desorden, caos, violencia, confrontación, libertinaje, revuelta espuria, fratricidio, confabulación armada, revolución sanguinolenta, etc., y aducirás, pues, que no es sólo una utopía romántica, sino que representa una lacra en las historia de los movimientos políticos y sociales; pero si ya has bebido de su filosofía, y si has conseguido aprehender lo mismo que yo tras un breve estudio de ésta, sabrás que la Idea está ligada a otra noción bien distinta, que nada tiene que ver con los adjetivos antes dados, a saber: la amistad.

Pero ¿por qué la amistad, por qué esa relevancia? Porque todo el edificio antiautoritario, si así se le quiere llamar, se asienta sobre esta noción: es su piedra angular, su cimiento, sin la cual las demás ideas capitales no tienen sentido alguno. Si la libertad es imposible sin la igualdad, podemos decir con la misma verdad que la igualdad es imposible sin la amistad, es decir, sin la fraternidad. En este sentido, la amistad no es sino la reciprocidad que sólo se puede dar entre iguales; porque si no fuera así, devendría en tiranía o en limosna, que vienen a ser la misma cosa. ¿O es que podría desarrollarse acaso la noción de igualdad sin la de amistad? Veremos que no, pero antes adentrémonos fugazmente en el desarrollo teórico y práctico que ha tenido esta idea, sobre todo, en los inicios del desenvolvimiento del querer y del hacer anarquista, esto es, en los inicios de su teoría y de su práctica.

Así, dirigiéndonos en primer lugar a lo teórico, ya podemos vislumbrar esta alabanza y esta exhortación a la amistad, a la reciprocidad, al bien mutuo y a la proporcionalidad en el libro, por decirlo de algún modo, iniciático al anarquismo en Europa [1]; me refiero, por supuesto, al más que conocido ¿Qué es la propiedad?o una investigación acerca del principio del derecho y del gobierno, del escritor y pensador francés Pedro José Proudhon, publicado en 1840. En éste, Proudhon afirma cosas como ésta:

«Entiendo aquí por equidad lo que los latinos llamaban humanitas, es decir, la especie de sociabilidad que es propia del hombre. La humanidad suave y afable para con todos, sabe distinguir sin causar injuria, los rangos, las virtudes y capacidades: es la justicia distributiva de la simpatía social y del amor universal» o «La amistad es precioso en el corazón de los hijos de los hombres».

Tampoco se puede olvidar, claro está, a Kropotkin, que en su libro El apoyo mutuo sistematiza y reafirma argumentalmente este principio bosquejado con levedad por Proudhon; de tal manera, afirma lo siguiente:

«Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo le ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía. Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres».

Nuevamente, permanece latente esa reciprocidad y proporcionalidad del individuo para con el resto de la sociedad. O cuando, el mismo autor, afirma lo siguiente en Las prisiones:

«La fraternidad humana y la libertad son los únicos correctivos que hay que oponer a las enfermedades del organismo humano que conducen a lo que se llama crimen».

Para finalizar, como corolario, considero primordial esta frase de Malatesta, según la cual:

«Todos somos egoístas, todos buscamos la satisfacción propia. Pero el anarquista encuentra su mayor satisfacción en la lucha por el bien de todos, por el logro de una sociedad en la que pueda ser un hermano entre hermano […]».

Por ello que quizá, como dicen algunos compañeros, un anarquista no es más que un egoísta solidario, por muy contradictorio que pueda sonar. Pero no es así, ese egoísmo se ha de entender en un sentido lato, casi tautológico, tal como se lo daba el filósofo Max Stirner.

En mi pretensión de escribir un pequeño artículo pedagógico, evidentemente, no puedo ejemplarizar muchas más citas teóricas, pero creo que las que dejo dan buena idea de lo sustantivo del asunto.

Por otro lado, en el plano fáctico, tenemos la solidaridad desplegada por los obreros y campesinos en todo momento desde el mismo inicio de la Revolución industrial y, por tanto, desde los primeros pasos del movimiento obrero. Esta solidaridad, surgida en un principio más del instinto empático que de una teoría socialista asentada, era constante, por ejemplo, entre los obreros que cohabitaban barracas en los barrios, si es que se les puede conferir tal apelativo, marginales que salpicaban los arrabales de los perímetros industriales y fabriles de las grandes ciudades del mundo allá por el siglo XIX Y XX, que es el tiempo de la génesis del anarquismo. De tal modo, nos habla Francisco Olaya Morales en su libro Historia del movimiento obrero español (siglo XIX) del surgimiento de las primeras mutualidades obreras en la primera mitad del siglo XIX, en las que los obreros constituían cajas de préstamo para los más acuciados económicamente, ayuda para dejar a los hijos en cuidado mientras sus padres y madres trabajaban en las fábricas, asistencia médica básica, e incluso alguna que otra institución de carácter cultural. Esto, que es la quintaesencia de la reciprocidad y de la fraternidad entre iguales, aunque parezca cosa baladí, llevó sangre, sudor y lágrimas el conseguirlo, ya que al Estado monárquico, y en especial a los patronos, no les hacía gracia alguna que se constituyeran instituciones netamente obreras. Después, claro está, por las continuas injerencias gubernativas, traiciones, triquiñuelas patronales, abusos de los mismos, etc., los obreros se fueron radicalizando tanto en su modo de actuar como en sus propuestas. (¡Y aun así, qué poco pedían y qué justas sus reivindicaciones!)

