Por una sociedad sin racismo

El 12 de noviembre salimos a la calle a mostrarnos como somos, con nuestros acentos, nuestro color de piel y nuestras identidades, vamos a enfrentarnos y a hacernos fuertes contra el racismo institucional y callejero. También vamos a pelear por nuestra dignidad, a honrar a todos los asesinados en nombre del supremacismo blanco (el 13 de noviembre de 1992 fue asesinada Lucrecia Pérez) y a unir la riqueza que aportamos a una sociedad que debe ser plural y abierta.

Bien muchas personas podrían pensar que el racismo en España ya no existe solo porque ya no somos usados como moneda de cambio, ni nos asesinan sin impunidad. En anteriores líneas he hablado de que el racismo es una cuestión de privilegios. Todo lo que hacemos es puesto en tela de juicio: se duda de nuestra forma de amar, de aprender, de escribir, de hablar, de leer... ¡hasta nuestros nombres son insultados cuando no pueden ser pronunciados correctamente!

Tomamos las calles para hacer visible no solo el racismo más evidente, sino también el más escondido y habitual. Porque nos siguen encerrando sin un juicio previo y, además, por tan solo cometer una falta administrativa, la cárcel invisible sigue estando muy presente para las personas migrantes, en todo el Estado español hay un total de 10 Centros de Internamiento para Extranjeros, siendo los motivos de encierro muy variados y arbitrarios. Porque seguimos muriéndonos sin recibir atención sanitaria básica, en 2016 el Gobierno central excluyó de este derecho a unas 800.000 personas, incluso la ONU se mostró "preocupada" por esta situación.

El racismo sigue latente y muy vivo, recordemos a las 15 personas muertas en el Tarajal, acción en la que la Guardia Civil tuvo una alta responsabilidad y participación, estos agentes no solo fueron exculpados de estos asesinatos, sino que la juez que instruyó el caso determinó que la muerte de estas personas había sido responsabilidad de ellas mismas, el auto dice lo siguiente: "Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil"1. Las políticas tomadas por la Unión Europea en los últimos años van dirigidas a que el Mediterráneo se convierta en un enorme cementerio, el diario alemán Der Tagesspiegel acaba de publicar los nombres de cerca de 33.293 personas ahogadas en el Mare Nostrum desde 19932. Naturalmente, la cifra es aún mayor, muchos de los ahogados nos son anónimos. Europa es la responsable de estas muertes.

Pero resulta preocupante no solo el racismo que nos mata, sino también aquél que vivimos a diario en las calles, ese que nos cruza la piel de arriba a abajo. Ese que parece inocente pero que, en realidad, es la misma raíz de la discriminación, encasillándonos en parámetros en los que no encajamos solo porque no somos blancos, ese que habita detrás de supuestas bromas y chanzas inocentes, pero racistas, realizadas por comediantes como Ignatius Farray. Queremos dejar de ser elementos exóticos, queremos dejar de aparecer en las películas como el negro camello, el latino pandillero, el musulán terrorista o el chino mafioso. Todo debe empezar a subvertirse, desde el protagonismo social de los blancos, hasta la producción cultural y la imagen que de nosotros se construye en los discursos culturales. En otras palabras: ¡queremos dejar de ser un estigma y un prejuicio!

Pero el problema seguirá existiendo si los blancos siguen negando el racismo, ¿cómo van aceptar algo que no viven en sus carnes? Es urgente avanzar en una educación no eurocéntrica, que deje de dibujarse en las escuelas y universidades una Europa poderosa y orgullosa de su pasado colonial y, por otro lado, comience a ser responsable de las realidades sociales presentes, consecuencia directa de todas esas políticas pasadas. La migración además de ser un hecho natural y constante en la historia de la Humanidad, ahora es una cuestión nacida de la expansión territorial y económica de los europeos.

En esta línea vale la pena incidir en las políticas de integración, en nombre de una convivencia pacífica se anulan la lengua y tradiciones de origen del individuo migrante, imponiéndole las del país de destino pero, al mismo tiempo, recordándole que solo es un huésped. Se le invita a callar antes las injusticias, pues es de malagradecidos quejarse, esto se agrava si encima eres mujer. Se le recuerda que lo que venía haciendo desde niño está mal, las festividades y tradiciónes culinarias europea y blanca son las correctas, que aprenda algo de civilización. A los migrantes no les hace falta una correcta integración, sí una adecuada visibilización. No parece que ningún europeo la necesitara cuando entró a sangre y fuego en América o África.

Incluso a la izquierda más progresista le costó entender todo este lío del racismo, tanto así que se tuvieron que inventar el concepto del Otro, en contrapartida a la identidad. Pero se olvidaron mencionar que no hay un Otro, sino que hay muchas variantes a la alteridad, casi tantas como personas. Pero, naturalmente, fueron filósofos europeos como Sartre, Simone de Beauvoir o Lacan quienes lo desarrollaron, no dejaron al Otro que hablara. A disciplinas como la Antropología nacidas al calor del racismo del siglo XIX aún le cuesta desprenderse de todo el estigma de poder y dominación que la concibieron, a pesar de todo el esfuerzo hecho desde diversas escuelas de pensamiento.

Este racismo de baja intensidad es lo que ha producido todo lo arriba mencionado y, en realidad, muchas cosas más, como las políticas de ayuda al desarrollo impulsadas desde Europa, la imposición a la producción científica, la ocultación del desarrollo artístico colonial no blanco, etc. Todo ello queremos denunciar este domingo en Madrid, estando en la vanguardia de una lucha que solo es nuestra, pero donde los aliados son bienvenidos, pero siempre conscientes que "no hace falta que me maten para que hablemos de racismo. En España existe racismo sí, pero más refinado”3.

1Extraído de: http://www.eldiario.es/desalambre/Archivado-muerte-personas-frontera-Ceuta_0_441656238.html

2Extraído de: http://www.tagesspiegel.de/politik/die-liste-von-banu-cennetoglu-kuenstlerin-dokumentiert-das-sterben-von-33-293-gefluechteten/20558658.html

3Como afirmó Lucía Mbomio a El País. Extráido de: https://elpais.com/elpais/2017/11/06/planeta_futuro/1509973183_806384.html?id_externo_rsoc=FB_CM

¿Que es Gentrificación? ¿Y tú me lo preguntas?

