Los ciclos políticos y la moral colectiva

La muerte de Franco, los pactos de la Moncloa, el Caso Scala, la Transición, la entrada a la OTAN, la guerra de Iraq, el 15M, la huelga del 14N, la huelga feminista del 8M, el 1 de Octubre, entre otros, son acontecimientos históricos recientes que nos sonarán más o menos, pero entre ellos podemos diferenciar lo que son ciclos políticos, y otros que cambian la moral colectiva.

Dotarnos de criterios de análisis es importante a la hora de hacer nuestras lecturas políticas del momento y así tener herramientas para desarrollar nuestro trabajo político, es decir, poder tener cierta previsión y planificación para escenarios futuros. Así pues, los ciclos políticos se describen como acontecimientos acotados en el tiempo y espacio de una determinada coyuntura, con sus motivos catalizadores, los diferentes posicionamientos y bandos, los cambios coyunturales… Cada ciclo tiene su inicio y final que marca siempre un antes y un después en el tablero político de un período determinado. Por ejemplo, el ciclo del 1 de Octubre tuvo lugar desde septiembre del 2017, con una disputa creciente entre el nacionalismo español y el independentismo, y que habrá terminado con el fin de la actividad de los CDR. Durante este ciclo hubo varias huelgas generales y experiencias de autoorganización popular que hacía años que no se vivían, las cuales habrán quedado marcadas para la posteridad.

Por otro lado, el concepto de moral colectiva viene en parte de conflictos bélicos, es el componente psicológico en cualquier conflicto. La lucha de clases en estos momentos en Occidente es una guerra de baja intensidad, en el cual no se ha llegado aún a la lucha armada. La moral colectiva es un factor determinante en los procesos de cuestionamiento del sistema y de autoorganización popular. Una moral alta se traduce en mayor actividad política y social del pueblo, y de ahí, mayor permeabilidad y potencialidad para desarrollar procesos revolucionarios. Una moral colectiva alta es una ventana de oportunidades en las cuales el pueblo está más dispuesto a la lucha, y por tanto, a pensar alternativas, asumir programas políticos y tablas reivindicativas. Por contra, una moral colectiva baja indica que el pueblo no está dispuesto a la lucha con el miedo de perder lo poco que se tiene u otros factores.

Continuando con el ejemplo del 1 de Octubre, estas experiencias de autoorganización popular sobrepasaron todas las espectativas que esperábamos. Esto es indicativo de una moral colectiva alta: la gente creía por ese instante poder cambiar las cosas y se generaba el ambiente perfecto y propicio para que se lanzaran a experimentar y hacer. No obstante, una moral colectiva baja la podemos encontrar tras el fin de ciclo del 15M, pues la mayoría de la gente se fue para casa y lo poco que quedó de movimiento acabó aterrizando en los barrios. Sin tener ninguna hoja de ruta, muchos no le encontraban el sentido a seguir con las asambleas y acabaron abrazando la ilusión del “asalto institucinal”. Esta moral ya venía en declive cuando las asambleas de las plazas iban aflojando y al final el fenómeno de Podemos acabó por rematar la faena.

Aunque ambos conceptos son diferentes, están estrechamente relacionados entre sí. Si bien con éstos ejemplos podemos llegar a concluir que cuando hay una moral alta, existe la posibilidad de abrir un nuevo ciclo político, pero no siempre ocurre. El ejemplo reciente son las manifestaciones por la libertad de Pablo Hasel que no abrieron otro ciclo político, aunque sí fue resultado de un momento de subidón de la moral colectiva sin terminar de cuajar en cambios a nivel político en el país.

¿Cómo podemos leer y aprovechar esos momentos? La respuesta está en estar preparadas resultado de estar organizadas políticamente y con las lecciones aprendidas de los ciclos pasados que, o bien no supimos aprovecharlas por habernos desentendido de ellos, o bien por ser una fuerza muy minoritaria con poca capacidad de influencia social en aquel momento, o bien por tener lecturas equivocadas. Así pues, en los ciclos políticos donde reina la paz social y con una moral colectiva baja, toca organizarnos, prepararnos a través del trabajo de base, la formación política y militante, e ir construyendo pueblo poco a poco en los conflictos locales. Esta es la vía de la inserción social y la acumulación de fuerzas. Un aumento de la conflictividad social viene de la mano de un aumento de la moral colectiva, ahí es cuando el trabajo de base da resultados y nos da más posibilidades al poder multiplicar nuestra capacidad de influencia por llegar estudiadas y preparadas para el momento. En los momentos de moral colectiva alta es cuando se han de agitar aún más las calles y pasar a la ofensiva junto al movimiento popular. Ahí es cuando estaremos abriendo un nuevo ciclo político, aumentando la polarización de la sociedad a través de la lucha de clases y batallando a nivel político a través del programa, hojas de ruta y tablas reivindicativas, así como disputando la hegemonía del discurso y el relato.