Para darle una perspectiva algo más internacional, también me gustaría rememorar la proeza de un militante anarcosindicalista japonés durante una huelga fabril [2], ya en el siglo XX, que se encaramó a una chimenea industrial de 30 metros de altura, plantando en la cima la bandera negra y negándose a descender mientras no se resolviera la situación de sus compañeros y compañeras. A los doce días del suceso, y una vez ganada la pugna, debieron subir a por él para ingresarlo en un hospital, pues el pobre hombre, como es de comprender, estaba totalmente extenuado física y mentalmente.

¡Ojalá tuviera el tiempo y el espacio necesario para describir una por una todas las proezas sindicales! ¡Qué prodigio el de la amistad!

A pesar de que estos acontecimientos han sido y son comunes a todo el movimiento obrero, en mi opinión, el anarquismo le confiere a la fraternidad una naturaleza especial, pues éste enfatiza en la horizontalidad entre iguales. ¿Puede existir acaso la igualdad en la verticalidad? No es algo que pretenda desarrollar, pero la respuesta más allegada a la razón parece decirnos que no.

Por último, a modo de curiosidad, no está de más saber que la palabra compañero, proveniente del latín compania; formado por los vocablos cum ‘con’ y panis ‘pan’, etimológicamente, hace referencia a ‘los que comparten el pan’.

¡Así que cuida bien a quién llamas compañero o compañera!

[1] Godwin parece plantearlo de un modo algo más difuso y no con tanta insistencia. Por otro lado, si bien es verdad que los socialistas utópicos ya enfatizaban en el compromiso social y en la equidad, no los caracterizaría como anarquistas.

[2] García, Víctor. Museishushugi: El anarquismo japonés.

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About the Author

Anarcoindividualista. Stirneano sui géneris. Socialista mutualista. Antiindustrialista, puesto que reniego de los grandes conglomerados industriales y urbanos. Vegetariano ético. Antiteísta.



25 Responses to La amistad, cimiento de la anarquía

  1. van Gomi says:

    Muy buen articulo. Muchas gracias!!!

  2. janusz says:

    Suena extraña esa cita de Malatesta a la que aludes, pues como se sabe, éste fue un firme crítico del anarquismo individualista. A lo mejor es precisamente ésta la razón de la cita: justificar los propios argumentos extiéndolo a autores antagónicos. Buena táctica.

    El concepto de egoísmo no puede entenderse de otra forma que como cálculo e interés particular, principios asociados a la escuela utilitarista y por extensión a la noción de interés y beneficio del capitalismo. Así que no es cierto que "todos seamos egoístas" como dice circunstancialmente en esa frase Malatesta, reduciendo al ser humano a un singular y parcial modo de ser. Por el contrario habría que decir más bien que la amistad solo se da cuando hay verdadero desinterés. Es efectivamente una perfecta contradicción en términos la expresión de "egoísmo solidario".

    Me parecen curiosísimos los esfuerzos retóricos de los que hacen gala los individualistas para explicar sus incongruencias teóricas.

  3. Menuda inquina tienes con el individualismo.

    Sí, es que tengo la manía de leer y beber de todos lo anarquistas. Y también pongo citas de Stirner o Proudhon, que no soportaban el comunismo, pero es que eso importa un bledo. Kropotkin, Bakunin, Goldman, Barret, Berkman, Cafiero, o el mismo Malatesta, son autores que disfruto leyendo.

    Y no es ninguna táctica, en realidad esta idea la tomé de un artículo de Emma Goldman, del Mother Earth, así que culpa a ella en última instancia y arrástrala hasta el emponzoñado fango del egoísmo, que ella disfrutó tanto como se deleitó de la lectura de Kropotkin.

