Opinión

Published on octubre 19th, 2013 | by La Colectividad

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Por la destrucción de la objetividad

El capitalismo deshumanizador en el que vivimos está basado en una idea básica: que solamente existe una única verdad. Esta verdad configura lo que es válido y lo que es inválido, lo que es moral y lo que es inmoral, lo que es útil y lo que es inútil… Así como también define la supuesta «naturaleza» del ser humano y sus relaciones.

Si existe una única verdad, su acceso, adquisición, y desarrollo se convierten entonces en un privilegio de unes poques que poseen la supuesta «objetividad» que confiere el estar cerca de la «verdad.» Para alcanzar la «realidad» o la «verdad» hay que ser «objetive», pero poco se cuestiona que existan multitud de grupos humanos que dicen poseer la «objetividad» de la «verdad verdadera.» De ahí que no solamente el capitalismo se base en la objetividad, sino que también lo hacen multitud de ideologías distintas. Les comunistas dirán que elles poseen la verdad absoluta, y que estudiar la «realidad social» desde el marxismo es alcanzar la «objetividad» requerida. Les liberales dirán que no, que son elles quienes están más cerca de la «verdad», porque estudian la «realidad» por medio de la econometría, que se basa en avanzadas fórmulas matemáticas (¿y qué hay más «objetivo» que los números?). Y muches anarquistas también dirán que no, que son elles quienes poseen la verdad de las verdades al rechazar todas las demás. ¡Cosas de la vida!

El problema de la objetividad es que es, en realidad, una subjetividad institucionalizada. Puede estar institucionalizada a un nivel sistémico (ejemplo: el capitalismo es lo mejor que podemos tener). O puede estar institucionalizada a un nivel menor (ejemplo: el Partido Comunista de España sabe de qué va la sociedad, y no el PSOE). Cuando se institucionaliza una visión del mundo tenemos el problema de crear jerarquías, las cuales siempre derivan en poder asimétrico e injusticia. Así, muches dirán que Santiago Carrillo sabía más que el muchacho que se afilió ayer al partido. U otres podrían decir que el anarquismo español está más avanzado por tener a la CNT, que es muy vieja. En definitiva: que unes saben mucho y otres saben poco, que viene a ser lo mismo que decir que unes saben más que otres.

En todos estos grupos, sean de izquierdas, de derechas, o libertarios, hay mucho de paternalismo y autoritarismo. Cualquier discurso que diga ser objetivo lo es de facto. Tendemos a pensar que les que no piensan como nosotres son o menos inteligentes, o menos atentes, o menos concienciades. «Menos», «menos»,»menos». Todes son menos que nosotres, ¡pues nosotres tenemos la verdad!

Una forma sencilla de pillar este tipo de discurso es ver cuándo una persona empieza a universalizar lo que dice. Si alguien os dice que sus ideas son universales, empezad a dudar.

Creer que existe una «única verdad», o que la «objetividad» ha de ser la medida de todas las cosas, es rechazar la evidente variedad de seres humanos que existen en este planeta. Todes y cada une de nosotres somos unes disidentes en potencia. Todes tenemos el potencial de pensar distinto, de ver las cosas distintas y, por lo tanto, de crear mundo y realidades distintas. ¿Por qué? Porque cada une de nosotres tenemos un contexto vital distinto. Sí, vivimos en las mismas metrópolis capitalistas, sufrimos la misma explotación del trabajo asalariado… pero aun así dentro de estos nichos de impuesta uniformidad existe la variedad. De ahí que tengamos obreros votando a la derecha, y amas de casa que son machistas [1].

Querer buscar la «objetividad» es denegar al ser humano per se porque es un intento de imponer una determinada subjetividad (que puede ser más o menos colectiva en tanto que es compartida por más o menos gente, pero nunca por la totalidad). Cuando esta subjetividad se «objetiva» y se institucionaliza tenemos hegemonía ideológica e intrincadas redes de control social que van más allá de lo físico.

Por otro lado, reconocer el carácter subjetivo de la existencia humana es entrar en contacto con la vida social de una forma más plena, pues cuando se hace así suceden dos cosas al mismo tiempo:

  1. Reconocer la subjetividad es pensar que une misme puede estar equivocade, o que las decisiones de nuestras vidas son fruto de nuestro contexto y de nuestras reacciones a él. Esto conlleva darse cuenta que vivimos en un planeta con más seres humanos que pueden discrepar, pensar, y ver las cosas de manera diferente, sin que esto signifique que no podamos construir un espacio social en el que las personas se pongan de acuerdo y lleguen a decisiones consensuadas sin tratar de imponer ningún tipo de «objetividad.»
  2. Reconocer la subjetividad también nos lleva a pensar que les otres tienen algo que aportar al conjunto social que habitamos, dando un carácter autónomo y autosuficiente al resto de personas que no piensan como nosotres. La conclusión, una vez más, es que nada evita que empecemos a construir espacios de convivencia y discrepancia respetuosa.

No hace falta decir que existen posturas subjetivas que nunca podrán conciliarse. Por ejemplo, los atentos racistas e imperialistas del Estado de Israel no pueden encontrar ningún acuerdo común con el pueblo palestino que sufre tales barbaridades. No obstante, esto no implica de ninguna manera que el pueblo palestino tenga la «verdad universal.» Simplemente su subjetividad está contrapuesta a otra subjetividad que intenta imponerse a modo de «objetividad», de ahí que rechacemos la postura de Israel y apoyemos la causa palestina (entre otras cosas, por supuesto).

Como regla útil para la vida: nunca te fíes de alguien que dice ser objetivo. Menos todavía cuando dice tener la verdad absoluta. Sea esta persona conservadora, socialista, o anarquista.

Notas

[1] El porqué de estas dos cosas no entra en el análisis de este texto. Simplemente quiero reflejar que existe una gran variedad de discrepancias en espacios sociales supuestamente «uniformes.»

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Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



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