Opinión

Publicado el 6 de febrero de 2013 por Colaboraciones

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Principales prejuicios sobre los anarquistas

Violentos, antisistemas, vándalos, agitadores e incluso terroristas son las etiquetas que utilizan los medios de comunicación masivos contra nosotros, nos retratan como unos frustrados antisociales que queremos extender el caos y la destrucción por todo el planeta. Tristemente hay gente que cree esas difamaciones, por eso estamos sometidos a un exilio interior, nos tienen miedo, nos odian y nos criminalizan frecuentemente.

Otra malinterpretación menos tremenda pero igual de indignante es la de que somos unos ilusos y soñadores que fantaseamos con una sociedad ideal irrealizable, así que no se tienen en cuenta nuestras propuestas y se ignoran nuestras protestas y luchas sociales.

También es frecuente la concepción del anarquismo como una enfermedad juvenil, una fase de rebeldía contra lo impuesto y un síntoma de inmadurez, esta es la definición que mas estamos acostumbrados a escuchar, sobre todo por parte de nuestros familiares y amigos.

Estos son los principales prejuicios que están extendidos en la sociedad sobre el anarquismo, los responsables de ello son los medios de comunicación masivos y el sistema educativo, ambos controlados por la clase dominante, su función es mantener la hegemonía del pensamiento liberal y la perpetuación del sistema actual. No voy a extenderme mas en estos aspectos ya que requieren ser analizados con profundidad. mi propósito en este artículo es desmentir estas ideas erróneas que están interiorizadas entre la mayor parte de la población.

La idea de que somos unos violentos y que solo queremos destruir por destruir es totalmente errónea, puede que haya algunos energúmenos que malinterpreten o utilicen el anarquismo como pretexto para divertirse destrozando cosas, pero esos son una minoría. Nosotros recurrimos a la violencia cuando no hay otra salida, antes agotamos todos los medios pacíficos, lo que no vamos a hacer es quedarnos quietos mientras nos ningunean y nos reprimen. El anarqusimo contempla la violencia revolucionaria como un medio de acción aplicada en su justa medida y como respuesta a la violencia ejercida por un opresor, como dijo Malatesta, no es violento el que se defiende, sino el que obliga a los demás a tener que defenderse. Tiene gracia que los capitalistas nos acusen de violentos cuando es su sistema el que mas muertes ha causado a lo largo de la historia y cuando actualmente se siguen produciendo conflictos por intereses económicos como recientemente en Libia, Irak o Afganistán.

La opinión de que somos unos ilusos y unos soñadores que creemos en una sociedad irrealizable también es errónea, esta visión normalmente va acompañada de que el capitalismo es el sistema “menos malo”, la sostienen personas que pueden simpatizar con el anarquismo pero que lo ven inalcanzable. Ésto es un ejemplo de que el sistema ha conseguido que los individuos interioricen el inmovilismo y el conformismo, que piensen que las cosas son como son y que no se puede hacer nada para cambiarlas. Normal, con un pensamiento como ese extendido entre la población poco se va a cambiar y los capitalistas seguirán haciendo y deshaciendo a su antojo, menos mal que unos cuantos no nos callamos y seguimos con la lucha día a día. A medida que mas gente se una nuestra lucha la anarquía estará a un paso mas de poder ser alcanzada. El anarquismo necesita individuos críticos que se cuestionen continuamente la realidad que les rodea, sin adherirse a ningún tipo de dogma ya sea capitalista, religioso, leninista o fascista.

La afirmación que sostiene que el rechazo a la autoridad es cosa de jóvenes y que cuando se alcanza la madurez desaparece también está equivocada. ¿Qué pasa que agachar la cabeza y obedecer sin rechistar es una muestra de madurez? A mi me parece todo lo contrario que es un comportamiento infantil, como cuando un niño obedece a sus familiares y aguanta un sermón. La rebeldía nace del análisis del sistema, de estudiarlo a fondo, de ver contradicciones y de oponerse a su injusticia. Ésto me parece una actitud muy madura, mucho mas que resignarse y tirar la toalla, la historia está repleta de personas que creían en algo distinto y lucharon por ello con mas o menos éxito, los revolucionarios son uno de los principales motores de la historia, y no fueron ni mucho menos inmaduros.

Mientras estas ideas tengan tanta presencia en la sociedad no podremos articular un proyecto emancipador que figure como alternativa real a la barbarie capitalista, uno de nuestros principales deberes es concienciar a dia a dia a la gente que nos rodea y poner en marcha medios de comunicación propios como revistas, emisoras de radio, boletines…etc.  Cuanto mas se extiendan las ideas libertarias, menos alcance y efectividad tendrá la propaganda prosistema y estaremos mas cerca de la revolución social.