Para este curso político 2021-2022 (y los venideros), lo que podríamos denominar post-confinamiento, afrontaremos un escenario complicado pero con una moral colectiva considerablemente baja y con nuestros enemigos políticos a la ofensiva y aumentando sus fuerzas (léase neoliberalismo con sus políticas antiobreras más la ultraderecha y sus discursos de odio), además con una grave crisis climática causada por el sistema capitalista. Urge superar las miserias del gueto ideológico, el activismo de hacer por hacer y las disputas internas, para pasar a traducir la ideología en un proyecto político y en un programa, que se materialice a través de la organización política y de construir alianzas entre los diversos actores del movimiento popular profundizando nuestra implicación en las luchas sociales. Si realmente nuestros objetivos políticos son revolucionarios, hemos de estar a la altura de las circunstancias y ser la opción política capaz de articular un movimiento revolucionario, potenciando la moral colectiva y abriendo un nuevo ciclo político de cambios sociales en favor de la clase trabajadora.

[Reseña] Fanzine: Negras Tormentas. Testimonios para el anarquismo juvenil

Desde hacía poco años, habíamos sentido un cierto vacío político en lo que respecta a organizaciones juveniles de tendencia libertaria. Vacío que poco a poco se está rellenando a raíz de experiencias organizativas recientes, como por ejemplo Batzac y las JJLL de Mallorca, sin desmerecer a las JJLL de Valencia o la FEL, estas últimas más veteranas así como aquellas que por desgracia no sobrevivieron como las JJLL de La Rioja. En este Fanzine encontramos experiencias muy importantes de la militancia que pertenece a una generación de clase trabajadora que vimos cómo las promesas de una vida estable y con muchas oportunidades se desmoronaban con la crisis al llegar a la etapa adulta. Y también afectará a la siguiente, aquella que vivió la crisis en la adolescencia y la que habrá vivido cómo la policía los echaba de casa.

El papel de las organizaciones juveniles será la de dotar de estructuras y referentes para los problemas cotidianos que encontramos la juventud de clase trabajadora a la hora de enfrentar nuestra etapa adulta, donde podamos encontrar un espacio para expresar nuestras inquietudes, encontrar apoyo mutuo y alternativas. La importancia de las juveniles radica en ser la primera toma de contacto con la militancia entre la juventud que comienza a politizarse, así como servir de escuela de militantes tanto en el plano teórico-político como en la acción social.

Ahora más que nunca se hace necesaria la organización de la juventud, no solo de la libertaria, sino de toda nuestra generación y dejar el relevo para las venideras. Nos ha tocado vivir una crisis que se va a agravar con la pandemina y hemos de responder como sujeto político y de clase. Algunas de éstas juveniles parten de experiencias anteriores, otras, parten prácticamente de cero. Durante éstos tiempos, hemos tenido fallos y aciertos pero en general hemos vivido experiencias enriquecedoras y positivas. Sin duda es un camino que debemos construir y con ello, contribuir a un proyecto político más amplio en conjunto con las organizaciones adultas.

Sin más y con una humilde propuesta personal, comenzar a organizar encuentros de línea política para poner en común experiencias y análisis de coyuntura, y debatir sobre objetivos, estrategias, tácticas y acciones entre las diferentes organizaciones, y si los tiempos lo permiten, a la vez aprender mutuamente en la convivencia. Podéis descargar el Fanzine aquí.

El frente al que vamos a morir sin darle mayor importancia

No es la crisis económica, la falta de inversión en I + D, ni la fuga de cerebros. Aunque tenga que ver con eso, el meollo del asunto no está ahí. Algo se está tragando los mejores años de nuestra vida (eso nos dijeron que serían) y no son sólo los recortes presupuestarios o la derecha.
Sintiéndolo mucho, ese desagüe traga y traga y seguirá haciéndolo aunque se acaben la crisis, los recortes y demás. Hay que ganarse la vida, he ahí el problema. Literalmente: nuestras vidas no son nuestras ni nosotr@s dign@s de ellas, vivimos en un sistema socioeconómico donde da igual que haya de sobra para tod@s porque el número de sillas es el que es y, cuando se pare la música, alguien tendrá que quedarse de pie hasta la próxima partida. O la siguiente. O hasta que en vez de la partida, sea la vida la que se le acabe, o lo haga su interés por semejante «vida».

La competencia y la angustia por ganarse la vida, por buscarse la vida en vez de vivir, componen el matadero al que entramos sin resistencia, sin siquiera una bandera blanca porque a esta guerra que declaró la economía a la vida ni se la menciona. Nos cuesta hasta usar la palabra «capitalismo»... va a ser cierto que «el mejor truco del Diablo fue convencer al mundo de que no existe».