Últimamente, y desde hace unos años, estamos empezando a oír este termino y empezando a saber algo de el, algo que esta afectando a las ciudades Europeas, que los barrios del centro..., que... Malasaña. En este artículo, producto de una re-edición de un trabajo que realizamos un compa y yo para la asignatura de ecología humana, intentaremos ir algo mas allá, intentaremos explicar este fenómeno y los distintas efectos negativos que tienen en la población de los barrios que sufren este proceso y los daños colaterales que hostigan a los barrios marginados de este nuevo carácter de gentrificación y en el que detectaremos uno de ellos y propondremos un eje de lucha contra este.

En primer lugar, para poder entender este proceso y su desarrollo, no estaría mal conocer el origen etimológico de la palabra y que de esta manera nos pueda situar entorno a que nos enfrentamos.

  • De donde viene Gentrificación?

Como por desgracia y generalizado a todo lo que nos rodea, y como no, gentrificación no podía ser menos es un termino anglosajón «gentrification» que no se sabe muy bien que significa pero que describe este fenómeno. A su vez, este termino deriva de otro que es algo como «gentry» que hace referencia a una clase social que existía (y existe) en la vieja Inglaterra que se caracterizaba por esta formada por la mediana y baja nobleza que se podría asemejar a la hidalguía de nuestro querido Quijote. Este estrato social estaba compuesto por  la nobleza de tipo medio y bajo, concretamente de barones, caballeros, y los hombres libres "freemen y commoners" osea terratenientes. Su termino equivalente en el castellano seria como ya hemos dicho, hidalguía, y el equivalente a gentrificación, seria «elitización» o «aburguesamiento». Estas apreciaciones al menos nos ponen en aviso sobre lo que nos vamos a encontrar. (Ruth Glass. 1964)

Este proceso, es perfectamente identificable en la mayoría de las ciudades de Europa que mediante un conjunto de mecanismos que siguen una cronología exacta, logran desplazar a la población “autoctona” u originaria de un barrio para conformar en estos espacios unas alternativas culturales con un carácter elitista moderno y exclusivo que termina por desplazar a la población.

A modo de resumen, lo que consigue este proceso es la elitización de los barrios que tras una etapa de "agresiones" (subida de las rentas, encarecimiento del suelo, abandono de los servicios...) desplaza a la población y lo "privatiza" para un sector económico y social que no esta acorde con el barrio original y con el cual especula.

  • Que es y como se desarrolla:

Al fin y al cabo la gentrificación es un conjunto de etapas que imposibilita el desarrollo de la vida cotidiana de un barrio para, mas tarde, con técnicas especulativas venderlo al mejor postor moderno.

Las etapas que se secuencian para conseguir culminar este proyecto y apropiarse de territorio, son las siguientes (y perfectamente identificables en los barrios).

Concretamente:

  1. Abandono: Degradación de los servicios básicos para el mantenimiento de la zona y de los servicios de atención a la población.
  2. Estigmatización: Creación de un imaginario que rechaza la pobreza y lo asocia a lo criminal, además de aumentar el foco de atención en la comunidad migrante.
  3. Especulación: Compra de propiedades y edificios completos por parte de los grandes grupos inmobiliarios
  4. Encarecimiento: Aumento del costo de vida, encarecimiento del suelo y la vivienda e impuestos.
  5. Expulsión: Expulsión de los residentes originarios por convenios o por la fuerza o por condiciones ya difíciles de soportar.
  6. Comercialización: El lugar se pone de moda y se consolida el turismo, la venta y la vivienda.

Estas etapas se prolongan en el tiempo, y van acompañadas en los inicios del proceso en el abaratamiento de la vivienda, ayudando a la estigmatización de la zona (proceso que puede lugar hasta décadas) y posteriormente una subida de los mismos precios que provocan la expulsión definitiva de la población.

Lo que además se ha observado a raíz de este proceso, es un conjunto de cambios en el modelo de comportamiento humano y cambios en los patrones de consumo (Muñoz Carrera, n.d.) . Este hecho, se suele atribuir a la aparición en las zonas gentrificación, alternativas culturales, “modas”o centros de ocio donde aparecen nuevas ofertas que no se encuentran en otro lugar. Lo que esto provoca a su vez, que forma el trasfondo donde este proyecto pretende actuar, es la visión de estas zonas como única opción de la cultura alternativa o contracultura y ocio alternativo provocando una despoblación cultural en barrios periféricos que encuentran en estas zonas gentrificación la opción que no les permiten encontrar en sus barrios.

  • ¿Que ocurre concretamente en Madrid?

La gentrificación no es un proceso que ocurre en determinadas ciudades, como hemos dicho antes, es un proceso que se extiende por la mayoría de las ciudades europeas y como no Madrid es una de ellas. En esta ciudad, podemos encontrar los barrios como La Latina, Chueca o Malasaña que son el claro ejemplo de barrios que ha sufrido este proceso, que han pasado de ser zonas pobladas por personas de mayor edad, de cases populares y de un poder adquisitivo bajo a ser las zonas más requeridas a la hora de encontrar teatros, exposiciones de arte y que ofrecen todo el ocio alternativo que se puede encontrar en la ciudad.

En Centro (uno de los Distritos que conforman la Ciudad de Madrid) , los planes de revitalización urbana orientados por la nueva concepción global de la ciudad y su fuerte determinación sobre la promoción del turismo basado en el desarrollo de los valores artísticos, culturales y museísticos de la zona han sido uno de los elementos motores para que este proceso se desarrollará a lo largo de los últimos años. La fuerte convicción mostrada por el gobierno municipal para el posicionamiento de Madrid en la jerarquía de “Ciudades Globales”, ha supuesto el desarrollo de estrategias encaminadas a visibilizar y a mejorar la imagen de la ciudad a nivel internacional para hacerla atractiva a la inversión y empresas extranjeras. (Ayuntamiento de Madrid, (2004) “Plan de Especial de Revitalización del Centro Urbano 2004-2012”.)