    Te dejo una cita de un libro editado no hace mucho por Pepitas de Calabaza, que no sé si la realiza Luis Andrés Bredlow, Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, o si fue el mismo Stirner defendiéndose a sí mismo bajo pseudónimo sobre el concepto de egoísmo (le presté el libro a un conocido), que espero que resuelvan de una vez por todas tus invectivas:

    [...] El egoísmo, tal como Stirner lo vindica, no se opone al amor ni se opone al pensamiento; no es enemigo de una dulce vida amorosa, ni enemigo de la entrega y de la abnegación, ni enemigo de la más íntima cordialidad, pero tampoco es enemigo de la crítica, ni enemigo del socialismo, ni enemigo, en suma, de ningún interés efectivo y real: no excluye ningún interés. Solo se dirige contra el desinterés y contra lo que carece de interés: no contra el amor, sino contra el amor sagrado, no contra el pensamiento, sino contra el pensamiento sagrado, no contra los socialistas, sino contra los santos socialistas, etc. [...]

    Como digo en el texto, le da un significado tautológico, que poco tiene que ver con lo que te enseñaron tus padres que es egoísmo, por lo que nada queda descartado. Como pensé cuando leí a Stirner la primera vez: ''Si lo estoy entendiendo bien, ésta es la puerta abierta hacia el infinito del pensamiento''. Parece que, por suerte, no lo interpreté mal.

    EDITO: La cita es, en efecto, de Stirner defendiéndose a sí mismo bajo pseudónimo, lo cual no hace sino reforzar lo que digo.

  4. janusz says:

    Sólo puede ser entendible un egoísmo de tipo inmaterial, sentimental o ético. El egoísmo pragmatista de Stirner, es decir, la acción supeditada a la espera y al cálculo de beneficio particular, está muy lejos de lo que puede llamarse verdadera amistad o solidaridad como dije antes. Albert Camus por ejemplo, que fue un existencialista individualista, pero que ni mucho menos cayó en el error del solipsismo moral e inhumano de Stirner, escribió una frase para mi reveladora:

    "Cuando se ha visto una sóla vez el resplandor de la dicha en el rostro de un ser querido, uno sabe que para el hombre no puede haber otra vocación que la de suscitar esta luz en los rostros que le rodean"

    Este sería el ejemplo perfecto de egoísmo sentimental del que tan lejos se hallaba Stirner. En la cita que mencionas, Stirner distingue entre amor (¿?) y amor sagrado, y entre pensamiento (¿?) y pensamiento sagrado. ¿Qué amor defiende aquí Stirner? ¿Se refiere a un amor al dinero? ¿Tiene sentido hablar de un amor profano? Cuando dice que "no es enemigo de una dulce vida amorosa" ¿no se estará refiriendo más concretamente al sexo? Y cuando dice que "se dirige contra el desinterés", ¿significa esto que no tolera a las personas desinteresadas? En cualquier caso, la cita es vaga y confusa si se conocen un poquito sus fundamentos filosóficos.

  5. Dices que la cita es ''vaga y confusa si se conocen un poquito sus fundamentos filosóficos''. Curioso cuando es el mismo Stirner el que la realiza para clarificar los fundamentos de su obra. Pero es que, además, anteriormente pareces no saber qué entiende Stirner por amor y por amor sagrado; no saber en qué modo diferencia éste lo sagrado de lo único. Esto me deja con la duda de si a pesar de arrogarte con una especial sapiencia de la filosofía stirneana, la has leído en verdad, o si la has entendido para el caso.

    El principal problema para Stirner es que el objeto no domine al sujeto en su relación dialéctica. El sujeto único, el Yo, creador del todo, no puede ser dominado por su propia obra. Es, por decirlo de algún modo, un antiplatonismo radical. El amor romántico, como bien critica el feminismo anarquista, podría ser un ejemplo de esto. Otro ejemplo podría ser el del socialismo sagrado, que correspondería con todas las obras engendradas durante el sovietismo, donde el socialismo se vuelve esencialista, cuasi ontológico. Lo explica muy D'Angelo cuando dice lo siguiente:

    ''Lo sagrado, según Stirner, no estriba entonces en un objeto (sagrado), sino en la naturaleza de la relación de dependencia entre sujeto y objeto que el cambio antropológico de Feuerbach deja inalterado: el sujeto (Yo) sigue sometido al objeto (Hombre) que le confiere una certidumbre ontologizada, es decir, que llena el vacío y sinsentido en el que el sujeto se hallaría sin un Universal (antes Dios; ahora, el Hombre) que lo sustente''.

    Camus, temeroso de las consecuencias del stirnearismo, prejuzga desde su propia condición moral, lo cual por otro lado no demuestra nada en lo que nos atañe. Teme la consecuencia última: la justificación del crimen individual, y a partir de ahí crea un parapeto moral que no le lleve hasta él. Es una lucha interior que le honra, por supuesto.

    Por último, dices en el comienzo de tu réplica que ''la acción supeditada a la espera'' y ''el cálculo de beneficio individual'' lo aleja de la solidaridad, etc. Ni mucho menos. Stirner, en un pasaje de El Único y su Propiedad, dice que el esclavo, en tanto que no tiene poder que oponer al amo, permanecerá reo; mas cuando consiga el poder suficiente, le asestará el golpe definitivo. También dice lo mismo con la ley. No es, pues, acción desenfrenada.