Estudia una carrera o un ciclo formativo; después ¿por qué no otra carrera o ciclo? y después, ¿por qué no un máster? ¿El antiguo CAP? ¿Mejor unas oposiciones, para mayor estabilidad? No basta con ser buen@; buen@s, hay much@s, ¿eres el mejor? ¿De l@s mejores, al menos? Y prácticas, ¿has hecho prácticas? ¿Has hecho suficientes prácticas? ¿Lo bastante mal remuneradas? ¿Tanto que hayas tenido que repetirte «Es para hacer curriculum» como una letanía? Y el trabajo en sí, ¿cuánto has trabajado? Piensa en todo el tiempo que no lo hayas hecho: a menos que hayas estado estudiando algo productivo, serán «lagunas» en tu CV.
Piensa que todo el tiempo que sí lo hayas hecho es tiempo que no recuperarás jamás... ¿lo echarás de menos? Piensa en la gente mayor que tú conoces, en la edad a la que se han jubilado –l@s que se han jubilado– y la edad a que han muerto, l@s que ya han muerto. ¿No echarás de menos todas esas horas si mueres a los 90? Y ¿a los 76? ¿A los 65, a los 59, a los 46? Todo lo que has hecho para «desconectar», para no pensar en esos trabajos (o esas prácticas, o esos estudios) que devoraban tu tiempo o, simplemente, para descansar de un cansancio que no habías deseado, ¿echarás de menos el tiempo consumido?

* Este texto se publicó originalmente en el blog personal del autor el 13-V-14, pero, por desgracia, sigue de actualidad.

[Reseña] Dream Home

Tenemos la idea de que el del cine de terror es un género para la evasión. Un mero entretenimiento que nos proporciona ficticios monstruos, asesinos o maldiciones y así nos ofrece un respiro del mundo real, donde no faltan los motivos para el miedo.

No es ese el caso de Dream Home (2010), película de 90 minutos de duración, con guión de Derek Tsan, Jimmy Wan y Pang Ho-cheung y dirigida por este último. Se puede encontrar subtitulada en castellano y gratis en algunas webs como esta.
Cheng, la joven protagonista, vive en el Hong-Kong de 2007, en un contexto de mucha inestabilidad entre el mercado laboral y el inmobiliario (progresivamente gentrificado), diez años después del traspaso de Hong-Kong de manos británicas a chinas y en plena cresta de la burbuja financiera global. El tratamiento de la acción es sensacionalista, no escatima en sangre, dolor ni zooms rápidos, pero transcurre en su mayor parte casi en tiempo real, lo que todavía deja tiempo para flashbacks  con los que conocer a Cheng. Así veremos que es una mujer normal, de clase trabajadora, que se ve a sí misma como un sujeto separado de los demás y que cree en la competitividad, el trabajo duro y el ahorro.
Por eso mismo, al darse ciertas condiciones, Cheng acuchilla, desmiembra y destripa. Si queréis ver cómo nos cuentan la brutalidad de que es capaz y la que ha vivido antes de llegar hasta ahí, tendréis que ver la película; pocas veces una película del subgénero slasher se molesta en hacernos empatizar con la asesina dándonos a conocer sus alegrías y penas.
¿Matar sin sed de sangre? «Es el mercado, amigo».

2017, un año para no olvidar

Como tercer año consecutivo, llevo repasando el fin de año tratando de recordar lo más sonado este 2017, y seguir adelante con lo construido y lo que quede por hacer. Dejamos otro año repleto de muchísimas historias, de alegrías y penas, de aventuras y cambios, de tropiezos y aciertos, de victorias y derrotas... que sin duda nos marcarán en nuestras vidas.

Este 2017 sin duda marcará a la generación de los '90 como el comienzo de la vida adulta, lo que significaría para muchas, madurar y, para todos los hijos e hijas de clase trabajadora, darse cabezazos contra la dura realidad marcada sobre todo por la falta de oportunidades, tanto en el mundo laboral como en la entrada a la Universidad, sin olvidar la dificultad para emanciparse por las altas tasas de paro juvenil, el precio de la vivienda y el trabajo temporal y mal remunerado. Y a pesar de que la crisis nos haya pillado en nuestra mejor etapa de la vida, salimos adelante sobreviviendo entre la precariedad y la emigración, luchando por una vida que merezca la pena ser vivida.

Recordamos la llegada del 2017 con un tarifazo de la luz así por la cara otro año consecutivo más, el conflicto de la estiba, la condena a Cassandra por los chistes de Carrero Blanco, las Marchas de la Dignidad, la cumbre del G20, el problema del turismo masivo en ciudades como Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Venecia..., los conflictos en Venezuela, la desaparición de Santiago Maldonado y posterior aparición de su cuerpo, la cuestión catalana y la movilización social durante y tras el 1O, la lucha incansable del pueblo de Murcia contra el muro del AVE, los incendios en Galicia y el norte de Portugal, la victoria sobre Raqqa, la masiva manifestación nazi en la capital polaca el día de su independencia, las manifestaciones contra la violencia machista, la aplicación del artículo 155 en Catalunya, el tráfico de esclavos en una Libia destrozada por el imperialismo, el golpe de Estado en Honduras y la posterior resistencia popular..., el final de la neutralidad de Internet en EEUU y la chispa que volvió a incendiar Oriente Próximo cuando Trump firmó el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí. Dejo aquí muchos acontecimientos más en el tintero ya que no entrarían en este resumen.