La gentrificación manifestada en el distrito Centro de Madrid, incorpora a la mayoría de las características que la hacen propia de este proceso como es el hecho de que los mecanismos de revitalización combina la inversión pública y la privada; que la revitalización tenga como una de las características principales la “mezcla social”, tanto a nivel de convivencia entre personas de diferente estrato social como de diferente etnia, mostrándolo en cierta medida como con un rasgo de “gentrificación positiva” (usado siempre como excusa para la justificación de este proceso y sin apreciar lo positivo del hecho y lo enriquecedor de lo mismo); la clara intención para atraer a la “creative class” y el interés mostrado por el establecimiento de instituciones relacionadas con el arte y la cultura, así como el apoyo a los jóvenes diseñadores y artistas (Muñoz Carrera, n.d.) con un prisma claramente definido por lo exclusivo y elitista.

  • ¿Que podemos hacer?

Ante esta situación, y como idea para desarrollar el proyecto, que es a guía para el trabajo que hemos realizado, nuestro objetivo principal es atacar un proceso que se lleva paralelamente a la gentrificación, que se convierte en una problemática a la que creemos necesario dar respuesta.

Este proceso paralelo, es concretamente, la sustitución de cualquier actividad cultural, social o de ocio en los barrios mas periféricos que se encuentran despoblados de estas, por los que se ofrecen en estas zonas gentrificadas.

En oposición, entendemos que una alternativa eficaz puede ser la formación de más centros de contracultura en los barrios en los que desde la administración publica se ha dedicada a maltratar en pos de los barrios y distritos donde se podría sacar un mayor provecho del resultado de esta gentrificación tras la eliminación en su totalidad de las clases populares que se alojaban en las calles de estos barrios y que ahora y con gran ingenio, de una manera u otra les ha sido privado.

Por este motivo y siguiendo el modelo de muchos centros sociales y centros sociales okupados que ya actúan y forman parte indiscutible de los barrios nos gustaría hacer ver como estos, y la formación de muchos otros, pueden hacer de tejido social o de sostén para que este proceso sustitutivo no se lleve a cabo ademas de la aparición de nuevas oportunidades para hacer frente no solo ya a este proceso, si no un apoyo para continuar las luchas que en muchos de estos barrios se llevan a cabo, desde la trinchera contra los desahucios, desde la trinchera contra la privatización de distintos servicios y desde la trinchera que lucha contra la pobreza y la precariedad que en todas las ocasiones, las instituciones ni se molestan en ocultar su proceder con  este hostigamiento sistemático y crónico a la clase trabajadora.

En este punto, y como ya hemos mencionado antes, el objetivo que se había desarrollado en el trabajo que realizamos, era la formación de núcleos de conocimientos y actividades que puedan suplir las carencias de estas mismas en los barrios más periféricos que forma parte en una de las causas del proceso de gentrificación planteando como opción única la gestión del centro por los habitantes del barrio y evitar cualquier atribucion de las actividades destinadas a un rédito por cualquier institución publica o privada.

  • Que hemos podido sacar en claro

Para realizar este trabajo, nos gusto ver que existían ya proyectos similares en otros lugares, y de este modo nos sirvió como antecedentes, antecedentes tales como las experiencias vividas en en Sevilla (Nodo50.org) y el centro Núcleo cultural La Ye Petare (Todoporlapraxis.es), que han demostrado que los centros sociales funcionan como herramienta de cohesión del barrio y combaten la gentrificación de manera efectiva ademas de atacar directamente otros frentes contextuales de los barrios donde se establecen estos centros. 

En este sentido, lo que podemos determinar es que en Madrid, desde hace ya un tiempo, existe una problemática real, que es la gentrificación y que ha colmatado ya diversos barrios del Distrito Centro de Madrid y que se sigue extendiendo.

La presencia de este tipo de proyecto, como hemos podido analizar en otros casos ya citados, vemos que estas propuestas sirven como sostén a la población que sufre las carencias que culturales de estos territorios. Con esto, se pretende evitar la migración cultural que sufren estos barrios periféricos hacia los grandes núcleos de gentrificación, donde se ofrece todo lo relacionado a la contracultura o cultura alternativa y actividades de este mismo carácter.

De esta manera, al igual que en los casos anteriores, veíamos como la aparición y la continuación del trabajo en estos centros ejercía de manera una confrontación eficaz contra la gentrificación y lugar de desarrollo de las otras luchas, de forma directa y participativa.

  • De quienes hemos aprendido:

Si de algo tenemos que estar orgullosas, es de la cantidad de personas que llevan una actividad política en infinidad de frentes, y este, como no podía ser menos, presenta una buena cantidad de colectivos y proyectos que se dedican a analizar y luchar el proceso de la gentrificación. Entre estos y en los cuales nos hemos apoyado para informarnos y aprender a cada párrafo, destacamos Left Hand Rotation  que desarrollo Museo De Los Desplazados que consiste en una plataforma que nace como resultado del proyecto taller Gentrificación No Es Un Nombre de Señora.

Y por otro lado, y ya mencionado antes otro del cual bebimos un montón de ideas es Todo X La Praxis las cuales se definen como "...un laboratorio de proyectos estéticos de resistencia cultural, un laboratorio que desarrolla herramientas con el objetivo último de generar un catálogo de herramientas de acción directa y socialmente efectivas."

Y para acabar antes de pasar a unos apuntes sobre la bibliografía, este trabajo nos ha permitido meter una cuña política en una carrera como la que es Biología en la que en la actualidad, en nexo de unión entre estas dos materias esta mas inexistente que nunca.

  • Que quedo de la bibliografía?

- Ayuntamiento de Madrid, (2004) “Plan de Especial de Revitalización del Centro

Urbano 2004-2012”.

- Ayuntamiento de Madrid, (2007) “Diagnóstico de Sostenibilidad del Distrito Centro”.

- Ayuntamiento de Madrid, (2007) “Resumen Ejecutivo Estrategia de Posicionamiento-Internacional”, Oficina de Estrategia y Acción Internacional “Madrid Global”

- Glass, R. (1964). “London: Aspects of change”. McGibbon & Kee. London.

- Muñoz Carrera, Ó. (n.d.). Gentrificación y reestructuración del espacio social en

madrid.

- Museodelosdesplazados.com, (2016). Museo de los Desplazados. Disponible en: http://www.museodelosdesplazados.com/

- Nodo50.org, (2016). Experiencias de lucha contra la gentrificación en Sevilla.

Disponible en: https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/taller/lahaine_310705.htm [Accessed 12 Jan. 2016].

 

 

a mi anónimo y colaborador de esto.