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4 Respuestas para Principales prejuicios sobre los anarquistas

  1. Serán says:

    Matizaría alguna de las cosas que expresas en esta reflexión.

    Primero. Resulta casi un poco absurdo tratar de elaborar una lista de desmentidos respecto de los anarquistas, puesto entiendo que somos el '''colectivo''' revolucionario más heterogéneo de los existentes. Sin embargo, puedo comprenderlo, puesto que a veces cuando llevamos a cabo reflexiones de este tipo, lo que hacemos en realidad es expresar lo que a nosotros nos gustaría que fuera. No es malo. Sólo quería matizarlo.

    Segundo. No entiendo que los anarquistas per se conciban la violencia como último recurso. Es decir, creo que tras esta alegación se esconde, aunque sea sin quererlo y sin pretenderlo, una intención de autojustificarse, de huir de las maldiciones o de los prejuicios y juicios de los que no se entienden como antiautoritarios y ni siquiera como individuos con una mínima perspectiva revolucionaria. Es decir, creo que el debate violencia/noviolencia está ya muy manido y desgastado, y creo que dicho debate existe porque existe un miedo a valerse de instrumento tan útil, y muchas veces mucho más, que la no violencia. No trato de hacer una alabanza de la violencia, trato de ser realista. La lucha revolucionaria es una guerra contra la dominación, al menos la lucha revolucionaria anarquista. Es una guerra contra el Sistema de dominación. La violencia no sólo tiene que ser reclamada como instrumento de defensa, sino también como instrumento de ataque, de ataque constante a la estructura y superestructura de la dominación. Es evidente que en un sistema así, cada minuto de la existencia es un ataque opresiva y represiva por parte del Sistema y de sus relaciones, y por lo tanto toda lucha es una defensa, pero también hay que entenderla como un ataque ofensivo en sí mismo porque creo que eso nos puede abrir mucho más la perspectiva revolucionaria.
    La violencia no es ni el primer recurso, ni el último. Es uno más. Y como dominados que queremos autoemanciparnos debemos de ser inteligentes en el terreno de la lucha, sabiendo qué elegir en cada momento, según sea más convenientes, como instrumentos igual de útiles per se, pero siéndolo a veces uno mucho más que el otro en situaciones concretas.

    Tercero. No creo tampoco que debamos huir del término antisistema. En realidad, es clarificador. Somos antisistema, queremos echar abajo todos sus cimientos, sus relaciones y sus categorías, y queremos tejer una realidad nueva. Lo más repugnante es ser prosistema, y hoy en día la mayoría de los dominados lo son, incluso de manera inconsciente.

    Cuarto. El prejuicio de que es algo de jóvenes, en realidad es algo bastante común entre las personas. De jóvenes muy 'revolucionarias', y a medida que pasa el tiempo eso va decreciendo exponencialmente. Sí, en realidad es bastante común.
    Y es entendible, puesto que tenemos que pensar de manera realista. El Sistema realiza una propaganda constante y omnipotente a cada segundo de la existencia, de la existencia particular y de la social, es casi imposible escapar de ella. El Sistema obliga a someterse a él mismo para poder sobrevivir (literalmente), y es capaz de asimilar a aquellos que muestran descontento haciendo creer que dentro de sus marcos y bases es posible realizar cambios sustanciales.
    La vida pasa, y la opresión continúa. Y el Sistema tiene el don de la ubicuidad.
    Por ello tenemos que ser capaces de constituirnos como individuos mentalmente fuertes, con un lenguaje propio, una red 'asociativa' propia, férrea, que se crea a sí misma; y por otra parte tenemos que ser capaces de llevar a cabo en la realidad práctica una lucha radical que ponga de manifiesto lo que somos, lo que no queremos, y lo que queremos, como dominados que quieren -a vida o muerte- dejar de sostener dicha condición de dominados.

    Un saludo.

  2. Liberty Cravan Liberty Cravan says:

    Decir que la violencia es el último recurso de los anarquistas no parte de ningún deseo de autojustificarse, Serán. Los anarquistas defendemos una sociedad basada en el apoyo mutuo y la solidaridad, que exige de respeto, de compresión, de empatía, de diálogo. Solo cuando se nos niega cualquier otra vía para la construcción de un mundo libre puede llegar a justificarse un comportamiento violento. Sin embargo, emplear la violencia solo porque está justificada tampoco es inteligente.