    Y el beneficio individual, desde un paradigma anarquista, puede verse bajo la luz de dos perspectivas. O bien como la no injerencia y la acción recíproca a la autoridad, que toman los anaquistas egoístas de Boston, así como algún que otro anarquista americano; o bien como potenciación de la libertad ajena en favor de la de uno mismo. Ambas benefician de forma ulterior a uno mismo, por lo que son egoístas. De hecho, Stirner dice que el teísta que muere por su Dios es egoísta, pero es egoísta en un sentido viciado, ya que no sirve al interés propio, sino a la irrealidad más absoluta.

    De todo esto se desprende que uno no tiene por qué servir a los demás, pero tampoco tiene por qué no hacerlo; depende únicamente de su interés.

  6. janusz says:

    Cuando digo que el egoísmo de Stirner es pragmatista es porque entiendo su sentido materialista. Hasta ahí llego. Aun y así no soy capaz de comprender el sentido que él concede al amor o al pensamiento diferenciado de lo sagrado, ya que para mí estos conceptos son realidades ónticas, de ningún modo valores cuantificables o expresables en otro grado. No existe por ejemplo una libertad profana o como quiera llamársele que pueda distinguirse de una libertad sagrada. La cita que expones de D'Angelo expresa una dimensión de lo sagrado que según Stirner sería esa relación de dependencia entre sujeto y objeto. No obstante, no me aclara el valor que Stirner otorga al amor o al pensamiento. Lo contrario de ese amor romántico que las feministas anarquistas dices que rechazan ¿cómo es exactamente? ¿Es un amor "realista", por expresarlo de algún modo? Este es el clásico debate entre materialismo e idealismo. Te admito que yo no lo he resuelto, pero es que tengo la impresión de que no puede resolverse. Ni niego la dimensión material, ni puedo ceder a mi anhelo vital de trascendencia. De ahí esta angustia compartida con los existencialistas humanistas. Unamuno describió brillantemente la desesperación en la que se halla sumido el ser humano:

    "Ni el anhelo vital de inmortalidad humana halla confirmación racional, ni tampoco la razón nos da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a ésta. Mas he aquí que en el fondo del abismo se encuentran la desesperación sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente, y se abrazan como hermanos. Y va a ser de este abrazo, un abrazo trágico, es decir, entrañadamente amoroso de donde va a brotar el manantial de la vida, de una vida seria y terrible."

    Siento de veras una intensa curiosidad y respeto por las personas como tú que creen comprender algún aspecto clave del sentido de la existencia.
    Trataré de revisar algunos pasajes de la obra de Stirner, y te los cito para que podamos intercambiar interpretaciones e impresiones más adelante si te parece.

  7. janusz says:

    Bueno, matizo que la relación de dependencia a la que Stirner otorga un valor sagrado no es exactamente entre sujeto y objeto (sin paréntesis) como mencionaba a través de la cita que expusiste. En verdad es entre sujeto (Yo) y objeto (Hombre).

  8. Un amor sagrado sería un amor no basado en el instinto, la pasión, la voluntad, etc., sino fundamentado en la costumbre, la apatía, la abulia; como la idealización católica de matrimonio, por ejemplo; eso es amor sagrado. Y amor a secas sería justo lo contrario: la voluptuosidad, la reciprocidad cariñosa, la correlación efectiva y sensual del Tú y del Yo, sin que por ello deba uno aherrojarse a ése/a cómplice de por vida.

    Muy buena la cita de Unamuno: no la conocía.

    Decir a un stirneano que comprende algún aspecto clave de la existencia es poco menos que un insulto..., ¡pero te perdono, que antes has puesto ''cree''!

    ¡No hay sentido en la existencia, no hay trascendencia, no hay razón de ser! ¡No hay telos!

    Siempre estoy dispuesto a la confrontación de ideas.

    Saludos.

  9. janusz says:

    Llevas razón, expresión desafortunada la mía al plantear el sentido de la existencia en el esquema del pensamiento stirneriano. En todo caso creo que podría entenderse en cierta manera su perspectivismo como axioma filosófico o como predisposición hacia la existencia, aunque en definitiva sea la negación radical de un sentido trascendente. Pero pienso además que toda conclusión derivada de una previa reflexión, y toda reflexión fundada en un contraste de ideas es necesariamente un proceso filosófico, y por tanto es cosmovisión. Por mi parte he de añadir que sigo rebelándome contra la concepción materialista, aunque sin arribar por el momento a ningún puerto. Al respecto tengo un profundo interés por la concepción de Metafísica de la Experiencia que desarrolló José Ingenieros, autor por cierto que puede situarse dentro del pensamiento libertario. Como ves, y aunque te parezca ridículo, yo aún albergo mi ilusión de hallar alguna "clave de la existencia".

