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Publicado el 25 de abril de 2017 por Lusbert

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Los gases y la política. ¿Dónde está la izquierda revolucionaria?

Tras la primera ronda de las elecciones en Francia, en el mapa político del país vecino, Mélenchon queda fuera de la segunda ronda, el candidato de izquierdas que pudo haber sorprendido en estos comicios con un discurso que apuntaba a la clase obrera y también a disputar el nacionalismo a la derecha. No obstante, al no haber pasado esta ronda, quedan como finalistas el nacionalismo conservador y supuestamente ‘euroescéptico’ de Le Pen y Macron, un neoliberal pro-UE. Efectivamente, a la izquierda revolucionaria ni se le huele, como ya ha expresado el compañero Ángel en su artículo más los comentarios debajo del mismo que tenéis que leer antes de continuar con éste. Sabemos que a estas alturas algo falla y hay huecos vacíos que estamos dejando. Por eso quiero hacer una aportación más al debate.

Como dije hace tiempo, la política es como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Así es cuando una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará. La política día a día en las calles, en los centros de trabajo, en el instituto o la Universidad, en los servicios públicos, en la vivienda, etc es un primer paso imprescindible de cara a la construcción de pueblo. Sobre ello no dudamos y estaremos de acuerdo prácticamente todas. No obstante, no he venido a hablar una vez más de la inserción social, sino de escalas: local, regional, nacional e internacional, o simplificando, de lo micro y lo macro. Cuando se habla desde un plano macro noto una ausencia desoladora. Una vez más, la metáfora de los gases nos indica una clara ausencia de la izquierda revolucionaria, pues ha dejado su vacío en lo que respecta a la política a escala nacional y la han ocupado los nacionalistas y neoliberales.

Siguiendo con Francia, las luchas que se han dado en este país el pasado primavera-verano han sido bastante potentes: las ZAD, la huelga general en rechazo de la propuesta de reforma laboral y Nuit Debout. No obstante, todo aquello no cristalizó en un proyecto político de país que se viese representado en algún programa de algún partido, hasta que apareció Mélenchon con un programa de izquierdas en el que quizás se pudiese ver representado todas esas luchas. Y continuando con la política nacional, ya mismo en el comentario de Black Spartak ha apuntado al tema de la soberanía nacional, concepto sobre el cual tanto el liberalismo como el nacionalismo de derechas tienen sus relatos y sobre el cual apoyan sus proyectos políticos. Si Podemos ha comenzado a hablar de patria y de España como Estado plurinacional, es precisamente para llenar ese vacío en lo que respecta a los debates sobre la cuestión nacional y al proyecto de país, ocupado por la derecha, la socialdemocracia y poco más. Eso me pregunté yo en su día aquí y aquí, ¿cómo un tema tan importante como la soberanía y la cuestión nacional generaba tal rechazo entre buena parte de la izquierda revolucionaria y más entre el anarquismo? ¿Porque no es algo que vaya con nosotras? ¿Porque es burgués? ¿O porque se nos escapa de las manos y no sabemos qué decir al respecto? Pues esto es un error garrafal, ya que en los debates sobre política a nivel nacional y de cara a la opinión pública nos quedamos fuera. No porque nos echen, sino porque nosotras mismas nos salimos al carecer de proyectos políticos y programas.

Volviendo a la política en lo macro, necesitamos recuperar este hueco si queremos avanzar y que nuestras alternativas se escuchen y sean tenidas en cuenta. Con esto no estoy diciendo que tengamos que abandonar los barrios. Al contrario, tenemos que seguir en las calles tratando de que los movimientos sociales avancen, abriendo otro ciclo de luchas y mantenerlo, ir construyendo pueblo, creando poder popular, y a la vez, organizarnos políticamente, trazar estrategias políticas e ir configurando un proyecto político sentado en la realidad. Y aquí es donde entran las claves de por qué hemos de incidir en la política a nivel macro:

1.- Legitimar las luchas en lo micro a través de la creación de discurso y relatos en favor de las luchas sociales influyendo en la agenda pública. Esto servirá para superar la inercia de esperar el golpe para responder, y así pasar a la ofensiva tomando la iniciativa.

2.- Crear un contrapeso a la derecha tanto conservadora como neoliberal en lo que respecta a la construcción de proyectos políticos, inclinando la balanza en favor de la clase trabajadora. Hay que evitar que la opinión pública vire cada vez más hacia la derecha.

3.- Construir un proyecto político que recupere la soberanía popular como proyecto de país en clave socialista libertario, cuyo programa incluya propuestas sobre la nueva institucionalidad (administración democrática, democracia obrera, como se le quiera llamar), con su modelo territorial, económico y social.

