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Publicado el 27 de enero de 2013 por Liberty Cravan

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Apuntes sobre El Capital III: La moneda o la circulación de las mercancías

La forma precio

Una cierta cantidad de oro puede fijarse socialmente (por ejemplo, mediante una ley) como unidad básica de medida de los precios. El oro pasa a cumplir una doble función. Por un lado, medir los valores de las mercancías, transformando el valor en precio. Por otro lado, como tipo de los precios, mide diversas cantidades de oro por una cantidad fija, el peso fijo de oro que constituye la unidad básica de medida.

Los precios indican dos cosas simultaneas:

1. La magnitud del valor de las mercancías.

2. Cantidad de moneda (u oro) por la cual puede cambiarse la mercancía.

Desde que el valor se convierte en precio, la relación directa entre la magnitud del valor y la del trabajo social necesario (que explicamos en anteriores entradas) aparece de forma indirecta como la relación de cambio entre la mercancía y la cantidad de moneda del precio.

Es posible que exista una diferencia cuantitativa entre el precio de una mercancía y su magnitud del valor. Esto es debido a que el precio, además de representar el valor de una mercancía, puede representar el máximo o el mínimo de moneda que su cambio produce en un momento y circunstancias dadas.

Circulación de las mercancías

El cambio transporta las mercancías de manos en que son valores negativos de uso a otras en que sirven de valores de uso. En el momento en que llegan a manos de quien las considera útiles, abandonan la esfera de los cambios y pasan al dominio del consumo.

Para el poseedor inicial que quiere cambiar su mercancía para obtener otra que le sea de utilidad, la transformación se representa en dos actos: venta (cambio de la mercancía por dinero) y compra (cambio del dinero por mercancía). Resumimos así este conjunto: mercancía-dinero-mercancía.

Esto no es más que el inicio de una nueva transformación. La compra final es también una venta, desde el punto de vista de la segunda persona implicada en el cambio, que recibe el dinero. Ese dinero servirá a esta segunda persona para comprar una nueva mercancía a un tercero, generando así una serie de movimientos concatenados que constituyen la circulación de mercancías.

La compra es el complemento obligado de la venta. Si la separación entre las operaciones se prolonga demasiado, si se acumula, la unión entre los dos actos se demuestra por la crisis que surge.

Curso de la moneda

Desde el momento en que el vendedor completa la venta con la compra, el dinero huye de sus manos. En el ejemplo anterior, el dinero dado a un segundo pasa después a un tercero. La moneda pasa así sin interrupción de mano en mano en lo que se llama curso de la moneda.

Una pregunta lógica a continuación sería ¿Cuánta moneda circula? Si consideramos que no hay relación entre ventas, para poner la mercancía en circulación la moneda debe representar las cantidades ya expresadas imaginariamente en el total de los precios. Siempre que varíe el total de los precios de las mercancías en el mercado, deberá variar la masa de moneda circulante.

Hay que considerar también otra variación de la moneda, que depende de la moneda misma. Supongamos por claridad que como moneda tenemos el oro. Antes de que el oro funcione como medida del valor del resto de mercancías, su valor se halla determinado porque es producto de un trabajo. ¿Qué pasa si ese valor propio se modifica? Cada vez que el valor del oro se altera, se alterará el precio que determina la relación de cambio con las mercancías (suponiendo que el valor-trabajo de estas permanece constante y no lo compensa) y por tanto la cantidad de moneda necesaria en circulación. Pero lo cierto es que, en la práctica, el valor del oro se fija de antemano al fijar los precios.

Hay que recordar que hemos partido de la base de que no había relación entre ventas. Pero ya hemos visto que en realidad no es así. Hay un encadenamiento entre compras y ventas que marca la circulación de la mercancía. De tal forma que si tenemos 4 mercancías distintas que valen 5€ cada una, todas ellas pueden cambiar de manos con solo 5€ en circulación. El comprador con el dinero compra la mercancía 1 al primer vendedor, este recibe el dinero y le compra al segundo vendedor la mercancía 2, que recibe el dinero con que compra al tercero su mercancía y así sucesivamente. La velocidad del curso de la moneda suple su cantidad.