    Sobre la distinción que haces entre un amor sagrado y un amor llamémosle "terrenal" sigo manteniendo las mismas objeciones. Creo que un amor basado en esos principios negativos que señalas (costumbre, apatía, abulia) sencillamente no es amor. En mi anterior comentario me equivoqué al considerar que el "amor no es cuantificable", cuando lo que debería haber dicho es que al concepto amor no se le puede asignar atributos o valores "cualitativos". Se puede amar ciertamente con mayor o menor intensidad, pero me parece que se cae en una aporía al afirmar que se puede amar en dos categorías distintas, una verdadera y otra falsa. Pues no hay dos modos opuestos de amar, o un tipo de amor de más calidad que otro. Simplemente se siente el amor en toda su esencia o se experimenta su completa ausencia. Por cierto, del autor que te mencioné anteriormente, José Ingenieros, se publicó una obra póstuma con un título interesante: "Tratado del amor". Me pregunto qué cosas dirá ahí.

    Pero en fin, creo que lo mejor sería apartarnos de este complejo debate entre materialismo e idealismo para centrarnos en la filosofía práctica de Stirner y tratar de hallar sus incongruencias. Para la próxima atacaré por este flanco.
    Saludos.

  10. ¡Para nada ridículo! Es muy loable buscar un sentido a la existencia. Tengo la mente un poco colapsada (son las cinco de la mañana), pero la filosofía stirneana no exime de tener un sentido para las cosas, sólo que ese sentido sería el que tienes en el presente en tanto que tú existes sólo en el presente; tu interés actual es tu sentido de la vida. Cuando estás besando a tu novio o a tu novia y disfrutas con ello: ése es tu sentido de la existencia para ese instante voluptuoso. Lo demás son proyecciones hacia dos lugares inexistentes en el mundo: el pasado y el futuro. Cuando digo que no hay razón en la existencia, me refiero desde un punto de vista ontológico, aunque creo que ya lo sabes. Llevo un tiempo intentando sacarle ''positividad'' a Stirner, pero mira que es difícil.

    Si no consideras amor lo que he dicho que es amor sagrado, entonces estás de acuerdo con Stirner.

    Creo que me animaré a escribir un artículo para separar la paja y el grano, es decir, para que se pueda interpretar más o menos cómo tomar a Stirner desde un punto de vista anarquista.

    Saludos.

  11. janusz says:

    Perdona que insista sobre lo mismo, pero es que no es que considere que no es amor ese tipo de amor sagrado al que se refiere Stirner, sino que lo que hago es por el contrario negar que tenga sentido encapsular un tipo de amor bajo unos determinados atributos. Los adjetivos que asocias al amor sagrado carecen de sentido si los colocas en relación directa: amor ¿apático?, amor ¿abúlico? Superando esa absurda distinción entre amor sagrado y profano, o entre amor romántico y amor realista, todo amor es esencialmente "instintivo", "apasionado", "volitivo", pero especialmente es irracional, pues sus coordenadas se sitúan más allá de lo físico. Stirner reduce su concepción del amor a una cuestión fisiológica en su intento de comprender la totalidad de lo existente desde una perspectiva materialista. Pero como te dije anteriormente, conceptos como pueden ser el amor son realidades ónticas, y por tanto sólo pueden ser asumibles dentro del campo de la ontología. Estoy convencido de que Stirner sabía amar de forma auténtica, pero su particular cosmovisión le impedía captar el carácter problemático de esta cuestión clave de la filosofía. En mi opinión la cita que expusiste de Stirner invocando al amor y al pensamiento (a la razón) sólo fue un vano intento de justificarse de las críticas merecidas que estaba recibiendo su obra.

  12. janusz says:

    Añado un matiz: digo que "Stirner sabía amar de forma auténtica" porque sólo hay una manera auténtica e instintiva de amar.

  13. janusz says:

    Karl Marx dirigía con estas palabras su crítica hacia Stirner en su obra de 1845 "La ideología alemana":