En resumen, si de verdad desde la izquierda revolucionaria nos planteamos salir de la marginalidad, deberíamos poner sobre la mesa la necesidad construir la política a nivel macro. Una mirada hacia el movimiento de liberación kurdo, hacia Izquierda Libertaria de Chile o el Congreso Nacional Indígena y los zapatistas, y veremos que tras años y años de luchas han dado el salto a la configuración de actores políticos a nivel macro, con sus programas, proyectos y líneas estratégicas acordes a la coyuntura de cada país.

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



3 Respuestas para Los gases y la política. ¿Dónde está la izquierda revolucionaria?

  1. MrBrown MrBrown says:

    Con este artículo, como con el de Ángel, los comentarios y con otros anteriores, tengo la impresión de que damos vueltas en círculo: nos fustigamos por la falta de inserción social de la izquierda en general, nos fustigamos otro poco por la del anarquismo en particular y recordamos la necesidad de pasar a lo macro.
    Lo que nunca sacamos en claro es cómo hacer eso, cómo aumentar nuestra inserción social o cómo pasar a lo macro (salvo quizá ejemplos muy concretos como las CUT en Andalucía o las CUP en Catalunya). Como soy más del pesimismo revolucionario -que diría Benjamin- que del optimismo del marketing, creo que hay que recordar un par de cosas antes de seguir dándole vueltas a este molino. Una es que existe un cierto tejido de clase combativo (SAT, CNT y alguno más en lo sindical, PAHs y demás grupos de vivienda, sindicatos de barrio, bancos de alimentos) que está siendo más ninguneado y boicoteado que otra cosa, tanto por las instituciones (ayuntamientos "del cambio" incluidos) como por tensiones internas e incluso por Unidos Podemos (¿por qué no se ha convocado una huelga general en cinco años? ¿dónde quedó la del 22-10-15? ¿dónde está la transparencia de quienes estuvieron meses y meses publicitándola?). Puest@s a ser sincer@s, reconozcamos que estas organizaciones están siendo constantemente desertadas por sus propias integrantes: ¿cuántas personas siguen luchando contra sus patrones o caser@s una vez que su conflicto se ha encauzado?
    El comentario de BlackSpartak en la entrada de Ángel terminaba con una frase muy interesante "Hay que dar la pelea a gran escala también y esto incluye tener discurso y tener organización para ello (y por supuesto capacidad mediática)". Podemos, el principal fenómeno macropolítico de los últimos tres años, se ha construido precisamente en torno a su capacidad mediática (decían sus cabezas visibles que hoy día la gente milita más en su televisión, radio o periódico de referencia que en un partido). Ese no es sólo el punto de partida en su construcción de un partido: es, hasta la fecha, también su final de recorrido. Podemos es un experimento de marketing fabuloso, pero no un partido propiamente dicho: ¿dónde están sus bases, dónde sus cuadros medios, qué estructura hay entre los cinco millones de votantes y el puñado de líderes mediáticos, aparte de una inacabable cadena de elecciones internas y debates superficiales? ¿Se puede llamar "estrategia" a una sucesión de bandazos, aceleraciones y deceleraciones que parecen claramente forzados en función de las sucesivas hipótesis tácticas y estratégicas de un reducido número de ideólog@s? Podemos es una fábrica de titulares y el hilo de estos nos lleva a estas impresiones, pero lo más alarmante es que compartir espacios con algun@s de sus poc@s activistas -en la escasa medida en que se dejan ver, con honrosas excepciones- o hablar en privado con ell@s nos da a entender que la realidad es incluso peor. En la región española actual hay una amenaza constante para las organizaciones políticas y es la del éxito en el acceso al Poder: designar cargos, designar asesores, gestionar las migajas que deja el Poder profundo (inercias institucionales, patronal, Comisión Europea, funcionari@s), convertirse en un almacén de egos y arribismos. En este aspecto, no creo que sea una experiencia comparable a la del Kurdistán o el México profundo, donde para alguien que tenga un discurso fingida o realmente rupturista es más fácil que recibir un par de tiros en la cabeza que un cargo.
    Para colmo, su discurso es, para la realidad postfranquista española, dudosamente rupturista: al ser el electoral-institucional su principal ámbito (prácticamente el único), el gas podemita sólo ve espacio para expandirse en dirección al PSOE, así cortejan a su electorado con sus palabras y, claro, con sus medidas. Por ponerlo en términos de las clases trabajadoras madrileñas, el progreso sin Manuela Carmena es difícil, pero con ella es imposible.

  2. BlackSpartak says:

    Mi comentario sobre lo macro iba en el sentido de que por ejemplo el 15M supo aprovechar la política nacional (lo macro) para crecer, ser mediático y despues subdividirse en barrios para centrarse en cosas más locales. Ambos niveles son necesarios. Tienes que tener un discurso contra el gobierno, la monarquía y por un sistema socioeconómico dirigido por los productores, pero también tienes que tener un discurso de abajo aplicable en barrios, centros de estudio y centros de trabajo.

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