Opinión

Publicado el 26 de septiembre de 2012 por La Colectividad

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Acumulando justa rabia

Estoy horrorizado por los vídeos y fotos de la brutal represión policial de ayer 25 de septiembre. Violencia, violencia, y más violencia. Es lo único con lo que sabe contestar el Estado cuando se le cuestiona. Y no solamente entonces, también nos oprimen cada día de nuestras vidas: violencia simbólica se llama.

Pero el tema de hoy no es la violencia simbólica, sino la brutal y visible violencia de un grupo terrorista pagado con nuestros propios impuestos. Una panda de brutos a sueldo que reproducen el sistema de clases mientras ejercen la violencia «legítima» que les otorga el sistema imperante. Y nosotres lo aceptamos; nosotres nos sentamos pacíficamente en el suelo, cantamos nuestros eslóganes, y recibimos las tortas. Las vemos caer y ahí nos quedamos.

¿Qué nos impide levantarnos y arrasar con el cordón policial? ¿Qué nos impide devolver el golpe? Son preguntas que rondan con frecuencia mi cabeza, y seguramente os pase lo mismo a vosotres. La respuesta que yo os puedo dar desde la sociología tiene que ver con la internalización de normas y valores culturales, es decir: con el aprendizaje profundo, casi indeleble, de las estructuras del sistema capitalista y sus verdades.

El filósofo francés Michel Foucault nos proporcionó un concepto muy acertado: la auto-vigilancia. La vigilancia de une misme por une misme es resultado de la deriva cultural del capitalismo occidental, el cual ejerce sobre todes nosotres el mayor control social de la historia de la humanidad. Y este control social no se ejerce externamente: no son cámaras, no son policías, sino que se ejerce desde el interior: lo ejercemos nosotres mismes.

Vivimos en una sociedad en la que nos han enseñado a querer consumir, a querer ser mandades, a querer obedecer sin casi rechistar. A través de los procesos de socialización hemos internalizado que ciertas cosas son malas, muy malas: la violencia es mala, el radicalismo es malo, lo que no es occidental (léase capitalista) es malo, y así una larga lista de etcéteras. Como hemos internalizado todas estas cosas, y nos las hemos creído del todo, el sistema reposa sobre nuestros hombros gran parte del control social que tiene que ejercer para sustentar las estructuras y relaciones de poder.

De esta manera, somos nosotres mismes quienes recriminamos a alguien por ser «demasiado radical». Somos nosotres mismes quienes nos oponemos a todo tipo de violencia. ¡Somos nosotres mismes quienes terminamos reproduciendo el sistema social que tanto nos oprime! Y la mayoría de gente lo hace sin cuestionarse el asunto, pues la ideología de la clase dominante, la misma ideología que controla las instituciones sociales, torna «natural» y «objetiva» en nuestras mentes adoctrinadas.

Y de la misma forma no nos cuestionamos que violencia y resistencia son cosas muy diferentes. No nos planteamos que la violencia de les que resisten está justificada en términos de defensa personal y dignidad. Pero tampoco vemos que una tasa de desempleo del 25% es violencia ejercida contra nosotres; que las más de 50.000 toneladas de comida fresca tiradas al año a la basura es violencia; que los miles de desahucios en el Estado español es violencia. ¿Y acaso todo esto les quita el sueño a les que viven en un ático en el centro y veranean en un yate? ¿Acaso les reconcome, aunque sea un poquito, por dentro? La respuesta es no; y es no porque elles también han sido socializades en esta sociedad.

Espero que ahora se entienda un poco mejor por qué cuando nos dan un porrazo, o dos, no nos encaramos enfurecides hacia el policía opresor y le damos de su propia medicina. De nuestro lado tenemos los números: les superamos con creces. De querer se podría, pero no se quiere. He ahí el problema. Nos han enseñado a no querer ir en contra del sistema y sus valores.

Pero el tema es mucho más complejo, porque sí que es cierto que nos dan un margen de libertad, pero un margen tan pequeño que no se puede llamar libertad. En los confines de este estrechísimo margen, nos creemos libres porque podemos salir a la calle con pancartas; porque podemos escribir en Internet; porque podemos votar cada cuatro años. Pero lo que la sociología nos enseña es que esta libertad es una falsa ilusión que sirve de trampa ideológica, porque cuando la gente se cree libre es cuando ejerce con más ahínco el control social del que yo hablaba antes. ¿Empieza a cuadrar todo?

Nos compran con libertad de expresión (limitada), con una jornada laboral humana (limitada), con sanidad y educación pública (limitadas). Nos hacen creer que vivimos en la mejor de las sociedades, y claro, cuando llega una persona que dice que el desempleo es violencia sistémica, o que los desahucios es violencia ejercida desde arriba, se la tacha de «radical» y «violenta», de «poco democrática» y se la termina marginando en el mejor de los casos. De esta forma, la «libertad» que nos conceden se convierte en nuestro verdugo de facto, porque como somos «libres», todas las personas que cuestionan eso mismo que nos proporciona «nuestra libertad» son radicales e indeseables. Y esto va en dos sentidos: se reprime y margina a las personas «radicales» (seguramente todes los que leemos esto caeríamos en ese saco), y las propias personas se reprimen a sí mismas porque la ideología socializada les impide oponerse al sistema.