    Las contradicciones reales en que se mueve el individuo se convierten, así, en contradicciones del individuo con lo que él se representa, o como San Sancho [Stirner] lo expresa también de un modo más simple, con la represen­tación, con lo sagrado. [...] Por donde la conclusión es que no se trata de la solución práctica del conflicto real, sino simplemente de abandonar la representación que él se forma de este conflicto, a lo que, como buen mora­lista, exhorta apremiantemente a los hombres. Una vez que San Sancho ha convertido, así, todos los conflictos y contradicciones en que se mueve un individuo en simples contradicciones y conflictos entre este individuo y sus representaciones, representaciones que se han hecho independientes de él y han llegado a dominarlo, metamorfoseándose de este modo, "fácilmen­te", en la representación, en la sagrada representación, en lo sagrado, al indi­viduo no le queda ya, por tanto, más camino que cometer el pecado con­tra el Espíritu Santo de abstraerse de esta representación y declarar que lo sagrado es un espectro. Esta estafa lógica que el individuo comete consigo mismo es considerada por nuestro santo como uno de los más altos esfuer­zos del egoísta. Pero, por otra parte, cualquiera puede darse cuenta de cuán fácil es, por este camino, declarar como subordinados, desde el punto de vista del egoísmo, todos los conflictos y movimientos que se presentan en la historia, sin necesidad de saber nada de ellos (SN), pues basta para eso con destacar algunos de los tópicos con ellos relacionados, convirtiéndolos en "lo sagrado" a la manera ya indicada, presentando a los individuos como subyugados por esta potencia de lo sagrado y manifestando luego en con­tra de ellos su desprecio por "lo sagrado en cuanto que tal". (La ideología alemana)

  14. Lo mejor será remitirte a Émile Armand y a su camaradería amorosa, quizá él lo explique mejor que yo. En cualquier caso, el amor no es una cosa ''ontológica'', no trasciende de la materialidad, como el pensamiento tampoco está ''más allá'' de ti, sino en ti. La ciencia, más pronto que tarde, lo demostrará. Adjetivar el amor es simplemente una forma de hacer eficiente el lenguaje. Por ejemplo, derecho sagrado es aquel ajeno a mí, y suele caracterizarse por ser monolítico, divino, natural, etc.; en cambio, el ''derecho egoísta'', malévola burla stirneana, se rige por este aserto: lo quiero, luego es justo; de ahí que es volitivo, instintivo, sensual, voluptuoso; es, en definitiva, hedonista, epicúreo y, en cierto sentido, criminal. Creo que con este último ejemplo se ve la diferencia con facilidad.

    ¡Claro!, sólo hay una forma de amar: la del Yo presente que disfruta y se regocija. ¡Y mira que soy un apasionado de la poesía romántica, sobre todo de Leopardi y sus infinitos!

    Me leí La ideología alemana, y he de decir que es de lo peor que he leído, en tanto en cuanto Marx se revuelca cual puerco en un ad nauseam ad infinitum, si se me permite la tontería y la redundancia. No sólo por Max, sino por todos a los que lanza sus diatribas. ''Pobre Feuerbach'', pensé. Marx, tras absorber todo lo que puede de estas filosofías, como ya hizo con Proudhon, y como hace casi todo filósofo en su afán de originalidad, debe enterrar cuidadosamente todo rastro tras el crimen. Cuando Marx habla de las sutilezas metafísicas de la mercancía, de la transcendencia, de entelequia, de abstracción, etc., todo esto, el ''fetichismo de la mercancía'', es stirnearismo puro, que después tomarán los situacionistas con acierto. De hecho, algunos estudiosos marxistas afirman que Stirner ayudó a dar el salto definitivo a Marx hacia el historicismo materialista, aunque yo no llegaría tan lejos, no porque no sea verdad, sino porque debería estudiar a Marx con más profundidad para ello. Lo que sí me queda claro es que Marx quería huir a toda costa de la gran frente de Stirner.

    Ahí parece que Marx habla más del ''individuo absoluto'' de Schelling que del Yo egotista de Stirner. Con todo, Marx pretende una suerte de dialéctica que dé la vuelta a la crítica stirneana de la imposibilidad de extraer ''movimientos'' de la historia. En el fondo es lo que quiere reivindicar a todo costo. La visión cuasi historicista, si no historicista, de Marx, inerme ya, es algo en lo que los anarquistas no debemos caer, aunque sea tentador desde un punto de vista revolucionario. Eso que achaca a Stirner con desacierto, diremos con Camus, no exime de un análisis pormenorizado de la historia; pero sin teleología. Stirner ha demostrado tener razón frente a Marx en este asunto concreto.

    La pena es que Stirner (murió antes en la miseria) no vio este libro para refutarlo convenientemente.

  15. janusz says:

    Insisto de nuevo. En la cita que expusiste, Stirner anteponía al amor sagrado un amor sin adjetivos, y al pensamiento sagrado un pensamiento también sin adjetivos. El amor y pensamiento puros sería entonces el que él mismo como sujeto (Yo) concibió en su mente; mientras que el pensamiento y amor impuros, el irreal, serían de un tipo indeterminado que él denominó "sagrado" porque algún Objeto (Hombre) así lo denominaría por costumbre del lenguaje o por error. El análisis de esta distinción que lleva a cabo es absurda como lo revela así mismo tu intento descriptivo. Dices ahora que "adjetivar el amor es simplemente una forma de hacer eficiente el lenguaje" pero dime sinceramente si los adjetivos que intentabas relacionar al concepto de "amor sagrado" (apático, abúlico) cumplen aquí su perfecta función definitoria. Esto me recuerda a la tesis que Wittgenstein exponía en su "Tratado lógico-filosófico" («los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo») de lo cual el propio autor, consciente de sus propias contradiciones, se vio obligado a retractarse años más tarde en su otra obra "Investigaciones filosóficas" («Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida»). Creo que Stirner sin desearlo o sin ser consciente de ello estaba revelando abiertamente en ese texto suyo el callejón sin salida que es el materialismo. Como nota personal diré que hay que ser ciertamente muy ingenuo, o para el caso de Stirner, muy egoísta y mundano, para no llegar siquiera a entrever la gran incógnita de la existencia.