 

El "rotu" como arma

Me he comprado un edding. Contagiado del grito rebelde de los tachones y los mensajes tan lúcidos como espontáneos para hacerlos inmutables, por mucho que los borren. He decidido formar parte de esa labor colectiva de memoria y reproche. ¿A qué me refiero? Intentemos ser concretxs: entre otros ejemplos, nos meten sus cánones de belleza hasta en la sopa y la publicidad – propaganda encubierta – la encontramos incluso en el transporte público.

En Madrid, desde donde escribo, podemos encontrarnos uno de los experimentos mundiales del mercantilismo que tanto modifica nuestro paisaje cotidiano y se nos clava a cada trayecto: el acuerdo comercial que nombra a la línea 2 de Metro con el nombre de la compañía Vodafone (previsto durante 3 años desde mayo del 2013). Quienes viajamos en metro hemos visto cómo el rechazo del momento se ha prolongado en el tiempo hasta ahora en forma de pegatinas, pintadas, uso de disolventes, etc. dejando así clara nuestra negación. Y es que en el momento en que la imposición del cambio hacia un horizonte cosificador deja de apreciar una resistencia a ojos del colectivo, ésta se nos muestra vencedora y dicho cambio aparentemente inevitable. Parece que todxs hemos aceptado con resignación.

Por eso he decidido unirme a la guerrilla del simbolismo que se ejerce desde las sombras a las que no llega su panóptico. Y añadir el rotu a mis armas. Es una manera de recordarnos que no estamos solxs, de pervivir la resistencia a la inercia que mancha lo cotidiano hasta el último resquicio y la última sutileza.

Perro Afgano

Alcorcón, epicentro de la catástrofe

En noviembre de 2013, algunos nos despertamos con la noticia de que un terremoto de 3,5 grados en la escala de Ritcher había sacudido Alcorcón y el sur de la zona metropolitana de Madrid. No fue el primero, pero sí el más destacado, de una serie de pequeños seísmos que se estaban produciendo en una zona caracterizada precisamente no por su elevada actividad sísmica. Aunque la explicación pertinente nos dejó algo “fríos”¹, el suceso no pasó de ser una mera anécdota para la población y la noticia simpática del día para los telediarios. Sin embargo, no pasó tan inadvertida para el gobierno municipal, que enseguida puso en marcha su maquinaria mercadotécnica para hacer de ello algo para recordar. A comienzos de 2014, el ayuntamiento –con su alcalde David Pérez a la cabeza‐ anunciaba que el próximo año Alcorcón sería el escenario de un simulacro de terremoto. Más allá de la hilaridad que puede producir la visión de un simulacro en un municipio con más de 170.000 habitantes, la idea parece que tomó cuerpo entre diversos organismos y ya no asistiremos a una mera exhibición sino que el evento ha ascendido a la categoría de Congreso Internacional de Intervención en Grandes

Catástrofes

Este Congreso nace supuestamente bajo la necesidad de “coordinar, preparar y entrenar a nuestros profesionales” (fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sanitarios, organismos públicos...) para dar una respuesta “rápida y eficaz” a las situaciones de emergencia y se reduzcan sus “trágicas consecuencias”. El mega‐evento de cinco días incluirá talleres y ponencias de diferente tipo con la presencia de especialistas en emergencias, ong’s, bomberos y militares de diversas partes del mundo y estará presidido por la mismísima reina en persona.

Lo terrorífico es la normalidad

Todas las estadísticas confirman que las catástrofes naturales son un suceso excepcional. No obstante, la proliferación de congresos de esta índole y la toma de medidas legislativas de carácter excepcional en todos los ámbitos parecen indicarnos que caminamos en la dirección opuesta. Casi a diario nos llegan  noticias  sobre  catástrofes  naturales  de  todo  tipo  a  lo  largo y ancho del planeta (algunas de ellas, y sin disimulo alguno, consecuencia directa  o indirecta  de  guerras). La  elección  misma  de  la  expresión  catástrofe  natural  lleva  implícito el sentido de aleatoriedad, de azar, de imposibilidad de prever. Bajo este paraguas  quedan,  por  tanto,  incluidas  en  teoría  todos  aquellos  accidentes  producidos  por  la  naturaleza.

Como  se  entenderá,  el  problema  podría  pasar  por  definir  qué  puede  considerarse  catástrofe  natural  y  qué  no². Sin  embargo,  bajo  la  óptica  en  la que  nos  encontramos  –la  óptica  de  los  congresos  y  de  los  profesionales  de  la  emergencia‐  la  importancia no radica en si son producto de la propia naturaleza o son producidas por  efecto  de  la  acción  humana  sobre  el  medio  sino en  su  inclusión  y  asimilación  como  contratiempo inevitable en nuestro devenir cotidiano. No nos encontramos ya en la época  de  la  negación  de  las  catástrofes:  éstas  se  producen  sin  más  y,  por  lo  tanto, se  hace  necesaria  su  gestión.  Y  ésta,  pasa  por  acostumbrarnos  a  su  presencia,  es  decir,  a  aprender a convivir con ellas³.

No  albergamos  esperanza  alguna  de  que  ponencias  como  “El  accidente  de  Fukushima: lecciones  identificadas” cuestione  de  raíz  todo  lo  relacionado  con  la energía nuclear más allá de consideraciones preventivas o de carácter técnico. Tampoco  esperamos  que  hablar  sobre "La  importancia  de  los  sistemas  de  agua  potable autogestionados”  nos  dote  de  las  herramientas  colectivas  necesarias  que  nos  permitan  concebir dicho recurso de una manera distinta a la actual. Lo substancial de todos estos  encuentros  y  congresos  y  de  las  enseñanzas  de  las  situaciones  de emergencia  reside únicamente  en  la  adquisición  de  mayores  conocimientos  sobre  el  desastre  para  su divulgación, convirtiendo la emergencia en normalidad.

