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Published on noviembre 13th, 2015 | by Shevek

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Tenemos que hablar

Este artículo fue publicado el 3 de noviembre en www.eldesperttador.org y se publica nuevamente en este medio por el propio autor.

Cuando me propusieron escribir un artículo sobre feminismo lo primero que pensé fue que yo no tenía nada que decir sobre una lucha en la que ni soy ni quiero ser el principal afectado ni protagonista. Sin embargo, sí que vi que podía ser interesante sumarme a otras voces masculinas que han interpelado al resto de hombres sobre la necesidad de revisar nuestro papel en las relaciones de género y poner de nuestra parte para terminar con la desigualdad y la injusticia en estas.

Creo que es sumamente necesario que los hombres hablemos entre nosotros sobre el papel que estamos desempeñando en el sistema de dominación contra las mujeres que el feminismo ha definido como patriarcado y en el que somos nosotros quienes ejercemos esa opresión. Muchas veces no de forma consciente, no, pero esto tampoco es justificativo. Es nuestro deber tomar conocimiento de lo que significa ser hombre, de lo que implica en cuanto a privilegios y roles, y de la estructura social en la que nos inscribimos como sujeto. No se trata tanto de que tú o yo como hombres concretos no ejerzamos tal o cual violencia. El problema es de conjunto, por lo que actitudes victimistas del tipo de “yo no hago x”, y que todos en algún momento hemos sostenido, deberían quedar desterradas si realmente queremos avanzar hacia la construcción de un modelo más justo.

Es esa quizás la primera tarea que deberíamos abordar para encaminarnos a ese horizonte: reconocer nuestro lugar en el mundo y tomar nota de la forma en la que participamos en este sistema de dominación. Chris Crass señala en un genial y necesario texto (Partes de mí que me asustan, PDF) una serie de actitudes y modos de estar, más o menos sutiles, que resultan indudablemente machistas, producto de este modelo social.  Algunos de estos ejemplos en los que todos nos veremos reconocidos en mayor o menor medida es la infravaloración de lo que dice una mujer sin atender al contenido de su mensaje, la sexualización continua de los cuerpos de las mujeres, dejar que ellas asuman todas las tareas de cuidados o pensar que cuando se quejan de alguna de estas situaciones solo están exagerando. Ello por no hablar de todo tipo de tácticas dedicadas a conseguir tener sexo con una mujer, como insistir después de que ya nos ha dicho que no, emborracharla u otras acciones que ya ubicaríamos en el terreno de la agresión.

Seguro que entre todos somos capaces de sacar muchos ejemplos más en los que hemos visto a amigos o a nosotros mismos. Una vez reconocido que aquí existe un problema, debemos poner los medios para solucionarlo. Ello puede hacerse, precisamente, juntándonos para hablar sobre estos temas y tratar de desentrañar todo lo que implican. Muy probablemente no podremos hacer esto solos, dado el problema no es para con nosotros mismos. Por ello deberemos prestar atención a qué requieren de nosotros nuestras compañeras, dejar de lado cualquier tipo de actitud paternalista y asumir una posición de “aprendiz”, consultar a nuestras compañeras desde el más absoluto respeto y entender, además, que en algunos casos no quieren prestarse a esa labor pedagógica. En definitiva, se trata de asumir una actitud de profunda humildad, ya que, como se indica en el texto antes señalado, si nos ha llevado años construir nuestra conciencia política, ¿por qué iba a ser más fácil construir nuestra conciencia de género?

En cierta medida se ha venido creando un discurso que afirma que a los hombres también nos oprime o perjudica el patriarcado. Dejando a un lado el problema de que entonces no habría sujeto opresor y tendríamos que suponer que este modelo se perpetúa por ciencia infusa, este discurso ha dado lugar a algunas posturas dentro de los grupos de hombres que han decidido actuar por la igualdad  que se han centrado más concretamente en la masculinidad o en los roles que se asumen al ser hombre y que de alguna manera limitan su expresión. Estoy hablando de prestar atención a que usualmente los hombres no lloran, los hombres son duros, no pueden ser sensibles, etc. Si bien es un punto que resolver, considero que en absoluto es el principal, pues en modo alguno se produce aquí una reducción de los privilegios que por ser hombre se tienen. Muy al contrario, se despejan las pocas trabas que el patriarcado marcaba a los hombres. Tenemos muchos asuntos que resolver antes de esto, como atajar la cultura de la violación, los modelos de relaciones posesivas que siguen reproduciéndose en la adolescencia, hablar con nuestros familiares y amigos sobre todo esto, etc. En definitiva, antes de poder ganar aún más, debemos desprendernos de un montón de privilegios.