    Por otra parte, quería advertir que he leído "La ideología alemana" muy precariamente por vía indirecta y por citas de mano de otros autores. Coincido no obstante con tu rechazo hacia la concepción teleológica de la historia inspirada en el idealismo hegeliano, y también con la aceptación de otros conceptos como el del "fetichismo de la mercancía" que los situacionistas tuvieron la lucidez de tomar para actualizar su crítica de la sociedad espectacular. Pero dejando al margen tus estimadas apreciaciones secundarias, lo que me interesa de verdad es analizar el fondo de la crítica que Karl Marx dirigió a San Sancho [Stirner], y he de decir al respecto que me aclara muy poco tu argumento. Por resumir un poco y no desviar la atención de lo que me parece el meollo del asunto, lo que intenta revelar Karl Marx es la contradicción que conduce a Stirner a combatir el hegelianismo negando las potencias y relaciones reales históricas (al margen de su determinismo) mediante el acto de imaginarse que no existen en la mente, lo que no deja de ser en el fondo otra forma de idealización, o peor, una hiperidealización, o al decir de Karl Marx, una refutación de Hegel "con un hiper-Hegel degradado absolutamente trivial". La pregunta clave que se me plantea entonces es: ¿la solución a los conflictos histórico-materiales se resolverían de forma efectiva mediante el Solipsismo Ideal propugnado por San Max Stirner?

  16. No sé cómo explicarlo ya, la verdad. Puedo repetirlo un millón de veces, y creo que seguiremos igual, pues no quieres dar el salto ''al vacío existencial'', que diría Sartre. Pero allá vamos. Evidentemente, no me meteré a discutir los límites del lenguaje, que no me llevaría a nada.

    El amor sagrado es la idea obsesiva de amor, inculcada por injerencia externa, y que se perpetúa en sí y para sí fuera de Mí mismo. ''Los crímenes provienen de ideas obsesivas. El matrimonio es una idea obsesiva'', dirá Stirner. Es, pues, una idea fija, lo que no evita que sea heredada. ''Lo que quiero es lo justo'', de ahí sale el amor voluptuoso y criminal stirneano. Crimen, para Stirner, es aquello que desacraliza la realidad imperante de aquél entonces. El incesto, la infidelidad, etc., dejan de estar sancionadas para Mí, pues por el mero hecho del acto pensante de acabar con lo sagrado he extendido mi propiedad; el hecho, después, la confirmará, pues sino sería una muerte metafísica y no presente, que es lo único que tengo Yo. Sólo tengo derecho a lo que tengo poder para alcanzar. El Yo no se tatúa un ''amor'', una concepción nueva tras librarse de la antigua, ni tampoco hay un Amor que después de pulir el Yo brota, sino que se adopta una postura en la que sólo importa lo único existente y real: el presente, en tanto uno tiene capacidad para ''apropiarse'' del resto de individuos y disfrutar sensualmente de ellos. Este amor es voluble; el otro, fijo. Uno surge directamente de mí mismo y depende de las circunstancias materiales y de mi poder; el otro se debe a una presunta trascendencia, ya sea divina, histórica, religiosa, moral, etcétera. La respuesta de Stirner puede ser incompleta, pero desde luego, decir que el amor es un realidad ontológica, trascendente, etc., además de no solucionar nada, plantea más preguntas.

    ¡Si he dicho que en esa cita no veo al Único por ninguna parte! Veo al ''yo absoluto'' e idealista de Schelling, no al Yo materialista y lleno de vicisitudes de Stirner. Esa cita es un hombre de paja con sombrero de marca cara.

    ¿Qué son ''conflictos histórico-materiales''? Para ser válidos, deberán ser conflictos determinables; ¿cómo y quién los determina? ¿Qué proceso científico, en su sentido estricto, me mostrará esa ley histórico-material que está ''encerrada'' en la historia? ¿Cómo falsearé esa sapiencia? ¿Qué son, en definitiva, las ''relaciones reales históricas'' y qué método científico se usará para auscultar a la historia y dar el diagnóstico unívoco que me muestre ésas mismas ''relaciones reales''? Estas preguntas son, claro, retóricas, ya que nadie ha sido, es y será capaz de responderlas.