Esta  adaptación  a  la  catástrofe  se  manifiesta  de  múltiples  formas  y  avanza  en todos  los  campos.  La  presencia  en  el  Congreso  de  militares,  y  de la  funesta  Unidad Militar de Emergencias (UME) en particular, sólo puede ser conducente a la aceptación de  la  soldadesca  en  labores  que anteriormente realizaba  población  civil  y  a  su normalización en cada vez más facetas de la vida cotidiana, haciéndolos más útiles, más cercanos,  en  definitiva: humanizando  lo  militar.  La  clásica  imagen  de  militares  en contiendas  bélicas  ha  sido  transformada  por  la  estampa  de  las  misiones  de  paz  y  de ayuda  humanitaria  en  zonas  de  conflicto,  sumándose  ahora  las  de  auxilio y  salvamento  en zonas  de  catástrofe  natural,  convirtiendo  algo  que antaño  se  antojaba  excepcional  –la presencia militar fuera de los cuarteles‐ en una circunstancia cada vez más habitual. Y lo  que  tiene  aún  mayor calado:  convirtiendo  su  presencia  en  necesaria  dentro  de  los esquemas  de  las  situaciones  de  emergencia.  El  estado  de  alarma  implantado  en  Barajas durante  la  huelga  de  controladores  aéreos  (2010),  el  terremoto  de  Lorca  (2011),  los incendios  forestales,  su  inclusión  en  los  cuerpos  de policía  local (2014)...son  sólo  la cara más visible de esta incursión de lo militar. Siguiendo esta senda de excepcionalidad, podríamos hacer mención a la escalada represiva llevada a cabo tanto a golpe de legislación como de actuaciones policiales. La implantación del nuevo código penal y de la ley de seguridad ciudadana constituyen un paso más hacia la normalización de lo excepcional. La repugnante masacre del Charlie Hebdo, escenificada en forma catástrofe, es decir, como situación inevitable –no sabemos si natural o no‐ debe ser asimilada y nos debe hacer a todos partícipes de la constante situación de criminalidad permanente en la que vivimos. La presencia policial y militar en las calles de Francia, Bélgica o Dinamarca no nos tendría que sorprender; su falta es lo que nos debería empezar a preocupar, puesto que presagia la próxima llegada de algún tipo de cataclismo.

A partir de este momento, lo extraño será no pasear por las calles bajo la atenta mirada  de  funcionarios  públicos  y  cientos  de  cámaras  de  seguridad.  La  simple existencia  de  peligros  inminentes  que  penden  sobre  nuestras  cabezas  cual  espada  de Damocles justifica que así sea. Las numerosos redadas policiales llevadas a cabo a nivel local  e  internacional  (presentes  o  futuras),  convertidas  en  espectáculos públicos masivos al  ser televisadas y radiadas  prácticamente  en  directo,  lo  deberían  poner  de manifiesto. El ideal de seguridad aspira a imponerse como el principal y hegemónico, si no lo ha hecho ya. Como vemos, todas estas medidas auguran un nuevo período de planificación y control social –dentro de la normalidad‐ que alcanzará su culminación en el momento en que ya no sea posible distinguir entre normalidad o emergencia, cuando lo excepcional sea la regla.

Alcorcón, Estado de emergencia

La  elección  de  Alcorcón  como  lugar  para  celebrar  este  congreso  no  podía  ser más adecuada. No entendida en el sentido de sus altos índices de desastres naturales producidos por terremotos, inundaciones, actividad volcánica o incendios de miles de hectáreas,  sino  como  metáfora  visionaria que bien  han  sabido  captar  nuestros dirigentes municipales.

A diferencia de experimentos anteriores, el evento en cuestión no supondrá la creación de miles de puestos de trabajo ni será un motor de primer nivel para el desarrollo económico de la región. En esta ocasión, el Congreso de Catástrofes lo que logrará será situar  en  el  mapa  a  Alcorcón  como  una  ciudad comprometida  en  la  “protección  de  la vida,  la  seguridad  y  la  solidaridad  humana”.  Dirigido  a  autoridades,  directivos  y cuerpos de emergencia, no supondrá siquiera la dinamización de la economía local (a no  ser  que  queramos  entender  con  ello  el  pago  de  los  250€  que  cuesta  asistir)  pero  nos reportará  prestigio  de  cara  a  nuestra  capacidad  de  organización  futura  en  eventos  de similares dimensiones.  Lo  de  situar  un  territorio  en  el  mapa no  es  algo  que  nos  coja  desprevenidos.

Viene  siendo  costumbre,  con  cierta  antigüedad  ya  en  tierras  ibéricas,  lo  de promocionar  el  pueblo  de  uno  ya  sea  mediante  expos, eventos  deportivos, parques temáticos o infraestructuras de cualquier  tipo.  Competir  con  otros  lugares  (por  otra parte,  idénticos  en  esencia  al  tuyo) para  convertirlo en único y diferenciarlo de todos los demás es el guión asumido en casi todas partes: Alcorcón se limita a hacer, ni más ni  menos, lo que  hacen  el  resto  de  poblaciones.  En  este  sentido,  Alcorcón  no  es paradigmático  en  lo  que  se  refiere  a  su  comportamiento  como  entidad  municipal particular sino como modelo normalizado de funcionamiento.  La  construcción  de  una  imagen  diferencial  asociada  a  un  territorio  forma  parte de la  necesaria  adecuación  de  las  urbes  de  cara  a  poder  competir  en  el  mercado internacional de ciudades si lo que se quiere es acceder a inversiones y a la llegada de empresas e industrias. Esto, lo único que viene a demostrar es que las ciudades son un reflejo  más  de  los  cambios  producidos  en las relaciones  económicas,  cuya manifestación  más  palpable  se  da  en  forma  de  transformación del espacio urbano (tanto en lo que se refiere a su estructura como a su organización social). La ciudad se trasmuta en producto, producto que mercantiliza todo lo que ella contiene, habitantes incluidos.