    Los revolucionarios y especialmente los anarquistas, que rechazamos ser vanguardia, somos parte de la sociedad que aspira a su emancipación. Tenemos que leer los tiempos del movimiento social, de tal forma que emplear métodos que la mayoría social rechaza en un momento dado solo nos lleva a la marginalidad. Tanto condenar como, por el contrario, exaltar y aplaudir ciertos métodos de lucha me parecen posiciones falsas y viciadas de antemano. Para mi, un uso inteligente de las herramientas a nuestra disposición lo marca su adecuación a los momentos en que se encuentran las luchas sociales. De ahí que lo que en Grecia puede tener sentido, puede no tenerlo en el estado español.

    Lo mismo con el término antisistema. Es contraproducente utilizarlo como marca si solo sirve para distanciarse de la sociedad. Además de que no soy antisistema, defiendo un sistema: Asambleario, libre, justo, solidario...

    • Serán says:

      En realidad, no entiendo bien en qué difieres con lo que he escrito.
      Es decir, si lees mi mensaje de nuevo, podrás fijarte en que escribí: 'La violencia no es ni el primer recurso, ni el último. Es uno más. Y como dominados que queremos autoemanciparnos debemos de ser inteligentes en el terreno de la lucha, sabiendo qué elegir en cada momento, según sea más convenientes, como instrumentos igual de útiles per se, pero siéndolo a veces uno mucho más que el otro en situaciones concretas.'
      Esto se traduce también, creo, en lo que has tratado tú de explicar; esto es, que hay que saber en qué momento usar cada instrumento, hay que sopesar eso que normalmente los marxistas llaman la correlación de fuerzas, y hay que ser inteligentes en todo el ámbito y el campo de lucha.
      Por eso digo que la violencia NO es el último recurso. Y tampoco es el primero. Es un recurso más entre los tantos que tenemos o que podemos tener en las manos para echar abajo el edificio de dominación.
      No entiendo cuando dices eso de: 'Solo cuando se nos niega cualquier otra vía para la construcción de un mundo libre puede llegar a justificarse un comportamiento violento.'
      ¿A quién te refieras cuando hablas de que se nos niega otra vía? Quiero decir, ¿acaso piensas que los 'agentes' de la dominación van a 'soltar' el mando y van a dejarse 'asesinar' voluntariamente? Por otra parte, hay que saber que el Sistema no se sostiene sólo sobre unos cuantos individuos, sino sería muy sencillo terminar con él; el Sistema está conformado por unas relaciones concretas político-económico-sociales que sostienen todas las instituciones y estructuras, y por ello también toda la superestructura, de la dominación. ¿Cómo es posible pensar que el Estado-Capital puede ser capaz de 'dejar otra vía libre distinta de una que se valga de la violencia'? Ni siquiera cuando el Estado de las cosas están en las últimas, los dominantes dejan un sólo respiro. La Historia lo demuestra.
      Así que, si tu única justificación para utilizar la violencia es que, noséquién, no te deja otra vía para la construcción de un mundo libre, ya puedes empezar a usarla.

      En mi opinión, pienso que se te escapa un elemento. 'La propaganda por el hecho'. Es decir, no hay que olvidar que en una situación en la que las contradicciones reales están en un punto alto de expresión, la actuación concreta, real y material, contra las estructuras (ya sea violenta o no, sopesándolo, claro está), es un elemento altamente eficaz para la propaganda y el contagio entre quienes también se encuentran hastiados y buscan desesperados caminos propios y comunes por los que salir de su situación de explotación y dominación. En el Estado griego el movimiento libertario, con todos sus seguros defectos, a logrado tejerse de una manera fuerte entre los individuos y las comunidades, propiciando así el llevar a cabo una lucha frontal y directa contra el Estado-Capital, y demostrando en la misma realización de la lucha, que esta es, sobretodo, necesaria.
      En el Estado español, no hemos sabido llevar a cabo esa práctica, y cuando ha habido puntos álgidos de descontento no hemos sabido ni estar ni actuar.
      Es muy iluso pensar que las condiciones están 'afuera' y que cuando cambien (¿cómo?) será el momento para que nosotros entremos y les enseñemos el camino de la libertad al resto. Es iluso y comodón, y paralizante por lo tanto.
      En Grecia, los anarquistas, en un proceso de años, han logrado contribuir a poner de manifiesto y relieve, como digo, las contradicciones inherentes a un sistema de dominación, y a partir de ello han realizado también, y realizan, una lucha práctica que sirve como ejemplo, como propaganda, pero sobretodo también como punto de encuentro y comunidad para con el resto de dominados.