La velocidad del curso de la moneda se mide por el número de transacciones en un tiempo dado. Conocida la velocidad media de circulación en un contexto, o el tiempo en que una suma de moneda realiza el total de precios, podemos determinar la masa de moneda que funciona como instrumento de la circulación. Esa masa, multiplicada por el número medio de transformaciones, debe ser igual al total de precios.

La separación entre las operaciones de compra y venta da lugar a la lentitud en el curso de la moneda y la interrupción de los cambios. Es frecuente explicar esa interrupción por la cantidad insuficiente de moneda.

El numerario y el papel moneda

El peso de oro adoptado como unidad de medida se presenta en el mercado como moneda. El Estado, igual que establece la unidad de medida, acuña la moneda y la sanciona como legal. La función numeraria del oro, desprendida de su valor metálico, pasa a ser desempeñada por cosas sin valor. Estos objetos son socialmente valederos por estar respaldados por los fondos del Estado. Sin embargo, la cantidad de papel moneda debe estar proporcionado con la cantidad de moneda real que representa, el que realmente debiera circular. Si excediera esa proporción, los hechos la reducirían al tipo indicado. Si la masa de papel moneda dobla la proporción debida (dada por la fórmula indicada en el punto anterior) una cantidad de papel moneda acabaría por representar la mitad de la moneda que se le supone. Así, un billete de 100€, al cabo de un tiempo, acabaría por comprar mercancías por un valor de solo 50€. El valor del papel moneda se devaluaría.

Reservas de oro, plata y tesoros

Las mercancías no se venden para comprar otras en el acto, por lo que todo productor debe hacer acopio de dinero. Para poder comprar sin vender, es necesario haber vendido antes sin comprar. La moneda que es detenida a propósito, se transforma en tesoro y el vendedor en acumulador de dinero, de tal modo que se forman reservas de dinero en proporciones diversas.

El dinero como medio de pago

Algunas especies de mercancías requieren para su producción más tiempo que otras (la producción puede variar por estaciones o épocas). Puede suceder que una persona esté dispuesta a vender mientras el comprador carezca aún de medios para comprar. Cuando las mismas transacciones entre las mismas personas se renuevan continuamente, las condiciones de compra y venta se regulan por las condiciones de producción: Uno comprará sin pagar en seguida, en calidad de representante de un dinero por venir. El vendedor pasa a ser acreedor y el comprador, un deudor. Sin la aparición simultanea de la moneda y la mercancía en una transacción, el dinero pasa a funcionar como medida, como medio de compra imaginario. Solo cuando se cumple la promesa del pago vuelve como medio de pago a la circulación.

Como medio de circulación, el dinero se convertía en tesoro, porque la circulación se para en la primera mitad, no siguiendo la venta a la compra. Como medio de pago, el dinero solo entra en circulación cuando ha salido ya la mercancía.

La moneda de crédito -letras, pagarés, etc.- tiene su origen inmediato en la función del dinero como medio de pago. Los documentos que acreditan las deudas contraídas también circulan para transferir a otros los créditos que representan. Esto también impone una variación en la cantidad de moneda circulante que calculamos anteriormente. La cantidad de moneda que circula, supuesta la velocidad de los medios de circulación y de pago, es igual a la totalidad de precios a realizar, sumándole los pagos que se cumplen en ese periodo y descontando la totalidad de precios que se compensan. A medida que se difunde el sistema de crédito, la moneda reviste, como medio de pago, formas de existencia especiales, gracias a ella se regulan las grandes operaciones comerciales.

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Acerca del autor

Liberty Cravan

Sin más relación con el poeta boxeador que su condición de desertor, ladrón, embustero y fantasma. Comunista antidogmático, ecologista radical y renegado de la contracultura. Firme defensor de que, sin la existencia de un pensamiento rebelde, crítico y coherente que sepa comunicarse, un estado de opinión radical es imposible y por lo tanto, el partido de la revolución no tiene ninguna posiblilidad de formarse.



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