Principales prejuicios sobre los anarquistas

Violentos, antisistemas, vándalos, agitadores e incluso terroristas son las etiquetas que utilizan los medios de comunicación masivos contra nosotros, nos retratan como unos frustrados antisociales que queremos extender el caos y la destrucción por todo el planeta. Tristemente hay gente que cree esas difamaciones, por eso estamos sometidos a un exilio interior, nos tienen miedo, nos odian y nos criminalizan frecuentemente.

Otra malinterpretación menos tremenda pero igual de indignante es la de que somos unos ilusos y soñadores que fantaseamos con una sociedad ideal irrealizable, así que no se tienen en cuenta nuestras propuestas y se ignoran nuestras protestas y luchas sociales.

También es frecuente la concepción del anarquismo como una enfermedad juvenil, una fase de rebeldía contra lo impuesto y un síntoma de inmadurez, esta es la definición que mas estamos acostumbrados a escuchar, sobre todo por parte de nuestros familiares y amigos.

Estos son los principales prejuicios que están extendidos en la sociedad sobre el anarquismo, los responsables de ello son los medios de comunicación masivos y el sistema educativo, ambos controlados por la clase dominante, su función es mantener la hegemonía del pensamiento liberal y la perpetuación del sistema actual. No voy a extenderme mas en estos aspectos ya que requieren ser analizados con profundidad. mi propósito en este artículo es desmentir estas ideas erróneas que están interiorizadas entre la mayor parte de la población.

La idea de que somos unos violentos y que solo queremos destruir por destruir es totalmente errónea, puede que haya algunos energúmenos que malinterpreten o utilicen el anarquismo como pretexto para divertirse destrozando cosas, pero esos son una minoría. Nosotros recurrimos a la violencia cuando no hay otra salida, antes agotamos todos los medios pacíficos, lo que no vamos a hacer es quedarnos quietos mientras nos ningunean y nos reprimen. El anarqusimo contempla la violencia revolucionaria como un medio de acción aplicada en su justa medida y como respuesta a la violencia ejercida por un opresor, como dijo Malatesta, no es violento el que se defiende, sino el que obliga a los demás a tener que defenderse. Tiene gracia que los capitalistas nos acusen de violentos cuando es su sistema el que mas muertes ha causado a lo largo de la historia y cuando actualmente se siguen produciendo conflictos por intereses económicos como recientemente en Libia, Irak o Afganistán.

La opinión de que somos unos ilusos y unos soñadores que creemos en una sociedad irrealizable también es errónea, esta visión normalmente va acompañada de que el capitalismo es el sistema “menos malo”, la sostienen personas que pueden simpatizar con el anarquismo pero que lo ven inalcanzable. Ésto es un ejemplo de que el sistema ha conseguido que los individuos interioricen el inmovilismo y el conformismo, que piensen que las cosas son como son y que no se puede hacer nada para cambiarlas. Normal, con un pensamiento como ese extendido entre la población poco se va a cambiar y los capitalistas seguirán haciendo y deshaciendo a su antojo, menos mal que unos cuantos no nos callamos y seguimos con la lucha día a día. A medida que mas gente se una nuestra lucha la anarquía estará a un paso mas de poder ser alcanzada. El anarquismo necesita individuos críticos que se cuestionen continuamente la realidad que les rodea, sin adherirse a ningún tipo de dogma ya sea capitalista, religioso, leninista o fascista.

La afirmación que sostiene que el rechazo a la autoridad es cosa de jóvenes y que cuando se alcanza la madurez desaparece también está equivocada. ¿Qué pasa que agachar la cabeza y obedecer sin rechistar es una muestra de madurez? A mi me parece todo lo contrario que es un comportamiento infantil, como cuando un niño obedece a sus familiares y aguanta un sermón. La rebeldía nace del análisis del sistema, de estudiarlo a fondo, de ver contradicciones y de oponerse a su injusticia. Ésto me parece una actitud muy madura, mucho mas que resignarse y tirar la toalla, la historia está repleta de personas que creían en algo distinto y lucharon por ello con mas o menos éxito, los revolucionarios son uno de los principales motores de la historia, y no fueron ni mucho menos inmaduros.

Mientras estas ideas tengan tanta presencia en la sociedad no podremos articular un proyecto emancipador que figure como alternativa real a la barbarie capitalista, uno de nuestros principales deberes es concienciar a dia a dia a la gente que nos rodea y poner en marcha medios de comunicación propios como revistas, emisoras de radio, boletines...etc.  Cuanto mas se extiendan las ideas libertarias, menos alcance y efectividad tendrá la propaganda prosistema y estaremos mas cerca de la revolución social.

El anarquismo no es utópico (I)

Con este atractivo título empieza Daniel Guérin la sección segunda (En Busca de Una Nueva Sociedad) de su libro "Anarquismo" (1970). El argumento es claro y conciso: el anarquismo no es una corriente de pensamiento utópico, por mucho que el statu quo se empeñe en hacernos creer. Nos bombardean a diario, desde la derecha mediática, con que el capitalismo es lo que hay y que es la única—por ser la mejor—manera de organizar la vida de los seres humanos. Toda alternativa al capitalismo se concibe como algo insensato, idealista, o utópico. Incluso sectores de la "izquierda" tildan de "imaginaria" la propuesta anarquista, por no creer que se puede organizar una sociedad humana sin Estado y centralización.