      Por otra parte, es obvio que cuando se habla de antisistema se habla de lo existente, del Orden actual de cosas.
      Aunque también tengo que decir que yo no me considero pro-otrosistema. Yo estoy por la destrucción de la dominación, y por la construcción libre, autónoma y antiautoritaria de la realidad, por parte de todos los individuos y comunidades humanas. Eso para mí no responde a un Sistema como tal, que siempre, en mi opinión, presupone unas bases fijas concretas, unas estructuras también concretas y unas instituciones moldeadas, conformadas y sostenidas.
      Pero bueno, eso al fin y al cabo es sólo un problema de terminología.

      Sólo quiero apuntar un detalle: El día que los medios de comunicación hablen 'bien' de '''''nosotros''''' significará claramente que estamos haciendo algo catastróficamente mal.

      No somos un producto que necesita venderse a los que están dominados como nosotros. Somos sencillamente individuos dominados y explotados que son conscientes de su condición y que quieren revertirla, destruirla y superarla. Por ello, tenemos que actuar en la realidad, ahora, ya, de manera inteligente, por supuesto, pero actuando, porque en la acción se muestra la teoría, y de la acción misma también se fortalece dicha teoría.
      A veces me chirría demasiado ese intento por vendernos como un producto mediante métodos publicitarios. ¡Buenos, bonitos y... GRATIS!
      No estamos vendiendo nada. Nuestra conciencia revolucionaria no es una mercancía más de las relaciones capitalistas.
      Una cosa es ser inteligentes y prácticos en el terreno de la lucha, y otro cosa muy diferente es querer constituirnos como el producto más bonito de todos que todo el mundo debería comprar.

      Un saludo.

  3. Liberty Cravan Liberty Cravan says:

    Para mi la violencia no es un recurso más, equivalente al diálogo. El uso de la violencia es, efectivamente, lo último a considerar. Por lo que pone en juego (la propia vida, llegado el caso) y porque elimina toda posibilidad de argumentación y consenso (que son las bases para las relaciones sociales que yo quiero construir). Considerarla un método como cualquier otro me parece equivocado, por lo que sirve para justificar, como por ejemplo emplear los mismos métodos violentos contra el Estado y el capital que ante compañeros que difieren de nosotros. Eso ha ocurrido y creo que la idea de que "la violencia es un método más, como cualquier otro" constituye la base argumentativa de dichas prácticas.

    Por otro lado, repito que aunque efectivamente el sistema de dominación me niegue hoy cualquier otra vía emancipatoria y, por tanto, esté justificada la violencia, no tengo por qué empezar a usarla, como dices. Que algo esté justificado no significa necesariamente que sea una elección inteligente a tomar. Los revolucionarios debemos ser inteligentes, no limitarnos a lo pasional.

    Tampoco he hablado de esperar a que las condiciones cambien por sí solas. Es necesario profundizar en las contradicciones del capitalismo hoy, pero caminando a la par del movimiento social y no pretendiendo ser vanguardia. Pondré un ejemplo: Cuando comenzaron las luchas por la vivienda muchos anarquistas se escindieron de las mismas argumentando que sus motivaciones eran puramente reformistas, cambiar dos leyes y poco más. Querían correr antes de caminar. Muchos se replegaron a sus espacios, donde se sentían cómodos, frustados. Pues parte de ese movimiento que los anarquistas abandonamos, a raíz de descubrir efectivamente que los métodos de ocupación y acción directa son útiles y están justificados, hoy ha sobrepasado a los propios anarquistas con el tema de deshaucios, ocupaciones, etc.

    Esto, llevado a un plano general, ha resultado en que a los libertarios nos ha pillado a contrapié todo un proceso de expansión del asamblearismo, la desobediencia civil y otros métodos de acción puramente libertarios. Si queremos seguir así, con una táctica vanguardista y tratando al resto de gente como borregos, pues no tendremos demasiado futuro.

    Yo no veo tan evidente que cuando se habla de antisistema se hable de comunistas libertarios, por eso reclamo estos términos que sí me definen. Los grupos antisistema empezaron siendo, para los medios, los grupos de ultraderecha que, en la época posterior a la transición, amenazaban a la incipiente democracia. Mis referentes nunca se han llamado a sí mismos antisistema. No se trata de dar buena imagen, sino de evitar aceptar acríticamente las etiquetas que los medios de masas quieren colocarnos. Se trata de utilizar aquellos términos que siempre nos han definido, los que nos colocan como los herederos del movimiento socialista y antiautoritario.

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