Si la imagen que ahora se pretende proyectar es la asociada a la “protección de la  vida”  y  la  “seguridad”,  antaño  lo  fueron  la  cultura,  el  deporte  de  base,  la  familia,  la integración o la multiculturalidad. Transitados ya todos estos escalones, imaginamos que algunos se repetirán en el futuro. (Únicamente echamos de menos –aunque seguro que por  falta  de  memoria  del  que  escribe  esto‐  el  argumento  de  la  sostenibilidad,  el  medio ambiente y la ciudad verde).  Lo  cierto,  es  que  la  imagen  que  transfiere  Alcorcón  a  sus  habitantes  en  la actualidad –insisto, la misma que podría arrastrar otra población de cualquier latitud ibérica‐  se  encuentra  más  cercana  al  concepto  de  decadencia.  Quizá  el  calificativo  de nicho  sea  excesivo,  pero  expresa  bien  la  capacidad  para  almacenar  personas  en  un mismo  lugar  y  está  más  próximo  al  ideal  securitario  que  las  condiciones  actuales confieren.  Pasear  por  Alcorcón  es  ver  cientos  de  locales  y  naves  industriales  vacías, desarrollos  urbanos  a  medio  hacer  y esqueletos  de  edificios  abandonados;  es  ver suciedad  en  las  calles,  arbolado  enfermo,  policía  y  banderas  patrias  ondeando  en cualquier  rotonda.  Si  a  todo  esto  se  le  suma  nuestra  experiencia  en  proyectos megalómanos de la peor especie, podemos concluir que, efectivamente, Alcorcón no es noticia  por  sus  cientos  de  casos  de ébola  sino  porque  nos  encontramos  sumidos  en  la catástrofe más absoluta. El perpetuo ruido de sirenas de ambulancia y policía solamente visibiliza  el  estado de emergencia permanente  en  el  que  nos  encontramos (y no debido precisamente a los  altos índices de criminalidad).  No  esperemos,  pues,  diluvios universales ni plagas apocalípticas, el desastre en ciernes que se nos anuncia no es tal, estamos instalados en él desde hace tiempo.

La  transformación  del  espacio  urbano  en  Alcorcón  ha  llevado  siempre  el  sello indiscutible  de  la  urbanización,  de  la  expansión  geográfica  más  allá  de  todo  límite como receta única. Así podemos encontrarnos hectáreas completas dedicadas a centros comerciales (Parque Oeste y CC Tres Aguas) y kilómetros de atascos en torno a ellas, además de centros de ocio nocturno cerrados desde hace años (CC Opción), entre otros... Si  por  algo  nos  hemos  caracterizado  en  los  últimos  tiempos,  es  por  el  empeño  de nuestros regidores municipales por dejarnos grandes obras para la posteridad. Si a uno se  le  ocurrió  la  magnífica  idea  de  levantar  inmensas  moles  de  acero  y  hormigón  –todavía sin acabar y sin visos de hacerlo en un futuro próximo‐ para instalar un Centro de  Creación  de  las  Artes  (CREAA),  el  actual  soñaba  con  el  excitante  sonido  de  las máquinas  tragaperras  de  Eurovegas.

Después  de  estos  antecedentes,  ¿qué  mejor  sitio para albergar un congreso de catástrofes de carácter internacional? Aún así, no nos hemos desviado ni un ápice de esta fórmula y se continúa tras la  senda  del  progreso  materializado  en  nuevos  desarrollos  urbanos:  más  casas  para  la zona  de  Retamar de  la  Huerta  y  la  construcción  definitiva  del  polígono  industrial  El Lucero  (otro  proyecto  paralizado  desde  hace  años).  Por  si  esto  fuera  poco, empresas inmobiliarias  como  el  Atlético  de  Madrid  continúan  al  acecho  –más  aún  si  cabe después de saber que el magnate chino Wang Jianlin se ha hecho con los terrenos de Campamento‐  para  urbanizar  el  último  resquicio  libre  de  cemento  en  Alcorcón,  su zona  norte.  Si  esa  es  la  línea  a  seguir no  debemos  desfallecer  por  el  fiasco  que  ha supuesto  Eurovegas,  en  breve  será  sustituido  –de  forma  mucho  más  humilde‐  por  la nueva Ciudad del Bricolaje (¿o acaso pensabais que os ibais a quedar sin trabajar?). Más allá de todos estos episodios, concretos pero en esencia comunes a muchas zonas  de  las  áreas  metropolitanas  de  las  grandes  ciudades,  la  preocupación  por  la catástrofe  pasa  a  nuestro  entender  por  el  papel  que  juegan  las  personas  en  este escenario.  No  hay  peor  situación  que  aquella  en que  la  imagen  proyectada  por  la ciudad es asumida en la práctica (y no hacemos referencia a la imagen de gran ciudad promovida  por  los  ayuntamientos  sino  a  la  más  cercana  a  la  realidad,  la  decadente).

Conseguir  que  espacios  y  calles  que  todavía  conservaban  algo  de  bullicio  y  de encuentro entre las vecinas hayan sido reducidas al mero tránsito o sustituidas por la permanencia  en  nuestras  casas,  nos  debería  llevar  a  interrogarnos  sobre  nuestras verdaderas  necesidades  y  deseos  y  el  lugar  al  que  han  sido  relegados.  En  definitiva, preguntarnos,  tal  y  como  lo  hacía  una  canción  de  los  años  ochenta,  cómo  nos  han convencido para llevar esta ridícula vida.

Tal  vez  este  congreso  no  suponga  una  transformación  urbana  al  estilo  de  la vislumbrada en el proyecto Eurovegas, pero sí trasluce el deseo de normalizar cada vez más  el  desastre  (este  desastre  cotidiano),  de  hacernos  vivir  bajo  una  cultura  de  la emergencia  permanente.  Somos  conscientes de  que  un  mayor  grado  de  conocimiento sobre la catástrofe por sí mismo no mejorará nuestra vida ni presupone de entrada un factor de rebelión, más bien nos prepara para hacerla más sostenible e incorporarla a la cotidianidad.  Por  ello,  si  hemos  de  imponernos  la  tarea  de  reconstruir  el  territorio,  de gestionar de manera  común el espacio, deberemos ante todo arrebatarle su condición de mercancía: potenciar los pequeños espacios existentes que permanecen refractarios y ajenos al mercado, poner límites a lo urbano, paralizar todos los planes de ordenación territorial rechazando la institucionalización ‐por definición integradora y normalizadora‐ y combatir la degradación social recuperando la facultad usurpada para tomar decisiones y ponerlas en práctica desde lo colectivo. En las circunstancias actuales, no cabe duda de  que  caminar  entre  las  ruinas  (metafóricas  y  no  metafóricas)  formará  parte  de  este periplo,  lo  que  dependerá  de  nosotros  mismos  –los  afectados‐  es  determinar  durante cuánto tiempo.

Alcorcón, febrero 2015.

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Notas
1.- Según el Jefe de Área de Geofísica de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional, el terremoto se produjo por la rotura de “una pequeña falla fría que no está cartografiada”. Otros científicos y expertos lo relacionan incluso con el Proyecto Castor.

2.- Para una visión de ello, puede leerse el texto ‘No existen catástrofes naturales’ incluido, entre otros, en el libro Si vis pacem. Repensar el antimilitarismo en la época de la guerra permanente (Ed. Bardo, 2011).