    Como digo, se confunde el ''yo absoluto'' de Schelling con el Único de Stirner. No hay ningún ''Ideal'' en Stirner. Es materialismo puro, sin universalización, pues ésta es, además de una pretensión muy humana, una santa tontería y un imposible.

  17. janusz says:

    Vaya, qué curioso, justo ahora decides renegar de la cita que pusiste en boca del propio Stirner para justificar sus ideas. Bueno, pues aceptaremos que ahora no te guste.

    Entiendo perfectamente ese no-amor que critica Stirner. Mi planteamiento es que la esencia del institnto amoroso que define a todo ser humano no puede ser escrutable mediante esas relaciones de poder que establece artificialmente. El amor es todo lo contrario a lo que define Stirner, pues es unión física con el Otro, no objeto separado del que se apropia el Único. Esta es una representación artificial, idealizada en una mente infantil que se cree libre. ¡Pero qué aberración es esa de que "...en tanto uno tiene capacidad para ”apropiarse” del resto de individuos y disfrutar sensualmente de ellos"! ¿Cómo puede un autodeclarado anarquista como tú escribir este tipo de frases sin morirse de vergüenza? Stirner no era materialista, más bien fue un absoluto superficial diría yo.

    ¿Te parece retórico el materialismo dialéctico planteado por Engels y Marx? ¿La sentencia de que "las condiciones materiales de la existencia determinan la conciencia" te parece pura retórica? ¿Pero qué clase de materialismo defiendes tú?

  18. janusz says:

    El materialismo dialéctico, como sistema filosófico, es opuesto al idealismo filosófico que concibe al espíritu como el principio de la realidad. Para el materialismo dialéctico las ideas tienen un origen físico, esto es, lo primero es la materia y la conciencia lo derivado.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Materialismo_dial%C3%A9ctico

    Yo tengo mis reparos hacia esta concepción que ahora no tengo tiempo de explicar, si es que soy capaz. Pero no entiendo que tú te opongas de forma radical. Me parece que debes explicarte mejor.

  19. janusz says:

    Aclaro que rechazo la concepción teleológica de la historia tal y como señalé en uno de mis comentarios anteriores, lo que es muy distinto de asumir que la historia se desenvuelva de modo dialéctico sin etapas finales. El Solipsismo Ideal de Stirner sin embargo no llega a comprender que existen potencias y relaciones reales, excepto las que se representa él mismo en su propia imaginación: es decir, un mundo gobernado por imaginarios ciudadanos egoístas.

  20. ¿Cuándo he renegado de la cita de Stirner? Sin habla me hallo ante tu gratuita aseveración.

    Tu explicación del amor es mucho más convincente y ''científica'', sí. Me ofreces una suerte de exégesis mística del amor, hablando de ''esencia en el instinto amoroso'' para a continuación, entendiendo poco, o no entendiendo, lo que he dicho, decirme que mi visión es idealista. ¡Wow!, para el coche, que me bajo. ¿Cómo es esa ''unión física'', por cierto? ¿Y cuál es esa ''esencia del instinto amoroso''? ¡Soy todo ojos!

    ¡Y cómo puedes venir tú, ignorante absoluto de la terminología stirneana, a criticar a Stirner! Sin embargo, mira, aquí estoy, con infinita paciencia, debatiendo sin gana alguna. Estudia los orígenes individualistas del anarquismo, si te place. Si no, puedes seguir con Marx y Engels, y ya pasarte a Lenin y compañía.

    El materialismo, como todos sabemos, lo ideó Marx. El socialismo también lo fundó él. Y, si me apuras, el ateísmo. Lucrecio, ¡chúpate ésa! ¿De verdad, por qué?

    Sí, si no usas el dialmat eres un proscrito, un reaccionario. Y por supuesto, ''que lo físico es lo primero y la conciencia lo derivado'' es algo que Marx también dijo el primero de la historia, nunca hubo mente igual que concibiera algo parecido.

    En lo que estoy radicalmente en contra es en aplicar el materialismo dialéctico a la historia, es decir, del materialismo histórico.

    No, no, por favor, explícame cómo aplicar correctamente el materialismo dialéctico sobre las ''leyes'' humanas, naturales e históricas. Tengo todo el tiempo del mundo, que hay vacaciones. Enlazar la Wikipedia no es buena cosa, espero que no estés rebuscando en ella argumentos. Si no sabes realizar un análisis científico, si no puedes establecer alguna ley, puedes mandarme a leer a Marx y Engels como hace los marxistas-leninistas, así me ahorro tiempo que me gustaría emplear en lecturas más fecundas que este debate.

    Tengo que explicarme mejor ante un hecho que eres incapaz de explicar y exponer por ti mismo. Voy.

    Sinceramente, este debate es un sinsentido. Lo fue desde el principio. Con todo, seguiré respondiendo.

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