Opinión

Publicado el 15 de Febrero de 2017 por Lusbert

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¿Qué más nos queda por perder?

El empeoramiento progresivo de las condiciones laborales de la clase trabajadora desde la primera ola neoliberal en los ’70 todavía sigue adelante imparable, precarizando sector a sector hasta que las actuales generaciones asumamos que ha sido así toda la vida, que lo normal es que el trabajo sea mayoritariamente precario y con pocas garantías, normalizando los contratos basura y condiciones de explotación como en el sector de la hostelería. A través de las externalizaciones, las privatizaciones y las reformas laborales que empeoraban las condiciones de trabajo, las políticas neoliberales avanzaban en medio de una lucha obrera en retroceso. Así comenzaron las reestructuraciones en el sector industrial, pasando por la minería, los astilleros, el transporte, los aeropuertos, la Sanidad y la Educación públicas… llegando al sector de las nuevas tecnologías, las telecomunicaciones y ahora, a los estibadores que se enfrentan a la liberalización del sector orquestada desde la UE, cuya sentencia dice que el sistema de estiba en España es “contraria a la normativa comunitaria”. Para más inri, la UE chantajea con una multa diaria de más de 100.000€ al Estado Español.

La noticia del anuncio de la huelga de estibadores en los puertos españoles ha corrido por todos los medios del país. El decretazo del Ministerio de Fomento para liberalizar el sector pretende que las empresas de estiba no tengan que participar en el capital de las SAGEP (Sociedades de Gestión de Trabajadores Porturarios) ni contratar obligatoriamente a sus estibadores. Esto supondría, en resumen, empeoramiento de las condiciones en la contratación y despidos colectivos. Por ello, los estibadores anuncian para la próxima semana de febrero, jornadas de paro los días 20, 22 y 24 contra estas medidas.

En pocos días, no han tardado las calumnias y los intentos de desacreditar la huelga: se les acusa de ser un sector privilegiado, con salarios altos y derechos laborales, algo inadmisible en este país por lo visto. Las mismas acusaciones que se utilizaron contra los mineros, los controladores aéreos, y similarmente contra barrenderos y trabajadores del metro. ¿Realmente vamos a seguir permitiendo que sigan atacando sector por sector hasta que toda la clase trabajadora tenga condiciones de miseria y la concentración de riqueza quede en cada vez menos manos y menos empresas?

Aún recuerdo esa huelga del verano del año pasado en Francia, donde los sectores estratégicos del país pararon en contra de la propuesta de reforma laboral que pretendía ajustar aún más las condiciones laborales en el país vecino. Aquí ahora se vive con miedo de que un sector tan importante como el portuario parase. Porque por los puertos españoles pasan la mayoría de importaciones y exportaciones españolas, y allí le va a doler a la patronal y al gobierno si la huelga se realiza. No, no son privilegios los que tienen los estibadores, ni los mineros ni los controladores aéreos… ¡ni la clase trabajadora en general! Son derechos ganados a través de años y años de luchas que se están perdiendo con la excusa de la crisis mientras vemos cómo la brecha entre ricos y pobres aumenta, y cómo sus beneficios siguen creciendo mientras los salarios o se congelan o suben mínimamente. Que quede claro que no solo es un ataque a los estibadores, sino también al conjunto de la clase trabajadora. Porque ayer fueron a por los astilleros, luego a por la minería, recientemente a por el sector TIC, y ahora, por el sector de la estiba. ¿Qué más nos queda por perder? Rompamos el aislamiento, que no se queden solos ni solas como los y las trabajadoras de Movistar que fueron a la huelga general hace más de un año. Este 2017 tocará reactivar un nuevo ciclo de movilizaciones que apunte a una ofensiva por parte de la clase trabajadora en conjunto con el movimiento popular.

¡Todo el apoyo y la fuerza a la huelga de estibadores!

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Acerca del autor

Lusbert

Anarquista social y de la rama comunista libertaria solo en cuanto a pensamiento político. Por lo demás, soy una persona normal. Aportando mi pluma como un diminuto grano de arena a que el anarquismo sea una alternativa política real y transformadora. Deconstruyendo mis privilegios de hombre. ¡Luchar, crear, poder popular!



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