Este texto no pretende ser una apología de la violencia, sino de la resistencia. Porque violencia y resistencia no son la misma cosa; porque la violencia que viene de arriba con el objetivo de oprimir y controlar no se puede equiparar a la violencia que proviene de abajo como respuesta lógica ante una agresión. Y como clase social, como personas, somos agredidas todos y cada uno de los días de nuestras vidas capitalistas. Ya va siendo hora de enseñar un poco más los dientes. No digo que salgamos mañana a la calle e incendiemos la comisaría del barrio. Ni mucho menos. Lo que pretendo con este escrito es despertar la dignidad de cada une de vosotres, esa dignididad que nos niegan el capitalismo y sus marionetas.

La próxima vez que estéis protestando en la calle y os den de porrazos hasta en el carné de identidad, apretad los puños y los dientes, y pensad: «algún día esto acabará.» Mientras tanto, sigamos acumulando justa rabia, sigamos acumulando energía para seguir construyendo tejido social, okupando centros, formándonos teóricamente. Sigamos empezando webzines y blogs libertarios. Sigamos difundiendo ideales de libertad y solidaridad mientras apretamos los dientes y acumulamos la rabia.

Sigamos resistiendo hasta que llegue el día en el que con sólo mirarnos a los ojos sepamos que ha llegado el momento. No dejes de indignarte, porque ésa es la única manera de mantenerse con cordura en este mundo lleno de locura.

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Acerca del autor

La Colectividad

Ser autónomx, simplemente, bien podría significar aprender a luchar en la calle; a okupar casas vacías; a parar de currar; a amarnos lxs unxs a lxs otrxs enloquecidamente, y a expropiar.



8 Respuestas para Acumulando justa rabia

  1. nefen says:

    excelente artículo, lo comparto en twitter. lástima que este tipo de racionamientos se queden en círculos pequeños, este texto debería ser leido íntegramente en radios y televisiones, llenar los metros y autobuses con estas palabras para que la gente, simplemente se parara a pensar...

    • Gracias, compa. Desde Regeneración seguiremos publicando textos formativos y de interés general para la gente interesada en cambiar este mundo tan podrido. Te animo a difundir lo máximo posible.

      Abrazos libertarios.

  2. Ana Verde says:

    Muy muy bueno el articulo. Lo difundo por facebook y twiter.
    Espero que lleguen a leerlo muchas más personas

  3. Els Schwellenbach says:

    Muy bueno el texto, lo difundiré, esta demasiado bien explicado todo lo que tenia en la cabeza desde ayer, gracias al escritos por colocar las ideas, ésas son las palabras con las que siempre he querido dar mi opinión.

  4. Shevek says:

    Enhorabuena por el texto. Dado que aun no tengo una posición clara en este aspecto, traigo uno de los argumentos más típicos que se han estado manejando en las movilizaciones de este último año y medio: "Nos intentan llevar a la violencia porque es a lo que saben responder, mientras que si utilizamos la desobediencia civil pacífica, les descolocamos, por así decirlo". Me gustaría ver alguna reflexión sobre ello.

    En cualquier caso, muchas gracias por el gran trabajo que realizáis en esta página.

    • Gracias por tu comentario, es estupendo poder leer las ideas de la gente que nos visita. Personalmente opino que la desobediencia civil pacífica es necesaria y eficaz, al menos ahora mismo. Sin embargo, en una perspectiva más amplio, a largo plazo y con la vista puesta en un cambio social real, la solución pacífica (por desgracia) no será ni útil ni posible, porque aquellas personas que ostentan el poder se aferrarán a él con uñas y dientes.

      Resumiendo: para conseguir que no congelen los salarios públicos una manifestación masiva puede servir (repito, puede). Pero para acabar con el sistema capitalista, y con la explotación del "hombre por el hombre", la vía a seguir será, sin duda, la violenta. Y no porque nos guste la violencia, sino porque a ella nos obligan les que nos oprimen.

      Abrazos.

  5. Teresa says:

    Un articulo muy clarificador. Estoy intentando hacer un grupo con mucho sentido comun para trabajar en un proyecto que requiere un concienzudo analisis sociologico, filosofico y psicologico. Pido tu ayuda y de gente que tenga ideas claras, concisas y distintas.
    2002pireo@gmail.com
    Gracias, repito por este escrito.

  6. Ana says:

    muy buen texto, deberiamos alimentar la resistencia, para mas respuestas, Ivan Lllich: "La sociedad desescolarizada"

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