Afrontaremos el siguiente año con un cambio climático cuyos efectos cada vez serán más graves sobre la Tierra pero que ningún país parece querer realizar acciones para revertirlo. La crisis económica aún estará lejos de solucionarse y más para España, cuya hucha de las pensiones fue saqueada por el PP y será deficitaria, mientras el BCE dejará de comprar deuda española. Dentro de Europa, hemos de considerar el auge del fascismo en los países del Este y en todo el mundo, ya está en marcha la ofensiva neoliberal. Un fantasma recorre el mundo y no es precisamente el de la URSS, sino una nueva ola conservadora reflejada en Trump, en Macri y en Macron y Le Pen.

Ante esta ola conservadora, las izquierdas —y en particular el movimiento libertario— debemos avanzar y tomar posición en la situación política actual. En América Latina, la apuesta del CNI en México es un ejemplo de la necesidad de pasar a la ofensiva con un movimiento popular indígena detrás para cambiar el modelo de país. Los movimientos sociales en Argentina también deberían plantearse una ofensiva que no solo frene los recortes de Macri, sino que también puedan configurar un nuevo modelo de país. En Chile, ponemos las esperanzas en el Frente Amplio y en la ruptura democrática en aras de hacer avanzar el movimiento popular. Tampoco olvidemos la resistencia campesina en Colombia y las luchas sociales en Brasil ante la represión contra los anarquistas. Yendo para Oriente Próximo, nos duele otra vez Palestina que sufre otra dura agresión por parte de EEUU e Israel contra Jerusalén, capital de Palestina. En Rojava destacamos la victoria sobre Raqqa y en algunas zonas de Bashur (Kurdistán iraquí) el PKK ha proclamado la autonomía democrática y hay en curso un levantamiento contra Barzani.

Volviendo hacia Europa, tenemos las miradas puestas en Catalunya, donde el Procés tras el 1-O ha dado protagonismo a la autoorganización popular a través de los CDR. Cuando la movilización social estaba prácticamente por los suelos, la llegada de septiembre y el curso de los acontecimientos pareció reactivar en Catalunya un nuevo ciclo de movilizaciones, sin olvidar tampoco la movilización del pueblo gallego durante los incendios ni al pueblo murciano que salió a las calles contra el muro del AVE. La cuestión catalana también ha abierto entre nuestras filas una serie de debates acerca de la soberanía, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, la cuestión nacional y la territorial. Estos debates sin duda han sido de los más sonados entre el anarquismo ibérico y catalán, y la izquierda en general. Para bien o para mal, era necesario una buena sacudida en nuestras filas para desechar viejas glorias y prejuicios acerca de la cuestión nacional, ya que entenderla es clave para conocer los movimientos populares del s. XXI: el Rif, las luchas indígenas y el movimiento de liberación kurdo principalmente.

Dejamos otro año atrás con un buen sabor de boca, al menos para mí, observando cómo comenzamos ya a caminar sobre suelo firme con proyectos y organizaciones como la FAGC, Apoyo Mutuo, la FEL, Embat y nuestras compañeras gallegas que estrenaron este 2017 Bátega. La construcción del poder popular requiere paciencia e inserción en las luchas sociales, como la vivienda, el movimiento estudiantil y la Educación, las remunicipalizaciones, el sindicalismo de clase, el medio ambiente y los barrios.

Para el año que viene, en Catalunya hemos de darle una salida por lo social al Procés y evitar volver al casillero de salida del ritmo institucional. La Asamblea Social Constituyente será decisiva para darle una nueva dirección y legitimidad a los movimientos sociales catalanes de cara a impulsar la construcción de una República y un proceso constituyente desde abajo a la izquierda, poniendo sobre la mesa la mejora de las condiciones materiales de la ciudadanía y la clase trabajadora en materias de: vivienda, barrios y pueblos, servicios públicos (Educación, Sanidad, pensiones, Seguridad social, suministros...), marco laboral y política económica, energías y medio ambiente, y soberanía territorial. Y para el resto de España, la ASC y los CDRs deberían ser ejemplos y motivos para que en el resto del territorio se active también la lucha social, en clave de configurar una política de alianzas entre anarquistas, los movimientos sociales y la izquierda radical de cara a construir una ofensiva contra el Régimen del '78. Recordemos que el art. 155 no es solo para reprimir a Catalunya. También supondrá otra oleada de recortes en derechos y libertades en el resto del Estado español (ya ha sucedido con la intervención de las cuentas del Ayto. de Madrid y del de Cádiz). Debemos ir superando poco a poco los movimientos reactivos (contra la represión, contra ...) para comenzar a plantearnos la ofensiva. Solo un pueblo fuerte será capaz de parar el fascismo y revertir los ataques neoliberales.