3.- Pasos para vivir con la catástrofe: 1º) Al principio, no hay ningún peligro en absoluto; 2º) Con el paso del tiempo, aparecen peligros pero la ciencia y la técnica serán capaces de dominarlos; 3º) Por último, es preciso considerar esos peligros como algo natural y vivir con ellos, pues no hay forma de dominarlos.‐Roger Belbeoch: Chernoblues. De la servidumbre voluntaria a la necesidad de servidumbre (Malapata Ed./ Hermanos Quero, 2011).

4.- Palabras del alcalde David Pérez en la bienvenida del congreso.

5.- Algunas quizás recuerden aquel “Alcorcón, municipio abierto” de los socialistas, cuando nos hermanábamos con ciudades latinoamericanas (viajes de confraternización incluidos).

6.- Nos han convencido para llevar una ridícula vida....‐ Incorruptible, canción del grupo RIP.

Con los cojones hinchados de caminar

"Estamos esperando para irnos a nuestra casa. Estamos cansados de caminar. ¡Cansados de caminar! [...] ¡Con los cojones hinchados de caminar!" - Ejemplar ciudadano expresándose el 22 de marzo de 2014 en Madrid tras/durante los disturbios acontecidos en la capital del Estado español [click aquí para ver el vídeo. La cita está sacada de los últimos segundos del mismo].

Tener "los cojones hinchados de caminar" es, ciertamente, muy duro. Horas y horas de caminata bajo el sol, sobre el duro y rugoso asfalto que atraviesa los campos, machacándote los pies y la espalda, mientras cantas una y otra vez los mismos eslóganes que alguien diseñó. También hay que sumar el peso de la mochila, del agua, de la comida, la banderita de turno, y la pancarta si te toca echar una mano en la cabecera. Kilómetro tras kilómetro se hacen los mismos chistes, se escuchan las mismas quejas, los mismos chascarrillos... Y en el horizonte la meta todavía no se vislumbra. Tiempo después (mucho tiempo después), llegas a la capital del glorioso Estado español, ya no tan glorioso porque la Casta lo ha arruinado.[1] ¿Qué habrá sido del bienestar de antaño? ¿Por qué la Casta tiene que envenenar todo lo que toca? Esa panda corrupta que usa el dinero público para forrarse nos está haciendo la vida imposible. Por eso caminamos. ¡Por eso marchamos! Y por fin la meta está en el horizonte. Por fin llegaremos a Madrid a confluir con el resto de marchas. Seremos miles. ¡Decenas de millares! Colapsaremos las calles con nuestros cánticos, nuestras banderitas, y nuestras pancartas. Al fin la voz de la gente parada, de la gente explotada, de la gente humillada y esclavizada, tendrá una oportunidad de rugir en el mismísimo centro geográfico de los problemas. ¡Al fin!

Luego llegaron esos niñatos. Salieron de la nada, ¡yo no los vi mientras caminábamos! Se les podía ver por todas partes, corriendo, gritando, armando jaleo. Las fuerzas de seguridad del Estado molían a palos a la gente, intimidaban con su presencia amenazante desde las esquinas: escudos en alto, formación de a dos. Los niñatos se pusieron la capucha y empezaron a tirar piedras, botellas, sillas, petardos... Los agentes de policía tuvieron que retroceder en varias ocasiones, incluso varias furgonetas se vieron completamente rodeadas y atacadas sin compasión. Salvajes. Son unos salvajes estos jóvenes radicales. Nosotros tuvimos que correr (todavía más) cuando los agentes empezaron a disparar con las escopetas de bolas. Rebotaban por todas partes, podías ver a la gente caerse al suelo de dolor. ¡Ay qué dolor! (Tanto o más que el de mis molidos pies). Luego vinieron las porras, cayendo con dureza sobre las cabezas de esos radicales salvajes, que no contentos con tirar cosas empezaron a montar barricadas para cortar el tráfico. Los salvajes estos se motivaron tanto que hasta cargaron contra un grupo de agentes anti-disturbios. Ahí es cuando  llegó el gas lacrimógeno, y entonces tuvimos que correr más (todavía).

Estos jóvenes, que no todos, son unos descerebrados radicales. Son tan malos, o peor, que los de la Casta. Destrozan inmobiliario de la vía pública, escaparates, bancos, vitrinas, tiran objetos a la policía... No cantan, no llevan banderitas, no portan pancartas... Seguro que no han atendido a ninguna de las asambleas ciudadanas. ¡Seguro que no saben ni leer estos perroflautas! Porque estos sí que son perroflautas, son hooligans que sus padres no saben lo que hacen, porque si lo supieran más de uno estaría intimando con el cinturón paterno. Radicales... Si ya lo decían en La Sexta: los radicales de extrema izquierda han aumentado en número este año. A ver si el Évole hace un Salvados sobre esta gentuza, a ver si así se destapa toda la mierda que hay detrás y nos los quitamos de encima. Lo que no entiendo es como en El Intermedio todavía no han hecho ninguna parodia.

Pero da igual. Yo ya he cumplido. Yo ya he mostrado toda mi rabia contra el sistema corrupto de la casta. He venido hasta Madrid, caminando, he gritado unos eslóganes, y ahora me marcho para casa, que me esperan para cenar. España cambiará si la gente honrada sale a las calles. ¡Tenemos que movilizar a las masas de gente honrada! Esto tiene que cambiar, porque con tanto paro y con tanta miseria la gente ya no tiene ni un duro para poner algo sobre la mesa. Esta mafia de políticos hay que cambiarla, ¡ya! Que hable el pueblo. ¡Que hable el pueblo soberano en las urnas! Mientras tanto caminaremos, marcharemos, gritaremos en las calles para mostrar nuestro malestar. No importa el calor, el frío, la lluvia o la nieve. No importan los kilómetros. Nosotros marcharemos hasta ver justicia en este país de corruptos. No pararemos hasta ver entre rejas a todos esos mafiosos. ¡Defensa! ¡Defensa popular! El pueblo debe estar unido en tiempos de crisis. El pueblo debe permanecer unido cuando el enemigo nos ataca. ¡Movilización! ¡Marcha ciudadana! ¡A rodear el Congreso!