A pesar de todo, Guérin expone con exquisita maestría que el anarquismo de utópico tiene más bien poco, precisamente porque el anarquismo es altamente constructivo. ¿Pero qué tiene que ver esto con ser o no ser utópico? Aquí es donde entran otros autores como Proudhon o Kropotkin, quienes afirmaron que una de las características "naturales" de la persona es el deseo de ser libre—en otras palabras, de ser independiente, autónoma. Así pues, la sociedad que defiende el anarquismo no es ninguna sociedad futura por conseguir, no es ninguna utopía, es simple y llanamente la cristalización de esos sentimientos humanos que ya fueron puestos en práctica en el pasado [1]. De esta manera, al ser el anarquismo una corriente constructiva es cuestión de tiempo—pero con mucho esfuerzo, pues no son pocos los obstáculos que tenemos—que el ser humano alcance su meta más anhelada: la libertad [2].

Proudhon ya escribió con gran acierto que "lo que la humanidad busca en la religión y llama 'Dios' no es otra cosa que la humanidad misma. Lo que la ciudadanía busca en el gobiernos . . . no es otra cosa que ella misma; su libertad" (en Guérin, 1970:41) [traducción propia]. Otros filósofos del siglo XX llegaron a conclusiones similares—un ejemplo claro es Nietzsche. En cualquier caso, en los grupos humanos existe un deseo innato de libertad y autonomía que parte primero del propio individuo, y segundo se colectiviza en muestra de solidaridad con sus semejantes—y no meramente por una cuestión de utilidad egoísta al saber que sin otras personas no podría sobrevivir.

De este modo, la anarquía ya se "vive" de alguna manera en ciertos contextos sociales donde es más sencillo escapar de la garra de la autoridad. Estos contextos pueden ser los grupos de afinidad y de pares, en la familia, o en las pequeñas comunidades. El reto que tenemos por delante les anarquistas es llevar esas prácticas diarias al nivel de la sociedad, y para ello muchas cosas requieren de cambios profundos.

Ya hemos dicho que el anarquismo es altamente constructivo, lo que implica que les anarquistas no somos esas criaturas caóticas y desorganizadas que tanto se empeñan algunes en hacernos creer. El anarquismo apuesta por la organización de la vida social, política, y económica en base a criterios muy distintos de los que actualmente imperan. Proudhon, una vez más, fue el primero en afirmar que el anarquismo no es desorden, sino orden: el orden "natural" de la sociedad, pues para él el Estado y los gobiernos que nos imponen leyes "desde arriba"  son formas "artificiales" (en ibid:42). No obstante, ríos de tinta han corrido sobre este tema: ¿cómo deben les anarquistas organizar la sociedad igualitaria?

No es nuestra intención exponer aquí todas y cada una de las propuestas que desde el anarquismo se han dado a la organización social, pero sí que se hace importante resaltar que todas ellas se construyen desde unos principios claves y básicos que caracterizan al anarquismo. Uno de ellos es la autonomía. A su vez, la autonomía es uno de los elementos que nos distinguen del marxismo: el anarquismo no cree que un Estado proletario sea capaz de organizar la sociedad de manera justa e igualitaria, pues la propia existencia de un Estado central supone la sumisión de las personas a una clase política y burocrática que dice "representar" los intereses del "pueblo" , anulando así la autonomía y la capacidad innata de toda persona a intervenir directamente en la resolución de los asuntos de la vida social [3]. La autonomía, pues, presupone descentralización y libre derecho de asociación, siendo la opción federativa la más popular entre les anarquistas.

La unidad básica de organización de la persona sería, de esta forma, el grupo de afinidad–me permito incluir aquí a la familia, aunque ésta no sea exactamente un grupo de afinidad, ni mucho menos. La pertenencia a un grupo de afinidad es absolutamente voluntaria y libre, lo que significa que cualquier individuo puede salir de él en cualquier momento considerado como conveniente. La organización de sectores más amplios se daría en forma de consejo o asambleas de trabajadores, las cuales a su vez se federarían–de forma libre, siempre–para organizar de manera más efectiva las tareas que abarquen amplios espacios geográficos [4].

Como iremos viendo más adelante, el anarquismo ha propuesto un amplio abanico de alternativas organizativas. Baste esta primera introducción a modo de "terapia de choque." El anarquismo no es una utopía, no es algo imposible a lo que tendemos en un inútil intento de alcanzar algo lo "más parecido posible." El anarquismo y sus anhelos de libertad se han dado a lo largo de la historia humana en multitud de puntos geográficos. Es más, el anarquismo ya se práctica en la vida cotidiana de muchas personas coetáneas. La próxima vez que os digan que les anarquistas somos "idealistas con la cabeza llena de pájaros" responded que los idealistas son elles; elles por creer que su sociedad autoritaria durará para siempre.

Notas

[1] Algo parecido expone Capi Vidal en su texto "La anarquía de cada día". A pesar de que llevamos miles de años viviendo en sociedades jerarquizadas y autoritarias, las personas hemos ido desarrollando dinámicas sociales a un nivel mucho más "micro" que reflejan precisamente lo que la anarquía busca.

[2] Una vez más, podemos ver trazas de la "sociedad anarquista" en localidades rurales del territorio peninsular, en ciertos vecindarios en núcleos urbanos, etcétera. El deseo de autonomía y libertad es inherente a cualquier ser humano, y por ello no es raro que se manifieste de múltiples formas (muchas veces subrepticiamente) en aquellos contextos más "micro" o de menor escala, donde la interacción humana es más cercana.

[3] Muchas otras son las críticas que se pueden hacer al Estado, pero éste no es el objetivo del presente texto. Para más información véase por ejemplo "El Principio del Estado" (M. Bakunin).

[4] James Guillaume tiene un texto muy inspirador sobre cómo organizar desde el anarquismo una sociedad igualitaria. Se puede leer la versión en inglés en "Ideas on Social Organization."

Bibliografía

Guérin, D. (1970) Anarchism: From Theory to Practice, London: Monthly Review Press

(*) La versión en castellano del libro se puede leer online en este enlace.