El texto resulta mucho más corto de lo que un asunto como este requeriría pero, en cualquier caso, la intención era la de señalar una realidad como la opresión hacia las mujeres, y una necesidad, que es que los hombres nos pongamos manos a la obra y asumamos nuestra responsabilidad.

Víctor Terrón Palacios

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"Salir de la ideología para situarse en el terreno práctico de la lucha de clases." Colectivos de Solidaridad de París.



5 Responses to Tenemos que hablar

  1. MrBrown says:

    En general, me gusta el texto, aparte de porque me parece que lo que describes es bastante cierto, porque nos llamas a tomar parte activa y evitar el victimismo. Precisamente por ello, no entiendo, en cambio, que digas que en el patriarcado "somos nosotros quienes ejercemos esa opresión" o que, si asumiéramos que el patriarcado también nos oprime y perjudica, se daría "el problema de que entonces no habría sujeto opresor". Ya he escuchado mensajes esencialistas de ese tipo ("las estamos matando" y cosas así) con los que se da a entender que los varones somos sujeto opresor por el hecho de ser varones y las féminas, oprimidas de por sí, lo cual nos lleva al fatalismo antes o después. Los sujetos se definen por lo que hacen y, si hay sujeto opresor, es porque hay acciones y actitudes opresivas que, además, reproducen el sistema de valores que las inspira y lo normalizan. El sujeto opresor, seamos sincer@s, es la persona machista, sea hombre o mujer e independientemente de que ellas no se beneficien del patriarcado (sabemos de sobra que, por desgracia, no hace falta beneficiarse de un sistema de valores para defenderlo). Y lo es por lo que hace, claro, no porque emita ondas machistas. Veo compañeros que comparan estas consignas simplistas con otras consignas simplistas más aceptadas -contra los burgueses o los policías- dando a entender que, como venimos siendo deshonestos a la hora de abordar la lucha de clases o nuestras contradicciones, por qué no serlo también en este tema. No puedo estar de acuerdo: el problema es la explotación y el explotador sólo es un problema en la medida en que ejerce de tal, no es un problema que un explotador se lave los dientes o que un policía escuche música. De igual modo, sí es un problema que una persona (sea hombre o mujer) enseñe a su hija que el que sea promiscua es algo inmoral o enseñe a su hijo que el que él que sea invasivo es lo normal y es estupendo.
    No sé si es por influencia religiosa o por qué, pero existe esta tendencia, que no comparto, a llevar la mala conciencia por motor, cuando es precisamente el hecho de asumirnos (tod@s) como sujetos activos lo que nos permite cambiar la manera de relacionarnos.
    En este sentido, la consciencia de que el patriarcado también va en contra de los hombres no tiene por qué ser una especie de tema secundario o postergable, más bien el complemento perfecto de relacionarnos con ellas con respeto y humildad (como deberíamos hacer entre nosotros, vaya). Asumir que ellas no son débiles, hipersensibles ni sumisas, que no son víctimas eternas, madres, objetos sexuales ni enemigas implica buscar a las personas reales (las que conocemos y las que no, las que son, las que fueron y las que serán) más allá del género y eso implica asumirnos nosotros como personas: a veces débiles, a veces pasivos (en lo afectivo-sexual como en cualquier otro campo), quizá hipersexualizados -aunque sea más como sujetos y menos como objetos-, socializados para vernos unos a otros como competencia y para convertir la inseguridad y el orgullo fingido en agresividad (contra ellas y contra otros hombres).
    No veo cómo se podrían arreglar las relaciones en torno al género sin deconstruir este y sin deconstruir el fatalismo. Más allá de la autoflagelación, hay mucho por hacer y aún no es tarde.

    • Shevek says:

      Tengo que decir que estoy bastante en desacuerdo contigo. He intentado transmitir la idea de que la lucha contra el patriarcado es una lucha política, y por lo tanto, tenemos que hablar de sujetos colectivos. No me vale, entonces, hablar de sujetos individuales, pues sería reducirlo a una cuestión biográfica de cada individuo y las acciones o no que realice. No es el caso. No es verdad que los sujetos se definen por lo que hacen, sino que lo hacen por el tipo de relaciones que mantienen con otros sujetos colectivos. Reducir problemas que son claramente políticos y, por tanto, colectivos, a una cuestión individual solo puede llevar a equívocos.