¡Eh, eh! ¡Tú, niñato de las narices! ¡Qué haces tirando piedras! ¿No ves que ellos cumplen órdenes? Escucha a esta señora, ellos también son trabajadores. Hay que hacerles entrar en razón, el problema es que todavía no saben la de mierda que la gente tiene que aguantar hoy en día. Eres un violento, un radical violento. ¡Violencia es lo que haces! ¿Cómo? ¿Que estaban pegando de hostias a la gente? ¡Mira, mira! Vete a liarla a otro lado que yo tengo los cojones hinchados de luchar caminar.

Notas

[1] Se dice "Casta" aunque el término todavía no estaba popularizado, como lo está hoy, por aquel entonces. No obstante, conviene usarlo dado que si el término se ha hecho tan popular es porque ha encontrado arraigo entre amplios sectores de la sociedad, lo que también viene a sugerir que ya existía una concepción (mejor o peor articulada) de la idea que va detrás de "Casta."

Polémicas con las capuchas en las Marchas de la Dignidad

Varias columnas partieron ya desde numerosos puntos de España marchando a Madrid para confluir el día 22 de marzo, donde dará lugar a una multitudinaria manifestación bajo los lemas "No al pago de la deuda. Ni un recorte más. Fuera los gobiernos de la troika. Pan, trabajo y techo para todos y todas". Hasta el momento, no se ha especificado el carácter de la movilización, lo que podría dar cabida a la protesta violenta o, de lo contrario, marchará pacíficamente. Independientemente de ello, pienso que deberíamos atender el trasfondo político y social de la manifestación, no únicamente a sus formas. Sin embargo, no he podido pasar por alto aquellas imágenes que criminalizan a los encapuchados acusándolos, gratuita e injustamente, de infiltrados¹ que recientemente andan circulando por las redes sociales, al cual rápidamente salió su respuesta².

Antes que nada, no quiero que el carácter con el que se haya desarrollado los actos de las Marchas de la Dignidad termine en un debate estéril ente si violencia o no violencia, olvidándonos de las reivindicaciones, la repercusión social y los posibles avances que hayan podido surgir después de las marchas. Aquí no voy a salir en defensa de un método de lucha o de otro, ya que soy partidario de la convivencia de diversas tácticas de acción directa, que sirvan para el avance de la lucha y no obstaculizarnos entre nosotros y nosotras, con la condición de que tales métodos se utilicen adecuadamente en cada contexto. No obstante, es conveniente desechar de una vez por todas la lacra del moralismo y del pacifismo dogmático dentro de los movimientos sociales. Entonces, urge aquí unas aclaraciones:

Tanto la resistencia pasiva como la resistencia activa son métodos de acción directa legítimos en la lucha social y hay que saber usarlas en cada contexto. Sin embargo, hay veces que es preciso aclarar unas cuestiones sobre la resistencia activa y el uso de la violencia como método de lucha. Algunos argumentos pacifistas, como que no tenemos que actuar como bestias como lo hace la policía o similares, ignoran por completo que no existe una equidistancia entre la violencia estructural del sistema (recortes en general, decretazos, subidas de la luz, privatizaciones, desalojos, desahucios, precariedad laboral, despidos, brutalidad policial, etc...) y la violencia simbólica en las protestas (ataques a la policía, rotura de cristales de tiendas de multinacionales, sucursales y oficinas, y quemas de contenedores, coches patrulla). Ante la ausencia de una equidistancia, no podemos equiparar las protestas sociales de carácter violento con la brutalidad de la represión policial; los ataques a sucursales bancarias con los desahucios o la estafa de las preferentes. Lo mismo que no podemos comparar la violencia machista -producto de la sociedad patriarcal- con "las agresiones de mujeres a hombres" como acto de autodefensa por parte de la mujer para hacer frente a la violencia machista.

Podemos concluir, por tanto, que la violencia de la clase explotada es completamente legítima en cuanto es usada, no para oprimir sino para liberarnos de la opresión. No olvidemos que el capitalismo se ha impuesto mediante la violencia. Con echar un vistazo atrás en la historia, tendremos las respuestas: durante la época pre-capitalista; mediante la expropiación forzosa de las tierras comunes, que comenzó a partir del siglo XVI a través de los cercamientos, y la caza de brujas orquestada por la clase dominante de entonces y el clero para dinamitar el control de las mujeres sobre sus cuerpos. Y después de la Revolución Francesa; mediante el trabajo asalariado y la represión estatal hacia toda reivindicación de carácter obrero. Incluso actualmente en Latinoamérica y en países africanos el neoliberalismo sigue los mismos pasos que siguieron los capitalistas dos siglos atrás.

Volviendo al hilo del asunto, si bien la infiltración policial en las manifestaciones está a la orden del día y que por ello debamos tener cuidado, no quiere decir que todos y todas las encapuchadas sean agentes de paisano³. Por parte de la policía y la clase dominante, serán suyas las victorias cuando entre nosotros y nosotras nos enzarcemos en luchas intestinas entre pacifistas y "violentos", en vez de tejer lazos de solidaridad entre la clase trabajadora y la confluencia de las luchas contra el neoliberalismo. Tenemos que tener claro que el enemigo que tenemos delante no es quien se pone la capucha al salir a la calle a protestar, sino la madera que se infiltra en nuestras manifestaciones. Por tanto, no es a los encapuchados a quienes hay que atacar, pues de hacerse, sería hacerle el juego sucio a la policía facilitándoles la represión y dando como consecuencia las divisiones internas.

Las opciones más acertadas serían que: quienes opten por la resistencia activa que lo hagan atendiendo al contexto social en que nos encontremos, si el uso de la violencia revolucionaria va a ser realmente útil como se demostró en Gamonal, en el cual se vio legítima en el imaginario popular ya que el trasfondo plenamente lo justificaba. Y quienes opten por la resistencia pasiva, que lo hagan por las mismas razones que aquellos y aquellas que eligieron pasar a la autodefensa. Pero que en ningún caso nos obstaculicemos las unas a las otras e invirtamos las fuerzas en la lucha y en identificar y expulsar a los infiltrados, no a los encapuchados.

Mucho ánimo y fuerza a los y las que están en las Marchas de la Dignidad, que ya están llegando a la Comunidad de Madrid.

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Notas:

1-
y

 

 

 

2-

3- Aquí hice una aclaración básica para distinguir a un infiltrado de un manifestante.

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