Como despedida hasta el año que viene, nos espera un 2018 movido, con un camino duro y lleno de retos que afrontar. Durante estas semanas de reencuentros familiares, no olvidemos cuidarnos nosotros y nosotras mismas junto con nuestros seres queridos y recibamos el nuevo año con alegría, ánimos, esperanzas y muchas fuerzas. Por ello, brindemos una vez más por las victorias que hayamos cosechado el movimiento popular alrededor del mundo este 2017. Iniciaremos el siguiente año con un ciclo político en el cual se nos hace cada vez más importante participar de los procesos de lucha social en las calles. Para el 2018, será clave activar un nuevo ciclo de movilizaciones con vocación de poder popular e ir construyendo una institucionalidad desde la base (asambleas de barrio, asociaciones de vecinos, sindicatos, grupos ecologistas, organizaciones feministas...) como foco de contrapoder y de clase. Tenemos que pasar a la ofensiva si queremos ganar, así que afrontemos el nuevo año con los mejores deseos y anhelos por ese nuevo mundo que llevamos en nuestros corazones, y que tratamos de materializar en estos instantes.

¡Feliz solsticio de invierno para el Norte, equinoccio para el trópico y solsticio de verano para el Sur! La historia solo acaba de empezar. ¡Construyamos colectivamente el futuro en el que deseamos vivir!

El papel de las jóvenes y las hijas de las trabajadoras de las flores

Ponencia presentada al Primer foro regional de floricultura: miradas al trabajo, el territorio y a su gente, Marzo de 2014. Revisado y corregido en Abril de 2015.

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Pasa la infancia en la escuela entre semana, esperando a ser recogido por algún familiar o encontrándose en la necesidad de aprender a llegar solo a su casa a muy corta edad. Los sábados y varios domingos debe permanecer en la guardería de la flora, aquella que existe gracias a jornadas de lucha por parte de trabajadoras para no dejar a sus hijas solas en la casa.

Llega una de las peores épocas para cualquiera de estos niños: la temporada. Debe madrugar junto a sus padres, quienes cocinan las 3 comidas de un día en menos de una hora. Despierta junto a la niebla de estas frías tierras, condensada en las llamadas “heladas”. Debe esperar a que algún familiar o vecina lo lleve cuando ya el sol haya despertado. De nuevo espera a alguno de sus padres: son las 6, las 7, las 8, las 9 y hasta las 10 de la noche. Entre dormido ve a sus padres durante varias semanas, no hay tiempo de calidad para generar una familia feliz como la que ve en la niñera silenciosa que le acompaña, es decir, la televisión.

Quizás esa misma niña tenga que trabajar en algún momento de su juventud en una flora: muy probablemente ahí se quede un par de años o todos, prácticamente. Esa persona buscará crear una nueva familia: dar educación a sus hijos, quizás comprar una vivienda de interés social, ayudar a sus padres, etc. Y en esas necesidades vuelve y entra al negocio que va a reproducir otra generación, no de las flores, sino de las vidas, donde se negocia la salud, el alimento, el buen vivir… la felicidad“- Relato de una hija de una ex-trabajadora de flores.

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La industria de las flores es la marca “distintiva” de la región de la Sabana de Bogotá, tanto por su poderosa capacidad económica como por su campo de influencia en el tejido social y los procesos históricos que se han dado a lo largo de las últimas décadas en este territorio, comprendido por los municipios aledaños a la capital del país en el Norte (Cajicá, Chía, Cogua, Cota, Gachancipá, Nemocón, Sopó, Tabio, Tenjo, Tocancipá y Zipaquirá) y el Occidente (Bojacá, El Rosal, Facatativá, Funza, Madrid, Mosquera, Subachoque y Zipacón).

La familia de la sabana que se enmarca dentro de esta dinámica (directa o indirectamente) reproduce en su seno el cuadro cultural y social que genera la maquina de la floricultura. Es precisamente la familia de la sabana y sostenida por el trabajo en la floricultura el objeto de estudio de esta ponencia, centrada en el papel de la juventud y las hijas de trabajadoras de flores, que a veces pasan por tangenciales a las problemáticas que desarrolla la floricultura, pero que también participan en el ramaje que compone esta industria económica, social y territorial.

Un breve panorama de las jóvenes y la infancia en Colombia:

Las personas entre los 14 y los 26 años representan el 28% de la población del país. El desempleo para la juventud asciende hasta el 16,4%, pero con el riesgo de caer en la ingenuidad de estas bajas cifras es importante destacar que tres cuartas partes sobreviven con menos de un salario mínimo mensual (nótese que para el gobierno la edad “laboral”, disimuladamente, va desde los 14 años). Sin embargo es preciso darle mayor contundencia a los datos enfocándolos a las capas productoras de población: para los hogares más pobres el 40% de jóvenes entre los 20 y los 24 años no tienen empleo. El 44.4% de las personas pobres y el 15.3% de las indigentes son jóvenes.