      Un sistema de dominación como es el patriarcado no surge por sí solo, sino que es impulsado por intereses de un género, en este caso. Es necesario señalar a un sujeto opresor, no puede ser de otra manera. Yo, como individuo perteneciente a un conjunto social disfruto de unos privilegios muy claros producto de esta relación de dominación. Incluso si rechazo algunos de ellos, sigo disfrutando de muchos otros porque soy percibido así.

      No se trata de que estemos siendo deshonestos en nuestra definición de la lucha de clases, sino de que esta, como hecho social y político, no es una cuestión de actitud, sino del rol social que se desempeña. De la misma manera que no tiene sentido alguno que yo crea que me he liberado si la estructura social en su conjunto no ha variado.Con esto quiero decir que es importante cómo me porte yo con las mujeres de mi alrededor, pero que lo es también, o más, trabajar por provocar cambios a nivel de conjunto.

      En modo alguno he querido caer en la autoflagelación, sino señalar de forma crítica el rol que como hombres nos ha tocado y que disfrutamos, queramos o no. No me queda muy claro a qué te refieres con fatalismo.

      En definitiva, creo que hay un problema de enfoque, pues considero que una visión individualista como la que sostienes no es recomendable en este caso.

      Gracias,
      Un saludo.

    • sujeto predicando says:

      Mr brown: sin duda tu comentario muestra precisamente lo que es necesario combatir. Un sistema de dominación como este en el que vivimos, asumido como una totalidad formada por muchas dominaciones que son las que lo forman (dominación económica, política, patriarcal...) se sustenta precisamente de la visión individualista de algo que no se puede individualizar, ya que la actitud de un individuo como contraposición a la realidad de un sistema de dominación es absurda, pero si es uno mismo ese individuo, parece que nos hace sentir que ese sistema de dominación no es nada frente a nosotros, lo que es falso y muy peligrosos.En cualquier sistema social es necesario hablar y entender las relaciones que en el se dan como relaciones entre sujetos colectivos, si es que realmente se quieren cambiar las cosas y poner un poco de nuestro lado la balanza. Dices:" El sujeto opresor, seamos sincer@s, es la persona machista, sea hombre o mujer e independientemente de que ellas no se beneficien del patriarcado ".Bien, veamos, volvemos una vez más a el individuo, a "la persona machista" y volvemos a caer en lo mismo.El sujeto opresor en este caso que tratamos aquí es un sistema patriarcal, no un hombre o una mujer que sean machistas. Si así fuese, sería tan sencillo como justificar el sistema carcelario,que se basa en que, por ejemplo alguien roba para comer por que es un "delincuente", una mala persona, y es necesario castigarlo, no por que un sistema basado en la desposesión total te obligue a robar para comer.
      El primer paso para acabar con un sistema de dominación es asumirlo como algo que está por encima de unas actitudes individuales (que quizá tu consideres alejadas de este en tu propia persona pero en realidad no sea así).Una vez asumido esto, lo siguiente es tomar consciencia de nuestra contradicción, osea, saber que somos el sustento necesario para perpetuar un sistema que decimos combatir, y que en realidad necesitamos destruir.Y ahí es donde puede empezar a dejarse ver la fuerza real para cambiar las cosas
      Hablas ahí de lucha de clases, y precisamente ahí hay dos sujetos históricos que como tal deben ser tratados, hablar de este o aquel explotador, unos mejores y otros peores es lo mismo, creer que el funcionamiento de la máquina capitalista depende de la bondad y la actitud de personas aisladas y actos individuales, cuando esa misma máquina se perpetua a lo largo de varios siglos sin sujetarse a o que haga tal o cual explotador, si no más bien al revés, son esos quienes se sujetan a unas normas que les beneficician y que no pueden cambiar ya que es el único modo de que ese sistema funcione, que un empresario pague mejor, trate mjor a sus obreros, les de dias libres , etc, no es lo que puede cambiar las cosas, ya que aparte el está ahi para beneficiarse de ese sistema, con lo que en el momento en que peligre su beneficio se acaba la amabilidad.Las cosas cambian cuano precisamente el otro sujeto colectivo e histórico, la otra clase social a la que explota el primero, toma conciencia de su contradicción básica. Crea ese beneficio trabajando todos los días, sustentando ese sistema de dominación que necesita destruir. Una vez tomada conciencia de esa contradicción toma conciencia de la fuerza que tiene y de hasat que punto puede cambiar las cosas si se niega a producir, si se rebela, si en vez de producir aislado para el beneficio de una empresa, se asocia para crear la base de la destrucción de ese sistema que sustenta y que necesita destruir.Hasta llegar a ese punto hay que ser humilde y tratar de comprender el mundo en el que se vive. Si yo desde un punto de vista individual, creo que ya lo he comprendido todo y que ya no soy el sustento de ese sistema, aunque en realidad lo soy totalmente, no solo me estoy engañando a mi mismo, estoy reforzando ese sistema.
      Volviendo al Patriarcado, no quiero decir que no sirva de nada el cambiar las actitudes que uno mismo tiene como hombre para acabar con este, lo que quiero decir, y lo que dice el artículo, es que hay que partir de la humildad y no creer que ya has superado todas esas formas de relacionarte que te inculca un sistema patriarcal desde que naces, y lo primero que debería superarse son las justificaciones,como decir que hay mujeres que educan de forma machista a sus hijas, algo lógico y en muchos casos inevitable en un sistema patriarcal en que la mujer tiene tan interiorizada su opresión que llega a creer que es realmente un ser inferior y como es asi por naturaleza humana, es así la única manera de educar a una hija.Vuelvo a lo mismo, o partimos de que vivimos en un sitema de opresión totalitario, que nos subyuga hasta el punto de asumir que es así como debe ser, y qe darse cuenta de lo contrario solo es un pequeño paso para empezar a entender, y a partir de ahí entrentarte a este y a la vez seguir trantando de entender y de cambiar,o creemos que por decirnos feministas ya hemos entendido la opresión que sufre la mujer (no esta o aquella concreta, si no LA MUJER, como sujeto colectivo) y nos consolamos con decir que lo que hay que hacer es, como hombres, tomar conciencia de que el patriarcado también nos oprime y quedarnos tan agusto con eso y pasarlo al primer plano cuando, al contrario de lo que dices, sí que es secundario, ya que el patriarcado, aunque en alguna cosa pueda resultar "molesto" para algunos de nosotros (hombres) para la mujer lleva suponiendo siglos de humillación de vilencia , de muerte, de sumisión, de exclavitud sexual,etc... y para el hombre lleva suponiendo el ser participe y beneficiaro de ello.De ahí que haya tantísimo que hacer como hombres para acabar con esas maneras de relacionarnos que nos son favorables, y el primer paso debería ser asumir nuentro papel en todo ello, no decri "a mi tambien me oprime el patriarcado" o "yo nunca trato mal a una mujer", porque eso es básicamente buscar excusas para no hacer nada.
      Sin acritud, que quede claro, pero es que me fastidia mucho ver como algunos creen que ya están libres de males patriarcales cuando en un comentario se vislumbra todo lo contrario. Está todo por hacer en el tema del patriarcado, pero los hombres debemos dejar que sean las víctimas de este quienes ecidan como enfrentarse a el, y de paso daremos de verdad una uestra de que hemos dado un primer paso contra nuestra superioridad sobre la mujer, no con palabras, si no con hechos.No es autoflagelarse, es elegir entre querer cambiar de verdad o seguir con excusas para no asumir nuestra complicidad.

      • MrBrown says:

        Siempre sin acritud, por supuesto, que aquí venimos a debatir y no a buscar confrontación personal (además, tampoco nos conocemos personalmente).
        Otra aclaración que quizá sea necesaria: no no he pretendido estar por encima de actitudes machistas, no vengo aquí a hablar de mí mismo ni espero que l@s demás lo hagáis; además, "el movimiento se demuestra caminando".
        Parece claro, vista la respuesta de Shevek y la tuya, que mi primer comentario ha sonado demasiado voluntarista, esperaba que se entendiera que ese voluntarismo pretende contribuir a cambiar dinámicas colectivas y no a otra cosa. Por otra parte, tengo la impresión, leyéndoos, de que los sistemas de opresión están en una especie de mundo platónico de las ideas o flotando en el aire. Como hombres, no sé qué es lo que se nos está llamando a hacer si no es, precisamente, a asumir un compromiso -que en primer lugar es personal- de ofrecer a toda persona, empezando por ese 52-53% que son las mujeres, el respeto y la valorización que merecen.
        Tu comentario confunde mi alusión a que un explotador o un policía son roles, funciones, que una persona puede dejar de cumplir con la idea de que pueda haber buenos explotadores o policías, cosa que yo no había dicho. Un explotador o un policía son personas que pueden dejar de ser explotador y policía, igual que una persona puede cuestionarse sus relaciones con el otro género y con el suyo propio para intentar evitar reproducir roles patriarcales, mientras que un@ no puede dejar de ser hombre o mujer.
        Por último, hablaba yo a Shevek de fatalismo, porque su texto me daba la impresión de que los hombres estamos condenados por el destino a oprimirlas y ellas, a ser objeto de "nuestra" opresión más que sujeto de su liberación. En tu comentario veo el mismo problema, ampliado a todo lo demás, tu ejemplo del sistema carcelario ilustra bien lo que quieres decir (no es la primera vez en la historia que alguien comete un delito, existe una tendencia de la clase opresora a moldear el derecho en función de sus valores e intereses que lleva a que la mayoría de l@s represaliad@s, y l@s peor represaliad@s, sean de la clase oprimida). No obstante, también ilustra bien lo que niegas: si l@s oprimid@s no salimos del fatalismo y la mentalidad de competición, supervivencia individual, etc. nos negaremos cualquier solución que no sea el trabajo legal o la delincuencia ("o la cárcel del trabajo o dar trabajo a la cárcel", que decían Punto de Fuga), si nos asumimos como sujeto, cada uno puede ser sujeto individual de cambio y contribuir a la construcción de un sujeto colectivo. Una cosa es asumir todo lo que nos determina y otra, reducirnos a nuestras determinaciones.

  2. MrBrown says:

    Gracias por tu respuesta, creo que ahora se entiende mejor tu posición. Quizá yo no había puesto suficiente énfasis en lo que tiene esto de colectivo; una de las cosas buenas que tiene debatir esto entre libertari@s es que, creo, podemos estar de acuerdo en que no existe separación entre las prácticas individuales y los fenómenos sociales, unas reproducen o deshacen los otros, que a su vez determinan que aquellas sean pensables o impensables, "normales" o "marginales", etc. Mi posición no pretendía ser individualista, no tanto como el contexto social en que vivimos, al menos, es cierto que los sistemas se reproducen en lo colectivo (familia, amig@s, etc.), pero creo que es innegable que sin lo individual no hay nada, no ya por la masa tan atomizada en la que vivimos, sino porque lo colectivo lo componemos individu@s. Más allá del compromiso individual no hay nada, ni siquiera la obsesión platónica, hegeliana, jacobina, etc. de la izquierda institucional, que, al fin y al cabo, también se basa en el compromiso del individuo con las instituciones.
    Ciertamente, un sistema no surge solo y (lo que viene más a nuestro contexto) no se reproduce solo, pero se reproduce más en función de que un@ se lo cuestione o no que de que le perjudique o le beneficie. La lista de mujeres que sostienen actitudes machistas es casi tan larga como la de trabajadores que sostienen actitudes meritocráticas, darwinistas, etc.; el interés juega su parte, pero la alienación y el fanatismo también juegan la suya y no es menor.
    Cuando hablamos de roles sociales ¿no dirías que ser machista es un rol social? Está claro que, siendo hombre, son prácticamente nulas mis posibilidades de ser acosado, violado u objeto de algún abuso sexual, por ejemplo, y ahí contará más mi género y su percepción social que mis actitudes... pero siempre llegamos al problema de cómo cambiar esa percepción social. Y, en mi experiencia, cuando me encuentro con esas posiciones en que se tiene tan claro que los varones seríamos el sujeto opresor, no se tiene muy claro qué podemos hacer en concreto, aparte de ofrecer respeto y humildad. Personalmente, lo único que he escuchado son exhortaciones a "trabajarnos nuestros privilegios" (¿...?) o a dar un paso atrás para dejar a las mujeres más espacio físico, de palabra, de iniciativa, etc. Esto último es concreto e inteligible y yo no querría dejar de valorarlo, pero, en ámbitos activistas mixtos, a menudo ocurre que ya estamos tod@s intentando hacer las cosas bien (mujeres que intentan empoderarse, hombres que intentamos dejar espacio), pero falta implicación, así que nos encontramos con la tensión entre dejarles demasiado -protagonismo y trabajo- a ellas o demasiado poco, por querer participar. Aparte, claro, están los demás condicionantes que no siempre dejan claro quién está socialmente más invitad@ a ponerse en primer o en segundo plano: el género, sí, pero también la etnia, el nivel de estudios, la edad, la veteranía (en el ámbito de que se trate) y, seamos sincer@s, también la actitud personal.
    Desde la discrepancia, un saludo

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