Las mujeres son las más afectadas en el plano económico, ubicándose en los últimos sondeos alrededor de 10 puntos por encima de los hombres para casi todos los parámetros. Además, ser joven en nuestro país en 5 veces más “mortal” que el promedio para Latinoamérica. El 75% de las muertes en jóvenes están relacionadas con la violencia que vive Colombia. Sólo 6 de cada 10 jóvenes están afiliados al sistema de salud. El servicio militar en varones aún es una obligación, o en su defecto, el valor de la libreta es básicamente impagable.

Para los niños el panorama no es mejor: 1 de 4 combatientes menores de 14 años en el mundo son colombianos. Entre unos 5000 y 8000 niños han sido asesinados en masacres, la gran mayoría propiciadas por paramilitares y con ayuda de fuerzas del Estado. Más de 20 mil niños menores de 5 años mueren por desnutrición aguda y miles más padecen de hambre, producto de la falta de políticas alimentarías relacionadas, entre otras practicas, con el monocultivo, que en la Sabana de Bogotá ha sido durante muchas décadas ocupado por la industria floricultora.

La región de la sabana y la juventud:

La región de la Sabana de Bogotá, incluida la Capital, es para el país la región estratégica más importante, es, simplemente, el centro del poder económico, político y socio-territorial. En ese mismo sentido, las políticas públicas para la juventud están diseñadas para orbitar alrededor del modelo implementado desde la estructura nacional y aplicadas por las autoridades locales al pie de la letra, casi sin matices entre municipios de la región. La instalación del pie de fuerza bajo las lógicas de la seguridad democrática durante el gobierno Uribe (y la continuación bajo el mandato de Santos) añadió una nueva dinámica para la sociedad y las jóvenes, por vía institucional o para-institucional, que es la militarización del territorio, que no es nueva pero si aparece con paradigmas reestructurados y repensados dentro del marco de la consumación de la apertura económica.

La entrada, casi completada, de Colombia al sistema mundial del mercado, impulsado por las descarriladas locomotoras de Santos y sus antecesores, ha hecho de la región un lugar en el que acelerar el progreso y arrasar cualquier cosa que lo detenga es la meta en los modelos de desarrollo. El plan ciudad-región se convierte en el foco central de la actividad económica de la región e invade los escenarios políticos y sociales para que se acoplen a aquel sistema: mega aeropuertos, nodos financieros y políticos descentralizados, centros gigantescos de almacenamiento y distribución, entro otros, son la estructura que viene definiendo el ideal de megápolis. Es aquí donde la juventud tiene un papel fundamental que se viene prefigurando desde su infancia a través de las planes de desarrollo y las políticas sociales, educativas y económicas.

Desde la infancia. Las hijas de las trabajadoras de flores:

El ambiente para las hijas e hijos de los trabajadores tiene bastantes particularidades: gran parte de los hogares son sostenidos por madres o padres cabezas da familia (especialmente madres) con 3 hijos o incluso más, donde en evidente el hacinamiento en varias viviendas, las cuales a su vez están ubicadas por lo general en alquileres temporales. Muchos de las niñas de estas familias estudian en colegios oficiales, donde pocas participan de actividades extra-académicas y sobreviven junto con sus familias en los más precarios barrios de los municipios de la Sabana, azotados por la militarización y la violencia periférica.

A modo de recuento histórico es importante señalar que en décadas anteriores muchas personas iniciaban trabajando en la floricultura desde los 14 o 13 años, edad donde todavía se consideraban legalmente infantes, practica que cambió con la aplicación de leyes de protección hasta hace pocos años. Estas personas hoy, en su mayoría, no superaron la educación primaria y continúan trabajando en la industria de flores, o en su defecto, son ex-trabajadoras que duraron varias décadas acumulándole grandes ganancias a las transnacionales floricultoras mientras sobreviven con bajas pensiones.

En las familias el cuidado de los niños es a menudo responsabilidad de vecinos, familiares o amigos, con quienes no se comparte vivienda, y en otros casos, son los mismos niños quienes deben estar en casa solos durante las jornadas de trabajo de sus padres y madres. Esta inatención se traduce en problemas futuros como la deserción escolar, embarazos no deseados, delincuencia, entre muchos otros.

La mal nutrición, producto de los bajos salarios de la industria floricultora, además de los comunes retrasos en pagos de nominas, liquidaciones o prestaciones sociales, afectan la adquisición de elementos básicos y de buena calidad de la canasta familiar, repercutiendo especialmente de manera negativa en las personas infantes: el déficit de ingesta de proteínas, vitaminas y minerales y el exceso de carbohidratos dañan la salud física y mental de los niños, que además, deteriora su rendimiento escolar, la capacidad de relacionarse en su entorno y su proyección personal en diferentes aspectos. La falta de espacios de esparcimiento, de un salario digno y políticas públicas que puedan garantizar el derecho a la recreación en familia y de respeto a los tiempos laborales para compartir pesan también en el déficit de las niñas. A su vez, el deterioramiento del medio ambiente no genera un buen lugar donde crecer: las fuentes hídricas contaminadas, la acidificación de los suelos (que rápidamente hace desaparecer las zonas verdes aledañas a los cascos urbanos), entre otros, afectan el derecho a un desarrollo sano.

Gran parte de estas niñas y niños se ven obligados a asumir roles que no son de su edad, que van desde el cocinar para sus padres, madres o incluso para todo el núcleo familiar, y van hasta el cuidado de hermanos o parientes menores, asumiendo responsabilidades extra-limitadas. Los trabajos informales para muchachos menores de 14 años son común denominador en las familias que viven de la floricultura, quienes deben dividir su tiempo de manera que puedan sobrellevar varias responsabilidades.

En término de garantías laborales debemos hablar de la licencia de maternidad posparto de 3 meses, que entre otras cosas, no es suficiente para el cuidado que requiere un recién nacido y su madre, igualmente la licencia de 8 días para el padre. La ausencia de políticas de responsabilidad social para las hijas e hijos de los trabajadores de flores en el plano educativo obliga a muchos de ellos a abandonar desde temprana edad el colegio o truncar sus proyectos académicos. La violencia intrafamiliar se convierte en un problema constante dentro estas familias, sumada al hecho de la poca o nula relación afectiva de padres e hijos (quienes pueden pasar semanas sin estrechar lazos personales), además se debe tener en cuenta la falta de comunicación entre acudientes y profesores o administrativos de colegios, que dificulta la compresión sobre las condiciones de los niños en el aprendizaje, y a su vez, sobre los programas pedagógicos necesarios. Hablando de la educación básica debemos mencionar el hacinamiento, el déficit financiero y el carácter mercantilista, problemas estructurales de la educación en Colombia.

Debemos anotar que el aislamiento y la falta de nichos de formación familiar generan vacíos que llenan fácilmente espacios que pueden repercutir negativamente en la proyección personal y social del niño o niña.

La juventud y la floricultura:

La situación de las jóvenes trabajadores no varía mucho, especialmente porque la mayoría crecieron en un entorno familiar dentro del círculo de la industria floricultura, y del mismo modo, se enmarca dentro de las mismas dinámicas: bajos salarios, extensas jornadas laborales, malos tratos, falta de libertades sindicales y demás. Es importante señalar que varios de estos jóvenes también provienen de diferentes regiones del país y llegan en busca de oportunidades laborales, dejando atrás sus familias y teniendo que soportar la carga psicológica y material de tener que vivir lejos de sus hogares y la mayor parte de veces solos.

Empero, las jóvenes padecen problemas que se agudizan dada su particular condición. Muchos de ellos ven truncada la posibilidad de acceder a la educación superior por varias razones: la dificultad en el pago de matriculas, exámenes de admisión, transportes caros y la competitividad desigual del sistema educativo imposibilita muchas veces la oportunidad de estudiar en una universidad. Y muchas de quienes pueden estudiar se ven obligadas a trabajar por temporadas vacacionales para floras, meses en donde también es fácil encontrar estudiantes de bachillerato o jóvenes sin acceso a cualquier tipo de educación.

Las oportunidades laborales para una persona recién graduada del colegio son muy limitadas, prestándose fácilmente a la industria de la floricultura. La situación se agudiza para quienes desertan de sus estudios antes de culminarlos. Por lo general, la falta de experiencia obliga a aceptar cualquier empleo sin prestaciones sociales mínimas. Varias empresas de flores aprovechan la ingenuidad o poca preparación de los jóvenes para ahorrarse el dinero que deberían pagar (pensiones, cesantías, liquidación). Para los hombres la situación es se complica al tener en cuenta que en varias empresas es necesario presentar la libreta militar como requisito, y en las que no, las condiciones laborales son más deprimentes. A la larga, entre jornadas laborales paupérrimas y temporadas de desempleo muchos de estos jóvenes terminan haciendo parte de grupos armados, legales o ilegales, o buscando redes económicas clandestinas para suplir sus necesidades y las de sus familias.

La nula estabilidad laboral de las floras se presenta como expresión casi general para todos los trabajadores de la región, pero obtiene un mayor provecho en los menores. Muchos empleos ofrecidos para personas jóvenes duran solo un par de días o semanas como mucho, luego sin mayor razón son despedidos al cumplir tareas. Esta práctica “jornalera” es común en las temporadas de San Valentín, día de las Madres, de la Mujer y Amor y Amistad, donde la demanda internacional aumenta.

La mayoría de floras recurren a las cooperativas de trabajo que pocos escrúpulos tienen en términos de publicidad para atraer a jóvenes sin experiencia, situación militar definida o educación básica. Los despidos son seguidos muchas veces por demora en los pagos de nomina, liquidaciones o prestaciones sociales. La firma de contratos estables para los jóvenes no es más que un ideal alejado de la realidad. Así mismo, la historia de los hijos de trabajadores de flores se repite para aquellos jóvenes que se convierten en padres o madres a temprana edad, muchas de ellas que tienen que cargar con la responsabilidad extra de ser madres solteras.

La negación del derecho a compartir con la familia, a la recreación y al buen descanso se manifiesta también para las personas jóvenes: el cierre de oportunidades académicas, culturales, artísticas y deportivas en los municipios genera de una elitización del saber, por tal razón, la mayor parte de jóvenes de barrios populares son vistos bajo la lógica económica imperante del país, es decir, clasificados como mano de obra barata y poco calificada. La educación técnica y tecnológica está presta para aumentar esta brecha, y las mínimas oportunidades educativas se convierten en educación para el trabajo: los planes curriculares giran en torno las necesidades del mercado de las flores y las otras industrias de explotación, pero no para las necesidades sociales y económicas del pueblo de la sabana.

Los jóvenes, al igual que los demás trabajadores, están expuestos a sufrir las bancarrotas o momentos de “crisis” del mercado (la patronal por el contrario no), y sin explicación alguna deben muchas veces ser retirados de sus puestos sin los mínimos legales para que ello se efectué, desconociendo liquidaciones, experiencia o cesantías. La falta de garantías laborales y de libertades organizacionales juega un papel fundamental en este plano, siendo de nuevo la poca experiencia la razón principal para que las burocracias de las floras incentiven prácticas antisindicales, contratos amarillos o blindajes legales frente a cualquier tipo de protesta. Muchos de los esquiroles en huelgas son, tristemente, jóvenes empujados por el hambre, la desesperación o la miseria.

Las exigencias internacionales en alza ha permitido, y seguramente lo seguirán haciendo, que todas estas condiciones se agudicen en las familias dependientes de la floricultura, sea por un cambio de demanda de productos o por la continuación de la lógica neoliberal.

La propuesta es defender el derecho al buen vivir y a la felicidad:

Las jóvenes del territorio solo tenemos una salida para mejorar estas condiciones: el estrechamiento con todas aquellas trabajadoras de la sabana, así como otros sectores sociales, nos debe dar una mayor cohesión que nos permita ser escuchadas, instalando demandas de los mínimos de dignidad y presionando para conseguir políticas públicas que sean favorables para nosotras, la infancia y las trabajadoras de flores.

El derecho a ganar es, visto a groso modo, del buen vivir: el derecho a que los niños puedan compartir mayor espacio con sus padres, el derecho a la recreación, a una buena educación, a barrios pensados para seres humanos, a la no militarización de nuestras vidas y territorios, a una soberanía y autonomía alimentaría, al trabajo estable y digno, etc. Es importante ir avanzando paulatinamente en las demandas sociales y económicas, paso a paso, acumulando cada vez mayor capacidad organizativa y fomentando la solidaridad y autogestión como ejes fundamentales para la transformación de la realidad concreta.

Es importante anotar la pertinencia hoy de banderas como las 8 horas de trabajo, los contratos por empresa, las libertades sindicales, el abandono de prácticas de subempleo (que tienen una relación directa con la política de las cooperativas de trabajo), el derecho a la salud y educación pública pensadas para las comunidades, el aumento de los salarios, el no trato militar a conflictos laborales, a un mayor tiempo vacacional y demás, para que podamos pasar de ser mano de obra barata a pensarnos progresivamente una nueva forma de relacionarnos, no como mercancías sino como seres humanos. Estas luchas no son el fin en si mismo, son el comienzo de una nueva etapa para ir por cada vez más, ya no solo en esta región sino en el mundo entero.

Pero todas estas no son cosas que ganamos las jóvenes solas, únicamente las ganará el pueblo organizado.

Steven Crux


Bibliografía

• Reporte infancia mundial 2012. CRIN. http://crin.org/docs/REPORTEINFANCIAMUNDIAL2012.pdf

• Habitando el territorio. Jóvenes de la Sabana de Bogotá: Entre la pobreza, el conflicto y la esperanza. Corporación Cactus http://www.cactus.org.co/archivos/documentos/Publicacio…l.pdf

• Vídeo: Los hijos e hijas de las flores. Corporación Cactus http://www.youtube.com/watch?v=xwJvjInTsCA

• Cifras de la situación de los y las jóvenes en Colombia. Civis. http://civis.se/Cifras-de-la-situacion-de-los-y

• Un día en la vida de una trabajadora de la floricultura. Proyecto de Solidaridad Laboral Las Ameritas. http://www.usleap.org/usleap-en-espa%C3%B1ol/proyectos-…-y–0

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